16800(06-09-01)

2001

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso N° 16800  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

Aprobado Acta N° 134  

          Bogotá, D. C., seis de septiembre de dos mil uno.   

          En  relación con el ciudadano peruano ANTONIO MODESTO RÍOS LASTRA,  la  embajada  de  su  país  de  origen  solicitó  la  extradición al Gobierno  Colombiano,  razón  por  la  cual,  dispensado  el  trámite  de  ley, la Corte  emitirá concepto.   

ANTECEDENTES  

          1.   Conforme con las Notas Verbales N° 5-8-M/129 y 5-8-M/132,  fechadas  el  8  y 10 de mayo de 1996, respectivamente, la Embajada del Perú en  Colombia  solicitó  la  captura con fines de extradición del ciudadano peruano  ANTONIO  MODESTO  RÍOS  LASTRA, quien tiene pendiente orden de arresto expedida  por  el  Presidente  de la Octava Sala Penal de la Corte Superior de Justicia de  Lima,  como  presunto  responsable  del delito de tráfico ilícito de drogas en  agravio  del Estado Peruano, efecto para el cual acompaña una copia del “auto  apertorio  de instrucción” del 26 de enero de 1995 (carpeta, fs. 2, 3, 6 y 10  a 19).   

          2.   La  Octava  Sala  Penal  de la Corte Superior de Lima, por  medio  de  auto  del  8  de  abril  de 1996, solicitó al Presidente de la Corte  Suprema  de Justicia de la República del Perú que requiriera a las autoridades  colombianas  la  detención  provisional  del  procesado  ANTONIO  MODESTO RÍOS  LASTRA (fs. 7, 8 y 9).   

          3.   Por medio de resolución fechada el 10 de mayo de 1996, el  Fiscal  General  de  Colombia,  de  acuerdo  con el artículo 566 del Código de  Procedimiento  Penal  derogado,  dispuso  la captura del ciudadano peruano RÍOS  LASTRA, pero hasta la fecha no ha sido posible hallarlo (fs. 33).   

          4.   De acuerdo con la Nota Verbal N° 5-8-M/332, fechada el 21  de  septiembre  de  1999,  la  Embajada  del  Perú  formalizó  la solicitud de  extradición  de  RÍOS  LASTRA  al  Gobierno  de  Colombia,  documento  al cual  adjuntó  la  Resolución  Suprema  N°  186-99-JUS del 2 de agosto de 1999, por  medio  de  la  cual  el  Gobierno Peruano autoriza el pedido de extradición; el  informe  N°  014-99-CEA,  elaborado  por la Comisión gubernativa encargada del  estudio  de  las solicitudes de extradición activa; el cuadernillo N° 1189-97,  formado  ante  la  Segunda  Sala  Penal  Transitoria  de  la Corte Suprema de la  República,   Especializada   en  el  Tráfico  de  Drogas;  y  el  cuaderno  de  extradición  elaborado  por  la  Octava  Sala  Penal  de  la  Corte Superior de  Justicia de Lima (fs. 37).   

          5.    El   Ministerio   de   Relaciones  Exteriores  envió  la  documentación  al  Ministerio  de  Justicia  y  del  Derecho y, conforme con el  artículo   552   del   Código  de  Procedimiento  Penal  derogado,  conceptuó  “que  el  Convenio  aplicable al presente caso es el  Acuerdo  Bolivariano  de Extradición suscrito en Caracas el 18 de julio de 1911  y  en  la  Convención  de  las  Naciones  Unidas contra el Tráfico Ilícito de  Estupefacientes  y  Sustancias Sicotrópicas firmada en Viena el 20 de diciembre  de 1988” (fs. 3).   

          6.   Remitido  el  expediente  a  la  Corte, en vista de que el  requerido  RÍOS  LASTRA  no  ha  sido capturado, la Corporación le designó un  defensor  de oficio y a continuación dispuso el traslado para solicitar pruebas  (Cuaderno Corte, fs. 1, 4, 6 y 9).   

          7.   Solicitadas  algunas pruebas por el defensor de oficio, la  Corte  las  negó por improcedentes en el auto del 25 de abril del año en curso  (fs. 17 y 22).   

          8.    Concedido   el   traslado  para  alegar  de  conclusión,  solamente hizo uso del derecho el defensor (fs. 30 y 31).   

ALEGATO DE LA DEFENSA  

          Afirma  el  profesional de la defensa que poco habría para discutir  antes  del  concepto encomendado a la Corte Suprema de Justicia, en la medida en  que  la  actuación  de  ésta  se  limita  a  un análisis meramente formal, de  acuerdo   con   lo  previsto  en  el  artículo  558  del  anterior  Código  de  Procedimiento   Penal.    Tales   exigencias   formales,  así  como  otros  requisitos  del Acuerdo Bolivariano de Extradición y la Convención de Viena de  1988, no merecen censura.   

