17543(13-06-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    República de Colombia  

         

Corte Suprema de Justicia  

Proceso no 17543  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

Aprobado: Acta No. 62  

         Bogotá,   D.   C.,   trece   (13)   de   junio   de  dos  mil  dos  (2002).   

VISTOS  

         En  sentencia  del 31 de enero de 2000, el Juzgado Dieciséis Penal  del    Circuito    de   Medellín   declaró   a   los   señores   Reinaldo       Antonio       Soto       Sánchez       y      Ramón     Alberto     López  Hurtado   penalmente   responsables  del  delito  de  homicidio  agravado,  además  del porte de armas de uso personal que imputó al  segundo,  les  impuso, en su orden, las penas principales de 41 años y 41 años  y  seis meses de prisión, la accesoria de interdicción de derechos y funciones  públicas  por  diez,  la  obligación  de  cancelar  los  perjuicios causados y  ordenó el comiso del revólver número MI-9665.   

         El  fallo  fue  recurrido  por  los  sindicados  y su defensor y el  Tribunal  Superior  de  esa  ciudad  lo confirmó el 11 de abril del mismo año.   

         

         Los  procesados  expresaron  su deseo de acudir a la casación y su  apoderado  presentó  la  correspondiente  demanda  el  14  de  junio  de  2000.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

         Aproximadamente  a  las  cuatro  de  la  tarde del seis de enero de  1999,  ENRIQUE  DE  JESÚS CORREA CORREA ingresó a un establecimiento público,  ubicado  en  la  carrera  80  número  44-33  de  Medellín.  Al  ser  atendido,  manifestó  que esperaba a alguien y, luego de una hora, ingresaron dos hombres,  uno  de  los  cuales  esgrimió un arma de fuego y percutió tres disparos en la  cabeza  de  ENRIQUE  DE  JESÚS,  causando su deceso, tras lo cual abordaron una  motocicleta  y  emprendieron la huida, siendo perseguidos por una patrulla de la  policía  que  estaba  cerca.  En  el  trayecto,  los  agresores  se cayeron del  vehículo    y   fueron   aprehendidos   e   identificados   como   Reinaldo       Antonio       Soto       Sánchez       y      Ramón     Alberto     López  Hurtado, a quien se incautó un revólver que portaba  en la pretina del pantalón.   

         Se   inició   la  respectiva  investigación  (fl.  14),  en  cuyo  desarrollo  se  escuchó  en indagatoria a los capturados (fl. 17 y 21) y se les  resolvió  la  situación  jurídica  (fl. 43), para, el cuatro de mayo de 1999,  proferir  resolución  de  acusación  en  su  contra como autores del delito de  homicidio  agravado,  en  tanto  que  a Ramón Alberto  López  Hurtado  también se le dedujo el de porte de  armas de fuego de uso personal (fl. 218).   

         El  31  de  enero de 2000, el Juzgado Dieciséis Penal del Circuito  de  Medellín  profirió la sentencia de condena ya reseñada (fl. 327), la que,  apelada,  fue  confirmada por el Tribunal Superior el 11 de abril siguiente (fl.  370).   

         El  12  de  abril  de  2000,  al  ser  notificados,  los sindicados  expresaron  su  deseo  de  acudir  a la casación (fl. 380) y el 14 de junio del  mismo    año,    su    defensor    presentó    la    correspondiente   demanda  (fl.398).   

LA DEMANDA  

         El  defensor formula un cargo por vía de la causal primera, cuerpo  segundo,   “violación  indirecta  de  la ley sustancial por apreciación errónea de la prueba derivada  de  errores  de  hecho  y  de  derecho”,     como     consecuencia     de     lo     cual     “se  vulneraron  en  forma directa los  artículos  294,  296,  297, 298 del Código de Procedimiento Penal (de 1991), y  en  forma  indirecta  se  violó  la ley sustancial por aplicación indebida del  artículo   2,   61,  66,  67,  323  del  Código  Penal  (de  1980)”.   

         Al  desarrollar  la  censura,  procede  a reseñar la diligencia de  inspección  judicial practicada al cadáver y las indagatorias de los acusados,  para  concluir  que  “de  análisis  detenidos”  a  esas  pruebas,  se  deduce  que  las  conclusiones  del Ad quem son equivocadas,  porque  “se puede colegir  que  REINALDO  ANTONIO  SOTO  fue  quien disparó … en legítima defensa de su  vida  y  su  compañero  RAMÓN  ALBERTO  LÓPEZ,  presumiendo  el  Tribunal, al  confirmar    la    sentencia,   que   todo   se   debió   a   una   mancomunada  coartada”,   sin   que  estableciera   los   elementos   para  un  fallo  adverso,  porque  “presumir o sospechar no es suficiente  medio   de   prueba   para   condenar”.   

