17052(22-05-01)

2001

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso Nº 17052  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

Aprobado Acta No. 73  

          Bogotá,   D.C.,   veintidós   (22)   de   mayo  de  dos  mil  uno  (2001).   

          Califica   la  Sala  los  requisitos  formales  de  la  demanda  de  casación    presentada    por    el   defensor   del   procesado   Armando  Trujillo  de  Aguila  contra la  sentencia  proferida  el  14  de  octubre  de  1999  por el Tribunal Superior de  Cundinamarca.   

ANTECEDENTES  

          1.   El denunciante Elmer Augusto Rivera Monsobite refiere que  en  la  tarde  del  28  de  marzo  de 1998 se encontraba ingiriendo licor en una  bodega  de la localidad de Leticia con varias personas, entre ellas Armando  Trujillo  de  Aguila, cuando al  lugar  arribó  la  esposa  de  éste  indagando  por  su  paradero.                         

          Informado  el mencionado que era requerido por alguien en la puerta  del  establecimiento,  salió  enfurecido  con  un arma de fuego en la mano y de  manera  sorpresiva  disparó  contra  el  niño  Ewiler  Rivera López, quien se  encontraba   allí  y falleció días después en un centro asistencial del  Brasil a donde fue conducido.   

          De  acuerdo con el informe policial de la captura no fue posible la  incautación  del  arma  empleada para la agresión, pues el retenido se deshizo  de ella durante la frustrada evasión del lugar.   

         2.             La Fiscalía Seccional de Leticia  abrió  la  correspondiente investigación, vinculó en indagatoria al capturado  Trujillo  de  Aguila, y le  impuso  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva por los delitos de  homicidio  agravado  en  grado  de  tentativa y porte ilegal de armas de defensa  personal,  decisión  que  modificó  de  oficio  para  deducirle  el  homicidio  consumado una vez se demostró en autos el fallecimiento del menor.   

          3.      Obtenida     la    valoración    psiquiátrica    del  procesado     Trujillo    de    Aguila,  el  instructor  clausuró  el  sumario y en providencia del 9 de  junio  de  1998  le  formuló  acusación  como  autor  del punible de homicidio  agravado  (artículos  323, 324-7º del Código Penal), en concurso con el porte  ilegal de armas de defensa personal.   

         4.   El Juzgado Penal del Circuito  de  Leticia  asumió  la dirección de la causa y una vez celebrada la audiencia  pública,  en  fallo  del  26  de  julio de 1999 condenó al citado Trujillo  de  Aguila  a la pena principal  de  cuarenta  y  un (41) años de prisión como autor responsable de los delitos  imputados en el pliego de cargos.   

         El Tribunal Superior de Cundinamarca al  resolver  el recurso de apelación impetrado por el procesado, con fecha octubre  14  del  mismo  año,  confirmó  la  sentencia  de  primera  instancia  con  la  modificación  de  imponerle  el  pago, a favor de los padres de la víctima, de  una  suma  equivalente  en  moneda  nacional  a  doscientos (200) gramos oro por  concepto del daño emergente.   

LA  DEMANDA   

          Con  apoyo  en la causal primera de casación del artículo 220 del  Código  de  Procedimiento  Penal  se acusa la sentencia de ser violatoria de la  ley  sustancial,  concretamente,  de  los   artículos  31,  36, 37, 38, 40  numeral  1º  y  325 del Código Penal; 1º, 6º, 9º, 13, 14, 88, 90, 157, 304,  305,  306,  308,  313,  319,  333,  334,  352,  373, 374, 399, 400, 431, 445 del  Código  de  Procedimiento Penal, así como del artículo 29 de la Constitución  Política.   

          1.   En la pretendida sustentación del reproche el demandante  reseña  algunos  apartes  de la evaluación psiquiátrica a la que fue sometido  el  sindicado  Armando Trujillo de Aguila,  de  la  indagatoria  y  del  testimonio  de  Mary  Luz  Santana,  elementos  de  juicio que en su opinión demuestran la inimputabilidad de aquél  al  momento  de  perpetrar la conducta punible objeto de juzgamiento por padecer  de   un   trastorno   mental   transitorio   ocasionado   por  los  efectos  del  alcohol.   

          Indica  además,  que  desde  la  captura  y  al  tenor  de  los  artículos  309 y 310 del C. de P.P.,  Trujillo    de   Aguila  debió  ser  sometido  a un  examen  de  alcoholemia para establecer el grado de ebriedad que presentaba así  como  las  demás  circunstancias  que mediaron en la realización de los hechos  investigados,  omisión  que  no puede cargársele ahora, más aún, si se tiene  en  cuenta  que  tal  deficiencia  constituyó  una  flagrante  violación de su  derecho de defensa.   

         Alude  a  las  exigencias del trastorno  mental  transitorio  de  conformidad  con  el  criterio  doctrinal  que  trae  a  colación,  plantea  que el concepto médico determina con nitidez la existencia  de  dicho  estado  en  el  acriminado  en  el  momento  de  la  comisión de los  ilícitos,  y afirma que en caso de alguna duda del juzgador sobre esta compleja  situación,  “ésta  debe  resolverse  a  favor del  procesado,    absolviéndolo    por    falta    de   culpabilidad”.   

         Refiere a las declaraciones recibidas en  la  audiencia  pública que presentan al procesado como una persona responsable,  trabajadora  y  cumplidora  del  deber,  quien  ante  la  ingestión  de bebidas  embriagantes  desde  varios  días  atrás  reflejaba  actos  irresponsables,  a  extremo  que  no recuerda nada de lo ocurrido y reaccionó ante un reclamo de su  compañera  disparando  “sin  ninguna intención de  dañar,  con tan mala fortuna que causó un irreparable daño, al cegar (sic) la  vida de un menor”.   

          Con  asidero  en  los  argumentos reseñados colige, por una parte,  que   resulta   “claro   que   debe  aplicarse  la  disminución  punitiva,  por  haber cometido el hecho bajo estado de embriaguez,  sin  haber  previsto la consecuencia del mismo”; por  la   otra,   que  podría  establecerse  en  este  caso  concreto,  “más  que  una  medida  de  prisión,  una  medida  especial  de  internamiento   para   tratamiento  psiquiátrico”.   

         

         2.   En  esta  misma censura transcribe la norma que tipifica  el  homicidio  preterintencional,  al  igual  que los artículos 35, 38 y 39 del  Código   Penal;   evoca  las  nociones  de  algunos  tratadistas  nacionales  y  extranjeros  sobre  los  elementos estructurales de la mencionada figura, acerca  de  su aspecto subjetivo y las diferencias que presenta con el delito calificado  por  el  resultado,  para  reclamar  a partir de este desarrollo conceptual, con  carácter  subsidiario,  que “se acoja la tesis del  homicidio   preterintencional  contemplado  en  el  artículo  325  del  Código  Penal”.   

         3.   En  el acápite final del libelo el recurrente argumenta  sobre  el  error  judicial  y  sus  consecuencias tratándose de la sentencia en  materia  penal, en el que se incurre frecuentemente, afirma, por una distorsión  en  el  proceso  de conocimiento; aduce de igual modo, que la labor cognoscitiva  del  juzgador  es esencialmente reconstructiva y de naturaleza mediata, donde el  fallo  equivocado  constituye por regla general la consecuencia de una cadena de  juicios  falsos  derivados “de un examen carente de  crítica  de  los factores de convicción”; errores  judiciales   a  los  que  “deberían  dirigir  sus  miradas   todos   los   administradores  de  justicia,  antes  de  proferir  sus  decisiones”.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  SALA   

           

         En  la demanda allegada por el defensor del sindicado Trujillo    Aguila    se   evidencian  protuberantes    fallas   de   técnica   que   impelen   a   la   Sala   a   su  rechazo.   

         En  efecto,  el  impugnante  sin ningún apego a los requisitos de  forma  y  contenido  prescritos en el artículo 225 del Código de Procedimiento  Penal,  presenta  un  escrito  confuso  en  el  que  entremezcla  todo  tipo  de  afirmaciones  a  la  manera  de un alegato de instancia, restando a tal punto la  claridad  y  precisión  exigidas  para  la  admisión  del  libelo, que resulta  imposible   determinar   incluso   la  pretensión  a  la  cual  se  orienta  en  definitiva.   

         1.   Así,  la demanda surge deficiente desde la formulación  misma  de  la  censura,  pues  el  impugnante  acusó  la  violación  de la ley  sustancial  con  apoyo en el artículo 220-1º del C. de P.P., sin precisar si a  la  infracción  denunciada  se  llegó en forma directa como consecuencia de un  error  de lógica jurídica o de manera indirecta a través de un desatino en la  apreciación   probatoria,  y   menos  aún,  en  uno  u  otro  evento,  la  específica naturaleza del yerro o de los yerros cometidos.   

         A  renglón  seguido, transcribe la norma sustancial que define la  inimputabilidad,  así  como  algunos  apartes de la evaluación psiquiátrica a  que  fue  sometido  el sindicado, de la indagatoria y del testimonio de Mary Luz  Santana,  en lo que parecería orientar el reproche a la violación indirecta de  la  ley  sustancial,  sin embargo, en acápite alguno del libelo imputa al fallo  recurrido  la ocurrencia de desaciertos en la estimación o valoración de estos  elementos de juicio.   

         Por  el  contrario, perdiendo de vista que la casación constituye  un  juicio  técnico jurídico contra la sentencia de segunda instancia amparada  por  la  doble presunción de acierto y legalidad, cuyo quebrantamiento sólo es  posible  en  la  sede extraordinaria a través de la demostración de errores in  iudicando  o  in  procedendo  trascendentes, simplemente formuló la tesis de la  inimputabilidad   del   sindicado   por   haber  padecido  un  trastorno  mental  transitorio  para  luego  señalar,  desde  esta particular perspectiva, que los  medios  de  convicción  enunciados  le  brindan  respaldo a lo alegado en tales  términos.   

         Tan  despistado  se  muestra el impugnante en la técnica que rige  el  recurso  extraordinario,  que  ni aún al esbozar la pretensión vinculada a  este  estado  de  inimputabilidad  que  predica  del acriminado la demanda fluye  unívoca  y  armonizada  con  lo argumentado, pues reclamó indistintamente y de  manera   contradictoria,   la   absolución   por   falta  de  culpabilidad,  el  reconocimiento  de una responsabilidad disminuida en punto de la pena, así como  la   imposición   de   una   medida  de  seguridad  en  lugar  del  tratamiento  penitenciario  infligido,  más  aún, acrecentando esa patética disonancia, el  recurrente  insinuó  la  comisión  del  concurso  de  hechos punibles por caso  fortuito  o  fuerza  mayor,  como quiera que denunció también la transgresión  del artículo 40-1º del Código Penal.   

         2.   Pero  las incongruencias del libelo no se restringen, de  otra  parte, a las plurales y antagónicas solicitudes elevadas a la Corte y que  fueron  puestas de presente en el anterior acápite, se reflejan también con no  menor  evidencia,  al  formular  bajo  una  misma  censura  cargos  que resultan  abiertamente  excluyentes,  con el aditamento adicional de dejar tales reproche,  en todo caso, en el mero enunciado.   

         Ciertamente,  bajo  la  misma  propuesta  de  violación de la ley  sustancial  reprochó  la  prescindida práctica del examen de alcoholemia en el  momento  de  la  captura del acriminado, que afirmó resultaba obligado al tenor  de  los  artículos  309  y  310  del  estatuto penal adjetivo, y acusó por tal  omisión  probatoria  la  violación  del  derecho  de  defensa; sin embargo, el  ataque  no  pasó  de este escueto razonamiento que complementó después con la  prolija  cita  de  disposiciones  instrumentales,  entre  ellas,  los  preceptos  alusivos  al régimen de las nulidades y de la investigación integral, pero sin  concretar  de  qué  manera  el vicio de estructura denunciado repercutió en el  trámite  finalizado  en  este  expediente  con el proferimiento de la sentencia  impugnada,  tanto  así  que  tampoco esbozó pretensión alguna derivada de esa  irregularidad que simplemente perfila.   

         De  igual  modo,  en  otros  acápites de la demanda con flagrante  abandono  de la técnica que gobierna el recurso de casación al cual acude, que  exige  la  formulación  separada de los cargos excluyentes, el censor con apoyo  en  autorizados  criterios  doctrinales  se  refirió  al  delito  de  homicidio  preterintencional,  que  presupone  la  imputabilidad del agente, en precedencia  negada,  y  a  partir  de un extenso marco conceptual pero sin relación con los  medios  probatorios  recaudados  durante  el  proceso,  más  aún, sin intentar  siquiera  la  enunciación  y  desarrollo  de  algún  error  imputable al fallo  recurrido,  planteó  la  variación de la calificación jurídica del homicidio  hacia dicha figura más benéfica para el sindicado.   

         4.   El  acápite  final del libelo contiene unas reflexiones  hueras  sobre  el  error judicial, en modo alguno referidas a las modalidades de  posible  denuncia  en la sede extraordinaria, que concluyeron con la abstracta y  vacua  recomendación  a los administradores de justicia de evitar la incursión  en él al proferir sus decisiones.   

           

         5.   Vistas  así  las  cosas, la  demanda  presentada  a  nombre  del procesado Armando  Trujillo  Aguila  incumple  de manera ostensible los  presupuestos  de  admisibilidad  establecidos en el artículo 225 del Código de  Procedimiento  Penal,  por  lo  tanto,  la Sala la rechazará con la consecuente  declaratoria  de  deserción del recurso de casación en estricto acatamiento de  las  originales previsiones del artículo 226 ejusdem, vigentes para la fecha de  su interposición en el presente asunto.   

         En  mérito  de  lo expuesto, la Corte  Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE  

         RECHAZAR  in  limine  la  demanda  de  casación    presentada    por   el   apoderado   del   procesado   Armando  Trujillo  de  Aguila,  por lo  tanto,   declarar   desierto   el  recurso  extraordinario  interpuesto  por  el  mismo.   

Contra este auto no procede ningún recurso  en  virtud  de  lo  dispuesto  en los artículos 197 y 226 del estatuto procesal  penal.   

         Cópiese,  comuníquese,  cúmplase  y  devuélvase al Tribunal de origen.   

CARLOS   EDUARDO   MEJIA    ESCOBAR   

No hay firma  

FERNANDO          ARBOLEDA  RIPOLL       JORGE E. CORDOBA POVEDA   

CARLOS        A.        GALVEZ  ARGOTE              JORGE   A.  GOMEZ GALLEGO   

EDGAR    LOMBANA   TRUJILLO                             ALVARO    O.    PEREZ  PINZON                          

NILSON    PINILLA   PINILLA                                HERMAN      GALAN  CASTELLANOS   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

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