17046(20-06-01)

2001

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso N° 17046  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente:  

DR.  JORGE  E.  CORDOBA  POVEDA   

Aprobado Acta No. 088  

         Bogotá, D.C., junio veinte (20) de dos  mil uno (2001)   

          Se   pronuncia   la  Corte  sobre  la  admisibilidad  formal  de la demanda de casación presentada por el defensor del  procesado   WILLIAM  ECHEVERRRY  GALLEGO.   

         ANTECEDENTES   

         1.   En la noche del 22 de octubre  de  1995,  varios sujetos abordaron a la señora Julia Aydé Sardi Zaiden cuando  arribó  a  su  residencia de la calle 13 No. 67-30, barrio Limonar de la ciudad  de  Cali,  quienes  luego  de intimidarla con las armas de fuego que portaban la  despojaron  de  un  maletín  ejecutivo  con documentos personales, de dinero en  efectivo,  así  como de las joyas que lucía, bienes que la afectada avaluó en  la suma de un millón quinientos mil pesos.   

          El  30  de  octubre  del  mismo  año  uno  de  los  atracadores se  presentó  en  la vivienda de la víctima con una misiva a través de la cual se  le  exigió  la  entrega  de  ocho millones de pesos, escrito acompañado de las  instrucciones  correspondientes  y  en  el  que  se le anunció que en los días  siguientes  establecerían  diálogo  telefónico  para ultimar los detalles del  ilícito pedido.   

          Enteradas  las autoridades policiales de lo acontecido, organizaron  el   dispositivo   electrónico   orientado   a   rastrear   el  origen  de  las  comunicaciones  que  se  efectuarían  a  la residencia de la denunciante, y fue  así  como  el  31  de  octubre  de  1995  establecieron  que  la llamada de los  extorsionistas   se  estaba  realizando  de  una  cabina  de  servicio  público  instalada  en  la  calle  34  No.  16-01,  barrio  Atanasio  Girardot,  donde se  capturaron  en  flagrancia  a los individuos Alexander Agudelo Barrientos, José  Miguel  De  Gracia Prado, Luis Angel Posso Becerra, Rogelio Agudelo Barrientos y  WILLIAM  ECHEVERRY GALLEGO,  quienes  fueron sorprendidos además en la detentación de algunos documentos de  la denunciante Sardi Zaiden.   

          Los  retenidos  imputaron  la  autoría  intelectual del ilícito a  Pedro Pablo González, vigilante de la Gobernación del Valle.   

          2.    La  investigación  fue  abierta  por  la  Fiscalía  77  Seccional   de   Cali,   despacho   que  vinculó  mediante  indagatoria  a  los  aprehendidos  atrás  relacionados y al citado González, a quienes les definió  la  situación jurídica imponiéndoles detención preventiva por los delitos de  hurto  calificado  y  agravado,  porte ilegal de armas agravado, y extorsión en  grado de tentativa.   

          La  Fiscalía Delegada ante el Tribunal Superior de Cali al dirimir  la  apelación interpuesta por el defensor del acriminado González le impartió  confirmación  a  la  medida  de  aseguramiento,  pero ordenó tramitar en forma  separada la investigación por el punible de extorsión.   

           

                 Así,  clausurado  el  ciclo  instructivo   respecto   de   éste  último  hecho  punible,  la  Fiscalía  77  Seccional   de  Cali  calificó  el mérito probatorio del sumario elevando  acusación    contra    los   sindicados   ECHEVERRY  GALLEGO  y  Pedro  Pablo  González,  como  coautor y  determinador,  respectivamente,  del delito de extorsión en grado de tentativa;  decisión   confirmada   por  la  Fiscalía  ad  quem  el  26  de  noviembre  de  1996.   

          Entre  tanto,  la  Fiscalía  5ª  Seccional  de la misma ciudad en  providencia  del  30  de  abril  de  1996  elevó acusación contra WILLIAM  ECHEVERRY  GALLEGO,  Luis Angel  Posso  Becerra,  José  Miguel  De  Gracia  Prado,  Alexander  y Rogelio Agudelo  Barrientos  como  presuntos  coautores  de  los  delitos  de  hurto calificado y  agravado  (artículos  350  1º  y 2º, 351-6º, 9º y 10º, 372-1º del Código  Penal),  en  concurso  con  el  porte  ilegal de armas de defensa personal, y en  detrimento  de  Pedro  Pablo González en calidad de determinador de esos mismos  ilícitos.   

         

          Impugnada  esta decisión por los defensores, la Fiscalía Delegada  ante  el  Tribunal  de  Cali  la anuló en lo atinente al cargo imputado a Pedro  Pablo  González  y  a  José  Rogelio Agudelo Barrientos por el porte ilegal de  armas;  de  igual  modo,  invalidó  lo  relacionado  con  el Hurto calificado y  agravado  deducido  en detrimento de WILLIAM ECHEVERRY  GALLEGO   y   la   confirmó   en   los   restantes  aspectos.   

         3.   Acumuladas las dos causas, la  etapa  del  juicio  la  tramitó  el Juzgado Primero Penal del Circuito de Cali,  despacho  que  en  sentencia  del  3  de abril de 1998 condenó a los procesados  así:   a   WILLIAM   ECHEVERRY  GALLEGO  a la pena principal de treinta y ocho (38) meses de prisión como  autor  penalmente  responsable  del  delito de extorsión en grado de tentativa;  Pedro  Pablo  González a la de cincuenta ocho  (58) meses de prisión como  autor  de  tal ilícito y del hurto calificado y agravado; José Rogelio Agudelo  Barrientos  a  cuarenta  (40)  meses  de prisión  como autor del delito de  hurto  calificado  y  agravado;  y finalmente, a los sindicados Luis Angel Posso  Becerra,  José  Miguel  de  Gracia  Prado  y  Alexander  Agudelo  Barrientos  a  cincuenta  y  ocho  (58)  meses de prisión por el punible de hurto calificado y  agravado   en   concurso   con   el   porte   ilegal   de   armas   de   defensa  personal.   

          4.   Apelado  el  fallo,  entre  otros,  por  el  defensor  de  ECHEVERRY   GALLEGO,  el  Tribunal  Superior  de  Cali lo confirmó integralmente a través de providencia  que   fue   recurrida   en   forma   oportuna   por   el  apoderado  del  citado  procesado.   

         LA DEMANDA   

         Con  apoyo  en  la  causal  primera  de  casación,  cuerpo  segundo,  por  violación indirecta de la ley sustancial, el  demandante  anuncia  tres  cargos  contra la sentencia proferida por el Tribunal  derivados  de  errores “de hecho, ya que se hicieron  afirmaciones   no   probadas”  en  detrimento  del  sindicado,  “máxime cuando hay pruebas, dentro del  mismo    proceso”    que    demuestran    la    inocencia    de   ECHEVERRY GALLEGO.    

          Cita  como  normas  infringidas  los artículos 7º, 9º, 246, 247,  248,  249  y  254 del Código de Procedimiento Penal y denuncia de otra parte la  prescindida aplicación del principio del in dubio pro reo.   

         1. El primer reproche lo hace consistir  en  la  suposición  de  la  prueba  con  asidero  en  la cual se afirmó que el  mencionado      ECHEVERRY     GALLEGO,  fue visto en el Club Departamental y en la Heladería Ventoline  el  día  del  hurto,  esto  es,  en  el  lugar  de  trabajo de la afectada y en  inmediaciones de su residencia, respectivamente.   

          En   la   sustentación   del  cargo  transcribe  el  ambiguo resultado del reconocimiento en fila de personas llevado  a  cabo  con  la  víctima Sardi Zaiden, y alude a la versión rendida por ésta  con  apoyo  en  los  testimonios  de  Arley Vélez, Sandra Patricia Rayo, María  Elena  Acevedo y María Alida Arboleda, quienes señalaron que fueron cuatro los  delincuentes  que  habían  asaltado  a la ofendida, para cuestionar entonces la  credibilidad  del  dicho de ésta última en lo atinente a la participación que  les    atribuyes    en   el   hurto   a   ECHEVERRY  GALLEGO y a los demás retenidos en un número total  de seis personas.   

              Critica la veracidad concedida  al  recuento  de  la  víctima  en  lo  atinente a la actitud merodeadora que le  endilgó  al  mencionado  procesado, a quien ubicó en su sitio de trabajo en el  club  departamental,  sin  que  a  la  investigación se hubiese aportado prueba  alguna   que  registrara  el  ingreso  de  ECHEVERRY  GALLEGO a esa sede social.   

          Indica  además,  que  oportunamente  solicitó  en  la  instrucción y en el juicio que se conminara al referido Club  para  que  remitiera  las  constancias  sobre  el personal de visitantes para la  fecha  de  los  sucesos; sin embargo, tales documentos nunca fueron allegados y,  en   consecuencia,   ello  significa  que  ECHEVERRY  GALLEGO   nunca   estuvo   en   sus  instalaciones.   

          Cuestiona  a  la  denunciante  cuando  aseguró     también     que     observó     al     acriminado    ECHEVERRY  GALLEGO  en  la  Heladería  Ventoline;     aserto    carente    de    “valor  jurídico”,   a   su  juicio,  no  sólo  por  la  contradicción  que se evidencia en tal relato al ser cotejado con el testimonio  de  quienes  la  acompañaban  en  ese  momento,  sino  también, porque resulta  imposible  que  luego  de visualizarlo de manera fugaz, en horas de la noche y a  una  distancia  superior  a  los  cuarenta  metros  lo  reconociera varios días  después.   

          Concluye   de  lo  anterior  que  su  representado  no  “estaba  en  el  momento  en que  sucedieron  los hechos” y que tampoco acudió a las  instalaciones  del  club  departamental  para  esa  misma  fecha, pues no existe  prueba  alguna en el expediente que acredite su presencia en tales lugares; más  aún,   que   el   único   indicio   en  contra  del  sindicado  surge  de  los  reconocimientos  en  fila  de personas efectuados con las deponentes Julia Sardi  Zaiden,  Sandra  Patricia  Rayo  Sardi,  María  Elena  Acevedo  y  María Alida  Arboleda,  plagados  de  contradicciones al ser confrontados con sus respectivas  declaraciones  y  que  en  conjunto  revelan,  al  parecer,  que identificaron a  quienes  lograron ver en los calabozos del grupo UNASE el día de su retención,  o  por lo menos, en los medios de comunicación ante el despliegue periodístico  que tuvo esa noticia.   

         2.   En  el segundo cargo señala  que  se  supuso  que  la  máquina  de escribir en la cual fue elaborada la nota  extorsiva    la    prestaron   Luis   Angel   Posso   Becerra   y   WILLIAM  ECHEVERRY GALLEGO; afirmación  que  riñe con la verdad pues “en ninguna parte del  expediente  aparece  indicio  alguno” que confirme  ese     suceso.      Sustenta     tal     ataque    en    los    siguientes  planteamientos:   

         2.1   En  el  informe  del  Grupo  UNASE  se consignó que De  Gracia  Prado  señaló  a  Posso  Becerra  como  propietario  de la máquina de  escribir en la cual se redactó la misiva intimidatoria.   

         2.2   El citado Posso Becerra señaló en la indagatoria, por  su  parte,  que  el  30 de octubre de 1995 cuando se encontraba en compañía de  Alexander  Agudelo  y  José  Miguel  De  Gracia  en  la panadería Atabasca, le  facilitó   a   Alexander   Aguirre  la  máquina  de  escribir  por  pedido  de  éste.   

         2.3   Tal  hecho  fue  corroborado por José Miguel De Gracia  Prado  y  Alexander  Agudelo  Barrientos  en  sus  respectivas  injuradas, éste  último  quien  admitió además haber entregado la carta en la residencia de la  víctima empero ignorando el contenido de la nota.   

         De  las  anteriores  reseñas el demandante colige que la máquina  de  escribir  fue  facilitada  por el implicado Luis Angel Posso Becerra, por lo  tanto,  que  ninguna razón existe para que en las sentencias se afirmara que en  dicho     préstamo     también     intervino    su    asistido    ECHEVERRY GALLEGO.   

         3.   El  tercer  cargo  lo radica en haberse supuesto que los  sindicados  fueron  capturados  cuando  efectuaban la llamada intimidatoria a la  víctima  Sardi  Zaiden,  “sin tenerse en cuenta el  testimonio  del  propietario  del establecimiento donde se produjo la detención  de  estas  personas  y  algunos indicios que prueban lo contrario”.   

         Para  apoyar  esta  conclusión  transcribe algunos apartes de las  indagatorias  de  los  sindicados  WILLIAM ECHECERRY  GALLEGO   y   Luis  Angel  Posso  Becerra,  de  las  declaraciones  rendidas  por  los  detectives  Víctor Giraldo Restrepo y Arturo  Sánchez  Rosero,  al  igual  que  de  la  ampliación  del dicho de Juan Carlos  Vanegas  Vanegas para insistir que “estos elementos  circunstanciales…no  fueron  tenidos  en  cuenta  al  momento  de analizar las  pruebas”  a  pesar  de acreditar que el primero de  los  citados  no se encontraba con los demás aprehendidos al momento del arribo  de  los  agentes  del  Grupo  UNASE  a  la  panadería  desde  donde realizó la  comunicación extorsiva.   

         Así   las  cosas,  afirma,  ECHEVERRY  GALLEGO  no  faltó  a la verdad cuando aseguró que  fue  capturado  en el instante en el cual se apeaba de su moto, máxime que este  relato encontró aval en los elementos de juicio atrás reseñados.   

         

          Con  asidero  en  los  planteamientos  sintetizados,  el  recurrente  solicita  a  la Corte que case el fallo impugnado  para  que  en  su  lugar  absuelva  a  su  asistido  por el delito de extorsión  imputado.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          En  la  demanda  sometida  a  actual  revisión  surge  evidente  la  inobservancia  de  los  requisitos  de  forma  y  contenido  contemplados  en el artículo 225 del Código de Procedimiento Penal,  por  lo  tanto,  se  impone  su  inadmisión  con la consecuente declaratoria de  deserción    de    la   impugnación   extraordinaria   incoada.              

          Las   deficiencias   técnicas   que  determinan    el    sentido   de   la   decisión   anunciada   son   pues   las  siguientes:   

         1.   Cuando  se  invoca la causal  primera  de  casación  al  tenor del artículo 220 del Código de Procedimiento  Penal,  trátese  de  la  violación  directa o mediata de la ley, el demandante  tiene  el  deber de señalar las normas transgredidas, que no pueden ser sino de  naturaleza  sustancial,  así  como el sentido de la violación reprochada, pues  sólo  de  esta  forma se le traza a la Corte el derrotero a seguir en el evento  de encontrar prosperidad el ataque formulado.   

         Frente  a esta exigencia el impugnante perdió de vista que la ley  sustancial,  indiferentemente  de  su  ubicación  en  el  estatuto  punitivo  o  procesal,  es  aquella  que describe determinadas conductas como delictivas o la  que  alude  a  la  punibilidad o la responsabilidad, y denunció como vulnerados  algunos  preceptos  de carácter ritual sin ninguna precisión además en cuanto  al  concepto  de  su  violación; alegó en concreto, el quebranto de las normas  referidas   a  la  necesidad  de  la  prueba  para  fundamentar  las  decisiones  judiciales,  a  la  prueba  que  es exigida para el fallo de condena,  así  como  los  artículos  que enuncian los medios probatorios en el proceso penal y  regulan  su  valoración.   En otros términos, en aparte alguno del libelo  indicó  cuáles  fueron las normas sustanciales que resultaron infringidas como  consecuencia   del   alegado   quebranto   de  estos  preceptos  en  materia  de  pruebas.   

         Más  aún,  el  recurrente  al  acudir  a  la cita simultánea de  disposiciones  que  establecen  garantías  de los sujetos procesales desvió la  censura  hacia  la causal de nulidad, como se aprecia tratándose de la invocada  transgresión  de las normas que consagran los principios de contradicción y de  investigación  integral;  en  fin, involucró así fuera implícitamente y bajo  un  mismo  cargo acusaciones abiertamente excluyentes, sustrayendo la censura de  la  claridad  y  precisión  que  son  exigibles  para  la  admisibilidad  de la  demanda.   

         2.   El  desacierto  comentado  no  es  además el único que  fluye protuberante en el libelo examinado.     

         En  efecto,  la Sala tiene establecido  que  cuando se aduce la violación indirecta de la ley sustancial por errores de  hecho  o  de derecho en la apreciación de la prueba, el actor tiene la carga de  concretar  y fundamentar la configuración de alguno de los yerros posibles así  como  de  precisar su incidencia, es decir, de señalar cómo el fallo impugnado  habría   sido   en   otro   sentido   sin   la   existencia  de  los  desatinos  denunciados.   

         Ahora  bien,  como  formas posibles del error de hecho, que fue el  alegado  en  la  presente  demanda, son conocidos el falso juicio de existencia,  que  se  configura  por  desconocer  la prueba legal y oportunamente allegada al  proceso  o  cuando se supone la misma; el falso juicio de identidad, referido al  aspecto  material  de  la  prueba,  que  es apreciada pero con tergiversación o  cercenamiento  de su contenido objetivo haciéndole producir efectos diversos de  los  que  en realidad concita; y el falso raciocinio, cuando en el análisis del  medio probatorio se violan las reglas de la sana crítica.   