         Agrega  que el Tribunal ha debido absolver a los procesados, porque  uno  no  disparó,  luego  es  inocente,  y  quien  lo hizo, actuó en legítima  defensa,  “o por lo menos  debió  reconocerle  …  la circunstancia de atenuación punitiva consagrada en  el  artículo  60  del  Código  Penal”  (de  1980),  además  de  que es claro que la conducta se enmarca  dentro  de  una  defensa  subjetiva  o  putativa,  según  se  demuestra con las  declaraciones de los agentes de la Policía.   

         En  consecuencia,  solicita  casar  la  sentencia  para en su lugar  absolver  a  los  procesados  por estar amparados en la causal de justificación  del   art.   40;  en  su  defecto,  igual  decisión  respecto  de  Reinaldo  Antonio Soto Sánchez porque de  su  parte  no  existía un acuerdo criminal para causar la muerte, y reconocer a  Ramón    Alberto    López    Hurtado la atenuante del estado de ira.   

CONSIDERACIONES  

1°) El artículo 9° de la ley 553 de 2000,  que  subrogó el 226 del Código de Procedimiento Penal de 1991 (decreto 2.700),  bajo  cuya vigencia se profirió la sentencia de segunda instancia y se tramitó  la    casación,   establece   que   “Si  el  demandante  carece  de  interés o la demanda no reúne los  requisitos,  se  inadmitirá  y  se  devolverá  el  expediente  al  despacho de  origen”.   Según   se  detalla  a  continuación,  el  libelo  no satisface las exigencias formales que  establece    el    legislador,    por    lo    cual   la   Sala   procederá   a  inadmitirlo.   

Entre los requisitos formales de la demanda  de  casación,  el  artículo  8°  de la ley 553 de 2000, en su numeral tercero  exige    para    el    correspondiente    escrito   que   señale   “La  enunciación  de  la  causal y la  formulación  del cargo indicando en forma clara y precisa sus fundamentos y las  normas      que      el      demandante      estime      infringidas”.  Dado  que  la  censura  propuesta  carece  de  la  inteligibilidad,  fácil  comprensión,  concisión  y exactitud  rigurosa que demanda el legislador, el rechazo deviene obligatorio.   

2°)  La  enunciación  del  cargo  y  su  desarrollo  infringen el principio lógico de no contradicción, lo que comporta  que  en  forma  concreta  no  se conozca cuál de las varias pretensiones que se  plantean  es  la que se desea se acoja por la Sala, la cual, dada la limitación  que  le impone el artículo 12 de la ley 553/2000, no puede suplir las falencias  del  impugnante.  Así,  se  anuncia  violación indirecta de la ley sustancial,  pero    se    aclara    que    ello   se   dio   a   través   de   “errores     de    hecho    y    de  derecho”.   

Los  citados, en efecto, son los yerros por  medio  de  los  cuales  se  presenta  la causal primera, cuerpo segundo, pero no  pueden  ser  expuestos  de  manera simultánea y respecto de las mismas pruebas,  sin  discriminar  en  qué  apartes  se incurre en uno u otro. Esa tarea se debe  hacer  en  capítulos separados, dado que los errores de hecho se relacionan con  la  contemplación  de  la  prueba, ya porque existiendo una deja de valorarse o  por  cuanto  se  supone  una  que  no  obra  en  el  expediente (falso juicio de  existencia),  bien  porque  al  apreciarla  se distorsionan sus alcances y se le  suministra  un  contenido  diverso  del  real  (falso  juicio de identidad), ora  porque  en el proceso de estimación se desconocen los postulados de la lógica,  las  máximas  de  la experiencia y los aportes de la ciencia, como elementos de  la sana crítica (falso raciocinio).   

Por su parte, el error de derecho alude, ya  no  a  equívocos  sobre  la valoración de la prueba, sino a las normas legales  que  regulan  su  aducción y entonces se cae en un falso juicio de legalidad si  el  medio  de  prueba  se  allega  sin  que previamente lo ordene el funcionario  competente,  o  sin  cumplir  las formalidades que regula el legislador; o en un  falso  juicio  de  convicción cuando el juzgador concede al elemento probatorio  un valor que no tiene o desconoce el que la ley le asigna.   

