17038(19-12-01)

2001

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso     No  17038   

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO  PONENTE   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

APROBADO ACTA No. 201  

Bogotá, D.C., diecinueve (19) de diciembre de  dos mil uno (2001).   

VISTOS  

          Decide  la Sala si es procedente admitir la demanda de casación que  presentó  el  defensor  de  ELSA MIREYA SOTO GÁMEZ.   

HECHOS Y ACTUACIÓN  PROCESAL  

El  16  de  octubre  de  1997, agentes de la  Policía  Nacional  allanaron la vivienda de SERGIO MONTAÑO ubicada en Manaure,  Cesar,  a  quien  le  hacían  desde  días antes labores de inteligencia por su  presunta   participación   en   actividades  de  narcotráfico.  Como  en  ella  encontraron  morfina  y  semillas  de  amapola,  capturaron  a  la compañera de  aquél,    ELSA   MIREYA   SOTO   GÁMEZ,  quien  se  hallaba  en  el  lugar.  El  mismo  día  fue puesta a  disposición  de  una fiscal delegada ante los jueces regionales de Valledupar y  adelantada  la instrucción, se calificó el mérito del sumario con resolución  acusatoria  por  infracción  a  los  artículos  32  y 33 de la Ley 30 de 1986.   

          El  Juzgado  Penal  del  Circuito Especializado de Valledupar dictó  sentencia  el  10  de  agosto  de  1999,  condenando  a  la señora SOTO  GÁMEZ  a  la  pena principal de 12  años  y  6  meses  de  prisión  y  multa  por valor equivalente a 210 salarios  mínimos  legales  mensuales,  así  como  a  la  interdicción  de  derechos  y  funciones públicas por el término de 10 años.   

          El  8  de  octubre  de  1999,  al  decidir  el recurso de apelación  interpuesto  por el defensor de la procesada, el Tribunal Superior de Valledupar  redujo  la  pena  privativa  de  libertad a 10 años y confirmó la sentencia en  todo lo demás.   

         

LA DEMANDA  

          El  defensor  invoca  como  causal de casación el artículo 220 del  Código  de  Procedimiento  Penal,  vigente para la época de los hechos y de la  emisión  de  la  sentencia  impugnada, porque se violó la norma sustantiva por  error en la apreciación de la prueba.   

Dice que en su criterio el error del juzgador  es  trascendente  por  exceso de subjetivismo en la valoración de los medios de  convicción,  lo  que  lo  condujo  a desechar cuanto beneficiaba a la procesada  para  aceptar  sólo  lo  que  la perjudicaba. Agrega que no es cierto que se le  pueda  reprochar  a  ésta  que  fue  tardía su ampliación de indagatoria, que  solicitó  8  meses  antes  de la fecha en que se realizó, porque siempre se ha  mostrado  ajena  a los hechos y le tocó investigar por su cuenta cómo llegaron  los  sicotrópicos  a  su  residencia.  A  la  demora contribuyó la impericia o  negligencia  de  los  empleados judiciales que enviaron el despacho comisorio al  municipio  de  Manaure,  pero  no  del departamento del Cesar como correspondía  sino  de  La   Guajira,  así  como  las  dificultades para localizar a los  agentes de policía que debían declarar nuevamente.   

Manifiesta  que  los  testimonios  de  estos  agentes  y  de otras personas que relaciona merecen credibilidad y demuestran la  inocencia  de  su  cliente,  de  cuya  responsabilidad  no  existe en el proceso  ninguna  prueba; que las personas a las que la procesada atribuye la tenencia de  la  droga  ilícita  sí  existen según la constancia que sobre su ausencia del  municipio  dejó  la citadora del juzgado y que, en conclusión, la vinculación  de  la  señora  SOTO GÁMEZ  fue  irregular  porque  se  le  capturó  y  se  allanó su residencia sin orden  judicial  y  el  seguimiento  se hacía a SERGIO MONTAÑO RINCONES, contra quien  aun  no se ha abierto investigación como tampoco contra las personas sindicadas  por la procesada.   

          Después  de citar como normas infringidas los artículos 29 y 33 de  la  Constitución  Política  y 254 del Código de Procedimiento Penal, solicita  se case la sentencia y en su lugar sea revocada.   

  CONSIDERACIONES   

          El  artículo  225-3  del  Código  de  Procedimiento Penal anterior  exigía  como  uno  de  los requisitos que debe cumplir la demanda de casación,  que  en  ella  se  exprese “la enunciación de la causal y la formulación del  cargo  indicando  en  forma  clara y precisa sus fundamentos y las normas que el  demandante estime infringidas”.   

          Los  motivos  para recurrir en casación se encuentran taxativamente  previstos  en  el  artículo  220  de  dicho  estatuto  procesal, en cuyo primer  numeral  se incluyen dos relacionados con la violación de la ley sustancial, la  que  puede  ocurrir  por  vía directa –en  cuyo  caso  se  invoca  su  inciso o cuerpo primero- o de manera  indirecta  porque  la vulneración “proviene de error de hecho o de derecho en  la  apreciación  de  determinada  prueba”,  prevista  en  su  inciso o cuerpo  segundo.  Si  a esta doble causal se agregan las contenidas en los numerales 2º  y  3º  del  mismo artículo, resulta evidente que comete insalvable desatino el  demandante  que  cita  genéricamente  como sustento de su reproche el artículo  220,  pues  ello  implica  invocar  todas  las  causales  que  esa  disposición  establece  y  a  la  Corte,  como claramente prevé el artículo 228 de la misma  obra,  le  está  vedado  seleccionar  de  entre  ellas  la  que encuentre mejor  acomodo,  pues  sólo  puede  pronunciarse respecto de las que expresamente haya  alegado el demandante.   

          Claro  que podría decirse que el actor, al agregar que la sentencia  acusada  violó  la  ley  sustancial  por error en la apreciación de la prueba,  está  haciendo  indudable  alusión al inciso 2º del numeral 1º del artículo  220  del  citado estatuto procesal penal, pero tal interpretación de la demanda  tampoco  contribuye  a  su admisión porque omitió el libelista concretar si se  trataba  de  un  error de hecho por falso juicio de existencia, por falso juicio  de  identidad o derivado de un error de raciocinio, o de un error de derecho por  falso  juicio  de  legalidad  o  por  falso  juicio de convicción, cada uno con  personalidad   jurídica   propia   para   el   desarrollo   del   cargo   y  su  demostración.   

          A  lo  anterior,  suficiente  de  suyo  para inadmitir la demanda de  casación,  debe  agregarse  que  el censor también omitió indicar el error en  que  incurrió  el  fallador  así  como  demostrar  su existencia, su carácter  ostensible  y  su  incidencia  en  el  sentido  de  la decisión, limitándose a  lamentar  que  el Ad quem no le hubiera dado credibilidad a unos testimonios que  a  su  juicio  “son  objetivos imparciales y reúnen los requisitos de la sana  crítica”,  pero  sin  señalar  de  qué  modo  desatendió  el  juzgador los  elementos  de  la  lógica,  de  la ciencia o de la experiencia que informan ese  principio hermenéutico adoptado en la legislación procesal penal.   

          De  esta  manera,  lo  que  el  demandante  finalmente presenta a la  consideración  de la Corte se reduce a un escrito de instancia en el que expone  su  particular visión sobre la capacidad demostrativa que se les debe reconocer  a  diversos  medios  de  convicción incorporados al proceso, con la pretensión  implícita  de  que  tal  valoración  sea  acogida en esta sede y se deseche la  contenida  en  el  fallo  de segunda instancia lo cual, como se sabe, constituye  una  práctica ajena a la técnica propia del recurso de casación en el que las  sentencias  vienen  amparadas  por  una doble presunción de acierto y legalidad  que  las  hace  intangibles,  a  menos  que  ésta  se  desvirtúe  gracias a la  demostración   de   errores   protuberantes   y  trascendentes  que  incidieron  decisivamente  en  la  sentencia, cuyo sentido variaría con la simple remoción  de tales defectos.   

          Por  lo  tanto,  como  el  casacionista  no  atendió las exigencias  formales   previstas   en   el   artículo  225  del  Código  de  Procedimiento  Penal,   la  Sala inadmitirá la demanda y ordenará devolver el expediente  al despacho de origen.   

                En mérito de lo expuesto,  la Sala de Casación Penal de la Corte Suprema de Justicia,   

         

RESUELVE  

         INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  por el defensor de ELVIA MIREYA  SOTO  GÁMEZ, y, por ende, declarar desierto el recurso  de casación interpuesto.   

          En  consecuencia,  se  ordena  DEVOLVER EL  EXPEDIENTE al despacho de origen.   

                Contra esta providencia no  procede recurso alguno.   

Cúmplase.   

CARLOS  EDUARDO  MEJÍA  ESCOBAR   

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL            JORGE E.  CÓRDOBA     POVEDA                              

HERMAN   GALÁN   CASTELLANOS                                                        CARLOS AUGUSTO GÁLVEZ ARGOTE   

JORGE   ANÍBAL   GÓMEZ   GALLEGO                                                         ÉDGAR  LOMBANA TRUJILLO   

ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN                                          NILSON    E.    PINILLA   PINILLA                                             

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

    

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *