17031(19-12-01)

2001

Asistente Jurídico Inteligente

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    República    de  Colombia   

         

Corte Suprema de Justicia  

Proceso No 17031  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

Aprobado: Acta No. 201  

         Bogotá,  D.  C.,  diecinueve  (19)  de  diciembre  de  dos mil uno  (2001).   

VISTOS  

         Mediante  sentencia  del  23 de julio de 1999, el Juzgado Penal del  Circuito  de  Chocontá (Cundinamarca) declaró a Juan  de  Jesús Gómez Herrera penalmente responsable, como  autor,   del   delito  de  homicidio  culposo  agravado,  le  impuso  las  penas  principales  de  28  meses  de  prisión  y  suspensión  en  el ejercicio de la  profesión  de  conductor  por 14, y la accesoria de interdicción de derechos y  funciones  públicas por 28 meses, lo condenó a pagar los perjuicios causados y  le concedió la condena condicional.   

         El  fallo  fue  recurrido por el defensor y, en decisión del 23 de  septiembre  de 1999, el Tribunal Superior de Cundinamarca lo confirmó. El mismo  apoderado  interpuso  recurso  de  casación  y  la  Sala  se pronuncia sobre la  demanda presentada en su sustento.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

         Aproximadamente  a  las  10  de  la  mañana del 13 de diciembre de  1997,   Juan  de  Jesús  Gómez  Herrera   conducía   la   camioneta  tipo  estacas,  de  placas  NCR-508,  transportando  siete jóvenes en la parte exterior trasera, quienes se agarraban  de  las  compuertas  y  eran  soportados  por  el herraje metálico de la carpa,  cuando  a  la  altura  del  kilómetro  18  de  la  carretera  que  de  Machetá  (Cundinamarca)  conduce  a  Guateque  (Boyacá)  el herraje cedió al peso y las  personas  cayeron  al  piso,  resultando lesionados JOSÉ URIEL PINEDA RAMÍREZ,  HENRY  SANDOVAL  MUÑOZ, FERNANDO SEGURA GAITÁN, GUILLERMO PINZÓN ROBLES, LUIS  ALBERTO  RAMÍREZ  CÁRDENAS  y  JUAN  GABRIEL SALCEDO ROBLES, el último de los  cuales falleció en el hospital al que fue conducido.   

         La  Fiscalía  Seccional  de Chocontá abrió instrucción el 16 de  diciembre  de  1997  y,  luego  de  indagar  a Juan de  Jesús  Gómez  Herrera,  el  seis  de  marzo de 1998  decretó  su  detención  por  los  delitos  de  homicidio y lesiones personales  culposos.   

         El  16  de  julio  de  1998 se clausuró la instrucción y el 10 de  septiembre  siguiente  se  acusó  al  señor  Gómez  Herrera  por aquellos delitos, a los que se dedujeron  las  causales  de agravación de los artículos 330-2 y 341 del Código Penal de  1980.   

         Luego  de  agotar la fase del juicio, el Juzgado Penal del Circuito  de  Chocontá  profirió,  el  23  de  julio de 1999, la sentencia de condena ya  reseñada,  la  que  además,  respecto  de  las  lesiones personales, compulsó  copias  para  que  se investigaran por separado por tratarse de contravenciones.  El  fallo  fue apelado por la defensa y confirmado el 23 de septiembre del mismo  año  por una Sala del Tribunal Superior de Cundinamarca.  El 13 de octubre  siguiente,  el  defensor  interpuso recurso de casación, que se concedió el 16  de  noviembre  y  el  11  de  febrero  de 2000 el apoderado presentó la demanda  respectiva.   

CONSIDERACIONES  

De  conformidad  con  el  artículo 226 del  Código  de  Procedimiento  Penal de 1991 -Decreto 2.700-, bajo cuya vigencia se  profirió  la  sentencia  de  segunda  instancia  y  se  tramitó  el recurso de  casación,  “Si la demanda no reúne los requisitos, se declarará desierto el  recurso  y  se  devolverá  el  proceso  al tribunal de origen”. Similar es el  contenido  del artículo 9° de la ley 553 de 2000, que modificó el anterior, y  del  213  del  actual  estatuto  procesal.  Como  en efecto, según se detalla a  continuación,  el escrito no satisface las exigencias formales que establece el  legislador, la Sala procederá a inadmitirlo.   

