17547nov

2000

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso Nº 17547  

          CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

          SALA DE CASACION PENAL   

          Magistrado Ponente   

          Dr. JORGE E. CÓRDOBA POVEDA   

          Aprobado acta N° 201   

Bogotá  D.C., veintinueve (29) de noviembre  de dos mil (2000).   

          V I S T O S   

Resuelve la Corte la admisibilidad formal de  la  demanda de casación presentada por el apoderado de la parte civil, conforme  a los lineamientos de la casación discrecional.   

          A N T E C E D E N T E S   

1.   El  juzgador  de segunda instancia  sintetizó los hechos así:   

          ”  El  encartado  Armando Saieh Suz y el  señor  José  Saieh Suz, denunciante, constituyeron con un aporte del 50 % cada  uno  en  el  año de 1978 la inmobiliaria FINCAR Ltda, ejerciendo todo el tiempo  la  presidencia  el  primero  de  ellos  y  el  segundo  la suplencia. Entre los  hermanos  mencionados  surgieron desavenencias que al parecer se convirtieron en  irreconciliables  y  que  llevaron   a  que  cada  uno  fundara  su  propia  inmobiliaria,  así: FINZA LTDA,  por el procesado, y FINANCAR LTDA, por el  denunciante.   

          “A  mediados  del  año  de 1993, varios clientes de FINCAR LTDA,  cuarenta  y  dos  (42)  en total, solicitaron a esa entidad que los contratos de  arrendamiento  de  sus  inmuebles  fueran  endosados  a  favor de FINANCAR LTDA,  petición  frente  a la cual el Sr. Armando Saieh Suz, fue reticente, pese a que  tuvo  un  comportamiento  distinto  cuando  se  le  solicitó  la cesión de los  contratos  de  FINCAR  a  FINZA,  la  inmobiliaria en que tiene interés, o a la  INMOBILIARIA  MCHAILEH,  en  la cual tiene participación la Dra ELIZABETH ISAAC  CURE, quien fue gerente de FINCAR LTDA.   

          “En  fin,  sólo hasta el 10 de junio de 1994, al interior de una  diligencia  de  ampliación de indagatoria, fue cuando el procesado entregó los  documentos  contentivos de los referidos contratos sin que se observe constancia  de su cesión“.   

   

2.  El Juzgado Octavo Penal del Circuito  de  Barranquilla, mediante sentencia del 29 de octubre de 1999, condenó a   Armando  Luis  Saieh  Suz  a  la  pena  principal de 12 meses de prisión y a la  accesoria  de  rigor,  como  autor  del  delito  de  destrucción,  supresión y  ocultamiento  de  documento  privado.  Así mismo, le fue concedido el subrogado  penal de la condena de ejecución condicional.   

Inconforme  con  la  anterior  decisión, el  defensor  interpuso  el  recurso  de  apelación, el cual al ser desatado por el  Tribunal  Superior  de  Barranquilla,  el  17 de marzo de 2000, la revocó en su  integridad,  absolviendo al procesado de los cargos formulados en la resolución  de  acusación, fallo contra el cual el apoderado de la parte civil interpuso la  casación  discrecional  y  dentro del término legal se presentó la respectiva  demanda.   

          LA   DEMANDA   DE  CASACION   

El representante de la parte civil, al amparo  del  cuerpo  primero de la causal primera de casación, presenta un único cargo  contra  la  sentencia  de  segunda instancia. Sus argumentos se sintetizan de la  siguiente manera:   

En  el  capítulo que llamó “FUNDAMENTO  DE  LA  DEMANDA”, sostiene  que  el  objeto  de  casación  radica  en  que  estima  pertinente que la Corte  desarrolle  y  unifique  la  jurisprudencia  sobre los alcances del verbo rector  ocultar  que  contiene  el  artículo  224 del Código Penal, en razón a que la  Sala  de  decisión  le dio una interpretación diversa, generando un salvamento  de voto.   

