10009(29-10-01)

2001

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso No 10009  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente  

Dr. CARLOS E. MEJIA ESCOBAR  

Aprobado  Acta  No.  166   

Bogotá, D.C., veintinueve (29) de octubre de  dos mil uno (2001)   

VISTOS:  

El Juzgado Promiscuo del Circuito de San Juan  del  Cesar,  el  veintiuno  (21)  de  abril  de mil novecientos noventa y cuatro  (1994),  profirió  sentencia  contra  SANTANDER PINZON  CHAPARRO    por    el    delito    de   homicidio  en  la  persona de María       Gregoria      Carrillo      Jiménez,      condenándolo  a  la  pena  principal  de  veinticinco -25- años de  prisión  y  a  la accesoria de interdicción de derechos y funciones públicas,  suspensión   de   la   patria  potestad  y  prohibición  de  consumir  bebidas  alcohólicas  por  el mismo término. El Tribunal superior del Distrito Judicial  de  Riohacha,  que  conoció  de  la  apelación interpuesta por el defensor del  procesado  contra  la  anterior determinación, la modificó en cuanto a la pena  accesoria  de  interdicción  que fijó en diez -10-años, revocando las otras y  confirmándola en lo demás.   

El  defensor  presentó  demanda de casación  contra  la  anterior  decisión,  la misma que, precisamente, ahora se resuelve,  una  vez  obtenido  el  concepto  del  señor  Procurador Segundo Delegado en lo  Penal.   

H E C H O S  

El   veintinueve   -29-  de  junio  de  mil  novecientos  noventa  y  tres  (1993),  a  eso  de las 9:30 de la noche, se hizo  presente  en la casa de lenocinio conocida en la población de Fonseca (Guajira)  como       ‘Los  Kioskos’,   el  Sargento  Segundo    SANTANDER   PINZON   CHAPARRO.   Allí   se   encontró   con   los   Sub-oficiales  Cardona   Arias   y    Cárdenas  Galindo  y  todos  ellos  se  dedicaron  a  libar  licor  en asocio de varias meretrices. Uno de los amigos de  PINZON   CHAPARRO   se  retiró  con  la  mujer que lo acompañaba y aquél se quedó con el otro.   Enterado  de  que  el  establecimiento  ya  se  iba  a  cerrar,  le  exigió  al  administrador  del  mismo  que  le  consiguiera  una  mujer,  pero  nadie  quiso  compartir  con  él, por lo que disparó su revólver al aire. Se le insistió a  una                   ‘trabajadora’ de  nombre  María  Gregoria Carrillo Jiménez,    la  que  adujo  razones  para  no  atender  al  procesado,  encerrándose  en  su  alcoba,  lo  que provocó la reacción del hoy condenado,  quien   disparó  sobre  la  puerta  que  aquella  acababa  de  clausurar,   hiriéndola   de   tal   gravedad   que   la   muerte  le  sobrevino  de  manera  inmediata.   

LA ACTUACION PROCESAL  

La  Unidad de Fiscalía No. 12 dictó el auto  de  apertura de sumario, con base en el acta de levantamiento del cadáver de la  Carrillo   Jiménez  y  la  denuncia   de   Rafael  Peralta  Medina.  Se  recepcionaron algunas declaraciones y se practicó la diligencia  de  injurada  de  SANTANDER PINZON CHAPARRO,  a  quien  se  le resolvió su situación jurídica el veintiséis  (26)  de julio de 1993, con medida de aseguramiento de detención preventiva por  el   delito   de  homicidio.  Interpuesto  el  recurso  de apelación, la Unidad de Fiscalía Delegada ante el  Tribunal  Superior,  con proveído calendado en agosto treinta (30) del referido  año, confirmó la decisión impugnada.   

Carlos   Cardona  Arias  fue declarado persona  ausente  y  se  le  resolvió  situación  jurídica,  decretándole  detención  preventiva    como    cómplice    en    el   homicidio   de   la   Carrillo  Jiménez.  Posteriormente, en el  misma   providencia   en   que   se  dictó  resolución  de  acusación  contra  PINZON CHAPARRO por el delito  de   homicidio   (diciembre  14/93),   se   ordenó  la  preclusión  de  la  investigación  contra  aquél.   

Cumplida la diligencia de audiencia pública,  el  Juzgado  Promiscuo  del  Circuito  de  San  Juan  del  Cesar,   emitió  sentencia  condenatoria  en los términos vistos, la que apelada, le mereció al  ad-quem,  las  modificaciones  y  reformas  a  que  ya  se  ha hecho referencia.  Presentada  la  casación  contra esta última decisión y, cumplido el trámite  de ley, es el momento procesal oportuno para desatarlo.   

LA DEMANDA  

Bajo el amparo de la causal primera (1a.) del  artículo  220  del  C.  de P.P. se acusa la sentencia proferida por el Tribunal  Superior  de  Riohacha,  de ser violatoria  “en forma directa y por error  de  derecho,  de  las normas de derecho sustancial, artículos 37 y 329 del C.P.  ,por  aplicación  indebida de los artículos 36 y 323 del C.P. , tipo al que se  adecuó  en  la sentencia el comportamiento atribuído al procesado SANTANDER PINZON CHAPARRO”.   

Afirma  el  censor  que  los  sentenciadores  plantearon   que   el   procesado   obró   con   dolo  eventual  y, concretamente, en la de segundo grado, se  dijo   que   ‘no  existen  elementos  de  juicio que permitan inferir que el condenado haya omitidio pensar  en  la  posibilidad  de  causar  daño a la dama que resultó muerta. … .No es  cierto,  como lo afirma el recurrente, que debe existir la intención de matar o  herir para que se dé el dolo eventual.”   

Para  contraponerla  al anterior criterio, el  censor  cita  jurisprudencia de esta Corporación de septiembre 25 de 1987, a la  que después se aludirá.   

Prosigue  el  demandante  señalando  que los  medios  probatorios  indican  que  la acción del procesado al disparar sobre la  puerta  se dirigía a lograr que la occisa o cualquiera de las meretrices que se  hallaban  en  el  establecimiento,  saliera  a prestarle sus servicios, luego no  existió  la  intención de matar o herir a la Carrillo  Jiménez.   

Transcribe el actor apartes del testimonio de  Rafael Peralta Medina, para a  continuación  expresar  que  de ello se sigue que tal testigo, ante la negativa  de  la  occisa  para  atender al procesado, le cerró la puerta de la pieza y se  dirigió  donde  se  hallaba el procesado y al manifestarle a éste lo dicho por  aquella,   PINZON  CHAPARRO  disparó  hacia  la puerta estando ésta cerrada, cumpliendo así lo manifestado  desde  el  inicio  de  los  hechos  de  levantar  las  puertas a tiros, si no le  conseguían una mujer con quien irse a acostar.”.   

De  la  información  procesal  -continúa el  impugnante-  aparece  claro  que  el  procesado  no  conocía a la occisa ya que  ésta,  la  noche  de  los  sucesos,  se  hallaba en su habitación y no aparece  constancia  de  que  hubiese  salido, y por lo mismo no hay el menor indicio que  permita  inferir  que  el  procesado  le  disparó  por tener algún interés en  quitarle  la  vida  o  lesionarla.  Importante  aspecto  para establecer si hubo  intención  de  matar, es el hecho de señalar que la víctima se hallaba en una  habitación  cerrada,  siéndole  imposible  a  PINZON  CHAPARRO   ‘visualizar   el   lugar   donde  se  hallaba  la  occisa’,  y de ahí que no pueda afirmarse que  el  procesado  tuvo  intención  de  matarla.  Así  las  cosas los hechos deben  adecuarse  en  el  artículo  329  del  C.P.,  en  armonía  con el 37 del mismo  estatuto,     es     decir,    al     homicidio  culposo.  Se  afirma  que  no  existió dolo y sí una  acción    imprudente,  más  cuando  el  condenado  se  hallaba  embriagado,  que es cuando se realizan  hechos como éste.   

CONCEPTO DEL PROCURADOR SEGUNDO DELEGADO EN LO  PENAL   

No  obstante  que  el  censor  presenta en su  escrito  las  citas  doctrinarias y jurisprudenciales que ilustran acerca de las  diferencias  entre  el  dolo eventual y la culpa con representación, ello no le  es  suficiente  en  su argumentación para predicar su completa validez. Débese  señalar  como primera medida, a manera de reparo técnico, que el casacionista,  alegando  una  violación  directa  de  la  ley  sustancial, la fundamenta en la  discusión  acerca  del  liviano   lindero que emerge entre las figuras del  dolo   y  la  culpa,  no  aceptando  del  todo  la  valoración  probatoria  del  sentenciador,   en  la  medida  en  que  varios  de  los  acápites  del  libelo  ‘cuestionan  la  deducida  inmediatez  existente  entre  el  momento en que la occisa cierra la puerta y la  arremetida   violenta   del   procesado’.  Pero  la  verdad  es  que  ello  no  fue  de  importancia para el  sentenciador,  sino  la  circunstancia  de  que  “es  un  hecho  cierto que el  encartado  disparó  contra  la  puerta  de acceso de la habitación que ocupaba  María  Carrillo,  teniendo  pleno   conocimiento   que  en  el  interior  se  encontraba  ésta.’   

La no aceptación de la valoración probatoria  del  juzgador,  va contra la vía directa escogida. La Delegada realiza entonces  la  transcripción  de  apartes  de la demanda que en su opinión no  hacen  más  que retomar la prueba y puntualizar cuáles son las afirmaciones que de un  elemento   de   convicción  benefician  su  argumentación;  especialmente  -se  recalca-  en  lo  atinente  a la inmediatez entre el momento en que se cierra la  puerta  y  el  disparo,  lo  cual  pretende refutar con sus propias conclusiones  desnaturalizando  el  sendero  escogido  de  impugnación,  en la medida que una  disertación  de  carácter  meramente jurídico debe sustentarse en unos mismos  presupuestos   fácticos   y   probatorios,   aceptándose   como   tales,   sin  cuestionamiento alguno.   

No  obstante  lo  anterior,  la  Delegada  a  continuación  sostiene  que  la  presencia  del  dolo  es diamantina porque aun  cuando  dentro  del  propósito inicial del procesado no se encontraba causar la  muerte  de  la meretriz que se excusó de no atender al energúmeno cliente, sí  resulta  clara  la  eventualidad  de  que le causara la muerte a la mujer que se  encontraba  al  interior  de  la  habitación,  luego de que disparara contra la  puerta.  Mucho más porque su condición de militar -como lo denota el Tribunal-  lo  hacía  sabedor  del alcance y consecuencias que, eventualmente, su conducta  deparaba.       Esa     previsibilidad     del  resultado,   entonces,   en   el  que  el  manifiesto  pretendido  era  la reprimenda a la prostituta por no acceder a las pretensiones  sexuales  del  procesado,  no  obstante encontrarse desocupada, permiten inferir  claramente  la  asunción  de  la  producción  ilícita  de  un  resultado que,  inicialmente,  no  era  el  querido  pero  que  se termina aceptando; lo cual se  traduce  en la intencionalidad  que  en  esta  modalidad  de culpabilidad zanja los linderos con la culpa.    

Finaliza  la Delegada solicitando no casar el  fallo objeto de impugnación.   

LA CORTE  

1.-    El  casacionista  sostiene  que  se  está  ante  una vulneración directa de la ley  sustancial,  por  cuanto  se  condenó  por  homicidio  doloso, cuando ha debido  hacerse por el culposo (art. 329 del C.P.).   

Hay  que  reconocer  que  la Delegada acierta  cuando  asevera  la existencia de una falla técnica en la demanda, pues la vía  escogida  no  permite  discutir  la valoración probatoria realizada por el  sentenciador,  debiendo la controversia  circunscribirse a lo estrictamente  jurídico.  Y  resulta  indudable  que existieron algunas valoraciones fácticas  diferentes  a  las determinadas por el sentenciador máximo si se mira que en la  fundamentación   de  la  alzada  el  apoderado  recurrente  sostuvo  culpa  sin  representación  por la  imprevisibilidad del resultado. Así, por ejemplo,  aquello  de que se dio relación de inmediatez entre el momento del cierre de la  puerta  a  donde  penetró  María  Gregoria  Carrillo  Jiménez   y  el  del disparo que, realizado  por   PINZON  CHAPARRO,  le  deparó a aquella la muerte.   

Pero,  pese a esa discrepancia probatoria, la  realidad  es  que para el Tribunal lo que importó fue que “es un hecho cierto  que  el  encartado  disparó  contra la puerta de acceso de  la habitación  que  ocupaba  María Carrillo,  teniendo  pleno  conocimiento  que   en  el  interior  se  encontraba ella.  …”,  y  que  al  actuar, pese a ese conocimiento, aceptaba el resultado pues  como  militar  que era sabría que el proyectil podía traspasar la puerta, así  como conocía que la mujer estaba en el interior.   

De  modo  que el apartamiento más importante  sobre  el  sentido  y alcance que a las pruebas le dio el sentenciador, está en  que  para el recurrente estos elementos de convicción “indican que la acción  del  procesado al disparar sobre la puerta se dirigía a lograr que la occisa, o  cualquiera  de  las meretrices que en el establecimiento se hallaban, salieran a  prestarle   sus   servicios  de  tipo  sexual,  es  decir  a  acostarse  con  el  procesado”,  en  tanto  que  para  el  fallador,  esas mismas probanzas lo que  permiten  es  descartar  la alegada imprevisión en el obrar del hoy condenado y  asegurar  que  sí  existió  la representación de un  resultado  ilícito.   “No existen elementos de  juicio  que  permitan  inferir  que  el  condenado  haya  omitido  pensar  en la  posibilidad  de  causar  daño  a  la  dama  que  resultó  muerta”,  es como,  textualmente, se pronuncia el Tribunal.   

No  se  trata  entonces  de  que  el Tribunal  hubiera  construido una relación de los hechos que condujera al predicamento de  la  existencia  del  delito  culposo  de  homicidio.  No, la estimativa fáctica  cumplida  por el sentenciador, irremediablemente conducía a un ilícitud dolosa  -de  dolo eventual-. De ahí la falla trascendente de técnica del libelista que  se  ve  entonces  en  la  necesidad de componer los hechos a su amaño, en forma  bien  distinta  a  la  de  los  juzgadores, para que quepa el delito culposo que  afirma,  pero  desde  luego  rompiendo los requerimientos técnicos de la causal  invocada.   

2.-    El  demandante  toma  una  frase  del  Tribunal  -fuera de contexto- para colocar al  mismo   transitando   la  contravía  del  error.  De  ahí  la  importancia  de  transcribir  en  su integridad el párrafo en el que es encuentra la frase a que  alude el impugnante que se resaltará en negrillas; así, pues:   

“En   el   dolo  eventual,  según  la jurisprudencia y la doctrina, el  autor  se  representa la posibilidad de producción de un resultado ilícito, y,  no  obstante  ello, realiza la conducta, con lo cual acepta ese resultado.   No  es  cierto, como lo afirma el recurrente, que debe  existir   intención   de   matar   o   herir   para   que   se   dé   el  dolo  eventual.  Lo que ocurre en esta forma de culpabilidad  es  que  cuando  se  prevé  un  resultado como posible, ocasionarlo, equivale a  quererlo,   según  criterio  de  Maggiore,  o  como  sostiene  Beling  que  para que haya dolo eventual no es necesario que el autor quiera  resultado,   sino   que   basta   que  ‘no     no    lo    quiera’…”.  A continuación el Tribunal cita a un autor nacional, así:  ‘La  previsibilidad  del  resultado   presupone   que   el  autor  esté  en  condiciones  de  anticiparse  mentalmente  la  potencialidad  del  acto realizado para desembocar en el evento  típico  no  querido,  y  en  tal  sentido  supone la idea de que existe un  riesgo  para  el  bien ajeno, riesgo que, de aceptarse, llevará al dolo      eventual      ’,  diferenciando  éste  de  la  culpa con  previsión  “en  la  cual  -prosigue el Tribunal- el  agente   rechaza   o   trata  de  evitar  infructuosamente  ese  riesgo.  En  la  culpa  sin  representación,  llamada     también     inconciente,     el     autor    ignora    ‘la  eficacia  causal  de  su  conducta  respecto  al efecto nocivo ‘  o  las  circunstancias  en  las cuales se desarrolló esa misma conducta, según  criterio   de   Federico  Estrada  Vélez.   En  el caso que se analiza, PINZON  CHAPARRO     no     ignoraba    que    María   Carrillo  se  encontraba  en  la  habitación  hacia  la  cual  dirigió  el  tiro, luego sí era consciente de la  posibilidad   de   riesgo  que  corría  la  víctima.  Pretender  descartar  el  dolo   eventual   con   el  argumento  de que el autor no conocía la occisa, no es de recibo en el presente  caso.  Lo  uno,  porque,  como  ya  se  dijo,  no  era  necesaria   la   intención   de  matar,  pues  de  haberse  dado ésta, estaríamos frente a un dolo directo.  Lo  segundo,  porque  el  actor reaccionó frente a la  negativa  de una mujer en atenderlo, sin importar quién haya sido; simplemente,  disparó  contra  la  puerta  de  la  habitación de una meretriz, estando en su  interior,  por el hecho de no atender un requerimiento suyo, no importando si la  conocía  o  no.   Igualmente  de  haber  hecho el militar dos, tres o más  disparos  contra  la  puerta,  ya no estaríamos frente a un dolo eventual, sino  directo.”     

Se  reitera:  de  este  atinado  contexto  el  libelista  extrae  la  frase  “No es cierto, como lo afirma el recurrente, que  debe  existir  intención  de matar o herir para que se dé el dolo eventual”,  para  sostener  que  el  Tribunal  incurrió  en  enorme  dislate,  citando para  corroborar  su  aserto,  la  siguiente  jurisprudencia  de  esta  Colegiatura de  noviembre 25 de 1987:   

“  …a  pesar  de la inmensa similitud que  existe  entre  este  fenómeno  jurídico (la culpa con  representación)  y  el  dolo  eventual,  es  bien  sabido que mientras en aquella se  rechaza  el  resultado antijurídico como posible, en éste no solo se prevé el  resultado  sino  que  se asume, es decir, hay una aceptación del resultado como  propio,  como  consecuencia  de la acción,  de allí entonces que mientras  la  característica  de  la  culpa en sus diversas modalidades es la ausencia de  intención,  la  nota diferenciadora del dolo eventual  es    que    además   de  representación  hay voluntariedad . … .La segunda de  las   situaciones   contemplada  en  el  artículo  36  alude  entre  otros,  al  dolo  eventual  porque en tal  prescripción  legal  se establece que el sujeto agente prevé una conducta como  ilícita,  y  a pesar de ello la acepta y sigue adelante en la búsqueda del fin  que  inicialmente  ha  motivado  su  acción.  El  dolo  eventual, debe recordarse, como lo enseña el profesor  Jiménez  de  Asúa,  existe  cuando  el  sujeto  se  representa  la posibilidad de un resultado que no desea,  pero  cuya  producción  consciente en última instancia, corriendo el riesgo de  causarlo  con  tal  de  obtener el efecto que quiere ante todo. En esta forma de  culpabilidad,      entonces,      subsiste      la  intencionalidad  del agente de producir un determinado  efecto;  el  actor no solamente se representa la probabilidad de un resultado no  querido  inicialmente,  sino  que a pesar de ello, realiza la conducta que guía  su  acción,  hace suya la eventualidad, la admite y se compromete con ella …y  es  precisamente  en esta intencionalidad, en  donde  radica  la diferencia entre el dolo eventual y la llamada  culpa      con      representación…”.   

Desde  luego  que  si  se  aprecia  fuera  de  contexto  la  frase  que  tomó el demandante para realizar su crítica, habría  que  decir  que éste tiene toda la razón, en cuanto que así, aisladamente, es  un  desaguisado  sostener  que  no  es cierto que debe  existir   intención   de   matar   o   herir   para   que   se   dé   el  dolo  eventual.  Pero  si  las  cosas  se  analizan  en  su  integridad  se  verá  que  el  pensamiento  del Tribunal apuntaba a diferenciar  el  dolo  eventual  del dolo directo   -también  conocido  como  intencional o  determinado- y que en palabras simples se da “cuando  hay  perfecta  correspondencia  entre  la  voluntad  del  agente y su resultado.   

Por  lo  demás basta mirar las citas con que  adoba  su  pensamiento  el  sentenciador  para que se aprecie debidamente que su  concepción  del  dolo eventual es atinada,  salvo en la infeliz expresión  que se comenta.   

Pero  lo  más  importante  está  en que los  hechos  -en su realidad fáctica y como los valora el Tribunal- inequívocamente  conducen  a  pregonar  la  real  existencia  del  delito  de homicidio, con dolo  eventual.    Diáfanamente   aflora   que   allí  se  consideró  que  PINZON CHAPARRO no pudo menos  de  prever  que con su disparo contra la puerta  podía herir -y de muerte-  a  la  mujer  que  en  el  interior  de  la  alcoba al que aquella conducía, se  encontraba  y,  empero,  asumió  a  conciencia ese riesgo, y con voluntariedad,  disparó,  aceptando el evento y  causándole la muerte. Esta es una verdad  de  canto  llano  en  el  proceso.  Por  eso  se  ha  dicho  que el dolo  es  eventual  en  el  caso en que la  previsión  de  un  resultado  antijurídico,  ligado  solo eventualmente a otro  inequívocamente  querido,   no  detiene al agente en la realización de su  propósito  inicial  con razón señala Díaz Palos que “el elemento emocional  no  es  pura volición, sino actitud de la voluntad frente a lo representado, de  tal  modo  que  NO  SOLO  DEBE  CONTAR LO DIRECTAMENTE  QUERIDO,  SINO  TAMBIEN  LO  IMPLICITAMENTE ADMITIDO”  (Culpabilidad Jurídico Penal Ed. Bosch.) .   

Sí  SANTANDER  PINZON  CHAPARRO,  quería  disparar  contra la puerta con fines intimidatorios o para agraviar a quienes se  negaron  a  prestarle  el servicio que demandaba, como así lo había anunciado,  sabía  que,  disparando,  podía herir de muerte a la persona que se encontraba  dentro  María  Gregoria Carrillo Jiménez,  y  no  le  importo  ésto  con tal de llevar a cabo su propósito  inicial;   disparó  y  la  mató: aceptando y asumiendo el evento de hacer  blanco   en   ello   y   causarle  la  muerte.  El  dolo,  entonces,  surge  del  consentimiento (implícito) de lo  que se consideró probable.   

El cargo no prospera.  

Por lo expuesto, la Corte Suprema de Justicia  en nombre de la República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE:  

NO CASAR el fallo impugnado  

Contra  la  presente  decisión  no  procede  ningún recurso.   

CUMPLASE  

CARLOS  EDUARDO  MEJIA  ESCOBAR                        

FERNANDO          ARBOLEDA  RIPOLL                  JORGE                                 E.                                 CORDOBA  POVEDA                      

HERMAN            GALAN  CASTELLANOS                CARLOS   A.   GALVEZ   ARGOTE                                      

JORGE         A.        GOMEZ  GALLEGO                          EDGAR LOMBANA TRUJILLO   

ALVARO        O.        PEREZ  PINZON                           NILSON PINILLA PINILLA   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *