16914(29-11-01)

2001

Asistente Jurídico Inteligente

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    República    de  Colombia   

         

Corte Suprema de Justicia  

Proceso     No  16914   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE  CASACIÓN  PENAL   

                                     MAGISTRADO PONENTE   

ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ  PINZÓN   

APROBADO ACTA No. 186  

         Bogotá,  D.  C.,  veintinueve  (29)  de  noviembre  de dos mil uno  (2001).   

EL  ASUNTO   

         La  Sala  a  emite  concepto  sobre  la solicitud de ex­tradición      del      ciudadano  colombiano      PEPE     MIRANDA     o     JOSÉ     MAURICIO     MORALES  GARCÍA,  formulada  por  el  Gobierno de los Estados  Unidos de América por medio de su Embajada en Colombia.   

ANTECEDENTES  

         El  Gobierno  de  los  Estados  Unidos de América, a través de su  Embajada  en  Bogotá,  mediante  Nota  Verbal  No. 071 del 28 de enero de 2000,  formalizó     la    solicitud    de    extradición    del    ciuda­dano     colombiano    PEPE  MIRANDA,  también  conocido  como  “Conejo”    y    “Murico”    –“Mauricio”-,   capturado  el  1º.  de  diciembre  de  1999  en  cumplimiento  de  resolución que el 30 de noviembre anterior  expidiera el  Fiscal General de la Nación.   

         El  requerido  en  extradición ha estado asistido en este trámite  por  el  abogado que designó, quien agotado el período probatorio presentó el  estudio correspondiente.   

DOCUMENTOS  ALLEGADOS   

         Con  la Nota Verbal No. 071 de la Embajada de los Estados Unidos de  América    se    aportaron,    previamente   traducidos,   los   si­guientes documentos:   

         1.  Nota  Verbal No. 1270, del 26 de noviembre de 1999, de la misma  embajada,  mediante  la  cual  se  solicita  la  detención provisio­nal   del   requerido  con  fines  de  extradición.   

      2. Resolución de  noviembre  30  de  1999, expedida por el Fiscal General de la Nación, por medio  de  la  cual  se  decreta  la  captura del señor PEPE  MIRANDA.   

                3.   Documentos   relacionados   con  la  aprehensión    de    PEPE   MIRANDA,   ocurrida el 1º. de diciembre de 1999 en Bogotá.   

         4.  La  Jefe  de  la  Sección  de  Traducciones  del Ministerio de  Relaciones  Exteriores  certificó  que  las  notas  verbales  procedentes de la  Embajada  de  los  Estados  Unidos de América fueron traducidas en forma fiel y  completa.    

         5.  La  Oficina  Jurídica  del Ministerio de Relaciones Exteriores  conceptuó  que  “por  no  existir  Convenio  aplicable  al  presente caso, es  procedente  obrar  de  conformidad  con  las  normas  pertinentes del Código de  Procedimiento Penal Colombiano”.   

         6.   Declaraciones   rendidas   bajo  juramento  ante  el  Tribunal  Distrital  de  los  Estados  Unidos  para  el Distrito Sur de Nueva York por Dan  Himmelfarb,  Fiscal  Asistente  para  el  Distrito  Sur de Nueva York, y William  O’     Flagherty,  agente   especial  de  la Agencia Antidrogas de los Estados Unidos (DEA) en  la ciudad de Nueva York, en apoyo de la solicitud de extradición.   

         7.  Copia  de  la  resolución  de  acusación  No. S1 99 Cr. 1113,  dictada  el  28 de diciembre de 1999 en la Corte Distrital de los Estados Unidos  para  el  Distrito Sur de Nueva York, mediante la cual se le formulan cargos por  los  delitos  de  actividades  corruptas  y de fraude organizado, concierto para  delinquir,  uso  y  posesión  de  armas  de  fuego, hurto y  homicidio, en  violación  del  título 18, Secciones 1961 (1) (5), 1962 (c) (d), 924 (c), 1951  (b) (1) (3), 1959 (a) (1) del Código de los Estados Unidos.   

     8.  Orden  de  arresto,  expedida   por   un   juez  del  Tribunal  Estatal  de  los  Estados  Unidos  de  América.   

              9.  Transcripción de las disposiciones legales  aplicables.   

              10.  Una fotografía del ciudadano requerido en  extradición.   

PRUEBAS  

         La  Sala,  mediante  providencias  del  29  de agosto y del 1º. De  noviembre  de  2000,  negó  las  pruebas  solicitadas  por el apode­rado del requerido.   

ESTUDIOS    DE  CONCLUSIÓN   

         Del requerido en extradición.   

         Considera  que  no  se  reúnen  los requisitos relacionados con la  validez  de  la  documentación  presentada  por el Estado requirente y la plena  identificación  de  la  persona  requerida,  pues se le están imputando hechos  ocurridos  en  Nueva  York  en  momentos  en que él se encontraba en Colombia a  disposición de las autoridades judiciales.   

         Indica  que  si se concede su extradición, deberá diferirse hasta  cuando  cumpla su condena en nuestro país y únicamente por los cargos 12 o 13,  más  no  por  ambos, pues éstos hacen referencia a unos mismos hechos, lo cual  implicaría  violación  del  principio  non  bis  in  ídem.  Agrega  que no puede otorgarse por los cargos  1,  2,  3,  4,  5,  6,  7,  8, 9, 10, 11 y 14, porque los delitos de que tratan,  concierto  para delinquir y hurto, tienen prevista en Colombia pena de prisión,  cuyo  mínimo  es  inferior a 4 años. Señala, además, que no puede tenerse en  cuenta  el  delito  de tráfico de estupefacientes,  pues no se especifican  las circunstancias de tiempo, modo y lugar de su comisión.   

