16717(20-06-01)

2001

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso Nº 16717  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO  PONENTE   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

Aprobado Acta No. 88  

          Bogotá,   D.   C.,   veinte   (20)   de   junio   de  dos  mil  uno  (2001).   

VISTOS  

          Se  ocupa  la Sala del fondo del recurso de casación in­terpuesto  por el defensor del ciudadano  Alberto   Giraldo  López,  quien   fuera   condenado   por   el   delito  de  enriquecimiento  ilícito  de  particulares.   

HECHOS  

          Con   ocasión   de  las  diligencias  de  allanamiento  y  registro  practicadas  en el mes de julio de 1994 en varios inmuebles de Cali por orden de  una   fiscalía  regional,  fueron  hallados  documentos  relacionados  con  las  sociedades  Inversiones  Ara  Ltda.,  Distribuidora  de  Productos Agrícolas el  Diamante,  Distribuidora  Agrícola la Loma Ltda., Comercializadora Agropecuaria  la  Estrella,  Asesoría  Cosmos Ltda., Comercializadora Carnes del Pacífico, y  otras,  pertenecientes  a  los  hermanos  Gilberto  y  Miguel  Angel  Rodríguez  Orejuela.  El  estudio de la documentación incautada permitió descubrir que de  las  cuentas  corrientes  de las empresas referidas, así como de las abiertas a  nombre  de  Jorge  Alberto Castillo Correa, Edgar Vicente Castillo Plaza, Omaira  Gómez  Galindo,  Sixta  Tulia  Carrasquilla,  Rubén Darío Zapata, Jaime Diego  Pérez,  Jesús  Zapata  Alvarez,  Jesús  Piedrahita  Solarte, Jairo Omar Ortiz  Molineros  y  Carlos  Augusto  Lozano  García,  también  de  propiedad  de los  hermanos   Rodríguez   Orejuela,   fueron  girados  y  consignados  en  cuentas  corrientes  y  de  ahorros  del   señor  Giraldo  López  doscientos  ocho  (208)  cheques  por un valor  total de $1.381.080.000.00.   

ACTUACIÓN  PROCESAL   

          Con  base  en  lo  anterior, la Dirección Regional de Fiscalías de  Bogotá  ordenó  la  apertura de investigación el 18 de abril de 1995 (Fl. 42,  C.7)  y vinculó mediante indagatoria a Eduardo Mestre Sarmiento (Fl.118, C. 7),  Jesús  Armando  Piedrahita  (Fl.408,  C.7), Luis Fernando Ortega (Fl.417, C.8),  Alfredo  Perlaza  Z.  (Fl.262,  C.11), Alberto Giraldo  López  (Fl.2, C.12; Fl.178, C.21; Fl.81 y 344, C.44),  Gilberto  Rodríguez  Orejuela  (Fl.243,  C.13)  y a los hermanos Luis Fernando,  Tulio,  Julio  y  Julián Murcillo Posada (Fl.321, C.10; Fl. 272, C.13; Fl. 219,  C. 5; Fl.7, C.16).   

         

          Clausurada  parcialmente  la  investigación  el 31 de enero de 1996  respecto    de    los   señores   Alberto   Giraldo  López,  Eduardo  Mestre  Sarmiento,  Jesús  Armando  Piedrahita  Solarte,  Alfredo Perlaza Zúñiga, Eduardo Gutiérrez Ardila y Luis  Fernando  Ortega Fernández (C.33, fol. 14), a quienes  la Fiscalía había  definido  la situación jurídica, afectando con detención preventiva a los dos  primeros  y  absteniéndose  de  imponer  medida  de  aseguramiento a los cuatro  últimos  (Fl.  190,  C.  9;  Fl.  71,  C.  10; Fl. 211, C.13), una Comisión de  Fiscales  de  la Dirección Regional de Fiscalías de Bogotá la calificó el 12  de  abril de 1996. Profirió resolución de acusación en contra de Alberto  Giraldo  López y Eduardo Mestre  Sarmiento   como   responsables   del  delito  de  enriquecimiento  ilícito  de  particulares,  y  precluyó  la  instrucción  en  favor  de  Gutiérrez Ardila,  Piedrahita  Solarte, Ortega Fernández y Perlaza Zúñiga (Fls. 194-287, C. 36).  Apelada  esta  decisión  por  el  defensor de Giraldo  López,   el Tribunal Nacional la confirmó el 10  de julio de 1996 (Fls. 159-203, C. 41).   

          La  etapa  del  juicio  correspondió a un Juzgado Regional de Cali,  donde,  tras el rito pertinente y después de haber separado la causa adelantada  en  contra  de Giraldo López  de  la  que también se seguía respecto de Mestre Sarmiento (Fls. 1 y 8, C.43),  se  produjo la sentencia del 22 de diciembre de 1998 (Fls. 18-103), que condenó  al   procesado  a  96  meses  de  prisión,  multa  de   $1.438.060.000.00,  interdicción  de  derechos y funciones públicas por un término igual al de la  pena  privativa de la libertad, a la vez que revocó la libertad provisional que  se  le  había  concedido,  y ordenó fueran compulsadas copias con destino a la  fiscalía   regional  para  que  se  iniciara  el  respectivo  procedimiento  de  extinción de dominio de los bienes en cabeza suya.   

          Apelado  el  fallo por la defensa, el Tribunal Nacional lo confirmó  el  21  de  junio  de  1999  (Fls. 19-58, C.46), modificándolo en el sentido de  condenar  a  Giraldo López a  siete   (7)   años   de   prisión   –en   vez   de   los   8   inicialmente   impuestos-   y   multa   de  $1.391.080.000.00,  como  autor del delito de enriquecimiento ilícito personal;  así  mismo,  revocó  el ordinal sexto de la sentencia y en su lugar ordenó se  mantuvieran  vigentes  las  medidas  cautelares que pesaban sobre los bienes del  procesado, con el fin de hacer efectivo el pago de la multa.   

         Esta  sentencia  fue objeto de casación por parte de la defensa. La  Corte se ocupa, entonces, de resolver el fondo del asunto.   

LA  DEMANDA   

         Cuatro  cargos presentó el defensor. Los dos primeros, al amparo de  la  causal  tercera de casación, y los restantes con fundamento en la segunda y  primera, cuerpo segundo, respectivamente. Los enunció así:   

          Causal tercera.   

         Primer cargo.   

         La  sentencia  del  Tribunal  fue  dictada  en  un juicio viciado de  nulidad   porque   el  juez  que  profirió  el  fallo  condenatorio  no  tenía  competencia para ello.   

          Como   demostración   del  reproche  señaló  que  los  fallos  de  instancia   surgieron   como   consecuencia  de  los  dineros  que  recibió  su  representado,  girados  mediante  cheques en Cali y que ingresaron a sus cuentas  bancarias  en Bogotá, merced a las operaciones de canje que se desarrollaron en  esta  ciudad,  de  lo  cual  concluyó  que el incremento del peculio del señor  Giraldo López se produjo en  la  capital del país, donde los  dineros recibidos generaron el aumento de  sus arcas y tiene el asiento principal de sus negocios.   

          Lo  anterior  significa  que  el juez competente para conocer de los  cargos  imputados  era  el Juez Regional de Bogotá y no el de Cali. Solicitó a  la  Corte decrete la nulidad de todo  lo actuado a partir, inclusive, de la  resolución   por  medio  de  la  cual  el  Juez  Regional  de  Cali  avocó  el  conocimiento de la causa.   

          Segundo cargo.   

         La  sentencia  del  Tribunal  fue  dictada  en un juicio viciado de  nulidad   por  violación del derecho de defensa, por cuanto al procesado y  a  su  abogado  se  les  impidió  el acceso a pruebas de relevancia y sobre las  cuales   se   edificó   la  sentencia  condenatoria.   

          Como   demostración   del   reproche   aseguró   que   durante  la  instrucción  a  aquél  sólo  le  fue  permitido  conocer  aproximadamente 150  cheques,  en  la fase del juicio se le presentaron otros cuatro, en tanto que la  sentencia fue proferida sobre un total de 208.   

          Consideró   igualmente  que  constituye  vulneración  del  derecho  referido  el  hecho  de  que no se hubiera determinado con claridad el monto del  incremento  patrimonial,  sin  cuya  precisión  la conducta imputada devendría  atípica.  Agrega que la legalidad de la actuación se resiente seriamente, pues  no  se  delimitó en la resolución acusatoria ni en el fallo de instancia   si  el enriquecimiento ilícito que se le imputaba a su defendido era personal o  a  favor  de  terceros,  tampoco se discriminó qué dineros entraron a engrosar  injustificadamente  el  peculio  del acusado, ni cuáles incrementaron las arcas  de   terceros   o   fueron   invertidos   en  actos  sociales  por  Giraldo   López  en  su  condición  de  relacionista    público   al   servicio   de   los   señores   Rodríguez  Orejuela.    

         Pidió  se  decrete la nulidad de la actuación a partir, inclusive,  del  auto  que ordenó el cierre de la investigación para que el imputado tenga  la  oportunidad  no  solo  de  conocer  la totalidad del haz probatorio, sino de  controvertirlo.   

         Causal Segunda.   

         Cargo tercero.   

         Afirmó   que   no   existe  consonancia  entre  la  resolución  de  acusación   y   la  sentencia  porque  ambas  decisiones  fueron  dictadas  con  fundamento en hechos diferentes.   

          Para  demostrarlo  señaló  que  dichas  providencias son ambiguas,  pues  no  obstante  que  en  ellas  se  hace  alusión al incremento patrimonial  obtenido     por     Giraldo    López   y  a  los  beneficios  monetarios  alcanzados  por  la clase  política  con  los  dineros  provenientes  de  los  Rodríguez  Orejuela, tales  pronunciamientos  concluyeron con formulación de cargos en contra del procesado  por  el  delito  de  enriquecimiento  ilícito  de  particulares de que trata el  Decreto  1895  de 1989, sin que se determinara si el crecimiento patrimonial fue  personal o en favor de terceros.    

