16979(09-07-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 16979  

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA DE CASACION PENAL  

                            Magistrado Ponente:   

                              DR.   JORGE   ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO   

                            Aprobado Acta Nro: 73   

          Bogotá D.C., nueve de julio de dos mil dos.   

VISTOS  

          Se  pronuncia  la  Sala  en  relación  con  el aspecto formal de la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor del procesado VÍCTOR  JULIO  CANTILLO DE LA CRUZ, contra  el  fallo  proferido por el Tribunal Superior de Barranquilla el 7 de octubre de  1999,  confirmatorio  de  la  condena  de  39 años y 8 meses de prisión que el  Juzgado  7º  Penal  del  Circuito  de  esa  ciudad  le  impuso  al acusado como  responsable  de  dos  delitos  de  homicidio y porte ilegal de arma de fuego, en  concurso.   

  HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

          En  el  establecimiento  público  de Cielo del Carmen Soto Polanco,  ubicado  en  la  Carrera  10J  Nº  118-18,  barrio  El Pueblito de la ciudad de  Barranquilla,  el  14  de  diciembre  de  1997  se presentó una riña entre dos  grupos   de  personas  compuestos  por  VÍCTOR  JULIO  CANTILLO  DE  LA CRUZ, su mujer, Ana María Díaz Tarra  y  Plinio  Neira  López,  de  un  lado, y Francisco Muñoz Rodríguez, Ledin de  Jesús  Camargo,  Pablo  y Jesús Lora, del otro.  Apaciguados los ánimos,  aquéllos  se  dirigieron  a  la  residencia del primero -cercana al lugar donde  inicialmente  se  hallaban-,  quien  se  hizo  a un arma de fuego.  A poco,  CANTILLO  DE  LA CRUZ sale de  su  habitáculo  al  encuentro  de sus antagonistas que rondaban por el sector y  dispara  contra  Francisco  Muñoz  Rodríguez.  El hermano de éste, Milton, al  verlo   herido   interviene   pero   también   es   herido   por   VÍCTOR   JULIO.   Ambos  fallecen  a  consecuencia  de  los  lesionamientos  padecidos,  en tanto que el agresor logra  huir y sólo es capturado dos meses después, aproximadamente.   

          La  Fiscalía  3ª  de  la  Unidad  de  Reacción Inmediata de dicha  localidad   realizó  las  primeras  pesquisas  y  decreta  la  apertura  de  la  instrucción.  Asignada  las  diligencias a la Fiscalía 9ª de la misma Unidad,  prosigue  con  la  investigación, escucha en descargos al procesado luego de su  aprehensión  ocurrida  el  25  de  febrero de 1998, y le resuelve su situación  jurídica  imponiéndole  medida  de  aseguramiento de detención preventiva sin  excarcelación.  Fenecido  el ciclo instructivo, por resolución del 23 de junio  de  1998 profiere acusación contra el encartado como presunto autor responsable  de  dos  delitos  de  homicidio  y  porte  ilegal  de  arma  de fuego de defensa  personal, en concurso.   

          Del  juicio  conoció  el  Juzgado  Séptimo  Penal  del Circuito de  Barranquilla,  dependencia  que  una  vez  evacuó  la  vista pública profirió  condena  contra  el  acusado  conforme con el pliego de cargos endilgado y de la  cual  se  hizo  mérito  en  el  introito  de esta decisión, cuya confirmación  integral  impartió  el Tribunal Superior de la localidad en mención al revisar  por   apelación   el   fallo  de  primer  grado,  como  igualmente  se  anotó,  determinación  que  hoy  es  objeto  del  extraordinario  recurso, cuya demanda  examina ahora la Corte en su aspecto formal.   

  LA  DEMANDA   

Al  auspicio  de  la  causal primera, cuerpo  segundo,  el censor acusa la sentencia recurrida de violar en forma indirecta la  ley   sustancial   “mediante   error   de   derecho  determinado       por      falso      juicio      de      legalidad.”   

          En  la fundamentación del cargo critica el casacionista al juzgador  por  haber  llegado  a  la  conclusión de que el procesado es responsable de la  conducta  punible de homicidio de la cual se le acusa, por no estar enmarcado su  comportamiento  en  una  cualquiera  de las causales de justificación del hecho  que  el  Art. 29 del derogado C. Penal describe en los ordinales 4º y 5º, pues  estimó  que  su  defendido  no  estuvo  en  “peligro  inminente” como se arguyó en la sustentación de la  impugnación,  amén  de  que por parte alguna se alegó que actuó en legítima  defensa.   

