17536(23-07-01)

2001

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso N° 17536  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACION  PENAL   

Magistrado Ponente:  

Dr.  FERNANDO  E.  ARBOLEDA RIPOLL   

Aprobado acta No. 103  

Bogotá,  D.  C.,  veintitrés de julio  del año dos mil uno.   

Se pronuncia la Corte sobre la admisibilidad  de   la   demanda   de  casación  presentada  por  el  defensor  del  procesado  JHON ALEXIS BADILLO.   

          Antecedentes.-   

Los hechos fueron declarados por el juzgador  de segunda instancia, de la manera siguiente:   

“Aquellos  sucedieron  la  tarde del 15 de  julio  de 1998 en el barrio La Independencia de esta ciudad  (Bucaramanga),  hasta    donde    se   desplazaron   –en    cumplimiento    de    una    misión   oficial   – los funcionarios del Cuerpo Técnico  de  Investigaciones   (CTI)  de  la Fiscalía LUZ MARINA CAVIEDES ORJUELA y  WILSON  ROJAS  TORO,  habiendo  acordado  que la primera esperaría en la vía y  cuidaría  de  la  motocicleta  en  que se desplazaban, una vez que observaron a  cinco  individuos  respecto de los cuales se temió se apoderaran del velomotor.  Entre  tanto,  Rojas  Toro descendió por unas escalinatas rumbo a la ejecución  de  su  labor,  habiendo sido abordado violentamente por algunos sujetos, uno de  los  cuales  le  disparó  con  arma  de  fuego  al  encontrar resistencia en la  víctima  para  evitar  entregar los objetos valiosos que le eran requeridos por  medio de la fuerza.   

“Como fruto de lo ocurrido el investigador  recibió  gravísimas  heridas que lo alejaron de su actividad profesional, así  como  sufrió  el  despojo  de  algunas  prendas personales y la pistola oficial  asignada    por    la    Fiscalía     para    el    cumplimiento   de   su  labor…”   

Abierta  la  investigación por la Fiscalía  quinta  delegada  ante  los  jueces penales del circuito con sede en Bucaramanga  (fl.  6-1),  se  vinculó  mediante indagatoria a ELKIN ESPARZA ORTEGA (fl. 65),  PABLO  JORDAN  GOMEZ (fl. 115), JAIME ALEXANDER CHAPARRO FLOREZ (fl. 223) y JHON  ALEXIS  BADILLO  (fls.  276), a quienes en oportunidad se definió su situación  jurídica (fls. 122, 141, 230, y 293 cno. 1).   

A  consecuencia de la clausura parcial de la  investigación  (fl.  55-3),  ésta  continuó  su  curso  en  relación con los  procesados  JOHN  ALEXIS  BADILLO y JAIME ALEXANDER CHAPARRO (fls. 12 y ss. cno.  3),  respecto  de quienes se decretó el cierre de la investigación (fl. 55-3),  y  el  veintitrés de febrero de mil novecientos noventa y nueve se calificó el  mérito  del  sumario con resolución de acusación en contra del primero de los  mencionados  por  el  concurso  de  delitos  de tentativa de homicidio agravado,  hurto  calificado-agravado, y porte ilegal e armas de fuego de defensa personal,  al  tiempo que se precluyó la instrucción a favor de Chaparro Flórez (fls. 59  y  ss.),  mediante  proveído  que  adquirió  ejecutoria en esa instancia al no  haber sido objeto de impugnación (fl. 79-3).    

El  juicio  lo  tramitó  el Juzgado décimo  penal  del  circuito, donde se llevó a cabo la vista pública (fls. 231 y ss.),  y  el  nueve  de  septiembre  de  mil  novecientos noventa y nueve puso fin a la  instancia  condenando al procesado a la pena principal de veinticinco (25) años  de  prisión  y  la accesoria de interdicción de derechos y funciones públicas  por  el  término  de  diez (10) años, al declararlo penalmente responsable del  concurso  de  delitos  imputado  en  el  pliego  enjuiciatorio (fls. 255 y ss.),  mediante  sentencia  que  el veinticuatro de enero del año dos mil, el Tribunal  superior  del  distrito judicial de Bucaramanga, confirmó íntegramente (fls. 2  y  ss.  cno.  Trib.),  al  conocer  en  segunda instancia por vía de apelación  interpuesta por el defensor.   

Contra  el  fallo de segunda instancia, este  mismo  sujeto procesal en la oportunidad prevista por el artículo 6º de la ley  553  de  2000  presentó  demanda  de  casación  sobre  cuya  admisibilidad  se  pronuncia la Corte (fls. 31 y ss. Ib.).   

