16585(29-03-01)

2001

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso Nº 16585  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente:  

Nilson Pinilla Pinilla  

Aprobado Acta N° 52  

Bogotá, D. C., marzo veintinueve (29) de dos  mil uno (2001).   

ASUNTO  

Se  procede a resolver sobre la admisibilidad  de  la  demanda  de  casación  presentada  en defensa de ALVARO PERTUZ MAIGUEL,  sindicado de tentativa de homicidio.   

HECHOS  

Hacia las 4:00 de la mañana del 2 de marzo de  1997,  en  la estación de servicio automotriz “La Milagrosa”, ubicada en la  calle  30  con  carrera  18  de  Santa  Marta, en momentos en que era surtida de  gasolina  la  motocicleta de ALVARO PERTUZ MAIGUEL, surgió una discusión entre  éste  y el circunstante Vladimir Camilo Brugés Zúñiga, en cuyo desarrollo el  primero  disparó  un arma de fuego, que le estaba autorizado portar (f. 209 cd.  1),  hiriendo  a  Brugés  en  el  abdomen,  lo  cual  le  ocasionó incapacidad  definitiva   de   45   días   y   deformidad   física   permanente   (f.   141  ib.).   

ACTUACION  PROCESAL   

Abierta investigación y oído en indagatoria  ALVARO  PERTUZ  MAIGUEL,  la  Fiscalía  30  Seccional  de Santa Marta le impuso  detención  preventiva  (fs.  144 y Ss. ib) y, cerrada la instrucción, el 20 de  agosto  de  1998  profirió en su contra resolución de acusación por tentativa  de homicidio (fs. 242 y Ss. ib.), enjuiciamiento no recurrido.   

El  juicio  fue adelantado por el Juzgado 3°  Penal  del  Circuito de dicha ciudad, que celebrada la audiencia pública, el 18  de  diciembre  de  1998 absolvió a PERTUZ MAIGUEL (fs. 334 y Ss. ib.) y dispuso  compulsar  copias para que se investigara por la adecuación típica de lesiones  personales,  fallo  apelado  por  el  Fiscal  30  Seccional,  la Procuradora 163  Judicial II y el apoderado de la parte civil.   

El  18  de  marzo  de 1999, la Sala Penal del  Tribunal  Superior  de  Santa  Marta  revocó  la sentencia absolutoria y, en su  lugar,  condenó  a  ALVARO  PERTUZ  MAIGUEL como autor material de tentativa de  homicidio,   imponiéndole   12   años   y  medio  de  prisión,  10  años  de  interdicción  de  derechos y funciones públicas y la obligación de indemnizar  los  perjuicios  morales  y  materiales  causados.  Contra  este fallo interpuso  casación la defensa.   

LA  DEMANDA   

Para empezar, el defensor omite identificar a  los  demás  sujetos  procesales  y  efectuar  la  síntesis  de  la  actuación  procesal,  que  le  correspondía  hacer  en observancia de lo dispuesto por los  numerales 1° y 2° del artículo 225 del estatuto procesal penal.   

Anuncia  acudir  a  la  causal  primera  de  casación  para  presentar, como único cargo, “violación indirecta de la ley  sustancial  por  error  de  hecho  originado en el falso juicio de identidad por  tergiversación  de  la prueba testimonial”, que con errores de escritura y de  sintaxis  trata  de erigir en haber descansado la sentencia de segunda instancia  “sobre  una  falsa  interpretación  rendida  por  el señor ADALBERTO JIMENEZ  CONDE”,  otorgándole fuerza probatoria que no tiene, así un testimonio baste  para  informar  el  convencimiento del juez, siempre que ostente coherencia y no  la   contradicción   que   enfrenta   a   éste   con   lo   afirmado   por  la  víctima.      

Acude   al   derecho   romano,  al  antiguo  testamento,  a  Bentham  y  a  Napoleón,  para afirmar primero que no le parece  acertado  que  en  un  sistema  de  libre  valoración  de  la  prueba  se reste  credibilidad  al  testigo  único.  Ningún  sentido  tiene exigir pluralidad de  deponentes,  “porque  lo  que realmente interesa para una adecuada valoración  es  la  calidad  del  testigo  y  desde luego del relato que pueda hacer ante el  funcionario”.   

Agrega  que  la  duda  impide  la  sentencia  condenatoria,  no  sólo  cuando  el testigo es único, sino aún tratándose de  muchos  declarantes, pues “el principio de favorabilidad que existe en materia  penal  (y  de  carga de la prueba en civil) está erigido sobre bases totalmente  independientes” a la cantidad de pruebas aportadas al proceso.   

Sin  efectuar  un análisis concreto sobre el  contenido  del testimonio cuya apreciación aduce cuestionar, el censor concluye  que  “no  puede  tenerse  en  cuenta  por  la  irreductible contradicción que  contiene,  ya que es incoherente y dudoso, y no puede servir de base para erigir  una  sentencia  condenatoria”.  Así,  al  hallar  error de hecho originado en  falso  juicio  de identidad en la apreciación de la prueba, por tergiversación  de  la misma, pide que “se invalide el fallo mencionado y en su  lugar se  profiera  el  que se ajuste a derecho, según lo impone el art. 229 del C. de P.  P.”.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

Cualquiera  que  sea  la  causal invocada, la  demanda  de  casación  no  es  un  escrito  de  libre elaboración, porque debe  cumplir  los  requisitos  establecidos  por  el  artículo  225  del  Código de  Procedimiento  Penal,  como  citar  las  normas  que  se  considere infringidas,  determinar  la  clase  de quebrantamiento, indicar los fundamentos concretos con  claridad,  precisión  y  lógica,  en  armonía  con  la  naturaleza  del vicio  reprochado,   además   de   demostrar   la   trascendencia   del  yerro  en  la  decisión.   

Aparte de iniciar incumpliendo lo establecido  por  el  citado precepto, al no identificar a cabalidad los sujetos procesales y  omitir  la  síntesis  de la actuación procesal, ya en asuntos de relevancia es  palmario  que  no  menciona  alguna  norma  sustancial que estime violada por el  Tribunal,  como  consecuencia  de  la supuesta tergiversación de un testimonio,  frente  al  cual  se contrae a efectuar divagaciones teóricas sobre el valor de  la  prueba  única,  pero  en  ningún  momento concreta un yerro achacable a la  apreciación  efectuada  por el ad quem, ni mucho menos precisa la trascendencia  que el eventual error hubiese tenido sobre el sentido del fallo.   

Al   limitarse   a  oponer  sus  personales  lucubraciones,  olvida  que  la  simple  discrepancia  de  pareceres  no permite  colegir  un  error  demandable  en  casación,  frente a una sentencia que viene  amparada por la doble presunción de acierto y legalidad.   

Aunque   alude  a  la  tergiversación  del  testimonio  de Adalberto Jiménez Conde, para nada refiere qué fue lo expresado  por  él,  ni  en  qué consistió la “irreductible contradicción” que dice  presentar  con  lo  expuesto  por  la víctima, como para que no pueda servir de  base para erigir una sentencia condenatoria   

También hace referencia el casacionista a la  duda  que impide proferir sentencia condenatoria, pero se queda en el enunciado,  como  así mismo ocurre cuando menciona “el principio de favorabilidad”, sin  aclarar  qué  incidencia  habría  de tener, en torno al caso bajo estudio, ese  factor de aplicación de la ley penal en el tiempo.   

Como   la   Corte   no   puede  suplir  las  deficiencias,  ni  corregir las imprecisiones y errores de la demanda, se impone  su  rechazo  de  conformidad  con  lo dispuesto por los artículos 225 y 226 del  Código  de  Procedimiento  Penal,  lo  cual  conduce  a  declarar  desierta  la  impugnación,  mediante  providencia  que adquiere ejecutoria en la fecha en que  es suscrita (art. 197 ib.) y no admite recurso alguno.     

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema de  Justicia, Sala de Casación Penal,   

RESUELVE:  

RECHAZAR  IN  LIMINE la demanda presentada en  defensa  de  ALVARO  PERTUZ  MAIGUEL  y,  en  consecuencia, declarar desierta la  casación interpuesta.   

Contra  esta  providencia  no procede recurso  alguno.   

Cópiese,  comuníquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen. Cúmplase.   

CARLOS  EDUARDO  MEJIA  ESCOBAR   

FERNANDO        E.       ARBOLEDA  RIPOLL              JORGE   E.  CORDOBA POVEDA   

CARLOS       AUGUSTO       GALVEZ  ARGOTE     JORGE ANIBAL GOMEZ GALLEGO   

EDGAR            LOMBANA  TRUJILLO                     ALVARO ORLANDO PEREZ PINZON   

NILSON            PINILLA  PINILLA                                    MAURO SOLARTE PORTILLA   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria    

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