         De la defensa.   

         Considera  que  independientemente  de  las pruebas aportadas en la  solicitud  de extradición, ésta sólo procedería por el cargo 12 (homicidio),  que  es  el  único que ajusta sus presupuestos fácticos a nuestra normatividad  constitucional y legal.   

         Sostiene  que los cargos 1 (concierto para delinquir)  4, 5, 9  y  14   (porte  y  uso  de  armas  de fuego), 6 (conspiración para cometer  robo),  7  y  11  (hurto),  no satisfacen el requisito de la pena previsto en el  artículo    549-1    del    Código   de   Procedimiento   Penal   –de  1991-,  y  por  lo  tanto  no  es  posible    emitir    concepto    favorable    respecto    de   tales   conductas  delictivas.   

         Agrega  que  tampoco  procede  la  extradición en relación con el  cargo  2  (concierto  para  cometer  delitos  de narcotráfico), pues si bien es  cierto  que  la  ley  365  de  1997  estableció una pena mínima de 10 años de  prisión  para este delito, la motivación del cargo hace referencia al hurto de  dinero  a narcotraficantes y no al porte de sustancias alucinógenas. Indica que  la  improcedencia  de la extradición se torna más evidente en razón de que el  cargo  hace  alusión a hechos ocurridos con antelación al año de 1997, cuando  nuestra  Carta  Política  prohibía  la  extradición  para los colombianos por  nacimiento.          

         

CONCEPTO DEL MINISTERIO  PÚBLICO   

         El  Procurador  Segundo  Delegado para la Casación Penal considera  que  en  el  caso  que  se analiza la solicitud de extradición reúne todos los  requisitos  para  que  la  Corte  emita concepto favorable respecto a los cargos  distinguidos  en  el  libelo  con  los  números 1 (delincuencia organizada para  cometer  delitos  de  narcotráfico), 2 (conspiración para realizar negocios de  narcotráfico),  7  (homicidio)  y 8 (homicidio preterintencional). Sugiere a la  Corte  emitir  concepto  desfavorable en relación con los cargos 3 y 4 (porte y  uso  de  armas de fuego), 5 (conspiración para hurtar) y 6 ( hurto), por cuanto  estos  delitos tienen prevista en nuestra normatividad pena mínima inferior a 4  años de prisión.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  SALA   

         Como  según  el Ministerio de Relaciones Exteriores, no existe ley  vigente  aprobatoria  de  tratado  de  extradición entre Colombia y los Estados  Unidos  de  América,  debe  decidir  la  Sala  con  base en lo dispuesto por el  Código  de  Procedimiento  Penal Colombiano y de acuerdo con el artículo 35 de  la  Constitución Política, modificado por el Acto Legislativo N°. 01 de 1997,  publicado en el Diario Oficial 43.195 el 17 de diciembre de 1997.   

         En  virtud  del  artículo  520 del Estatuto Procesal Penal vigente  (Ley  600  de  2000),  a  la Corte le corresponde rendir concepto con fundamento  en la validez formal de la documentación presentada,  la  demostración  plena  de  la identidad del solicitado, la concurrencia de la  doble  incriminación  y  la  equivalencia  de  la  providencia  proferida en el  extranjero.   

         Contrario  al  querer  del  requerido  y  de  su defensor, pero con  estricta   sujeción   a   la   ley,   la  Sala  limitará  su  análisis  a  la  verifica­ción  de  estos  aspectos  sin invadir las competencias propias del Ejecutivo en un trámite que,  como  se  sabe,  de  las  tres  etapas  que  lo  integran sólo en la intermedia  interviene  la  Corte,  exclusivamente  para  examinar  el  cumplimiento  de los  requisitos formales.   

         Reitérase,  entonces,  que  es  al  Gobierno  Nacional  al  que le  compete,  de acuerdo con las expresas previsiones que consignó el legislador en  el  Código  de  Procedimiento  Penal,  conceder  u  ofrecer facultativamente la  extradición  (artículos 509 y 510), es­tablecer   las   condiciones   que   en   ambos   casos   considere  oportu­nas   (artículo  512),  expresar a través del Ministerio de Relaciones Exteriores si es del caso  proceder  con sujeción a convenciones o usos internacionales o si se debe obrar  de  acuerdo con las nor­mas  del   estatuto   procesal   (artículo  514),  examinar  la  documen­tación      recibida     y     su  perfeccionamiento  si  fuere  necesario  (artículos  515  y  516),  expedir  la  resolución  que  niega  o  concede  el  pedido  (artículo  559),  disponer  la  improcedencia  o  la  entrega diferida por la existencia previa de un proceso en  Colombia  (artículos  522  y  527),  establecer  el orden de precedencia cuando  existan  varias  demandas  de  extradición (artículo 523), sufragar los gastos  que se causen dentro del territorio nacional (artículo 526), etc.   

         Por   esta   razón,  la  Corte  no  abordará  el  examen  de  las  im­plicaciones que para la  concesión      de      la      extradición     tenga     el     he­cho  de  que  el  señor  JOSÉ  MAURICIO  MORALES  GARCÍA hubiese  sido    conde­nado   en  Colombia  por  los  delitos  de  homicidio  e  infracción  a  la Ley 30 de 1986  (Estatuto  Nacional de Estupefacientes), pues la determinación sobre su entrega  diferida, se repite, compete al Ejecutivo.   

         Precisado    lo    anterior,    es    procedente    examinar    los  fundamen­tos del concepto  previstos    por    el    artículo    520    del   estatuto   proce­sal:   

         1. Validez formal de la documentación   

         Este  presupuesto  fue  observado  por  el  Gobierno de los Estados  Unidos de América.   

         En  efecto,  la  petición se hizo por vía diplomática, se anexó  copia  de  la  acusación  formal  (indictment)  S1  99  Cr. 1113, que en idioma  original  aparece  suscrita,  entre  otros,  por  Mary  Jo  White (United States  Attorney)  y  Terry  Mullen (Foreperson) y en ella se relacionaron las conductas  que  fundamentan  la  reclamación,  los  lugares y las fechas de su ocurrencia,  así   como   los   datos  para  establecer  la  identidad  del  requerido;  las  declaraciones  juradas  (affidavit)  en  apoyo  de  la  solicitud  que rindieron  William   O’  Flaherty,  Detective  del Departamento de Policía de Nueva York y miembro del equipo de la  DEA,  agencia  estadounidense antidrogas y Dan Himmelfarb, Fiscal Asistente para  el  Distrito  Sur  de  Nueva York, que además de confirmar los pormenores de la  acusación,  especifican  los datos de identidad del solicitado y relacionan las  disposiciones  normativas  aplicables al caso. Igualmente se allegó copia de la  orden  de  arresto  que  el  28  de  diciembre  de  1999 expidió el Tribunal de  Distrito de los Estados Unidos para el Distrito Sur de Nueva York.   

           Esta  documentación  aparece  producida  en  el idioma inglés y  traducida  al castellano en legal forma, con las debidas notas de autenticación  ante  el  Consulado  de  la República de Colombia en la ciudad de Washington D.  C.,  correspondientes  al  Oficial de Autenticaciones del Departamento de Estado  de los Estados Unidos de América.   

         A  su vez aparecen cintas y sellos de seguridad de la Secretaria de  Estado  y  de  la  Fiscal  General  del  país  requirente,  que  certifican las  actuaciones  del  Oficial  de  Autenticaciones  del Departamento de Estado y del  Director  de  la Oficina de Asuntos Internacionales de la División Criminal del  Departamento  de Justicia, todo lo cual demuestra la acreditación del requisito  de validez formal de la documentación.   

         2. Plena identidad del reclamado.   

         Ninguna  duda  cabe  que la persona que se encuentra recluida en la  Cárcel    del   Distrito  Judicial  “La  Modelo”  de  esta  ciudad  es  exactamente  la  misma  persona  contra  la  que  se dictó la acusación formal  (indictment)  S1  99  Cr. 1113.  La tarjeta decadactilar remitida junto con  la  solicitud  de  captura  con  fines  de  extradición  fue  comparada  por un  dactiloscopista   de  la  Dijín  de  la  Policía  Nacional  con  la  tomada  a  JOSÉ   MAURICIO   MORALES   GARCÍA   al  momento  de  su  captura  en  territorio colombiano,  y se  concluyó  que  se  trataba  de  la  misma  persona1.   

         3. Principio de doble incriminación.   

         Dispone   el   numeral  1º.  del  artículo  511  del  Código  de  Procedimiento   Penal  que  “para  que  pueda  ofrecerse  o  conce­derse la extradición, se requiere: 1.  Que  el  hecho  que  la motiva también esté previsto como delito en Colombia y  reprimido  con  una  sanción  privativa  de  la  libertad  cuyo  mínimo no sea  inferior a cuatro años”.   

         Los  cargos  que  los  Estados  Unidos  de  América le formulan al  señor   PEPE  MIRANDA  o  JOSÉ   MAURICIO   MORALES   GARCÍA   en la acusación formal son:   

         Cargo  I.  Violaciones referentes al  crimen  organizado.  “De,  al  menos  1995 hasta agosto de 1999 “la Organización Restrepo”, de la cual  formaba  parte  PEPE MIRAND,  se  involucró  en  actividades  delictivas,  “entre otras cosas, en el robo a  mano  armada, tráfico de narcóticos y homicidio” y operaba “principalmente  en  el  área  Metropolitana  de  Nueva  York”. Los “propósitos  de la  empresa”  eran:   “a. El enriquecimiento de los miembros y socios de la  empresa  a  través,  de  entre  otras cosas, el robo a mano armada en contra de  traficantes  de  narcóticos, robo a mano armada a joyeros y robos a mano armada  de  otros negocios legítimos. b. El preservar y proteger el poder de la empresa  a  través  del  robo,  homicidio,  otros  actos  de  violencia,  y  amenazas de  violencia”.  c.  El  promover  y  mejorar  la empresa y las actividades de sus  miembros  y  socios”  (…)  “Entre  los medios y métodos empleados por los  miembros  y socios, al conducir y participar en las actividades de la empresa se  encuentran  los  siguientes:  a.  “robo  a  mano  armada  y  homicidio”.  b.  “uso   de  violencia física y amenazas de violencia física en contra de  una  diversidad  de personas a quienes robaron, o trataron de robar propiedades,  incluyendo  joyas,  dinero  y  narcóticos”. c. “uso de violencia física en  contra  de  una  diversidad  de  personas  a las cuales asesinaron o trataron de  asesinar”.  d.  “venta  de  narcóticos”. Todo lo cual en violación   del  Título 18, Secciones 1961 y 1962 del Código de  los Estados Unidos.   

