17802(11-04-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    República de Colombia  

       

Corte Suprema de Justicia  

Proceso No 17802  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

APROBADO ACTA No. 40  

Bogotá, D.C., once (11) de abril de dos mil  dos (2002).   

VISTOS  

          Revisa  la  Sala  la demanda de casación que presentó el defensor  de   MAURICIO  AUGUSTO  SABOGAL  CAMARGO,   para   resolver  si  es  procedente  su  admisión.   

HECHOS Y ACTUACIÓN  PROCESAL  

          En  la  tarde  del  26  de  enero  de  1999,  tres  hombres armados  ingresaron  al  Banco  Popular  del  municipio  de  Cáqueza, Cundinamarca, y se  apoderaron  de  una  suma cercana a los trescientos millones de pesos, actividad  en  la  que  fueron apoyados por otros desconocidos que se situaron afuera de la  entidad  y en otros sitios de la población. Uno de los vehículos utilizados en  el  ilícito  fue  interceptado horas más tarde en la vía al llano, cuando era  conducido  por quien se identificó como el teniente de la policía MAURICIO  AUGUSTO  SABOGAL CAMARGO, quien  fue privado de libertad.   

Convocado  a  juicio el 7 de mayo del mismo  año,  SABOGAL  CAMARGO fue  condenado  el  14  de  enero  de 2000  por el Juzgado Penal del Circuito de  Cáqueza  a  la  pena  de  72  meses  de  prisión e interdicción de derechos y  funciones  públicas por el mismo término, como coautor de los delitos de hurto  calificado  y  agravado,  porte  ilegal  de  arma de fuego de defensa personal y  falsedad  personal,  sentencia  que  fue  confirmada por el Tribunal Superior de  Cundinamarca mediante providencia del 12 de junio.    

CONSIDERACIONES  

          La  Sala inadmitirá la demanda y declarará desierto el recurso de  casación,  pues  encuentra  evidente  que  no  cumple  los  requisitos formales  previstos    en    el    estatuto    procesal    penal,   por   las   siguientes  razones:   

1.  A  pesar de que la causal invocada para  formular  el  cargo,  esto es, la contenida en la primera parte del numeral 1º.  del  artículo  3º.  de  la  Ley  553  de 2000, vigente para la fecha en que se  expidió  el fallo acusado, le imponía al demandante la obligación de realizar  un  estudio  puramente  jurídico  y  abstenerse de reprochar la prueba, lo cual  implicaba  que  aceptara tanto su valoración como la apreciación de los hechos  efectuada  por  el  juzgador, todo el ataque se dirige a demostrar que no existe  certeza  sobre  la identidad del vehículo utilizado en la comisión del delito,  para  lo  cual  valora  tanto  el  informe  inicial de retención que rindió la  policía  de  Usme  como otro posterior de la adscrita a Chipaque y se refiere a  los  testimonios  de  algunos  policías y del gerente del banco que le permiten  confirmar  sus  conclusiones,  proceder  que  ciertamente  riñe con la técnica  exigida en casación.   

          2.    Cuando   sostiene   que   el   Ad  quem  violó  de  manera directa el artículo 445 del  Código  de  Procedimiento  Penal de 1991, era de esperarse que consecuentemente  demostrara  cómo  el  fallo  había  reconocido  los  supuestos  de  hecho  que  permitirían  darle aplicación al principio del in dubio pro reo sin embargo de  lo  cual  condenó.  En  lugar de ello, el censor expone la duda que su personal  valoración  le  permitió edificar con base en la prueba que él mismo analiza,  y  le  critica  al  Tribunal no sólo que no hubiera reconocido la incertidumbre  sino  que  ni siquiera la hubiera mencionado, incurriendo el libelista, también  por  este aspecto, en evidente equivocación que impediría estudiar el fondo de  la demanda.   

          3.  Contradictoriamente,  a  pesar  de  que afirma que la sentencia  sólo  se  apoyó  en  prueba indiciaria, más adelante examina la que considera  prueba  directa  de  cargo  para  insistir  en  la  duda,  ahora  en cuanto a la  identificación  del  conductor  del  vehículo,  y  destacar  las fallas que se  presentaron en la elaboración de un retrato hablado.   

          4.  Todo  lo  anterior  lo expone el demandante haciendo alusión a  los  delitos  de  hurto  y  porte de armas, y luego, en otro apartado que titula  “de    la   falsedad  personal”, sin referirse  siquiera  al  fallo  de  segunda  instancia ni mucho menos señalar algún error  cometido  por  el  Ad quem,  dice  que la sentencia se debe casar respecto de este delito porque el carné de  policía  que  portaba  el  procesado  no  fue  exhibido  y  su posesión estaba  autorizada,   pues  debía  presentarlo  para  cobrar  prestaciones  sociales  y  practicarse  el  examen  médico  de retiro. Si, como es notorio, se trata de un  cargo  por  completo  diferente  al  que  venía  desarrollando, lo adecuado era  presentarlo  de  manera  independiente y sustentarlo en capítulo separado, como  lo   señala   el   numeral   4º.   del   artículo  8º.  de  la  Ley  553  de  2000.   

          5.  Debe  concluirse,  entonces,  que  el censor se equivocó en la  selección  de la causal a cuyo amparo debía formular el reproche, porque si su  propósito  era demostrar los yerros que en la valoración de la prueba cometió  el  fallador,  le  resultaba  forzoso  aducir  la violación indirecta de la ley  sustancial,  bien  por errores de hecho o de derecho, y especificar la modalidad  concreta  que  lo  condujo  por esa vía a no darle aplicación al artículo 445  del estatuto procesal.   

6.  Y aun desde esta perspectiva la demanda  tampoco  cumpliría  los  requisitos  legales,  pues  en  realidad no señala de  manera    puntual    los    desaciertos    del    Ad  quem,  con  lo que indefectiblemente queda reducida a  un  escrito  propio  de  las  instancias  en  el que se consignan los conceptos,  opiniones  o  valoraciones de su autor, inadmisible en casación y sin capacidad  ninguna  para  desvirtuar  la  doble  presunción de acierto y legalidad con que  arriban a esta sede las sentencias objeto de este recurso.   

          En  mérito  de lo expuesto, la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema de Justicia,   

         

RESUELVE  

         INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor  de  MAURICIO  AUGUSTO  SABOGAL  CAMARGO. En consecuencia, se declara  desierto  el  recurso  y  se  ordena  devolver  el  expediente  al  Tribunal  de  origen.   

          Contra esta providencia no procede ningún recurso.   

Cúmplase  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL            JORGE E.  CÓRDOBA POVEDA   

HERMAN   GALÁN   CASTELLANOS                              CARLOS    A.    GÁLVEZ  ARGOTE                         

JORGE   A.   GÓMEZ   GALLEGO                                ÉDGAR      LOMBANA  TRUJILLO                       

CARLOS   E.   MEJÍA  ESCOBAR                              NILSON    E.    PINILLA  PINILLA                        

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

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