          Consideró  que el Tribunal Nacional  enmendó de manera ilegal  el  yerro  del  Juez  Regional de Cali, pues al desatar el recurso de apelación  interpuesto  contra  la  sentencia de primer grado la modificó en el sentido de  que  el  incremento  patrimonial  era  personal,  violando  la  normatividad que  prohibe  al  Ad-  quem hacer  referencia  a  asuntos no contenidos en el fallo objeto de impugnación. Estimó  que  el  Tribunal debía decretar la nulidad de lo actuado para que la sentencia  se  adecuara  a  lo  consignado en la resolución acusatoria o se enmendaran las  falencias  advertidas  en  la  investigación.  En  lugar  de  ello  dijo que el  incremento  atribuido  a  Giraldo  López  era  personal  y ordenó se le compulsaran copias por el delito de  enriquecimiento   ilícito  a  favor  de  terceros,  con  clara  violación  del  principio     non    bis    in    ídem.   

          Pidió   a  la  Corte  case  la  sentencia  y  dicte  el  fallo  que  corresponda.    

          Causal Primera.   

         Cuarto cargo.   

         Violación  indirecta  de la ley sustancial por aplicación indebida  de  los  artículos 23, 35, 36, 41 y 45 del Código Penal; 1º. del decreto 1895  de  1989,  convertido  en  legislación  permanente  por  el  artículo 1º. del  decreto  2266  de  1991,  y  falta  de aplicación de los artículos 1º. y 2º.  ejusdem. Expuso:   

          El  error  consistió   en  que  el Tribunal y el Juez Regional  recurrieron  a  hechos  contradictorios para arribar a la misma conclusión: que  Giraldo    López   era  responsable  de  infracción  al  artículo  1º. del decreto 1895 de 1989. Pero  mientras  el  juez  y la fiscalía indicaron que el procesado había recibido en  sus  cuentas  bancarias  dineros  procedentes  de  los  Rodríguez  Orejuela con  destino  a  las arcas de los políticos nacionales, el Tribunal le atribuyó los  mismos  cargos  a  título  “personal”,   generando  con ello  una  indebida aplicación de la norma precitada.   

          Insistió   en  señalar  que  a  Giraldo  López  no  se  le  podía atribuir un enriquecimiento  ilícito  porque  los  dineros  que recibió de los señores Rodríguez Orejuela  fueron   por   concepto   de  los  gastos  que  realizó  en  ejercicio  de  una  actividad   permitida  como  es  la  de  relacionista público; estas sumas  monetarias  tenían  un  origen  legítimo, pues aquellos también fungían como  empresarios,  tal  como  se  estableció  dentro  de  la  investigación  con el  testimonio de Guillermo A. Pallomari.   

          Aseguró  que  existe  una  abierta  contradicción  entre la prueba  recaudada  y  el  resultado  de  la  investigación.  Pese  a  que  el  Tribunal  Nacional    dijo   lo   contrario,   a   Giraldo  López  se  le hicieron cargos en  la resolución  acusatoria  y en el fallo de primer grado por haber recibido dineros con destino  a  la  clase  política. Sin embargo, a lo largo de todo la investigación no se  menciona  a  un solo personaje de la vida política que hubiera recibido aportes  monetarios  de parte de éste. Concluye, entonces, que mal se podría sindicar y  condenar  a  una  persona  por haber entregado dineros a terceros, sin indicar o  determinar sus nombres ni el monto de lo recibido.   

          Pidió  a  la  Corte  reconozca  y  declare  la  existencia  de  una  violación  directa  de  la  ley sustancial, case la sentencia impugnada y en su  lugar disponga la absolución de su representado.   

CONCEPTO DEL MINISTERIO PÚBLICO  

          Para  el  Procurador  Segundo  Delegado  en  lo Penal ninguno de los  cargos puede prosperar, por las siguientes razones:   

         Primer cargo.   

         No  es  cierto  que el delito de enriquecimiento ilícito se hubiese  cometido  en  la  ciudad  de  Bogotá.  Como  lo señala el censor, Giraldo  López recibió cheques librados  contra  cuentas  bancarias  de Cali, que luego fueron consignados en sus cuentas  personales  en  Bogotá.  Ello  significa  que  el  hecho delictivo se realizaba  simultáneamente  en Cali y en Bogotá. Desde esta perspectiva, y de conformidad  con  las  previsiones  de  los artículos 80 del C. de. P. P. y 13-1 del Código  Penal,  es  competente  el  Juez  Regional  de  Cali  para conocer del asunto en  estudio.   

          Segundo cargo.   

         La  censura  presenta  serias  deficiencias  técnicas,  pues  en el  desarrollo  del  cargo  por nulidad acusó la sentencia de violación directa de  la  ley  sustancial  por  interpretación  errónea.  Además,  la  crítica por  violación  del derecho de defensa carece de sustentación. No demostró cuáles  fueron  las  pruebas  que ocultó la fiscalía, ni la trascendencia que tuvo ese  hecho  en  las decisiones finales adoptadas por ésta y los jueces de instancia.   

