17713(30-07-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     No  17713   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACION  PENAL   

Magistrado Ponente:  

Dr. JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

Aprobado Acta N° 86  

Bogotá, D.C, treinta de julio de dos mil dos.   

V    I   S   T   O  S   

Procede  la Sala a examinar las formalidades  básicas  de  la  demanda  de casación presentada por el defensor del procesado  HENRY  HURTADO  GÓMEZ  en  relación  con  el  fallo  de  segundo  grado  de  fecha  mayo  15  de 2000, por  cuyo   medio   el  Tribunal Superior de Bogotá confirmó la sentencia  proferida  por el Juzgado 16 Penal del Circuito de la misma ciudad condenando al  procesado  a  la  pena  principal  de  dieciséis (16) años y ocho (8) meses de  prisión como autor del delito de homicidio.   

HECHOS Y ACTUACION PROCESAL  

Hacia  las siete y treinta de la mañana del  22  de  marzo de 1995 arribaron al establecimiento comercial de José del Carmen  Bernal  Casallas,  ubicado  en  la  carrera  108 Bis No. 67 A 90 de la ciudad de  Bogotá,  dos  sujetos  portando  armas de fuego y mientras uno entretenía a la  esposa  del  propietario  solicitándole  la  venta de un cigarrillo, el segundo  disparaba  contra el mismo. Los sujetos se dieron a la fuga en el taxi de placas  SGJ-126,  mientras  la  víctima  era  conducida  a  un centro asistencial donde  falleció a consecuencia de las lesiones causadas.   

          Hechas  las  averiguaciones  pertinentes  se  supo  que  el  taxi en  cuestión  era  manejado  por  HENRY  HURTADO GÓMEZ, a quien inicialmente se le  recibió   versión   libre  y  posteriormente  fue   necesario  vincularlo  mediante declaración de reo ausente.     

          Mediante  resolución  del  15 de abril de 1996 la Fiscalía Décimo  Seccional  de  la  Unidad  Primera  de  Vida  resolvió  su situación jurídica  imponiéndole  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva. Cerrada la  investigación,  el  22  de enero de 1998 se acusó formalmente al procesado por  el   delito  de  homicidio.  Contra  esta  decisión  se  interpuso  recurso  de  apelación   que   se   declaró   desierto   el  10  de  septiembre  del  mismo  año.   

          Realizada  la  audiencia  pública,  el  Juez  Dieciséis  Penal del  Circuito  de  Bogotá,  según  sentencia  del  18 de enero de 2000, condenó al  procesado  HURTADO GÓMEZ a la pena principal de 16 años y 8 meses de prisión,  como  autor  del  delito  de homicidio, decisión que impugnada por el defensor,  mereció  confirmación  en  el  fallo  que  es  ahora  objeto  del  recurso  de  casación.   

LA    DEMANDA    DE  CASACIÓN   

          Bajo  un único cargo al amparo de la causal primera, el defensor de  HENRY   HURTADO   GÓMEZ   acusa  la  sentencia  de  ser  violatoria  de  normas  sustanciales  por  vía  indirecta, por error de hecho en la apreciación de las  pruebas.   

          Aduce   que   el   error   se  generó  por  una  “interpretación  errónea”  de  la prueba testimonial , en especial la vertida por María Doris  Velasco  Rairán  y  Sandra Patricia Bernal Gutiérrez, a cuyos dichos se dio un  sentido equivocado.   

          Como  normas infringidas señala los artículos 1º, 2º, 4º, 29-4,  35,  36,  41,  42,  44,  52 y 103 y 323 del Código Penal de 1980, éste último  reformado  por  el  artículo  29  de  la  ley  40 de 1993, y 247, 253 y 258 del  Código de Procedimiento Penal.   

