10532(19-07-01)

2001

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso N° 10532  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr.  FERNANDO  E.  ARBOLEDA RIPOLL   

Aprobado Acta No. 102.  

Santafé  de  Bogotá, D.C.,  diecinueve  (19) de julio de dos mil uno (2001).   

Resuelve  la  Sala  el  recurso  de casación  interpuesto  por  el  defensor  del procesado ALFONSO RUBIANO PIÑEROS contra la  sentencia  por  medio  de  la cual el Tribunal Superior del Distrito Judicial de  Tunja,  al  modificar  el  fallo  que  a su turno profirió el Juzgado Penal del  Circuito  de  Guateque,  lo condenó a purgar como pena principal la de ocho (8)  años  y  cuatro  (4)  meses de prisión, por su responsabilidad en el delito de  homicidio en que fue víctima Nemecio Ernesto Piñeros Gordillo.   

ANTECEDENTES  

1.-   En   hechos  violentos  acaecidos  el  veinticuatro  (24)  de  marzo de mil novecientos noventa y tres (1993), en sitio  rural  cercano  a  la  población de Guayatá (Boyacá), perdió la vida Nemecio  Ernesto  Piñeros Gordillo, a consecuencia de seis disparos de arma de fuego que  le  propinó ALFONSO RUBIANO PIÑEROS, en momentos en que junto con la esposa de  este  último (María Herminia Orjuela) y Jorge Arturo Hinestroza se desplazaban  en  un  vehículo  Lada.  Tal  como  se  reconoció  en  el  fallo impugnado, la  reacción  del  procesado  obedeció  al  asedio  amoroso a que el occiso había  sometido   desde  tiempo  cercano  a  su  esposa,  con  quien  tenía  un  hogar  pacíficamente establecido por lapso aproximado de treinta años.   

2.-  Por  los  anteriores  hechos  y  una vez  culminada   la   etapa   instructiva,   ALFONSO  RUBIANO  PIÑEROS  fue  acusado  formalmente  en  condición de presunto autor material responsable del delito de  homicidio  simple,  en  su  modalidad  dolosa,  por el cual el Juzgado Penal del  Circuito  de Guateque le impuso como pena principal la de veinticinco (25) años  de  prisión,  y  la  accesoria  de  interdicción en el ejercicio de derechos y  funciones  públicas  por  el  mismo  lapso.  Incluyó  igualmente  el fallo, la  condena  al  pago  de  perjuicios  ocasionados  con  el delito, cuantificados en  $25.000.000.oo  los materiales, y el equivalente a mil (1.000) gramos oro los de  orden  moral,  pagaderos  a  “quien  demuestre interés en su percepción, tal  como lo exige la ley”.   

3. Impugnada la sentencia de primera instancia  por  el  defensor  del  procesado,  la  misma fue sustancialmente modificada. En  tanto  que  se  reconoció  que  había obrado en estado de ira, la consecuencia  punitiva  se redujo a ocho (8) años y cuatro (4) meses de prisión, término en  el  cual  se  fijó  la  accesoria.  De  otra  parte,  luego  de precisar que el  beneficiario    de   los   perjuicios   sería   el   padre   del   occiso,   su  determinación   definitiva  se  concretó en el equivalente a 1.350 gramos  que  comprendían  los  de  orden moral y material. Contra el fallo del ad quem,  como  ya  se  anotó,  fue  interpuesto  el  recurso  de  casación que ahora se  decide.   

LA  DEMANDA:  

Al  amparo de la causal tercera del artículo  220  del  código de procedimiento penal un único cargo formula el casacionista  contra  la  sentencia,  la  cual  según sus planteamientos, se dictó en juicio  viciado  de  nulidad. La irregularidad con potencialidad para afectar la validez  de  la  actuación  cumplida,  la  fija a partir de la audiencia de juzgamiento,  inclusive,  y  la  hace  consistir  en  la  no  asistencia del representante del  Ministerio  Público  a dicho debate, que, según considera, es obligatoria y no  meramente facultativa.   