         Cargo  II.  Conspiración de crimen  organizado.  “De,  al  menos,  1995  hasta  e incluyendo agosto de 1999, en el  Distrito   Sur   de   Nueva   York   y   otros   lugares,   (…)   PEPE  MIRAND,  junto  con otras personas  conocidas  y  desconocidas, empleadas y asociadas con la Organización Restrepo,  de   una   manera   ilegal   y   deliberada  se  combinaron,  conspiraron,   confederaron  y  se  pusieron  de  acuerdo  para  violar  las  leyes  de  Crimen  Organizado  en  los  Estados  Unidos,  específicamente,  la  sección  1962 del  Título  18, del Código de los Estados Unidos, y se involucraron en actividades  que  afectaron  el comercio interestatal y extranjero a través de un patrón de  actividades   de   delincuencia   organizada,   específicamente  los  actos  de  delincuencia  organizada  que  se  mencionan en los párrafos 6 al 29 del Primer  Cargo”.   

         Las  referidas  secciones  1961 (1) y 1962 ( c) (a) (d) del título  18  del  Código  de  los Estados Unidos de América, que describen el delito de  “Actividades de Crimen Organizado”, prescriben:   

         (1)   “  …  Cualquier  acción  que  involucre  asesinato,  secuestro,  juegos ilícitos, incendio premeditado, robo,  cohecho,  extorsión,  tratos  obscenos,  o  venta  de sustancias controladas, o  sustancia  química clasificada (…) lo cual está sujeto a una acusación bajo  las leyes estatales y penado con prisión por más de un año”.   

         (c)   “Será  ilegal  para  cualquier  persona  empleada  por,  o  asociada  con  cualquier  empresa dedicada a actividades que afecten el comercio  interestatal  o  extranjero  el conducir o participar, directa o indirectamente,  en   la   conducta   de   tal   empresa  a  través  de  actividades  de  Crimen  Organizado”.   

        (a)  “Cualquier  que  viole  cualquiera  de  los  términos de la  sección  1962  de  este capítulo será multado bajo este título o encarcelado  por  no más de veinte años (o de por vida si la violación está basada en una  actividad  de Crimen Organizado cuya máxima pena incluye prisión de por vida),  o ambas penas”.   

         (d)  “Será considerado ilegal el que  cualquier  persona  conspire  para  violar  …  sub-  sección  … (c) de esta  sección”.   

        Estas  conductas  corresponden a la que nuestra normatividad define  como    concierto   para   delinquir   en  el  artículo  340-2  del  Código Penal (ley 599 de 2000) que,  entre  otras  hipótesis,  prevé  pena  de  prisión  de  seis  (6) a doce (12)  años   cuando,  como  se  establece  de los términos de la acusación, el  concierto  sea  para cometer delitos de narcotráfico. El Código Penal anterior  (artículo  186,  modificado  por  el  artículo  8º  de  la  ley 365 de 1997),  contemplaba  para  este  delito  pena  de  prisión  de  diez (10) a quince (15)  años.   

        Cargos     IV     y   XIV.  Posesión  y  uso  de un arma de  fuego.  “El  27  de  febrero de 1999, o alrededor de esa fecha, en el Distrito  Sur  de  Nueva  York,  (…)  PEPE MIRAND”,   junto  con  otras  personas,  “ilegalmente,  deliberada  y  adredemente  portaron  y  usaron,  e  hicieron que otra persona usara un arma de  fuego  durante  y  en  relación  a  un  delito  violento,  específicamente, la  conspiración  para robar a los empleados de una compañía de carnes, el robo a  los  empleados  de  una compañía de carnes, el homicidio de Donald Pagani y el  homicidio  preterintencional  de  Donald Pagani imputado en el Décimo, Onceavo,  Doceavo  y Decimotercer  Cargos de este Documento inculpatorio. (Título 18  del   Código   de   los   Estados   Unidos   en   las  Secciones  924  (c  )  y  2)”.   

        La   sección   924   del   título  18,  que  trata  de  las   “Sanciones   para   delitos   que   involucran  armas  de  fuego”,  señala:   

        “…  Cualquier  persona  que  durante y en relación a cualquier  delito  de  violencia, o delito de tráfico de narcóticos (…) por la cual una  persona  puede  ser  enjuiciada  en  un tribunal de los Estados Unidos, si usa o  porta  un  arma  de  fuego…recibirá  las  siguientes penas, adicionalmente al  castigo   especificado   para   tales   delitos   de  violencia  o  tráfico  de  narcóticos…(i)  “Será sentenciado a prisión por no menos de 5 años. (ii)  Si  se  esgrime  un  arma de fuego será sancionado a prisión por no menos de 7  años”.   

                   

        Cargo    X.  “Conspiración   para   cometer  robo”.  “En  o  alrededor,  de  agosto  de  1999,  en  el  Distrito  Sur  de Nueva York, y otros  lugares,     (…)    PEPE   MIRAND,  junto  con  otras  personas conocidas y no conocidas conspiraron  para  cometer  robo,  según  a la definición de este término en el Título 18  del  Código  de los Estados Unidos, Sección 1951 (b) (1), específicamente, el  robo  a empleados de una compañía de carnes, a punta de pistola, en el sur del  Bronx  y por ende obstruyeron, demoraron y afectaron el comercio y el movimiento  de  artículos  y  mercancía, de acuerdo a la definición de ese término en el  Título   18,   del   Código   de   los   Estados   Unidos  sección  1951  (b)  (3)”.   

        Cargo  XI. “ROBO”. “El  27 de  agosto  de  1999,  o  alrededor  de  esa fecha en el Distrito Sur de Nueva York,  PEPE  MIRAND”, junto con  otras  personas  (…)  “ilegalmente, deliberada y adredemente llevaron a cabo  un  robo,  de  acuerdo  a  la  definición de este término en el Título 18 del  Código  de los Estados Unidos, en la Sección 1951 (b) (1), específicamente el  robo  a  empleados de una compañía de carnes, a punta de pistola en el sur del  Bronx,  y  por  ende  obstruyeron,  demoraron  y  afectaron  el  comercio  y  el  transporte   de   artículos   y  mercancía  comerciales,  de  acuerdo  con  la  definición  de  ese término en el Título 18 del Código de los Estados Unidos  en la Sección 1951 (b) (3)”.   

        La  sección 1951 del  título 18, señala:   

        “Cualquier  persona  que  de  cualquier  manera y hasta cualquier  grado  obstruya,  demore  o  afecte  el comercio, o el transporte de un objeto o  mercancía  por medio de robo o extorsión, o trata de conspirar para hacerlo, o  comete  o  amenaza  el uso de violencia física en contra de cualquier persona o  propiedad  para  llevar  a  cabo  un  plan, o con el propósito de hacer algo en  violación  de  esta  sección será multado bajo esta ley, o puesto en prisión  por no menos de 25 años, o ambas penas”.   

        (b)  “El  término  “robo”  significa  el  tomar ilegalmente u obtener propiedad personal de una  persona  o  en  la presencia de otra persona en contra de su voluntad, por medio  de  uso  de fuerza real o amenazas o violencia, o miedo de recibir lastimaduras,  inmediatamente   o   en   el  futuro,  a  su  persona  o  propiedad…”.    

         

        No  cabe duda que los hechos relacionados con “la posesión y uso  de  un  arma  de  fuego”  (cargos  IV y XIV), “la conspiración para cometer  robo”  (cargo X), “robo” (cargo XI), que tienen como soporte las secciones  924   y  1951 del título 18 del Código de los estados Unidos de América,  encuentran  adecuación  típica en nuestro sistema penal en los artículos 365,  340,  240  y  241  del  actual Código Penal (ley 599 de 2000) que tratan de los  delitos  de  porte  ilegal  de arma de fuego de defensa personal, concierto para  delinquir,  hurto  calificado y agravado, respectivamente. Sin embargo, respecto  de  estos  comportamientos delictivos no concurre el presupuesto mínimo de pena  para  extraditar,  por  lo  cual, el concepto será desfavorable, al tenor de lo  dispuesto  por  el  numeral  1°. del artículo 511 del Código de Procedimiento  Penal .   

        En  efecto,  el  concierto  para  delinquir tiene prevista una pena  mínima  de  3 años de prisión, la que sólo supera el límite máximo exigido  de  4  años  cuando  tenga  como  finalidad, al tenor del inciso 2°.  del  artículo  340  citado,  cometer  delitos de genocidio, desaparición forzada de  personas,    tortura,    desplazamiento    forzado,    homicidio,    terrorismo,  narcotráfico,  secuestro  extorsivo,  extorsión  o  para  organizar, promover,  armar  o  financiar  grupos  armados  al  margen  de  la ley, situaciones que no  corresponden al cargo imputado.   

        El  hurto  calificado  y  agravado,  y el porte de armas de defensa  personal,   tienen   prevista   una   pena   mínima   inferior  a  4  años  de  prisión.   

        Cargo  XII.  “Homicidio”.  “En,  o  alrededor  de agosto 27 de 1999, en el Distrito Sur de Nueva York, como pago por  haber  recibido,  y como pago de una promesa y convenio para pagar, por algo con  valor  pecuniario  recibido de la Organización Restrepo, y con el propósito de  obtener   la   entrada   o  de  mantener  y  fortalecer  sus  posiciones  en  la  Organización  Restrepo,  una empresa involucrada en actividades de delincuencia  organizada,     (…)    PEPE    MIRAND”,  junto  con otras personas, “ilegalmente, intencionalmente y  deliberadamente  ultimaron,  instigaron  e  indujeron  el  homicidio  de  Donald  Pagani,  en  violación de la ley Penal del Estado de Nueva York (Título 18 del  Código   de   los   Estados   Unidos   en   las   Secciones   1959  (a)  (1)  y  (2)”.   

        Cargo     XIII.     “Homicidio  preterintencional”.  “En,  o  alrededor de agosto 27 de 1999, en el Distrito  Sur  de  Nueva  York, como pago por haber recibido, y como pago de una promesa y  convenio  para pagar, por algo con valor pecuniario recibido de la Organización  Restrepo,  y  con el propósito de obtener la entrada o de mantener y fortalecer  sus  posiciones  en  la  Organización  Restrepo,  una  empresa  involucrada  en  actividades  de  delincuencia  organizada,  (…) PEPE  MIRAND”  junto  con otras personas, “ilegalmente,  intencionalmente  y  deliberadamente  cometieron  un  robo, y en el curso de ese  delito  y  para  llevarlo a cabo y darse a la fuga del mismo, causaron la muerte  de  una persona ajena a los participantes en el delito, específicamente, Donald  Pagani,  en violación de la ley penal del Estado de Nueva York. (Título 18 del  Código   de   los   Estados   Unidos   en   las   Secciones   1959  (a)  (1)  y  2)”.   

          La  sección 1959,  que define los “delitos violentos para  apoyar actividades de Crimen organizado”, prescribe:   

        “Cualquiera  que  como  pago (…), en violación de las leyes de  cualquier  estado  de los Estados Unidos, o trata o conspira para hacerlo, será  castigado …   

        “(1)  Por asesinato, ya sea por condena a muerte  o prisión  de por vida, o una multa bajo esta ley, o ambos (…).   

        “(5)  Por  intentar  cometer  o  conspirar  para llevar a cabo un  asesinato  o  secuestro, la pena será de prisión por no más de 10 años o una  multa  bajo  esta ley, o ambas penas”.            

        La  conducta  imputada en el cargo XII (homicidio) corresponde a la  definición   típica  de  homicidio  contenida  en  el  artículo  103 del  Código  Penal,    que  prevé  pena de prisión cuyo mínimo es de 13  años,  con  lo  cual  se cumple  el requisito establecido por el artículo  511-1  del  Código de Procedimiento Penal, relativo a la doble incriminación y  a la pena mínima para extraditar.        

        El  comportamiento atribuido en el cargo  XIII (homicidio como  delito   

mayor  durante  la  comisión de un hurto,  según  la  Nota  Verbal;  u  homicidio  preterintencional,  de  acuerdo  con la  traducción  del  indictment),  en principio no correspondería a la definición  típica  de  homicidio  preterintencional  contenida en el artículo 105 Código  Penal  (ley  599  de  2000),  sino  a la de homicidio agravado de que tratan los  artículos    103    y   104-2   ejusdem,   que   establecen   pena  de  prisión  de  veinticinco  (25)  a  cuarenta    (40)  años  cuando  la  muerte  se  comete  “para  preparar,  facilitar  o  consumar  otra  conducta  punible;  para  ocultarlo,  asegurar  su  producto      o      la      impunidad,      para     sí     o     para     los  copartícipes”.            

    

        Como   lo   ha   reiterado   la   Sala2,  en  Colombia  la  doctrina  tiene    establecido    que    la    disposición    vigente   sobre   homicidio  preterintencional,  contempla  la hipótesis fáctica de quien con el propósito  de  perpetrar  una  lesión  corporal, ocasiona la muerte de su víctima, de tal  forma  que el resultado producido, por falta de previsión, o por haber confiado  imprudentemente  el  autor  en  poder  evitarlo,  excede la voluntad del agente,  situación  que dista de coincidir con los hechos a que se refiere este cargo de  la  acusación  proferida,  entre  otros,  contra PEPE  MIRANDA.   

        Aun  si la información que el cargo suministra no fuera totalmente  nítida  sobre  el  punto para establecer con precisión si el hecho corresponde  al  supuesto de homicidio agravado o al de homicidio preterintencional definidos  en  el Código Penal de Colombia, importaría decir que, de todas maneras, si se  aceptara  que  la imputación se basa en que la intención de los autores no fue  la  de  ocasionar  la  muerte  de Donald Pagani, en esta hipótesis de solución  también  se  cumpliría  el presupuesto relativo a la doble incriminación y la  pena  mínima  para  extraditar, dado que si se juzgara en Colombia al requerido  en  extradición, la pena mínima correspondiente al hecho sería  superior  a  cuatro (4) años de prisión, como en asuntos semejantes concluyó la Sala en  dos    oportunidades33   

.  

         

       En  síntesis,  tal como lo señaló el Procurador Delegado,   el  elemento  de  la  doble incriminación se cumple cabalmente en relación con  los  delitos que se le imputan al requerido en los cargos I (crimen organizado),  II  (conspiración  de  crimen  organizado),  XII  (homicidio) y XIII (homicidio  preterintencional),  pues  no  solo  constituyen  injustos  típicos  en nuestra  Nación,  sino  que  son  sancionados  con  prisión no menor a cuatro años. No  sucede  lo mismo respecto de las conductas delictivas que se le atribuyen en los  cargos  IV  y  XIV  (porte  de  armas  de  fuego), X (conspiración para hurtar)  y   XI  (hurto),  porque  la  pena mínima prevista en nuestra normatividad  para    dichas    hipótesis    criminosas    es   inferior   a   4   años   de  prisión.   

       Aclara  la  sala  que en los cargos 3º, 5º, 6º, 7º, 8º y   9º,   no   se   menciona  al  señor  PEPE  MIRANDA.   

        Por     otra    parte,    si  bien  el  cargo  IV   (  use  and  carrying  of a firearm)  no  fue  traducido  por las  autoridades de los  Estados   Unidos   al   elevar  su  petición  al  Gobierno  Colombiano,  de  la  declaración  jurada del señor Dan Himmelfarb allegada con la documentación se  puede  establecer  que  la  imputación  corresponde al “uso y posesión de un  arma  de  fuego”,  pues precisó: “Como se mencionó antes, los cargos tres,  cuatro,  cinco,  nueve  y catorce del documento inculpatorio imputa el delito de  portar  y  usar un arma de fuego durante y en relación a un delito violento, en  violación  del  Título 18 del Código de los Estados Unidos en la sección 924  (c  )  y 2 (Fl. 73, anexo 2).   Por este cargo también se solicita la  extradición  del  señor  PEPE MIRANDA, pues    su    nombre    aparece    en    el    cargo    original   cuya   traducción   se  omitió.   

       Respecto  de las peticiones del ciudadano requerido y su defensor,  cabe señalar:   

       a)   Les   asiste   la  razón  cuando  indican  que  en  el  indictment  se  hace una doble incriminación  pues se  formulan  como dos cargos diferentes (XII y XIII) a partir del mismo hecho, pues  la  muerte  de Donald Pagani, que ocurrió dentro del robo a los empleados de la  American  Sirloin  Meat  Company  en  el  Bronx, Nueva York, se ha imputado como  homicidio preterintencional y homicidio.   

