17591(10-09-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 17591  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

Aprobado Acta N° 106  

          Bogotá, D. C., septiembre diez de dos mil dos.   

VISTOS  

          Examina  la  Corte,  en  sede de apelación, el contenido pertinente  del  auto fechado el 7 de junio de 2000, por medio del cual el Tribunal Superior  de  Popayán declaró la nulidad de lo actuado a partir del auto que decretó el  cierre  de la investigación en el presente proceso que cursa contra el exfiscal  Delegado  ante el Juzgado Promiscuo Municipal de Corinto, Cauca, TOBÍAS RENGIFO  DÍAZ,  y  el  abogado litigante RODRIGO ARTURO PENAGOS ZULUAGA, por la presunta  violación al artículo 39 de la Ley 30 de 1986.   

         

HECHOS  Y  ANTECEDENTES  PROCESALES   

          1.  En  la  madrugada  del 8 de octubre de 1997, miembros de la Base  Militar  de  Quebradaseca,  acantonada  en  Corinto,  Cauca, sorprendieron a los  sujetos  María  Nélida Mosquera Rivera, Armando Prado, Alberto Mumucue Tenorio  y  Julio  Silva  Meneses  cuando  se  transportaban en dos motocicletas llevando  consigo  cinco paquetes de una sustancia que la única dama tenía adherida a su  cuerpo.   

          La  forma  como  se transportaba la sustancia, la hora de ocurrencia  de  los hechos y el comportamiento sospechoso de los motociclistas hizo precaver  a  los  efectivos militares que el material incautado posiblemente correspondía  a  una  sustancia  estupefaciente,  conclusión  que  tomó  mayor fuerza cuando  recibieron  propuestas  corruptoras  de  los  retenidos para que les permitieran  permanecer  en libertad a cambio de quedarse con la droga prohibida y de recibir  una cantidad de dinero, pedimento que no tuvo el menor eco.   

          Por  el  contrario,  los  retenidos  y la sustancia fueron dejados a  disposición  de  la  Fiscalía  Local  de  Corinto  a  cargo del doctor TOBÍAS  RENGIFO  DÍAZ  en  la  primera  hora  hábil  del  mismo  8 de octubre de 1997,  mediante  oficio  No. 346 suscrito por el Comandante de la patrulla que realizó  el  operativo,  en  el  cual se consignó que el peso aproximado de la sustancia  incautada   ascendía   a   mil  gramos  y  se  indicó  como  probable  calidad  “cocaína”.   

          Funcionarios    adscritos    al   despacho   judicial   investigador  practicaron  formulas experimentales tendientes a establecer la naturaleza de la  sustancia  decomisada,  tomando  como  base el color, sabor, olor y textura. Los  resultados  fueron  negativos  porque  el  personal  de la Policía Judicial del  lugar  no  contaba con los reactivos necesarios para la prueba de campo, pero se  verificó  que  era  una  sustancia  inolora,  de  color  habano  claro, un poco  granulada,  con  fuerte  sabor  amargo  y  con  potencialidad adormecedora de la  lengua.   

          El  9  de  octubre  de  1997  el  Fiscal  instructor recepcionó las  indagatorias  a  los  capturados  y  sólo  el  15 siguiente, esto es ocho días  después  de  la  incautación,  practicó  la  diligencia  de  pesaje,  toma de  muestras  y  destrucción  de la sustancia incautada con el mismo personal de la  Policía  Judicial  y  sin  utilización  de  reactivos  de  orientación,  pero  resultó  sorpresivo  que  en  ese  momento la sustancia había sido variada por  otra  de  color  blanco hueso, con textura pulverulenta, que por su olor y sabor  fue clasificada como harina de trigo.   

          En  la  misma  fecha  el  expediente  se  remitió  a  la  Fiscalía  Seccional  de  Caloto,  lugar  donde  surgió  la  idea del abrupto cambio de la  droga,  lo  que  motivo  rápida  investigación con funcionarios del C.T.I. que  establecieron  la  ruptura  de  la  cadena  de  custodia del objeto material del  delito  al  interior  de  la Fiscalía Local de Corinto y la consecuente noticia  para que se averiguara el hecho criminal.   

