17646(09-07-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso No 17646  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

Dr.   JORGE  E.  CÓRDOBA POVEDA   

Aprobado acta N° 73  

Bogotá  D. C.,  nueve (9) de julio dos  mil dos (2002).   

V    I   S   T   O  S   

Resuelve la Corte la admisibilidad formal de  la   demanda  de  casación  presentada  a  nombre  del  procesado  BLADIMIR VARGAS OJEDA.   

A  N  T  E C E D E N T E  S   

1.  El Juzgado de  primera instancia sintetizó los hechos, así:   

“Acontecieron  aproximadamente  a  las 8:30 de la  noche  del  once  (11)  de  junio  de mil novecientos noventa y siete (1997), en  cercanías  del  corregimiento  de  Valencia  de Jesús, jurisdicción de Pueblo  Bello,  Cesar,  cuando el vehículo camión, marca Ford, placas BUC-516, cargado  de  sustancias  químicas,  como  venenos,  insecticidas,  matamalezas,  etc. de  propiedad     de     la     empresa     ‘Productos  Fitosanitarios  Proficol  El  Carmen  S.A.’ de Bogotá,  conducido  por  DIEGO  LUIS  TEJADA DURANGO, fue interceptado por varios sujetos  que  empleando  armas de fuego, bajaron al conductor, lo amarraron y se llevaron  el  vehículo,  el  cual,  luego  de  descargado,  lo  dejaron  abandonado en la  carretera;   además,   el   mencionado   fue  despojado  violentamente  de  sus  pertenencias  personales,  como  prendas,  un  revólver,  sesenta  mil pesos en  efectivo  y  una  camisa,  siendo  abandonado  en  el monte; lo acompañaba como  ayudante  JHON  FREDY  GONZÁLEZ GONZÁLEZ, logrando éste escaparse y comunicar  inmediatamente  a  la  estación  de policía de Valencia de Jesús, donde no le  prestaron  ningún  apoyo.  De  tal  hecho se sindica a WILMAR CASTRO CARRASCAL,  JUAN  ANDRÉS ALMAZO PERDOMO, OSCAR MANUEL GAMARRA BUELBAS, EDINSON MANUEL LEYVA  MEDINA,  JOSÉ  EFRAÍN  ÁNGEL  QUINTERO,  DAIRO ALFONSO CÁRDENAS CUETO, EIDER  PINO  GALVIS, GENILBERTO ENRIQUE MELÉNDRES ARIANO, DELVIS ANTONIO BORJA BOLAÑO  y  BLADIMIR  VARGAS  OJEDA.  El  valor  de los insumos apropiados se estipula en  veinticinco  millones  doscientos  ochenta  y  un  mil  doscientos treinta pesos  ($25.281.230,oo).”   

2.  El  Juzgado Cuarto Penal del Circuito de  Valledupar  (Cesar), mediante sentencia del 15 de abril de 1999, condenó, entre  otros,    a    BLADIMIR   VARGAS   OJEDA  a  la  pena  principal de 36 meses de prisión, a la accesoria de  rigor  y  al  pago  de  los  perjuicios,  como  cómplice  del  delito  de hurto  calificado y agravado.   

Inconformes  con  la anterior decisión, los  defensores   y   el   fiscal   la   recurrieron,   siendo  confirmada  con  unas  modificaciones  por el Tribunal Superior de Valledupar, el 12 de agosto de 1999,  toda  vez  que  condenó  a  Vargas Ojeda  a  la  pena  principal  de 64 meses de prisión, como coautor del  delito imputado en el pliego de cargos.   

LA   DEMANDA   DE  CASACIÓN   

El  defensor  de Vargas Ojeda, apoyado en el  cuerpo  segundo  de la causal primera de casación, presenta un único cargo, en  el  que  acusa  al  sentenciador  de  haber violado, de manera indirecta, la ley  sustancial,  “por  error  de  derecho.  Falso   juicio  de  convicción, apreciación errónea de medios probatorios, testimonio  e  indicios  y,  como consecuencia, aplicación indebida de la ley sustantiva en  sus  artículos 350, numerales 1° y 2°, 351, numerales 2°, 6°, 9° y 10°, y  372 del C. Penal”.   

