17131(06-12-01)

2001

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 17131  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

Aprobado Acta No. 191  

          Bogotá,   D.C.,   seis   (6)   de   diciembre   de   dos  mil  uno  (2001).   

          Examina  la Sala los requisitos formales de la demanda de casación  presentada  en  defensa  del  procesado  CIRO ANTONIO  MARTÍNEZ     VARGAS,  contra la sentencia proferida el 7 de octubre de 1999  por el Tribunal Superior de Ibagué.   

ANTECEDENTES  

          El  Teniente  coronel  Eduardo Martínez Herrera, Subcomandante del  Departamento   de   Policía  Tolima,  al  advertir  la  actitud  sospechosa  de  CIRO     ANTONO    MARTÍNEZ    VARGAS,  Tesorero  de  la  citada  dependencia, solicitó a la Oficina de  Auditoría   interna   de   tal   institución   la   práctica  de  una  visita  administrativa,  efectuada  a  partir del 6 de noviembre de 1996 y concluida con  el  informe rendido el día 19 siguiente, que arrojó como resultado el hallazgo  de  múltiples  irregularidades,  entre  otras,  la  adulteración de la nómina  adicional  de  vigencias  expiradas  de  1995, en la que se aparentó el pago de  sumas  de  dinero  a  quienes  efectivamente no las habían cobrado ni recibido,  menos    aún,    suscrito    ese   documento.   Este  procedimiento  se  simuló  con  cerca de medio  centenar de personas.   

          2.  La  Fiscalía  Seccional  de  Ibagué abrió la correspondiente  investigación,    vinculó    en    indagatoria    al   imputado   MARTÍNEZ   VARGAS   y   resolvió   su  situación  jurídica  con detención preventiva por los delitos de peculado por  apropiación,  peculado  culposo  y  falsedad ideológica en documento público,  medida que sustituyó después por la detención domiciliaria.   

          Clausurado  el  sumario,  en  providencia  del 27 de marzo de 1993,  formuló      acusación      contra     MARTÍNEZ  VARGAS  como  autor  de  los punibles de peculado por  apropiación  y  falsedad  ideológica  en  documento  público,  a  la  vez que  precluyó la investigación respecto al peculado culposo.   

          3.   El  Juzgado  2º  Penal  del  Circuito  de  Ibagué  asumió  la dirección de la causa y una vez celebrada la  audiencia  pública,  en  fallo  del  30 de noviembre de 1998 condenó al citado  MARTÍNEZ  VARGAS  a  las  penas  principales  de cuarenta y ocho (48) meses de prisión, multa en cuantía  de  $  2.192.801.40  e  interdicción  de  derechos y funciones públicas por el  término de tres años.   

         El  Tribunal  Superior  de  Ibagué  al  resolver  el  recurso  de  apelación  interpuesto  por  el  defensor, con fecha  octubre  7  del  1999,  confirmó  la  sentencia  de  primera  instancia con dos  aclaraciones.   La  primera, en el sentido que el delito de pena más grave  en  la  represión  del  concurso de hechos punibles era la falsedad material de  empleado  oficial  en  documento  público,  no  el  peculado  por  apropiación  atenuado  en  el  presente caso por la cuantía; la segunda, al disponer el pago  de los perjuicios a favor de la Institución oficial afectada.   

LA  DEMANDA   

          1.   Al  amparo  de  la  causal  primera  de casación, cuerpo  segundo,   el   censor   dirige  tres  cargos  contra  la  sentencia  impugnada.   

         1.1   El primero lo hace consistir  en  la transgresión mediata de los artículos 29 de la Constitución Política,  133  y  218  del  Código  Penal-  Decreto  100  de  1980-,  en armonía con los  artículos  247,  249,  254,  273  y  294  del  Código  de  Procedimiento Penal  –Decreto  2700 de 1991-,  “por ausencia de culpabilidad y por falso juicio de  existencia    o    identidad    de    los    medios   probatorios”.    

         Al  desarrollar  el reparo aduce que la  prueba  indiciaria  atendida  en  la  sentencia atacada carece de idoneidad para  demostrar  la  responsabilidad  del  acusado,  pues  las  pruebas  de los hechos  indicadores  fueron  distorsionadas  o  estimadas con prescindencia de la prueba  pericial que destruía su certeza.   

