17835(03-09-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  17835   

          CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

          SALA  DE  CASACIÓN  PENAL   

Magistrado  Ponente   

          Dr. JORGE E. CÓRDOBA POVEDA   

          Aprobado acta N° 101   

Bogotá D. C., tres (3) de septiembre de dos  mil dos (2002).   

         V I S T O S   

Resuelve la Corte la admisibilidad formal de  la   demanda   de   casación  presentada  a  nombre  del  procesado EULISES ORTÍZ GÓMEZ.   

         A N T E C E D E N T E S   

1.-   El  Juzgado de primera instancia de Popayán resumió los hechos así:   

         “Los  datos generales que durante la investigación se incorporaron  al  expediente muestran como el joven JULIAN ANDRÉS VALENCIA VALENCIA, retenido  el  9  de  junio  de  1997  a  eso  de las 10:30 de la mañana, por los señores  EULISES    ORTÍZ   GÓMEZ   y   CARLOS   JULIO   GALINDO   REYES   –el primero informante del Ejército y  el  segundo  suboficial  de  la misma institución- dos días después apareció  muerto  en  inmediaciones  al  perímetro  urbano  de ésta capital, finca Santa  Bárbara,  vía  a  Poblazón,  con  un  impacto  de  arma  de fuego a nivel del  cráneo.   

         “La    retención    –irregular  por  cuanto  se  produjo  en  contra  de la voluntad del  retenido  y sin intermediar orden de autoridad competente- obedeció a que en su  condición   de   vigilante   nocturno  de  la  zona  de  parqueo  del  conjunto  habitacional  ´Moscopán,´  no supo dar razón acerca de la motocicleta YAMAHA  DT  175, motor 3TK-014098 oficialmente adscrita al S2 (organismo de inteligencia  militar),  luego  de  que  su custodia le fuera encomendada en forma expresa por  HARRISON  REDONDO,  agente  este  último  del CTI, en cuya residencia pernoctó  GALINDO REYES.”     

2.-  El Juzgado 2° Penal del Circuito  de  Popayán,  mediante  sentencia  del  15  de  octubre de 1998, condenó a los  procesados   EULISES   ORTÍZ   GÓMEZ  y  CARLOS  JULIO  GALINDO  REYES a la pena principal de 8 años y 5  meses  de  prisión  y  a  las  accesorias  de rigor, como autores del delito de  homicidio, atenuado por la ira.   

Inconforme  con  la anterior decisión, los  defensores  la recurrieron, siendo confirmada por el Tribunal de Popayán, el 29  de junio de 2000.   

         LA DEMANDA DE CASACIÓN   

Al  amparo  del cuerpo segundo de la causal  primera  de  casación,  el  defensor  acusa  la  violación indirecta de la ley  sustancial  por  “yerro en la apreciación probatoria”, derivado de un falso  juicio  de  existencia  que  condujo a la aplicación indebida del artículo 247  del  C.  de  P.  P.,  respecto  del  ilícito tipificado en el artículo 323 del  Código  Penal,  dejando  de  aplicar el beneficio de la duda, contemplado en el  artículo 445 de la misma obra.   

Asevera,   en   acápite   que   denomina  “DESARROLLO  DEL  CARGO”,  que el Tribunal superior de Popayán “ignoró o  dejo  de  valorar” pruebas que se recaudaron legalmente y que se encuentran en  el  expediente,  y  que si se hubieran valorado conforme a la sana crítica otra  sería la suerte del fallo.   

Manifiesta  que  hace  “énfasis” en el  acta  de  levantamiento del cadáver, en la que los funcionarios de la Fiscalía  y  del  CTI  dejaron  constancia  del  lugar  donde  se  encontró  al cadáver,  insinuando  que  no  fue  el  mismo  sitio  en  donde  murió, además de que se  desconoce  la  fecha del deceso, pero que por los “fenómenos cadavéricos”,  la  muerte  pudo  suceder  entre  la  noche  del  10  de  junio  y  la madrugada  siguiente.   

Además,  en el “PROTOCOLO DE AUTOPSIA”  se  lee  textualmente  que la fecha de la muerte fue el 10 o el 11 de junio y la  hora es “indeterminada”.   

Atendiendo  a la “hora máxima” posible  de  la  muerte del “infeliz vigilante”, afirma el demandante, y partiendo de  que  la  hora  del levantamiento del cadáver aconteció a las “11:48 del día  miércoles”,  debe  inferirse  que  el fallecimiento aconteció a las “15:48  del  día  martes  10  de  junio  de  1997”,  a  lo que se suma que debió ser  instantáneo, por la “forma y manera en que fuera ultimado”.   

En estas condiciones, debe concluirse que el  procesado  EULISES  ORTÍZ GÓMEZ no es el responsable de la muerte violenta del  vigilante,  como  quiera  que  desde la diligencia de indagatoria sostuvo que el  día  martes  10  de  junio  desde tempranas horas y hasta el medio día, estuvo  atendiendo   compromisos  en  la  Urbanización  de  Vivienda  Zulemaida  y  que  posteriormente  fue  a  su  residencia,  de  la  cual  salió  con  destino a la  población  de  “Silva”  para contactarse con “El Gordo”, informante del  Ejército,  todo  lo cual está sustentado en pruebas que no fueron cuestionadas  y,  antes por el contrario, con respaldo en otros elementos de convicción, como  los    testimonios    de    Otoniel    Chanchi,    Álvaro   Yasno   y   Rubilia  Gutiérrez.   

Asegura  que  el  Estado,  a través de sus  representantes,  no  ha  desvirtuado el decir de su defendido, quien no tuvo que  acudir  a  “inventarse” coartadas o viajes realizados el martes 10 de junio,  como sí lo hizo Carlos Julio Galindo.   