En   su   criterio,  la  intervención  del  representante  de  la  sociedad era de vital importancia; tanto porque ello debe  ocurrir  por  mandato  de  la  constitución y la ley, como porque se trataba de  “un hecho típico que impacta más en la opinión pública”.   

Luego   de   señalar   las   disposiciones  constitucionales   y   legales,    a  partir  de  las  cuales  concluye  la  obligatoriedad  de  la  intervención del Ministerio Público en la audiencia de  juzgamiento,  y  de  transcribir apartes de la jurisprudencia de esta Sala sobre  la  finalidad de las nulidades supralegales, pide a la Corte casar la sentencia,  y   anular   la   actuación   desde   el   momento   en  que  se  presentó  la  irregularidad.   

CONCEPTO   DEL   MINISTERIO   PUBLICO :   

El  Procurador  tercero  delegado en lo penal  pone  de presente en primer lugar, que el demandante omitió demostrar, como era  su  deber  en  tratándose de este recurso extraordinario, el desmejoramiento de  la  situación  jurídica  de  su patrocinado, como consecuencia de una eventual  afectación  de  los  principios de publicidad, oralidad y contradicción de las  pruebas,  originada por la ausencia del representante del Ministerio Público en  la   vista   pública,  con  repercusión  en  la  situación  jurídica  de  su  patrocinado.   

Esa  falencia,  agrega  el  Procurador,  muy  seguramente  le  impidió  al   casacionista  advertir la improcedencia del  recurso,  en  tanto  que no existe regulación constitucional o legal alguna, de  la  que  pueda   predicarse  la  obligatoriedad de la intervención de este  sujeto  procesal  “en  todos  los  procesos  penales  y  en todos los actos de  ellos”,  la  cual se ofrece como discrecional  “cuando sea necesario en  defensa  del  orden  jurídico,  del  patrimonio  público,  o de los derechos y  garantías   fundamentales”   (numeral   7  del  artículo  277  de  la  Carta  Política).   

En  tales  condiciones,  en  la medida que el  ordenamiento   jurídico   no   incluye   como  obligatoria  la  asistencia  del  representante  del  Ministerio  público  a  la  audiencia  pública,  que si la  presencia  de  otros sujetos procesales (fiscal, defensor y procesado privado de  la   libertad),    considera   que   la   demanda   debe  ser  desestimada,  absteniéndose la Corte de casar el fallo objeto de reproche.   

PARA RESOLVER SE CONSIDERA :  

En   punto   de   la   causal   tercera  de  casación,   la Sala recuerda que su proposición no se encuentra exenta de  la  técnica  que gobierna el recurso; por ende, en su alegación corresponde al  actor  concretar  la  clase de nulidad que invoca, señalar sus fundamentos, las  normas  que  estime  infringidas,  y  precisar  de  qué manera la irregularidad  procesal  repercutió  definitivamente afectando el trámite que culminó con la  sentencia  impugnada;  aparte  claro  está de indicar con precisión el momento  procesal  a partir del cual debe reponerse la actuación y el funcionario al que  habría de remitirse el expediente.   

Estos lineamientos, ampliamente desarrollados  por  la  jurisprudencia  de  la  Corte,  no son íntegramente satisfechos por el  libelista,  quien  omite señalar a cuál de los motivos taxativamente previstos  por  el  artículo  304  del  código  de  procedimiento  penal  corresponde  su  pretensión  invalidatoria  del  proceso, limitándose a aducir escuetamente que  la  intervención del Ministerio público “es de vital importancia no solo por  mandato  de  la  ley  sino  por mandato constitucional”, pero sin demostrar de  qué  manera  la  inasistencia de este sujeto procesal al juicio oral alteró en  forma  grave  las  bases  del  rito  o  privó  de  posibilidades  de defensa al  reo.   

Además de estas inconsistencias de carácter  técnico,  suficientes  para  desestimar  la  demanda, de todas maneras el cargo  carece de fundamento, como pasa a verse.   