Los  fundamentos  de  dicha  interpretación  tuvieron  su génesis “en el manejo que se le dio al  tema  de  fondo, el cual es la aplicación de normas civiles y comerciales sobre  el  contrato  de  arrendamiento y la administración de bienes inmuebles, lo que  generó  una  VULNERACIÓN de normas sustanciales, la que analizaré al formular  el cargo”.   

Dice  que  la  ponencia  mayoritaria  hizo  referencia  a  la  sentencia  de  la  Sala fechada el 12 de febrero de 1996, con  ponencia  del Dr. Carlos Augusto Galvez Argote, para argumentar la atipicidad de  la  conducta  imputada,   mientras  que  el  salvamento  de  voto afirma la  tipicidad    del    delito    de    falsedad    en    documento    privado   por  ocultación.   

Agrega  que  dicha posición del Tribunal de  Barranquilla   genera   inseguridad   jurídica  y  se  justifica  la  casación  discrecional.   

Anota que el yerro de interpretación tuvo su  origen   en   la   “consideración  de  las  normas  sustanciales,  civiles  y comerciales que rigen el sistema de la administración  de     bienes     inmuebles,     las     características     de    figura   y   lo  que  implica  para  el  administrador  ejercer el Mandato recibido…”, tema  que  como  se  sabe  recibió  diverso  tratamiento  por  parte  del funcionario  instructor,  el  juzgador  de  primera  instancia  y el magistrado que salvó el  voto,  quienes  estimaron  que  se  tipificaba  el   delito  de falsedad en  documento  privado,  y  la  Sala  Dual del Tribunal Superior de Barranquilla que  consideró que no.   

En el acápite que denominó “CARGOS    FORMULADOS”,    acusa   al  Tribunal   de  haber violado de manera directa la ley sustancial, por falta  de  aplicación  del  artículo  224 del Código Penal y aplicación indebida de  “las  normas  del Código de Comercio, en asunto en  el  que  eran  aplicables  normas  del  Código  Civil que regulan la figura del  Mandato,  como  normas complementarias de una materia no regulada por el Código  de Comercio”.   

Reitera  que el tema de fondo consiste en el  estudio  del  delito  de  falsedad  en  documento  privado por ocultamiento. Sin  embargo,  el  Tribunal  estimó  que las normas del Código de Comercio eran las  que  regulaban  los negocios de arriendo y la enajenación de inmuebles, por ser  la   únicas   aplicables,   desconociendo   los  preceptos  del  Código  Civil  “que  regulan  el  tema  del  mandato,  normas  que  resultan       aplicables       al       caso       en       estudio”.   

Luego de reseñar los hechos conforme fueron  plasmados  en  la  denuncia y que, según él, fueron aceptados por el Tribunal,  dice  que  la  acusación  de  la  sentencia  “está  dirigida  al  racionamiento  (sic)  que  hacen  los  magistrados de la mayoría,  cuando  aplican  la  norma  del  Código de Comercio a esta situación fáctica,  desconociendo  que  el  Código  Civil, también, contiene normas que regulan la  materia  y  que  eran  las  que  debían ser aplicadas en este caso, como normas  complementarias  y  en  estricto  acatamiento a lo preceptuado en el art. 10 del  C.C.   sustituido  por  el  art.  45  –    ley    57/87,   numeral   2   cuyo   tenor   es:   ‘…Y   si   estuvieran  en  diversos  códigos  por  razón  de  estos, en orden siguiente: Civil, de Comercio, Penal,  Judicial…”.   

Añade  que  el  contrato  de mandato que se  celebró  entre  los  propietarios  de  los inmuebles y Fincar Ltda, por ser una  acto  comercial  le es aplicable el Código de Comercio, pero puede ser revocado  “cuando  se  considere que no se está sufriendo un  perjuicio”.  En  este  caso  le  son aplicables las  preceptivas  del  Código  Civil que regulan la materia, esto es, los artículos  2191  y  2182, toda vez que las normas del C. de Comercio resultan insuficientes  para  la  solución  del caso, por lo que el artículo 1282 de esta normatividad  ordena  la  remisión  al civil, “lo que refuerza el  argumento  de  la  imperativa  aplicación  de las normas civiles que regulan la  materia”.   

