16787(23-07-01)

2001

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso     N°  16787   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente  

Dr. JORGE E. CÓRDOBA  POVEDA   

Aprobado acta N° 103  

Bogotá, D. C., veintitrés (23) de julio de  dos mil uno (2001).   

V    I   S   T   O  S   

Resuelve la Corte la admisibilidad formal de  la  demanda  de  casación presentada por el apoderado de la parte civil, dentro  del  proceso  que  se  adelanta  contra LILIANA MARCELA  SILVA RANGEL.   

A  N  T  E C E D E N T E  S   

1.   El   juzgador  de  segunda  instancia  sintetizó los hechos así:   

“El  11  de  mayo de 1993, RAFAEL MAURICIO  MENDEZ  MUÑOZ  resultó  herido  mortalmente  por  proyectiles activados con el  revólver   calibre  38  largo,  número  extremo  IM  48  62  H,  amparado  con  salvoconducto  a  nombre  del  occiso,  cuando en compañía de su novia LILIANA  MARCELA  SILVA  RANGEL  transitaban en el automotor que ella conducía de placas  BAH  557  bajando el puente de la avenida 68, sobre la autopista El Dorado, o en  el de la calle 100 con autopista norte.   

“El  cuerpo  sin vida de MENDEZ MUÑOZ fue  trasladado  a  la  Clínica Country en donde en la diligencia de inspección del  cadáver  se  estableció  que  presentaba dos orificios de proyectil de arma de  fuego  en  hemitorax  izquierdo  anterior y dos orificios en hemitorax izquierdo  posterior.   

“En el vehículo automotor, en el techo al  lado  del  conductor,  fue  ubicado  un orificio y en la silla delantera derecha  manchas  de  sangre;  en  la  parte  anterior  del  espaldar  de ésta, hacia la  derecha,  una  perforación  en  la  parte  superior  en  tanto  que en la parte  posterior     lado     derecho,    superior,    otro    orificio    ‘al   parecer   de   salida’  del proyectil que atravesó la silla.  El  descansa-cabeza   también  presentó un orificio. Por la parte externa  del  techo,  al  lado  del conductor se aprecia un orificio de forma irregular y  bordes  invertidos.  En la parte trasera, el bomper abollado y el stop izquierdo  roto”.   

2.  El  Juzgado  Doce  Penal del Circuito de  Bogotá,  mediante  sentencia  del  6  de  mayo de 1999, condenó a Liliana  Marcela  Silva  Rangel a las penas  principales  de  2  años  de  prisión  y  multa  de $10.000, a la accesoria de  interdicción  de derechos y funciones públicas por el mismo lapso y al pago de  los   daños  y  perjuicios,  como  autora  del  delito  de  homicidio  culposo.   

3.  Apelado  el  fallo  por el defensor y el  fiscal,  el  Tribunal  Superior de la misma ciudad, mediante sentencia del 17 de  agosto  del  citado año, lo revocó y, en su lugar, absolvió a la procesada de  los cargos imputados en la resolución de acusación.   

Contra  esta  decisión  el  apoderado de la  parte civil interpuso el recurso extraordinario de casación.   

LA    DEMANDA   DE   CASACIÓN   

Al  amparo  de  la causal primera, el citado  sujeto  procesal  presenta  tres  cargos  contra  la sentencia del Tribunal. Sus  argumentos se sintetizan de la siguiente manera:   

Primer  cargo   

Acusa  al  fallador  de haber violado la ley  sustancial  por  indebida  aplicación del principio del in dubio pro reo, yerro  al  que  llegó  al  darle  una  desatinada  apreciación  al acervo probatorio,  fundado  en aspectos subjetivos “que condujeron a que  los      mismos      se      tradujesen      en     especulativos”.   

En  el  título  que  llamó “Error  manifiesto de derecho”, aduce que  el  Tribunal  hace  afirmaciones que no se compadecen con la realidad, lo que lo  llevó  a  concluir en la duda, mientras el juzgador de primera instancia, luego  de  una  acertada  valoración  de  la  prueba  técnica,  coligió, en grado de  certeza, la responsabilidad de la procesada.   