        Para  la  justicia del país requirente, ese mismo hecho constituye  “murder”  y  “felony  murder”  (traducidos  como  homicidio  y homicidio  preterintencional).  En  Colombia  constituye  homicidio  agravado  con una pena  mínima  de  25  años  de  prisión,  por  cuanto se causó la muerte de Donald  Pagani  para  facilitar la consumación del hurto.  Sin embargo, no es a la  Corte  a la que le corresponde corregir la acusación del país requirente en el  sentido  de  reducir  los  dos  cargos  formulados  a  uno  solo, sino que es al  requerido  en extradición, una vez frente al juez del país solicitante, al que  le   compete   discutir   ese  punto  que  hace  relación  a  que  su  presunta  responsabilidad  penal  en  el  homicidio de Pagani, no le puede ser imputada en  dos  tipos penales diferentes. Ese es un tema que corresponde exclusivamente del  Juez  del  país  requirente  y  respecto  del  cual la autoridad jurisdiccional  colombiana  no  puede  emitir opiniones de ninguna índole, habida cuenta que la  ley  que  rige  el  trámite  de  extradición  no  le  permite  hacer juicios o  adelantar debates sobre aspectos sustanciales de la acusación.   

        b)  Los  delitos a que aluden los cargos I (crimen organizado) y II  (conspiración  de crimen organizado)  corresponden en nuestra normatividad  al  concierto  para  delinquir  cuya  cantidad  punitiva mínima es superior a 4  años  cuando  el  delito  tenga  como  una  de sus finalidades el narcotráfico  (artículo  186  del  Código Penal de 1980, modificado por el artículo 8º. de  la  ley  365  de  1997,  y  artículo  340-2  del  nuevo  Código  Penal). En el  “indictment”  está  expresamente prevista esta circunstancia en el acápite  “conspiración que involucran Narcóticos”.   

        c)  No  se  pronunciará la Corte sobre la legalidad o contenido de  los   fundamentos  probatorios  que  le  sirven  de  soporte  a  la  resolución  acusatoria,  ni  sobre  las  circunstancias  en  que pudieron haber ocurrido los  delitos   que   se   le   atribuyen  al  señor  PEPE  MIRANDA,  como  lo  piden  éste y su defensor en sus  estudios.   

        Sobre este aspecto, expresó la Sala en otra ocasión:   

       “Siendo  que  este  proceso  de  comparación  es  únicamente  formal, de él se excluye  verificar  si el Estado requirente cuenta con la prueba necesaria para demostrar  la  tipicidad  de  las  conductas  atribuidas  al  reclamado,  si con ellas  efectivamente  se puso en riesgo o se lesionó el bien jurídico protegido, y si  el  procesado  actuó  con  culpabilidad;  ya  que  en este trámite la Corte no  actúa  como instancia de las autoridades extranjeras, por tanto no se pronuncia  sobre  la  responsabilidad  del  reclamado,  ni  en  relación  con el acierto o  desacierto  de  sus  decisiones,  materias  que  le  corresponde  definir  a los  funcionarios  judiciales  del  país  requirente  en  el  proceso génesis de la  reclamación”.   

      “Es obvio  que  de pronunciarse la Sala sobre estos tópicos se inmiscuiría en los asuntos  internos   del   país   requirente,   violando   su   soberanía”44.   

        Con  esta  posición  coincide enteramente el criterio expuesto por  la Corte Constitucional. Dijo:   

       “…  el  acto  mismo  de  la  extradición  no decide, ni en el concepto previo, ni en su  concesión  posterior,  sobre la existencia del delito, ni sobre la autoría, ni  sobre  las  circunstancias  de tiempo, modo y lugar en que se cometió el hecho,  ni  sobre  la  culpabilidad del imputado, ni sobre las causales de agravación o  diminuentes  punitivas,  ni sobre la dosimetría de la pena, todo lo cual indica  que  no  se  está en presencia de un acto de juzgamiento, como quiera que no se  ejerce función jurisdicente”.   

         “(…)  la  Corte  Suprema  de  Justicia  en este caso no actúa como juez, en  cuanto  no  realiza  un acto jurisdiccional, como quiera que no le corresponde a  ella  en  ejercicio  de  esta función establecer la cuestión fáctica sobre la  ocurrencia  o  no de los hechos que se le imputan a la persona cuya extradición  se  solicita,  ni  las  circunstancias  de  modo, tiempo y lugar en que pudieron  ocurrir,  ni  tampoco  la  adecuación  típica  de  esa  conducta  a  la  norma  jurídico-  penal  que la define como delito, pues si la labor de la Corte fuera  esa,  sería  ella y no el juez extranjero quien estaría realizando la labor de  juzgamiento”55   

.  

   

          d)  También  tienen  razón  cuando  señalan  que  los  delitos  aludidos  en  los  cargos  IV  y XIV (porte de armas de fuego), X (conspiración  para  hurtar)  y  XI  (hurto) no reúnen el mínimo punitivo exigido por nuestra  normatividad  para  conceder la extradición. Pero se equivocan en relación con  las  fechas  en  que según ellos ocurrieron tales hechos, pues no es cierto que  los  mismos  hayan  sucedido  antes de 1997. Según se indica en cada uno de los  cargos  referidos,  las  conductas imputadas acaecieron en los meses de junio de  1998, febrero y agosto de 1999.     

        e)  Por  lo  que  respecta  a la solicitud del defensor para que la  Corte  Suprema  de  Justicia advierta al Gobierno Nacional sobre las previsiones  contenidas  en  el  artículo 550 de la anterior normatividad procedimental (hoy  artículo  512),  la  Sala  reitera  lo  que  ha  afirmado  frente  a peticiones  similares66   

:  

        “La  sentencia  de  constitucionalidad 1106/2000 del 24 de agosto  de  2000  de  la  Corte  Constitucional  decidió  la exequibilidad, entre otras  normas,  de  los  artículos 550 y 565 del Código de Procedimiento Penal.   La   del   inciso   2°   del  artículo  550  se  condicionó  al  ‘(…)  entendido de que la entrega de  una  persona en extradición al Estado requirente, cuando en este exista la pena  de  muerte  para el delito que la motiva, solo se hará bajo la condición de la  conmutación  de  la  pena,  como  allí  se  dispone,  e igualmente, también a  condición  de  que  al  extraditado  no se le someta a desaparición forzada, a  torturas  ni  a  tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes, ni a las penas  de  destierro,  prisión  perpetua  y confiscación, conforme a lo dispuesto por  los   artículos   11,   12  y  34  de  la  Constitución  Política’.  Ese  condicionamiento,  necesario  para  que  la  norma  sea  constitucional,   naturalmente  no  modifica  su  redacción  literal,  sobretodo en cuanto que el destinatario de ese precepto es  el  gobierno, tal como aparece claramente en su texto, por lo que la Corte en su  Concepto  no  puede  imponer  las  condiciones  reclamadas  por el defensor y el  Agente  del  Ministerio  Público,  que  finalmente  se  contraerían  a  que el  gobierno   cumpla   la  Constitución  y  la  ley,  lo  que  es  su  obligación  constitucional  y  le genera responsabilidad en cuanto las infrinja, las omita o  las extralimite”.   

        4. Equivalencia de las decisiones.   

        Para    la    Sala    igualmente    se   cumple   el   presupuesto  de  equivalencia  exigido  por el artículo 511-2 del  Código  de  Procedimiento  Penal.  La norma señala “que por lo menos se haya  dictado   en   el  exterior  resolución  de  acusación  o  su  equivalente”.   

       En  este  caso,  no  queda  ninguna  duda que la acusación formal  pronunciada  por  el  Gran  Jurado  ante  el Tribunal de Distrito de los Estados  Unidos  para  el  Distrito  Sur  de Nueva York (documento inculpatorio S1 99 Cr.  1113),  en  contra,  entre  otros,  del  señor  PEPE  MIRANDA,  corresponde  a  la  resolución acusatoria  prevista  en  los artículos 397 y 398 del actual Código de Procedimiento Penal  Colombiano,   pues  además  de  que  con  dicho  acto  procesal  la  actuación  subsiguiente  no  es otra distinta al juicio oral que finaliza con el respectivo  fallo  de  mérito,  como  aquí  sucede, en él se consignan los nombres de los  partícipes,  las  circunstancias  de tiempo, modo y lugar en que se realizó la  conducta   reprochable,  su  descripción  típica  y  las  normas  sustanciales  aplicables al caso.   

        En  mérito  de lo anterior, La Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema de Justicia,   

CONCEPTÚA:  

          1. FAVORABLEMENTE a la extradición del  ciudadano  colombiano   PEPE MIRANDA     o    JOSÉ    MAURICIO    MORALES  GARCÍA  formulada  por  el  Gobierno  de los Estados  Unidos  de  América,  con  relación a los cargos I  (crimen   organizado),   II  (conspiración  para  el  crimen  organizado),  XII  (homicidio) y XIII (“homicidio preterintencional”).   

       2.  DESFAVORABLEMENTE a la extradición  del     ciudadano   colombiano   PEPE   MIRANDA  o  JOSÉ  MAURICIO MORALES  GARCÍA  formulada  por  el  Gobierno  de Los Estados  Unidos  de  América,  con  relación a los cargos IV  (porte   de   armas),   X   (conspiración   para   cometer  hurto  –o  “robo”-),  XI  (hurto) y XIV  (porte de armas).   

        Por   medio   de   la   Secretaría   de   la   Sala,  hágase  saber  esta decisión al señor  PEPE   MIRANDA    o  JOSÉ    MAURICIO    MORALES    GARCÍA,  a  su defensor, al Procurador Segundo Delegado para la Casación  y al Fiscal General de la Nación.   

        Devuélvase  el expediente al Ministerio  de  Justicia  y  del  Derecho,  para  lo  que  concierne en adelante al Gobierno  Nacional.   

Comuníquese y cúmplase.  

CARLOS EDUARDO MEJÍA ESCOBAR  

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL                          JORGE   E.  CÓRDOBA  POVEDA             

HERMAN   GALÁN  CASTELLANOS            CARLOS A.  GÁLVEZ     ARGOTE                               

JORGE  ANÍBAL GÓMEZ  GALLEGO                                     EDGAR LOMBANA  TRUJILLO               

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ  PINZÓN         NILSON  E.  PINILLA  PINILLA                              

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

1  Como  tampoco  hay  duda,  al  punto  que  no ha sido  discutido,  que PEPE MIRANDA, es el mismo PEPE MIRAND, apellido que se usa en la  formulación de cargos.   

2  Conceptos  del  1º. de agosto de 2000, M. P.  Fernando E. Arboleda Ripoll,  (radicación  No.  16.912)  y  del  16  de  mayo de 2001, M. P. Carlos E. Mejía  Escobar (radicación No. 16.915).   

    

3  Conceptos  del  29 de agosto de 2000 (M. P. Jorge E.  Córdoba  Poveda)  y  16 de mayo de 2001 (M. P. Carlos E. Mejía Escobar),   respecto de los radicados números 16911 y 16915.   

4  Concepto  del 20 de junio de 2000, M. P. Edgar Lombana Trujillo (radicación No.  16824).   

5  Sentencia  C-1106,  del  24  de agosto de 2000, M. P.  Alfredo Beltrán Sierra   

6  Concepto  del  16  de  mayo  de 2001, M. P. Carlos E.  Mejía Escobar, radicación No. 16915.     

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