          Sin  embargo, anuncia el defensor que reservará sus argumentos para  la  subsiguiente  fase  administrativa,  dado  que  es imposible “proveer  una  colaboración  judicial que sólo resulta hipotética,  por  la  marcada incertidumbre sobre la presencia en nuestro territorio nacional  del solicitado en extradición”.   

          Aborda  a continuación una observación de  principios,   en   el  sentido  de  que  si  bien  el  ordenamiento  procesal  penal  circunscribe  la  intervención  judicial  en  el  trámite  de  extradición  a una constatación formal de validez, ello no obsta  para  un  reparo ético por el adelantamiento de un rito judicial-administrativo  de  tan  enorme  trascendencia, sin la presencia del individuo que constituye su  sujeto-esencia,    para    ejercer    de   manera   efectiva   el   derecho   de  defensa.   

          Le  parece  al  defensor  que  no  puede  adelantarse el trámite de  extradición  con  un solicitado ausente, porque ello restringe la comunicación  con  el  defendido  para conocer circunstancias que podrían ayudar a su defensa  material,  de modo que él no se pronunciará sobre aspectos meramente formales,  dado  que  una actitud de ese jaez le daría un halo de legitimidad a un rito en  ausencia  que  riñe  con  la  perspectiva  axiológica  del  Estado  Social  de  Derecho.   

          El  repudio  que  pone  de presente para el ejercicio en contumacia,  expone  el  abogado,  lo  refiere  no sólo al trámite de extradición sino que  también  lo  extiende al proceso mismo, pues la experiencia le ha demostrado su  inocuidad,  así  como  la  instrumentalización  del  abogado, quien resulta un  convidado  de  piedra  para  validar  una  actuación que a todas luces viola el  derecho de defensa.   

          La  postura  que asume y los grandes esfuerzos que en otros casos ha  hecho  para procurar un mejor resultado para sus defendidos, acota finalmente el  letrado,  también  están  movidos por su conciencia profesional y personal que  lo  conduce  a  rechazar  la  forma  en  que  se  utiliza  el  instituto  de  la  extradición  cuando  nacionales  colombianos  son  requeridos  por  el gobierno  norteamericano.   

EL CONCEPTO  

          1.             Legislación  aplicable.   De  acuerdo  con  la  opinión  del  Ministerio  de  Relaciones  Exteriores,  en  este caso son aplicables el Acuerdo  Bolivariano  de  Extradición  suscrito  en  Caracas el 18 de julio de 1911 y la  convención   de   las   Naciones   Unidas   contra   el  Tráfico  Ilícito  de  Estupefacientes  y  Sustancias   Sicotrópicas,  firmada  en Viena el 20 de  diciembre  de 1988.  El primer convenio fue aprobado en Colombia por la Ley  26  de  1913  (octubre  8),  y el segundo por medio de la Ley 67 de 1993 (agosto  23).   

          No   obstante  que  el  artículo  II  del  Acuerdo  Bolivariano  no  contemplaba   el   tráfico   de  estupefacientes  como  delito  expuesto  a  la  extradición,  el artículo 6°, numeral 2 de la citada Convención expresamente  previó:   

“2.   Cada  uno de los delitos a los  que  se  aplica el presente artículo se considerará incluido entre los delitos  que  den  lugar a extradición en todo tratado de extradición vigente entre las  Partes.   Las  Partes  se comprometen a incluir tales delitos como casos de  extradición   en   todo   tratado   de   extradición   que   concierten  entre  sí”.   

          El    artículo   VIII,   inciso   3°   del   Acuerdo   Bolivariano  dispone:   

“La  extradición  de  los  prófugos, en  virtud   de   las   estipulaciones  del  presente  Tratado,  se  verificará  de  conformidad  con  las  leyes  de  extradición  del  Estado  al  cual se haga la  demanda”.   

          Dos   aclaraciones   concita   el   texto:   la  primera,  debe  distinguirse  entre condiciones para conceder o negar la extradición y trámite  de  la  misma;  y  la segunda, el inciso destacado remite a las leyes del Estado  requerido  sólo  para  el  trámite  y no para las condiciones, pues con razón  aclara   inicialmente   que   “La   extradición  de  prófugos,  en  virtud  de  las  estipulaciones del presente Tratado,   se   verificará…”.    Es   decir,  las  condiciones  o  estipulaciones  de  la  extradición  están  en  el tratado y el trámite de la  misma    corresponde    al    que    señala    la    legislación   del   país  requerido.   