Manifiesta que el sentenciador consideró que  había  plena  prueba  para  condenar  a  su  procurado a título de coautor del  citado  delito,  por  lo que le aumentó la pena impuesta, conclusión que, a su  juicio, es equivocada.   

En  efecto,  arguye  que Juan Andrés Almazo  Perdomo,  único  testigo  de  cargo, suministró el nombre de su defendido como  partícipe  del  delito,  según  comentarios que le hicieron Fredy, el fiscal y  los  agentes  del  DAS que conocieron del caso, aclarando aquél que no conocía  personalmente  a  su  procurado,  siendo  tal testimonio no solo indirecto, sino  presionado, dubitativo y falaz.   

Después de realizar unos breves comentarios  respeto  de la sana crítica, con relación a las declaraciones, sostiene que el  Tribunal   dejó   de   lado  “la  diagnosis  y  la  valoración  de  todo testimonio, para aceptar exclusivamente y sin controversia  alguna  la  primera  versión  del  deponente, versión prefabricada, ya sea por  FREDY  o  de  los  agentes  del  DAS  y  del fiscal que inició la instrucción,  situación  que vulneró el artículo 254 del Código Procesal Penal, razón por  la  cual  le  hizo  una  valoración imperfecta que resultó vulnerando la norma  sustantiva  y,  por  ende,  decretando  una  responsabilidad  penal en contra de  VARGAS OJEDA”.   

Luego  de  criticar  al  testigo  de oídas,  acota:   

“Indudablemente  para  nuestro  sistema  judicial  toda prueba es buena y desde el punto de vista  legal  no  existen  argumentos  para  rechazarla  de  plano,  lo  único  que se  prescribe   es   que   el   testimonio   sea   conducente,  que  no  sea  ilegal  -aquí  existió ilegalidad  en  toda la investigación realizada por el agente Eccehomo- y analizado bajo la  óptica  de  la  sana  crítica  y la experiencia del funcionario, razón por la  cual,  el testimonio de segunda mano merece muchas prevenciones y recelos porque  se está declarando lo que no conoció el deponente.   

“Si  a  ese  testimonio  se  le  suma  una presión extralegal tiene menos fuerza vinculante,  porque  la razón y la experiencia humana señalan que una declaración recibida  o  entregada  bajo  esas  circunstancias,  además  de  ser  dudosa, es ilegal y  contraria  a  derecho.  El  hecho  de  que  aparentemente  no  exista prueba que  demuestre  que  el  testimonio  de  ALMAZO  PERDOMO  fue  entregado  bajo cierta  particularidad,  no  hay que olvidar, que esta clase de presiones nunca se hacen  en               público”.     

En   seguida   advierte   que,  según  la  jurisprudencia  y la doctrina, se acepta que en los casos en que varias personas  actúan  de manera mancomunada en la realización de una empresa criminal, todos  sus  integrantes  tienen  calidad  de autores, siempre que la evidencia procesal  así    lo    revele    y   permita   hacer   la   correspondiente   adecuación  típica.   

Por  ese  motivo,  insiste en que debe haber  prueba  que  demuestre un acuerdo previo y la elaboración de un plan a realizar  por  cada  uno  de sus integrantes, situación que aquí no aconteció, toda vez  que  el  Tribunal  nunca  indicó  cuál  fue la labor cumplida por su procurado  dentro  de  esa empresa, lo que, a su juicio, constituye un error de lógica, en  razón  a  que  “el trato previo entre personas que  cometan  o  puedan llegar a cometer un delito no significa que esa comunicación  se  encuadra  dentro de los parámetros de la participación, ya que se estaría  aplicando  responsabilidad objetiva… y, además, ataca las normas rectoras del  Código      de      Penas      y     de     Procedimiento     Penal”.   

En este caso, dice, la prueba “fue  distorsionada  para  decretar  la  condena,  violando la norma  sustantiva”.   