    

             La demanda.-   

Apoyado en la causal primera de casación, el  actor  denuncia  que  el  fallo  es  violatorio,  por  vía indirecta, de normas  sustantivas  “por apreciación errónea y falta de apreciación probatoria por  un  error  de  hecho,  cuando  el sentenciador de segunda instancia, realizó un  falso  juicio de convicción, produciendo como pruebas conclusivas las que no lo  son  como  vías  hacia la certeza, distorsionando las existentes, desconociendo  las  que existen, generando este error sobre los hechos  el desconocimiento  y  violación  de  los  artículos   247,  248,  254, 445 y 2º del Código  Penal”.   

Sostiene  al  efecto que en la actuación no  existe  prueba  directa  sobre  la  autoría  del  hecho, debiendo acudirse a la  indirecta  para  poder llegar al grado de certeza, “por ello el ataque para la  violación  indirecta por error de hecho para el falso juicio de convicción”,  anuncia  hacerlo,  en  primer  lugar  a la deducción del fallador, “de ser el  testimonio  de Madelen Rojas la prueba directa y arco toral de la incriminación  y prueba de la autoría del condenado”.   

Comienza  por observar diferencias en cuanto  la  descripción  que  esta  testigo  hace  del  sujeto  a. “el paisa”, y la  contenida  en  la  diligencia  de  indagatoria  del  procesado, agregando que el  reconocimiento  fotográfico  se  produce cuando éste ya había sido capturado,  los  investigadores  de  la  Fiscalía tenían fotografías suyas tomadas de los  archivos  de  la  Correccional de Piedecuesta, y había sido señalado por JAIME  ALEXANDER  CHAPARRO,  en  una entrevista informal con el fiscal y sin contar con  la  presencia  de  su  defensor,  como  es testimoniado por el Agente del CTI de  apellidos  Arias  Gómez  ,  y Edgar Gonzalo Mantilla Muñoz, perteneciente a la  misma institución.   

Considera  que  si  la  testigo  conocía al  “paisa”,  así fuera por su sólo nombre, desde la época en que se ofreció  declarar  a  la  Fiscalía, al hacer el retrato hablado y rendir testimonio, los  rasgos  morfológicos  de  aquél  no  podían  diferir de los observados por la  Fiscalía              en              la              diligencia             de  indagatoria.          

Entonces, agrega, como no se levantó acta de  la  entrevista,  y  JAIME  ALEXANDER  CHAPARRO  no  contó  con la presencia del  apoderado,  se  configuró  un  “falso  juicio  de  identidad  para  el errado  convencimiento  derivado  del  testimonio que el juzgador acepta como creíble y  veraz”,  pues,  “en  estas  condiciones se quiere dar a la prueba un alcance  que  no tiene, bajo la sola consideración de que no tiene ningún interés para  mentir,  incriminando  a  alguien  que  no  tiene por qué hacerlo, olvidando lo  tardío  de su presencia procesal y ya cuando los técnicos y Makanakis, habían  señalado   a   Jhon  Alexis  Badillo,  como  uno  de  los  tantos  ‘paisas’ que existen en Bucaramanga, pero que  tenía   el   calificativo   de  haber  sido  conocido  en  la  Correccional  de  Piedecuesta,  lo  que facilitaba en grado sumo su incriminación”.     

Dicho señalamiento, prosigue, “que por sí  solo  genera  un  falso convencimiento”, frente a las demás pruebas se ofrece  como  no creíble, “porque por ejemplo, inexplicablemente la investigación no  realizó  una  diligencia  de  reconocimiento  en  fila  de presos con MAGDALENA  FLOREZ,  quien  fue  presencial  de los hechos como que conversaba con el herido  cuando  le  dispararon,  siendo  la  única  que  podía  reconocer al autor del  atentado”.   

Atribuye singular importancia a lo dicho por  ELKIN  ESPARZA  ORTEGA  quien,  según  se  sostiene  por  el  censor, “da una  descripción  morfológica totalmente diferente a la de Jhon Alexis y que sí lo  conoce  porque  como lo testimonió el reciclador Pedro Luis Rivero Rincón, fue  quien      le     pasó     el     ‘tubo’  al  ‘paisa’   para   que   le   disparara   al  funcionario”.  Además,  al  preguntársele en la diligencia de reconocimiento  en   fila  de  personas,   si  en  ella   se  encontraba  ‘el          paisa’   en   dos   ocasiones  dice  “no  está”,  no  obstante  que  en  la  fila  se  encontraba  John Alexis Badillo.   