Por  lo  expuesto, resalta que por virtud de  ese  mandato  conferido,  no  se  explica  cómo  el  Tribunal entendió que los  contratos  de arrendamiento pertenecían a la inmobiliaria que estaba ejerciendo  sólo     la    administración    sobre    los    inmuebles,    “cuando  en  verdad  pertenecen  a  los  dueños  de  los inmuebles,  imponiéndose   el  principio  de  que  lo  accesorio  sigue  la  suerte  de  lo  principal”.   

Por tanto, si los dueños de los inmuebles no  deseaban  que  éstos siguieran siendo administrados por la empresa Fincar Ltda,  tenían  el  derecho  de  solicitar  que los contratos les fueran devueltos y la  firma  tenía  el  deber  de  entregarlos.  Igualmente, el gerente de la empresa  tenía  el  derecho  de obtener copias de los mismos para el evento que quisiese  realizar  alguna  reclamación  posterior “pero los documentos originales eran  de propiedad de los dueños de los inmuebles”.   

Luego  de  copiar  el  al artículo 2192 del  Código  Civil,  manifiesta  que  la  devolución  de  los  documentos encuentra  regulación   en  este  estatuto  y  no  en el Código del Comercio, que es  complementado por el primero.   

Recalca  que  sin   los  contratos los  dueños  no  podían  hacer ningún tipo de reclamaciones, en lo referente al no  pago  de  los  cánones  de  arrendamiento,  pues eran documentos que tenían la  característica  de  servir  de  medios  de  prueba,  tal  como  lo  señala  la  jurisprudencia    de   la   Corte   en   precedencia   citada,   “y  que  fue  interpretada en un sentido diferente por la posición  mayoritaria   de   la   Sala   Penal  de  Decisión  del  Tribunal  Superior  de  Barranquilla”.  Pretender  que los propietarios de  los  inmuebles no eran los “dueños” de los documentos, sería desconocer la  realidad  jurídica  que  ampara  o regula los contratos de administración, sin  que  se  pueda  “reducir  el  asunto  a un aspecto  meramente  económico,  de  reclamación  de  perjuicios,  como  lo  pretende el  Tribunal Superior de Barranquilla”.   

A continuación anota:  

“Se  trató  en  este  evento  de  que  sustrajeron  los  Documentos (Contratos de Arrendamiento) a la disponibilidad de  quienes  tenían  derecho  a valerse de los mismos como medio de prueba, en este  caso   los   dueños   de   los   inmuebles   que  estaban  inconformes  con  la  administración  que  se venía dando  a sus inmuebles y que solicitaron no  solo  el  cambio  de administración, sino, también la entrega de los contratos  de  arrendamiento,  documentos  que  se  utilizarían como medios de prueba para  ejercer   las   acciones  pertinentes  contra  los  inquilinos  que  se  habían  sustraído  del pago de los respectivos cánones de arrendamiento, sin que tales  dueños  hubiesen sido favorecidos, con lo que impera en la costumbre comercial,  para   esta   materia,  que  las  inmobiliarias  administradoras  cubren  a  los  propietarios  el  valor  de  los cánones de arrendamientos dejados de pagar por  los  inquilinos,  con dineros de su peculio, lo que no ocurrió en este evento y  ello   concretó   los   graves   perjuicios   por   los   propietarios  de  los  inmuebles”.   

Por  lo expuesto, asevera que constituye un  grave  error  de  la Sala del Tribunal que hubiese afirmado que los contratos de  arrendamiento  le  pertenecían  al  procesado  y,  por  lo  mismo, no tenía la  obligación  de  entregárselos  a los dueños de los inmuebles, “muy  a  pesar  del  grave  perjuicio económico que dicha omisión  significaba  para  ellos”, criterio que lo llevó,  erróneamente, a concluir que la conducta era atípica.   

