17019(27-10-04)

2004

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 17019  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. YESID RAMÍREZ BASTIDAS  

Aprobado Acta No. 94  

Bogotá D.C., octubre veintisiete (27) de dos  mil cuatro (2004).   

VISTOS:  

          Resuelve  la  Corte  el  recurso  de casación interpuesto contra la  sentencia  del  22  de  septiembre  de  1999,  por  medio de la cual el Tribunal  Superior  de  Cali confirmó la condena impuesta a HERNÁN GUTIÉRREZ GUTIÉRREZ  como autor responsable de la conducta punible de homicidio.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL:  

1. El 10 de agosto  de  1998,  María  Lidia  Soscué  acompañada de su hija menor, su hermana y de  HERNÁN  GUTIÉRREZ  GUTIÉRREZ,  acudió  a  la  casa  de  habitación de su ex  esposo,     ubicada     en     la     carrera    9ª    No    37    –  48,  barrio La Libertad del municipio  de  Palmira  (Valle),  para  reclamarle por haber castigado a Liliana Franco, la  hija  mayor,  procediendo  a  golpear  la  puerta  y a ofender verbalmente a sus  moradores.  Como  no  pudo ingresar le pidió a su amigo que disparara y este lo  hizo  hacia  la puerta de entrada del inmueble, haciendo impacto en la humanidad  de  Ana  Delia  Jiménez  Rodríguez,  quien  falleció  a  causa de las heridas  mortales causadas con el disparo.   

          2.  La  Fiscalía  Seccional  143  de  la  localidad  ordenó  la  apertura  de  investigación  el  11  de agosto de 1998,  vinculó  mediante  indagatoria  al  imputado y profirió en su contra medida de  aseguramiento  consistente  en  detención preventiva1.   

          3.   Clausurado   el  ciclo  instructivo,  calificó  el  mérito del sumario el 2 de diciembre de ese año con resolución  acusatoria  por  la  conducta  punible  de  homicidio2.   

4.  El  Juzgado  Cuarto  Penal  del  Circuito  de  Palmira  asumió  el conocimiento de la causa,  celebró  la  diligencia  de  audiencia  pública  y dictó en primera instancia  sentencia  de condena el 5 de agosto de 1999 consonante con el pliego de cargos,  imponiéndole  a  HERNÁN  GUTIÉRREZ GUTIÉRREZ pena de prisión de veinticinco  (25)  años,  la   accesoria  de  interdicción  de  derechos  y  funciones  públicas  por  el  término de diez (10) años y el pago de los perjuicios  morales     causados     con     la    infracción3.   

5.  El  Tribunal  Superior  del  Distrito Judicial de Cali confirmó en su integridad la decisión  en   referencia,   a   través   de   providencia  que  ahora  es  recurrida  en  casación4.   

LA DEMANDA:  

         

          Cargo Único.   

          Se  acusa  la  sentencia  recurrida por violación directa de la ley  sustancial  por  aplicación  indebida,  toda  vez  que la foliatura procesal es  claramente  indicativa  que  la comisión del hecho lo fue en la modalidad de la  culpa  consciente,  si  se  tiene  en  cuenta  que  el  sindicado no previó las  consecuencias nocivas de su acto.   

          A  lo  largo  de  la  actuación se señaló que el procesado actuó  bajo  los  parámetros  del dolo eventual porque debió prever que al momento de  realizar  el  disparo  la residencia se encontraba habitada, pero este análisis  resulta  errado  en  cuanto deja de lado las modalidades del hecho que apuntan a  señalar  que  HERNÁN  GUTIÉRREZ  actuó  bajo  los  parámetros  de  la culpa  consciente.   

          El  recurrente procede a ilustrar con abundante doctrina foránea el  significado  de  tales  fenómenos  y  sus  diferencias,  para  señalar  que es  característico  de ambos el tener como posible la producción de un resultado y  por  tanto  la investigación debió dirigirse a comprobar “si la esperanza de  que  el resultado no sobrevendría ha influido desfavorablemente en la actividad  voluntaria”  pues  para  la  imputación  del  dolo eventual  no basta la  posibilidad  de tener la representación del resultado sino que es indispensable  la  representación  de  la  posibilidad  de  un  resultado y esta confusión se  presentó a lo largo del proceso.   

         

          Argumenta   que   las   siguientes  afirmaciones  contenidas  en  la  resolución acusatoria, sirven de fundamento a la causal invocada:   

    

* “…No se fijó ese resultado…”   

* “…No  se  ejecutó  (sic) los actos que le llevaran a obtener el  resultado querido.   

* “…Previó el resultado como posible…”   

* “…Accionó el arma, asumió el resultado…”   

* “…Disparó   previendo   como   posible  la  muerte  de  aquella  persona…”   

* “…Ante    el    resultado   dice   que   fue   a   disparar   al  aire…”.   

* “…Esta  afirmación  nos  dice  el  conocimiento  que tenía que  disparando podía matar a alguien…”   

* “…sabía que ese comportamiento era ilícito…”   

* “…No  quería  matar,  previó  el  resultado,  no  obstante  lo  hizo…”   

* “…Fue voluntaria su intención…”   

* “…Aceptó   la   posibilidad   de   la   muerte   de   otro  ser  humano…”   

* “…Y asumió su ejecutoria…”.     

Entonces,  si   como  lo  expresó  el  funcionario  instructor  “NO SE FIJÓ EL RESULTADO”, cómo puede hablarse de  dolo  eventual  si  los  tratadistas  y  la  jurisprudencia expresan que para su  configuración  el  agente  se  representa  la posibilidad de un resultado, pero  cree  que  no  va a producirse. No se entiende cómo se pudo cometer el error de  imaginar  aquello  que  el  procesado  no  imaginó pues este en ningún momento  señaló  que  disparó imaginándose o representándose la posibilidad de matar  a  alguien,  y si no se representó ese resultado muerte, la justicia mal podía  encuadrar su comportamiento en la modalidad de dolo eventual.   

HERNÁN  GUTIÉRREZ  le  manifestó  a  la  justicia lo siguiente:   

    

* “…Yo    no    sabía   que   detrás   de   la   puerta   había  alguien…”   

* “…Yo ni siquiera conocía a la señora…”   

* “…Yo  no  fui a disparar a matar a nadie, ni por venganza ni por  nada…”   

* “…Yo quería asustar a alguien…”     

Cuestiona,  a  renglón seguido, cómo puede  una  persona representarse o imaginar matar a alguien a quien no conoce, a quien  nada  le ha hecho y sin saber que ese alguien está detrás de la puerta. Querer  asustar  no  es  querer  matar  y  en  esas  condiciones no es imputable el dolo  eventual.  La  intención  del procesado fue la de asustar, no la de matar, como  erróneamente  se  creyó  por  los  funcionarios  judiciales  pues  si bien fue  imprudente,   confiado,   irresponsable,   falto   de   precaución,  jamás  se  representó en su mente, como probable, el hecho muerte.   

          Con  ese  fundamento solicita se revoque la sentencia recurrida y se  conceda al procesado la condena de ejecución condicional.   

CONCEPTO DEL PROCURADOR CUARTO DELEGADO PARA  LA CASACIÓN PENAL:   

La   demanda  que  se  examina  cumple  en  apariencia  con  el  requisito  de procedibilidad consagrado en la ley porque el  único  cargo  planteado  se  proyecta, en realidad, a cuestionar los argumentos  esgrimidos  por  el  funcionario  instructor  para fundamentar la resolución de  acusación  proferida  contra el sindicado, la cual no contiene una decisión de  condena  o  absolución  que  resuelva  en forma definitiva el asunto sometido a  estudio.   

Ninguno  de los argumentos hace referencia a  las  motivaciones  contenidas en la sentencia de segunda instancia y simplemente  el   casacionista  insistió  en  planteamientos  que  con  anterioridad  había  dirigido  contra  el  calificatorio  cuando  solicitó la nulidad de lo actuado,  eventualidad   que   permite  concluir  en  la  improcedencia  de  este  recurso  extraordinario  por  tratarse  de una providencia interlocutoria para la cual no  se ha previsto este medio de impugnación.   

Si el objetivo era cuestionar la legalidad de  la  referida  pieza  procesal, el camino indicado era la nulidad y sólo en caso  de   considerar   la   existencia   de  eventuales  vicios  sustanciales  en  su  proferimiento,  capaces de afectar la estructura del proceso o por errores en la  calificación jurídica de la conducta.   

Así   el   recurrente   hubiese  dirigido  adecuadamente  la  demanda  contra  el  fallo  de  segunda instancia, incurre en  insalvable  error  de  técnica  al  alegar  violación  directa  de  la ley por  aplicación  indebida  de una norma sustancial, que no cita expresamente, cuando  centra  todo  su  esfuerzo  a  oponerse a las consideraciones y conclusiones del  sentenciador  quien  expresamente consideró que no resultaba viable admitir que  la  ejecución del comportamiento ilícito se enmarcaba en la modalidad de culpa  consciente,  como  equivocadamente  lo pretende el libelista, sino que de manera  indiscutible se estructuraba el dolo eventual.   

La  demanda,  además,  no  cumple  con  el  requisito  de precisión y claridad acerca de la manera como se debe corregir el  yerro  denunciado  sino que se solicita, en forma incoherente, que se revoque la  sentencia,  se  redosifique  la  pena y se conceda el subrogado de la condena de  ejecución  condicional,  todo  lo  cual  pone  de  presente  la inseguridad del  recurrente  en torno a la real estructuración de algún agravio en la sentencia  de segundo grado.   

En  esas  condiciones,  la  demanda debe ser  desestimada.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE:  

Acude  el recurrente a la violación directa  de  la  ley  sustancial para atribuirle al fallador un “error en la selección  de  la  norma  sustancial  aplicada”  que técnicamente equivale a la indebida  aplicación  de  un  precepto,  pero  en  el desarrollo de la censura incurre en  insalvables desaciertos que impiden su prosperidad:   

1.   De  manera  preliminar  debe  recordarse  que  la demanda de casación es un juicio técnico  jurídico  que  se  formula  a  la  sentencia  que  pone  fin  a  las instancias  ordinarias,  la  cual  arriba  a  esta sede amparada por la doble presunción de  acierto  y  legalidad  por  tratarse de una manifestación judicial soportada en  los  principios  de  autonomía  y  seguridad  jurídica.  Como  el objetivo del  recurso  extraordinario  es  la  remoción  de  esa  decisión, el reproche debe  formularse  a  partir  de  una  concreta  situación  acaecida en el proceso, es  decir,  de  un error judicial, sea de juicio o de procedimiento, que corresponda  al   motivo   de   casación  contemplado  en  la  causal  que  se  aduzca,  con  demostración de su incidencia en la sentencia cuestionada.   

2. Si bien es cierto  que  en  el  escrito  se  anuncia  el reproche por la vía de la causal primera,  cuerpo  primero,  es  evidente  que  no  se  desarrolla  en lo más mínimo esta  hipótesis  de  violación  porque  la alegación se desenvuelve en una serie de  reproches   ajenos   al   cargo  inicialmente  planteado  y  no  se  proyecta  a  desarticular   la   sentencia   de   segunda   instancia   sino  la  providencia  calificatoria,   decisión   que   no   puede   ser   el  objetivo  del  recurso  extraordinario, como bien lo expresó la Procuraduría.   

3. No se advierte en  realidad  un  debate  centrado  en  el  ámbito netamente jurídico que acredite  infracción   legal   por   aplicación  indebida  de  un  determinado  precepto  sustancial  –que ni siquiera  se  menciona-  sino  una  simple  contraposición  de  criterios al estilo de un  alegato  de  instancia,  incapaces de acreditar el desacierto que se le atribuye  al sentenciador.   

El   casacionista,  aparte  de  eludir  la  declaración  fáctica  y  probatoria  contenida  en  la  sentencia,  se propone  demostrar  que  la  conducta  del  procesado  se subsume en la llamada culpa con  representación  y  no  en  el  dolo  eventual,  como lo declaró el Tribunal, a  partir  de  su  propia  apreciación  de  las  circunstancias  que  rodearon  la  ejecución  del  hecho  delictivo,  faltando  al  deber de soportarse en razones  claras  y  precisas que demuestren la real ocurrencia del  dislate para, en  su  lugar,  hacer  otra  presentación de los hechos de manera muy conveniente y  deducir  significados  probatorios  totalmente  diversos a los efectuados por el  sentenciador.   

4. Para ilustrar con  más  detalle  las inconsistencias evidenciadas, es preciso destacar los motivos  por  los  cuales  el Tribunal concluyó que la acción del procesado se ubica en  la estructura del dolo eventual:   

“Cuando  HERNÁN  GUTIÉRREZ GUTIÉRREZ se  decidió  a  disparar  al  INTERIOR  DE  UNA VIVIENDA OCUPADA,     SE    DECIDIÓ   POR   LA   POSIBLE   VULNERACIÓN   DE   BIENES  JURÍDICOS pues conocía las posibles consecuencias de  su  acción  así  no las quisiera. Pero además y fundamentalmente no estaba en  posibilidad  de  confiar  en  la  no  producción  del  resultado  porque  el  resultado  causal  del  disparo  estaba  por  fuera  de  su posibilidad de control y por ello el resultado muerte  tuvo  que  ser  juzgado,  ex  ante,  como  posible y es ese plus que conforma un  elemento  subjetivo que sirve de marco diferenciador entre el dolo eventual y la  culpa   con  representación  el  que  se  aprecia  estructurado  en  el  evento  estudiado”5 (Mayúsculas y negrillas del texto).   

Para  el  recurrente,  por  el contrario, su  representado  actuó  bajo  los  parámetros  de  la  culpa  con representación  porque,  según  las  propias  manifestaciones  del  incriminado, no previó las  consecuencias nocivas de su acto:   

“…No  podía  la justicia representar lo  que  el  procesado  no  se  ha  representado. En ningún momento mi representado  expresó  que  disparó imaginándose o representándose la posibilidad de matar  a  alguien,  por lo que, reitero, si mi prohijado no se representó el resultado  muerte,  mal puede la justicia encuadrar comportamientos en la modalidad de DOLO  EVENTUAL”6 (mayúsculas del texto).   

          5.  En  estas  condiciones,  si  se  va  a  realizar  un  planteamiento  sobre  supuestos fácticos y probatorios diversos a  los  declarados  por  el  sentenciador  para demostrar que la norma aplicable es  otra,  se  debe  acudir  a la violación indirecta en orden a demostrar un error  que  condujo  a  realizar  conclusiones  fácticas  totalmente  alejadas  de  la  realidad  probatoria,  objetivo que tampoco se logra con la simple oposición de  criterios  sino  acreditando  que  en  el  ejercicio  de  apreciar  el  conjunto  probatorio  el juzgador incurrió en trascendentes errores de hecho o de derecho  que tornan ilegal la sentencia recurrida.   

          De  modo  que si el error se produjo al apreciar las manifestaciones  que  el sindicado le hizo a la justicia, esto es, que desconocía que alguien se  encontraba  detrás  de la puerta, que no conocía a la víctima, que no acudió  al  lugar  para matar a alguien, ni por venganza, ni por nada, que su propósito  era  asustar  a alguien, etc., el cargo no se puede sustentar únicamente en esa  versión  exculpativa  sino  que  se  debe  atacar en forma íntegra el sustento  probatorio  de  la sentencia para demostrar que los demás medios de convicción  no  cuestionados,  carecen  de  la  fuerza  necesaria para mantener incólume la  decisión finalmente adoptada.   

          6.  De otro extremo, para la Sala no surge  ninguna  duda  que  los  razonamientos  en  torno  a  la  estimativa  fáctica y  probatoria  del sentenciador se encaminaron a demostrar que la conducta criminal  concretada  en  el  homicidio  de  Ana  Delia  Jiménez Rodríguez había sido a  título  de  dolo  eventual  pues  de  manera  clara  se  consideró que HERNÁN  GUTIÉRREZ  tenía  pleno conocimiento de la situación que se presentaba en ese  momento  y  que  como  persona  de  racionalidad  normal  debía saber que en el  interior  de la vivienda, a la que su amiga pretendía entrar en forma agresiva,  se  encontraban  los  miembros  de  una  familia  y aún así disparó contra la  puerta  de entrada, asumiendo como posibles las consecuencias de su acción que,  así  no  las quisiera, sí las conocía y no se detuvo en la realización de su  propósito  inicial,  ni  podía  confiar  en poder evitarlo una vez iniciada la  trayectoria del disparo.   

          Si   se   tiene   claridad   en   cuanto  a  que  en  la  culpa  con  representación  el  actor es consciente del riesgo de los bienes tutelados pero  inútilmente  procura  evitar el resultado dañoso, y que en el dolo eventual el  agente  se  representa  el  resultado  punible  pero  no exterioriza una actitud  orientada  a  impedirlo,  la  tesis  de  la  defensa  no  encaja  en  la primera  hipótesis  señalada  porque  si  HERNÁN  GUTIÉRREZ  disparó  a la puerta de  entrada  con  el  fin  de  asustar  a  los moradores de la vivienda, de antemano  sabía,  por los insultos que María Lidia Soscué lanzaba a su ex esposo y a su  ex  suegra y los golpes que le daba a la puerta, que al disparar podía causarle  la  muerte  a  alguno  de  ellos  y  que  mal  podía confiar en poder evitar el  resultado  obtenido,  esto  es,  impedir  que la trayectoria del disparo hiciera  impacto en la humanidad de Ana Delia Jiménez Rodríguez.   

          Todo  lo  contrario:  pese  al  conocimiento  de  estar  habitada la  vivienda,  continuó  con  su  propósito  inicial  y  así asumió y aceptó la  posibilidad  de  causar  la  muerte  de  alguna  persona,  surgiendo el dolo del  implícito consentimiento del resultado probable.   

          El  cargo  no  puede  prosperar  no  solo  por  las fallas técnicas  detectadas sino por la absoluta falta de razón del demandante. Y,   

                   7.   Debe  indicarse  finalmente,  que  la  eventual  aplicación  del  principio  de  favorabilidad   por  la entrada en vigencia de la ley 599 de  2000,  es  competencia  del  Juez  de Ejecución de Penas y Medidas de Seguridad  respectivo.   

A mérito de lo expuesto, la Corte Suprema de  Justicia,  Sala  de  Casación  Penal,  administrando  justicia  en nombre de la  República y por autoridad de la Ley,   

RESUELVE:  

          NO CASAR el fallo impugnado.   

          Contra  esta  decisión,  no procede ningún recurso. Devuélvase la  actuación al Tribunal de origen.   

CÚMPLASE   

HERMAN    GALÁN  CASTELLANOS   

SIGIFREDO          ESPINOSA  PÉREZ                    ALFREDO   GÓMEZ   QUINTERO                        

ÉDGAR           LOMBANA  TRUJILLO                            ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN   

Comisión de servicio  

MARINA        PULIDO        DE  BARÓN             JORGE  LUIS  QUINTERO MILANÉS      

YESID           RAMÍREZ  BASTIDAS             MAURO SOLARTE PORTILLA   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria   

    

1  Folios 19, 45 y 62.   

2  Folios 134 y 150.   

3  Folios 171, 197 y 209.   

4 Folio  251.   

5 Folio  266.   

6 Folio  304.     

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