14166(23-08-01)

2001

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso N° 14166  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACION  PENAL   

MAGISTRADO PONENTE:  

Dr. HERMAN GALAN CASTELLANOS  

APROBADO ACTA No. 124  

Bogotá,  D.C., veintitrés (23) de agosto de  dos mil uno (2001)   

  VISTOS  

Decide  la  Corte  la  casación interpuesta  contra  la sentencia dictada el 4 de septiembre de 1997  por  el  Tribunal  Superior de Ibagué, que revocó la  sentencia   absolutoria   de  primera  instancia  proferida  por  el  Juzgado Primero Penal del Circuito de esa ciudad, mediante la cual  condenó  a  LUIS  OSCAR  HERNANDEZ  ARIAS  a 13 años y 6 meses de prisión, al  declararlo  responsable  del  delito  de  homicidio  en  grado  de tentativa, en  concurso  con  el  porte  ilegal  de  armas  de defensa personal, así como a la  interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas  por 10 años. Le impuso la  obligación  de  pagar el equivalente a moneda nacional de 93 gramos oro a favor  del ofendido, por perjuicios morales y materiales.   

                               

HECHOS  

SALOMON EDUARDO HERNANDEZ, PABLO CESAR CHARRY,  FEDERICO  CHAVARRO  MACIAS  y el padre de éste, en la madrugada del 20 de marzo  de    1996,    ingerían    licor    en    el    establecimiento    ‘La   fonda   del   Camino’,   ubicado  en  la  calle  40  entre  carreras  5 y 6 de Ibagué. Allí se encontraban, igualmente departiendo en otra  mesa,  OSCAR  HERNANDEZ  ARIAS, CESAR AUGUSTO PRADA, SANDRA CASALLAS y MARIA DEL  ROSARIO  LOZANO  MARTINEZ.  Cuando  éstos  se  disponían a abandonar el lugar,  CHAVARRO  MACIAS  se dirigió a la última de las mujeres en mención (fumaba un  cigarrillo       en       ese      momento)      expresándole      ‘un          piropo’,  motivo  por el cual OSCAR HERNANDEZ  ARIAS reaccionó abofeteándolo.   

El último de los incidentes mencionados en el  acápite  anterior  hizo  que  SALOMON HERNANDEZ ROBAYO reclamara por la acción  violenta  de  OSCAR  HERNANDEZ,  quien de inmediato disparó en dos ocasiones el  revólver  que portaba, logrando herir con uno de los proyectiles en el cuello a  HERNANDEZ ROBAYO.   

ACTUACION PROCESAL  

                                            

La Fiscalía 49 Seccional de Ibagué adelantó  la  investigación  contra  LUIS  OSCAR  HERNANDEZ  ARIAS.  Oído en indagatoria  (fls.24  y  ss.),  al  resolverse la situación jurídica se le impuso medida de  aseguramiento  consistente  en  detención  preventiva  sin excarcelación, como  autor  de  los  delitos  de homicidio tentado y porte ilegal de arma de fuego de  defensa personal.   

Cerrada  la  investigación, la Fiscalía con  providencia  de  3 de julio de 1996 calificó el sumario profiriendo resolución  de  acusación  en  contra de OSCAR HERNANDEZ ARIAS por los delitos previstos en  los  artículos  29  de  la  ley 40 de 1993, 22 del C.P. y 1 del decreto 3664 de  1986,  adoptado  como  legislación permanente por el decreto 2266 de 1991. Esta  decisión  fue  confirmada por la Fiscalía Delegada ante el Tribunal de Ibagué  el  23  de  agosto  de  1996,  al  desatar  la  impugnación  interpuesta por el  Ministerio Público.   

La  causa contra HERNANDEZ ARIAS la adelantó  el  Juzgado  Primero Penal del Circuito de Ibagué. Agotada la etapa del juicio,  después  de celebrada la audiencia pública, dictó sentencia absolutoria (fls.  460  y  ss.),  la  que apelada por el Fiscal 49 Seccional de dicha localidad fue  revocada  por  el  Tribunal Superior con sede en dicha capital, en los términos  antes referidos.   

Contra  la  sentencia  de  segunda  instancia  interpuso  recurso  de  casación  el  defensor  del procesado, impugnación que  ahora resuelve la Sala.   

LA  DEMANDA   

                                            

Cargo único.  

Se  acusa  al  Tribunal de haber incurrido en  error  de hecho, el que se vincula con la apreciación del mérito de la prueba,  por  desconocimiento  de  las  reglas de la sana crítica, yerro que impidió el  reconocimiento  de la atenuante punitiva prevista en el artículo 60 del C.P., y  que   conllevó   igualmente   a   la   vulneración   del   artículo   61  del  C.P.   

Según  el impugnante, el error del Tribunal,  radicó en los siguientes aspectos:   

a.  El  juzgador al referirse al ‘piropo’   dirigido   por   CHAVARRO   MACIAS  tergiversó  e  interpretó de manera acomodada, arbitraria, subjetiva, ilógica  y  contradictoria  la  situación,  pues  califica  al galante como ‘atrevido’   y  a  la  dama  como  ‘atropellada’.   

Al  calificar la expresión de aquél como un  simple  ‘piropo’  desconoce  el  sentido  racional  y  lógico   de   la   prueba,   pues   pedirle   a   una   mujer  la  ‘prueba’  puede  tener  muchas  connotaciones,  entre  ellas,  las  de  sesgo  sexual  e  impúdico,  más cuando proviene de un  desconocido,  con ademán de acercamiento y  en la situación histórica de  autos.   

b.  Para  el  demandante  resulta evidente la  distorsión  de la prueba, pues el estímulo recibido por HERNANDEZ ARIAS no fue  nimio,   intranscendente,   tuvo   la  entidad  suficiente  para  desquiciar  la  normalidad  comportamental  y  anímica  del procesado, reacción que de acuerdo  con  las  reglas de la experiencia  se hubiese producido del mismo modo aun  con el grado de ebriedad en que se encontraba el incriminado.   

c.  El  Tribunal  renunció  al  examen de la  acción   desde   el   punto  de  vista  causal,  prescindió  del  concepto  de  culpabilidad  individual,  afirmando  el  más  crudo  formalismo jurídico, hoy  insuficiente  e  insostenible.  Ello es así porque se desconocieron los motivos  determinantes  del  suceso, la capacidad etiológica y psicológica para generar  el  estado  de  ira,  dejándose  de  examinar  si  se  daban o no los supuestos  fundantes  de  dicha  atenuante,  cuya  aceptación  se imponía “sin esfuerzo  dialéctico alguno”.   

d.  En  este  caso las reglas de trato social  fueron  desconocidas  por  CHAVARRO  MACIAS.  No  siendo  los  destinatarios del  derecho  penal  sujetos  excepcionales,  carentes de sentimientos y pasiones, se  les  debe  reconocer trato de favor cuando la causa de la ira sea comprensible y  aceptable en las relaciones sociales.   

e.  Se  sostiene  que el Tribunal le dio a la  prueba  un  sentido  que  no tiene, hizo una exagerada valoración de los hechos  acreditados,  imaginó  reacciones y actitudes no demostradas. Ha debido optarse  por  acoger  la  versión  del  procesado,  con  sus  consecuencias  favorables,  asumiendo  el  suceso  como  lo  entendió  y  percibió  el  procesado, dada la  situación de incertidumbre que un momento de ese género crea.   

Se  solicita  a  la Sala casar la sentencia y  proceder  de  conformidad  a  lo establecido en el numeral primero del artículo  229 del C.P.P.   

                              CONCEPTO DEL MINISTERIO  PUBLICO   

                                        

La  Procuraduría  Segunda  Delegada  ante la  Corporación   sugiere   no   casar   el   fallo   recurrido,   aduciendo   como  razones:   

La  violación indirecta denunciada por falso  juicio  de  identidad y por desconocimiento de las reglas de la sana crítica en  el  cargo  único no está llamada a prosperar, habida cuenta de las ostensibles  fallas técnicas en las que incurrió el casacionista, a saber:   

a. Las argumentaciones y demostraciones fueron  expresadas  al  estilo  de  las instancias, anteponiendo su singular valoración  probatoria a las que hicieron los juzgadores.   

b.   No  se precisó la regla de la sana  crítica  violentada.  El cargo se dejó en el simple pregón, sin demostración  alguna.   

c. Conforme al conjunto probatorio, lo pedido  fue  “la  pava”, expresión de pedir una colilla de cigarrillo, frase que el  demandante  pretende  convertir  en  una  ofensa  o  agravio  y a partir de ella  sostener que no se reconoció la atenuante de la ira.   

d.  No  se  demostró  la  tergiversación  y  distorsión    de    la   prueba   endilgada   a   la   decisión   de   segunda  instancia.   

              

e.  No  se  abordó  la  demostración  de la  proposición jurídica completa.   

                                   

                                                      CONSIDERACIONES DE LA CORTE   

1.  En la demanda se denuncia la sentencia de  segunda  instancia  por  haber incurrido en error de hecho, con expresa mención  en  el  desarrollo  del  cargo, que la causa del yerro por parte del Tribunal de  Ibagué  se  dio  por el desconocimiento de las reglas de la sana crítica en la  apreciación  de  las  pruebas  y  por  falso  juicio de identidad (‘distorsión’         y         ‘tergiversación’).   

                                            

2.  La Corte sólo puede entrar a resolver de  fondo  el  cargo  si éste se ha formulado con sujeción a los principios y a la  técnica  que  exige  su  desarrollo  y  demostración,  conforme  a  la  causal  seleccionada.  Con base en esta premisa la Sala entra a precisar los motivos por  los que no se casa la providencia impugnada.     

3.  El reproche en este caso significaba para  el  demandante no sólo indicar el error atribuido a la sentencia, sino también  establecerlo,  individualizando  las pruebas en las que recayó y demostrando la  incidencia en la decisión.   

4. Como en el desarrollo del cargo se afirmó  que  el  ad  quem  incurrió  en  falso  juicio  de  identidad  e  igualmente en  desconocimiento  de  las  reglas de la sana crítica, se hace necesario precisar  sus  contenidos  para efectos de poner de presente el desacierto de técnica que  presenta la demanda.   

4.1. Cuando el juzgador modifica el contenido  literal  y objetivo de la prueba, de tal forma que su significación distinta se  genera   como   consecuencia  del  cercenamiento,  adición,  tergiversación  o  distorsión, se incurre en falso juicio de identidad.   

4.2.  La vulneración de la ley puede ocurrir  no  en  la contemplación objetiva de la prueba sino en su valoración crítica,  al  quebrantarse  las  reglas   del  método de la persuasión racional. En  este   caso   la   ilegalidad   de   la   decisión   se   produce   por   falso  raciocinio.   

4.3.  El falso juicio de identidad, entonces,  supone,  acreditar  la tergiversación o distorsión del contenido de la prueba.  El  desconocimiento  de  las  reglas  de  la  sana crítica implica demostrar el  respeto  por  el  contenido  fáctico  de  la evidencia y la vulneración de los  principios  de  la  lógica,   las  leyes  de la ciencia o las reglas de la  técnica o la experiencia.   

4.4.  Como  acaba de establecerse el error de  identidad  por  tergiversación o distorsión es sustancialmente distinto al que  proviene   del  desconocimiento  de  las  reglas  de  la  sana  crítica  en  la  valoración  de  su  mérito  persuasivo, lo cual significa que su alegación no  podía  ser  invocada  simultáneamente, como en este caso lo asumió el censor,  así  el reparo se hiciese bajo la concepción de que tal yerro correspondía al  falso  juicio de identidad (hoy falso raciocinio), por cuanto el desarrollo y la  demostración de aquellos son diversos.    

Resulta  contrario  a la técnica del recurso  acusar  la  sentencia  de  distorsionar  o  tergiversar  la  prueba  y pretender  demostrar  el cargo con yerros en la valoración de la misma, como efectivamente  lo  hizo  el  demandante  en  varios apartes de la demanda, entre ellos, en  los  numerales  5.3 y 5.7., en los que con la misma dialéctica argumentativa se  quiso  acreditar  el error de identidad y el desconocimiento de las reglas de la  sana   crítica   respecto  de  las  mismas  pruebas.  Por  lo  tanto,   la  fundamentación  y  el  desarrollo  no  es  acorde  con  la naturaleza y alcance  de  las situaciones planteadas.   