         En  el  presente  caso  el  demandante  no  orientó  la demanda a  plantear  y  demostrar algún desacierto de los juzgadores en la apreciación de  la  prueba dentro de sus manifestaciones posibles tratándose del error de hecho  invocado,  sino que parte de las supuestas afirmaciones contenidas en los fallos  de   las  instancias  y  respecto  de  las  cuales  guarda  disentimiento,  para  confrontarlas  luego  con las tesis que en su opinión son las que deben recibir  prevalencia  de acuerdo con su particular análisis de los medios de convicción  incorporados  al  expediente, esto es, desenvuelve las censuras a través de una  alegación  en la que sin ningún apego a los requisitos ineludibles del recurso  extraordinario  pretende  simple  y  llanamente,  la  continuidad de los debates  probatorios  esbozados  en  el curso del proceso, incluso, sin relación con los  cargos que fueron debatidos en la sentencia impugnada.   

         2.1   Así,  el  primer  reproche  lo orienta a desvirtuar la  intervención     del     implicado     ECHEVERRY  GALLEGO  en  el  hurto  del  cual  fue  víctima  la  denunciante  Sardi  Zain,  sin tener en cuenta que la imputación por tal delito  fue  objeto  de  nulidad  al  resolverse  la  apelación  interpuesta  contra la  resolución  de  acusación  y,  por ende, que a ella no se extendió la condena  proferida en detrimento del mentado.   

         2.2   En  el segundo cargo, siguiendo el desatinado derrotero  atrás   destacado,   el   demandante  simplemente  señala  que  se  supuso  la  participación  de  su asistido en el préstamo de la máquina de escribir en la  que  se elaboró la nota extorsiva entregada en la residencia de la víctima y a  renglón  seguido reseña los elementos de persuasión que, a su juicio, impiden  forjar la certeza sobre tal suceso.   

         Pero   en   este  discurrir  argumentativo  no  imputó  al  fallo  recurrido  error  alguno en la apreciación de la prueba, más aún, ni siquiera  relacionó  la que fue atendida por los falladores para arribar a la conclusión  de  la  cual  discrepa  y que controvierte en este ataque, para reducir el yerro  denunciado,  incluso,  a  un  mero  “error  de los  funcionarios    judiciales,    al    momento    de   pasar   a   limpio   dichas  sentencias”.   

         2.3   Por  similares  razones  también  fluye  deficiente el  tercer  cargo  formulado en la demanda. Efectivamente, el impugnante afirmó que  su  defendido  no  fue  capturado en compañía de los demás implicados  y  que  a  una conclusión equivocada y en sentido contrario se arribó en el fallo  recurrido   como   consecuencia   del   omitido  análisis  del  testimonio  del  propietario   del  establecimiento  donde  se  efectuó  la  retención  de  los  sindicados,  insinuando  de  este  modo  un  error  de hecho por falso juicio de  existencia.   

         Sin  embargo, el recurrente centró la  sustentación  posterior  del ataque en una alegación propia de las instancias,  en  la  que  sin  nexo  alguno con el análisis probatorio del fallo atacado tan  sólo  reseñó  los medios de convicción que le brindan respaldo a su tesis de  no   haber   estado  acompañado  ECHEVERRY  GALLEGO  de  los  demás  aprehendidos;  y  en todo caso, sin  intentar  abordar  siquiera la demostración de la incidencia que habría tenido  esta circunstancia de hallarse cabalmente demostrada en el proceso.   

        3.   Así  las  cosas,  la  Sala reitera que surge nítida la  inobservancia  de  los  requisitos contemplados en el artículo 225 del estatuto  procesal  penal,  en  consecuencia, impera  inadmitir la demanda y declarar  desierto el recurso.   

         En  mérito  de  lo expuesto, la Corte  Suprema de Justicia, Sala de Casación Penal,   

        RESUELVE   

         INADMITIR la  demanda   de   casación   presentada   a   nombre  del  procesado  WILLIAM  ECHEVERRY GALLEGO, al tenor de  lo  dispuesto en el artículo 226 del Código de Procedimiento Penal, modificado  por  el 9º de la Ley 553 de 2000.  En consecuencia, se declara desierto el  recurso de casación interpuesto.   

Contra  esta  decisión no procede ningún  recurso   (art.   197   del  C.  de  P.P.).   Devuélvase  al  Tribunal  de  origen.   

        Comuníquese y cúmplase,   

CARLOS EDUARDO MEJÍA ESCOBAR  

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL               JORGE E. CORDOBA POVEDA   

HERMAN   GALAN   CASTELLANOS               CARLOS A. GALVEZ ARGOTE   

JORGE   A.   GÓMEZ  GALLEGO                               EDGAR      LOMBANA  TRUJILLO           

                                                                                  No hay firma   

ÁLVARO  O.  PÉREZ  PINZÓN                            NILSON    E.    PINILLA  PINILLA           

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

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