16567(12-12-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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Proceso No 16567  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado ponente:  

Dr. EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

Aprobado Acta No.  158  

          Bogotá,   D.C.,   doce   (12)   de   diciembre   de  dos  mil  dos  (2002).   

         Decide la Corte el recurso de casación  interpuesto  en  defensa  de  MILTON  ARMANDO  SIERRA  MUÑOZ  contra  el  fallo  de  fecha mayo 20 de 1999,  mediante  el  cual  el Tribunal Superior de Cali confirmó la dictada en primera  instancia  por el Jugado 18 Penal del Circuito de esa misma ciudad, despacho que  condenó  al  mencionado  procesado  a  la pena principal de veinte (20) años y  seis  (6)  meses de prisión, como autor de los delitos de homicidio agravado en  grado  de  tentativa  y  porte  ilegal  de  armas  de fuego de defensa personal.   

HECHOS  

         En  la  madrugada  del  24 de agosto de  1997,  Luz  Marina  Envacoa Castiblanco fue herida de varios impactos de pistola  cuando  se  dirigía sin ninguna compañía a su residencia ubicada en el sector  de  la  carrera 18 con calle 9ª del barrio Nacional de la ciudad de Cali.   La  lesionada  desde  un  primer  momento  indicó  que  el  agresor había sido  MILTON     ARMANDO    SIERRA    MUÑOZ,  quien  departía muy cerca del lugar de los hechos en compañía  de algunos amigos.   

ACTUACION  PROCESAL   

          La  Fiscalía  114  Seccional  de  Cali  dispuso  la apertura de la  investigación,     ordenó     la    captura    del    imputado    SIERRA   MUÑOZ   y  una  vez  procurada  durante  la  diligencia de allanamiento efectuada al inmueble donde residía, lo  escuchó  en  indagatoria.   Posteriormente, en providencia de agosto 28 de  1997  resolvió  su  situación jurídica afectándolo con detención preventiva  por  punible  de  homicidio  agravado  en grado de tentativa, en concurso con el  porte   ilegal   de   armas   de   fuego   de   defensa   personal  (artículos  323,  324-7º  y  201  del Código Penal, este último  modificado   por   el  artículo  1º  del  Decreto  3664  de  1986).   

          El  instructor  mantuvo  el anterior pronunciamiento al resolver el  recurso  de  reposición  interpuesto por la defensa, de manera que concedida la  apelación  presentada  en  forma  subsidiaria,  la  Fiscalía  Delegada ante el  Tribunal   Superior   de   Cali  la  confirmó  en  proveído  de  noviembre  25  siguiente.   

          Practicadas  varias  pruebas de índole testimonial, pericial y dos  inspecciones  judiciales  con  intervención  de  peritos,  así como agotado el  trámite  de  rigor,  el  8  de  enero de 1998 la Fiscalía 23 Seccional de Cali  calificó  el mérito probatorio del sumario con resolución de acusación en la  que  imputó  al  sindicado la autoría de los delitos deducidos en la medida de  aseguramiento,  decisión que alcanzó ejecutoria el  día 16 de los mismos  mes y año.   

          El  Juzgado  18 Penal del Circuito de Cali asumió la dirección de  la  causa,  agotó  el traslado otrora previsto en el artículo 446 del anterior  Código  de  Procedimiento Penal, decretó pruebas en auto de marzo 19 de 1998 y  celebró  la  audiencia  pública;  sin embargo, en providencia de agosto 18 del  mismo  año  decretó  la  nulidad  de lo actuado a partir del debate oral en la  referida  diligencia,  para  permitir  el  reconocimiento  médico  legal  de la  ofendida.    

         Así  las  cosas,  repuesto el trámite  invalidado  conforme  a  derecho,  en  fallo  de  fecha  noviembre 24 de la cita  anualidad   condenó   al   procesado  SIERRA  MUÑOZ  en  consonancia  con  el  pliego  de cargos a la pena  principal  precisada  en anterior acápite.  Apelada la sentencia de primer  grado  por  el  defensor, el Tribunal Superior de Cali la confirmó en decisión  de mayoría de fecha mayo 20 de 1999.   

LA  DEMANDA   

          Cargo  único.   

         Al  amparo  de  la  causal  primera  de  casación,  cuerpo  segundo del artículo 220 del Código de Procedimiento Penal  por  entonces  vigente,  el  libelista  acusa la sentencia impugnada de resultar  violatoria  en  forma indirecta de la ley sustancial como consecuencia del error  de  hecho  por  falso  juicio  de  identidad  cometido  en  la  apreciación  de  “la      prueba      pericial.     – Misión de trabajo 5608 de noviembre  21/97    “análisis    balístico”.   

          En  la  sustentación  del  reparo  el  demandante  transcribe  los  fragmentos  del  fallo  alusivos  al  análisis del referido medio demostrativo,  para  resaltar  que  el  Tribunal afirmó que la víctima Envacoa Castiblanco no  acudió  a  la  reconstrucción  de  los  hechos  y,  por  lo tanto, que para el  dictamen  contenido  en él se careció de su versión. El dislate incurrido con  tal  afirmación  resulta  evidente,  destaca  el censor, porque en proveído de  noviembre  5  de  1997 el instructor ordenó la inspección judicial al lugar de  los  hechos  con  la asistencia de la citada, llevada a cabo el 18 siguiente con  la  participación  de  aquella  y  de  los  peritos  designados.   En esta  actuación   se  tomaron   además  las  placas  fotográficas  objeto  del  análisis  posterior  del  experto en balística, originarias de la “misión  de  trabajo No. 5608” antes  mencionada,  que  es  parte  integrante  de la inspección judicial dispuesta al  sitio de los acontecimientos en las condiciones acotadas.   

          Así  las  cosas, concluye el libelista, el Tribunal tergiversó la  prueba  confiriéndole  alcances  de  los  cuales carece, al punto que de no ser  cometido  el yerro el fallo habría sido de naturaleza absolutoria, pues resulta  ostensible  que  la  agraviada  asistió  a  la diligencia y rindió versión en  ella,  de  manera  que  la  experticia  técnica  no  se fundamentó únicamente  “en  las radiografías, vainilla y testimonio de la  ofendida”,  como  argumentó  el  juzgador ad quem,  sino  también  “en la escenificación de los hechos  por  parte  de  Luz Marina Envacoa Castiblnco en el sitio de los hechos con lujo  de  detalles,  es  decir, su testimonio en el lugar de los hechos y fotografías  tomadas de su exposición”.    

         Trae  a  colación  el  concepto que la  Corte  brinda  del  falso juicio de identidad e indica a renglón seguido que el  juzgador  ad  quem  al  no  analizar  la  prueba  en  conjunto  desconoció  los  postulados  de  la  sana  crítica, en particular, el artículo 294 del anterior  Código  de Procedimiento Penal que fijaba los criterios para la valoración del  testimonio,  toda  vez que así se rinda en varias sesiones se tiene como prueba  única.   

          Más  adelante  acusa  de  manera  escueta  la  infracción  de los  artículos  259  a  261,  264,  268  y  273  ibídem, referidos a la inspección  judicial   y   a  la  prueba  pericial,  que  llevó  al  Tribunal  “a  tener la plena certeza de la responsabilidad… de manera por  demás  ilógica  y caprichosa y desmedida dándole aplicación al artículo 247  del  Código  de  Procedimiento Penal ”, máxime que  la  apreciación  de  las  pruebas  exige  no  sólo  explicar razonadamente los  fundamentos  de  la decisión, sino que también le  veda al juzgador ir en  contra  de  la  lógica,  la  experiencia  o  la  ciencia de manera ostensible y  grosera.   

          En  el acápite destinado a la cita de los preceptos infringidos el  demandante  acusa  la  aplicación  indebida  de  los  artículos  247  estatuto  procesal  penal,  cuando  debió  aplicarse  el artículo 445 ibídem; e insiste  también  de  manera genérica en la violación de los artículos 254, 259, 260,  261,   264,  268.  273  y  279  del  precitado  ordenamiento,  cuyos  contenidos  reproduce.   

         El impugnante concluye seguidamente el  escrito  solicitando  a  la  Corte  que  case  el fallo impugnado y, en su lugar  profiera la sentencia sustitutiva de carácter absolutorio.   