Manifiesta  que el ad quem realizó un   análisis  de la prueba técnica de manera insular, yerro que lo condujo a tomar  una  decisión anfibológica y a desconocer el principio de que las providencias  “de   tal  magnitud  han  de  estructurarse  en  la  apreciación  conjunta del caudal probatorio”, cuando  el  expediente  muestra  que  la  procesada  desplegó  actos preparatorios para  consumar el ilícito.   

Luego  de  enumerar  y  comentar los citados  actos,  que  considera  demostrativos  de la responsabilidad de la acusada, dice  que  el  Tribunal  los  valoró  como  irrelevantes dado su origen, a saber, los  familiares  de  la  víctima,  desconociendo  que son ellos quienes mejor pueden  informar  a  la  justicia  sobre  aspectos  que pueden servir para dilucidar los  hechos.   

Agrega que también obran probanzas  de  orden  técnico que enumera y que, en su criterio, habrían llevado a la certeza  de la responsabilidad de la procesada.   

Segundo  cargo   

Acusa al sentenciador de haber violado la ley  sustancial,  por falsa motivación, equivocación que se originó en la errónea  apreciación de las pruebas allegadas al diligenciamiento.   

En  lo que llamó error manifiesto de hecho,  insiste  en  que  el  Tribunal  hace  afirmaciones  que  no se compadecen con la  realidad,  al  desechar  el  dictamen  pericial  que  rindió el señor Velandia  Cantor,  el  que  evidenciaba  la  verdad  de  lo  acontecido,  probanza que fue  allegada  conforme  a los postulados legales. Agrega que tal proceder implica ir  en contra del derecho y negarle el valor que le corresponde.   

Igualmente, aduce que el juzgador de segunda  instancia  realizó  conjeturas  que,  por  mandato  legal,  están  prohibidas,  llegando  incluso a especulaciones, por lo que la providencia recurrida se apoya  en  apreciaciones  subjetivas  que  riñen  con  la  realidad probatoria, lo que  condujo  a  que  se  le  reconociera  a  la  procesada  el beneficio de la duda.   

Luego  de  presentar varios cuestionamientos  respecto  de  las consideraciones del sentenciador de segundo grado, asevera que  dejó  de  lado  el  caudal  probatorio  que  por mandato constitucional y legal  debía  apreciar con base en las reglas de la sana crítica y, así, administrar  una recta justicia.   

Resalta  que las pruebas que puso en tela de  juicio  el  Tribunal  fueron  aducidas al proceso con pleno respeto a las normas  legales,   las  que  habrían  despejado  las  dudas  que  rodearon  los  hechos  investigados  y  juzgados, en especial la diligencia de inspección judicial con  reconstrucción  de  los  hechos,  en la que intervinieron peritos y los sujetos  procesales.   

Tercer  cargo   

Acusa  al  Tribunal  de haber violado la ley  sustancial  por  falsa  motivación  proveniente  de la errónea apreciación de  algunas  pruebas  y “en la ostensible vulneración de  las  garantías fundamentales dentro del contexto de la providencia objeto de la  casación,  error  manifiesto  de  hecho, que se estructura en la evaluación de  las       pruebas      que      señalo      a      continuación”.   

Acto  seguido manifiesta que el sentenciador  le  dio el valor de certeza a algunas probanzas, cuyas conclusiones  fueron  ambiguas,  en  razón  a  que  a  los  peritos  no se les facilitaron los medios  idóneos  y  necesarios  para  emitir  la  experticia, o porque no se les dio la  oportunidad    de   acceder   a   la   totalidad   del   diligenciamiento,   con  excepción   del   experticio   rendido   por  el   perito   Velandia  Cantor del C. T. I. a quien se le permitió auscultar en  su  totalidad  el  caudal  probatorio, percibir directamente de la sindicada los  diversos  sucesos  y  absolver  los diferentes interrogantes que surgieron en la  diligencia  de  inspección  con  reconstrucción  de  los hechos. Agrega que el  Tribunal  desestimó abundante prueba testimonial, en especial la incorporada en  la  etapa  de  la  instrucción frente a las exculpaciones de la procesada, cuya  confrontación  habría  podido evidenciar las contradicciones en que incurrió,  las  que  son  propias  del  derecho  de  defensa pero que aunadas a las pruebas  técnicas      científicas     hubieran      permitido     predicar     su  responsabilidad.   

Por lo expuesto, solicita a la Corte casar la  sentencia y, en consecuencia, dictar la que en derecho corresponda.   

CONSIDERACIONES   DE  LA  CORTE   

La  demanda  de  casación presentada por el  apoderado  de  la parte civil, no reúne los requisitos de claridad y precisión  que  estatuye  el  numeral  3°  del  artículo 225 del Código de Procedimiento  penal para su admisión.   

Entre   sus   desatinos  se  destacan  los  siguientes:   

1.  En ninguno de los cargos se indica cuál  fue  la  norma  sustancial  infringida,  ni  cuál su sentido, esto es, falta de  aplicación  o  aplicación  indebida.  Así  mismo, si bien el actor señala la  naturaleza  del  error, no indica el falso juicio que lo determinó, ni éste se  deduce del desarrollo del cargo.   

2.  En  todos  los  reproches,  en  vez  de  demostrar  los  errores  de  hecho o de derecho que denuncia, se limita a oponer  sus  conclusiones  probatorias  a  las  del Tribunal, al estilo de un alegato de  instancia,  para  que la Corte escoja entre ellas, olvidando que no es posible y  que  el  criterio  del fallador prevalece por venir la sentencia amparada por la  doble presunción de acierto y legalidad.   

3.   Además,   en  el  primer  cargo,  no  sólo   no  muestra  cuál  fue  el falso juicio que determinó el error de  derecho  que acusa, sino que se desvía al de hecho, cuando reclama, sin ningún  desarrollo  argumentativo,  que  el  caudal  probatorio  no  fue apreciado en su  conjunto,  como  lo  ordena  la ley, y que existen pruebas de carácter técnico  que  han  debido llevar a colegir la responsabilidad de la acusada, pero sin que  diga  si  fueron  ignoradas,  o  tergiversadas  o  si  al estimar su mérito, el  sentenciador  se  apartó  ostensiblemente  de  las  leyes  de  la  ciencia, los  principios de la lógica o las reglas de la experiencia.   

Así  mismo,  vulnerando  el  principio  de  autonomía,  irrumpe  en  la  causal tercera cuando sostiene que la sentencia de  segunda instancia es anfibológica.   

En el segundo cargo, aunque intenta orientar  la  censura  por la vía del error de hecho por falso raciocinio, cuando asevera  que   el   juzgador  valoró  la  prueba  “en  forma  caprichosa  y  subjetiva, dejando de lado el verdadero caudal probatorio que …  debe  evaluarse  conforme  a  las  reglas de la sana crítica y en conjunto para  poder  …  administrar una recta justicia”, se queda  en   el   enunciado   y  termina,  como  en  las  demás  censuras,  simplemente  oponiéndose a las conclusiones probatorias del Tribunal.   

En el tercer cargo se refiere a la ostensible  vulneración  de  las garantías fundamentales, sin que se ocupe de señalarlas,  ni de indicar de qué manera fueron quebrantadas.   

Frente  a  los  anotados  desatinos  de  la  demanda,  se impone su indamisión, de acuerdo con lo dispuesto por el artículo  226 del Código de Procedimiento Penal.   

En  mérito  de lo expuesto, la CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

R   E   S  U  E  L  V  E   

INADMITIR la demanda  de  casación  presentada por el apoderado de la parte civil, dentro del proceso  que  se  adelantó contra LILIANA MARCELA SILVA RANGEL,  al  tenor  de  lo  dispuesto  en  el artículo 226 del  Código  de Procedimiento Penal, modificado por el 9° de la ley 553 de 2000. En  consecuencia,     se     declara    desierto    el    recurso    de    casación  interpuesto.   

Contra  esta  decisión  no  procede ningún  recurso   (art.   197   del   C.   de   P.P.).   Devuélvase   al   Tribunal  de  origen.   

Comuníquese y cúmplase.  

CARLOS EDUARDO MEJÍA ESCOBAR  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                                          JORGE E. CÓRDOBA POVEDA   

HERMAN   GALÁN  CASTELLANOS                                          CARLOS   AUGUSTO   GALVEZ   ARGOTE                         

JORGE  ANIBAL  GÓMEZ  GALLEGO                           EDGAR    LOMBANA  TRUJILLO               

ALVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN                                          NILSON PINILLA PINILLA   

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

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