Sostiene que el yerro del sentenciador tuvo  su  origen  en que se apoyó exclusivamente en el Código de Comercio, sin tener  en    cuenta    las   demás   normas   del   Código   Civil,   “que   sí  regulan  con  claridad,  precisión  y  amplitud  dicha  materia”,  ya  que el artículo 1279 de la primera  codificación   citada,   que  inspiró  la  inferencia  de  la  Sala  Dual,  en  manera   alguna  autoriza  al  depositario  del  mandato  para  retener los  documentos  atinentes  al  convenio  verificado con terceros, en representación  del  propietario del inmueble.   

Asevera que como no hay norma del Código  de  Comercio  que  le  diera  “pie al sindicado de  marras  para  legitimar  su  OMISIÓN con graves perjuicios económicos para los  propietarios   de  los  inmuebles,  resultaba  imperativo,  en  el  análisis  y  valoración  de  la  situación, darle aplicación a las preceptivas del Código  Civil  y  preferencialmente al Art. 2192…”,   adecuándose  así  su  comportamiento  en  el  tipo  penal  contemplado  en  el  artículo 224 del Código Penal.   

Insiste  en  que  la postura asumida por la  Sala  Dual  se  debió a que no encaró el análisis y definición del problema,  conforme  a  los  criterios de interpretación y valoración por él señalados,  en    razón    a   que   “su   tarea”  consistió  en  replicar los argumentos de la “ponencia         minoritaria”,  “de  allí  devino  la  falta de estructuración y  fundamentación        de        la       ponencia       mayoritaria”.   

Luego  de  reiterar  que  los  contratos de  arrendamiento  eran  de propiedad de los dueños del inmueble y que el procesado  los  retuvo  y  los ocultó, añade que la Fiscalía se vio en la obligación de  devolverlos  de  acuerdo  a  lo  reglado  en  el  artículo  14  del  Código de  Procedimiento  Penal,  a  fin  de  restablecer  el  derecho,  para  que aquellos  pudieran  ejercer  las  acciones legales correspondientes, en procura de obtener  el pago de las rentas no percibidas y recuperar los inmuebles.   

En  definitiva,  dice  que  el  Tribunal al  aplicar  indebidamente  las  normas del Código de Comercio y no aplicar las del  Código  Civil,  dedujo  que  la  conducta  imputada  al procesado era atípica,  violando directamente la ley sustancial.   

Por  lo expuesto, solicita a la Corte casar  la   sentencia   recurrida   y,  en  consecuencia,  dictar  la  que  en  derecho  corresponda, confirmando la de primera instancia.   

ALEGATOS  DE  LOS  NO  RECURRENTES   

El defensor dentro del término de traslado  contemplado  en  el artículo 224 del Código de Procedimiento Penal, modificado  por  el  7°  de  la  Ley  533  de  2000,  presentó  escrito con los siguientes  argumentos:   

Inicialmente, advierte que “el interés o  legitimidad”  del apoderado de la parte civil está condicionada a lo resuelto  en  la sentencia, por tal motivo, si dentro del presente asunto su defendido fue  absuelto  por  atipicidad  de  la  conducta,  tampoco  se  está  eliminando  la  existencia     “de    posible    responsabilidad  indemnizatoria   por   parte   del   acusado…”.   

A continuación transcribe un fragmento del  fallo  y  afirma que la parte civil sólo estará legitimada para “accionar en  casación”,  cuando  se  den  algunas de las circunstancias contempladas en el  artículo  57  del  Código  de Procedimiento Penal. Por tal motivo, este sujeto  procesal  sólo  tiene  interés  cuando  la  decisión elimina el derecho a una  reparación  económica,  situación  que  aquí  no  aconteció,  careciendo de  interés para interponer la casación discrecional.   

De  otro  lado,  sostiene  que la casación  discrecional   no  puede  ser admitida, pues el yerro que denuncia consiste  en  la  diferencia   de  criterios  entre  el  fallo  y  el  contenido  del  salvamento  de  voto,  lo que no genera posiciones contradictorias que exijan un  pronunciamiento de la Corte.   

Así mismo, estima que el actor no respetó  la  exigencias de orden legal y jurisprudencial para la elaboración del libelo,  pareciendo   más   un   alegato   de   instancia   que   una  demanda   de  casación.   

Luego de reseñar los puntos de controversia  planteados  en  el libelo, dice que no existe claridad en torno a ellos, máxime  cuando  carece  de interés, no cumpliendo así con la exigencia “de  singularizar con precisión, qué tema se debería desarrollar  jurisprudencialmente   por   la   Corte”   y,  en  consecuencia, opina que debe inadmitirse.   

Frente  a  la  violación  directa  que  se  demanda,  luego  de  resaltar  algunos  apartes  del  libelo  y  de  dar algunas  explicaciones,  estima  que los planteamientos esgrimidos resultan imposibles de  descifrar,      al      no      tener     relación     lógico     –   jurídica   en   cuanto   a  la  aplicación  o  no  de  los  preceptos  del  Código Civil y del de Comercio que  generen     una    aplicación    indebida     de    una    “norma  de  derecho  criminal sustantivo, la que dicho sea de paso,  para   su   observancia,   no  se  requiere  complemento  normativo  de  derecho  privado”.   

A continuación anota:  

“No  existe,  en  el  contenido  de  la  demanda,  referencia  de  ninguna clase a las normas que se estiman violadas. El  actor   combina   de   manera  antitécnica  presuntas  violaciones  directas  e  indirectas,  de  normas de derecho sustancial de carácter privado contenidas en  el  estatuto  comercial  y  civil.  Sólo  le  faltó para mayor perplejidad del  suscrito,   mencionar   las  normas  de  los  estatutos  citados,  presuntamente  quebrantados por el a quo”.   

Por lo expuesto, solicita a la Sala rechazar  la demanda.   

CONSIDERACIONES  DE LA  CORTE   

A  partir  de  la vigencia de la ley 553 de  2000  (enero  15),  que  reformó  la  casación,  cuando se intenta por la vía  excepcional,  ya  no  es  procedente  solicitar  a  la Corte, previa exposición  sucinta  de  los  motivos,  la  concesión  del  recurso  y,  una  vez admitido,  presentar  el respectivo libelo, sino que, al igual que para la casación por la  vía  común,  dentro de los 30 días siguientes a la ejecutoria de la sentencia  de  segunda instancia deberá presentarse tal demanda, la que, además de reunir  los  requisitos  formales  del  artículo 225 del Código de Procedimiento Penal  (subrogado  por  el  8°  de  la ley 553 de 2000), deberá referirse a los fines  específicos  de  esta  modalidad  casacional,  a  saber,  el  desarrollo  de la  jurisprudencia o la garantía de los derechos fundamentales.   

En   otros   términos,   en   esta  vía  excepcional,  no  basta  que  se presente una demanda formalmente ajustada a los  requisitos  del artículo 225, citado, sino que es preciso evidenciar que cumple  los   requisitos  adicionales  de  admisibilidad,  esto  es,  la  necesidad  del  desarrollo  jurisprudencial  sobre  un  tema  específico  o  la garantía de un  derecho fundamental.   

Así  de  forma  clara  lo  preceptúa  el  artículo  218  del  C.  de  P.  Penal  (subrogado por el 1° de la ley citada),  cuando  señala  que “De manera excepcional, la Sala Penal de la Corte Suprema  de  justicia,  discrecionalmente,  puede  admitir la demanda de casación …. a  solicitud   de  cualquiera  de  los  sujetos  procesales,  cuando  lo  considere  necesario  para  el  desarrollo  de  la  jurisprudencia  o  la  garantía de los  derechos  fundamentales,  siempre  que reúna los demás requisitos exigidos por  la ley”.   

