17659(06-08-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    República    de  Colombia   

         

Corte Suprema de Justicia  

Proceso No 17659  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

Aprobado: Acta No. 89  

         Bogotá,   D.   C.,   seis   (06)   de   agosto   de  dos  mil  dos  (2002).   

VISTOS  

         Mediante  sentencia  del  20  de  enero de 2000, el Juzgado Segundo  Penal   del   Circuito   de   Chiquinquirá,   al   encontrar   a   Welmar   Corredor  González  penalmente  responsable,  como  autor,  del  concurso  de  delitos de homicidio, cometido en  estado  de  ira,  y  porte  de  armas  de  defensa  personal,  le impuso la pena  principal  de  12 años de prisión, la accesoria de interdicción de derechos y  funciones  públicas  por  10  y  lo  condenó  a  pagar los daños y perjuicios  causados.   

         Recurrido  el  fallo  por  la  defensa  y  el agente del Ministerio  Público,  el Tribunal Superior de Tunja lo confirmó el 18 de mayo de ese año,  modificándolo  para descartar la atenuante de la ira y, así, dejar la sanción  principal en 25 años y 10 meses de prisión.   

         El  señor  defensor  formuló  recurso  de  casación y la Sala se  pronuncia sobre la demanda presentada en su sustento.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

         El  29  de  junio  de  1994  se  celebraba una fiesta popular en un  quiosco  habilitado  en la población de Santa Bárbara (Boyacá) y a eso de las  10  de la noche se presentó un altercado entre Welmar  Corredor  González  y  LUIS  OCTAVIO GIL SÁNCHEZ y,  tras  éste  golpear  al  primero,  Welmar  sacó un revólver que en principio disparó contra el piso, pero  luego  dirigió  a la humanidad de LUIS OCTAVIO y le impactó cuatro proyectiles  que causaron su deceso.   

         Se  adelantó la correspondiente investigación que culminó con la  providencia  del  30  de enero de 1996 por medio del cual la Fiscalía Seccional  24    de    Chiquinquirá    acusó    a    Corredor  González  por  el concurso de delitos de homicidio y  porte de armas de defensa personal.   

         Luego  de  agotar  la fase del juicio, el Juzgado Segundo Penal del  Circuito  de  Chiquinquirá  profirió,  el 20 de enero de 2000, la sentencia de  condena  ya  reseñada,  decisión  que, recurrida, fue confirmada el 18 de mayo  siguiente    por    el    Tribunal    Superior    en    los    términos   antes  señalados.   

         

LA DEMANDA  

         Plantea  un  cargo  con apoyo en la causal primera, cuerpo primero,  al  acusar  a  la sentencia de violar directamente, por falta de aplicación, el  artículo  21  del  Código  Penal,  aclarando  que al demandante no corresponde  demostrar  la  vulneración,  “dado que es deber del funcionario encuadrar los  hechos  en  la norma y determinar en consecuencia el equívoco”; agrega que en  el  proceso  aparece claro que “jamás se demostró la relación de causalidad  entre  el  actuar  del sentenciado y el resultado obtenido”. Tras solicitar se  lo  excuse  por  los  errores  en  que  pudo  incurrir al redactar el libelo, se  pronuncia  porque  se  case  la  sentencia  y,  en  su lugar, se profiera una de  carácter absolutorio.   

CONSIDERACIONES  

De  conformidad  con el artículo 9° de la  ley  553  de  2000,  aplicable  porque bajo su vigencia fue dictada la sentencia  impugnada,  “Si  el  demandante  carece de interés o la demanda no reúne los  requisitos  se  inadmitirá  y  se  devolverá  el  expediente  al  despacho  de  origen”.   Como,  en  efecto,  el  impugnante  carece  de  interés,  la  Sala  desestimará el escrito sustentatorio, por las siguientes razones:   

1. El interés jurídico para recurrir tiene  relación  directa  con  las pretensiones que la parte que se dice afectada haya  formulado  ante  los  jueces  de  instancia.  Si  lo  que se pretende en sede de  casación  no  ha sido planteado al funcionario de primer nivel, como tampoco al  de  segunda  instancia a través del recurso de apelación, para, luego de dejar  vencer   esas   oportunidades   que   la   ley   concede,  acudir  a  esta  vía  extraordinaria,  deviene  en  ilegítima  su  causa,  porque  mal puede sentirse  perjudicado  por  algo que si no se decidió por el Tribunal, obedeció única y  exclusivamente  a  que  no  se  le  solicitó  a  través de la oportuna alzada.   

No  deben olvidarse las limitaciones que al  funcionario  Ad  quem  imponía  el  artículo  217  procesal  entonces  vigente  –   como  lo  resaltó  expresamente  el  Tribunal-,  en  virtud  del  cual  sólo  quedaba habilitado a  resolver  aquello que a través de la apelación le planteaba el sujeto procesal  inconforme.  Por  manera  que  si  lo  que se depreca en sede de casación no se  pidió  a  través  del  recurso  vertical, surge obvio que no puede acusarse al  Tribunal  de  errar  por  no  decidir  algo que era de imposible pronunciamiento  porque  nunca  se le solicitó. Así, carece de interés jurídico para impugnar  en  casación  quien solicita a la Corte lo que dejó de impetrar al funcionario  de segunda instancia.   

         2.  En  el caso concreto, el demandante formuló un único cargo al  amparo  de  la  causal  primera,  cuerpo  primero, por violación directa de una  norma  de  derecho  sustancial,  el  artículo 21 del Código Penal de 1980 que,  dice,  el  Tribunal  dejó  de aplicar, norma que ordena que “nadie podrá ser  condenado  por  un hecho punible, si el resultado del cual depende la existencia  de éste, no es consecuencia de su acción u omisión”.   

         La  pretensión  del  apoderado  del  sindicado, ante los jueces de  instancia,  fue  la  de  que  se  reconociera  la  justificante  de la legítima  defensa,  esto  es,  que  jamás  se  requirió,  que  no  se  condenara bajo el  argumento  de  no  estar probada la relación de causalidad entre la acción del  autor y el resultado.   

         Si  ese  fue el exclusivo propósito de la defensa, es claro que la  sentencia  del  Tribunal  no  le  causó un daño, un perjuicio, no la lesionó,  como  que  ni  siquiera  se le insinuó lo que hoy se pide sin demostrar. Por el  contrario,  la  posición  del  profesional  que asistió al señor Corredor  González partió de considerar  probado  ese  nexo  causal,  como  que  siempre aceptó, y así lo reconoció al  apelar  la  sentencia  de primera instancia (según reseña del demandante), que  aquél  sí  cometió  el  hecho,  pero  de  manera  justificada  por  cuanto se  defendió de la agresión injusta que le causó la víctima.   

         Cuando  la  parte  presuntamente  afectada  con la decisión que se  cuestiona  acepta  que  el  hecho  origen  de  investigación  lo  ocasionó  su  asistido,  significa  que  dio  como  acreditado,  con  grado de certeza, que el  actuar  del  sindicado  fue  la  causa,  el origen, el principio que originó el  efecto  muerte.  Asunto  diverso es que enfocara su censura, no a cuestionar esa  relación  causa—efecto,  sino  a  acreditar  que el proceder de la víctima motivó la repulsa y que, por  consecuencia,  el  resultado  quedaba exento de antijuridicidad. Pero bajo tales  argumentos,  reitera  la Sala, se admitió que el fundamento u origen del deceso  fue     la    conducta    del    señor    Corredor  González.   

         3.  Por  manera  que, respecto de la única censura que se propone,  la  sentencia  acusada  no  causó agravio alguno a la parte defendida, de donde  surge  que ésta carece de interés jurídico para recurrir en casación, lo que  llama  al  rechazo  de  la  demanda, además de que en el lacónico párrafo que  titula  “Demostración  del  cargo”,  el  actor  se limita a decir que “La  prueba  de  la  violación  surge  del  contexto  mismo  de  la  sentencia  y su  confrontación  con la norma violada” y que “no le corresponde al demandante  demostrar  tal  violación,  dado  que  es  deber  del funcionario encuadrar los  hechos  en  la  norma y determinar en consecuencia el equívoco en que incurrió  el  fallador”,  lo  cual  resulta  inadmisible porque no sólo no demuestra el  cargo,  sino  que  lo  hace  saber y pide a la Corte que supla sus falencias, es  decir,  que  sea  el  Tribunal  de casación quien cumpla con la exigencia de la  “formulación   del   cargo,   indicando   en   forma   clara  y  precisa  sus  fundamentos”.   

         4. Sobre la carencia de interés, importa precisar:   

         4.1.  En  la  audiencia pública, el Fiscal pidió fuera reconocido  al  procesado  el  estado de ira e intenso dolor, solicitud atendida por el juez  de primera instancia.   

         4.2.  En  el  mismo  acto,  la defensora, impetró absolución, con  base en la legítima defensa, que le fue negada.   

         4.3.  El  Procurador Judicial impugnó el fallo en búsqueda de que  la  diminuente  de  la  ira  fuera  retirada  y,  por  supuesto, se aumentara la  pena.   

         4.4.  La  defensora  también  apeló para pedir absolución por el  homicidio  con  fundamento  en  la  legítima  defensa,  así fuera mantenida la  condena por el porte de armas.   

         4.5.  Y  el  Tribunal  aumentó  la  pena,  tras negar la legítima  defensa y desconocer el estado de ira.   

         Con  esta  reseña  se  robora  la falta de interés de la defensa,  pues  siempre  buscó  la  absolución  plena  con  base  en  el mismo argumento  –defensa propia- y no se  preocupó  por  la  disminución punitiva, que le desinteresó, aun sabiendo que  en  la  audiencia  el  Fiscal buscó el decremento y el juez lo reconoció, como  tampoco  le  inquietó  lo relacionado con la existencia o inexistencia del nexo  causal.   

         En  mérito  de lo expuesto, la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema de Justicia,   

RESUELVE   

Inadmitir la demanda de casación presentada  por     el     defensor    de    Welmar    Corredor  González.   

Esta  decisión  no permite recurso alguno.   

Comuníquese y cúmplase.  

ÁLVARO ORLADO PÉREZ PINZÓN  

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL            JORGE E.  CÓRDOBA    POVEDA                        

HERMAN   GALÁN   CASTELLANOS            CARLOS A.  GÁLVEZ ARGOTE   

                                                      

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO              ÉDGAR  LOMBANA     TRUJILLO                     

CARLOS   E.   MEJÍA  ESCOBAR                              NILSON    E.    PINILLA  PINILLA                        

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

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