Inexplicadamente,  agrega,  la  Fiscalía no  practicó  diligencia de reconocimiento en fila de personas con la intervención  de  Rosa  Tarazona, y de haberlo hecho, “seguramente hubiera descartado a Jhon  Alexis  Badillo,  porque  el  paisa  de  autos,  se  llama  Edinson y era el que  compraba vicio en Cristo  Rey.”   

La  diligencia  de reconocimiento en fila de  personas,  practicada  con  la  presencia  de  Jhon Alexis Badillo, y en la cual  intervinieron  Jaime Alexander Chaparro y Madelen Rojas, resta toda credibilidad  al  testimonio  de ésta, dado que mientras el primero no reconoce al sindicado,  la segunda sí lo hace.   

Y  el  testimonio de DELCY ARDILA HERNANDEZ,  quien  conociendo  al  “paisa” como uno de los partícipes del delito,   en  la diligencia de reconocimiento fotográfico señaló a Pablo Jordán Gómez  y  en  reconocimiento  en  fila  de personas entre las cuales se encontraba Jhon  Alexis, al ser interrogada por el “paisa” dijo: “no está”.   

Cuestiona  que  la  Fiscalía  no  hubiere  practicado  diligencia de reconocimiento en fila de personas con José Alexander  Flórez,  otro  de  los  testigos  presenciales, quien hace una descripción del  agresor que dista de la que presenta Jhon Alexis Badillo.   

Considera que los testimonios de aquellos que  apreciaron  directamente  a  quien   efectuó los disparos, “ofrecen como  elementos  de descrédito su absoluta incredibilidad por contradecir la realidad  fáctica  de los hechos”, e impiden la plena demostración del hecho indicador  en   la  estructuración  de  la  prueba  indiciaria  sobre  la  autoría  y  la  responsabilidad  penal  del  procesado,  lo  que “determina un falso juicio de  existencia  o  identidad  de la prueba incriminatoria, que al no existir y darle  la  sentencia  valor  probatorio fundamental para la demostración de la certeza  legal      para      condenar,      viola      indirectamente     las     normas  citadas…”               

Ello  por  cuanto el juzgador parte de bases  falsas  y  extrae  consecuencias  que repugnan a la lógica ante la inexistencia  del  hecho indicador, para edificar “un falso juicio de convicción, porque se  pretende  llegar  a  la  certeza  sobre  una prueba que no está en capacidad de  otorgar”.   

Cataloga  como  contingentes los indicios de  oportunidad  y  capacidad  moral  para  el  delito,  “que  según la sentencia  acompañan  a  testimonio  de  Madelen  Rojas,  por  el hecho de que Jhon Alexis  Badillo  hubiere  merodeado por el sector para comprar vicio y por haber sufrido  condena  por  homicidio  cuando  era muy joven y lo que le permitió a Makanakis  conocerlo  en  la correccional de Piedecuesta”, lo cuales solo pueden adquirir  mérito  al  lado  de  pruebas  ciertas  e  idóneas en el establecimiento de la  verdad.  Además, el indicio de oportunidad también podría predicarse respecto  de  los  innumerables  “paisas”  que  habitan la ciudad donde ocurrieron los  hechos.   

El tribunal, continúa, apreció la prueba en  contravía  de  las  reglas de la sana crítica,   sin tener en cuenta  que  no  permite  llegar  al  grado  de  certeza  sobre  la  autoría  del hecho  investigado,  incurriendo  de  esta manera en “error de hecho por falso juicio  de   convicción”,   pues,  “desconoció  el  valor  probatorio  de  pruebas  legalmente  aportadas, suponiendo capacidad demostrativa de otras que no lo son,  desnaturalizando   el   indicio  como  medio  probatorio  por  ausencia  de  sus  requisitos   substanciales,   supone   hechos   contingentes,  relación  causal  demostrativa,  signada  por  la  lógica  y  la  experiencia  como  lo ordena la  ley”.   

Además,  la sentencia impugnada violó los  artículos  445  del  Código de procedimiento  y 29 de la Carta Política,  pues  descartó la configuración de la duda, generada por la ausencia de prueba  directa  y  suficiente  que diera certeza para proferir fallo de condena, ya que  válidamente  podría afirmarse que “el paisa” pudo ser una persona distinta  de  Jhon Alexis Badillo, debiendo entonces, casar la sentencia, y proferir la de  reemplazo  en  la  que  se  reconozca  el  principio  in  dubio  pro reo, según  concluye.           