           A    continuación,    bajo    el    epígrafe  “Análisis   de   los  indicios”,  el casacionista  ensaya  una  valoración  personal,  en  contra  vía  del  consignado  por  los  juzgadores,  de  los  indicios  y demás elementos de juicio deducidos contra el  acusado.   

       –  Así,  tratándose de la oportunidad que tuvo  el  sindicado  de  manejar  el  dinero  del  Comando  Policial,  afirma  que esa  situación  no  le  era  exclusiva  como  se establecía con el testimonio de la  pagadora  auxiliar Cecilia del Pilar Aranda Lozano, por lo tanto, no se descarta  el engaño de terceros para obtener un provecho ilícito.   

          –  En  relación  con  el  hallazgo de la billetera de MARTÍNEZ  VARGAS  en la caja fuerte, el  demandante  plantea  que poco antes de la visita había sido guardada por aquél  y  que dicho comportamiento en norma alguna le estaba prohibido. Arguye también  la  autonomía  del  sindicado  en el manejo del dinero, como se confirma con el  préstamo  efectuado  con  recursos  propios al agente Alfonso Rodríguez López  para  un  reintegro;  asimismo,  que  en  los  días  de  pago  constituía  una  inveterada  costumbre  el  depósito  del dinero no sólo en la caja fuerte sino  también  en los escritorios de la Tesorería, que no se ordenaron abrir durante  la visita de auditoria y para el arqueo general.   

          –  Considera  que  el  indicio  deducido  por  los  juzgadores  del  desembolso   realizado  a  los  padres  del  agente  Gustavo  Candia  Rodríguez  desconoce  los  parámetros  de  la  sana  crítica,  pues es el resultado de un  juicio   personal,   por   lo  tanto,  injusto,  desequilibrado,  incoherente  e  igualmente hipotético.   

          –   La cancelación efectuada al cabo Guillebardo Rubio Pérez  no  podía  ser  aducida  como  un  indicio de cargo, pues al llevarla a cabo el  sindicado  no  transgredió  las formalidades establecidas para los pagos.   Además,  los  juzgadores  distorsionaron  una  costumbre  de  muchos años pues  inclusive  en  la  cafetería  se  les  pagaba  a  algunos  funcionarios, según  corroboraron los testigos.   

          – El cobro que hizo el  acusado  del  cheque  girado por la Tesorería a favor de Villanueva Burgos para  garantizar  de  este  modo  el  reintegro  que  debía  efectuar  dicho  agente,  contrario  a  lo  afirmado  en  la  sentencia recurrida, simplemente confirma la  autonomía de aquél como pagador del Comando Policial.   

         Asegura  por  otra  parte,  que  los  dineros  correspondientes  a  este  reintegro  se  encontraban  depositados  en  los  escritorios  que  no se permitieron abrir durante la vista  administrativa,  por  lo  tanto,  la  conclusión  del sentenciador obtenida del  informe  de  auditoría  se  basó  en una prueba inconducente y allegada sin el  cumplimiento       de       los       requisitos      mínimos      para      su  realización.   

         –   El   dictamen   de   grafología  concluyó  que  MARTÍNEZ  VARGAS  no  fue el autor de  las  firmas  falsificadas,  sin embargo, el Tribunal coligió la responsabilidad  de   aquél   argumentando   la  colaboración  de  partícipes  que  no  fueron  descubiertos  en el curso del sumario y, así las cosas, distorsionó el sentido  objetivo  de esa prueba con la que no se pretendió demostrar la inexistencia de  la  apropiación,  sino  que  el  procesado  fue  ajeno  a  la  comisión de esa  conducta.     

         1.2   En  el  segundo reparo el defensor plantea escuetamente  el  error  de  derecho  por  falso  juicio  de legalidad al otorgársele mérito  probatorio  al  informe  de  auditoria a pesar que en su formación se violó el  debido  proceso,  pues  no  se  permitió  al  investigado participar, hacer las  observaciones  que estimó pertinentes y entregar los dineros respectivos en ese  momento.  Agrega  que  si  el  juzgador  hubiese prescindido de tal evidencia el  fallo sería distinto.   