5.  Ahora bien, si el casacionista pretendió  orientar  la  censura  por la senda del desconocimiento de las reglas de la sana  crítica,  en ese caso tampoco superó las exigencias técnicas establecidas por  la  ley  y precisadas por la jurisprudencia para el estudio de fondo del asunto,  pues  no  bastaba  con  hacer  amplias  especulaciones  sobre  los criterios del  derecho  penal  moderno,  la  criminología,  o  la linguística, sino que se ha  debido  indicar  (singularizar)  cuáles fueron los postulados de la persuasión  racional  quebrantados  por  el sentenciador al estimar el mérito de la prueba,  de  qué  manera  lo  fueron  y  cuál su incidencia en la parte dispositiva del  fallo, aspectos no abordados por el recurrente.   

En la demanda sólo se leen expresiones tales  como  que  el  Tribunal  se  marginó  de  los criterios orientadores de la sana  crítica,  o  que  las  conclusiones  no  estuvieron  acompañadas del análisis  lógico,  racional,  prudente,  imparcial, humano, o que imperó en la decisión  el  subjetivismo.  En  esta  argumentación  se  echa  de  menos el esfuerzo del  demandante  por  establecer lo irracional, acientífico, dilógico o absurdo del  juicio  del  juzgador,  con lo cual se deja sin concretar el error imputado a la  sentencia.  Ante  esa  falta  de  precisión  del  reproche  que se le hace a la  sentencia  de  segunda instancia, la Sala no puede entrar a examinar de fondo el  asunto.   

             

El   razonamiento   del  actor  no  permite  identificar  un  error  en  la sentencia, en este caso ubicable en alguna de las  categorías  de  las reglas que informan la persuasión racional, por ser esa la  vía  elegida,  pues  no  se  cumple  ese deber poniéndose en tela de juicio el  criterio  del  fallador  con  las opiniones personales del censor, como acontece  cuando  el  recurrente  descalifica la valoración del Tribunal con el argumento  de   que  pedirle  a  una  mujer  la  ‘prueba’  puede    tener    muchas  connotaciones,  entre  ellas,  las  de  sesgo  sexual  e impúdico. En este caso  resalta  la  Sala  el  carácter  subjetivo  e  hipotético  del  planteamiento.   

6.  El  censor no enfrentó el convencimiento  del  sentenciador,  ni  el  contenido  de la evidencia que sirvió de sustentó a la decisión. Realizó una  invocación  incompleta e interesada de la prueba, al sostener que la expresión  de  CHAVARRO MACIAS no consistió en un simple “piropo”, como lo sostiene el  Tribunal,  sino en pedirle a una mujer “la prueba” o “La Pava”, haciendo  referencia  únicamente  a  las  exposiciones  de  OSCAR  HERNANDEZ  y MARIA DEL  ROSARIO  LOZANO  MARTINEZ,  sin  comprobar  que  el  fallo  de segunda instancia  adicionó,  cercenó,  tergiverso,  distorsionó  los  hechos señalados por los  medios  probatorios  recaudados  y  que  sirvieron de fundamento a la decisión.   

Con  base  en  la expresión referida, la que  puede   tener   ‘muchas  connotaciones’, según lo  advierte  el  impugnante, éste procedió a suponer que bien podía corresponder  a  una  insinuación  de  sesgo  impúdico.  Así  llega a la conclusión que la  situación  examinada  tuvo  entidad suficiente para constituirse en causa de la  ira  alegada,  reconocimiento  que  debió  hacerse  “sin esfuerzo dialéctico  alguno”.   

El  raciocinio  del  libelista  ignora que la  apreciación   judicial   del  mérito  de  las  pruebas  no  constituye  motivo  reclamable  en  casación.  La  valoración  pretendida  por  el sujeto procesal  termina  en  una  mera  disparidad  de criterios, pues el fundamento expuesto no  comprueba   una   grotesca   contradicción  con  las  reglas  que  informan  la  valoración racional de la prueba.   

