17261(12-06-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 17261  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

Aprobado: Acta No. 66  

          Bogotá,   D.   C.,   doce   (12)   de   junio   del  dos  mil  tres  (2003).   

VISTOS  

          Mediante  sentencia  del  22 de septiembre de 1999, el Juzgado Penal  del  Circuito  de  Cáqueza  declaró  al señor Édgar  Ricardo  Hernández penalmente responsable, como autor,  del  concurso  de  delitos  de  acceso  carnal  violento con menor de 12 años e  incesto.  Le  impuso  la  sanción  principal  de  27  años  de  prisión,  las  accesorias  de  interdicción de derechos y funciones públicas y suspensión de  la  patria potestad por 10, la obligación de indemnizar los perjuicios causados  y le negó la condena condicional.   

          El  fallo  fue  apelado  por la defensa y confirmado por el Tribunal  Superior de Cundinamarca, el 14 de diciembre de ese año.   

          El  mismo  apoderado  acudió  a  la casación. La Sala se pronuncia  sobre  el  fondo  del  asunto,  una  vez  obtenido el concepto de la Procuradora  Cuarta Delegada en lo Penal.   

HECHOS  

          El  2 de noviembre de 1998, la niña Martha Yaneth Hernández Umaña  –de  10  años  de  edad-  contó  a  su  madre,  Marina  Umaña Velásquez, que en diversas oportunidades,  aprovechando  que  se  quedaba  solo  en  su  casa  de la vereda “Ganco” del  municipio  de Cáqueza (Cundinamarca), su padre, Édgar  Ricardo     Hernández,    la    había    accedido  carnalmente.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

          Adelantada  la  respectiva  investigación, el 11 de febrero de 1999  se  acusó  al  sindicado  como  autor  del concurso de delitos de acceso carnal  violento agravado e incesto.   

          Proferidas  las  sentencias  de  instancia,  la defensa acudió a la  casación.   

LA DEMANDA  

          El   apoderado   formuló  un  cargo  con  apoyo  en  la   causal   primera,   cuerpo   segundo.  Dijo,     violación     indirecta    de  los artículos 246, 247 y 445 del Código de Procedimiento Penal  de  1991,  debida a los siguientes errores:   

          1.  De  derecho,  por    falso    juicio   de   legalidad.  La ampliación de denuncia de Marina Umaña y el testimonio de la  menor  Martha  Hernández  se valoraron, a pesar de que fueron obtenidos sin que  se  cumpliera  la exigencia legal de hacerles conocer que no estaban obligadas a  declarar  en  contra  de  su  compañero marital y padre, respectivamente. Tales  versiones,  entonces,  debieron ser tenidas como inexistentes o como “nulas de  pleno derecho”.   

          2.   De  hecho,  producto     de    un    equivocado    juicio    de  identidad  en la estimación probatoria de la denuncia  formulada  por  Marina  Umaña.  Su  relato  fue  tergiversado  “en su sentido  prístino”,  porque  no  suministraba  certeza  de  responsabilidad y, ante la  inexistencia      atrás     demostrada,     resultaba     insuficiente     para  condenar.   

          3.  De hecho, por  falso juicio de identidad en  la  apreciación  del  indicio  estructurado sobre la desfloración de la niña,  pues   tal   fenómeno   habría  podido  ocurrir  por  diversos  orígenes,  no  atribuibles a relaciones sexuales.   

          Por  ello  no era posible inferir válidamente que fuera producto de  un  acceso  carnal.  A  esa  circunstancia se le dio valor de indicio necesario,  cuando a lo sumo sería leve.   

          Concluyó   que  se  condenó  sin  plena  prueba  “o,  al  menos,  existiendo  duda al respecto, que ha debido resolverse a su favor”, situación  que   solicitó   se  corrija,  casando  el  fallo  para  reemplazarlo  por  una  absolución.   

EL MINISTERIO PÚBLICO  

          La  señora  Procuradora  Delegada recomienda no casar el fallo, por  las siguientes razones:   

          1.  El  censor  faltó  a  la técnica, porque no presentó los tres  errores  de  manera  autónoma,  independiente  y  jerarquizada. Sobre una misma  prueba,  la  denuncia  –que  junto  con  la ampliación constituye una sola-, hizo reproches por falso  juicio  de legalidad e identidad.    No   citó   las   normas  sustanciales  infringidas, pues solamente relacionó unas de índole adjetivo, y  si  bien  la  relativa al in dubio pro reo  tiene  esa  connotación,  se  quedó  en  el  enunciado  pues  no  demostró  la  existencia  de  la  incertidumbre, como tampoco si ésta fue o no  reconocida  por  el  Ad quem.  Finalmente,  no  acreditó  la  trascendencia  de  los  yerros,  toda vez que no  analizó la totalidad de los elementos considerados en el fallo.   

          2.  Además,  el  actor  no tiene razón en los reparos que hace. La  denuncia  y  su  ampliación  conforman una sola prueba, no dos como erradamente  afirmó.  Por tanto, si en la primera se comunicó el derecho que se tenía a no  declarar  contra  su  compañero permanente, no se infringió la ley procesal y,  por contera, no se incurrió en el falso juicio de legalidad.   

          3.  Respecto  de  la  menor  Martha  Yaneth Hernández Umaña sí se  omitió  ese  procedimiento, que por constituir un derecho fundamental vició de  ilegalidad  su  testimonio,  sin  que  –como  argumentó  el Tribunal- la presencia de la madre de la niña,  de   la   Defensora  de  Familia  y  del  Ministerio  Público,  convalidara  la  irregularidad.  Por  el  contrario, la presencia de tales personas demuestra que  fueron permisivas ante la omisión.   

          Así,  esa prueba no ha debido ser estimada como válida. A pesar de  esto,  la  censura no puede prosperar por cuanto el casacionista no demostró la  incidencia  del  yerro  en  la  sentencia, y en verdad que no la tuvo, porque la  Corporación,  si bien apreció esa versión, no apoyó la condena en ella, pues  que  dedujo  responsabilidad,  principalmente,  del  dicho de Marina Umaña, que  corroboró   con   el   informe   de   la   trabajadora  social  y  el  dictamen  médico.   

          4.  Sobre  el  falso juicio de identidad cometido con la ampliación  de  denuncia,  el  demandante fue ambivalente, pues atacó tanto la declaración  como  el  indicio  que,  dijo, se construyó a partir de ella. Además, la queja  inicial  y  su  extensión  conformaban  unidad,  no  se  podían  escindir para  reprobar  sólo una parte. De otra parte, el apoderado quiso hacer depender este  error   de  la  prosperidad  del  señalado  sobre la legalidad de la misma  prueba.   

          5.  Sobre el equivocado juicio de identidad relacionado con el valor  concedido  a  la prueba indiciaria, el censor olvidó que, por regla general, en  nuestro  medio  no impera el sistema valorativo de la tarifa legal. Además, que  –si existiera- la vía de  ataque  debería  ser  otra,  el  error  de  derecho   por  falso juicio de  convicción.   Por  último,  la  inferencia  lógica  judicial  no  podía  ser  enjuiciada  por  la vía enunciada, sino por la ruta del falso raciocinio, tarea  que no realizó.   

CONSIDERACIONES  

La Sala no casará el fallo demandado, tanto  por  razones técnico-formales, como por motivos de fondo. Véase, estrictamente  frente a la formulación y desarrollo de los reproches:   

Sobre  los  requisitos  formales.   

1.   El   defensor   invocó  violación    indirecta   de   la   ley  sustantiva.  Pero no señaló la disposición o disposiciones de esta naturaleza  infringidas,     como     tampoco     el     sentido     de    la    hipotética  vulneración.   

2.  Afirmó  que  no  se  tuvo  en cuenta el  principio  de  duda,  regulado  en el artículo 445 del Código de Procedimiento  Penal  de  1991.  Pero  no hizo el estudio integral de la prueba correspondiente  con  el  propósito de comprobar la concurrencia de la incertidumbre insalvable.  Tampoco  indicó  si  ésta  fue  reconocida  en  la  sentencia  censurada o si,  existiendo,  el Ad quem dejó  de reconocerla.   

3. Escindió, en forma irregular, una prueba.  Dijo  que  la denuncia formulada por Marina Umaña Velásquez, y su ampliación,  constituían       dos       medios      diversos,      cuando      –como  con acierto afirma el Ministerio  Público- conformaban uno solo.   

Si por “ampliación” se debe entender que  una   cosa  se  extiende,  se  dilata,  es  claro  que  cuando  se  amplía  una  declaración,  el acto es el mismo, aunque alargado, extendido, ocupante de más  lugar o espacio que en un comienzo.   

Así, en el mismo cargo, respecto de la misma  prueba  –la denuncia y su  ampliación-,   el  censor  formuló  dos  censuras  que  se  repelen,  sin  que  especificara   que  lo  hacía  separadamente  y  una  de  ellas  a  título  de  subsidiaria.  Respecto de lo mismo, entonces, afirmó que se había incurrido en  error    de    derecho    por   falso   juicio   de  legalidad   y,   simultáneamente,   en  error   de   hecho   por   falso  juicio  de  identidad.   

Las dos modalidades de yerro se excluyen, no  pueden      ser     confundidas.     En     el     error     de     hecho   se   incurre   cuando   el  juez  “acepta”   una   prueba  que  no  está  dentro  del  proceso  (falso    juicio    de    existencia   por   suposición)  o  desconoce  una  que  existe  (falso  juicio  de  existencia por omisión); o si desfigura de  manera  ostensible  su  contenido  (falso  juicio  de  identidad), o en el proceso de valoración vulnera los  postulados    de    la    sana    crítica    (falso  raciocinio).     El     error    de    derecho surge cuando el funcionario niega  a  la prueba el valor que la ley tiene establecido o le suministra uno no fijado  por     el     legislador    (falso    juicio    de  convicción);   o   si  admite  una  prueba  obtenida  ilegalmente  (falso  juicio  de legalidad).   

4.  Dijo  que  al  valorar la versión de la  señora   Marina   Umaña  Velásquez,  el  Tribunal  cometió  un  falso   juicio   de  identidad.  Pero  no  demostró  qué  apartes  de  ese  relato  fueron  objeto  de  tergiversación o  distorsión.   

El  casacionista  incumplió  ese cometido y  dedicó      sus      esfuerzos      a     problematizar     el     análisis  hecho  por los jueces sobre el  contenido  de  la declaración. Siendo así las cosas, le competía optar por la  ruta  del  falso raciocinio y  no  por  la  del falso juicio de identidad.   

Pero aún si hubiera atinado, tampoco sería  viable  la  censura  pues  no  precisó  las reglas de la experiencia, las leyes  científicas       ni       los       principios      lógicos      –componentes   de  la  sana  crítica-  desconocidos  por  los juzgadores, ni las reglas, leyes o principios utilizables  para asumir la decisión del asunto concreto.   

5. En materia de proceso de construcción de  los  indicios,  debía  ser  exacto  sobre  si la queja apuntaba a la prueba del  hecho  indicador,  a  la  inferencia  lógica  o  al grado de persuasión que le  concedió  el  juez.  Determinado  lo  anterior,  le correspondía, en cuanto al  primer    punto,    demostrar   si   se   había   incurrido   en   errores  de  hecho (en sus modalidades de  falso   juicio   de  existencia,  identidad  o  raciocinio)  o  en  errores  de  derecho  por falso juicio de  legalidad,  en  tanto  que  si  acusaba  la  deducción  lógica  era  necesario  acreditar  que  en  la  aplicación  de las reglas de la sana crítica se había  caído    en   un   error   de   hecho   por   falso  raciocinio. Finalmente, si el ataque quería dirigirlo  hacia  el  grado  de  convicción  conferido  al  indicio, tenía que aceptar la  prueba del hecho indicador y la del proceso de inferencia.   

El recurrente no observó la regla acabada de  reseñar  y  tampoco la tuvo en cuenta en aquello que tituló “falso juicio de  identidad  en la estimación del valor probatorio del indicio estructurado en la  desfloración de la menor”.   

Sobre  la  esencia de la censura.   

1.  En  la valoración de la declaración de  Marina   Umaña   Mendoza,   cuya   denuncia  inicial  y  posterior  ampliación  –como  se demostró en el  anterior  aparte-  constituyen el mismo medio probatorio, el demandante enunció  falso  juicio  de  legalidad  porque  no  se  le  hizo  saber  a  la  señora  el derecho que tenía a no  declarar  contra su compañero permanente. Pero en el desarrollo del reparo, las  propias  frases del apoderado negaron la premisa, pues explicó que en  la  queja  inicial  se  enteró  a la dama sobre las normas que  regulan  la  garantía.  Esta aseveración consulta la  realidad  probatoria, pues el texto del acta confirma el acatamiento judicial de  la formalidad.   

2. Respecto del mismo tema, pero referido al  testimonio   de   la   menor  afectada,  la  Sala  comparte,  parcialmente,  las  apreciaciones  defensivas  y  las  de la Procuraduría Delegada. En verdad, a la  niña  no  se  le  impuso  ni  se  le  explicó el derecho que le asistía de no  testificar contra su progenitor. Sin embargo, mírese:   

a)  El  artículo  33  de  la  Constitución  Política dispone:   

“Nadie  podrá  ser  obligado a declarar contra sí mismo o contra su  cónyuge,   compañero  permanente  o  parientes  dentro  del  cuarto  grado  de  consanguinidad,  segundo de afinidad o primero civil”  (destaca la Sala).   

La  última  parte  del  artículo  44 de la  Carta, a su turno, expresamente afirma que   

“Los  derechos  de  los niños prevalecen  sobre los derechos de los demás”.   

Así el asunto, no hay duda alguna en cuanto  los   dos   derechos   son   fundamentales   y,   por   tanto,   no  pueden  ser  vulnerados.   

b)  Por  mandato  del  artículo  228 de la  Constitución         Política,         el         derecho         sustancial    prevalece    sobre    las  formas.   

c) Desde los anteriores puntos de vista, lo  realmente  importante no es  que  se  cumpla  con el requisito de enterar al declarante sobre la facultad que  tiene    de    abstenerse   de   incriminar   al   pariente.   Lo   verdaderamente        trascendente    es   que   el   testigo  “no            sea           obligado   a   declarar”  en  contra  de  aquél,  tal como lo dispone el artículo 33 de la  Carta  y lo reiteran los artículos 28 y 267 del Código de Procedimiento Penal,  con estas palabras:   

Artículo      28:     “Nadie   está   obligado  a  formular  denuncia  contra  sí  mismo,  contra  su  cónyuge,  compañero  o  compañera  permanente  o  contra sus parientes dentro del cuarto  grado  de  consanguinidad,  segundo  de afinidad o primero civil, ni a denunciar  las  conductas punibles que haya conocido por causa o con ocasión del ejercicio  de  actividades  que  le  impongan legalmente secreto profesional” (resalta la Sala).   

Artículo     267:     “Nadie  podrá ser obligado  a  declarar  contra  sí mismo o contra su cónyuge, compañera o  compañero  permanente  o  parientes  dentro del cuarto grado de consanguinidad,  segundo  de  afinidad  o  primero  civil” (subraya la  Corte).   

El  deber que imponen la Constitución y la  ley   es  el  de  no  obligar,  constreñir,  forzar,  presionar  u obligar al testigo a declarar en contra de  esas personas cercanas.   

d)  Es  cierto  que  el artículo 276.1 del  Código   de   Procedimiento   Penal  dice  que  el  funcionario  judicial  debe  advertir  al testigo sobre  las  excepciones  al deber de declarar. Sin embargo, en  primer  lugar,  esa formalidad no es traída por la Constitución; y, en segundo  término,  lo  trascendente  es que durante el acto judicial no sea transgredido  el derecho fundamental, vale decir, que se respete la garantía.   

e)  En  el  asunto  estudiado, el censor no  insinúa  ni  demuestra,  que  la  víctima  hubiera sido objeto de presiones  para que rindiera su versión.  Por  el  contrario,  la  asistencia  silente de su señora madre, del Ministerio  Público  y  del Defensor de Familia, permiten inferir que ninguna irregularidad  se  cometió  en ese sentido. Reñiría con la más elemental lógica pensar que  estas    personas    hubieran    cohonestado    una    arbitrariedad    de   tal  naturaleza.   

Sobre este punto, la Sala de Casación Penal  de  la Corte Suprema de Justicia, en doctrina que hoy reitera, se ha pronunciado  en los siguientes términos:   

“…conviene precisar que la omisión de  prevención      sobre      la     ‘excepción       al       deber       de       declarar’  en  el  curso  de  la  declaración  vertida  por…,  constituye  para el caso que ocupa la atención de la Sala una  simple     inobservancia     que     no     afecta     la    validez    de    la  diligencia…”.   

“La  garantía contenida en el artículo  283  del  Código  de  Procedimiento Penal derogado (hoy artículo 267 de la ley  600  de  2000),  que  consagra la excepción al deber de declarar…en asunto de  índole  penal,  contravencional  y policivo, no limita la posibilidad de que la  persona  amparada  por  la  inmunidad  personal  renuncie  a su derecho y decida  declarar   en   su  contra,  siempre  y  cuando  no  sea  constreñida  a  ello.  Precisamente   en   la   sentencia   de  casación  del  27 de noviembre de 2001 con ponencia de quien aquí  cumple igual cometido, dijo:”   

“’Al  margen  de  lo  anotado, conviene  precisar   que   la   omisión   de   la   prevención   sobre  la  ‘excepción     al     deber     de  declarar’ constituye una  simple  inobservancia  que  no  afecta  la  validez  de  la  diligencia, pues lo  fundamental  es  que  a  ninguna persona se le puede obligar a rendir testimonio  contra  sí  mismo  o  contra  sus parientes dentro del grado especificado en el  artículo  283 del Código de Procedimiento Penal derogado (hoy artículo 267 de  la  ley  600  de  2000), de  donde  sólo  si  la  persona  que  se  sabe  exceptuada  de  la  obligación de  testificar  es  constreñida  de  algún modo a hacerlo, se viola la garantía y  por    ende    la    ilegalidad   de   la   prueba   se   impondría’”.   

“En  el  caso  en  estudio  no  se  ha  demostrado  por  parte  alguna  que…  fuera  constreñido  a  declarar  en los  términos  que  lo  hizo  y antes por el contrario, lo que se deduce del acta es  que  imperó  su voluntad” (sentencia del 14 de marzo  del 2002, radicado 12.385, M. P. Jorge Aníbal Gómez Gallego).   

3.  El  impugnante  afirmó  que  el  juez  colegiado  dedujo  un  indicio  necesario  a  partir  del  estudio  médico  que  encontró  una  desfloración  antigua  en  la niña. Aclaró que ese hecho pudo  provenir  de  diversas causas, y no fatalmente de acceso carnal, por lo que a lo  sumo se podría construir una inferencia leve.   

Dígase:  

El  fallo  objetado no utilizó el dictamen  para  elaborar  ningún indicio y menos aún le dio la connotación que menciona  la  defensa.  Las  conclusiones  del  mismo  solamente sirvieron al Ad  quem para confirmar las declaraciones  de  la  denunciante  y  de  la  víctima,  a  partir  de  las  cuales  dedujo la  responsabilidad  del  acusado. Además, la corroboración también la encontró,  en  gran  medida,  en  los  estudios  de  la trabajadora social y la psicóloga,  piezas  que  no  han  sido  reprobadas por el señor apoderado y que, por tanto,  permanecen  incólumes.  De  manera  que  aún  en el supuesto de que se hubiera  acertado  en  el  reproche,  el  hipotético  error  no  habría  tenido ninguna  incidencia en el sentido de la sentencia.   

                     Consecuente  con  lo  expuesto,  la  Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,  administrando  justicia  en  nombre  de la República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE   

No casar el fallo impugnado.  

NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE.  

YESID   RAMÍREZ  BASTIDAS   

HERMAN  GALÁN  CASTELLANOS              CARLOS A.  GÁLVEZ  ARGOTE              

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ GALLEGO              ÉDGAR  LOMBANA TRUJILLO                         

Comisión de servicio  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN              MARINA  PULIDO DE BARÓN   

JORGE  LUIS  QUINTERO MILANÉS               MAURO  SOLARTE PORTILLA   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  Secretaria     

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