         1.3   Finalmente, el censor acusa la violación indirecta del  artículo  220 del derogado Código Penal, por aplicación indebida, derivada de  un   error   de  derecho  por  falso  juicio  de  legalidad.    En  la  formalización  del  ataque  esclarece  que  la  falsedad  se  imputó  en estas  diligencias  por  las  firmas  apócrifas  puestas  en  la  nómina de vigencias  expiradas  y  con  ocasión del endoso realizado en el cheque girado a favor del  agente  Gildardo  Villanueva  Burgos,  para  señalar  luego  que el dictamen de  grafología  determinó  la realidad de tales falsificaciones, pero descartó la  autoría     de    MARTÍNEZ    VARGAS,    por    lo    tanto,    no    existe    certeza    sobre    su  responsabilidad.   

         Tratándose  de  la  falsificación  del  endoso, encuentra que la  firma  impresa  por el procesado para cobrar el cheque obedeció al ejercicio de  sus  funciones  como tesorero y con el fin de hacer efectivo un reintegro debido  por  el  beneficiario  del  título, en consecuencia, de acuerdo con autorizados  criterios  doctrinales  tal conducta resulta atípica pues la falsificación fue  realizada  por  el formador del documento dentro sus facultades de disposición,  y  tampoco tuvo potencialidad para lesionar o poner en peligro el bien jurídico  tutelado de la fe pública.   

          Advierte  asimismo,  que  el  endoso  espúrio  de  un cheque oficial constituye una falsedad en documento privado, de  manera  que  el  comportamiento  merecía una calificación jurídica diferente,  que  al  ser  desconocida  en  la sentencia transgredió el derecho de defensa y  privó  al sindicado de una sanción más benévola si se tiene en cuenta que en  la  represión  del  concurso  de hechos punibles se partió de la pena prevista  para la falsedad.   

         Por  último,  discrepa  de  las  operaciones  efectuadas  por  el  Tribunal  para  corregir  la  equivocación  del  a  quo  en  la tasación de la  pena.   

         2.           Con  fundamento en la causal tercera de casación, el apoderado de  MARTÍNEZ  VARGAS plantea  que  el  fallo  impugnado  fue  proferido  en  un  juicio viciado de nulidad por  vulneración  del  principio de investigación integral; reparo sustentado en el  lacónico  argumento  de  haberse orientado la investigación a la averiguación  sólo  de  los aspectos desfavorables al procesado, pues a pesar que el dictamen  de   grafología   descartó  su  autoría  de  las  firmas  apócrifas,  no  se  estableció quien fue el ejecutor de las mismas.   

         Concluye  el  libelo  solicitando a la Corte que case la sentencia  acusada  y  absuelva al procesado, pero también, que decrete la nulidad de todo  lo actuado a partir de la clausura del sumario.   

                   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

         Repetidamente  ha indicado la Sala, que la casación constituye un  juicio   técnico   –  jurídico  contra  la  sentencia  de  segunda  instancia,  amparada por la doble  presunción  de acierto y legalidad, cuyo quebrantamiento sólo es posible en la  sede  extraordinaria  mediante  la  demostración  de  errores in iudicando o in  procedendo  trascendentes,  planteados  con  satisfacción  de las exigencias de  forma  y  contenido establecidas en la normatividad procesal, cuya inobservancia  determina  la  inadmisión  del libelo; situación que la Sala anticipa respecto  de    la    demanda   presentada   en   defensa   del   procesado   MARTINEZ     VARGAS,    ante    las  protuberantes   deficiencias  en  materia  de  técnica  que  se  confabulan  en  detrimento  de  la  claridad, la precisión, la coherencia y la lógica que debe  orientar  la  formulación  de  los  reproches  elevados  al  fallo  de  segundo  grado.   

         1.   En efecto, tratándose del reparo orientado a obtener la  anulación  del  proceso,  el casacionista desconoció el principio de prioridad  que  imponía  la  alegación  inicial  de  este  cargo  por su mayor amplitud o  cobertura.    

         Además de la impropiedad anterior, si  bien  si  se  formuló  el  ataque en capítulo separado, respecto de las demás  censuras,  elevadas  al  amparo de la causal primera por violación indirecta de  la  ley  sustancial, en aparte alguno se les asignó el carácter de principal y  subsidiarias,  como  en rigor se imponía por resultar excluyentes.  Por el  contrario,  al compendiar las pretensiones del recurso, el impugnante esbozó en  forma  alternativa  la  aspiración de obtener la mutación del fallo de condena  por  uno  absolutorio, así como la declaratoria de nulidad a partir, inclusive,  de la clausura de la investigación.   

         Adicionalmente,  el  demandante incumplió el deber de indicar con  entera  claridad  la  clase  de  nulidad  invocada,  esto es, si de la anomalía  alegada   derivó   el   desconocimiento   de  las  reglas  de  competencia,  la  vulneración  del  debido  proceso o del derecho de defensa.  Tampoco citó  las  normas  que  estimó infringidas y nada argumentó con miras a demostrar la  realidad  de  la irregularidad denunciada, pues se limitó a acusar el menoscabo  del  principio  de  investigación  integral  planteando en forma escueta que se  realizó  una  investigación  parcializada  por  estar  encaminada  al  recaudo  exclusivo   de  la  prueba  desfavorable,  pero  sin  concretar  los  medios  de  persuasión  que  se dejaron de practicar, la aptitud probatoria de los mismos y  su  trascendencia  para  modificar  la  conclusiones  del  fallo  en  torno a la  situación   jurídica   del   sindicado.    En  fin,  ante  las  falencias  advertidas,  el reproche de nulidad al que se contrae el libelo quedó sumido en  el mero enunciado.   

         2.   Los  restantes  cargos  de  la  demanda,  formulados con  fundamento  en  la  causal  primera  de  casación,  cuerpo  segundo,  presentan  también  protuberantes fallas en materia de técnica. Ciertamente, el censor no  consignó  ninguna  precisión sobre el sentido de la trasgresión acusada, esto  es,  si fue por aplicación indebida o falta de aplicación, y acrecentando aún  más  la  falta  de  claridad  en  la  formulación  de  la  censura  invocó la  violación  mediata del artículo 29 de la Constitución Política, que consagra  las    garantías    vinculadas    al   debido   proceso   y   al   derecho   de  defensa.   

         Por  otra  parte,  el  casacionista  al enunciar este reparo acusa  errores  de hecho por los falsos juicio de identidad y de existencia, pero en el  desarrollo    argumentativo    no    concretó    dislate    alguno    de    esa  naturaleza.   

         2.1   En  efecto,  tratándose  de los indicios, el libelista  hizo  consistir  los yerros imputados en la equivocada ponderación de la prueba  atendida  para acreditar los hechos indicadores, que asegura fue distorsionada o  valorada  con  prescindencia  de  la  pericia efectuada en las diligencias, pero  seguidamente,  apartándose de la demostración de tales desatinos, se dedicó a  criticar  el análisis del Tribunal a la manera de un alegato de instancia, esto  es,  contraponiendo  a  las conclusiones de la sentencia recurrida sus propias e  interesadas  apreciaciones  sobre  la  forma  como  debió  apreciarse la prueba  indirecta que sustentó en buena parte el fallo de condena.   

         Más  aún,  respecto  al  indicio deducido por los juzgadores del  desembolso  realizado a los padres del agente Gustavo Candia Rodríguez, con las  mismas  deficiencias  atrás  advertidas,  el  casacionista sugirió el error de  hecho  por  falso  raciocinio  pero  sin  plantear  siquiera  de  qué manera se  desconocieron  los parámetros de la sana crítica, por cuanto deriva tal aserto  de  la  mera discrepancia frente a las deducciones que los falladores extrajeron  de ese comprobado suceso.   

         

         

         2.2   Tratándose  del  dictamen  de  grafología el defensor  plantea  la distorsión del sentido objetivo de dicha prueba; sin embargo, en la  sustentación  del  reparo  admite  que  el  Tribunal  acogió  con fidelidad su  contenido  material,  para  radicar la inconformidad en la desestimación que se  hizo  de  ella  como  elemento  de juicio con aptitud probatoria para excluir la  responsabilidad   penal   del   encausado  MARTÍNEZ  VARGAS,  es  decir,  sin  enunciar  y desarrollar un  dislate  acusable  en  casación,  pues simplemente insiste una vez más en este  apartado  en  el disentimiento que guarda frente a las conclusiones del juzgador  ad quem en torno a la responsabilidad de su asistido.   

