17556(14-05-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 17556  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

Aprobado Acta No.52  

          Bogotá,   D.C.,   catorce   (14)   de   mayo   de   dos   mil   dos  (2002).   

          Examina  la  Sala los requisitos formales de la demanda de casación  presentada  en  defensa  del  procesado RODRIGO FAJARDO  BAÑOS,    contra  la sentencia condenatoria que profirió el Tribunal Superior  de  Tunja  con  fecha  13  de  abril de 2000, en las presentes causas acumuladas  seguidas por el delito de concusión.   

HECHOS  

          En  el mes de septiembre de 1994, Rafael  Chocontá  solicitó   un  crédito  por la suma de dos millones quinientos  mil  pesos  en  la  Caja  Agraria  de  Ventaquemada  (Boyacá), que RODRIGO  FAJARDO  BAÑOS,  en ese entonces  Director  provisional  de  la  entidad,  condicionó en su otorgamiento a que el  peticionario  le  hiciera  a  su  vez  un  préstamo  de  un  millón  de pesos,  garantizado con la suscripción de una letra de cambio.   

          La  transacción  se  realizó  en  tales términos, pero vencido el  plazo  de  seis  meses  sin  que  el Director cancelara la obligación a la Caja  Agraria  y como Chocontá carecía de recursos, FAJARDO  BAÑOS  quien fungía en ese momento como encargado de  la  sucursal  de  la  misma  entidad  bancaria del municipio de Nuevo Colón, lo  convenció  de  tomar  un nuevo crédito por cinco millones de pesos a nombre de  su  esposa  María Mercedes Rojas Castillo, que le concedió con el requisito de  prestarle  dos  millones  de  pesos  avalados  una  vez  más  con  una letra de  cambio.   

          En  el  desempeño  de  este último cargo y en el mes de febrero de  1995,   FAJARDO  BAÑOS  le  autorizó  un  crédito  a  Pedro Antonio Avendaño por siete millones de pesos,  pero  le exigió como contraprestación la entrega en mutuo de millón de pesos,  garantizados aquí también de la misma manera.   

          Ninguno  de  los  referidos  títulos  valores  fue cancelado por el  mencionado  Director  de  la  Caja  Agraria,  razón  por  la cual los afectados  informaron los hechos a las autoridades competentes.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

          1.  Con fundamento en la denuncia formulada por Rafael Chocontá, la  Fiscalía   Seccional  de  Tunja  abrió  la  correspondiente  investigación  y  vinculó  mediante  indagatoria  al  imputado  FAJARDO  BAÑOS,  a quien definió su situación jurídica el 5  de  junio de 1997 con detención preventiva como autor del delito de concusión,  providencia  confirmada  el  19 de noviembre siguiente por la Fiscalía Delegada  ante  el  Tribunal  Superior  de  esa  misma  ciudad  al  resolver la apelación  presentada por la defensa.   

          Clausurado   el   sumario,   el   instructor  calificó  su  mérito  probatorio  en  pronunciamiento  del  18  de  agosto  de  1998.   Profirió  resolución  acusatoria  en  la  que  imputó  al  sindicado  la  autoría de la  conducta  punible  contra  la Administración Pública endilgada en la medida de  aseguramiento (fs. 144 a 152, cd.1).   

          2.   En auto del 15 de diciembre de  1998,  el  Juzgado  2º  Penal del Circuito de Tunja decretó la acumulación de  esta   causa   a   la  cursada  por  el  mismo  delito  en  contra  FAJARDO  BAÑOS,  con  ocasión  de  la  exigencia dineraria formulada a  Pedro  Antonio Avendaño en el mes de febrero de 1995, actuación donde el 12 de  noviembre de 1998 se le había dictado resolución acusatoria.   

          Igualado  el trámite y celebrada la audiencia pública, en fallo de  fecha  noviembre  26  de 1999 el referido Juzgado condenó al citado procesado a  las  penas  de  cuatro  (4)  años  y tres (3) meses de prisión,  multa de  cincuenta  (50) salarios mínimos legales mensuales, e interdicción de derechos  y  funciones  públicas  por  el  mismo  lapso  de  la  sanción privativa de la  libertad,  como  autor de los delitos de concusión a los cuales se contraen las  presentes causas acumuladas (fs. 82 a 99, cd. 5).   

          3.   En  decisión  del  13  de  abril  de  2000,  el Tribunal  Superior  de  Tunja  confirmó  la sentencia del a quo al resolver el recurso de  apelación  interpuesto  por  el  defensor.   Inconforme  el  apoderado  la  impugnó en casación.   

LA DEMANDA  

          Al  amparo  del cuerpo segundo de la causal primera de casación, el  libelista  eleva  dos  cargos  contra  la sentencia del Tribunal, que concreta y  desarrolla  en  los términos a continuación reseñados, ataques con fundamento  en  los cuales solicita a la Corte que case la decisión impugnada y profiera el  fallo   de   sustitución   de  carácter  absolutorio  a  favor  del  sindicado  FAJARDO BAÑOS.   

          Primer cargo.   

          Lo hace consistir en los errores de hecho  cometidos  por  el  juzgador ad quem en la apreciación del material probatorio,  al efectuarla en contra de los principios de la sana crítica.   

          Al desarrollar el reproche plantea que el  Tribunal  tergiversó  las  diligencias de inspección judicial, y por esa vía,  de  manera  ilógica  además,  consideró  que el procesado en su condición de  Director  de  la  Caja  Agraria de Nuevo Colón fue quien tramitó y aprobó los  créditos  a  los  usuarios  Rafael  Chocontá  y Pedro Antonio Avendaño.    

          Acusa seguidamente un yerro de idéntica  naturaleza  cuando  el  ad  quem  afirmó  que  FAJARDO  BAÑOS  abusó  del cargo que ostentaba para conseguir  de  los  usuarios  de  la  entidad  bancaria  la entrega de dineros a título de  mutuo,  conclusión  en  la que atisba “indebida  la  aplicación de la proposición jurídica utilizada en  el  fallo  (art.  140 C.P), pues para que se predique la concusión el abuso del  cargo   debe  ir  precedido  de  constreñimiento  o  de  inducción”.                    

          El demandante plantea también que en las  sentencias  de  instancia se coligió el desvío funcional referido, a pesar que  en  el expediente no existe ningún elemento de juicio que sustente dicho aserto  o   las   acusaciones   formuladas   en   las   denuncias   en   contra   de  su  asistido.         En       fin,       aduce      que      “No  se  da, para el proceso concreto,  el  supuesto  fáctico  de  los  créditos otorgados por los clientes de la Caja  Agraria  como  requisito  para  que  les  fueran  otorgados los créditos por la  entidad  de  fomento”, por  lo  tanto,  “se supuso la  prueba   que   debía   sustentar   la   estructura   lógica  de  un  fallo  de  condena”.   

          Agrega  de  una parte, que “además  del  problema  técnico  procesal  de la carencia total de  prueba  que se ha supuesto, la interpretación judicial de la sentencia resulta,  por    decir    lo   menos,   absurda”,     pues     el     acusado    FAJARDO  BAÑOS  jamás constriñó ni indujo a los usuarios de  la  Caja  Agraria  a entregarle dinero pues no era quien aprobada los créditos;  de    otra   y   finalmente,   que   “la   deducción  del  delito  se  hace  sobre  elementos  puramente  conceptuales    y    subjetivos,   alejados   de   la   realidad   normativa   y  fáctica”.   

          Segundo cargo.   

         

          También  por la vía de la violación mediata de la ley sustancial,  el  casacionista  acusa la aplicación indebida de los artículos 2º, 4º, 5º,  61  y  140  del  Código  Penal  (Decreto  100  de  1980),  como consecuencia de  “la falta de apreciación  de  los  elementos probatorios…los cuales no demuestran ni pueden demostrar el  delito  imputado  al  procesado…ni  acreditan  la  responsabilidad  penal  del  mismo”.   

          En  el  desarrollo  de  la  censura  el demandante reproduce algunos  apartes  de  la  sentencia  del  Tribunal  y  arguye  a renglón seguido errores  “por  falso  juicio  de  existencia     y     falsa     apreciación     de     la     prueba”,  porque  el  fallador supuso las que  realmente      no     existen,     “diferentes   a   las   denuncias   y  sus  ampliaciones”;  y echa de menos en el expediente un  elemento  de juicio “digno  de  credibilidad  y de valor probatorio”   demostrativo   de   la   existencia   del   hecho  punible  o  la  responsabilidad  penal  del  sindicado,  pues  estima  que  las conclusiones del  sentenciador están basadas en especulaciones.   

