16926(06-12-01)

2001

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 16926  

          CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

          SALA DE CASACIÓN PENAL   

          Magistrado Ponente   

          Dr. JORGE E. CÓRDOBA POVEDA   

          Aprobado acta N° 191   

Bogotá  D. C., seis (6) de diciembre de dos  mil (2001).   

          V I S T O S   

Resuelve la Corte la admisibilidad formal de  la   demanda  de  casación  presentada  a  nombre  del  procesado  EDUARDO ACOSTA GONZÁLEZ.   

          A N T E C E D E N T E  S   

1.-   Los  hechos  que motivaron el presente proceso, tuvieron ocurrencia al interior de la  Cárcel  Nacional  “San Sebastián de Ternera” de la ciudad de Cartagena, el  14  de  abril  de  1996,  cuando dos internos, Eduardo  Acosta  González y Marcos León Pájaro, se trenzaron  en  riña  resultando el segundo de ellos con cuatro heridas propinadas con arma  punzante  (destornillador)  que  él  mismo  portaba  y que pasara a manos de su  contendor,   las   cuales   le   ocasionaron   la   muerte,  a  consecuencia  de  “taponamiento  cardiaco  secundario  a herida penetrante a arteria aorta en su  trayecto torácico, intrapericárdico.”.   

2.-   El Juzgado 2° Penal del Circuito  de  Cartagena,  mediante  sentencia  del  31  de  octubre  de  1997, condenó al  procesado   EDUARDO   ACOSTA   GONZÁLEZ  a la pena principal de 28 años de prisión y a las accesorias de  rigor, como autor del delito de homicidio.   

Inconforme  con  la  anterior  decisión, el  defensor  la  recurrió,  siendo  confirmada en su integridad por el Tribunal de  Cartagena, el 30 de octubre de 1998.   

          LA DEMANDA DE CASACIÓN   

Dos  cargos  formula  el  defensor contra la  sentencia del Tribunal, a saber:   

En  el  primero,  al  amparo  de  la  causal  tercera de que trataba el  artículo  220  del  C.  de  P. P. (Decreto 2770/91), vigente para la época, al  haberse  dictado la sentencia en un proceso viciado de nulidad “supralegal”,  por vulneración del derecho a la defensa técnica.   

Trae  a  colación  un  caso referido en una  decisión  de  esta Sala, fechada el 15 de noviembre de 1995, transcribiendo uno  de   sus  apartes,  por  considerar  que  se  asemeja  a  la  situación  de  su  defendido.   

Sostiene que el defensor de oficio designado  no  cumplió  con su deber, a tal punto que no presentó alegatos de conclusión  ni  solicitó  pruebas  que  corroboraran  la  versión  dada en la indagatoria,  cuando  era  fácil  localizar a los testigos mencionados en la misma, pues eran  compañeros  de reclusión y podían dar fe acerca de que el procesado actuó en  legítima  defensa  y  que  reaccionó frente a injusta agresión, con lo que se  hubiera  logrado desvirtuar lo dicho por el guardián Chagui Cueter, quien “no  observó nada y solo se imaginó que había una riña”.   

Asegura  que  esa  petición  de pruebas era  “fundamental”  para  la  defensa  del  procesado,  pues  con  su aporte otra  hubiera  sido  la  “historia” del proceso, a tal punto que en estos momentos  gozaría  de  su  libertad,  ya  que  su  práctica  hubiera  permitido  al juez  “determinar como en realidad sucedieron los hechos”.   

Además, dice que el defensor no se notificó  de  la  medida  de  aseguramiento y mucho menos de la resolución de acusación.  Relieva  la  presencia de una afirmación en la diligencia de indagatoria, no se  sabe  si  por  imposición  del  abogado,  en  torno  a que sólo atendería esa  diligencia,  lo  que  posiblemente  lo  llevó  a desentenderse del proceso y no  solicitar pruebas.   

Tanta era la falta de asesoría, concluye el  libelista,  que  no  obstante estar alegando la legitima defensa y estar incurso  en esta causal, presentó escrito demandando sentencia anticipada.   