         

          2.   En razón de los reseñados hechos, la Unidad de Fiscalía  ante  el  Tribunal  Superior de Popayán abrió investigación penal, vinculó a  los  doctores TOBÍAS RENGIFO DÍAZ y RODRIGO ARTURO PENAGOS ZULUAGA, el primero  en  su  calidad  de  Fiscal Local de Corinto, y, el segundo, abogado defensor de  uno   de  los  procesados  en  el  asunto  que  motivó  estos  hechos,  quienes  posteriormente  fueron  afectados  con  medida  de  aseguramiento consistente en  detención  preventiva  como  presuntos partícipes del delito establecido en el  artículo  39  de  la  ley  30 de 1986. Al Fiscal RENGIFO DÍAZ se le definieron  cargos  a  título  de  autor  y  al  litigante  PENAGOS  ZULUAGA  en calidad de  cómplice.   

          3.  Mediante  resolución  del  21  de  abril  de 1999, la Fiscalía  competente  calificó  el  mérito  del sumario acusando a los procesados por el  mismo  delito  y  grado de participación, decisión contra la cual se interpuso  recurso  de  apelación  por  el defensor de TOBÍAS RENGIFO DÍAZ, el que al no  ser   se   sustentado,   se  declaró  desierto  en  auto  del  12  de  mayo  de  1999.   

          4.  La  Sala  Penal  del  Tribunal  Superior  de  Popayán avocó el  conocimiento  del  juicio y ordenó el traslado previsto en el artículo 446 del  anterior Código de Procedimiento Penal.   

PROVIDENCIA  IMPUGNADA   

          Mediante  la  providencia impugnada, fechada del 7 de junio de 2000,  la  Sala  mayoritaria  de  Decisión  Penal  del  Tribunal  de Popayán declaró  oficiosamente  la nulidad de lo actuado “a partir del  auto  de cierre de la investigación”, tras calificar  de    anfibológica    la    motivación    contenida    en    la    resolución  acusatoria.   

          Destaca  el  Tribunal  que  la  formulación  del  único  cargo  se  concretó  a  la  violación del artículo 39 de la Ley 30 de 1986 que contempla  el  prevaricato  de  tipo  especial  en  sus  modalidades dolosa y culposa, pero  “dejando dubitable la estructura del tipo subjetivo,  es decir, si el hecho se cometió con dolo o con culpa”.   

          Lo  anterior  porque  no  obstante  que  con  base  en  los indicios  analizados  la  Fiscalía  concluyó que el hecho criminoso lo era de naturaleza  dolosa,   a  renglón  seguido  hizo  consideraciones  que  predican  culpa  por  inobservancia  de las prescripciones legales e incuria en el cumplimiento de los  deberes  de  su cargo como la vigilancia y cuidado sobre la sustancia decomisada  y  la  omisión  de dar cuenta oportuna del resultado sorpresivo de la prueba de  campo que demostraba la incautación de un material inocuo.   

             La redacción anfibológica de la acusación no se desprende  de   la   omisión   de   los   términos   “dolo  o  culpa”,  sino  por los fundamentos de la resolución  que  no  se  plantan  de  manera indubitable para identificar sin confusiones la  forma  de  tipo  subjetivo,  pudiéndose presentar situaciones de confusión por  las  motivaciones  de  la providencia sin que pueda determinarse claramente, por  ejemplo,   si   la  conducta  fue  ejecutada  con  dolo  eventual  o  culpa  con  previsión.   

          Aunque en el tipo objetivo que se señala  en  la  resolución  de acusación no concurre falla alguna, no ocurre los mismo  con el tipo subjetivo, por las razones anotadas.   

          Concluye  que  existe  una  comprobada  irregularidad sustancial que  conlleva a la nulidad finalmente decretada.   