         SE CONSIDERA:   

De   los  presupuestos  de  admisibilidad  establecidos  por  el  artículo 225 del Estatuto Procesal Penal, modificado por  el  artículo  8º  de la ley 553 de 2000, el defensor del procesado JHON ALEXIS  BADILLO  incumple  el  relacionado  con la carga de indicar precisa y claramente  los  fundamentos fácticos y jurídicos de la causal de casación que invoca, lo  cual  determina su rechazo por la Corte y tener que devolver el diligenciamiento  al  Tribunal  de  origen,  de  acuerdo  a  lo  dispuesto  por  el  artículo 9º  ejusdem.   

Si  bien,  con  apoyo  en la causal primera  enuncia  el  cargo  como  violación  indirecta de la ley sustancial derivada de  haber   incurrido   el   juzgador   en   error   de  hecho  en  la  apreciación  probatoria,    para  que  pudiera  entenderse  al  menos  como  formalmente  completo,  era de esperarse que enmarcara la protesta en el ámbito de operancia  de  alguna  de  las especies que de este desacierto pueden tener configuración,  identificara  la  prueba  o  pruebas  sobre  las  que  se materializó el yerro,  realizara  un  raciocinio tendiente a demostrar su configuración en el fallo, y  acreditara  la trascendencia del error que aduce. No obstante, el desarrollo que  se    pretende    dar    a    la    censura    da    al    traste   con   dichas  expectativas.      

Por referirse el impugnante a ellos, resulta  pertinente  reiterar  que  los  errores de apreciación probatoria pueden ser de  hecho  o  de  derecho,  y  han  de  originar  la  violación indirecta de la ley  sustancial  (causal  primera  de casación), con la consecuente infirmación del  fallo.   

Los primeros consisten en el desacierto del  juzgador  en  la  apreciación  material  del  medio  de prueba, ya porque omite  considerarlo  a  pesar  de  obrar en el proceso, ora porque supone su existencia  (falso  juicio  de  existencia) o bien porque distorsiona, cercena o adiciona su  contenido  (falso  juicio  de  identidad);  también  porque al fijar su mérito  suasorio  incurre en transgresión de los postulados de la lógica, las leyes de  la  ciencia,  o los dictados de experiencia, que integran la sana crítica de la  prueba (falso raciocinio).   

Los  segundos entrañan la aceptación como  prueba  y  ponderación  de  medios  aportados  al proceso con violación de las  formalidades  legales  para  su aducción (falso juicio de legalidad); también,  aunque  de  restringida  aplicación por haber desaparecido del sistema procesal  la  tarifa  legal,  la  valoración  del medio de prueba con desconocimiento del  mérito  prefijado  en  la  ley,  o la asignación de uno distinto al legalmente  establecido,  o con inobservancia de la eficacia que ella le otorga  (falso  juicio de convicción).   

En aras de la claridad y precisión que debe  regir  la  fundamentación  del  instrumento  extraordinario  de  la  casación,  constituye  carga  insoslayable para el actor, identificar el tipo de desacierto  en  que  se  funda,  individualizando  el medio o medios de prueba sobre los que  predica  el  yerro,  e indicando de manera objetiva cuál es su contenido, cuál  el   mérito   atribuido  por  el  juzgador,  la  incidencia  de  éste  en  las  conclusiones  del  fallo,  y  la  norma  sustancial  que indirectamente resultó  excluida o indebidamente aplicada.   

Satisfechas  tales  exigencias,  debe  el  impugnante  emprender  la  demostración  de  la  trascendencia  del yerro en la  modificación  tanto  del  supuesto  fáctico  como  la  parte dispositiva de la  sentencia,  tarea  que  comprende  un  nuevo análisis  integral del acervo  probatorio,  valorando  las  pruebas  omitidas,  cercenadas  o  tergiversadas de  acuerdo  con los criterios pertinentes, y excluyendo las supuestas o ilegalmente  allegadas  o  apreciadas,  para  justificar de tal modo la petición de proferir  fallo  de  reemplazo en sustitución de aquél cuya doble presunción de acierto  y          legalidad          resultaría          en         esta         forma  desvirtuada.        

En  este caso, abandonando tales derroteros  suficientemente  decantados  y  difundidos,  sin  ninguna ilación lógica en un  mismo  capítulo  el  actor  denuncia  que  el sentenciador distorsionó pruebas  existentes  en  el  proceso  (falso  juicio de identidad), desconoció otras que  materialmente  obran  en el expediente (falso juicio de existencia), “realizó  un  falso  juicio  de  convicción”  (error  de  derecho), y confirió mérito  distinto  del  que  les  corresponde  acorde  con las reglas de la sana crítica  (falso   raciocinio),   cuando   no   presuntos   atentados   al   principio  de  investigación  integral,  en  una  mezcla indebida de conceptos y proposiciones  que  no  desarrolla  ni, por supuesto, demuestra, y que distancian el escrito de  lo  que ha de ser la demanda con las formalidades legales, restándole todo viso  de   seriedad   a   la   propuesta   impugnatoria.        

Es  así como no logra desentrañarse cuál  en  concreto  es  el  vicio probatorio que se pregona configurado respecto de la  declaración  de  Madelen  Rojas,  o  si  éste  ocurrió  en  relación  con la  diligencia  de reconocimiento fotográfico o en fila de personas, o si de lo que  se  trata  es  de  poner  en  tela  de  juicio  su veracidad. Tampoco cómo para  denunciar  presuntos  errores  probatorios  respecto  de  ella,  se  abandone la  demostración  del  desacierto  y  se  observe  necesario  mezclar el ataque con  cuestionamientos  a  las  circunstancias  en que JAIME ALEXANDER CHAPARRO, alias  MAKANAKIS,   rindió  declaración,  o  realizó  diligencia  de  reconocimiento  fotográfico o en fila de personas.   

Menos resulta comprensible, cómo dentro de  la  misma  propuesta  se  formulan  reproches  por  la  presunta  omisión de la  Fiscalía  en  practicar diligencia de reconocimiento en fila de personas con la  participación  de  MAGDALENA  FLOREZ, JOSE ALEXANDER FLOREZ y ROSA TARAZONA, lo  que  entraña  desviación  del  cargo  a  un  presunto  error  de actividad con  repercusión  en  la  violación  del  principio de investigación integral y de  contera,  del  debido  proceso,  denunciable  al  amparo de la causal tercera de  casación  – la que ni  siquiera  se  enuncia-  y  no  por  la  vía  de  la  causal  primera,  en estas  condiciones indebidamente invocada.   

Y  en referencia a la prueba indiciaria, no  es  claro  el  casacionista  en señalar cómo fue estructurada por el juzgador,  cuál  el  valor  conferido,  y si los desaciertos que pregona tuvieron lugar en  relación  con el hecho indicador, la inferencia lógica, o el mérito otorgado,  pues  en  lugar  de  deslindar  dichos  conceptos  como  corresponde  hacerse en  casación,  los  refunde  en uno solo para concluir en un ininteligible “error  de  hecho  por  falso  juicio  de  convicción”.  Es tal la precariedad que la  fundamentación  ostenta,  que no se precisan los hechos indicadores a partir de  los  cuales  los  juzgadores  construyeron  los indicios a que se refiere, ni se  identifica  las máximas de la lógica que habrían sido inaplicadas al efectuar  la  inferencia,  y  la  forma  como el reconocimiento del desaguisado habría de  incidir en la modificación de las conclusiones del fallo.    

Acorde  con  lo expuesto, se tiene entonces  que  en vez de dar cumplimiento a los requisitos establecidos por la ley para la  demanda  de  casación,  el  casacionista  se  limita simplemente a enunciar una  propuesta  de  censura  sin  llegar  a  desarrollarla  adecuadamente,  siendo lo  procedente  inadmitirla,  dado  que  por virtud del principio de limitación que  rige  el instrumento, a la Corte le está vedado corregirla para ajustarla a los  presupuestos que la hagan admisible.   

En  razón  a  que  esta  decisión  causa  ejecutoria  con su suscripción, según lo disponen los artículos 197 y 226 del  estatuto  procesal,  se  ordenará  la  devolución  inmediata del expediente al  Tribunal de origen, previa comunicación a los sujetos procesales.   

En  mérito  de  lo  expuesto, LA   CORTE   SUPREMA   DE   JUSTICIA,   SALA  DE  CASACION  PENAL,   

        R E S U E L V E:   

INADMITIR  la  demanda   de   casación   presentada   a   nombre  del  procesado  JHON  ALEXIS BADILLO, por lo anotado en  la motivación de este proveído.   

Comuníquese  y  devuélvase al tribunal de  origen.   

Cúmplase.  

CARLOS   E.   MEJIA  ESCOBAR   

FERNANDO       E.       ARBOLEDA  RIPOLL                            JORGE E. CORDOBA POVEDA   

HERMAN           GALAN  CASTELLANOS                               CARLOS                                 A.                                 GALVEZ  ARGOTE                

JORGE        A.        GOMEZ  GALLEGO                                       EDGAR LOMBANA  TRUJILLO                 

ALVARO        O.        PEREZ  PINZON                                             NILSON PINILLA PINILLA   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria    

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