         No  es  condición  del  tipo  penal  de enriquecimiento ilícito de  particulares  que  se identifique con precisión, como lo requiere el censor, la  destinación  que se le haya dado al monto del incremento patrimonial. Basta con  que  se  hubiera  establecido que Giraldo López   manejó  una  determinada  cantidad de dinero (en este  caso  $1.391.080.000.00)  con ánimo de señor y dueño, y  dispuso de ella  sin poder explicar su lícita procedencia.   

         Tercer cargo.   

        La  aludida  incongruencia  entre la sentencia y la resolución  de  acusación carece de fundamento. La orden impartida por el Tribunal para que  se  compulsaran  copias  de  la actuación no entraña ninguna agravación de la  situación  del  acusado  Giraldo  López,  ni  comporta  un  vicio  en  la  ritualidad  o quebrantamiento de  garantías   defensivas,   ni   atenta  contra  el  principio  del  ne bis in ídem.   

         La  resolución  acusatoria  y la sentencia del Tribunal hacen   referencia  a  los  hechos  relacionados  con  el  capital ilícito manejado por  Giraldo   López   y  que  ingresó  a  sus  cuentas bancarias en cuantía de $1.391.080.000.00. Las copias  ordenadas    por    el    Tribunal    tienen    que   ver   con   otros   hechos  distintos:   el dinero  que  el citado periodista entregó “…en cajas de cartón, envueltas en papel  regalo  que  contenían  el  dinero  con el que el cartel de Cali contribuyó al  financiamiento  de  la  campaña  presidencial de Ernesto Samper Pizano”, cuya  cuantía  no  importa en estas consideraciones pero que se ha establecido que no  es  el mismo que se manejó en la relación de cheques que cita la acusación de  la  fiscalía  regional.  No  se trata de la misma imputación fáctica, sino de  hechos  absolutamente  diferentes, que podrían dar lugar a un eventual concurso  homogéneo de enriquecimiento ilícito.   

         Cuarto cargo.   

        El  libelista  no  sustentó  en  debida forma el vicio in  iudicando  invocado. No demostró que  el   sentenciador   hubiera   distorsionado  el  sentido  de  los  elementos  de  persuasión  que sirvieron de soporte a la sentencia impugnada. En lugar de ello  se  dedicó  a  cuestionar  las consideraciones del fallo, a negar los hechos, a  refutar  el carácter delictivo de la conducta desplegada por su patrocinado y a  presentar  su personal apreciación del acervo probatorio, invitando a la Corte,  como  si  se  tratara  de  una  tercera  instancia,  a  que  realice  una  nueva  evaluación probatoria que favorezca los intereses del procesado.   

CONSIDERACIONES  DE LA CORTE  

         Primer cargo.   

        Se desestima, porque:   

         1.  Le asiste la razón al Procurador Delegado cuando señala que el  delito  se realizó en Cali, pues fue allí donde le giraron  y consignaron  al  señor Giraldo López los  208   cheques   que   acrecentaron  su  peculio,  librados  contra  las  cuentas  mencionadas  en  la  reseña que de los hechos se han fijado en esta sentencia y  tal  como  se  advierte  con  total  claridad  en  la  relación  de  los tantos  títulos-valores  que  aparece  en la resolución acusatoria y en las fotocopias  de   los   propios   cartularios   (Fls.   219-  249,  C.  36;  Fls.1-  156,  C.  A).   

         2.  El  artículo  1º.  del  Decreto  1895  de  1989, adoptado como  legislación  permanente por el artículo 10º. del Decreto 2266 de 1991, define  el  delito  de  enriquecimiento  ilícito  de  particulares  en  los  siguientes  términos:   

                     “El que de  manera  directa  o  por  interpuesta  persona  obtenga  para  sí  o  para  otro  incremento  patrimonial  no  justificado,  derivado,  en  una  u  otra forma, de  actividades  delictivas,  incurrirá,  por  ese solo hecho, en prisión de cinco  (5)  a  diez  (10)  años  y  multa equivalente al valor del incremento ilícito  logrado”.   

         De  la  lectura  de  esta  norma se concluye que el hecho se consuma  – y prosigue su ejecución  permanente  –  en  el  momento  y  en  el lugar en los que el autor obtiene, para sí o para otro, incremento  patrimonial      no      justificado,     pues     el     verbo     obtener  es el  núcleo orientador y rector de la conducta.   

         

         3.  El  cheque  –  salvo  ciertas excepciones que no concurren en el  asunto  en  estudio  – es un instrumento de pago, es decir, equivale al porte de  moneda  o  de valor en efectivo o, como dice la ley mercantil, comporta la orden  incondicional  de pagar una determinada suma de dinero (artículo 713-1). Es, en  pocas  palabras,  una  de  las  formas  como  se  dispone  del  numerario que se  encuentra en el banco librado.   

         Dada  la  naturaleza de tales títulos, su emisión, transferencia o  consignación  en  una  cuenta  de  alguien,  implica  la  entrega  de dinero al  beneficiario  de  los mismos, de donde surge que en el instante y en el lugar en  que  una  persona pone a disposición de otra uno o varios de estos instrumentos  de   pago,   aumenta   el   patrimonio   de   ésta1   

.  

         Así  las  cosas,  no cabe duda que el aumento patrimonial que se le  reprocha  al  procesado  comenzó  a  consumarse  en la ciudad de Cali, donde le  fueron  girados  y  consignados  los  cheques  y no después, cuando la moneda o  billete  en  la cuantía por ellos representada ingresó a sus cuentas bancarias  en  la  ciudad  de  Bogotá  y  se convirtió en dinero, materialmente hablando.   

         

         Como  se  sabe,  la  competencia territorial se individualiza por el  lugar  de  realización  del  delito,  y  éste  a  su  vez  está  íntimamente  relacionado   con  la  acción  u  omisión  que  configura  el  hecho  punible.   

         En  conclusión,  el error in procedendo  invocado  no existió, pues el Juez Regional de Cali sí tenía competencia para  conocer  del presente asunto, por cuanto la conducta delictiva objeto de estudio  comenzó a desarrollarse en dicha ciudad.   

        Segundo cargo.   

        Tampoco puede prosperar, porque:   

         1.   Son   evidentes  los  yerros  técnicos  en  que  incurrió  el  casacionista  en  la  presentación de este segundo reproche. Anunció un ataque  por  infracción al derecho de defensa por el presunto ocultamiento del material  probatorio  y en el desarrollo de la imputación apareció haciendo referencia a  la   violación   del   debido   proceso   por   motivación   anfibológica   o  indeterminación  del  tipo  objetivo atribuido al procesado, con base en que la  justicia  no  había  fijado claramente la cuantía del enriquecimiento ilícito  imputado   al   señor   Giraldo  López,  ni  especificado  si  el  incremento patrimonial fue personal o a  favor  de  terceros. Se apartó, entonces, de las reglas mínimas que surgen del  deber  de  formular  la  demanda  de  manera  fundamentada,  precisa,  nítida y  respetando la autonomía de los cargos y las causales.   

         2.  Aseguró que durante la etapa de la instrucción se le escondió  al  procesado  y a su apoderado “…la casi totalidad de pruebas sobre las que  se  apuntaló  la  resolución  acusatoria”, pero no demostró  de manera  concreta  cuáles  fueron  los medios de convicción cuyo conocimiento les fuera  negado,  ni cuál la incidencia real de ese hecho en la decisión final adoptada  por los jueces de instancia.    

         3.  A  mas  de  lo anterior, no es cierto que al señor Giraldo  López se le hubiera vulnerado el  derecho  de defensa por no haber tenido la oportunidad de controvertir la prueba  que  sirvió  de  cimiento  a  la  sentencia  proferida  en su contra. Según se  infiere  del  estudio  del  expediente,  tanto  el  procesado  como  su defensor  tuvieron  acceso  a  todos  los cheques a que se hace alusión en la resolución  acusatoria y en los que se cimentó el fallo del Tribunal.   

         4.   Es  cierto  que  al  señor  Giraldo  López  no  se  le  pusieron de presente en la primera  diligencia  de indagatoria la totalidad de los títulos-valores que ingresaron a  sus  cuentas bancarias, circunstancia obediente a que en ese momento procesal no  habían  sido descubiertos aun todos los cheques girados o endosados a su favor.  Esto,  sin  embargo,  no fue óbice para que los conociera después,  en la  medida  en  que  eran hallados y luego incorporados al expediente. Como el mismo  defensor  lo reconoce en la demanda, en la etapa de la instrucción el procesado  se  enteró  de  la  existencia  de  cerca  de  150  títulos.  De  otra  parte,  posteriormente,  cuando  se  calificó el mérito del sumario, la fiscalía hizo  una  relación  pormenorizada de cada uno de los 208, indicando el  número  del  título,  su  valor,  fecha  de  expedición,  nombre  de   girador  o  endosante,   número  de  cuenta   y  nombre  del  banco librado (Fls.  219-249, C. 36).   

         Significa  lo  anterior  que el procesado y su defensor sí tuvieron  la  oportunidad de conocer la totalidad de los títulos valores que sirvieron de  soporte  a  la  conducta  delictiva   que  se  le imputó a aquél. Unos, a  partir  del  26  de mayo de 1995, cuando se le recibió la primera diligencia de  injurada,  y  los otros en el mes de abril de 1996, cuando se les notificó  personalmente    la   resolución   de   acusación   (Fl.   287   Vto,  C.  36).   

                     Pero a pesar  de   ese  conocimiento,   en  ningún  momento  ejercieron  el  derecho  de  contradicción  en  relación  con  los  medios  de  pago, pues no debatieron su  contenido,  ni  desvirtuaron  su  valor  suasorio mediante la confrontación con  otros  medios  de  convicción.  No  lo  hicieron  antes del 13 de abril de 1995  cuando  según  el defensor Giraldo López  ya  conocía cerca de 150 cheques, ni con posterioridad, cuando se  les  puso  de  presente  la  totalidad  de  los  mismos  en  que  se soportó la  resolución acusatoria.   