Por   lo  mismo,  estima  como  errada  la  interpretación  que  de  los  hechos y de las pruebas hizo el ad quem, toda vez  que  su  procurado  si bien no le prestó ayuda al conductor y a su ayudante, se  está  sobrevalorando “el cumplimiento del deber que  acompaña  a  los  miembros de las fuerzas militares, si bien ellos son la punta  de  lanza  para  defender los ciudadanos en su vida, honra y bienes, no es menos  cierto  que  tal  cumplimiento  del  deber  se  debe realizar bajo unos mínimos  parámetros  de  seguridad”,  que  no se dan en ese  lugar,  pues  el orden público está alterado, siendo restringido el transporte  público en las horas de la noche.   

Anota que si bien es cierto no se puede negar  que  efectivos  policiales  de  la  zona  participaron  en  el  hecho delictivo,  también  lo  es  que  no hay prueba directa que implique a su patrocinado, y lo  único  que  lo  perjudica  son  las  interpretaciones  erróneas  de los medios  recaudados.   Agrega   que  cuando  el  Tribunal  realizó  el  estudio  de  los  testimonios  referentes  a  si  comunicó  o  no  a  sus superiores el acontecer  fáctico,  interpretó  equivocadamente  la  declaración  del  capitán Giraldo  Arias,   quien  inicialmente  lo  negó  y  posteriormente  sostuvo  que  no  lo  recordaba.   

Asevera   que   la   otra   causa   de  la  responsabilidad  endilgada  a  su  procurado,  consistió  en  que  el  Tribunal  concluyó  que  la comunicación que realizó Wilmar Castro al teléfono celular  de  su  defendido  es indicativo de su participación, olvidando que éste, como  lo   dijo,  prestaba  el  teléfono  a  todo  el  mundo,  versión  que  no  fue  controvertida  por  el  Estado  “en  ninguna de las  etapas  procesales,  pero  sí  le  dio  toda  la credibilidad al testimonio del  agente  del DAS, Esteban Eccehomo Montañez”, por lo  que  el  ad  quem  le  otorgó  a  esta  prueba  y  al  hecho  de que el número  telefónico  pertenecía  al  procesado, una interpretación errónea, con claro  desacato  al  artículo  249  del C. de P. Penal, valoración que se hizo con el  sólo   interés   de   condenarlo,   pues  “no  se  interrogó  si  efectivamente  el telefonema fue contestado por Vargas Ojeda; si  efectivamente  él  prestaba  el  aparato  telefónico  para su uso al que se lo  solicitara;  si  la  llamada  fue  dirigida  para  buscar al Cabo Vargas Ojeda o  cualesquiera  otro  agente  o  persona;  no  se  verificó  si  efectivamente el  teléfono  celular  del  agente  Eccehomo tenía buzón memoria para guardar los  números  telefónicos  de  los teléfonos a los cuales realizaba una llamada de  improvisto,  o  tenía  que  grabarlo  previamente -la  experiencia  nos  ha  enseñado que la memoria de los  celulares  guarda  todo  aquello  que  previamente  se  le autoriza-”.                                                               

Finalmente,  agrega  que esas limitaciones a  las  reglas  de  la  sana  crítica llevaron a que se apreciara erróneamente la  prueba  y  a  la  violación indirecta de la ley sustancial, por lo que solicita  casar la sentencia y, en su lugar, absolver a su representado.   

ALEGATOS  DEL   NO  RECURRENTE   

La  Procuradora  Judicial  II  Penal  175  solicita   a   la  Corte  que  se  declare  desierto  el  recurso  de  casación  interpuesto,  toda vez que el cargo formulado adolece de errores de técnica, ya  que  por  un  lado plantea el libelista un falso juicio de convicción y, por el  otro,  un  falso  juicio  de  identidad  sobre los testimonios que cita como mal  apreciados,  aspectos  que  hacen  imposible  que  la Sala proceda a estudiar de  fondo el asunto.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

La  demanda  de  casación que a nombre del  procesado  presentó  su defensor, no reúne los requisitos formales que para su  admisión  estatuía  el numeral 3° del artículo 225 del Decreto 2700 de 1991,  vigente para la época.   