En  este  asunto,  resulta  evidente que el  libelista  tiene  legitimidad e interés para solicitar la casación por la vía  excepcional,  en razón a que la ley 553 de 2000 le confirió esa facultad de la  que  antes  carecía.  Además,  como  quiera  que  el procesado fue absuelto en  segunda  instancia, tiene interés en que sea penalmente condenado y,  como  consecuencia,  civilmente,  para  de  esa  manera lograr el reconocimiento de su  pretensión indemnizatoria por el juez penal .   

Ahora  bien,  como  la  indemnización  de  perjuicios  depende de la condena penal, el cargo es de naturaleza penal y debe,  por  lo  mismo,  sujetarse  a los requisitos que rigen la casación penal y no a  los  de  la civil, entre ellos la cuantía, al tenor del artículo 221 del C. de  P. Penal.   

De  otro  lado,  también  es  claro que el  apoderado  de  la  parte  civil señaló, en acápite separado, cuál era el fin  perseguido   con  esta  modalidad  casacional,  esto  es,  el  desarrollo  y  la  unificación   jurisprudencial   en  torno  a  los  alcances  del  verbo  rector  “ocultar”  a  que  se  refiere el artículo 224 del Código Penal, ya que la  sala   mayoritaria  del  Tribunal  Superior  de  Barranquilla,  según   su  parecer,  le dio una interpretación diversa a la consignada en la sentencia del  12  de  febrero  de  1996  de  esta  Corporación,  siendo  la  acertada  la del  magistrado que salvó voto.   

Sin embargo, no se accederá a la solicitud  de  admitir  la  demanda  de casación discrecional, pues aunque el peticionario  afirma  que  busca  el  desarrollo jurisprudencial en torno a la interpretación  del   verbo  rector  “ocultar” a que se refiere el artículo 224 del C.  Penal,   él  mismo reconoce que ya la Corte se ha pronunciado al respecto,  con  ponencia  del  magistrado  doctor  Carlos  A.  Gálvez Argote. Tampoco hace  alusión  en el escrito de demanda a la unificación de posiciones disímiles de  la  Sala,  sino  que  lo  que pretende es dirimir las discrepancias conceptuales  entre  la sala mayoritaria del Tribunal Superior de Barranquilla y el magistrado  que  salvó  el  voto,  sobre  el  alcance  de  las normas civiles y comerciales  atinentes  al  contrato de mandato para administrar y arrendar bienes inmuebles,  frente   a   lo  cual  esta  Corporación  reitera1 que no es la solución   de  las  diferencias  de  pensamiento  entre  las  Salas  de  Decisión  de  los  Tribunales  o  entre  éstas  y  el  magistrado  disidente,  la  finalidad de la  casación  discrecional, máxime cuando, como en este caso,  la Corte fijó  unánimemente   su   criterio   sobre  el  significado  y  alcance   de  la  ocultación,      como      modelo     comportamental     de     la     falsedad  documentaria.   

Como  la  demanda  no cumple los requisitos  legales,  se  inadmitirá  y,  en  consecuencia,  se devolverá el expediente al  despacho  de  origen,  de acuerdo con lo reglado en el artículo 226 del Código  de Procedimiento Penal.   

En mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE CASACION PENAL,   

        R  E  S  U  E  L  V  E   

INADMITIR  la  demanda   de   casación   presentada  por  el  apoderado  de  la  parte  civil.   

Notifíquese  y devuélvase al Tribunal de  origen. Cúmplase.   

EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

FERNANDO  ARBOLEDA  RIPOLL                                          JORGE E. CÓRDOBA POVEDA   

CARLOS AUGUSTO GÁLVEZ ARGOTE                            JORGE    ANIBAL   GÓMEZ  GALLEGO   

MARIO   MANTILLA   NOUGUÉS                                        CARLOS E. MEJIA ESCOBAR   

ALVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN                            NILSON    E.    PINILLA  PINILLA   

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria    

1  Casación  16062,  septiembre 14/99 M. P. Dr. Carlos  E. Mejía Escobar.     

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