Es  cierto,  como lo señala el censor,   que   a la audiencia pública realizada el día 13 de julio de 1994, dentro  del  proceso  adelantado  contra  el  procesado  ALFONSO  RUBIANO  PIÑEROS,  no  concurrió  el representante del Ministerio Público. Tan solo lo hicieron   el  Fiscal  28 seccional y el defensor de oficio del procesado, quien por razón  de  la  situación  de contumacia en que se colocó desde el día de los hechos,  fue   vinculado   a   la   investigación   mediante   declaratoria  de  persona  ausente.   

Pese  a  ello,  y  siendo este el único tema  jurídico  propuesto  para el debate en casación, impera precisar  que tal  situación  procesal no comporta irregularidad sustancial con potencialidad para  afectar  la  validez  de  la  actuación  surtida  a  partir,  inclusive,  de la  audiencia  de  juzgamiento,   porque  tal  como  lo  pone  de  presente  el  Procurador  y  lo  concluyó la Sala en pretérita oportunidad, la intervención  del  Ministerio  Público  en  ese  acto  no  es obligatoria como lo entiende el  defensor del procesado, sino meramente discrecional.   

En  torno  a  este tema, que es el fundamento  único  de  la censura, la Sala en forma unánime, tuvo oportunidad de consignar  in  extenso, a través de la sentencia de casación proferida el 27 de marzo del  año  en  curso,  dentro  del  proceso  de radicación 11619,  con ponencia  del   Magistrado  Dr.  Carlos A. Galvez Argote, su criterio interpretativo,  del  cual a bien está traer a colación el siguiente aparte que se tendrá como  sustento   jurisprudencial   de   la   decisión   a   adoptar  en  el  presente  asunto:   

“Es  que,  y  con el fin de clarificarle al  censor  la  confusión en que incurre, necesario es recordarle, que bajo la  expedición  de  la  vigente  Carta  Política  y  de conformidad con el numeral  séptimo  del  artículo 277, el Ministerio Público interviene en esta clase de  procesos   ‘cuando   sea  necesario’  en defensa del  ordenamiento  jurídico,  el  patrimonio  público  y  los derechos y garantías  fundamentales,  norma  ésta  que  reproduce  el  artículo  131  del Código de  Procedimiento  Penal,  de  conformidad  con  las cuales es claro que si bien fue  reconocido  como  sujeto  procesal,  su  intervención  no  quedó  obligatoria,  excepción  hecha  de  aquellas  diligencias  en  las  que  expresamente así lo  determina  le  ley,  siendo  el  mismo  el  que decide hacerlo, bajo su absoluta  responsabilidad  penal y disciplinaria, o en fin a la que hubiese lugar, sin que  ello  signifique  que exista etapas procesales sin Ministerio Público, sino que  permanece  reconocido  por  ley  y  latente,  vigilante,  para  materializar  su  actuación   cuando   ‘sea  necesario’.  Así,  si  no  estimare  imperativo  hacerlo,  esto  no  implica  afectación  alguna al debido  proceso,    pues    se    insiste,    un    tal    proceder    queda   bajo   su  responsabilidad”.   

Como consecuencia de lo dicho en precedencia,  el cargo no está llamado a prosperar.   

En  mérito  de  lo  expuesto,  la  Sala  de  Casación  Penal  de  la  Corte  Suprema  de Justicia, administrando justicia en  nombre de la República y por autoridad de ley,   

R E S U E L V E :  

NO CASAR la sentencia  impugnada.   

CUMPLASE. Devuélvase  al Tribunal de origen.   

CARLOS E. MEJIA ESCOBAR  

FERNANDO       E.       ARBOLEDA  RIPOLL                                                                        JORGE E. CORDOBA POVEDA   

HERMAN            GALAN  CASTELLANOS                                               CARLOS    A.    GALVEZ    ARGOTE           

JORGE         A.         GOMEZ  GALLEGO                                                                                                EDGAR         LOMBANA  TRUJILLO                          

No hay firma                                                                                     No hay firma   

ALVARO         O.        PEREZ  PINZON                                                                                    NILSON    PINILLA  PINILLA                         

TEREA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

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