          En  este  orden de ideas, como en este caso el Estado colombiano fue  requerido  por  el  Gobierno del Perú para la concesión de la extradición del  ciudadano  ANTONIO  MODESTO  RÍOS LASTRA, significa que el trámite se sujeta a  las  disposiciones del Código de Procedimiento Penal (arts. 508 y siguientes de  la  Ley  600  de 2000 o arts. 546 y siguientes Decreto 2700 de 1991).  Mas,  en   cuanto   a   las   condiciones,   el   Acuerdo   Bolivariano   prevé   las  siguientes:   

                2.         Documentos     auténticos    y    otras    formalidades.   El  artículo  VIII  del  Acuerdo  Bolivariano aduce que la  solicitud  de  extradición  deberá  estar  acompañada  del  original  o copia  auténtica  de la sentencia condenatoria, si el prófugo ya hubiese sido juzgado  o  condenado,  o,  si  el  fugitivo apenas estuviere procesado, del auto  de detención dictado por el tribunal  competente,  con  la  indicación exacta del delito que lo motivare, la fecha de  perpetración  y  las  declaraciones  u otras pruebas en virtud de las cuales se  hubiere emitido la providencia.   

          2.1   Toda  la documentación aportada ostenta un sello y firma  de  autenticidad  impuestos, en su primera parte, por la Secretaria de la Octava  Sala  Penal  de  la Corte Superior de Lima, encargada de la proferir las medidas  dentro  de  la  investigación  del  ciudadano RÍOS LASTRA, y en otra parte (en  razón  de  cambios  en  la  legislación), por la Secretaria de la Primera Sala  Penal  Superior  Especializada  en  Delitos  de Tráfico Ilícito de Drogas (ver  reverso de cada uno de los folios).   

          2.2     Fue    aportada    una    copia   del   “auto  apertorio de instrucción”, dictado  por  un  Juzgado  Especial  en lo Penal de Lima, fechado el 26 de enero de 1995,  por  medio  del cual el competente abrió investigación y ordenó la detención  de  JOSÉ  TITO  LÓPEZ PAREDES, ANTONIO MODESTO RÍOS LASTRA y ciento treinta y  seis   (136)   personas   más,   sindicadas   de  conformar  una  organización  delincuencial  dedicada  al  tráfico ilícito de drogas al interior del Perú y  también  a  nivel  internacional,  después  de que se les decomisaran tres mil  trescientos   veintiséis  kilogramos  ciento  veinticinco  gramos  de  cocaína  –3.326,125-  (fs.  273  a  283).   Más allá del auto de detención, el Fiscal Superior Especializado  en  Delitos de Tráfico Ilícito de Drogas de Lima, por medio de resolución del  5    de    mayo   de   1997,   presentó   acusación  sustancial  y declaró que había mérito para pasar a  juicio  oral  en  contra  de  ANTONIO  MODESTO  RÍOS  LASTRA, JOSÉ TITO LÓPEZ  PAREDES  y  otros, “como coautores, del delito contra  la       salud      pública      –tráfico  ilícito  de  drogas  (acopio,  transporte, procesamiento,  almacenamiento,  exportación y lavado de dinero en forma de organización) ARTS  296,   296-A,   296-B,   297   Inc.   1   del  Código  Penal,  en  agravio  del  Estado” (fs. 644 a 708).   

          La   Sala  Superior  Penal  Especializada  en  Delitos  de  Tráfico  Ilícito  de  Drogas,  por  medio  de  auto  del  23  de mayo de 1997, acepta la  acusación  presentada  por  el Ministerio Público y ordena pasar a juicio oral  (fs. 710 a 719).   