         Obsérvese  que en la injurada del 30 de mayo de 1995 (Fls. 20 s.s.,  C.36),  el  incriminado señaló de manera genérica que los cheques por los que  se  le  preguntaba  los  había  recibido por la venta de unas obras de arte que  había  realizado  a través del señor Alvaro Vanegas por un valor aproximado a  doscientos  millones  de  pesos.  En la diligencia de ampliación de indagatoria  que  se  le  recibió  el  22  de septiembre de 1995 (Fl. 178, C.21) no supo dar  ninguna  explicación  sobre  la  procedencia  de  los  nuevos  cheques  que  se  allegaron  a la investigación, como tampoco aportó aclaración alguna sobre el  punto  en  las  indagatorias rendidas el  18 de diciembre de 1997 y el 3 de  julio  de  1998  (Fls. 81 y 344, C. 44), a pesar que hacía más de dos años se  había  enterado con absoluta claridad acerca de cuáles eran los documentos que  servían  de  cimiento  a   los  cargos que se le venían formulando por el  delito de enriquecimiento ilícito.   

                     5.  Carece  igualmente  de  fundamento la censura propuesta por motivación anfibológica de  las  imputaciones  contenidas  en  la  resolución  acusatoria y en la sentencia  impugnada. Basta leer dichas piezas para ratificar el aserto.   

         En efecto, la resolución de acusación expresó:   

“El ejercicio de desmontar la coartada del  sindicado  resultó apropiado para el momento de definir su situación jurídica  provisional,  en el que se debatía solamente la justificación de unos ingresos  aproximados  a  los  DOCIENTOS  MILLONES  DE  PESOS,  pero,  a esta altura de la  actuación,  cuando  los  ingresos  injustificados de  ALBERTO  GIRALDO LÓPEZ superan los MIL CUATROCIENTOS CUARENTA Y CUATRO MILLONES  DE  PESOS  y su respuesta en ampliación de indagatoria  a  este  grueso  excedente  consistió  en  un  mutismo  irónico,  interrumpido  solamente  para  pedir  plazos  que jamás utilizó de la manera que lo anunció  aportando   unos   soportes   contables   que   aseguró   tener,  su  actividad  conscientemente  dirigida a la infracción del tipo penal que se le ha endilgado  emerge  sin  ningún esfuerzo, permitiendo que el hecho se le impute dolosamente  y como autor responsable”  (Fls. 261/2, C. 36).   

         En  la  sentencia  atacada se señala nítidamente que se condena al  señor  Giraldo López   “…a  la  pena principal de 7 años de prisión y multa de $1.391.080.000.00,  como  autor  responsable  del delito de enriquecimiento ilícito personal que le  fue  endilgado  en  la  resolución  acusatoria  de  primera  instancia”,  con  indicación  en  su  parte  motiva de que los ingresos obtenidos con los cheques  girados  por  las  empresas “fachadas del cartel de Cali”  ascendían a  la  suma  antes  referida  y  no  a  $1.444.000.000.00,  como equivocadamente lo  estimó la fiscalía (Fls. 52 y 57, C. 46).   

         Tercer cargo.   

        Se desestima por las siguientes razones:   

         1.   Nuevamente,  siguiendo  el  derrotero  trazado  en  la  censura  anterior,  el  demandante  abandonó  el  deber de respetar la autonomía de los  cargos   y   la  obligación  de  formularlos  de  manera  límpida,  precisa  y  fundamentada,  como lo exige la normatividad. Al inicio afirmó que la sentencia  no  estaba  en  consonancia  con  la  imputación  contenida  en  la resolución  acusatoria  y, a renglón seguido, tildó a estas decisiones de indeterminadas y  anfibológicas,  acusando  al  Tribunal  por desconocimiento del debido proceso,  con  base  en  que  se había extralimitado al modificar ilegalmente el fallo de  primer  grado  e  ignorar  el  principio  non  bis in  ídem.   Olvidó  que  tales  aspectos  sólo  pueden  proponerse a la luz de la causal tercera.    

         2.  Resulta  asaz incoherente invocar el segundo motivo de casación  previsto  en  el  artículo  220-2  ibídem,  y  acusar  al  mismo  tiempo  a la  resolución   acusatoria   por  indeterminación  en  la  imputación  del  tipo  objetivo.   

         Como   lo   ha   reiterado   la   Sala  de  Casación  Penal  de  la  Corte2   

, es de la esencia de la causal segunda que  quien  la  postule acepte, sin cuestionamientos, el cargo o los cargos plasmados  en  la resolución acusatoria, porque la denuncia por incongruencia apunta a que  el  juzgador  respete  el marco de la acusación y que retorne la imputación al  ámbito  dentro  del  cual  fue  formulada. Ni la calificación jurídica, ni la  prueba, pueden ser objeto de impugnación cuando se acude a ella.   

         Por  tanto,  para  la  demostración  de la falencia alegada se debe  confrontar  la  resolución de acusación con la sentencia, para verificar,  de  una parte, que se ha condenado por cargos no previstos en aquélla, o, de la  otra,  que  no  se  han  resuelto  las imputaciones expresamente deducidas. Este  error  in procedendo implica  comprobar  ante la Corte una condena que no corresponde a la realidad fáctica y  jurídica  tenida  en  cuenta  en  la  acusación,  de  manera  que  se ponga en  evidencia que ha sido desbordada por el fallo.   

         3.  Nada  de lo dicho hizo el actor. En lugar de presentar un cotejo  de   los   apartes   pertinentes   de  las  dos  decisiones  para  demostrar  la  inconsonancia  propuesta,   se  dedicó  a  enseñar  su  pensamiento  y  a  expresar su desacuerdo con las providencias.   

         Y  mal podía hacerlo, pues como se demostró en las consideraciones  de  la  censura  anterior,  no  existe  ninguna divergencia entre la resolución  acusatoria  y  el  fallo  del  Tribunal. Son idénticos los aspectos fácticos y  jurídicos  que  le  sirven  de  soporte  a  las  imputaciones  que  en ellas se  formularon  al procesado: que incurrió en el delito de enriquecimiento ilícito  de  particulares  definido  el artículo 1º. del Decreto 1895 de 1989, adoptado  como  legislación  permanente  por el artículo 10º. del Decreto 2266 de 1991,  por  haber  acrecentado  su  peculio  injustificadamente  en  virtud  de los 208  cheques  que  los  hermanos  Rodríguez  Orejuela  le  giraron  de  sus  cuentas  bancarias  en  la  ciudad de Cali, por un monto superior a  mil trescientos  millones  de  pesos y que ingresaron mediante operaciones de canje a las cuentas  que tenía en la ciudad de Bogotá.   

         4.  Al  margen  de  lo anterior, es incorrecto acusar al Tribunal de  haber  incurrido  en  violación del debido proceso porque modificó el fallo de  primer  grado  en  el sentido de hacer claridad en cuanto al señor Giraldo  López se le condenaba como autor  del  delito  de  enriquecimiento  ilícito personal y ordenar que se compulsaran  copias  para  que  se  le  investigara  por  el hecho punible de enriquecimiento  ilícito a favor de terceros.   

         5.  Olvidó  el  demandante  que  cuando  interpuso  el  recurso  de  apelación  contra el fallo del Juez Regional de Cali acusó su decisión,   entre  otros  aspectos,  por  ser ambigua debido a que no había precisado si el  enriquecimiento  ilícito  que  se  le atribuía a su defendido lo era a título  personal  o  a favor de terceros (Fl 126, C. 45).  Mal se recibe, entonces,  que   ahora   le   reproche   al  Ad-quem  la  claridad  que  hizo  con  fundamento  en las facultades que le  otorgaba  expresamente  el  artículo  217  del  C. de. P. P., en consideración  –se repite- a la petición  expresa que le hiciera en el memorial de sustento a la alzada.   

         6.  Como nítidamente lo expresó el Tribunal en la sentencia, sólo  sería  objeto  de  su  estudio  -como  lo  fue  también  para  el A-  quo-  lo  relacionado con el eventual  enriquecimiento      ilícito      de      Giraldo  López  a  propósito  de  los cheques cuyo listado se  insertó  en la resolución acusatoria y los diez millones de pesos que  el  incriminado  le cobró como comisión al publicista Mauricio Montejo, que fueron  los  únicos  hechos por los que en definitiva resultó acusado. Siendo así, no  existe  fundamento  alguno  para  afirmar  violación del principio non  bis  in  ídem.  Las  copias  que el  Tribunal  ordenó  compulsar  se  refieren  a un hecho diferente, del cual no se  ocupó  la  actuación  que  merece  ahora  la atención de la Sala: su probable  intervención  en  la  ilícita  financiación  de  la campaña presidencial del  doctor  Ernesto  Samper  Pizano.  Es  evidente,  entonces,  que  el Ad-quem  no infringió tal principio y que  obró  obedeciendo  el  mandato  previsto  en el artículo 25-2 del C. de. P. P.   

         Cuarto cargo.   

        No puede prosperar, porque:   

        1.  Afirma el actor que la sentencia impugnada violó indirectamente  la  ley  sustancial “…por aplicación indebida de los artículos 23, 35, 36,  41  y  45  del  C. P., 1º. del Decreto 1895 de 1989, convertido en legislación  permanente  por  el  artículo  10º.  del  Decreto  2266  de  1991,  y falta de  aplicación  de  los  artículos  1º. y 2º. ejusdem”, por haber incurrido en  errores de hecho en la apreciación de la prueba.     

         La  censura,  sin embargo, se quedó en su enunciado genérico, pues  no recibió la debida verificación  y desarrollo.   

         

         2.  Cuando  se acude a esta causal de casación es indispensable que  el  censor concrete y demuestre la configuración de alguna de las hipótesis de  desacierto  posibles,  por  ejemplo equívoco por falso juicio de existencia, de  identidad  o  de  raciocinio. Igualmente debe comprobar la definitiva incidencia  que  haya  tenido  el error en la declaración de justicia contenida en la parte  resolutiva  del  fallo,  mediante  el señalamiento preciso de la manera como la  decisión  habría  sido  diversa  si  no  se  hubiera  incurrido  en  el  error  probatorio.  La  imputación  al  fallo,  además, debe estar dirigida a derruir  todas  las  pruebas que constituyen su soporte, pues si así no se procede y una  de  ellas  goza  de  suficiencia  para  mantenerlo  erguido,   se impone la  improsperidad       de       la       censura.3   

         3.   El  letrado  no  cumplió  con  estas  exigencias  de  técnica  casacional.  Invocó  violación  indirecta  de la ley sustancial por errores de  hecho,  pero no indicó la forma o especie del yerro, ni concretó con nitidez y  determinación  los  medios  de  persuasión  objeto  de  los  vicios, y, menos,  mostró   la   importancia  máxima  de  las  falencias  en  la  orientación  y  determinación de la sentencia materia de impugnación.   

         4.  Aparte  lo  anterior,  las  fallas de la propuesta resultan aún  más  evidentes  si  se  tiene  en  cuenta  que  su reproche es parcial, pues no  abordó  –como ya se dijo-  el  estudio  de  todos  los  medios probatorios que sirvieron de fundamento a la  decisión.   

No  obstante la cantidad y diversidad de la  prueba  incorporada  a  la actuación (Fls. 32-35, C. 45), el defensor solamente  se  detuvo  en  el  testimonio del señor Guillermo Alejandro Pallomari, no para  demostrar  que en su apreciación se hubiera incurrido en equívoco alguno, sino  con el propósito de proponer su personal valoración.   

Afirmó  que  de  acuerdo con dicho testigo  todos  los  dineros  que  recibió  el  señor Giraldo  López  de  los  hermanos Rodríguez Orejuela tuvieron  como  motivo los servicios de “relacionista público” que les prestó, y que  por  lo  tanto  la conducta de su defendido no podía ser enmarcada dentro de la  hipótesis  delictiva  del  enriquecimiento  ilícito  de  particulares, dada la  naturaleza  legal  de  la actividad y la legítima procedencia de una gran parte  de  los dineros pagados, habida cuenta la calidad de empresarios que los citados  hermanos tenían.   

         5.  No  sólo  omitió indicar sobre qué medios probatorios fincaba  tales  asertos, sino que no demostró los yerros en que pudieran haber incurrido  los  jueces  de  instancia  en  la valoración de los mismos, y en virtud de los  cuales arribaron a las conclusiones que suscitan su inconformidad.   

         6.  Y,  por  último,  el censor dejó de lado algo indiscutible: el  recurso   extraordinario  de  casación  no  constituye  una  tercera  instancia  aprovechable  para  proseguir  el  debate jurídico o probatorio propuesto en el  curso  del proceso. Por ello, en lugar de presentar y acreditar la existencia de  errores  trascendentes en  la apreciación de los medios de prueba -como lo  señaló  en  el enunciado del cargo- todo su esfuerzo argumentativo lo dirigió  a  expresar  a  la  Corte  su  personal  interpretación de los hechos objeto de  investigación  y  a  exponer  su  pensamiento  sobre  una  sola  de  entre  las  múltiples  y  diversas  pruebas  incorporadas  a  la abundante foliatura.    

         En  mérito  de  lo expuesto, la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema  de  Justicia,  administrando  justicia en nombre de la República y por  autoridad de la ley,   

RESUELVE  

         No casar la sentencia impugnada   

         Cúmplase y devuélvase al tribunal de origen.   

CARLOS   E.  MEJÍA  ESCOBAR   

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL             JORGE E.  CÓRDOBA    POVEDA                        

HERMAN           GALÁN  CASTELLANOS       CARLOS  A. GÁLVEZ ARGOTE                                                                                                                                          

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO           EDGAR LOMBANA TRUJILLO   

                          No      hay  firma   

ÁLVARO  O.  PÉREZ  PINZÓN                    NILSON  E.  PINILLA PINILLA           

TERESA    RUIZ  NUÑEZ   

Secretaria     

1 Cfr,  por  ejemplo,  Corte  Suprema  de Justicia. Auto del 31 de octubre de 2000, Rad.  17.087. Sentencia del 4 de abril de 2001, Rad. 16.356.   

2  Sentencias  del  19 de diciembre de 2000, 14 de agosto de 2000 y 11 de diciembre  de   1999,    Radicaciones  Nos.  15.941,  15.946,  14.655  y  14.796,  respectivamente.   

3 Cfr.,  por  ejemplo,  Casaciones  del  14  de marzo de 1990, 22 de junio de 1990, 18 de  octubre  de  2000,  12  de  marzo  de  2001,  Radicaciones 3.759, 4.563, 15.214,  12.098, respectivamente.     

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