         2.3  Adujo  también  el  error  de  derecho  por  falso juicio de  legalidad  respecto  del  informe  de  auditoria, pero perdiendo de vista que la  formulación  del  reparo  en  manera alguna quedaba satisfecha con este escueto  señalamiento,  circunscrito  a  la especificación del elemento de juicio sobre  el  cual recayó el supuesto vicio, el demandante omitió indicar las normas que  establecían   los   requisitos   legales  para  la  aportación  de  la  prueba  cuestionada.   

Tampoco precisó el precepto sustancial que  resultó  transgredido  en forma indirecta a través de esa violación medio, ni  la  trascendencia del dislate argüido, como quiera que adujo en forma huera que  de  haberse  realizado  el  análisis de la prueba desestimando el controvertido  informe, otro sería el sentido del fallo atacado.   

         2.4   En el último cargo, formulado también al amparo de la  causal  primera  de  casación,  cuerpo  segundo,  el  demandante adujo la   violación   indirecta  del  artículo  220  del  derogado  Código  Penal,  por  aplicación  indebida,  derivada  de  un  error  de  derecho por falso juicio de  legalidad,  pero  no  orientó  el  ataque  en  consonancia  con tal enunciado a  demostrar  que  en  la  valoración  probatoria del fallo impugnado se concedió  validez  a  un  medio  de persuasión allegado al proceso sin el cumplimiento de  los  requisitos  legales, sino a esbozar sus particulares apreciaciones sobre la  falsedad  documental  imputada al sindicado MARTÍNEZ  VARGAS  en  las  presentes  diligencias,  en  forma  contradictoria por demás.   

         Ciertamente,  sin ninguna relación con el reproche erigido contra  la  sentencia  de segundo grado en los términos atrás reseñados, respecto del  endoso  apócrifo  del  cheque  girado  a  favor  del agente Gildardo Villanueva  Burgos,  el casacionista arguyó de un extremo, la atipicidad del comportamiento  por  haber obedecido la falsificación de dicha firma al ejercicio normal de las  funciones  del  procesado  en calidad de tesorero del Comando policial; del otro  y   a  renglón  seguido, el carácter penalmente relevante de esa conducta  que  estimó  subsumida,  no  en  la  falsedad  material de servidor público en  documento  público  por  la  cual  fue condenado, sino la falsedad en documento  privado.   

         Finalmente,  consolidando  los  desaciertos  técnicos del libelo,  que  el  defensor  asimiló  a  un  alegato  propio de las instancias, bajo este  último  cargo  discrepó asimismo de las operaciones efectuadas por el Tribunal  en  la  tasación de la pena, sin intentar la demostración de un error acusable  en sede de casación.   

         Así  las cosas, como la Corte no puede suplir las deficiencias ni  corregir  los  errores de la demanda se impone su inadmisión, lo cual conduce a  declarar  desierta  la  impugnación  de  conformidad  con la norma procesal que  rigió  el  trámite  de la misma (Decreto 2700 de 1991, subrogado por la Ley 81  de  1993),  mediante  decisión  que  adquiere  ejecutoria en la fecha en que es  suscrita y no admite recurso alguno.   

           

         En  mérito  de lo expuesto, la Corte Suprema de Justicia, Sala de  Casación Penal,   

RESUELVE   

         NO  ADMITIR  la  demanda presentada en  defensa   del   procesado   CIRO  ANTONIO  MARTÍNEZ  VARGAS.   En consecuencia, declarar desierta la  casación interpuesta.   

         Contra esta providencia no procede recurso alguno.   

         Cópiese,  comuníquese y devuélvase al Tribunal de origen.   Cúmplase.   

CARLOS EDUARDO MEJÍA ESCOBAR  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL           JORGE E.  CÓRDOBA POVEDA   

HERMAN  GALÁN  CASTELLANOS            CARLOS A.  GALVEZ ARGOTE   

JORGE   A.  GÓMEZ  GALLEGO                                   ÉDGAR    LOMBANA  TRUJILLO   

ALVARO   O.   PÉREZ  PINZÓN                              NILSON   E.   PINILLA  PINILLA   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria   

    

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