          2.3   De acuerdo con la acusación y la prueba de respaldo, los  hechos se resumen del siguiente modo:   

“Se   encuentra  establecido,  que  los  procesados  bajo  concierto  de  voluntades,  habían  formado una organización  dedicada  al  tráfico  ilícito  de drogas a nivel del interior del país, así  como  también  el  plano  internacional,  la  misma que estaba dirigida por los  hermanos  López  Paredes  (Jorge,  Manuel  y  José), quienes se dedicaban a la  fabricación  y  comercialización de droga en forma organizada, y con funciones  específicas  entre  sus  integrantes, signos de toda organización, disponiendo  de  enorme  capital,  transformando  (lavando)  el producto obtenido en diversos  bienes   y  negocios  lo  que  se  puso  al  descubierto  según  consta  de  la  incautación  de  3.326,125  kgs.  de  clorhidrato de cocaína (peso neto) en el  interior     del     almacén     sito     en     la    Mz.    D    –Lote  9  de  PP.  JJ.-  San  Martín  –  Piura, el 09 de Enero  de  1.995,  conforme  aparece del ACTA DE DECOMISO DE DROGA QUE OBRA A FS. 18-19  DEL  ANEXO  01, ASÍ COMO DEL ACTA DE PESAJE Y DESCARTE DE DROGA QUE CORRE A FS.  20-21,  procediéndose  a  la detención de las personas involucradas, así como  la  incautación  de bienes, habiéndose determinado que Edison Aguilar Vela (a)  ‘Tío    Cajamarca  –  Cajacho’,  era  el encargado de recepcionar y  custodiar  la  droga, la misma que se encontraba a cargo de Roberto Zegarra Alva  en  el  almacén donde se incautó la droga mencionada; asimismo, una balanza de  plataforma  y  un  revólver  Smith  & Wesson Cal. 38…  En Tarapató,  José  Tito López Paredes, encubriéndose en sus actividades de ganadero era el  encargado  de  la  compra  y  procesamiento  de  la  droga  adquirida a diversos  acopiadores  como  el  sujeto  conocido como Alfonso Vásquez Trujillo o Alfredo  Vásquez      Trujillo     (a)     ‘Barón’,  Efraín    Ordoñez   Concha   (a)   ‘Charles’  quien   adquiría   la   droga  a  Hárrison  Rivera  Asencio  (a)  ‘Leche’   y  Wilder  Alvarado  Linares  (a)  ‘Chapa’, Egber López Bello (a) ‘Jugador’,  quien a  su  vez  compraba  la droga a Edwin Espinoza Tucto (a)  ‘Comander’;  Wilson Luna Paiva (a) ‘Bimbo’   y   Roussel   López   Bello  (a)  ‘Adán’,   Arnulfo   Zamora  Melgarejo  (a)  ‘Pachamé’;  Antonio  Ríos  Lastra  (a)  ‘Tito  Ríos’;   Walter   del  Águila          (a)          ‘Cabezón’;  Javier    Trigoso   Tayco   y   Porfirio   Muñoz   Hualipa   (a)   ‘Cholo       Clavón’;   droga   que  era  trasladada  en  avionetas   por   el   sistema   de   ‘trasteo’  hacia  la  zona de Biabo –  Fundo  Pomacocha,  donde  era  recibida  por  Manuel  López  Paredes y de allí  enviada  al  Laboratorio  de reoxidación sito en la zona de La Salada, distrito  de  Sacanche,  provincia de Bellavista –San  Martín,  para  ser  entregada  posteriormente  a  Oscar  Luis  Miranda      Pillaca      (a)      ‘Bigote’,  quien  se  encargaba  de  transportar  por  tierra  en  camiones  camuflados con  productos  de  pan  llevar,  hasta  la Costa, donde era a su vez dejada a Edison  Aguilar  Vela  y  a Herless Díaz Díaz, los que efectuaban el acondicionamiento  de  la droga para su exportación al exterior…” (el  resalto   en   mayúsculas  pertenece  al  texto  original  y  el  subrayado  se  agrega).   

          El  fiscal  acusador propuso al juzgador 18 años de cárcel para el  acusado ANTONIO MODESTO RÍOS LASTRA.   

          2.4   En  apoyo  de  la  acusación,  el  fiscal examina varios  testimonios,  instructivas,  confrontaciones,  pruebas  actuadas  tales como los  atestados  policiales N° 05-01-95 y 007-06-95 de la Dirección Antidrogas de la  Policía  Nacional  del Perú (DINANDRO PNP) y pruebas periciales, medios que le  sirvieron  para  declarar  la  existencia  de los delitos antes mencionados y la  responsabilidad de los acusados.   

          2.5   Es  importante  destacar que, conforme con el auto del 20  de  enero  de  1997,  el  Juez  Especializado  en  lo Penal, adscrito a la Corte  Superior  de Justicia Especializada en Delitos de Tráfico Ilícito de Drogas de  Lima,  declaró  reo ausente al inculpado RÍOS LASTRA y le designó un defensor  de oficio (fs. 626 y 627).   

          2.6   Huelga declarar que el Estado requirente aportó copia de  la   legislación   aplicable   al   caso,   según   se  lee  a  folios  515  y  siguientes.   

          2.   Reciprocidad  en  el  fundamento  probatorio.   Por  otra  parte, con el fin de dar  cumplimiento  a  lo  previsto  en  el  artículo  I  del  Acuerdo Bolivariano de  Extradición,  resulta  necesario  declarar  que  si  en  hipótesis  los hechos  hubiesen  ocurrido en Colombia, la prueba resaltada sería suficiente tanto para  la  detención como para la acusación, al tenor de los artículos 356 y 397 del  Código  de  Procedimiento  Penal.   En  efecto,  demostrada  cabalmente la  existencia  del  hecho,  existen  testimonios  que  ofrecen  serios  motivos  de  credibilidad,    documentos,   peritaciones   e   indicios   graves   sobre   la  responsabilidad del acusado ausente ANTONIO MODESTO RÍOS LASTRA.   

          3.   Identidad  del  requerido.   De   acuerdo   con  la  documentación  aportada,  el  solicitado  ANTONIO  MODESTO  RÍOS  LASTRA  nació  en  el  Distrito  de Ocros,  Provincia  de  Bolognesi,  Departamento  de  Ancash (Perú), el 12 de febrero de  1938;  hijo  de  Adolfo  y  Victoria;  estado  civil  casado;  de 1.60 metros de  estatura;  profesión  Cabo  de  la  Policía  Nacional  del  Perú (en retiro);  titular  de  las  Libretas  Electorales  N°  15624245  (Provincia  de Barranca,  Departamento  de Lima) y 15614158 (Huacho, Provincia de Chancay, Departamento de  Lima);  portador  de  las  Libretas  Militares  N° BC-58-00-104 y BC-6300246; y  sujeto del pasaporte N° 0314303 (fs. 758 a 762).   

          4.     Principio    de   la   doble  incriminación.    Según  las  previsiones  del  inciso  final  del  artículo  VIII  del Acuerdo, “En  ningún  caso  tendrá  efecto la extradición si el hecho similar no es punible  por la ley de la Nación requerida”.   

          Pues  bien,  se  recuerda que el solicitado RÍOS LASTRA fue acusado  como  coautor  del delito de tráfico ilícito de drogas (“acopio, transporte,  procesamiento,  almacenamiento,  exportación  y  lavado  de  dinero en forma de  organización”),  conforme  con los artículos 296, 296-A, 296-B y 297, inciso  1° del Código Penal Peruano.   

          4.1   El  artículo  296,  de acuerdo con las copias aportadas,  dispone:   

“TRÁFICO ILÍCITO DE DROGAS.  El que  promueve,   favorece   o   facilita   el  consumo  ilegal  de  drogas  tóxicas,  estupefacientes  o  sustancias  psicotrópicas, mediante actos de fabricación o  tráfico  o las posea con ese último fin, será reprimido con pena privativa de  la  libertad  no  menor  de  ocho ni mayor de quince años, con ciento ochenta y  trescientos  sesenticinco  días-multa  e  inhabilitación conforme al artículo  36°, incisos 1, 2 y 4.   

“El   que,  a  sabiendas,  comercializa  materias  primas o insumos destinados a la elaboración de las sustancias de que  trata  el  párrafo  anterior,  será reprimido con la misma pena”.   

          Pues  bien,  ocurre  que el inciso 1° del artículo 296 del Código  Penal  Peruano tiene su similar en el artículo 376 del Código Penal Colombiano  (Ley  599  de 2000), que sanciona con pena de prisión de ocho (8) a veinte (20)  años  y  multa  de  un  mil  (1000)  a cincuenta mil (50.000) salarios mínimos  legales  mensuales  vigentes, las conductas de tráfico, fabricación o porte de  estupefacientes.   

         4.2   De  igual  manera, el inciso 2° del citado artículo 296  corresponde  al  artículo  382 del Código Penal Colombiano, relacionado con el  “Tráfico   de  sustancias  para  procesamiento  de  narcóticos”,   que   prevé  como  delictivos  los  comportamientos  de  introducir al país, así sea en tránsito, o sacar de él,  transportar,  tener  en  su  poder elementos que sirvan para el procesamiento de  cocaína  o  de  cualquier  otra droga que produzca dependencia, conductas a las  cuales  les  apareja  una  sanción  de seis (6) a diez (10) años de prisión y  multa  de  dos  mil  (2.000)  a cincuenta mil (50.000) salarios mínimos legales  mensuales vigentes.   

         4.3   Por  otro  lado,  el  artículo  296-A  del Código Penal  Peruano señala:   

“Receptación  en  tráfico  de drogas.  El que interviene en la  inversión,  venta,  pignoración,  transferencia  o posesión de las ganancias,  cosas  o bienes provenientes de aquellos o del beneficio económico obtenido del  tráfico  ilícito  de drogas, siempre que el agente hubiese conocido ese origen  o  lo  hubiera  sospechado, será reprimido con pena privativa de la libertad no  menor  de  ocho  ni  mayor de dieciocho años, y con ciento veinte a trescientos  días-multa  e  inhabilitación,  conforme  al  Artículo  36  incisos  1,  2  y  4.   

“El que compre, guarde o custodie, oculte  o  reciba  dichas  ganancias,  cosas, bienes o beneficios conociendo su ilícito  origen    o    habiéndolo    sospechado,   será   reprimido   con   la   misma  pena”.   