          De  cara  a  la  fundamentación  del  cargo  aduce  que el Tribunal  analizó  algunos testimonios de manera parcializada, pues se afirma con base en  las  testimoniantes  arriba  citadas  que  el procesado HURTADO GÓMEZ fue visto  desde  las seis y veinte de la mañana parqueado cerca al lugar de los hechos en  espera  de  los  criminales.  Igualmente  que  el  taxi  de  su  defendido no se  estacionó  frente  a  la tienda de la víctima sino en la esquina siguiente con  el  fin  de  que  no fuera observado, y allí estuvo hasta que quienes huían lo  abordaron  de  prisa  dándose a la fuga, de donde se aduce que no quedó tiempo  para que los agresores intimidaran al conductor.   

También  se  descartó  el  argumento de la  defensa,  pues  si  HENRY acababa de ser objeto de un atraco no se explica cómo  podía  quedarse  “tan  tranquilo”,  dando vueltas por varias horas, guardar  las  prendas  de  vestir  abandonadas por los agresores en el baúl de su carro,  sin  preocuparse  por acudir ante las autoridades y dar aviso del hecho, a pesar  de haber cesado el peligro a que lo expuso el supuesto atraco.   

Dice  que  tales  argumentos  aducidos en la  sentencia,    no    son     compartidos    en   absoluto,   “porque  mi defendido no tenía previo conocimiento de la intención  criminosa  de  los  dos  sujetos  que  abordaron el vehículo, y que el hecho de  haber  deambulado por las calles adyacentes al teatro de los acontecimientos, se  debió  única  y exclusivamente a la petición de pasajeros, y obrando de buena  fe,  en cumplimiento de su labor de taxista, se limitó a cumplir con su trabajo  transportando  a los criminales después del hechos, por la intimidación de que  fue víctima”.   

Agrega  que nadie que ejerza la profesión u  oficio  de  conducir  vehículo de servicio público, está excepto de que a sus  espaldas  y  dentro  de  su vehículo se planeen y ejecuten empresas criminales,  como  en  el  caso  que  nos  ocupa,  como tampoco es extraño que los pasajeros  olviden  sus  objetos  personales dentro de los automotores, sin que por ello le  asista alguna “prevención o responsabilidad a su conductor”.   

Solicita  que  se  tenga  en  cuenta  que el  procesado  es  una  persona  dedicada  al  trabajo  honrado y honesto, según lo  certificaron  bajo  juramento  las  madres  de los niños que transportaba a los  centros  educativos.  Si hubiese tenido conocimiento del execrable crimen, nunca  habría  regresado  a su domicilio ni mucho menos portando parte de la evidencia  dentro de su vehículo.   

La          “sospecha”  no  es  prueba  idónea para  condenar.  El  hecho  de  encontrarse  en el teatro de los acontecimientos no es  prueba  idónea  de  responsabilidad,  pues  su  presencia  fue  circunstancial.   

De otra parte, es incuestionable que como lo  afirma  Sandra  Patricia  Bernal Gutiérrez, hija del occiso, los dos criminales  abordaron  el  vehículo  del  procesado, “pero este  hecho  no  da  lugar  para  asegurar  que  efectivamente mi prohijado se hubiese  concertado   para  ejecutar  la  empresa  criminal”.  Además   a   esta   testigo   debe   considerársele   como  sospechosa  habida  consideración   de   que   tiene  un  interés  directo  en  las  resultas  del  proceso.   

Bajo   lo  que  titula  “alcance  de  la  impugnación”,  pide  que  se  case  totalmente la sentencia impugnada y en su  lugar  se  le  absuelva  de  los  cargos porque no se satisfacen a cabalidad los  presupuestos  del  artículo 247 del Código de Procedimiento Penal vigente a la  sazón,    pues    “resalta    de    bulto   la   duda   insalvable   que   lo  favorece”.       