          En  contraposición  a esa deducción, del contexto procesal, según  sus   apreciaciones,   aduce,  bien  puede  colegirse  la  presencia  de  dichas  justificantes,  o  que  el  acusado  actuó  en  exceso  de  las  mismas.  De la  inextricable  argumentación  expuesta por el libelista para sustentar su aserto  cabe colegir el siguiente planteamiento:   

a) En el sitio donde se originaron los hechos  -en  el  Estadero  de Cielo Soto-, se encontraban dos grupos de personas. De una  parte  quienes acompañaban al procesado, su mujer, Ana Díaz Tarra, sobre quien  se  ejecutaron  actos  obscenos  al  tomársela por los senos, y los hermanos de  ésta,  Dennys y Jorge Díaz. Y de la otra, los que estaban con Francisco Muñoz  Rodríguez,  una  de las víctimas, Ledin de Jesús Camargo y los hermanos Lora,  Pablo  y  Jesús,  quienes  luego  de  aquel  incidente salen en la búsqueda de  amigos y familiares prometiendo regresar.   

b)  El  procesado con su mujer y cuñados se  trasladaron  a su casa de habitación, deja entrever el libelista. A dicho lugar  arribaron  quince  minutos  después  Muñoz  Rodríguez y sus amigos con claras  manifestaciones  de  agresión,  y  para  evitar  que  éstos  ingresaran  a  su  residencia, aquél sale de ella.   

Pretendiendo  explicar  que  el  sentenciado  actuó  amparado  en  la causal de justificación prevista en el ordinal 4º del  anterior  Art.  29  del C. Penal, el casacionista aduce que la ofensa perpetrada  sobre  la  mujer  del justiciable constituyó una injusta agresión que originó  el  problema  suscitado  inicialmente  en  el Estadero de Cielo Soto, donde hubo  discusión  e  inclusive  lesionados.  De allí se retiraron, pero el grupo  ofensor  -integrado por muchas personas, las cuales cita- amenazó con retornar,  reitera,  como efectivamente aconteció, uniéndoseles otras más para apostarse  al  frente  de  la  residencia  del  acusado,  situación  que  hizo  pensar  al  sentenciado que la agresión iba a proseguir.   

La   falta   de   apreciación   de   esas  circunstancias  por  parte  del  juzgador, “DEJÓ SIN  VALIDEZ”    las    declaraciones    rendidas   con  posterioridad  a  la  resolución de acusación por los testigos que conformaban  el  grupo  del  acusado  VÍCTOR  JULIO CANTILLO DE LA  CRUZ,  prueba  determinante cuya apreciación errónea  produjo  una decisión contraria a la realidad procesal que llevó al Tribunal a  incurrir  “EN ERROR DE DERECHO DETERMINADO POR FALSO  JUICIO  DE LEGALIDAD”, insiste en predicar el censor,  y  a violar indirectamente los artículos 246 y 247 del C. de P. Penal anterior,  como también los artículos 35 y 323 del antiguo C. Penal.   

Que  se  case la sentencia impugnada y en su  reemplazo   se   dicte   un   fallo   absolutorio,   es   la   pretensión   del  actor.   

  CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

          Ninguna   vocación  de  prosperidad  puede  tener  una  demanda  de  casación  cuando lo afirmado en ella no guarda correspondencia con el yerro que  se aduce como fundamento de la censura, como aquí ocurre.   

          En  efecto,  el libelista le atribuye al juzgador el haber incurrido  en  error de derecho determinado por un falso juicio de legalidad, empero en vez  de  reseñar  los  elementos  de  juicio  que  el  juzgador estimó como pruebas  otorgándoles  mérito  persuasivo  no  empece   carecer  de los requisitos  legales  necesarios  para  su aducción, que es en lo que consiste un tal yerro,  de  lo  que verdaderamente se duele es de que el Tribunal no le hubiera otorgado  “validez”    a   las  declaraciones  de  los  testigos  que  con  posterioridad  a  la  resolución de  acusación  dieron cuenta de circunstancias que permitían deducir que el agente  actuó al amparo de una causal de justificación del hecho.   

          Sin   siquiera   referirse  de  manera  concreta  a  los  medios  de  información  que  le  sirvieron  de  soporte  al  funcionario  para proferir la  condena,  ninguna  irregularidad  en  la  producción  o  incorporación  de los  elementos  de  persuasión al proceso reseña el censor para estar a tono con la  censura  argüida, en tanto que su crítica acerca de que no se le dio validez a  aquella  prueba  testimonial  lo que muestra es su inconformidad por el grado de  credibilidad  que  el  fallador le otorgó a los elementos de convicción que le  permitieron  concluir  en el grado de certeza exigido por la ley, en punto de la  responsabilidad del reo.   

          Si  nuestro  sistema  estuviese  soportado  en  la tarifa legal, los  argumentos  del  demandante  quizás  podrían tener alguna vocación de éxito,  pues  hubiera  bastado con confrontar lo regulado sobre el tema por la ley, y lo  plasmado  por  el  juzgador en su fallo. No obstante, no siendo el sistema de la  tarifa  legal  el  que  prevalece  en  la  valoración del testimonio, cualquier  razonamiento  sobre  el particular, ha dicho la Corte, torna inane los esfuerzos  del  recurrente  extraordinario, pues son las reglas de la sana crítica las que  gobiernan  el examen probatorio que en el ejercicio de su función debe realizar  el  fallador con relativa discrecionalidad respecto de esta clase de pruebas. En  auto  del  31  de  agosto  de  1999  con  ponencia de quien aquí cumple similar  cometido, Rdo. 14.080, se dijo:   

“Si la sentencia  de  segundo  grado  arriba  a  esta  sede  de  casación  ungida  con  la  doble  presunción  de  acierto  y legalidad, su fortaleza sólo se vería comprometida  en  la  medida  en  que  existiera  en  ella  una  verdadera  violación  de  la  normatividad,  pues  se estaría desobedeciendo el imperio de la ley. Por eso el  criterio  de  un  sujeto  procesal  respecto  de  la  estimación  de  la prueba  efectuada  por  el  sentenciador,  por más ilustrada que sea no deja de ser una  mera  interpretación  individual  que  jamás  podrá  prevalecer  frente  a la  proferida   por   el   funcionario   judicial   acorde   con   el   ordenamiento  legal.”   

          Pero  la  informalidad  de la demanda sube de punto cuando el censor  entra  en  el  campo de la contradicción, pues, en aras de la absolución de su  pupilo,  al  desgaire  solicita  a  la  Corte  el  reconocimiento  de institutos  inconciliables  entre sí como son la legítima defensa y el exceso en la misma,  olvidando  que  principios de derecho penal enseñan que la primera es causal de  justificación  en  tanto  la segunda supone la existencia de aquélla, pero con  un  actuar  que supera los límites dentro de los cuales se considera lícito el  comportamiento atribuible al agente.   

         

En  suma,  la  demanda deviene inepta por no  satisfacer  las  exigencias  formales previstas en el artículo 225 del anterior  C.  de P. Penal, hoy 212 de la Ley 600 de 2000, por lo que a la Sala sólo le es  dado   inadmitirla   con   la   consecuente   declaratoria   de  deserción  del  recurso.   

          En   mérito  a  lo  expuesto,  la  CORTE  SUPREMA   DE   JUSTICIA,   Sala  de  Casación  Penal,   

  RESUELVE   

         INADMITIR   la   demanda   de   casación  presentado  por el defensor del procesado VÍCTOR JULIO  CANTILLO  DE  LA  CRUZ.  En  consecuencia,  se declara  desierto   el  recurso  de  casación  concedido  por el Tribunal Superior de Barranquilla en razón de este  asunto.    

          Contra   la   presente   decisión   no   procede   recurso  alguno.   

Cópiese, comuníquese y  devuélvase al Tribunal de origen. Cúmplase.   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                              JORGE    E.    CÓRDOBA  POVEDA   

HERMAN           GALÁN  CASTELLANOS               CARLOS   A.   GÁLVEZ  ARGOTE                       

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO               ÉDGAR LOMBANA TRUJILLO   

                   

CARLOS   E.  MEJÍA  ESCOBAR                           NILSON PINILLA  PINILLA                                

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

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