1.  Según  ordena  el  numeral tercero del  artículo  225  de  ese estatuto procesal, la demanda debe contener “La causal  que  se  aduzca  para pedir la revocación del fallo, indicando en forma clara y  precisa  los  fundamentos  de  ella  y  las  normas  que  el  recurrente  estime  infringidas”.  Como  la censura propuesta carece de la inteligibilidad, fácil  comprensión,  concisión  y  exactitud  rigurosa  que demanda el legislador, el  rechazo deviene obligatorio.   

2.  El  actor  plantea  un  único cargo al  amparo  de  la causal primera, cuerpo segundo, porque la sentencia, al apartarse  de  los  deberes  que  imponen  los  artículos  246,  249, 254, 294 y 304-2 del  Código  de Procedimiento Penal, aplicó de manera indebida los artículos 329 y  330-2  del  Penal,  cuando  lo  procedente era reconocer que el sindicado actuó  amparado  en la eximente de culpabilidad del caso fortuito, omisión que condujo  a  “herrores  de  hecho”  y  a  apreciar de manera defectuosa gran parte del  material probatorio.   

Si  el censor opta por el segundo motivo de  la  causal  primera,  esto  es,  aduce  violación  indirecta  de  la  norma, le  corresponde  especificar  el  medio  de  prueba  estimado  de  manera  errada  y  determinar  si  el  yerro  de  hecho  al  que  alude  se  dio  a  través  de un  falso juicio de existencia,  ya  porque  existiendo  una  prueba dejó de valorarse, ora porque se supuso una  que  no  obra en las diligencias; o en un falso juicio  de  identidad en cuanto el funcionario, al apreciarla,  distorsiona  sus  alcances  y  le  suministra  un  contenido diferente al que en  realidad     contiene;     o     en     un    falso  raciocinio  porque se vulneraron los postulados de la  sana  crítica,  evento  en  el  cual  debe demostrar qué reglas de la lógica,  máximas    de    la    experiencia    y    aportes    de    la    ciencia    se  desconocieron.   

3.  El  actor  no  cumplió  con esa carga,  además  de  que  en  el  desarrollo  de  la censura se limitó a planteamientos  genéricos  según  los  cuales el juzgador dio por demostrado, sin estarlo, que  el  sindicado  fue  imprudente y, por ello, responsable del hecho, además de no  aceptar,  estando  probado,  que se trató de un caso fortuito porque su acudido  tomó  las  precauciones  al conducir. Aparte de tales enunciados, nada hizo por  demostrar  a  la  Sala  sus propuestas, como que no especificó con base en qué  medios  los  fallos  de  instancia  tuvieron  por  ciertos  los aspectos por él  censurados  y  en  qué  puntos  se  apreciaron  de  manera errada, como tampoco  cuáles   las   pruebas   que,   conforme   a  sus  propuestas,  demostraban  lo  contrario.   

4. Tras anunciar una “relación de pruebas  defectuosamente  apreciadas  por el tribunal de instancia”, se limitó a citar  doce  declaraciones  recaudadas,  pero  sin  crítica  alguna  y ni siquiera una  síntesis  de  lo  que  cada una aportó al expediente, para de manera genérica  argumentar  que “un yerro inicial” de la sentencia “se funda en falsear la  expresión  fáctica  del  dicho  de  los  testimoniantes”,  lo que parecería  aludir  a  un  falso  juicio  de identidad, pero sin demostrar, con apoyo en las  transcripciones  pertinentes,  qué  apartes de cada una de las versiones fueron  distorsionadas  en  la  decisión  censurada, yerro que además no ocurrió, por  cuanto  el  propio actor, luego del vago enunciado transcrito, agrega que de los  asertos  del  indagado  y  dos  declarantes,  el  Tribunal dedujo que iban en la  cabina  del  vehículo,  a  lo  cual  de  su  cosecha aporta que “Obvio que el  conductor  se  trasladaba en la cabina y los testigos … lo hacían en la parte  interna …”.   

El   cargo,  en  consecuencia,  no  tiene  coherencia  alguna,  porque,  de  una  parte,  se  anuncia  que se “falseó la  expresión  fáctica”  de  doce declaraciones, pero sólo se mencionan tres de  las  que no sólo se especifica que el Tribunal dedujo una situación, lo que es  diverso  de  la  distorsión  del  contenido  real  y  es  propio  del ejercicio  judicial; y de la otra, se acepta como “obvia” esa inferencia.   

5.  El  casacionista  elabora  una lista de  “pruebas  no  apreciadas  por  el  fallador de segunda instancia”, lo que ha  debido  plantearse  como  un  error  de  hecho por falso juicio de existencia, y  otras  “no practicadas”, cuya censura debió enfocarse por vía de la causal  tercera  con  la  carga  de  probar  que  con  ello se vulneró, por ejemplo, el  proceso  como  es  debido  o  el  derecho  de  defensa;  igualmente  dice que el  funcionario  desconoció  los  vínculos familiares existentes, lo que parece no  sucedió  porque  a  renglón seguido aclara que lo que hizo fue “mimetizar”  esas  circunstancias. Además de las faltas enunciadas, sobre estos reproches no  se  cumplió con la exigencia de acreditar su trascendencia, por cuanto no basta  con  señalar  la  ocurrencia  de  los  yerros,  sino  que  es  deber del censor  precisar,  con  el  análisis de todos los elementos de juicio que soportaron la  decisión,  que de no haber tenido ocurrencia, el sentido del fallo hubiera sido  diverso.   

6.  Dice el casacionista que la indagatoria  del  señor  Gómez Herrera  fue  distorsionada  o  tergiversada  por  el  Tribunal, pero la reseña que, con  transcripciones  del  fallo,  hace  a continuación, pone de presente que no hay  tal,  sino  que  a  partir  de  la  valoración  de  los  descargos, el juzgador  infirió,   concluyó,   que   el  sindicado  “aceptó  que  algunos  (de  los  lesionados)  fueran colgados”, esto es, que ese proceder “lo asumió, no fue  un  acto  arbitrario  o  inconsulto de estos”. De los planteamientos del actor  surge,  no  que se pusiera a los testigos a decir lo que no dijeron, sino que en  el  ejercicio  propio  de  la estimación probatoria, el funcionario culminó en  determinado  sentido,  lo  cual  no  sólo  es  su deber, sino que no constituye  ninguna  adulteración de la verdad, como que lo que se censura son las palabras  del Juez.   

7. Si la pretensión era cuestionar la forma  en  que  el  fallador  realizó  su  proceso  de valoración probatoria, así ha  debido  plantearse  a  través  del  denominado  falso  raciocinio.  No sólo no  ocurrió  tal  cosa,  sino que tampoco se demostró que el Ad quem vulnerara los  postulados  de  la  sana  crítica,  y   no se hizo mención expresa a qué  reglas  de  la  lógica,  máximas  de la experiencia y aportes de la ciencia se  desconocieron en la sentencia.   

8. El equívoco es grande porque se concluye  que  como  hubo distorsión de la prueba, “no puede afirmarse que existió una  norma  violada”,  lo  que  se  opone  al  cargo  que  se plantea que parte del  supuesto,  precisamente,  de  que se infringió la ley sustancial. Además, como  pretensión  se  solicita  a  la  Sala  que  “con arreglo al artículo 229 del  Código  de  Procedimiento  Penal  declare  en  qué estado queda el proceso”,  decisión  que  es  propia  de  la  causal  tercera  de  nulidad  que tiene como  consecuencia  el  reenvío de la actuación, y no de la primera que es la que se  invoca,  amén  de  que  la “invitación” que se le hace a la Corte para que  diga   “como   queda   el   proceso”,   se   sale  de  los  cánones  de  la  casación.   

         Como  la  demanda  presenta  graves errores de técnica tanto en la  formulación  de  los  cargos como en su desarrollo, no satisface los requisitos  legales  para  conocer  de  ella,  lo  cual  obliga  a  su  inadmisión  y  a la  declaratoria   de   desierto  del  recurso  de  casación,  de  acuerdo  con  lo  establecido  en  el  artículo 226 del Decreto 2.700 de 1991, bajo cuya vigencia  se surtió su trámite.   

         En  mérito  de  lo expuesto, la Corte Suprema de Justicia, Sala de  Casación Penal,   

RESUELVE   

1.  Inadmitir  la  demanda  de  casación  presentada, por no reunir los requisitos formales.   

2. Declarar desierto el recurso de casación  interpuesto  contra  la  sentencia del 23 de septiembre de 1999 proferida por el  Tribunal Superior de Cundinamarca.   

Esta  decisión  no  admite recurso alguno.   

Comuníquese y cúmplase.  

CARLOS EDUARDO MEJÍA ESCOBAR  

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL                          JORGE   E.  CÓRDOBA  POVEDA             

HERMAN   GALÁN   CASTELLANOS                              CARLOS    A.    GÁLVEZ  ARGOTE                                                           

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO                                 EDGAR      LOMBANA  TRUJILLO           

ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN            NILSON E.  PINILLA     PINILLA                              

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

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