         

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

Cuando  se propone la violación de la norma  sustancial  por  errores  en  la  apreciación  de las pruebas, ha dicho la Sala  insistentemente,  le  está vedado al demandante entender que su desarrollo deba  cursar  dentro  de  los parámetros propios de unas instancias ya superadas, por  cuanto  la  pretensión  de ahora es remover una sentencia que llega a esta sede  amparada  por la doble presunción de acierto y legalidad, y que además es obra  de  una  manifestación  de autonomía judicial y seguridad jurídica, rasgos de  la  jurisdicción  que,  por  una  vía  extraordinaria  como  es  el recurso de  casación,  no  pueden  cuestionarse  con  el  despliegue  de cualquier forma de  disentimiento, presentado de manera libre o caprichosa.   

Esta  preceptiva  mínima  del  pedimento  extraordinario  no  ha sido observada por el impugnante. Nótese cómo de manera  recurrente  el  demandante invita a analizar la relación probatoria que vincula  a  su  defendido,  contraponiendo sus argumentos personales a los esgrimidos por  el  juzgador,  aduciendo  razones tales como que “la  sospecha  no  es  prueba  idónea  para  condenar” y  restando  importancia  a  aspectos  destacados en la sentencia como la presencia  del  procesado  en  el  lugar  de  los hechos, que dice fue circunstancial; o al  hecho  de  que  aquél  condujera  el  vehículo  en  que  se  transportaron los  agresores  después  del  crimen,  circunstancia  de  la  cual  afirma  no puede  asegurarse  la  participación  del  procesado  en  los  hechos;  o  la supuesta  sospecha  que  debe  recaer  sobre  el  testimonio  de  Sandra  Patricia  Bernal  Gutierrez por ser hija de la víctima.   

Pero  el uso de expresiones tan genéricas y  abiertas,  sin  el  acompañamiento  de  las  manifestaciones concretas de error  atribuibles  a la sentencia, no constituye una argumentación seria de la causal  que  se invoca, pues si lo que pretendía era aducir que el Tribunal no analizó  la   prueba   dentro  de  los  parámetros  de  la  sana  crítica  –error    de    hecho    por    falso  raciocionio-,    resultaba   imperativo   especificar   y   demostrar   una  equívoca    valoración  propiciada  por  el  desconocimiento  flagrante  de las reglas de la lógica, la  experiencia  y  la  ciencia  en  la ponderación de la prueba. Ello le implicaba  necesariamente,  por principio de lealtad procesal, referirse concretamente a la  tarea  de  crítica  probatoria  elaborada  por  el  fallador,  únicamente para  mostrar que no es lógica ni razonable ni científica.   

Así  las  cosas,  porque  el rigor técnico  está  ausente del libelo que apenas se ofrece como memorial contentivo de ideas  de  choque  con  el  criterio  del juzgador, deviene inepto para los fines de la  casación,  razón  suficiente  para  inadmitirlo  y  declarar  la  consiguiente  deserción del recurso interpuesto.   

         En  mérito  de  lo  expuesto, LA CORTE  SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACION PENAL,   

         

         R E S U E L V E:   

         INADMITIR  la  demanda   de   casación   presentada   a   nombre   del   procesado   HENRY   HURTADO   GÓMEZ, y en consecuencia DECLARAR DESIERTO el  recurso,  por  lo  anotado  en  la  motivación  de  este  proveído.     

Contra  este auto no procede recurso alguno,  en  virtud de lo dispuesto en los artículos 226 y 197 del Decreto 2700 de 1991,  aplicable al caso.   

          Cópiese,  comuníquese,  cúmplase  y  devuélvase  al  Tribunal de  origen.   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL            JORGE E.  CÓRDOBA POVEDA   

HERMAN           GALÁN  CASTELLANOS             CARLOS      A.      GALVEZ  ARGOTE                         

JORGE  ANIBAL  GÓMEZ  GALLEGO               EDGAR  LOMBANA TRUJILLO   

CARLOS  E. MEJÍA ESCOBAR                         NILSON PINILLA PINILLA   

Teresa Ruíz Núñez  

Secretaria  

         

           

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