7.  La  pretensión del casacionista no es de  recibo,  en  tanto  que  no  suministró  elementos de juicio para desvirtuar la  presunción  de  acierto  y legalidad del fallo de segundo grado, propósito que  no  podía  lograrse  dado que no se hizo nada por demostrar la violación de la  ley  sustancial  a través de la proposición jurídica completa.  Así por  ejemplo,  cuáles  fueron  los motivos determinantes del hecho y que le permiten  al  demandante  sugerir  que  el  Tribunal desconoció la ley al no reconocer la  diminuente  del artículo 60 del Código Penal, qué pruebas acreditan en el sub  judice  los  supuestos  de  la atenuante, si éstas fueron o no apreciadas, y en  caso  de haberse valorado, en qué consistió el yerro y cuál su trascendencia.   

Siendo  la  naturaleza del recurso rogado, le  correspondía  al  demandante demostrarle a la Sala las situaciones que se echan  de  menos  en  el párrafo anterior, necesarias en el ámbito de la proposición  jurídica  completa,  más  no se cumplía el deber con enunciar simplemente que  el juzgador dejó de examinar los supuestos de la atenuante.   

De  otra parte, la vulneración del artículo  61  del  Código Penal se proclamó sin argumento distinto a su mera cita, no se  dijo  por  qué  se  transgredió  ni  cuál  su  relación  con  la  situación  examinada,  labor  que  no satisface a cabalidad la comprobación que demanda la  proposición jurídica.    

8.  Se  insistió  en  que el Tribunal debió  acoger  la  versión  del  procesado,  pero  no  se  dieron  razones  atendibles  jurídicamente  para  establecer  por  qué  debió  en ese caso desestimarse la  prueba  con  base  en  la cual el ad quem concluyó de manera distinta a como lo  sugiere el incriminado en la indagatoria.   

El argumento del censor desconoce el ejercicio  del  poder  discrecional  conferido  al  juzgador  por  la ley. Por lo tanto, el  criterio  valorativo  distinto  que muestra el impugnante carece de entidad para  estructurar   un   error   sobre   el   cual  se  pueda  edificar  el  cargo  en  casación.    

9.  En  este estado del proceso no se hace un  nuevo  debate  sobre la valoración probatoria realizada en las instancias, como  equivocadamente  lo  entiende  el impugnante al señalar que la sentencia le dio  “una  exagerada  valoración  de los hechos acreditados”, esbozando con ello  apenas   una   situación,   sin  ahondar  en  el  desarrollo,  demostración  y  trascendencia.  Tal expresión bien puede corresponder al desarrollo de un falso  juicio  de convicción, si se trata de prueba tarifada, o a un falso raciocinio,  caso  en  el cual se ha debido concretar el desarrollo mediante la precisión de  la  regla  de  la  sana  crítica  desconocida.                                          

  10. La Sala comparte las  apreciaciones  del  Ministerio Público alusivas al incumplimiento por parte del  actor  de  sustanciales requisitos para que la impugnación en sede de casación  prospere,  pues  no  se  remite  a  duda las fallas de técnica, de lógica y la  falta  de  demostración del error denunciado, lo cual impide a la Sala resolver  sobre  los aspectos tratados en la casación intentada por el apoderado de OSCAR  HERNANDEZ ARIAS.   

En mérito de lo expuesto, la Sala Penal de la  Corte  Suprema  de Justicia, administrando justicia en nombre de la República y  por   autoridad   de   la   ley,                         

RESUELVE  

No casar la sentencia impugnada.  

Cópiese, cúmplase y devuélvase al Tribunal  de origen.   

                                            

CARLOS EDUARDO MEJIA ESCOBAR  

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL                              JORGE    E.    CORDOBA  POVEDA   

         

HERMAN   GALAN  CASTELLANOS                                            CARLOS    A.    GALVEZ    ARGOTE                                                                 

JORGE  ANIBAL  GOMEZ  GALLEGO                                                  EDGAR  LOMBANA     TRUJILLO                             

ALVARO   O.   PEREZ  PINZON                                            NILSON      PINILLA     PINILLA                         

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

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