          Reseña  la  versión  de Rafael Chocontá de quien afirma no arroja  certeza  sobre  el constreñimiento atribuido a FAJARDO  BAÑOS, sin que pueda pasarse por alto además, que si  el  préstamo le fue concedido al primero por el Director de la Caja Agraria con  el  propósito  de  obtener un beneficio, los juzgadores incurrieron entonces en  error  en  la  calificación jurídica pues la conducta configuraría el punible  de peculado, no la concusión endilgada.     

          Predica el exiguo mérito probatorio del  denunciante  Pedro  Antonio  Avendaño; destaca que los testimonios obtenidos de  María  Mercedes  Rojas,  Gilberto  Rabón,  Héctor  Manuel  Pulido,  Fideligno  Montaña,  Uriel  Alfonso  Ortiz,  Sixto  Flórez,  Gloria  Inés  Garay, Israel  Suárez  y  Saúl  Vargas  son  inocuos  pues  nada  deponen  sobre  los  hechos  investigados,  sobre  la condición de servidor público del procesado, en punto  del  abuso  atribuido  a este último en el ejercicio de su cargo y, menos aún,  en  lo atiente al constreñimiento, en consecuencia, fueron apreciados de manera  equivocada   al   ser  citados  para  fundamentar  la  condena  del  incriminado  FAJARDO  BAÑOS por el delito  de concusión.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          Los  demandantes  olvidan con alguna frecuencia, que en la casación  no  resulta  posible  propiciar  la intervención de la Corte con la invocación  vacua  de  alguno  o  algunos  de  los  motivos  señalados  en  la  ley para la  viabilidad  de tal medio de impugnación extraordinario, pasando por alto que el  requisito  en  este  sentido reivindicado como presupuesto mismo de la admisión  del  libelo, exige que el cargo se formule y desarrolle en forma clara, precisa,  lógica  y  sin  perder  de vista que debe estar orientado, no a exteriorizar la  inconformidad   con   el  pronunciamiento  de  los  juzgadores,  propia  de  las  alegaciones  de  instancia,  sino  a  demostrar  la configuración de errores in  iudicando  o  in  procedendo  trascendentes  a  tal extremo, que se muestren con  entidad  suficiente para quebrar la doble presunción de acierto y legalidad que  ampara el fallo de segundo grado.   

          En  el   presente  caso, el equivocado entendimiento del censor  sobre  la  naturaleza  y  fines de la casación lo condujo a la presentación de  una  demanda,  que  precisamente  por  la  razón  atrás  esbozada,  constituye  paradigma  de  las  deficiencias técnicas que deben evitarse en su elaboración  cuando   se   aspira,   por   lo   menos,   a   que   se   declare   formalmente  ajustada.   

          1.   En  efecto,  las  impropiedades del libelo surgen desde su  propia  estructura,  pues  el  defensor soslayando que el concepto de cargo para  los  fines  de  la  casación  alude  a  todo  cuestionamiento por sí sólo con  virtualidad  para resquebrajar total o parcialmente el fallo impugnado, presenta  dos  ataques  separados  contra  la  decisión  del  ad  quem  que  en  realidad  constituyen  censura  única, pues en ambos se acusa la violación mediata de la  ley  sustancial  como consecuencia de errores en la apreciación de las pruebas,  desatinos   que   según   afirma,   determinaron  la  condena  de  FAJARDO  BAÑOS  a  pesar  de  no aparecer  demostrados  en  autos  con  certeza el hecho punible y la responsabilidad penal  del procesado.   

          Tan evidente surge el comentado defecto,  que  el impugnante admite después en forma implícita la circunstancia anotada,  pues  conjuga  los  dos  reparos  formulados  a  la  sentencia del Tribunal para  pretender  con  sustento  en  ellos  y de manera unificada, dejando entrever por  ende   la  falta  de  individualidad  de  los  mismos,  que  la  Corte  case  el  pronunciamiento  del  Tribunal  y profiera la sentencia sustitutiva de carácter  absolutorio.   

          2.   Además  de las impropiedades anteriores, en el desarrollo  de  los  reproches  el  demandante  exteriorizó un absoluto desconocimiento del  alcance  y  sentido  de las diversas expresiones del error de hecho susceptibles  de  ser  cometidas en la apreciación del acervo probatorio, por razón del cual  incurre  en  planteamientos contradictorios e incoherentes que se traducen, a lo  sumo,  en  la  simple  discrepancia  con  las  conclusiones  probatorias  de los  falladores.   

          El  libelista  plantea entonces y en un comienzo, que el juzgador de  segundo  grado desconoció las reglas de la sana crítica, esto es, sugirió por  su  contenido  el  falso  raciocinio,  pero  a  renglón  seguido,  sin intentar  demostrar  que en la valoración de los elementos de persuasión incorporados al  expediente  se  desatendieron  los  principios  de  la ciencia, las reglas de la  lógica  o las máximas de la experiencia común, como en rigor se imponía para  la  constatación  de  un dislate de dicha naturaleza, bien pronto abandona esta  inicial  propuesta  para  desviarse  hacia  otra de las modalidades del error de  hecho, que tampoco erige ni sustenta en forma técnica.   

          Ciertamente, incursionando en el ámbito  del  falso juicio de identidad le atribuye al Tribunal la tergiversación de las  inspecciones  judiciales  llevadas  a  cabo  en  las  presentes diligencias; sin  embargo,   omitió  precisar  a  cuáles  de  ellas  se  extendió  el  desatino  denunciado  y  en  qué  consistió su alteración, pues se limitó a imputar el  yerro  en  forma  genérica  respecto de los medios de prueba de esa específica  naturaleza, acopiados durante las fases probatorias del proceso.   

Más aún, no tuvo en cuenta que el desacierto  argüido  en  tales  términos, como se configura cuando el juzgador distorsiona  la  significación  objetiva  de  la  prueba  confiriéndole  efectos  que no se  derivan  de  su  contexto,  le  exigía  confrontar los medios de persuasión de  alegada  tergiversación  conforme  fueron asumidos en el fallo impugnado con su  contenido  material,  y  radicó  el dislate acusado, finalmente y sin conexión  alguna  con  la  expresión  del error de hecho sugerida, en la discrepancia que  desde  su  particular  e interesada perspectiva suscitan dos de las conclusiones  probatorias  de  los juzgadores, esto es,  frente a la afirmación de haber  sido  el  procesado  quien  tramitó  y  aprobó  los  créditos otorgados a los  denunciantes,  así  como  al  colegir  el abuso del cargo como medio desplegado  para  conseguir  de  las  víctimas  la  entrega  de  los  dineros en calidad de  mutuo.   

          En  otros  términos,  a  través  de una consideración que incluso  tratándose  de un alegato de instancia refulge bastante precaria, el demandante  hace  consistir  el  desacierto  de  los falladores, en últimas, en la falta de  coincidencia de aquellos con sus personales conclusiones.   

          3.   Acrecentando  la  falta  de  claridad  en la propuesta, el  censor  combina  la  defectuosa  sustentación  de  los  anteriores  reparos con  aseveraciones impregnadas de no menor vaguedad.    

          En  efecto,  acusa la suposición de las  pruebas  con  sustento  en  las cuales se coligió que el inculpado abusó de su  cargo,  así  como  respecto  de  las  exigencias  de  préstamos de dinero como  condición  para  aprobar los préstamos de los denunciantes, pero en la escueta  fundamentación   del   reproche   admite   que   tales   aspectos   encontraron  constatación  a  través  de  las  versiones  juramentadas de los denunciantes,  sólo  que sin apoyo en ningún otro elemento de juicio, trasladando entonces la  controversia  al  ámbito de la credibilidad de tales medios de persuasión, que  como  es  sabido,  no  admite  la existencia de un error demandable en casación  puesto  que  el  criterio  de  los  juzgadores prevalece a menos que se aduzca y  demuestre el desconocimiento de los postulados de la sana crítica.   

         

          Por  último,  también  en  este  punto  cae  el  demandante  en la  crítica  vacía  de  los fallos de instancia, toda vez que no se cimienta en la  imputación  de  errores trascendentes en la valoración de las pruebas, sino en  el  mero  disentimiento  con  la  responsabilidad  penal  predicada  del acusado  FAJARDO  BAÑOS.   Por  este    sendero   argumentativo   tilda   entonces   de   absurda   “la  interpretación  judicial  de  la  sentencia   impugnada”,  asegura  que  su  asistido  jamás  constriñó  a los denunciantes y plantea la  subjetividad  en  las  conclusiones  del  Tribunal,  objeciones  que  tienen  la  inapropiada  finalidad  de  obtener de la Corte un control de instancia sobre el  análisis de la prueba.   

          4.   Los  ataques  al  fallo del Tribunal bajo el rótulo de un  segundo  cargo  transitan por similares deficiencias técnicas, incluso, con una  contradicción  insalvable  en  su  propio  enunciado, pues el libelista echa de  menos  la  apreciación de los elementos probatorios, que además no especifica,  pero  a  los  cuales  les  resta  en  todo  caso  y a renglón seguido cualquier  incidencia  frente  a  las  resoluciones  del  fallo,  por  cuanto  acota que no  demuestran el delito imputado al sindicado ni su responsabilidad.   

          En  la  pretendida  sustentación  de este otro reproche persiste en  revelar  la  confusión  que  le  embarga sobre las distintas modalidades de los  errores  de  apreciación  probatoria,  pues a la par que lanza cuestionamientos  genéricos  al  acierto del fallo de segunda instancia, indicativos de la simple  inconformidad  con  la naturaleza condenatoria del mismo, asimila la suposición  de  la  prueba,  el  falseamiento  en su apreciación y la controversia sobre la  credibilidad  asignada  a  la  misma;  despiste  conceptual reflejado al extremo  cuando  aborda  el  examen de los medios de persuasión allegados a los autos, a  través  del  cual,  sin  plantear  ni desarrollar errores de hecho o de derecho  trascendentes  que  hubiese  cometido  el  Tribunal  en  el análisis de los que  fueron  allegados  al proceso, acude entonces a la confrontación de sus propias  conclusiones  con  las  de  los  falladores,  pregonando concretamente el exiguo  mérito  incrimativo  de  la  versión del denunciante Rafael Chocontá y de los  restantes  testigos recaudados, perdiendo de vista una vez más, que el fallo de  segundo   grado  arriba  a  esta  sede  extraordinaria  amparado  por  la  doble  presunción de acierto y legalidad.   

          5.  Tampoco escapa a la atención de  la  Sala,  finalmente,  que  el  demandante  entremezcla en forma antitécnica y  contradictoria  los  ataques  anunciados por la vía de la violación mediata de  la  ley sustancial, supuestamente  encaminados a demostrar la inocencia del  procesado   FAJARDO  BAÑOS,  para  quien  reclama entonces el proferimiento de una sentencia absolutoria, con  el  reparo que en su opinión ofrece la calificación jurídica de las conductas  investigadas,  en  el  que  parte de admitir su responsabilidad penal pero en un  hecho  punible  diferente de aquél por razón del cual fue acusado, esto es, en  el  delito  de  peculado;  reproche  que  en todo caso dejó sumido en el simple  enunciado,  pues se limitó a postular en disidencia esa adecuación típica sin  brindar  sustento  alguno  a  la  misma,  es  decir, sin endilgar siquiera a los  juzgadores  un  desacierto  de  lógica  jurídica  o  en la apreciación de las  pruebas que hubiese determinado dicho dislate.   

Así las cosas, como la Corte no puede suplir  las  deficiencias  ni   corregir  los  insalvables errores advertidos en la  demanda,  se  impone su inadmisión mediante providencia que adquiere ejecutoria  en la fecha de suscripción y que no admite recurso alguno.   

            

          En  mérito  de  lo  expuesto, la Corte Suprema de Justicia, Sala de  Casación Penal,   

RESUELVE  

          NO   ADMITIR   la  demanda  presentada  en  defensa     del     procesado     RODRIGO    FAJARDO  BAÑOS.   

          Cópiese,  comuníquese  y  devuélvase al Tribunal de origen.   Cúmplase.   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                                       JORGE E. CÓRDOBA POVEDA   

HERMAN   GALÁN  CASTELLANOS                                          CARLOS A. GALVEZ ARGOTE   

JORGE   A.   GÓMEZ  GALLEGO                               ÉDGAR  LOMBANA TRUJILLO   

CARLOS   E.   MEJÍA   ESCOBAR                             NILSON  E. PINILLA PINILLA   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

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