17501(09-07-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 17501  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

Dr.   JORGE  E.  CÓRDOBA POVEDA   

Aprobado acta N°  73   

Bogotá, D. C.,  nueve (9) de julio de  dos mil dos (2002).   

         V I S T O S   

Resuelve la Corte la admisibilidad formal de  la  demanda  de  casación  presentada  a  nombre  de  la procesada LILIANA DEL CARMEN TORRES ORDÓÑEZ.   

         A N T E C E D E N T E S   

1.- El juzgador de  segunda instancia sintetizó los hechos así:   

“El  día 28 de febrero de 1997, a eso de  las  doce  del día, cuatro hombres y dos mujeres ingresaron al inmueble ubicado  en  la  carrera 13 N° 49-36 del Barrio Chapinero de esta ciudad (Cali), quienes  mediante  empleo  de  armas de fuego y con violencia procedieron a amarrar a sus  ocupantes  y  apoderarse de varios bienes muebles estimados por los ofendidos en  cuantía   de   cuatro   millones  de  pesos,  los  cuales  se  llevaron  en  un  taxi.   

“En  el  mismo  lugar  de  los  hechos la  policía  logró  la  captura  de  dos  de  ellos  quienes  con su colaboración  permitieron  la  identificación  y  posterior  retención  de CICERÓN JIMÉNEZ  MORALES Y LILIANA DEL CARMEN TORRES ORDÓÑEZ.”.   

2.-  El  Juzgado 10° Penal del Circuito de  Cali,  mediante  sentencia  del  19  de agosto de 1999, condenó, entre otros, a  CICERÓN    JIMÉNEZ    MORALES    y   LILIANA  DEL CARMEN TORRES ORDÓÑEZ a la  pena  principal  de  43  meses  de  prisión  y  a las accesorias de rigor, como  coautores  de  los  delitos  de  hurto  calificado  y  agravado y fabricación y  tráfico  de  armas  de  fuego  de  defensa  personal,  habiéndoles  negado  el  subrogado de la condena de ejecución condicional.   

Apelado  el  fallo  por  el  defensor,  el  Tribunal  Superior  de  Cali,  mediante  sentencia  del  15 de marzo de 2000, lo  confirmó en su integridad.   

Contra  esta  sentencia  el  defensor  de  LILIANA   DEL  CARMEN  TORRES  ORDÓÑEZ interpuso el recurso extraordinario de casación.   

         LA DEMANDA DE CASACIÓN   

Formula  el  demandante  un  único  cargo  contra  la  sentencia del  Tribunal,   al  amparo  de  la  causal tercera del 220 del C. de P. P., por  cuanto   considera   que   la   misma   se   dictó  en  un  juicio  viciado  de  nulidad.   

Dice  que la sentencia fue proferida, entre  otros  delitos, por el de fabricación y tráfico de armas de fuego o municiones  en  la  modalidad  de porte, sin que se hubiese “analizado y resuelto” en el  fallo  lo  referente  a  la  solicitud  de  nulidad formulada con relación a la  imputación de este hecho delictivo.   

Afirma   que  oportunamente,  dentro  del  término  de  traslado  de que trata el artículo 446 del C. de P. P., solicitó  la  declaratoria  de  nulidad,  a lo que el juzgado respondió, mediante auto de  sustanciación,  que  como  no  afectaba el trámite, difería su resolución al  momento del fallo.   

No obstante lo anterior, en la sentencia de  primera  instancia  no  se hizo referencia ni consideración alguna al respecto,  sin   que,   tampoco,   el   Tribunal  hubiese  dedicado  esfuerzo  alguno  para  resolverla.   

Aclara  que no discute que se haya diferido  la  resolución  para  el  momento  de dictar sentencia, sino el silencio que se  guardó  frente  a  la  petición,  siendo  un “deber” que se omitió, al no  haberse  decidido  el  pedido  anulatorio,  de  conformidad  con  las exigencias  contenidas en los artículos 306, 307 y 308 del C. de P. P.   

Advierte que la omisión del pronunciamiento  judicial  sobre una petición de nulidad que tiene como punto central el rechazo  a  la  imputación  de  un  delito, viola el derecho de defensa “pues se está  desconociendo  la  norma rectora  del debido proceso”, así como también  el  principio  de contradicción, como quiera que la formulación de una nulidad  “no  es  más  que  materializar  el  derecho  a  controvertir  una  decisión  judicial,  y  la  obligación  que tiene el funcionario judicial de corregir los  actos irregulares”.   

Concluye:  “En  esencia,  el  derecho  de  petición,  como derecho fundamental constitucional que es, no se desarrolló ni  aplicó  en  el  fallo impugnado, pues la decisión referida no fue resuelta por  quien investido de autoridad tenía competencia para juzgar.”.   

Por  lo  anterior, estima que la Corte debe  declarar  la nulidad por violación al derecho a la defensa y, en consecuencia ,  declarar  en qué estado queda la sentencia condenatoria, con relación al porte  de  armas,  “ya  que para este servidor la declaratoria de nulidad traduciría  una absolución del cargo”.   

LA CORTE CONSIDERA  

La demanda presentada por el defensor de la  sentenciada,  no reúne los requisitos de claridad y precisión que estatuía el  numeral  3° del artículo 225 del Decreto 2700 de 1991, subrogado por el 8° de  la Ley 553 de 2000, aplicable a este caso.   

Es  preciso  reiterar que aunque los cargos  aducidos  con  base  en  la  causal  tercera  permiten  alguna  amplitud para su  proposición  y  desarrollo,  el  escrito  en  que  se  postulen  no es de libre  formulación  sino  que,  como  en  las  demás  causales,  deben cumplirse unos  insoslayables  requisitos, cuya inobservancia impide la admisión de la demanda.  Así,  no basta con señalar la irregularidad en que se incurrió y el motivo de  la  invalidación,  sino  que  se  debe evidenciar su trascendencia, esto es, la  manera  como  socava  la  estructura  del proceso o afecta las garantías de los  sujetos  procesales, así como el momento a partir del cual se debe invalidar lo  actuado.   

Estos requisitos no fueron cumplidos por el  casacionista,   destacándose   entre   los   desatinos   de   la   demanda  los  siguientes:   

1.-   Confunde la garantía del debido  proceso   con  la  de  la  defensa,  sin  percatarse  que  han  sido  claramente  diferenciadas  por  la  ley y la jurisprudencia, pues en el primer caso se está  en  presencia  de  un  vicio  de  estructura  y  en el segundo de garantía, sin  desconocer  que  hay  eventos  excepcionales  en  que  con  la  irregularidad se  quebrantan  los  dos  derechos,  pero  sin  que  muestre  que  éste  sea uno de  ellos.   

2.-   No  evidencia  la incidencia del  vicio  que  denuncia,  esto  es,  no  demuestra  cómo la falta de respuesta que  reclama   afectó   la   garantía   de  la  defensa  o  desconoció  las  bases  fundamentales del juzgamiento.   

3.-  No indica a partir de qué momento  procesal se debe invalidar lo   

actuado.  

4.-   Quebranta  el  principio  de  no  contradicción,  pues  coetáneamente  y al interior del mismo cargo pide que se  declare  la  invalidez  de  lo  actuado y que se dicte sentencia de sustitución  para absolver a la procesada del punible de porte ilegal de armas.   

Frente a los anotados yerros de la demanda,  se  impone  su inadmisión, de acuerdo con lo que disponía el artículo 226 del  Decreto  2700  de  1991,  subrogado  por el artículo 9° de la Ley 553 de 2000,  aplicable   a  este  caso,  pues  la  Corte,  en  acatamiento  al  principio  de  limitación, no puede corregirlos.   

En  mérito de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA  DE CASACIÓN PENAL,   

R E S U E L V E  

INADMITIR  la  demanda   de   casación  presentada  a  nombre  de  la  condenada  LILIANA  DEL  CARMEN TORRES ORDÓÑEZ. En  consecuencia, se declara desierto el recurso interpuesto.   

Contra  esta  decisión  no procede ningún  recurso,  conforme  a lo que disponían los artículos 226, subrogado por el 9°  de  la Ley 553 de 2000, y 197 del C. de P. P. (Decreto 2700 de 1991, aplicable a  este caso).   

Comuníquese y cúmplase.  

ALVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                                            JORGE E. CÓRDOBA POVEDA   

HERMAN   GALÁN  CASTELLANOS                                           CARLOS AUGUSTO GALVEZ ARGOTE   

                   

JORGE  ANIBAL  GÓMEZ  GALLEGO                                 EDGAR      LOMBANA  TRUJILLO   

CARLOS  EDUARDO MEJÍA ESCOBAR                                             NILSON  PINILLA PINILLA   

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria   

    

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