EL RECURSO  

         Contra  la  anterior  determinación,  el  Fiscal  Delegado ante el  Tribunal  de  instancia  oportunamente  interpuso  recurso  de  apelación.  Los  argumentos de disentimiento son, en síntesis, los siguientes:   

         Desde  el  momento  en  el cual se definió la situación jurídica  provisional  a  los  procesados  TOBÍAS  RENGIFO DÍAZ y RODRIGO ARTURO PENAGOS  ZULUAGA,  se  hizo  un  análisis  ponderado  de  la conducta típica que se les  imputa,   como   de  su  forma  de  participación  y  posible  responsabilidad,  consignándose  diez  razones  que  mostraban  visos de alta probabilidad de que  entre  el  exfiscal  y el litigante habían realizado el cambio del alucinógeno  incautado  por  personal de la Base Militar de Corinto en las primeras horas del  8 de octubre de 1997.   

         Todas  estas elucubraciones, revisadas en su conjunto, advierten el  conocimiento  de  la delictuosidad de los actos imputados a los actores, como el  ánimo  que  tenían  de  favorecer  los  intereses judiciales de Nelly o Nelida  Mosquera  Rivera,  Armando Prado, Alberto Mumucue Tenorio y Julio Silva Meneses.  Por  ese acuerdo criminal se les decretó medida de aseguramiento respecto de la  transgresión   del   primer   inciso   del   artículo  39  de  la  ley  30  de  1986.   

         La  misma  forma  de  participación  derivada  a cada uno de ellos  advierte  el  dolo  que  se  les  imputa,  pues  al exfiscal RENGIFO DÍAZ se le  sindica  como  autor  material  del  hecho  y  al litigante PENAGOS ZULUAGA como  cómplice   por   ser   la   persona   que   transmitió  la  idea  criminal  al  funcionario.   

         Agrega   que   nada   diferente  se  consignó  en  la  resolución  acusatoria  del 21 de abril de 1999, tanto así que la ampliación conceptual de  las  pruebas indiciarias de mayor valía, ratifican el comportamiento doloso que  se les carga a los procesados.   

         Del  contexto de la providencia nulitada se advierte sin dificultad  que  la  acusación  procede por el delito es su modalidad dolosa, que es la que  tiene  mayor  consecuencia  sancionatoria.  Así  lo  han  entendido los sujetos  procesales  reconocidos en la instancia, al punto que ninguno de ellos presentó  objeciones  al  pliego  de  cargos  respecto  de  la  supuesta  oscuridad  de su  contenido.  Y  ni  siguiera  la  Sala de Decisión fue unánime, pues uno de sus  Magistrados    se    apartó   de   la   decisión   mayoritaria   salvando   su  voto.   

         De  otro  lado, agrega, también resulta desafortunada la decisión  que   al   declarar   la  ineficacia  del  acto  procesal  acusatorio  fija  sus  consecuencias  enervantes  a  partir  del  auto  de cierre de la investigación,  inclusive,  cuando las consideraciones del Tribunal apuntan al supuesto yerro en  la  formulación  de  los  cargos contenidos en el acusación, debiendo ser esta  pieza procesal la única eventualmente afectada.   

         Sobre  tales  bases, solicita que se revoque la decisión impugnada  y,  en su lugar, se disponga dar curso a la etapa de audiencia pública donde se  debatirá    la    responsabilidad    penal   que   le   pueda   caber   a   los  procesados.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

    

1. Sobre la decisión impugnada     

         

          Reiteradamente  la  Corte  ha  sostenido  que  no  toda  deficiencia  argumentativa  en la resolución de acusación es de suyo idónea para viciar de  nulidad  el  acto  respectivo,  y  que  sólo  cuando  materialmente  no  existe  motivación,   o   cuando  existiendo  la  misma resulta ininteligible por ser precaria o anfibológica, se  estructura  el  vicio,  porque para el aseguramiento de la garantía fundamental  del    derecho    de    defensa    se    hace    necesaria   la   argumentación  comprensible.   

