17495jul

2000

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso Nº 17495  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

Aprobado Acta N° 117  

          Santafé de Bogotá, D. C., once de julio de dos mil.   

VISTOS  

          El  Juez  Primero  de  Ejecución de Penas y Medidas de Seguridad de  Tunja,  por  medio  de  auto  fechado  el  16  de mayo pasado, negó la libertad  condicional  solicitada  por  el  defensor  del  condenado  JULIO ROBERTO MEJÍA  ESTUPIÑÁN,  exjuez promiscuo de Familia de Chiquinquirá, quien purga una pena  principal  de  cuarenta  y  nueve (49) meses y diez (10) días de prisión, como  autor  de  un  concurso homogéneo y sucesivo de hechos punibles de concusión.   

          Como  hechos  relevantes,  se  recuerda  que  el  exfuncionario,  en  ejercicio  del cargo antes mencionado, a partir del 7 de junio de 1994, designó  en  distintas oportunidades como empleados provisionales de su despacho judicial  a  WILDER  HERNANDO  PINILLA  PÉREZ, WOLFANG RUDIGER ROJAS BLANCO y FLOR MARÍA  TORO  SALGADO, a quienes a cambio les exigía una parte de su sueldo, dinero que  unas  veces  recibía  él personalmente y otras lo hacía por medio de su amiga  NANCY  ESMERALDA  ORTEGÓN  RAMÍREZ.   Así entonces, el primer subalterno  alcanzó  a  hacer  dos  (2)  entregas,  una  por  la suma de $ 80.000.oo y otra  por

$  100.000.oo;  al  segundo  le  exigieron  la  cantidad  de  $ 140.000.oo, él se resistió a entregarlos y prefirió retirarse  del  cargo;  la  tercera, en cambio, comenzó a entregar la suma de $ 120.000.oo  mensuales,  desde  el  1° de noviembre de 1995, fecha de su posesión, hasta el  mes  de marzo de 1997, cuando no aguantó más y se enfrentó a la dama ORTEGÓN  RAMÍREZ por las ilícitas exigencias.   

LA PROVIDENCIA IMPUGNADA  

          El  juez  advierte  que,  en  razón de la naturaleza del delito, en  este  caso  la  libertad  condicional  debe  ceñirse  a  los  presupuestos  del  artículo  72  del  Código Penal.  Agrega entonces que está satisfecho el  elemento  objetivo,  por  cuanto  conjugados  el  descuento físico de pena y la  redención   por   estudio,   se   superan   las   2/3  partes  de  la  sanción  impuesta.   

          No  obstante,  con  fundamento  en  los  resultados de la entrevista  realizada   por   la   asistente   social  del  juzgado  (fs.  69-75),  y  otras  consideraciones  de  su  propia cosecha, el funcionario advierte que no se da el  requisito subjetivo para conceder la libertad condicional.   

          Argumenta:   

          No  es  admisible  que  una  persona con una formación académica y  profesional  como  la  que  ostentaba  el  exjuez, trate de explicar los delitos  cometidos  como  un  error  sobre  cuyas  repercusiones  no  reflexionó, cuando  precisamente  tales calidades personales eran las que le permitían comprender y  valorar la dimensión del daño ocasionado.   

          También  su  posición  y  deberes  sociales  eran  factores que lo  obligaban  a  mantenerse al margen de comportamientos delictivos, máxime que en  su  momento  no  se  presentaron  situaciones  apremiantes  e  insoslayables que  pudieran empujarlo a un tal proceder.   

          El  condenado  carece  de  un  verdadero  sentido  de autocrítica y  reproche,  o,  por  lo  menos,  no  lo exterioriza; y en lo personal obedeció a  impulsos  en  los que no evidencia freno o inhibición, pues, de otra manera, no  se  explica  la reiteración de la conducta en condiciones tan semejantes.   Ni  su misión ni la larga experiencia en la administración de justicia y en la  vida le sirvieron de disuasión para cometer el delito.   

          Por  último,  estima  el  juez que la ley reclama mayor rigor en su  aplicación,   cuando   los  llamados  a  aplicarla  son  los  primeros  que  la  infringen.   

FUNDAMENTO DE LA APELACIÓN  

          Escribe  el  impugnante  que  la  situación  del  sentenciado  debe  regirse  por  los  artículos  72  y  72A  del  Código Penal, sobre todo por el  parágrafo  de este último precepto, aplicable por favorabilidad (art. 10 C. P.  P.),  en  cuanto basta que aquél no registre órdenes de captura vigentes, pues  de  resto  la  libertad  condicional  no  podrá  negarse  en  atención  a  los  antecedentes  penales  o  circunstancias  tenidas en cuenta en la sentencia para  dosificar la pena o negar la condena de ejecución condicional.   

          En  relación  con  la  parte  subjetiva  del análisis, el apelante  expone:   

          El  juez  ha reprochado que su prohijado haya dicho en la entrevista  que  cometió  un error cuyas consecuencias no previó, pero lo cierto es que el  yerro  sí  existió y también la falta de previsibilidad del daño, pues si lo  hubiera hecho sin duda no habría cometido el delito.   

          Tampoco  es  cierto  que  el  exjuez  no  haya tenido circunstancias  apremiantes,  pues  él  mismo  lo manifestó cuando mencionó que su esposa fue  sometida  a dos operaciones por aneurisma cerebral y quedó con limitaciones por  hemiplejía  lateral  izquierda;  mientras  que  sus  dos  hijos debían recibir  tratamiento médico por padecer el síndrome de Melchor Claus.   

          No  es  verdad  que su protegido carezca de autocrítica o reproche,  porque     él     acepta     el     error    cometido    y    ha    manifestado  arrepentimiento.   

          Se  dice  en  la  providencia  que el condenado no recibe el mensaje  negativo  de  su  conducta,  apreciación errónea porque quién más que él ha  tenido  que  soportar las consecuencias de la pérdida de reconocimiento social,  laboral  y profesional, además de la restricción de la libertad y sus derechos  ciudadanos.   

          El    a   quo  fundamenta  la  negación  de  la  libertad  en  la calidad de servidor público  (juez)  del  condenado, pero ocurre que tal circunstancia se ha tenido en cuenta  tres  (3)  veces:  una, en la dosificación de la pena, otra al cuantificar  la  agravante  por  el  concurso  de  concusión y ahora al tramitar la libertad  condicional.   Esta  actitud  viola  el non bis in  idem.   

          Dentro  de  un  capítulo  destinado  a  otras  consideraciones,  el  recurrente  hace  ver  que  su  defendido disfruta actualmente de permisos de 72  horas,  por  su  conducta  ejemplar;  es una persona de edad avanzada y precaria  salud  porque  sufre  diabetes  mellitus;  no  registra  antecedentes de ninguna  índole;  su  comportamiento  durante el tiempo de reclusión ha sido excelente;  se  ha  dedicado  al  trabajo  productivo  con  la  escritura  de un libro; y ha  realizado tareas altruistas como hacer brigadas de oftalmología.   

          Por  cuanto  su  asistido es persona idónea para vivir en sociedad,  resulta  más  beneficioso  para  él  y  para la sociedad otorgarle la libertad  condicional solicitada.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          Se  aclara,  en  primer  lugar,  que  por  la  naturaleza del delito  (concusión),  el  examen  de  la libertad condicional debe hacerse a la luz del  artículo  72  del  Código Penal, porque el artículo 1° de la ley 415 de 1997  (generador  del  artículo 72A del mismo ordenamiento), expresamente excluyó de  los  requisitos  menos  rigurosos  que  en  él  se  prevén los hechos punibles  contemplados  en  la  ley  190  de  1995  (Estatuto  Anticorrupción),  salvo el  cohecho  por dar u ofrecer, prevaricato y utilización  indebida  de  información privilegiada.  Y allí,  además,  no  es viable un juicio de favorabilidad, por cuanto no se trata de un  tránsito  de  legislación, sino de dos disposiciones simultáneamente vigentes  para   situaciones   delictivas   diferentes,   obviamente   con   exigencias  y  consecuencias también diversas.   

          Es  la  razón  por  la cual, en este caso no sólo debe exigirse al  penado  el  descuento de las dos terceras (2/3) partes de la sanción, sino que,  constatado  dicho  requisito  objetivo,  también  debe  establecerse  que “su  personalidad,   su  buena  conducta  en  el  establecimiento  carcelario  y  sus  antecedentes  de  todo  orden,  permitan  suponer  fundadamente su readaptación  social”.   

          Pues  bien,  la  Sala  no podría ignorar el buen comportamiento del  sentenciado  durante el período de ejecución penitenciaria, conducta que lo ha  llevado  a  dedicarse  a  tareas productivas en la academia y la realización de  campañas  altruistas;  sin  embargo  de lo cual, tampoco puede olvidarse que el  pronóstico  de  readaptación social demanda un examen conjunto de los factores  antes  indicados,  y  así,  dentro  de  la  expresión  “antecedentes de todo  orden”,  ha  dicho  la  Sala, cabe perfectamente tanto la personalidad como la  gravedad  de  los  hechos  punibles  investigados, pues obviamente éstos son el  presupuesto de la pena y de su ejecución.   

          No   puede   soslayarse  la  gravedad  acrecentada  de  los  delitos  atribuidos  al  condenado,  dado  que  ostentaba  la  investidura  y la especial  función  de  juez cuando cometió los hechos, y así, en lugar de aparecer como  el  paradigma  de  la  imparcialidad  y  honestidad  en  la  resolución  de los  conflictos  a  él  encomendados,  sucumbió  al interés mezquino, aprovechó y  desprestigió  tan  importante rol en la manutención del Estado de Derecho, con  el  fin  de  montar una empresa delictiva de constreñimiento y exacción ilegal  en  el ámbito de su propio despacho judicial, pues tampoco puede olvidarse que,  para  satisfacer  su  propia ambición y la de otra mujer completamente extraña  al  proclamado  ámbito familiar apremiante (NANCY ESMERALDA ORTEGÓN RAMÍREZ),  menguaba  el  mínimo  vital  de  sus subalternos, hasta el punto que una de sus  víctimas  (FLOR MARÍA TORO SALGADO), se vio compelida a satisfacerle a los dos  inescrupulosos una cuota mensual de $ 120.000.oo durante 16 meses.   

          Es  que, como lo expone con acierto el juez de ejecución de penas y  medidas  de  seguridad,  si  ni  siquiera  la  delicada investidura de juez y su  prolongado  ejercicio por 30 años, pudieron servir como elementos disuasorios o  de  contención a la audaz delincuencia realizada por el juez, mucho menos puede  hacerse  ahora  un  pronóstico  favorable  de  readaptación social por el mero  comportamiento posterior durante la ejecución penitenciaria.   

          Ahora  bien,  es  cierto  que  la  personalidad  del  procesado,  su  condición  de  servidor  público  de  alta  y  confiable  consideración en la  sociedad  y  la gravedad de los hechos delictivos, son elementos que ya han sido  estimados  para  efectos  de  tasar  la  pena,  pero,  como  lo  ha reiterado la  Sala:   

          “…  la mayor o menor gravedad del hecho punible es un componente  que  con  distinta  proyección incide en la medición judicial de la pena (art.  61  C.  P.),  la  suspensión  de  la  condena  (art.  68  idem)  o  la libertad  condicional  (art.  72 ibidem), instituciones que corresponden a pasos graduales  en  el  desarrollo del proceso penal y, por ende, ningún sacrificio representan  para   el  principio  del  non  bis  in  idem,  pues,  verbigracia,  cuando  tal  ingrediente  se  considera  para  negar  la libertad, por su mayor destacamiento  frente  a otros, no se propugna por la revisión de la sanción o la imposición  de  otra  más  grave,  sino  que, por el contrario, se declara la necesidad del  cumplimiento  cabal  de  la  que  se  había dispuesto en la sentencia porque el  procesado  no  tiene  derecho  al subrogado” (auto 27  enero de 1999).   

          Se confirmará la providencia impugnada.   

          Por  lo  expuesto,  LA  CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN  PENAL,   

RESUELVE:  

          Confirmar la providencia objeto de impugnación.   

          Cópiese, comuníquese y devuélvase.   

EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

No hay firma  

FERNANDO          ARBOLEDA  RIPOLL           JORGE    ENRIQUE    CÓRDOBA  POVEDA           

CARLOS   A.   GALVEZ   ARGOTE                            JORGE    ANÍBAL   GÓMEZ  GALLEGO   

MARIO    MANTILLA    NOUGUES                              CARLOS    E.    MEJÍA  ESCOBAR   

ALVARO  ORLANDO  PÉREZ  PINZÓN              NILSON  PINILLA PINILLA   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria.    

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