17039(15-05-03)

2003

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 17039  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

Aprobado: Acta No. 55  

          Bogotá,  D.  C.,   quince  (15)  de  mayo  del  dos  mil  tres  (2003).   

VISTOS  

          Mediante  sentencia  del 26 de agosto de  1999,  el  Juzgado  Segundo  Penal  del  Circuito de Garzón (Huila) declaró al  señor   Ómar  Rojas  Conde  penalmente  responsable  del  concurso  de delitos de homicidio agravado y porte  ilegal  de  armas  de  defensa  personal.  Le impuso la sanción principal de 41  años  de  prisión,  la  accesoria  de  interdicción  de  derechos y funciones  públicas   por   10,   y   la   obligación   de   indemnizar   los  perjuicios  causados.   

          El  fallo  fue recurrido por el sindicado y su defensor y confirmado  por   el  Tribunal  Superior  de  Neiva,  el  20  de  octubre  del  mismo  año.   

          Los  mismos  sujetos  procesales  acudieron  a la casación, que fue  concedida.  La  Sala  se  pronuncia,  una  vez  recibido el concepto de la   Señora Procuradora Primera Delegada en lo Penal.   

HECHOS  

          En  la  madrugada  del  29  de  septiembre  de 1997, varias personas  departían  en  la heladería situada cerca de la galería (plaza de mercado) de  la  inspección  de  Zuluaga,  municipio de Garzón (Huila). Cuando Julio César  Gallardo    abandonaba    el   sitio,   Ómar   Rojas  Conde le disparó en tres oportunidades y le causó la  muerte.   

ACTUACIÓN PROCESAL  

          En  el  curso  de  la  investigación,  el  apoderado  del  indagado  solicitó  la  práctica  de la audiencia especial prevista en el artículo 37 A  del  Código  de Procedimiento Penal de 1991, que se llevó a cabo el 4 de marzo  de  1998. Luego de que la Fiscalía adecuara el comportamiento en los delitos de  homicidio  agravado  del  artículo  324-7  del Código Penal de 1980 y porte de  armas  de uso personal, admitió los argumentos defensivos y, así, tipificó el  atentado  contra  la  vida como simple y dedujo la atenuante de la ira e intenso  dolor.   

          En  auto  del  24  de  marzo  de  1998, el Juzgado Primero Penal del  Circuito  improbó  el  anterior  acuerdo, providencia que, apelada, fue avalada  por  el  Tribunal  Superior,  el  20 de mayo siguiente.            

          El  7  de  julio  de  1998,  el sindicado fue acusado como autor del  concurso  de  delitos  de  homicidio  agravado  y  porte  ilegal de armas de uso  personal.  La  resolución  fue  confirmada  por  la  Fiscalía Delegada ante el  Tribunal, el 2 de septiembre del mismo año.   

          Proferidas  las  sentencias  de  primera  y  segunda  instancias, se  acudió a la casación.   

LA DEMANDA  

          La  nueva apoderada del sindicado presentó un cargo con apoyo en la  causal  tercera  de  nulidad,  por  faltas  al  debido proceso y al derecho a la  defensa.  Como  no  se  aprobó  el  acuerdo  a  que  se  llegó en la audiencia  especial,  se  ignoró  el sentido de los artículos 3 y 4 de la Ley 81 de 1993.  El  convenio logrado imponía el trámite de la sentencia anticipada, sin que el  juzgador  pudiera  desaprobarlo,  pues  sólo era viable hacerlo si no estuviera  ajustado  a  la  ley  o  infringiera  derechos  fundamentales. Al juez le estaba  vedado   modificar   la   acusación  –el  convenio equivalía a ésta-, que era intangible, según lo dijo  esta Sala en providencia del 10 de junio de 1998.   

          Solicita  se  invalide  lo  actuado desde el auto del 24 de marzo de  1998 para que se dicte fallo acogiendo los cargos formulados.   

EL MINISTERIO PÚBLICO  

          La  señora  Procuradora  Delegada  recomienda a la Sala no casar la  decisión,  por cuanto la defensa refundió dos figuras disímiles: la sentencia  anticipada  y  la audiencia especial, como si se tratara de un solo mecanismo de  terminación adelantada.   