En  el  segundo  cargo,  invoca  la  violación  indirecta  de  la ley  sustancial,  al  haberse  condenado  con  base  en  pruebas  que no brindaban la  certeza exigida por el artículo 247 del C. de P. P.   

Advierte  que esta situación fue reconocida  por  el  Tribunal  en  la  sentencia,  el  que acepta que el “guardián CHAGUI  CUETER”  no  observó el supuesto enfrentamiento “desde su inicio” y mucho  menos   el   momento   en   que   el   procesado   hirió   fatalmente  a  León  Pájaro.   

Sostiene   que   en   “realidad”   la  investigación  fue  “incompleta”, lo que no permitió que se desvirtuara la  presunción  de  inocencia cuya carga le compete al Estado, lo que se acrecentó  por  haber  estado  “huérfano  de  defensa”.  Para respaldar su exposición  acude   a  transcripción  doctrinaria  tomada  del  libro   “El  Derecho  Procesal Penal y su Realidad Práctica ”.   

Asevera  que  en  la  sentencia  se  le  dio  “plena  credibilidad”  al  testimonio del guardián, no obstante que dijo no  haber  presenciado  la  riña,  pues  tan  sólo se la “imaginó”, dadas las  circunstancias  que  rodearon  los acontecimientos. Aquel “bien pudo ver a las  dos  personas en el centro del patio, pero hablando hipotéticamente se pudo dar  el  caso  que el agresor único era el homicida, y que mi ahijado judicial sólo  se   defendía,   esto   puede  perfectamente  concordar  con  lo  dicho  en  su  injurada”.   

Con  la comprobación de la existencia de un  error  en  la  apreciación  de  la  prueba,  concluye  el  censor,  y  ante  la  inexistencia  de  otro  elemento  de  juicio  que permitiese “extractar algún  vestigio   de   responsabilidad”,  dejando  la  versión  del  guardián  como  “prueba  única”,  erradamente  apreciada,  pues la doctrina la ha excluido,  solicita se case la sentencia y se dicte la que deba reemplazarla.   

          LA CORTE CONSIDERA   

La  demanda  de  casación  que a nombre del  procesado  presentó  su  defensor,  no  reúne  los requisitos formales para su  admisión.   

En  efecto,  se  reitera  que ésta no es un  escrito  de  libre  formulación,  en  el  que  de  manera  libre se pueda hacer  cualquier  clase  de  cuestionamiento  a  una  sentencia  que  llega a esta sede  amparada  por  la doble presunción de acierto y legalidad, sino que debe ser un  escrito  lógico  y  sistemático en el que se denuncian los errores de juicio y  de  procedimiento  cometidos  en  el  fallo,  al tenor de las causales expresa y  taxativamente   señaladas   en   la  ley,  se  demuestran  y  se  evidencia  su  trascendencia.   

Estas exigencias no fueron cumplidas por el  casacionista,    concretándose   para   el   primer  cargo, los siguientes desatinos:   

1- Desconoce el demandante que si bien todas  las  nulidades  tienen  su fuente en la C. P., a partir de la  vigencia del  Decreto  050  de  1987 se recogió la clasificación de nulidades supralegales o  constitucionales,  como  quiera  que en virtud de su expresa consagración en la  ley basta aludir a la norma legal que las prevé.   

2-  En  cuanto a la alegada vulneración del  derecho  de  defensa, en razón a que el profesional del derecho que asistió al  procesado  no  pidió  pruebas ni se notificó de algunas decisiones, no muestra  la  trascendencia  de  las  acusadas irregularidades, permitiéndose recordar la  Sala  que  no  basta  con  afirmar que se cometió un vicio, sino que es preciso  evidenciar  que éste socavó la estructura del proceso o afectó las garantías  de los sujetos procesales, en este caso, el derecho de defensa.   

Así, el quebrantamiento de esta garantía no  puede  alegarse  en  abstracto,  sino  frente  a  las  reales  posibilidades que  -ofrecía   la   actuación,   en   forma   que   aparezca   que  la  pretendida  pasividad   no  corresponde  a una estrategia defensiva, sino a un completo  abandono  de  la gestión encomendada, no bastando aseverar que el abogado dejó  de  cumplir  determinadas  actividades,  sino que es preciso mostrar que con esa  actitud  se  dejaron  de allegar elementos de juicio fundamentales para  la  defensa,  o  que  no  obstante  ser  evidente que los intereses del procesado se  lesionaron no hubo una oportuna impugnación.   

Ahora  bien, si lo que quiso fue referirse a  la  vulneración  del  principio  de  investigación  integral,  al  no  haberse  recibido  los  testimonios  citados por el procesado en su indagatoria, también  queda  la  censura en el enunciado, pues no es suficiente indicar cuáles fueron  las  pruebas  omitidas,  sino  que se debe mostrar su conducencia, pertinencia y  utilidad  y, particularmente, su trascendencia, que no emana de la prueba en sí  misma  considerada,  sino  de  su  confrontación  lógica  con los elementos de  juicio  que  sustentaron  la  condena,  de  modo que se evidencie que de haberse  practicado, la orientación del fallo hubiera sido distinta.   

En    lo    atinente   al   segundo   cargo,  también  incurre  en  insalvables  desatinos  técnicos que tornan inidónea la demanda, destacándose  los siguientes:   

1-  No  indica cuál fue la norma sustancial  violada  ni  su  sentido,  esto  es,  si  lo  fue por falta de aplicación o por  aplicación indebida.   

2- No dice cuál fue la modalidad de error de  apreciación  probatoria  cometido por el Tribunal, si de hecho o de derecho, ni  el   ni el falso juicio que lo determinó, si de  existencia,  identidad,  legalidad  o  convicción,  o  si  se debió a un falso  raciocinio, al desconocerse los postulados de la sana crítica.   

3-  Dedica  el  discurso  a  oponerse  a  la  credibilidad   otorgada  al  testimonio  del  guardián,  señor  Changüí  Cueter,  desconociendo  que la simple discrepancia entre el fallador y el censor  sobre  el  mérito  de  las  pruebas,  no configura desatino demandable  en  casación,  dentro  del  método de la persuasión racional que para apreciar la  prueba  nos  rige,  prevaleciendo  el  criterio  del  sentenciador, por venir la  sentencia aparada por la doble presunción de acierto y legalidad.   

Por  otra  parte,  si  lo  pretendido  era  demostrar   que  al  valorar  el mérito persuasivo del testimonio del  guardián,  el  Tribunal  se apartó ostensiblemente de las leyes de la ciencia,  los  postulados  de  la  lógica  o  las  reglas de la experiencia común y este  dislate  lo  llevó  a declarar una verdad fáctica distinta de la que revela el  proceso,  ha  debido  orientar  el  reproche  por la senda el error de hecho por  falso raciocinio, cosa que no hizo.   

4- Desconociendo el principio de autonomía,  se  desvía  a  la  causal  tercera  cuando  afirma  que  la  investigación fue  incompleta,  lo  que  no  permitió que se desvirtuara, anota, la presunción de  inocencia.   

Frente a los anotados yerros de la demanda,  y  dado  que  la  Corte,  en  virtud  del  principio  de  limitación,  no puede  subsanarlos,  se impone su rechazo y, consecuencialmente, se declarará desierto  el recurso extraordinario de casación.   

En  mérito  de  lo  expuesto, LA  CORTE  SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACION PENAL,   

         R E S U E L V E   

INADMITIR  la  demanda    de   casación   presentada   por   el   defensor   de   EDUARDO    ACOSTA    GONZÁLEZ.    En  consecuencia,  se  declara  desierto  el  recurso  extraordinario  de  casación  interpuesto.   

Contra  esta  decisión  no procede recurso  alguno,  al  tenor lo dispuesto en los artículos 226 y 197 del Decreto 2700/91,  vigente para la época.   

Comuníquese y cúmplase.  

CARLOS EDUARDO MEJÍA ESCOBAR  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                                        JORGE E. CÓRDOBA POVEDA   

HERMAN   GALÁN  CASTELLANOS                                        CARLOS   AUGUSTO   GALVEZ  ARGOTE                        

JORGE  ANIBAL  GÓMEZ  GALLEGO                                 EDGAR LOMBANA  TRUJILLO              

ALVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN                                        NILSON PINILLA PINILLA   

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

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