         La  primera  hipótesis  surge  cuando el funcionario judicial omite  precisar  las  razones de orden fáctico y jurídico que sustentan su decisión.  La  segunda,  cuando  el análisis que contiene estos aspectos es deficiente, al  extremo  de  no  permitir  su  determinación. La tercera, cuando se sustenta en  argumentaciones  contradictorias  o excluyentes que impiden conocer su verdadero  sentido.  (cfr.  entre  otras,  sentencia  del  27 de  febrero de 2001, Magistrado Ponente Fernando Arboleda Ripoll).   

         En  el  caso  a  estudio,  la  invalidación del proceso la funda el  Tribunal  de  instancia en la consideración de que el  pliego  de  cargos  formulado  por  la  fiscalía  en  la resolución acusatoria  proferida  contra  los  doctores  TOBÍAS RENGIFO DÍAZ y RODRIGO ARTURO PENAGOS  ZULUAGA,  es anfibológico, pues en su criterio no se concreta la estructura del  “tipo  subjetivo”,  es  decir  si  el  hecho  se  materializó con dolo o con culpa, hipótesis ambas de  realización  típica contenidas en el artículo 39 de la Ley 30 de 1986 para el  prevaricato especial.   

         Contrario  a  este  parecer,  encuentra  la  Sala  que  en la parte  considerativa  de la resolución acusatoria proferida el 21 de abril de 1999 por  la  Unidad  de  Fiscalía Delegada ante el Tribunal de Popayán, a partir de los  hechos  que  fueron  acreditados, se atribuyó inequívocamente a los procesados  la  realización  típica del delito que define y sanciona el artículo 39 de la  Ley  30  de 1986 en su modalidad dolosa, con una clara precisión de la conducta  punible,  tanto  en  su  aspecto  objetivo  como  en el subjetivo y del grado de  participación  de  los  doctores RENGIGO DÍAZ y PENAGOS ZULUAGA, sin que pueda  hablarse   de   una   acusación   equívoca   que   impida   o   dificulte   la  defensa.   

          En  efecto,  basta repasar el desarrollo evaluativo de los elementos  de  convicción  destacados  en  la  resolución  de  acusación,  para  ver  de  comprobar  que  la  argumentación  alude concretamente a juicios de tipicidad y  culpabilidad  de claro contenido doloso. El sustento introductorio habla por sí  solo:   

          “Esta  Delegada  discurrió  ampliamente al momento de definir la  situación  jurídica provisional sobre las circunstancias y pruebas que indican  al  Fiscal  TOBÍAS  RENGIFO DÍAZ y al litigante RODRIGO ARTURO PENAGOS ZULUAGA  como  las  personas  que pudieron llevar a cabo el denominado “cambiazo” del  alucinógeno  incautado,  en  orden  a  conseguir  la  impunidad  de  las cuatro  personas  capturadas  por el hallazgo flagrante. Veremos a continuación que las  probanzas  practicadas  con  posterioridad  al  resolutorio del 16 de febrero de  1998,  que  fulminó  cautelas  personales  a  la  dupla  de sindicados, en nada  desvirtúan las sindicaciones” (fl.643).   

         En  el  desarrollo de esta tesis, la Fiscalía Delegada procedió a  evaluar  cada  una  de  las  pruebas  de  carácter indiciario y testimonial que  confluían  a responsabilizar a los profesionales vinculados en calidad de autor  y  cómplice  de  la  conducta descrita en el artículo 39 de la Ley 30 de 1986,  cuyas   acciones  se  consideraron  de  contenido  doloso  como  que  estuvieron  encaminadas  a  procurar  la  impunidad  con la alteración y sustracción de la  sustancia  incautada.  Así,  se  destacan indicios para apuntalar el componente  subjetivo  del  ilícito  y  cuya  relación  sucinta es traída en la decisión  impugnada en los siguientes términos:   

“a.-  El  indicio de hechos preparatorios  orientados  a  la  comisión  del  ilícito  que se desprende de la propuesta de  ARMANDO  PRADO  a la empleada JARAMILLO ECHEVERRY para el cambio de la sustancia  a través del abogado escogido para la defensa.   