Entre sus desatinos, que impiden un estudio  de fondo, se destacan los siguientes:   

Aunque  el censor dice que opta por la vía  indirecta,  menciona  las normas sustanciales infringidas e indica el sentido de  su  quebrantamiento,  sin embargo, desde su enunciación el reproche es confuso,  pues  no aparece claro cuál fue la naturaleza del error que imputa al fallador,  si  de  hecho o de derecho, ni el falso juicio que lo generó, si de existencia,  identidad,   legalidad   o   convicción,   o   si   se   debió   a   un  falso  raciocinio.   

Si se entiende que quiso referirse al error  de  derecho por falso juicio de convicción, se encuentra que no muestra que los  medios  de  convicción que cuestiona estén sometidos al método de valoración  de  la tarifa legal, que es el único evento en que el Tribunal podría incurrir  en  tal clase de desatino, siendo del caso recordarle que en Colombia rige, como  norma  general,  para  la  apreciación probatoria, el sistema de la persuasión  racional.   

Si se aceptara que quiso orientar la censura  por  la  senda  del  error  de  hecho  por falso juicio de identidad, pues en la  disertación    argumentativa  afirma  que  la  prueba  fue  distorsionada,  aparece  que  no  evidencia  que  no  haya  correspondencia  entre  su contenido  material y lo que el Tribunal consideró que su texto decía.   

Si  se  estima que quiso aludir al error de  hecho  por  falso  raciocinio,  pues  afirma  que  al  valorar  la prueba fueron  desconocidos  los  postulados  de  la  sana  crítica,  se  observa  que  no  lo  desarrolló,  pues  no  reseñó  cuáles  fueron  las  leyes de la ciencia, los  principios  de  la  lógica  o  las reglas de la experiencia común desconocidos  ostensiblemente   por   el  Tribunal,  de  qué  manera  lo  fueron  y   su  trascendencia,  esto  es,  cómo  ese  dislate  lo  llevó a declarar una verdad  fáctica distinta de la que revela el proceso.   

A  cambio  de demostrar que el sentenciador  erró  en  la  apreciación  de  la  prueba, dedica el discurso, como si se  tratara  de un alegato de instancia, a oponerse a sus conclusiones probatorias y  al  mérito  que  le  otorgó  a  los  medios  de  prueba, desconociendo que esa  discrepancia  no  configura  desatino  demandable en casación, prevaleciendo el  criterio  del  Tribunal,  por  llegar  la  sentencia a esta sede amparada por la  doble presunción de acierto y legalidad.   

Finalmente,  vulnera  el  principio  de  no  contradicción,  pues  con  respecto  al  mismo  medio  de  prueba,  a saber, la  declaración  de  Juan  Andrés  Almazo,  predica, coetáneamente, que no existe  jurídicamente  y  que  si  existe, pues afirma que es ilegal, por la presión a  que   fue   sometido   el  testigo,  pero  la  da  por  válida,  al  atacar  su  credibilidad.   

Frente a los anotados yerros de la demanda y  dado   que   la  Corte,  en  virtud  del  principio  de  limitación,  no  puede  subsanarlos,  se impone su rechazo y, consecuencialmente, se declarará desierto  el recurso extraordinario de casación.   

En  mérito  de  lo  expuesto, LA  CORTE  SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACION PENAL,   

R  E  S  U  E  L  V  E   

INADMITIR  la  demanda    de   casación   presentada   por   el   defensor   de   BLADIMIR     VARGAS     OJEDA.    En  consecuencia,  se  declara  desierto  el  recurso  extraordinario  de  casación  interpuesto.   

Contra  esta  decisión  no procede recurso  alguno,  al  tenor  de lo dispuesto por los artículos 226 y 197 del C. de P. P.  (Decreto 2700/91, aplicable a este caso).   

Comuníquese y cúmplase.  

ALVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                            JORGE    E.    CÓRDOBA  POVEDA   

HERMAN   GALÁN  CASTELLANOS                           CARLOS   AUGUSTO   GALVEZ  ARGOTE   

JORGE  ANIBAL  GÓMEZ  GALLEGO             EDGAR  LOMBANA     TRUJILLO                     

CARLOS  EDUARDO MEJÍA  ESCOBAR             NILSON PINILLA  PINILLA                         

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria   

    

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *