17254(26-02-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso No 17254  

          CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

          SALA DE CASACIÓN PENAL   

          Magistrado Ponente   

          Dr. JORGE E. CÓRDOBA POVEDA   

          Aprobado acta N° 25   

Bogotá D. C., veintiséis (26) de febrero de  dos mil dos (2002).   

          V I S T O S   

Resuelve  la Corte la admisibilidad formal de  la   demanda  de  casación  presentada  a  nombre  del  procesado  ROLANDO MACÍAS MORELO.   

          A N T E C E D E N T E S   

1.-  El Juzgado 26 Penal del Circuito de  Medellín sintetizó los hechos así:   

          “En  las  primeras  horas  del  anochecer  del  día  7 de diciembre  inmediatamente  anterior  (1998),  se dieron encuentro varios vecinos del barrio  Enciso,  que  lo  fue  precisamente en la Carrera 30 con Calle 59, en frente del  inmueble  que lleva la nomenclatura 30-10, dedicándose a las viandas e ingestas  alcohólicas,  siendo  su  anfitrión Jorge Iván Ríos Rivera; entre los muchos  concurrentes,  se hallaba BAYRON DE JESÚS HERNÁNDEZ RAMÍREZ acompañado de su  esposa, Sandra Eunice Rodríguez con su hijo menor de edad.   

“En  las primeras  horas  del  siguiente  día, el 8 de diciembre, hasta donde se había prolongado  las  ingestas,  se  acercó hasta donde se hallaba HERNÁNDEZ RAMÍREZ, un joven  desconocido  en solicitud de las mencionadas bebidas, mas como le fueran negadas  agredió  de  palabra  al antes mencionado, quien le respondió con fuerte golpe  en  su rostro, entraron en franca riña y finalmente el recién llegado recibió  una  lesión  con arma cortopunzante en uno de sus hombros, huyendo de allí sin  otras consecuencias ”   

“Pero   por  desfortuna  de  BAYRON  DE JESÚS, las cosas no habían finalizado allí, ya que  pasados  algunos  momentos,  regresó  aquél extraño personaje, acompañado de  una  tercera  persona  y  luego  de  hacer señalamiento de la individualidad de  HERNÁNDEZ  RAMÍREZ,  aquél  acompañante le increpó con frases ultrajantes y  en  el  acto  accionó  hacia  la  humanidad del desprevenido hombre, un arma de  fuego  en  repetidas  ocasiones,  logrando  asestarle  en  región  vital  de su  humanidad,  cinco  impactos que en el acto terminaron con su existencia, huyendo  rápidamente  del sitio trágico; algunos presentes en el escenario, entre otros  la  propia cónyuge del interfecto, presenciaron de manera directa y personal el  vil  atentado  criminal  así  como  a  su autor, hecho significativo que llevó  algunos  días  posteriores  a  la  vinculación  del presunto responsable a las  sumarias,    con    los    resultados    que    hoy    se    tienen.”   

2.-  El Juzgado 26 Penal del Circuito de  Medellín,  mediante  sentencia del 30 de septiembre 1999, condenó al procesado  ROLANDO  MACÍAS  MORELO a la  pena  principal de 41 años y 10 meses de prisión y a la accesoria de rigor por  el  lapso  de  10  años,  como  autor  de  los delitos de homicidio agravado en  concurso con porte ilegal de armas de fuego de defensa personal.   

Inconforme  con  la  anterior  decisión,  el  defensor  la  recurrió,  siendo confirmada por el Tribunal de Medellín el 2 de  diciembre  de  1999,  modificándola  solamente  en  lo  que atañe a la pena de  prisión la que fijó en 40 años y 6 meses de prisión.   

          LA DEMANDA DE CASACIÓN   

Dos  cargos  formula  el demandante contra la  sentencia del Tribunal, a saber:   

En        el        primero,  al  amparo del cuerpo segundo de  la  causal  primera  de  que  trata  el  artículo  220 del C. de P. P, acusa la  violación  de la ley sustancial por falta de aplicación de los artículos 25 y  60  del C. P.,  la que se ocasionó por haberse incurrido en error de hecho  por    falso    juicio    de    identidad,    derivado   de   una   “omisión parcial en la apreciación de  algunas             pruebas”.   

Bajo     el     título    “FUNDAMENTOS   DEL   CARGO”,  el demandante sostiene que el yerro  se  contrae  a  la  no apreciación de “importantísimos”  aspectos  de  las  declaraciones  del  profesor  Jorge Iván Ríos  Rivera  y  de  la  esposa  de  éste, Consuelo Rivera de Ríos, quienes eran los  anfitriones  de  la  fiesta.  Transcribe  algunos  fragmentos del testimonio del  primero,  el que, dice, concatena con la primera declaración rendida por Sandra  Eunice  Mejía  Rodríguez,  en  cuanto  aseveró  que su esposo, el occiso, sí  sostuvo  un  altercado  con  un  joven  de  nombre  Andrés,  alias “el          Gurre”,  a  quien,  además,  hirió  en  un  hombro con una navaja.   

En  estas  condiciones,  dice,  si  el  joven  Andrés  simplemente se acercó al lugar de la fiesta a pedir un aguardiente, no  merecía  una  respuesta como el cabezazo, la puñalada y los improperios,   tal   como   lo   hizo  Bayron  de  Jesús  Hernández,  lo  que  convirtió  su  comportamiento  en “injusto  y  grave”  y  desató  un  estado     de     ira     en     su     contrincante     quien,     “con     la    cara    bañada    en  sangre”,  huyó del lugar  para   regresar   más  tarde  en  compañía  de  otro  sujeto  a  “hacer   justicia   por   sus  propias  manos”.   

No obstante lo anterior, advierte, que a pesar  de  que  en  ningún momento su defendido ha aceptado ser el autor del hecho, lo  que  queda  claro  es  que  se  suscitó  por la riña que enfrentó a Bayron de  Jesús   y  al  joven  de  nombre  Andrés, como lo relató el señor Ríos  Rivera.   

Agrega   el   demandante  que  “El juzgador no aborda el estudio de la  aminorante  del art. 60 del C. P, porque le dio estricta aplicación al art. 217  del  C. de P. P., habida cuenta que ninguno de los sujetos procesales en ninguna  de   las  dos  etapas  avizoró  esa  posibilidad,  y  tampoco  se  hizo  en  la  sustentación  del recurso de alzada que se interpuso contra el fallo de primera  instancia.”.   

Tan  censurable,  dice  el  libelista, fue el  proceder  del  occiso  para  con  el  joven  Andrés,  que los concurrentes a la  reunión  se encontraban asustados, señalando los testigos que el occiso estaba  “descompuesto”,    lo   que   demuestra   que   el  enfrentamiento   se   debió   a  la  “intemperancia”  de Bayron de Jesús Hernández Ramírez.   

Dice  que la señora Consuela Rivera de Ríos  también  se refiere, en su declaración, sucintamente, al incidente e, incluso,  aseveró que trató de calmar a su invitado Bayron.   

Luego   de  transcribir  el  contenido  del  artículo  60  del  Código  Penal,  advierte  el  libelista  que  la aminorante  punitiva  era  procedente aplicarla, por cuanto el motivo de la pelea derivó de  la   agresividad   del   occiso,   comportamiento   que  era  grave  e  injusto,  circunstancia  que en virtud de la comunicabilidad a que se refiere el artículo  25  de  la  misma obra, se debió trasladar al procesado Rolando Macías Morelo,  como copartícipe.   

Termina  asegurando  que  la  violación  fue  trascendente,  ya que si los testimonios del profesor Jorge Iván Ríos Rivera y  de   su   esposa   hubieran  sido  apreciados  en  su  integridad,  “especialmente en lo que hace relación  a  la  agresión previa sufrida por el señor Andrés (a. el Gurre), a manos del  hoy  occiso  Bayron  de  Jesús  Hernández,  circunstancia  material que le era  comunicable  al  autor  material  del  hecho…  se  habría reconocido  al  sindicado   la   diminuente   del   artículo   60   del   C.  Penal”.   

Por las anteriores razones solicita se case la  sentencia y se conceda la rebaja de pena que corresponda.   

En   el   segundo  cargo,  que formula como subsidiario, el censor invoca  igualmente  la  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  por  aplicación  indebida  del numeral 7° del artículo 324 del C. P. y falta de aplicación del  323, ibidem, derivada de la errada apreciación de la prueba.   

Sostiene que dicha lesión a la ley sustancial  se  produjo  como  consecuencia  de  la comisión por el fallador de un error de  hecho  por  falso  juicio de existencia, al ignorar algunas pruebas y, por falso  juicio    de    identidad,    al    omitir    parcialmente    la    “valoración” de otras.   

Asegura  que lo que la prueba revelaba era la  punición  por el delito de homicidio simple mas no agravado, como se consideró  en  el fallo, por la situación de indefensión o inferioridad o aprovechándose  de esa situación.   

A  continuación  procede  a  copiar la parte  pertinente  del  fallo,  según  la  cual el Tribunal dedujo la agravante de que  así  Bayron  hubiera  tenido  un  conflicto  previo  con otro individuo nada le  permitía  intuir  que  iba a ser agredido por quien no había participado en la  primera  escaramuza  y, además, porque el agresor se le arrimó por la espalda,  inopinadamente      o      de      “sopetón”  y  comenzó  a  disparar, sin brindar ninguna posibilidad de huida o de reacción a  Hernández   Ramírez,  habiéndole,  incluso,  hecho  uno  de  los  disparos  a  quemarropa.   

Señala  el  libelista  que  para  deducir el  fallador  la  causal  de agravación, tuvo que dejar de apreciar pruebas como el  álbum  fotográfico,  lo  que  constituye  un falso juicio de existencia, en la  medida  que  las  fotografías  permitían  observar que las heridas por arma de  fuego  las  recibió  el occiso en la parte derecha e izquierda de su cuello, en  su  brazo  derecho,  así como en la región zigomática, pómulo y globo ocular  derechos.  De  la  misma  manera, sostiene, se encontró en la necropsia que las  heridas en su mayoría fueron de adelante hacia atrás.   

Así  mismo, en el experticio de necropsia se  informa  que  las  heridas, en su mayoría, tuvieron una trayectoria de adelante  hacia  atrás,  aspecto  que  al  ser  omitido  en  la  evaluación del juzgador  implicó  la  comisión  de  un  error  de  hecho por falso juicio de identidad.   

Estos  yerros,  anota, llevaron al Tribunal a  afirmar  que  la  víctima fue sorprendida por la espalda, cuando ello no podía  haber  ocurrido  así.  Además, aquella tenía cómo repeler el ataque, pues se  comprobó  que  dentro  de  sus prendas de vestir portaba una navaja, con la que  precisamente  agredió  al  joven  Andrés, lo que originó la acción posterior  que acabó con su vida.   

Por  otra parte, para la configuración de la  agravante  se requiere el dolo, esto es, no basta la presencia de una situación  objetiva    sino    que    es    necesario    que   quien   ataca   “tenga   plena   conciencia   de   esa  situación,   y   con   base   en   ello   se   disponga   a  actuar”.   

El  hecho  de  que  el  occiso  se  hallara  celebrando  el “día de las  velitas”  y que estuviera  en  estado  de  embriaguez,  no  implica  que  se encontrara en imposibilidad de  repeler  el  ataque,  ni  es  verdad que haya sido atacado por la espalda por su  victimario,  ni  que éste, en forma consciente y voluntaria, haya querido sacar  provecho de esa situación.   

Así  las  cosas, entendiendo que no existía  motivo  alguno  para  colegir y deducir la presencia de la agravación punitiva,  que  llevó  a la imposición de pena acorde con el homicidio agravado cuando se  trataba  de  un  homicidio  simple,  solicita se case la sentencia, ajustando la  pena a la que corresponda.   

          LA CORTE CONSIDERA   

La  demanda  de  casación  que  a nombre del  procesado  presentó  su defensor, no reúne los requisitos formales que para su  admisión  estatuía  el  numeral  3°  del  artículo  225  del  C. de P. Penal  (decreto 2700 de 1991, aplicable a este caso).   

Así,    en    cuanto   al   primer    cargo   aducido,   carece   de  interés.   

En  efecto,  uno  de  los  requisitos para la  procedencia  de los recursos, tanto de los ordinarios como del extraordinario de  casación  es  el de que el impugnante tenga interés, el que aparece ausente en  este caso.   

Al respecto ha sostenido la jurisprudencia de  la Sala:   

“… para que haya  interés  en  el  recurrente  en  casación  es  necesario,  además de que haya  sufrido  agravio  con  la  decisión,  que  haya apelado el punto concreto de la  sentencia  de primera instancia, pues una actitud pasiva reflejaría conformidad  con  la  misma,  esto  es,  que  se  está  de acuerdo con lo resuelto; o, en su  defecto,  que  el  fallo de segunda instancia haya desmejorado la situación del  impugnante,  en  virtud de la apelación interpuesta por otro sujeto procesal; o  que   el  superior  haya  examinado  la  providencia  en  razón  del  grado  de  competencia   funcional  de  la  consulta,  pues  mientras  no  se  produzca  la  determinación  de segunda instancia, no puede saberse el sentido definitivo del  fallo,  ya  que  el  superior  puede  decidir  sin  limitación  alguna sobre la  providencia    o   parte   de   ella;   o   que   la   casación   verse   sobre  nulidades.”   

En  este  evento, la aminorante de la ira, de  que  trataba  el  artículo 60 del Decreto 100 de 1980, a la sazón vigente (hoy  artículo  57  de  la Ley 599 de 2000), no fue materia del recurso de apelación  interpuesto  contra  la  sentencia  de  primera  instancia, la que, por ende, al  tenor  del  artículo  217, que entonces regía, no se ocupó de ella, y sin que  se  configure  ninguna  otra  de  las  situaciones para que exista interés para  recurrir,  por  lo  cual la Sala, con relación a esta censura, no puede abordar  el estudio de los aspectos formales de la demanda.   

En   el   segundo  cargo,  el  demandante  acusa  al  Tribunal  de  haber  violado  indirectamente la ley sustancial, por falso juicio de existencia, al no  haberse  apreciado  el  álbum  fotográfico,  que  indica  la ubicación de las  lesiones  en  la  humanidad  de la víctima; y por falso juicio de identidad, al  haberse  omitido  parcialmente  la evaluación del acta de necropsia que señala  que  la  mayoría  de  las  heridas  tuvieron  una trayectoria de adelante hacia  atrás.   

Este reproche adolece de insalvables desatinos  técnicos que conllevan a la inadmisión del libelo, así:   

Además  de que no muestra que las instancias  falsearon   el   contenido  material  de  una  prueba  o  de  que  omitieron  la  consideración  de  otra,  como  lo  proclama,  aparece que quien distorsiona la  sentencia  impugnada  es  el  libelista,  ya  que, según transcripción que él  mismo  hace, en aquélla no se dice que el agresor le disparó a la víctima por  la  espalda,  sino  que “se  arrimó  aquél  por  la  espalda  de  ésta  inopinadamente,  o de ‘sopetón’,   como   lo   señala   el  testigo  Ríos…”.   

Por  otra  parte,  lo  único que pretende es  oponer  sus conclusiones probatorias a las del fallador, al estilo de un alegato  de  instancia,  para  que la Corte escoja entre ellas, sin percatarse que las de  aquél  prevalecen,  por  llegar  la sentencia a esta sede amparada por la doble  presunción de acierto y legalidad.   

Frente a los anotados desatinos de la demanda  y  dado  que  la  Corte,  en  virtud  del  principio  de  limitación,  no puede  subsanarlos,  se impone su rechazo y, en consecuencia, se declarará desierto el  recurso de casación interpuesto.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  LA  CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA, SALA DE CASACION PENAL,   

          R E S U E L V E   

INADMITIR la demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor de ROLANDO  MACÍAS  MORELO.  En consecuencia, se declara desierto  el recurso extraordinario de casación interpuesto.   

Contra  esta  decisión  no  procede  recurso  alguno,  al  tenor  de  lo  que disponían los artículos 226 y 197 del C. de P.  Penal (Decreto 2700 de 1991, aplicable a este caso).   

Comuníquese y cúmplase.  

ALVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                                          JORGE E. CÓRDOBA POVEDA   

HERMAN   GALÁN   CASTELLANOS                                          CARLOS AUGUSTO GALVEZ ARGOTE   

JORGE  ANIBAL  GÓMEZ  GALLEGO                                 EDGAR      LOMBANA  TRUJILLO           

CARLOS  EDUARDO  MEJÍA ESCOBAR                                NILSON      PINILLA  PINILLA                        

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria    

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *