17987(03-09-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  17987   

          CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

          SALA  DE  CASACIÓN  PENAL   

Magistrado  Ponente   

          Dr. JORGE E. CÓRDOBA POVEDA   

          Aprobado acta N° 101   

Bogotá D. C., tres (3) de septiembre de dos  mil dos (2002).   

         V I S T O S   

Resuelve la Corte la admisibilidad formal de  la   demanda  de  casación  presentada  a  nombre  del  procesado  HUGO FAJARDO NUÑEZ.   

         A N T E C E D E N T E S   

1.-   El  Tribunal de Neiva sintetizó los hechos así:   

         “El  21  de  octubre  de  1998, una empleada de la Sociedad Fajardo  Hermanos  y  Cia.  Ltda  solicitó  ante  la oficina de Registro de Instrumentos  Públicos  de  Garzón  un  certificado  de  libertad  y tradición del inmueble  reseñado  con  la matrícula inmobiliaria N° 2020006-414, que una vez expedido  se  le  entregó  a  la  señora ISABEL CASTRILLÓN LARA, esposa de HUGO FAJARDO  NUÑEZ  el  que  debía  aportar a Bancafé de esa ciudad para el trámite de la  reestructuración  de  un  crédito,  por  ser  requerido  por  la Dirección de  Créditos  Especiales  de  dicha  entidad  y  que efectivamente entregó al día  siguiente  de  manera  personal al Gerente HÉCTOR OSORIO RIVERA, quien al notar  algo  raro  en el cliente y “como viejo” el certificado, envió a uno de sus  colaboradores     hasta     la     primera    oficina    para    verificar    su  autenticidad.   Fue   así  como  el  Registrador  observó  que  la firma allí estampada no correspondía a la suya,  la  supresión  de la última anotación del folio, la número doce, relacionada  con  un embargo propuesto por el Banco Coopdesarrollo contra la citada sociedad,  así  como  la  alteración  del  guarismo  que  indica  la  cantidad  de  actos  registrados  y  encontró  diferencias  en el sello fechador colocado; por ende,  solicitó  por  escrito  al  funcionario  bancario, el envío del documento para  formular    la    correspondiente    denuncia    penal,   lo   que   en   efecto  hizo.”   

2.-  El Juzgado 3° Penal del Circuito  de  Garzón  (Huila),  mediante  sentencia  del 14 de junio de 2000, condenó al  procesado     HUGO    FAJARDO    NUÑEZ  a la pena principal de 32 meses de prisión y a las accesorias de  rigor,  como  autor  del  delito de falsedad material de particular en documento  público  agravada  por  su  uso,  concediéndole  el subrogado de la condena de  ejecución condicional.   

Inconforme  con  la  anterior decisión, el  defensor  la  recurrió,  siendo  confirmada  por el Tribunal de Neiva, el 23 de  agosto de 2000.   

         LA DEMANDA DE CASACIÓN   

Invocando  la  violación  indirecta de los  artículos     220     y     222    –inciso  segundo-  del  Código  Penal,  el  demandante sostiene que  acusa  la  sentencia  de  incurrir  en  “ostensibles”  y “trascendentes”  errores en la valoración probatoria.   

Advierte  el demandante que como quiera que  pretende  demostrar  la  lesión  a la ley sustancial, procederá inicialmente a  “concretar   el   contenido   del   hecho   punible,   falsedad  de  documento  público”.   

Seguidamente,  bajo título “EL PERJUICIO  COMO  ELEMENTO  ESENCIAL  DE  LA FALSEDAD DOCUMENTAL”, afirma que para algunos  basta   que   se   lesione  o  ponga  en  peligro  la  fe  pública,  como  bien  jurídicamente  tutelado; otras exigen que además se lesione o ponga en peligro  el  valor  probatorio  del documento; y otros que también se lesione o ponga en  peligro    el    derecho   subjetivo   cuya   existencia   protege   ese   valor  probatorio.   

No obstante lo anterior, dice, en el derecho  no  existen verdades “absolutas”, por lo que no se puede tener como criterio  interpretativo   el  peligrosismo que informó la legislación pasada y que  ha  sido  reemplazado por el derecho penal  de acto y de lesividad material  por  lo  que  el  eje  de  interpretación  de  los tipos penales es el interés  jurídico  que  ellos  protegen.  Por  eso, si la conducta típica no lesiona el  bien que el legislador tuvo en mira, la conducta será inocua.   

Después de hacer una amplia exposición de  lo  sostenido  por autores nacionales y extranjeros sobre lo que debe entenderse  por  delitos  de  peligro  abstracto  y  concreto,  en el capítulo que denomina  “Interés  Jurídico  Protegido  en  la  Falsedad  de  Documento  Público”,  asevera  que  este  punible  es  pluriofensivo  y que requiere un daño, así se  potencial,  pero con sus tres aspectos de daño a la fe pública, daño al valor  probatorio  de los documentos y daño a los intereses tutelados por estos. “Si  no  existe ese daño así sea potencial o de peligro concreto, la falsedad será  inocua e impunible”.   

Bajo  el  título  “Errores  Sustanciales  Probatorios”,  anota  que  partiendo  del  artículo 2° del C. Penal de 1980,  entonces  vigente,  no  se  podía condenar al procesado, porque el delito no se  hallaba  estructurado   ni  en  su  tipicidad,  ni  en  su antijuridicidad,  concretamente   la  “material”,  ni  en  su  culpabilidad,  por  no  haberse  lesionado  o  puesto  en  peligro   concreto  los  bienes jurídicos que se  protegen,  “Tales  como  el  valor  probatorio  del documento (ostensiblemente  alterado)     y    el    derecho    subjetivo    protegido    por    el    mismo  documento”.   

A este resultado contrario a derecho llegó  el  Tribunal  por  error sustancial de hecho ostensible en la valoración de las  siguientes pruebas:   

La  declaración  del  Gerente de Bancafé,  Héctor  Osorio,  la  que no fue valorada en cuanto al señalamiento que se hizo  de  que se trataba de una “burda” falsedad sin capacidad para engañar. Para  sustentar  este  argumento,  el censor parte de lo afirmado por el deponente, en  el   sentido  de que notó algo “raro” en el documento, por su textura,  apariencia  y  color,  que lo hizo dudar de su autenticidad, por lo que mandó a  un   funcionario   a  la  Oficina  de  Registro  de  Garzón  para  verificarlo,  habiéndose establecido que estaba adulterado.   

Esto  significa, advierte, que se trató de  una  burda  falsificación,  no  obstante  lo  cual, “esta declaración no fue  valorada   en  ese  contenido  por  el  Tribunal  para  confirmar  la  sentencia  condenatoria”,  en  forma tal que si lo hubiera hecho habría concluido que la  falsedad  no  tenía  la  capacidad  para  engañar  y,  por  ende, era inocua o  impunible,  lo  que debió examinarse en el caso concreto y teniendo en cuenta a  la persona a quien se pretendía timar.   

Igual  “recorte”  en  la  valoración  endilga  a  la  indagatoria  de Hugo Fajardo, pues, sostiene el libelista, éste  aseveró   claramente   que   adulteró  el  certificado  original  mediante  la  utilización  de  corrector  y una fotocopia sobre el mismo, lo que llevó a que  el Gerente del Banco observara la burda falsificación.   

La  omisión  en la valoración integral de  esta  prueba  condujo  a  que  el  Tribunal  no  encontrara  la  inocuidad de la  falsedad.   

Con  relación  al  dictamen  grafológico,  anota  que  tampoco fue valorado por el Tribunal, en lo atinente a la disparidad  entre  los dígitos adulterados en el documento espurio y el documento original,  lo  que  ha  debido  llevar  a  colegir  lo  burdo  de  la  falsedad.  Concluye:  “De  haberse examinado estas tres pruebas, no sólo  en  forma individual sino también en su conjunto (art. 254), forzosamente el H.  Tribunal,  acudiendo  a  la  lógica  y  a  la  experiencia,  tenía que haberse  percatado  de  la notoriedad de la falsificación que la tornaba burda, inocua e  impunible.  Los citados errores por carencia de valoración probatoria, son así  ostensibles y trascendentes.”   

Con  respecto a la antijuridicidad, señala  que  se  incurrió en error sustancial, al dejar de valorar la integridad de las  siguientes  pruebas  con  lo que se determina que no hubo lesividad trascendente  …”.   

La declaración del citado gerente bancario,  Héctor  Osorio,  quien testificó, dice el censor, que la reestructuración del  crédito  había  sido  aprobada  y  que  para  hacerla efectiva se requería el  certificado  actualizado,  lo que “en sana lógica significa que al observarse  esa  defectuosa  documentación,  el  banco no modificó la relación crediticia  con  la sociedad deudora” y las cosas no cambiaron, es decir, éste no sufrió  mengua  en  su patrimonio, siendo inocua la conducta del procesado y apareciendo  claro  que  de  haberse “valorado esta parte de tal declaración, forzosamente  se  habría  concluido  en  la absoluta ausencia de lesividad real y la absoluta  ausencia de peligro concreto para esos bienes ”.   

Agrega que en igual falta de valoración se  incurrió  con  relación al certificado auténtico que se allegó, donde figura  la  existencia  de  la  hipoteca  a favor de Bancafé, es decir su vigencia, con  prelación  de  créditos  y habida consideración de la cancelación de la otra  hipoteca  a  favor  de  la  Caja  Social, y que indica que aun cuando se hubiera  reestructurado  la garantía, aquélla permanecía vigente. Por lo tanto, acota,  la  presentación  del  certificado  falso  en  nada  afectaba  el patrimonio de  Bancafé.   

Dice  que  la supresión en el registro del  embargo,  también  carecía  de  eficacia  perjudicial,  pues en caso de que la  entidad  bancaria  hubiere reestructurado el crédito, de todos modos continuaba  vigente  la  hipoteca  de  primer  grado,  quedando obligado el juzgado donde se  tramitara  el juicio ejecutivo a dar noticia al Banco Cafetero, para que hiciera  efectivo su crédito preferente.   

En  el  capítulo que denomina “SÍNTESIS  CONCLUSIVA”  retoma  los  mismos  argumentos,  para  demandar  que  se case la  sentencia  y  se  dicte  el  fallo que corresponda, no sin antes advertir que no  existe   dentro   del   proceso   otra   prueba   que  sustente  los  fallos  de  instancia.   

LA CORTE CONSIDERA  

La  demanda  de  casación que a nombre del  procesado  presentó  su defensor, no reúne los requisitos formales que para su  admisión  estatuía  el numeral 3° del artículo 225 del Decreto 2700 de 1991,  subrogado  por  el  artículo 8° de la ley 553 de 2000, vigente para la época,  así:   

1.  Aunque  aparece  claro que optó por la  vía  indirecta  y que señala las normas sustanciales vulneradas, no dice cuál  fue  el  sentido  del  quebrantamiento,  esto  es,  si  lo  fueron  por falta de  aplicación o por aplicación indebida.   

2. Si bien denuncia que el Tribunal  al  apreciar  la  prueba  incurrió  en  error  de hecho, no indica ni se deduce del  desarrollo  de  la  amplia  disertación,  cuál  fue  el  falso  juicio  que lo  determinó,  si  de  existencia,  al  haberse  supuesto  la  prueba o al haberse  pretermitido  su  apreciación,  o  de   identidad,  al haberse falseado su  tenor  literal,  adicionándolo,  cercenándolo  o tergiversándolo, haciéndolo  decir  lo  que  no  contiene, o si consistió en un falso raciocinio, al haberse  desconocido  ostensiblemente  las  leyes  de  la  ciencia,  los principios de la  lógica o las reglas de la experiencia común.   

A  veces  parece  orientarse  por  el falso  juicio  de  identidad,  pues  asevera que las pruebas dejaron de “valorarse en  su   integridad”,  con  lo  que  parece  dar  a entender que su contenido  material  fue  cercenado,  haciéndoles producir efectos que no se derivan de su  contexto,  pero  sin  que  hubiera cumplido con la carga de parangonar lo que el  medio  dice  con  lo  que  el fallador manifestó que rezaba. En otras ocasiones  parece  referirse  al   falso juicio de existencia por omisión, pues acusa  “falta   de   valoración”,   y   en  otras,  al  falso  raciocinio,  cuando  sostiene    que  de  haberse  examinado  las  pruebas  no  sólo  en  forma  individual  sino  en  su contexto, “el Tribunal, acudiendo a la lógica y a la  experiencia,  tenía que haberse percatado de la naturaleza de la falsificación  que la tornaba burda”.   

La   incertidumbre   en  el  discurso,  y  considerando   que   las   tres   clases   de   vicios   no  se  puede  plantear  simultáneamente   con   relación  a  los  mismos  medios  de  convicción  sin  quebrantar  el  principio  de  no  contradicción,  impide abordar el estudio de  fondo de la demanda.   

Por otra parte, y no obstante lo extenso de  la   exposición,  el  casacionista  no  demuestra  ninguno  de  los  anteriores  dislates,   ni   su   trascendencia,  limitándose  a  oponer  sus  conclusiones  probatorias  a  las del sentenciador, pretendiendo que de los medios aducidos se  infiera  que  la  falsead  fue  inocua,  sin  percatarse  que  las  del Tribunal  prevalecen,  por  llegar  la  sentencia  a  esta  sede  amparada  por  la  doble  presunción de acierto y legalidad.   

Frente  a  los  anotados  desatinos  de  la  demanda  y  dado  que la Corte, en virtud del principio de limitación, no puede  subsanarlos,  se impone su rechazo y, consecuencialmente, se declarará desierto  el recurso extraordinario de casación.   

En  mérito  de  lo  expuesto, LA  CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACION PENAL,   

        R E S U E L V E   

INADMITIR  la  demanda    de   casación   presentada   por   el   defensor   de   HUGO  FAJARDO  NUÑEZ. En consecuencia,  se     declara    desierto    el    recurso    extraordinario    de    casación  interpuesto.   

Contra  esta  decisión no procede recurso  alguno,  al  tenor  de lo dispuesto por los artículos 226, subrogado por el 9°  de  la ley 553 de 2000, y 197 del C. de P. P. (Decreto 2700/91, aplicable a este  caso).   

Comuníquese y cúmplase.  

ALVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                                        JORGE E. CÓRDOBA POVEDA   

HERMAN  GALÁN  CASTELLANOS                                        CARLOS   AUGUSTO   GALVEZ  ARGOTE                        

JORGE  ANIBAL  GÓMEZ  GALLEGO                       EDGAR LOMBANA  TRUJILLO              

CARLOS EDUARDO MEJÍA ESCOBAR                               NILSON     PINILLA  PINILLA   

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria    

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