Estima   que   las   “falencias  de  la  versión”  del  procesado  Eulises  Ortíz  Gómez, a quien defiende, sólo se  limitaron  a  las  actividades  que  realizó  el  9  de  junio, fecha en la que  colaboró  en  la  eventual  retención  arbitraria del vigilante, pero no a las  fechas subsiguientes.   

En consecuencia, estima que se desconocieron  en  el  proceso  los conceptos técnicos y científicos, por sobre los cuales el  Tribunal  de  Popayán  puso  su  “personal  y  empírico criterio”, sin que  hubiera  tenido  al más mínimo contacto con el occiso, para lo cual transcribe  apartes  de  la  sentencia, que lo llevan a manifestar que “probatoriamente”  no  existe  certeza acerca de que su defendido haya participado en la muerte del  vigilante,   por   lo   que  se  ha  debido  concluir  en  el  beneficio  de  la  duda.   

Como  normas  infringidas,  en  capítulo  separado,  señala que lo fueron los artículos 247, 249, 254 y 445 del C. de P.  P.,   para   luego   solicitar   que   se   case  la  sentencia.   

LA     CORTE  CONSIDERA   

La  demanda  de  casación que a nombre del  procesado  presentó  su defensor, no reúne los requisitos formales que para su  admisión  estatuía  el numeral 3° del artículo 225 del Decreto 2700 de 1991,  subrogado  por  el  artículo  8°  de  la  ley  553  de  2000,  vigente para la  época.   

Ante todo debe reiterarse que aquella no es  de  libre  formulación,  sino que debe ser un escrito claro, preciso, lógico y  sistemático  que  busca  restaurar  la  legalidad  del fallo, para lo cual debe  denunciar  los  errores  de juicio y de procedimiento cometidos en la sentencia,  al  tenor  de  las  causales  expresa  y  taxativamente  señaladas  en  la ley,  demostrarlos  y  evidenciar  su  trascendencia.  Por  ello su construcción debe  ceñirse  a  las  exigencias  mínimas  señaladas  en  la  ley  pues,  en  caso  contrario, el libelo deberá ser inadmitido.   

Estas exigencias no fueron cumplidas por el  casacionista, destacándose entre sus desatinos los siguientes:   

1.- No distingue entre normas sustanciales y  procesales, pues las entremezcla.   

2.-   Aunque  denuncia   violación   indirecta   de  la  ley  sustancial,  por  error  en  la  apreciación   probatoria,   y   señala   que   lo  fue  por  falso  juicio  de  existencia,   al  haber  ignorado o “dejado de valorar pruebas legalmente  recaudadas”,  no  se  percata  que  una  cosa  es omitir la apreciación de la  prueba y otra es no otorgarle credibilidad.   

En  razón  de  esa  confusión,  en vez de  evidenciar  que  los  elementos de convicción que menciona no fueron tenidos en  cuenta  por  el  Tribunal,  en  el análisis mancomunado de la prueba, dedica el  discurso  a  oponerse  a sus conclusiones probatorias, desconociendo que las del  fallador  prevalecen,  por  llegar  la sentencia esta sede amparada por la doble  presunción  de  acierto  y  legalidad,  y  a  cuestionar la credibilidad que le  otorgó  a  unos  medios  y le negó a otros, sin percatarse que el sentenciador  goza  de libertad para apreciar las prueba, dentro del método de la persuasión  racional  que  nos  rige,  y  que  la  simple  discrepancia sobre su mérito, no  configura  desatino  demandable  en  casación,  a menos que se demuestre que se  conculcaron  ostensiblemente  los  postulados  de la sana crítica, evento en el  cual,  el  ataque  deberá  orientarse  por la vía del error de hecho por falso  raciocinio, camino que no emprendió el censor.   

Así,  en  este  caso,  lo  que pretende el  casacionista  es  que  del  acta de levantamiento del cadáver, del protocolo de  necropsia  y  de  las  declaraciones de Otoniel Chanchi, Álvaro Yasno y Rubilia  Gutiérrez  se infiera que el procesado no se encontraba en el lugar y a la hora  en  que  ocurrió  el  hecho,  pero  sin  que  muestre  cuál  fue  el error del  sentenciador al concluir lo contrario.   

Ante los anteriores desatinos de la demanda  y  como  la Corte, en virtud del principio de limitación, no puede subsanarlos,  se  impone  su  inadmisión  y  que  se declare desierto el recurso de casación  interpuesto.   

En  mérito  de  lo  expuesto, LA  CORTE  SUPREMA  DE JUSTICIA, SALA DE CASACION PENAL,   

         R E S U E L V E   

INADMITIR  la  demanda    de   casación   presentada   por   el   defensor   de   EULISES  ORTÍZ  GÓMEZ. En consecuencia,  se     declara    desierto    el    recurso    extraordinario    de    casación  interpuesto.   

Contra  esta  decisión  no procede recurso  alguno,  al  tenor  de lo dispuesto por los artículos 226, subrogado por el 9°  de  la ley 553 de 2000, y 197 del C. de P. P. (Decreto 2700/91, aplicable a este  caso).   

Comuníquese y cúmplase.  

ALVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                                          JORGE E. CÓRDOBA POVEDA   

HERMAN   GALÁN   CASTELLANOS                                          CARLOS   AUGUSTO   GALVEZ   ARGOTE                         

JORGE  ANIBAL  GÓMEZ  GALLEGO                  EDGAR    LOMBANA  TRUJILLO               

CARLOS  EDUARDO MEJÍA ESCOBAR                                NILSON      PINILLA  PINILLA   

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

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