“b.-  A  este  abogado  le  era  fácil  transmitir  la  propuesta  indecorosa  (al  Fiscal), fallida frente a los mandos  medios    por   existir   nexos   de   amistad   entre   éste   y   el   Fiscal  Instructor.   

“c.- El doctor PENAGOS ZULUAGA y el Fiscal  TOBIAS  RENGIFO  trataron  privadamente  en el transcurso de la mañana del 9 de  octubre  de  1997,  requiriendo  a  la  Técnico  Judicial  Rosa  Elena Ramírez  Mondragón  para que les presentara la sustancia decomisada de la cual el doctor  PENAGOS ZULUAGA tomó una muestra, todo esto extrajudicialmente.   

“d.-  Ese  mismo  9  de octubre el doctor  TOBIAS  RENGIFO  variando el procedimiento usual de vigilancia y cuidados de las  sustancias  decomisadas  reclamó a la Técnico Judicial la entrega de los cinco  (5)  paquetes  con  los  cuales  se  quedó  hasta  las horas de la tarde que se  realizaron las indagatorias.   

“e.-  De  lo   anterior  deriva  el  indicio    de    conexidad    especial   llamado   también   de   presencia   u  oportunidad.   

“f.- El Fiscal acusado pidió a Rosa Elena  Ramírez  Mondragon, que antes de informar el cambio de la sustancia se pusieran  de  acuerdo  “para que no nos echemos la culpa unos a otros, lo que igualmente  declara Janeth Jullisa Jaramillo Echeverry”   

          Resulta  claro  que  al  señalar  el  acusador  que “la  participación  del  Fiscal  en el cambio de la droga es posible  que  no  se  haya  realizado  por  factores  económicos;  por  lo  menos  en el  expediente  no  existe  tal evidencia que, de haberse  presentado,  precavería  la ocurrencia de un ilícito Contra la Administración  Pública  (cohecho);  pero  nada  obsta que su actuación se encuentre explicada  por  la  amistad,  lo  cual  le  constituye un indicio aparte…”,  pone  de presente una acción dolosa que se precisa al definir la  modalidad  de participación de cada uno de los procesados: Al Fiscal como autor  y   al  litigante  como  cómplice,  tal  como  se  corrobora  en  el  siguiente  aserto:   

“De  lo  dicho  deviene,  sin  lugar  a  dubitaciones,  que  la idea criminal investigada surgió en la mente del abogado  PENAGOS   ZULUAGA,  su  actuación  fue  como  simple  intermediario  entre  los  interesados  y el Fiscal de conocimiento. A él se le facilitaba interpelar ante  el  funcionario  judicial  dado  los vínculos de compañerismo preexistentes lo  cual    ocurrió    en    las    varias    conversaciones    privadas   que   se  adelantaron…”   

         Pero  además,  al  concretar  la  calificación  jurídica  de  la  conducta ya analizada, se dijo lo siguiente:   

         “El  hecho  investigado  se adecua a la delictuosidad establecida  en  el  artículo  39 de la Ley 30 de 1986 que intimida penas entre cuatro (4) y  doce  (12)  años de prisión, pérdida del empleo e interdicción de derechos y  funciones  públicas  por  el mismo término, al funcionario empleado público o  trabajador          oficial          encargado          de          investigar,   juzgar   o   custodiar  a  personas  comprometidas  en  delitos  o contravenciones de que trata el estatuto  nacional  de  estupefacientes,  que  procure  la  impunidad  del  delito,  o  la  ocultación,   alteración   o   sustracción  de  los  elementos  o  sustancias  decomisadas   o   facilite   la   evasión  de  persona  capturada,  detenida  o  condenada.   