          El  acuerdo  celebrado entre fiscalía y sindicado fue desautorizado  en  forma  legal,  pues así lo permitía el artículo 4° de la Ley 81 de 1993,  toda  vez  que  no  existía  duda  probatoria  respecto  de  lo  convenido.  La  obligación  de  proferir sentencia o declarar la nulidad estaba reglada para el  fallo  previo  y  no  para la audiencia especial, en la que era legítimo que el  juzgador  formulara  objeciones  o  desaprobara  el pacto. Lo último fue lo que  hicieron  el  juez  y  el  Tribunal,  a  partir  de  juiciosas  valoraciones que  concluyeron en la ausencia de incertidumbre probatoria.   

CONSIDERACIONES  

          La  Sala  no  casará  la  sentencia,  por  cuanto, como con acierto  analiza  el Ministerio Público, el cargo se sustenta en la confusión que tiene  la  defensora  respecto  de  los  institutos  de  la  sentencia  anticipada y la  audiencia  especial,  reglados en el Código de Procedimiento Penal de 1991, con  las modificaciones de la Ley 81 de 1993.   

          El  artículo  3°  de  la  Ley  81  de 1993, al modificar el 37 del  Código   de   Procedimiento   Penal   de   1991,   creó   la   “Sentencia  anticipada” en los siguientes  términos:   

          “Ejecutoriada  la resolución que defina la situación jurídica y  hasta  antes  de  que se cierre la investigación, el procesado podrá solicitar  que se dicte sentencia anticipada”.   

          “Hecha  la solicitud, el fiscal, si lo considera necesario, podrá  ampliar  la  indagatoria  y practicar pruebas dentro de un plazo máximo de ocho  (8) días”.   

          “Los  cargos  formulados  por el fiscal y su aceptación por parte  del   procesado   se   consignarán  en  un  acta  suscrita  por  quienes  hayan  intervenido”.   

          “Las  diligencias  se  remitirán  al juez competente quien, en un  término  de  diez (10) días hábiles, dictará sentencia conforme a los hechos  y  circunstancias aceptados, siempre que no haya habido violación de garantías  fundamentales”.   

          “El  juez dosificará la pena que corresponda y sobre el monto que  determine  hará  una  disminución  de  1/3  parte  de ella por razón de haber  aceptado el procesado su responsabilidad”.   

          “También  se podrá dictar sentencia anticipada, cuando proferida  la  resolución  de  acusación  y  hasta  antes  de  que  se fije fecha para la  celebración  de  la audiencia pública el procesado aceptare la responsabilidad  penal  respecto  de  todos  los  cargos allí formulados. En este caso la rebaja  será de una sexta (1/6) parte de la pena”.   

          El  artículo  4° de la Ley 81, al adicionar el 37 A del Código de  Procedimiento   Penal   de   1991,   introdujo   la  denominada  “Audiencia especial”, así:   

          “A  partir  de  la  ejecutoria  de  la  resolución  que defina la  situación   jurídica  del  procesado  y  hasta  antes  de  que  se  cierre  la  investigación,  el fiscal, de oficio o a iniciativa del procesado, directamente  o   por  conducto  de  su  apoderado,  podrá  disponer  por  una  sola  vez  la  celebración  de  una  audiencia  especial  en  la que el fiscal presentará los  cargos  contra el procesado. La audiencia versará sobre la adecuación típica,  el  grado  de  participación,  la forma de culpabilidad, las circunstancias del  delito,  la  pena  y  la  condena  de ejecución condicional, la preclusión por  otros  comportamientos  sancionados con pena menor, siempre y cuando exista duda  probatoria sobre su existencia”.   

          “Terminada  la  audiencia  se  suscribirá un acta que contenga el  acuerdo  a  que  se  haya  llegado  sobre  los aspectos a que hace referencia el  inciso  anterior. El proceso se remitirá al juez del conocimiento dentro de los  cinco    (5)    días    hábiles   siguientes   a   la   celebración   de   la  audiencia”.   

          “Recibido  el expediente por el juez, dictará sentencia dentro de  los  diez  (10)  días siguientes de conformidad con lo acordado si encuentra el  acuerdo  ajustado  a  la  ley  y  siempre  que  no  se  hayan  violado  derechos  fundamentales del procesado”.   

          “El  juez podrá formular observaciones acerca de la legalidad del  acuerdo,  si lo considera necesario, mediante auto que no admite ningún recurso  en  el  que ordenará devolver el expediente al fiscal y citará a una audiencia  que  se  realizará  dentro de los cinco (5) días siguientes a la recepción de  las  observaciones.  En  la  audiencia  el fiscal y el sindicado discutirán las  observaciones  con  el  juez y manifestarán si las aceptan, lo que consignarán  en  un  acta. En caso de aceptar las observaciones el juez dictará sentencia en  el término de cinco (5) días”.   

          “Vencido  el  término  establecido  en  el inciso tercero de este  artículo  o finalizada la audiencia a que hace referencia el párrafo anterior,  el  juez,  en  caso  de  no  aceptar  el  acuerdo  lo  improbará  mediante auto  susceptible del recurso de apelación”.   

          “Al  sindicado  que  se  acoja  a  la  audiencia  especial  se  le  reconocerá un beneficio de rebaja de pena de una tercera parte”.   

          “Parágrafo 1°-…”.   

          “Parágrafo  2°.- El trámite previsto en este artículo se hará  en  cuaderno  separado,  que  solo  hará parte del expediente si se concreta el  acuerdo. En caso contrario se archivará”.   

          “El  fiscal  no estará obligado a concurrir a la audiencia cuando  advierta  que  existe  prueba suficiente en relación con los aspectos sobre los  cuales puede versar el acuerdo”.   

          No  admite  discusión,  entonces,  que  se  trata de dos institutos  diferentes,   con   un   procedimiento  específico  para  cada  uno  de  ellos.   

          Así,    el    fallo    previo,    no    se    podía   –ni  puede-  producir  de oficio, sólo  por  solicitud  expresa. En él no había lugar a convenio alguno; el procesado,  para  hacerse  al  premio  punitivo,  debía  acoger, sin condición alguna, los  cargos  probados  en el expediente y puestos de presente por el fiscal. Suscrita  el  acta  de  aceptación,  la  actuación  del  juez  se  limitaba a una de dos  opciones:   dictar   el  fallo  correspondiente,  conforme  con  lo  admitido  y  consignado   en   el  documento  que,  así,  equivalía  a  la  resolución  de  acusación.   O   declarar  la  nulidad  de  la  diligencia,  si  verificaba  la  “violación de garantías fundamentales”.   

         

          En  oposición a lo que afirma la casacionista, quien insiste en que  esas  exigencias  también  eran  aplicables  cuando  de  la  vista  especial se  trataba,  la  lectura de la norma pone de presente lo contrario. Ésta se podía  llevar  a  cabo  a  iniciativa  del  fiscal o del sindicado y su defensor. No es  cierto,  como  se reclama, que la función del juzgador sólo se podía enmarcar  dentro  de las dos alternativas citadas arriba, pues ellas estaban dadas para la  sentencia  adelantada.  En  la  audiencia,  según  ordenó  el  legislador,  el  fallador  podía  formular  observaciones,  realizar  otra  para  debatirlas,  e  improbar el acuerdo.   

          Ese  trámite  tenía  su  fundamento  en la circunstancia de que se  podía   “negociar”   sobre   los  aspectos  regulados,  para  llegar  a  un  “acuerdo”,  siempre  y  cuando,  como requisito de necesidad, existiera duda  probatoria  sobre ellos, según estableció el inciso primero del artículo 37 A  procesal  y  reiteró  su  parágrafo  segundo  al  facultar  al  fiscal para no  celebrar  la  diligencia,  esto  es,  para  no  acceder a la petición que se le  hiciera  en  ese  sentido,  precisamente  cuando  el  estudio  del expediente le  demostrara  que  “existe prueba suficiente en relación con los aspectos sobre  los  cuales  puede  versar el acuerdo”. En tanto que la petición de sentencia  anticipada  debía  ser  respondida  favorablemente,  la  audiencia especial era  facultativa   del   fiscal,   quien   podía   celebrarla   o   no  –dependiendo   de   la  existencia  de  incertidumbre-.   

          Por  mandato  legal,  entonces, sólo se  podía   “negociar”  sobre aspectos dudosos. En sentido contrario, ante  la  existencia de certeza probatoria, el fiscal estaba impedido para tramitar la  audiencia  especial.  Por  idéntica  razón, si el juez, al recibir el acta del  acuerdo,  concluía  que,  ante  la  ausencia  de  duda, aquella no se ha debido  llevar  a cabo, podía denegar el convenio, pues así lo autorizaba el artículo  4°  de  la  Ley  81  de 1993. A lo último acudió el juez mediante providencia  interlocutoria    que,    apelada,    fue    confirmada    por    el    Tribunal  Superior.   

          En  estas condiciones, con estricto apego a los designios de la ley,  esto  es,  respetando  el  proceso  como es debido, se desaprobó el acuerdo, al  concluir  los  jueces  de  primera  y  segunda  instancias, que no existía duda  probatoria  sobre  lo  pactado. En firme esta decisión, se imponía el trámite  común,  con  la  salvedad  de  que  los  funcionarios  judiciales  que  habían  participado     en     el     incidente     debían    separarse    –como   en   efecto   sucedió-   del  conocimiento  de  la  investigación, en atención a que el artículo 103-12 del  Código  de  Procedimiento  Penal  de 1991, modificado por el 15 de la Ley 81 de  1993,  preveía  como causal de impedimento “Que el fiscal haya participado en  la  audiencia  especial  siempre  que no haya habido acuerdo o que éste hubiere  sido  improbado”,  evento  último en el cual “también quedará impedido el  juez   de   primera   y   segunda   instancia   que   haya   intervenido  en  la  decisión”.   

          Si  no había lugar a la audiencia especial, la única opción a que  podían  acudir  el  sindicado  y su defensor, si aspiraban a obtener beneficios  para  lograr  la  terminación  abreviada, era solicitar la sentencia anticipada  regulada  en  el  artículo  37 procesal (3° de la Ley 81 de 1993), vía por la  que no optaron.   

          La  censora  yerra  cuando  afirmar  que al trámite de la audiencia  especial  se  debieron  aplicar  los lineamientos de la sentencia anticipada. En  particular,   lo   relativo  a  la  obligación  del  juzgador  de  respetar  la  acusación.  Refuerza  su  equivocación citando una sentencia de la Sala, cuyos  alcances,  si  bien  hoy  se  reiteran,  es  claro  que  tienen relación con la  sentencia  anticipada  y  no  con  la  audiencia  especial.  Basta  leerla  para  confirmar  este  aserto  (10  de  junio de 1998, M. P. Jorge E. Córdoba Poveda,  radicación No 9830) .   

          Con  la  salvedad de que en la legislación actual (Ley 600 de 2000)  es  permitido variar la calificación jurídica de la resolución acusatoria, la  Corte  ha  insistido  en los anteriores criterios, como por ejemplo en sentencia  del  13  de  febrero del 2003 (radicado 13.733, M. P. Fernando Arboleda Ripoll),  de  donde  surge  que  la  intangibilidad  de  la  acusación, en las especiales  circunstancias   allí  precisadas,  también  se  debe  predicar  del  acta  de  formulación  y aceptación de cargos para sentencia anticipada. No así para la  audiencia  especial  que  regulaba  el  anterior  estatuto procesal –no  recogida  en  el  actual-  que  se  regía por el rito específico del artículo 37 A.   

         

         Para  la  Sala, en consecuencia, no prosperan las pretensiones de la  demanda,  en  atención  a  lo  cual  no  casará  el fallo del Tribunal, porque  ninguna  irregularidad  se  cometió  con  la  improbación  del  acuerdo  a que  llegaron fiscalía y sindicado.   

         

         En  mérito  de  lo expuesto, la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema  de  Justicia,  administrando  justicia en nombre de la República y por  autoridad de la ley,   

RESUELVE  

         

         No  casar  la  sentencia  impugnada por la defensora de Ómar Rojas Conde.   

         Cúmplase y devuélvase al Tribunal de origen.   

YESID    RAMÍREZ  BASTIDAS   

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL  HERMAN  GALÁN CASTELLANOS   

         No hay firma   

CARLOS   A.   GÁLVEZ  ARGOTE                                                JORGE    ANÍBAL  GÓMEZ GALLEGO   

ÉDGAR    LOMBANA  TRUJILLO           ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

Comisión    de  servicio   

MARINA   PULIDO   DE  BARÓN                    JORGE  LUIS  QUINTERO  MILANÉS   

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria    

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