3°)  Los dos motivos de la causal primera,  violación  directa  e indirecta, también son excluyentes, de manera tal que se  incurre  en  contradicción  si  se acude a los dos indistintamente dentro de un  mismo  cargo,  como  sucede  con  el  actor,  porque  el primero comporta que el  impugnante  acepta  sin  discusión  los  hechos en la forma en que los tuvo por  demostrados  el  Tribunal,  esto  es, adhiere a la valoración probatoria del Ad  quem,  por cuanto su queja no radica en ello sino en la aplicación de la norma,  o  porque  excluyó  la  que  era de recibo para el caso (falta de aplicación o  exclusión),  o  por  cuanto  cometió  un  error  de  diagnóstico  y ubicó el  comportamiento  en una disposición que no correspondía (indebida aplicación),  o  porque  escogió  la  norma correcta pero le confirió un alcance diverso del  legal (interpretación errónea).   

La  infracción indirecta de la ley, por su  parte,  sí  es  el  mecanismo  acertado  para  cuando  el  impugnante  pretende  desconocer  los hechos o el análisis probatorio de la sentencia. El recurrente,  si  bien  alude a esta causal, de manera contradictoria anuncia que “se     vulneraron     en     forma  directa”    algunas  disposiciones  “y en forma  indirecta” otras tantas,  lo cual llama al fracaso de su propuesta.   

4°)  Similares  falencias  se presentan en  cuanto  a las soluciones que reclama, pues de manera indistinta dentro del mismo  cargo  postula  exoneración de responsabilidad, bien sea porque se reconozca la  causal  de  justificación  del  hecho  de la legítima defensa o la eximente de  culpabilidad  del artículo 40-3 del Código Penal de 1980 conocida como defensa  putativa  o  subjetiva,  o  que  se  deduzca la circunstancia de atenuación del  estado   de   ira  e  intenso  dolor,  pluralidad  de  propuestas  que  resultan  incoherentes,  por  cuanto una cosa no puede ser y no ser al mismo tiempo y esto  es  lo  que  se  pretende  cuando  de  manera simultánea se reclama inocencia y  responsabilidad, aunque aminorada.   

5°)   El  discurso  del  censor  tampoco  demostró  los  yerros  que  pregona,  pues  se limitó a transcribir y reseñar  algunos   elementos   de   juicio   para  aseverar  que  luego  de  “analizados    o    estudiados   con  detenimiento”    se  concluía   que   se   obró   dentro  de  las  circunstancias  mencionadas,  en  demostración  clara de que la formulación la encaminó, no a señalar y probar  los  errores de la sentencia, sino a esgrimir un personal proceso de estimación  probatoria  y  oponerlo  al  de  los  juzgadores,  labor  inadmisible en sede de  casación,  ante  la  doble presunción de acierto y legalidad que precede a las  sentencias  de  instancia.  Además, por parte alguna presentó las bases de sus  “estudios  o  análisis  detenidos”.   

6°)  La  cita  que  de  las  disposiciones  vulneradas  hace la demanda, resulta igual de incomprensible. Se dice infringido  el  artículo  296  del Código de Procedimiento Penal de 1991, sin que siquiera  se  haga  mención  de  que  hubo  confesión conforme a los lineamientos de esa  disposición,  además  de  que  al  pretender absolución se parte del supuesto  contrario,  esto es, de que no hubo aceptación de responsabilidad. Se lesionó,  agrega,  el artículo 61 del Código Penal de 1980, pero el texto del escrito ni  siquiera  insinúa  que en el proceso de dosificación punitiva se desconocieran  sus  parámetros.  Tampoco  hay  una  explicación  respecto  de  cuáles de las  causales  genéricas  de agravación del artículo 66 del decreto 100 de 1980 se  aplicaron  en  forma  ilegítima.  Por  tanto, se desconoce por qué se menciona  como infringida esa disposición.   

         Como  la  demanda  presenta  graves errores de técnica tanto en la  formulación  de  los  cargos como en su desarrollo, no satisface los requisitos  legales  para  conocer  de ella, lo cual impide el estudio de fondo del asunto y  lleva  a  inadmitirla devolviendo el proceso al despacho de originen, de acuerdo  con lo establecido en el artículo 9° de la ley 553 de 2000.   

         En  mérito  de  lo expuesto, la Corte Suprema de Justicia, Sala de  Casación Penal,   

RESUELVE  

Inadmitir la demanda de casación presentada  por  el  defensor  de  Reinaldo Antonio Soto Sánchez  y  Ramón  Alberto  López  Hurtado.   

Esta  decisión  no  admite recurso alguno.   

Comuníquese,  devuélvase  y  cúmplase.   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL            JORGE E.  CÓRDOBA    POVEDA                        

HERMAN   GALÁN   CASTELLANOS            CARLOS A.  GÁLVEZ     ARGOTE                                                           

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ GALLEGO              ÉDGAR  LOMBANA     TRUJILLO                     

CARLOS   E.  MEJÍA  ESCOBAR                              NILSON    E.    PINILLA  PINILLA                        

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

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