         “Se  trata de un delito de sujeto activo calificado en el cual el  sindicado  TOBÍAS RENGIFO DÍAZ perfectamente puede incurrir gracias al encargo  funcional  de Fiscal, del cual se encontraba investido. En ese orden de ideas es  válido  atribuirle  el  hecho  delictual  de  alteración o sustracción de las  sustancias decomisadas a titulo de AUTOR”.   

           

         Ahora  bien,  la tacha del Tribunal al contenido motivacional de la  decisión  acusatoria  se sustenta básicamente en la transcripción aislada que  hace  de los argumentos utilizados por el funcionario calificador en el acápite  de  “respuestas  a  los  alegatos  de  los  sujetos  procesales”,  específicamente para contrargumentar  a  la  tesis  expuesta  en  los  alegatos  precalificatorios por el defensor del  doctor   TOBÍAS   RENGIFO   DÍAZ.   Tales   argumentos   son   del   siguiente  tenor:   

“Se  ha  demostrado en el plenario que el  Fiscal  TOBÍAS  RENGIFO  DÍAZ no tuvo la diligencia exigida por la ley para el  aseguramiento  de  la  prueba  y  el  manejo de la cadena de custodía, sobre la  sustancia  decomisada  por los militares y puesta a disposición de su despacho.  Del  cuaderno  anexo  refulge  que  de  demoró  ocho  (8)  días en realizar el  reconocimiento  de  la sustancia, cuando el Estatuto Nacional de Estupefacientes  dice  que no puede pasar un límite temporal de veinticuatro (24) horas; tampoco  fue  vehemente  para  solicitar al C.T.I. de Puerto Tejada el apoyo de rigor, ni  siquiera  gestionó  ante  el  nivel  central (popayán) el traslado de personal  especializado  cuando  la  gravedad  del  hecho  y  la  presencia  múltiple  de  retenidos lo exigía.   

“Lo  grave  del  asunto está dado porque  cuando  recibió  el  informe  militar  de  la  incautación intentó actuar con  rapidez,  pero  una  vez  se  interesó  en  el asunto su compañero de pupitres  RODRIGO  ARTURO  PENAGOS  ZULUAGA,  con quien adelantó conversaciones privadas,  cambió de actitud por otra displicente”.     

         De la lectura aislada  de  tal  aserto,  dedujo  el  Tribunal supuestas consideraciones que predican la  culpa  por  inobservancia de los procedimientos con la droga incautada e incuria  en  el  cumplimiento  de  los deberes de su cargo, olvidando que la referencia a  dichos  comportamientos  no  se hizo en punto al análisis específico del grado  de  culpabilidad  del  procesado  RENGIFO  DÍAZ,  sino,  tal como lo destaca el  Magistrado  disidente  en  su  salvamento  de  voto,  a  la  evaluación  de una  circunstancia  modal  para  derivar de allí prueba sobre la responsabilidad del  Fiscal,   pues   ciertamente   al   examinar  los  indicios  de  responsabilidad  inicialmente   destacados,    ya   se   había   considerado  el  irregular  comportamiento  del  funcionario  como indicante de culpabilidad dolosa. Así se  expresó el acusador:   

“No  está por  demás  señalar  que  resulta  extraño y suspicaz para este Delegado el manejo  que  le  dio  el  Fiscal  RENGIFO  DÍAZ  al  expediente  y  a  la sustancia que  constituía  el cuerpo del delito: Cuando recibió la droga y avocó competencia  intentó  todo  cuanto  estuvo  a  su  alcance  para  practicar la diligencia de  inspección  judicial  para  reconocimiento  de  la  sustancia,  pesaje, toma de  muestras  y  destrucción  de  remanentes  en  las  primeras 24 horas contadas a  partir  de  la  recepción de lo incautado, como lo ordena el artículo 79 de la  Ley  30  de  1986.  Pero  una  vez  se  surtieron  las  indagatorias olvidó sus  compromisos  legales  omitiendo  el llamado de los peritos adscritos a la Unidad  del  Cuerpo  Técnico  de  Investigaciones  de  Puerto  Tejada,  que normalmente  prestaban  esa función… El titular del despacho en ocasiones asumía la labor  de   transportar   las  muestras  de  las  evidencias  de  narcotráfico  a  los  laboratorios  químico-forense  de Cali, pero esta vez se demoró ocho (8) días  en   ejercitar   una  labor  que  la  ley  le  reclama  practicar  en  sólo  24  horas.   

         

         Fácil  se  comprende  entonces  que el comportamiento no diligente  que  se  atribuye  al  Fiscal acusado se tomó como un hecho indicador de que su  finalidad  era demorar la práctica de la prueba científica, acción encaminada  a  procurar  la  alteración y sustracción de la sustancia incautada, según se  aduce en el pliego acusatorio.   

         Así  las  cosas,  resulta  evidente  la  inexistencia del vicio de  nulidad  aducido,  razón  por  la  cual  se revocará  la decisión impugnada, ordenando en su lugar que se  continúe con el trámite del juicio.   

No  puede  la  Sala  dejar  de manifestar su  extrañeza  por  el  juzgamiento  conjunto  en  el  presente  asunto del abogado  RODRIGO  ARTURO  PENAGOS  ZULUAGA, a quien no cobija ningún fuero legal, razón  por  la  cual  se  imponía  la  aplicación  de  la  previsión contenida en el  artículo  90  del Código de Procedimiento Penal vigente para el momento en que  el  Tribunal de instancia avocó el conocimiento del juicio, hoy artículo 92 de  la  ley  600 de 2000, el cual ordenaba y ordena la ruptura de la unidad procesal  “cuando  en  la  comisión  de  la  conducta punible  intervenga  una  persona  para  cuyo  juzgamiento  exista fuero constitucional o  legal   que  implique  cambio  de  competencia  o  que  esté  atribuido  a  una  jurisdicción especial”.    

    

1. Sobre la petición de cesación de procedimiento     

En  el trámite de la apelación el defensor  del  doctor  TOBÍAS  RENGIFO DÍAZ solicitó la extinción de la acción penal,  por  cuanto  entiende  que  el  nuevo  Código  Penal  eliminó  la  figura  del  prevaricato  especial  prevista  en el artículo 39 de la Ley 30 de 1986 y, como  consecuencia,  demanda  el  levantamiento  de  la  suspensión  en el cargo como  fiscal y que cese también la prohibición de salir del país.   

          El  tema  propuesto  por  el defensor tiene que ver con el fenómeno  del  tránsito  legislativo  que  se  ha suscitado por razón de la vigencia del  nuevo  Código  Penal  (Ley  599  de 2000) hallándose el caso en el trámite de  esta instancia.   

          Para  resolver  el  problema,  necesario  resulta  determinar  si la  conducta   imputada   y   no  reproducida  textualmente  en  la  nueva  ley  fue  efectivamente  descriminalizada  o  si lo que se presentó fue un desplazamiento  de  la  tipicidad  o  la  readecuación  típica  de  un  conjunto de conductas.   

          Cuando  se da un tránsito de normas, puede suceder que la nueva ley  de  manera  expresa  deroga la anterior, o la abroga tácitamente o, como sucede  en   este   caso,   entra  a  regular  de  manera  más  amplia  e  integral  el  asunto.   

          Pues  bien,  desde  la  sentencia  del  23  de  octubre de 1995, con  ponencia  del  Magistrado Carlos E. Mejía Escobar, la Sala dejó sentado que el  artículo  39 de la Ley 30 de 1986 había recogido en  un   tipo   penal   especial   y  de  mayor  gravedad  punitiva  “aquellos   comportamientos   de   los   funcionarios  o  empleados  oficiales   que   faltando   a  sus  deberes  funcionales  se  prestan  para  el  favorecimiento  de quienes participan en el negocio de la droga, a través de la  realización  de  conductas  que,  si  no existiera esta disposición, estarían  previstas  de  otra  manera  y más benignamente tratadas, por las normas del C.  Penal.  Prevaricatos,  Abusos  de  Autoridad,  Fugas de Presos, y otras acciones  infractoras de las Administraciones Pública y de Justicia”.   

          Por  tal  razón  la  conducta  imputada al Doctor TOBÍAS RENGIFO  DÍAZ   se  encuadró acertadamente en la preceptiva del artículo  39  de  la  ley  30 de 1986 y no en la del artículo 176 del Código Penal vigente a  la  sazón,  que  tipificaba el delito de favorecimiento, pues de acuerdo con la  acusación  se  trató  de  un  funcionario  público  que  teniendo  a cargo la  investigación  correspondiente,  sin  concierto previo, ejecutó actos de claro  favorecimiento  de  las actividades que estaba llamado a perseguir; conducta que  se  traducía en procurar la impunidad de los procesados capturados en posesión  de una sustancia estupefaciente.   

        Ahora  bien,  si  en  verdad  el  nuevo Código Penal no reprodujo  textualmente  el  tipo  especial  como lo hacía el artículo 39 de la Ley 30 de  1986,  ello  no  significa  que  la conducta hubiera sido descriminalizada en el  nuevo  estatuto,  porque  éste en el primer inciso de artículo 446 describe el  tipo básico del favorecimiento en los siguientes términos:   

“El   que  tenga  conocimiento  de  la  comisión  de  la  conducta punible, y sin concierto previo, ayudare a eludir la  acción  de  la  autoridad  o  a  entorpecer  la investigación correspondiente,  incurrirá en prisión de (1) a cuatro (4) años”.   

           

        Y el segundo inciso complementa el tipo así:   

“Si la conducta  se  realiza  respecto  de  los  delitos  de  genocidio,  desaparición  forzada,  tortura,   desplazamiento   forzado,   homicidio,   extorsión,  enriquecimiento  ilícito,    secuestro   extorsivo,   tráfico   de  drogas,  estupefacientes o  sustancias  psicotrópicas,  la  pena será de cuatro  (4) a doce (12) años de prisión”.   

           

En el marco de estas consideraciones resulta  evidente  que  la conducta que se le reprocha al procesado TOBÍAS RENGIFO DÍAZ  no  fue suprimida del catálogo de delitos que contempla el nuevo Código Penal,  pues  el  comportamiento  mediante  el  cual se procura el favorecimiento de las  personas  dedicadas  al  narcotráfico,  mediante  la ocultación, alteración o  sustracción   de   los   elementos   o   sustancias   decomisadas,  se  acomoda  perfectamente   a   la   descripción  típica  de  la  modalidad  agravada  del  encubrimiento por favorecimiento arriba transcrita.   

Sobre  tales bases se negará la pretensión  invocada en el trámite de la instancia.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE  

1.  REVOCAR  la providencia de 7 de junio de  2000,  por  medio  del cual el Tribunal Superior de Popayán declaró la nulidad  de  lo  actuado a partir del auto de cierre de la investigación y, en su lugar,  ordenar que se continúe con el trámite del juicio.   

          2.  NO ACCEDER a la solicitud de cesación de procedimiento en favor  del   doctor   TOBÍAS   RENGIFO   DÍAZ,   por   las   razones   expuestas   en  precedencia.   

          Cópiese, notifíquese y cúmplase.   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ  PINZÓN   

FERNANDO   ARBOLEDA  RIPOLL                            JORGE    E.    CÓRDOBA  POVEDA   

HERMAN           GALÁN  CASTELLANOS                  CARLOS A. GÁLVEZ ARGOTE   

JORGE       ANÍBAL      GÓMEZ  GALLEGO           EDGAR  LOMBANA TRUJILLO   

CARLOS  E.  MEJÍA  ESCOBAR                                        NILSON PINILLA PINILLA   

Teresa Ruiz Núñez  

Secretaria  

           

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