         Y    el    artículo    296-B    del   mismo   estatuto   extranjero  dispone:   

“LAVADO O BLANQUEADO DE DINERO.  El  que  interviniere  en  el  proceso  de lavado de dinero proveniente del tráfico  ilícito  de  drogas  o  del  narcoterrorismo,  ya  sea convirtiéndolo en otros  bienes,  o  transfiriéndolo  a otros países, bajo cualquier modalidad empleada  por  el  sistema  bancario  o  financiero  o  repatriándolo  para su ingreso al  circuito  económico imperante en el país, de tal forma que ocultare su origen,  su  propiedad,  u  otros  factores potencialmente ilícitos, será reprimido con  pena  privativa  de  la libertad no menor de diez ni mayor de veinticinco años,  con  ciento  cuarenta  a  trescientos sesenticinco días-multa e inhabilitación  conforme al Artículo 36, incisos 1, 2 y 4.   

“La    figura   delictiva   descrita  precedentemente  se agrava sancionándose con el máximo de Ley como mínimo, si  el  agente, siendo miembro del Sistema Bancario o Financiero, actúa a sabiendas  de la procedencia ilícita del dinero.   

“En  los  casos  de  ilícitos  penales  vinculados  con  actividades  terroristas  se  reprimirán  con el máximo de la  pena.   

“En  la  investigación  de  los delitos  previstos  en este Decreto Ley no habrá reserva o secreto bancario o tributario  alguno.   El  Ministerio  Público,  siempre que exista indicios razonables  solicitará  de  oficio  o  a  petición de la autoridad policial competente, el  levantamiento  de  estas reservas, asegurándose previamente que la información  obtenida  sólo será utilizada en relación con la investigación financiera de  los  hechos previstos como tráfico ilícito de drogas y/o su vinculación en el  terrorismo”.   

         Las  dos  disposiciones  del  ordenamiento  jurídico peruano están  comprendidas,  por  correspondencia,  en  el  artículo  323  del  Código Penal  Colombiano,    bajo    la    denominación    genérica    de    “Lavado  de activos”, que prevé conductas  sancionadas  con  pena  de  prisión  de seis (6) a quince (15) años y multa de  quinientos  (500)  a  cincuenta mil (50.000) salarios mínimos legales mensuales  vigentes.   

         En   efecto,   la   norma   colombiana  se  refiere  a  bienes   (entre  los  que  obviamente  se  incluye  el  dinero)  “que tengan su origen mediato o inmediato en actividades  de   extorsión,   enriquecimiento  ilícito,  secuestro  extorsivo,  rebelión,  tráfico  de  armas,  delitos  contra  el sistema financiero, la administración  pública,  o  vinculados  con  el producto de los delitos objeto de un concierto  para  delinquir, relacionadas con el tráfico de drogas  tóxicas,     estupefacientes     o     sustancia     sicotrópicas,…”.   

         Por  otra  parte, el texto nacional incluye conductas indicativas de  la  receptación  o  el  blanqueado  de  bienes  en  general,  o  del  dinero en  particular,  tales  como  las  de  adquirir,  resguardar, invertir, transportar,  transformar,  custodiar  o  administrar,  o  darle  apariencia  de  legalidad  o  legalizar,  ocultar  o  encubrir  la  verdadera  naturaleza, origen, ubicación,  destino,  movimiento  o  derechos  sobre tales bienes, o realizar cualquier otro  acto para ocultar o encubrir su origen ilícito.   

         Aclara  el  artículo  323  que  el  lavado de activos será punible  aunque  las  actividades  de  que  provinieren los bienes, o las conductas antes  descritas,    se    hubieren    realizado,   total   o   parcialmente,   en   el  extranjero.   

         Igual   que   en  el  precepto  peruano,  la  norma  interna  prevé  agravantes  cuando  se involucran agentes u operaciones del sistema financiero o  del comercio exterior (art. 323, inciso 4°).   

         4.4   Finalmente,  el  artículo  297,  numeral 1° del Código  Penal Peruano estipula:   

“CIRCUNSTANCIAS AGRAVANTES.  La pena  será  privativa  de  la  libertad no menor de quince años; de ciento ochenta a  trescientos  sesenticinco  días-multa  e  inhabilitación conforme al artículo  36, incisos 1, 2, 4, 5 y 8, cuando:   

“1.  El hecho es cometido por dos o  más  personas  o  el  agente integra una organización destinada al tráfico de  drogas…”.   

         Pues  bien,  no obstante que la norma del inciso final del artículo  VIII  sólo  exige  regulación  similar de la conducta o del hecho, y no de las  circunstancias,  por  lo  menos el lavado de activos si contempla como agravante  que  el  comportamiento  sea  realizado por quien pertenezca a una organización  dedicada a tal actividad (art. 324 C. P.).   

         Respecto   del   tráfico  de  drogas,  la  legislación  colombiana  considera  como  delito  independiente y concurrente agravado, el concierto para  delinquir  cuando varias personas acuerdan cometer indeterminadamente delitos de  narcotráfico,  con  más veras si constituyen una organización criminal, y por  ese  sólo hecho incurrirán en pena de prisión de seis (6) a doce (12) años y  multa  de  dos  mil  (2.000) hasta veinte mil (20.000) salarios mínimos legales  mensuales.   

         4.5   De  una  vez debe advertirse que, con arreglo a las leyes  penales   del   Perú  y  Colombia,  el  máximo  de  la  pena  aplicable  a  la  participación  que  se  imputa a la persona reclamada, excede de seis (6) meses  de  privación  de  la  libertad,  como  lo exige el artículo V, literal a) del  Acuerdo Bolivariano para poder acceder a la extradición.   

         5.   Prescripción de la acción penal  o  de  la  pena.  No habrá lugar a extradición,  según   lo   dispone   el   citado   artículo   V,  literal  b)  del  Acuerdo,  “Cuando  según  las  leyes  del  Estado  al cual se  dirige  la solicitud, hubiere prescrito la acción o la pena a que estaba sujeto  el enjuiciado o condenado”.   

         Como  en este caso se trata de una solicitud de extradición pasiva,  los  cómputos  de  prescripción de la acción penal deben hacerse conforme con  las leyes de Colombia, como país requerido.   

         De  acuerdo  con el artículo 83 del Código Penal, la acción penal  prescribirá  en  un  tiempo  igual  al  máximo de la pena fijada en la ley, si  fuere  privativa de la libertad, pero en ningún caso será inferior a cinco (5)  años,  ni  excederá  de  veinte  (20),  salvo  para  los delitos de genocidio,  desaparición  forzada, tortura y desplazamiento forzado, que se fija en treinta  (30) años.   

         5.1   En  el  caso  del  lavado  de  activos, como concurre una  circunstancia  de  agravación  por  realizarse  con organización delictiva, el  tiempo  ordinario  de  prescripción  de  la acción penal sería de veinte (20)  años  (arts.  323  y  324).   Sin embargo, como dicho término se entiende  interrumpido  por  la  ejecutoria  de la acusación, como lo prevé el artículo  86,  empezará  a  correr  de  nuevo  por  un lapso igual a la mitad (10 años),  tiempo  que  en  manera alguna se habría alcanzado si se tiene en cuenta que la  acusación está fechada el 5 de mayo de 1997 (fs. 644).   

         5.2     En   relación   con   el   delito   de   tráfico   de  estupefacientes,  debe  tenerse  en  cuenta  que el máximo de la pena sería de  veinte  (20)  años,  conforme  con  el artículo 376 del Código Penal, de modo  que,  una  vez  interrumpido  el término de prescripción de veinte (20) años,  fácil  sería comprobar que aún no habrían transcurrido los diez (10) años a  que se reduce el nuevo lapso.   

         5.3   En cuanto al hecho punible de tráfico de sustancias para  el  procesamiento  de narcóticos, según el artículo 382 del Código Penal, la  acción  penal prescribiría en diez (10) años, tiempo igual al máximo de pena  prevista  en  la  ley.  Así entonces, interrumpido el término por obra de  la  acusación,  a la fecha tampoco se habrían cumplido los cinco (5) años del  nuevo lapso que se inició en el mes de mayo de 1997.   

         5.4   Y  en  lo  que  atañe al hecho punible de concierto para  traficar  estupefacientes,  conforme  con  el  inciso  2° del artículo 340 del  Código  Penal,  la  acción  penal en su segunda fase prescribiría en seis (6)  años y tampoco se habría cumplido dicho lapso.   

         5.5   No  sobra  señalar que el Código Penal Peruano consagra  disposiciones  sustancialmente  iguales  sobre el tema de la prescripción de la  acción  penal  (arts.  80  y  83).   En  efecto,  señala como término el  máximo  de  la pena fijada por la ley para el delito; indica que el término de  prescripción  no  podrá  ser  superior  a  veinte  (20)  años;  y  prevé  la  interrupción  del  mismo  por  las actuaciones del Ministerio Público o de las  autoridades  judiciales, caso en el cual comienza a correr un nuevo plazo que no  podrá superar en una mitad al término ordinario.   

         6.      Observaciones     de    la  defensa.  El defensor estima que nada existe para  discutir  sobre  los  requisitos  formales  que  deben  examinarse en torno a la  solicitud  de  extradición,  pero  de  igual  manera  se  siente  inhibido para  pronunciarse  sobre  unas  exigencias legales que apenas tienden a darle un halo  de  legitimidad  a  una  actuación  extraña  a  la perspectiva axiológica del  Estado  de  Derecho,  pues  no  comparte  el  adelantamiento de los trámites de  extradición  ni  de los procesos en ausencia del procesado, dado que no concibe  una    adecuada    defensa    sin    la    comunicación    personal    con   su  defendido.   

         Pues  bien,  el  sólo  reparo  de  que  el  impulso del trámite de  extradición,  sin  la  presencia  del  requerido, contraviene la axiología del  Estado  de  Derecho,  constituye  un  acto  defensivo de gran proyección, si se  tiene  en  cuenta  que  sería una manera de entender que la contradicción y la  defensa  exigen  la  presencia  física  del  inculpado.   Sin  embargo, en  relación  con  el  juzgamiento  o  cualquier  otro rito en contumacia, la Corte  Constitucional  perfiló  su  constitucionalidad  en  las siguientes expresiones  insertas en la sentencia C-040 de 1997:   

“Por  lo  demás,  la  norma  acusada no  contradice  la  previsión  contenida  en  la  letra  e) del art. 6 del referido  Convenio  (se  refiere  al  Protocolo  II  adicional a los Convenios de Ginebra,  incorporado   en   virtud  de  la  ley  171  de  1994),  según  la  cual:   ‘toda persona acusada de  una  infracción  tendrá derecho a hallarse presente al ser juzgada’,   porque   el  significado  de  la  expresión   ‘hallarse  presente’,   no  puede  interpretarse  como  presencia  física  en  el  proceso,  pues  el ordenamiento  procesal  prevé  el  juzgamiento  de  la  persona  ausente,  cuando habiéndose  adelantado  las diligencias necesarias para lograr su comparecencia a aquél, se  muestra   renuente   a   hacerse   parte   en   el   mismo.    Lo  importante es que el estatuto procesal penal prevea, como es el  caso   de   nuestro   Código   de   Procedimiento   Penal,   una   normatividad  suficientemente  garantista  del  debido proceso que asegure la intervención de  los   sindicados   o  imputados  a  la  actuación  procesal  en  sus  fases  de  investigación  y  juzgamiento,  con  el  fin  de  que  ejerciten  su derecho de  defensa,  y  obviamente,  cuando aquellos no se hacen  presentes  en  dicha  actuación  no obstante haber sido citados en legal forma,  tal  circunstancia  no  impide  su  juzgamiento (Se ha  subrayado).   

         Por  último, hoy se reitera lo dicho en el auto del 25 de abril del  año  en curso, correspondiente a esta misma actuación, en el sentido de que la  captura  o  presencia  del solicitado en extradición no constituye un requisito  de  validez del concepto o de la concesión o negación de la extradición, sino  apenas  un  elemento para su eficacia, como se desprende de la lectura armónica  de  los  artículos  524  y  528  del Código de Procedimiento Penal, según los  cuales  la  captura  del  extraditable  puede  ordenarse  antes de formalizar la  solicitud  de  extradición,  en  su  curso  o  como  colofón  de  la decisión  administrativa final.   

         Satisfechas  las condiciones señaladas en el Acuerdo Bolivariano de  Extradición  y  la  Convención  de  Viena  de  1988, la Sala Penal de la Corte  Suprema  de  Justicia,  CONCEPTÚA FAVORABLEMENTE a la solicitud de extradición  del  ciudadano  ANTONIO  MODESTO RÍOS LASTRA, cuyas notas civiles y condiciones  personales  aparecen  en  la  exposición  de motivos, hecha por el Gobierno del  Perú,  país de origen del requerido, conforme con la Nota Verbal N° 5-8-M/332  del 21 de septiembre de 1999.   

         La   Secretaría   de  la  Sala  comunicará  este  concepto  a  los  intervinientes en el trámite de extradición.   

         Devuélvase  el  expediente  al Ministerio de Justicia y del Derecho  para lo de su competencia.   

CARLOS E. MEJÍA ESCOBAR  

FERNANDO          ARBOLEDA  RIPOLL            JORGE      ENRIQUE      CÓRDOBA  POVEDA           

HERMAN            GALÁN  CASTELLANOS             CARLOS      A.      GALVEZ  ARGOTE                        

JORGE       ANÍBAL       GÓMEZ  GALLEGO                     EDGAR               LOMBANA  TRUJILLO              

ALVARO       ORLANDO      PÉREZ  PINZÓN                        NILSON                     PINILLA  PINILLA                     

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria.    

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