ALEGACION DEL NO RECURRENTE  

         En  el  traslado a los no recurrentes el Procurador 66 Judicial en  asuntos  penales se opone a las pretensiones del censor, básicamente, porque el  yerro  de apreciación probatoria denunciado no tuvo real ocurrencia, pues si se  examina  la  motivación  del fallo recurrido en su contexto, fuerza colegir que  el  Tribunal  aludió  a  la inspección judicial incorporada a folios 155 a 157  del  expediente,  a  la  que  efectivamente  no  concurrió  la víctima Envacoa  Castiblanco.    Así  las  cosas, el reparo queda reducido entonces al  enfrentamiento  del análisis del casacionista al de los juzgadores, pasando por  alto   la   doble   presunción   de   acierto   y  legalidad  que  conlleva  el  pronunciamiento judicial atacado.   

CONCEPTO DEL MINISTERIO  PUBLICO   

La Procuradora Primera Delegada aprecia que  el  reproche  resulta  parcialmente  infundado  y  la  pretendida  demostración  contraria  a  las exigencias técnicas, determinando en consecuencia su falta de  prosperidad.   

Con  tal  orientación  destaca  que  el  Tribunal  consideró  de manera equivocada que a la inspección judicial llevada  a  cabo  el  18  de noviembre de 1997 no acudió la ofendida, sin reparar en que  tal  ausencia era predicable exclusivamente de la realizada el 27 de octubre del  mismo  año;  sin  embargo, esta confusión del fallador refulge intrascendente,  en  opinión del Ministerio Público, porque esa no fue la razón por la cual el  ad  quem  desechó  el  dictamen  rendido  por el experto en balística, como lo  sostiene   el   censor   y  se  desvirtúa  en  el  concepto  a  través  de  la  transcripción  de  los  fragmentos pertinentes de la sentencia recurrida.    

Adicionalmente, el desatino también carece  de  la fuerza necesaria para derruir la conclusiones de la condena, cimentada en  las   aseveraciones   de   la   ofendida  Envacoa  Castiblanco,  que  merecieron  credibilidad  para los juzgadores luego de su análisis y estimación probatoria  a  la  luz de la sana crítica, con cimiento en la cual se desestimaron a su vez  los  testimonios allegados con la finalidad de favorecer la situación jurídica  del acriminado.   

Frente  a  la  confrontación de criterios  propuesta  en  esencia  por el libelista, el criterio del juzgador prevalece por  encontrarse  amparado  por la doble presunción de acierto y legalidad, recuerda  la  Delegada,  máxime  que  la  jurisprudencia  ha  considerado  que  la prueba  pericial  como  todos  los  medios demostrativos debe ser estimada racionalmente  por  el  juzgador,  conforme  establecía  además el artículo 273 del anterior  estatuto de procedimiento penal.   

         En  las  condiciones  expuestas,  la  representante del Ministerio  Público  concluye  que  se  plantea  simplemente  un  problema  de  valoración  probatoria  donde  carece de razón el demandante.  Por lo tanto, sugiere a  la Corte no casar el fallo impugnado.   

CONSIDERACIONES  DE LA  SALA   

         

         Las   evidentes  e  insalvables  impropiedades  advertidas  en  la  formulación  y  el desarrollo del único cargo erigido por el impugnante contra  el  fallo  de  segundo  grado,  que  no  puede  subsanar  la Corte en virtud del  principio  de limitación que gobierna el recurso extraordinario, le restan toda  vocación  de  éxito  y  determinan  su  falta  de  prosperidad,  como  pasa  a  considerarse.   

1.  En primer término, el demandante  formula  el  ataque  por  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial, empero  prescinde  de  integrar  la proposición jurídica a través de la cual pretende  quebrar  la  sentencia  impugnada  con  la  cita  de todas las disposiciones que  tendrían  incidencia  en  el  caso  examinado.  En efecto, el libelista en  este  punto  se  limita  a  acusar la falta de aplicación del artículo 445 del  estatuto  procesal  penal vigente durante la tramitación del proceso, en cuanto  contemplaba  el  principio  in  dubio  pro  reo, pero ninguna mención verifica,  tangencial  siquiera,  a  las  normas  sustanciales que resultaron indebidamente  aplicadas  en  lugar  de aquella, que en este asunto, al pretenderse en últimas  un  pronunciamiento  de  sustitución  de  carácter   absolutorio, serían  entonces  las  que  tipifican  los delitos por los que se condenó al acriminado  SIERRA MUÑOZ.   

         2.   Tampoco  discurre con entera  claridad  y precisión sobre el yerro atribuido al sentenciador ad quem, pues si  bien  al  enunciar  el  reparo  arguye la incursión en el error de hecho por el  falso  juicio  de  identidad,  esto  es,  un  desatino de carácter objetivo que  asegura  recayó en el dictamen aportado al proceso por el perito en balística,  en  la  sustentación  del  reproche  se  aparta de la anunciada distorsión del  contenido  material de dicha prueba para alegar respecto de ella, que resultaron  desconocidos  los  postulados  de  la  sana crítica y sugerir entonces el falso  raciocinio,  que  como  es  sabido,  constituye  una  modalidad  muy diversa del  género de dislate invocado.   

         Esta   ambigüedad   en   la   propuesta  encuentra  causa  en  la  circunstancia  de  haber  perdido  de vista el censor, sin que ello hubiese sido  advertido  por  la  Delegada,  que de acuerdo con lo alegado el yerro aducido en  manera  alguna  se dio en la contemplación del medio demostrativo que se afirma  indebidamente  apreciado o en otros términos, al fijar el Tribunal su contenido  material, sino en el discernimiento de su valor probatorio.   

         El   falso   juicio  de  identidad,  recuerda  la  Sala  ante  las  comentadas   apreciaciones  del  recurrente,  se  estructura  por  la  falta  de  correspondencia  entre  la  significación  objetiva  de  la  prueba y la que el  sentenciador  le  atribuye, mientras que en la demanda examinada los pretendidos  esfuerzos  intelectivos  del  libelista,  a pesar del apartado enunciativo de la  censura  donde  endilgó un error de dicho talante, no se perfilaron a verificar  que  el  juzgador  ad  quem  hubiese  adicionado,  cercenado  o  tergiversado la  experticia  aludida  en  dicho  ámbito, que además no podía acreditar pues el  Tribunal  asumió  el  dictamen  de  balística  con  estricta  fidelidad  a  su  expresión  fáctica,  sino  a  plantear  un  yerro  cometido por el fallador al  asignarle  valor  probatorio,  concretamente,  cuando  le restó mérito bajo el  supuesto  de que el perito para los fines del dictamen no dispuso de la versión  rendida  por  la  ofendida  en  la  inspección  judicial,  en  curso de la cual  quedaron reconstruidos los acontecimientos investigados.   

         Así  las cosas, si este era el sentido del ataque, fuerza colegir  que  debió orientarse por el falso raciocinio, que le imponía al impugnante el  deber  de  demostrar  que  por  partir  de  esa  falsa  premisa el fallador  arribó  a una conclusión opuesta a las leyes de la ciencia, a las reglas de la  lógica  o  a  las  máximas  de  la experiencia en la apreciación de la prueba  técnica.    Esta  circunstancia  no  fue  ajena del todo además a la  comprensión  del  casacionista,  por  el  contrario,  ante  la imposibilidad de  comprobar  la  alegada  distorsión  material  de  la  pericia, sin mencionar el  aludido  desatino por su nomenclatura adujo en últimas y no obstante que había  alegado  el  alegado  falso juicio de identidad, que resultaron desconocidos los  postulados  de  la  sana  crítica, empero dejó sumido después el reparo en el  simple enunciado.   

         En  efecto,  a  estas  alturas el actor se limitó a demostrar con  éxito  que  el  Tribunal afirmó que el técnico en balística no dispuso de la  versión   rendida   por   la  víctima  Envacoa  Castiblanco  en  la  reseñada  diligencia,  como  también,  que tal supuesto resultaba por completo equivocado  porque  la  citada en verdad compareció a la inspección judicial realizada con  la  intervención  del  perito, donde se tomaron incluso las fotografías que le  sirvieron  de  base para el dictamen que rindió dentro del término solicitado,  para  sugerir después que el Tribunal erró cuando con base en dicha premisa le  negó  mérito  a  la conclusiones que ponían en entre dicho la credibilidad de  la afectada.   

         Las  situaciones  sobre  las cuales se  soporta  dicho  reproche  se muestran perfectamente verificables en autos y, por  lo  tanto,  sin  duda irrebatibles.  Sin embargo, el discurso posterior del  casacionista  se  centró  en  una abstracta e incoherente crítica al análisis  probatorio  del  Tribunal,  donde argumentó la desatención de los criterios de  valoración  del  testimonio  y  la  infracción  de las disposiciones que en el  anterior  estatuto  procedimental  penal  regulaban  tal  medio demostrativo, la  inspección  judicial  y  la pericia, pasando por alto que el cuestionamiento se  dirigía   hacia   la   prueba   balística  mencionada.    Argumentó  asimismo,  por  la  vía  de  la  mera  oposición  de  criterios, que de manera  ilógica,  caprichosa  y  desmedida  el sentenciador ad quem coligió la certeza  sobre  la  responsabilidad;  y  finalmente,  que  al  juzgador  le  está vedado  contrariar  la  lógica,  la  experiencia  o  las  leyes de la ciencia, pero sin  intentar    acreditar    que   esto   último   aconteciera   en   el   presente  caso.   

         Más  aún,  en  este  deficiente  y  antitécnico  reparo erigido  contra  la  valoración  de  la  pericia,  el recurrente perdió de vista que la  circunstancia  aducida  por  el Tribunal y que se demostró equivocada, esto es,  que  “la señora Luz Marina Envacoa Castiblanco no  reconstruyó   su   versión   en   el   lugar   de   los  hechos”,  en  manera  alguna  fue  la  única atendida en la sentencia de  segundo  grado  para  restarle  mérito  al  dictamen  de balística y, así las  cosas,  que la demostración cumplida por si sola devenía intrascendente frente  a   las   conclusiones   del  fallador  en  torno  a  la  valoración  de  dicha  prueba.    

         En  efecto, básicamente el ad quem le  restó  merito  al dictamen pues lo encontró “como  mínimo…  desconcertante”.  En los términos  del  fallo,  porque  “si  con  lo  obrante  en  la  historia      clínica      no      se      pudo     determinar     ‘sobre  una  localización exacta de  las    heridas    de   la   ofendida’,  entonces  de  dónde  dedujeron  los  peritos  la  ausencia  de  tatuaje?,  eso carece de lógica y sentido, porque la señora Luz Marina Envacoa  Castiblanco  fue  sometida  a  tratamiento quirúrgico y ello implica, por otras  muchas  investigaciones  que  esta  Sala  ha  tenido siendo la suscrita ponente,  lavado  para  cirugía,  esto  es, dejar el área a operar absolutamente limpia,  por   ende   el   tatutaje  no  se  determina  con  radiografías” (f. 572, cd.1).    

         De  ahí  que  el  juzgador  aseverara  además,  que la “deducción de ausencia de tatuaje  en  las  heridas”,  a  partir de la cual el perito  conceptuó  que  la  versión  de  la  víctima “no  corresponde  en  cuanto  a  distancia  de disparo, ni posición del sindicado ni  ofendida,  toda vez que la distancia existente entre la boca de fuego del arma y  ella   en   el   momento   de   los   disparos   debió   ser  superior  a  1.20  metros”  (f.  234), no  pasaba  de  “…una  suposición,  ya  que  no hay  prueba   en   el   sentido   de   que   existió  o  no  tatutaje”     (f.    580,    c.1).   

           Además   de   las   impropiedades  anteriores,  en  punto  de  la trascendencia del yerro acusado, el impugnante se  conforma  con  sostener  que  determinó la condena por los delitos de homicidio  agravado  en  grado  de  tentativa  y  porte ilegal de armas de fuego de defensa  personal,  perdiendo  de  vista  que  para un completo desarrollo de la censura,  como  destaca  el   Ministerio  Público,  le  correspondía  presentar una  valoración  del  acervo  probatorio,  donde  sin  mediar  el dislate denunciado  quedara  establecido  que el pronunciamiento atacado sería de diverso sentido y  favorable al procesado.   

         Por  las  razones  esbozadas  el  cargo  no  sale avante.  En  consecuencia,  la  sentencia  impugnada  no se casará mediante esta providencia  sustraída de todo recurso.   

         Consideraciones finales.   

          Resta  agregar  que  la  aplicación  retroactiva  favorable  de  las  disposiciones  contenidas en el actual estatuto  punitivo,  frente  a  las  normas  preexistentes a los hechos investigados y con  sujeción  a  las  cuales  se  emitió  la  condena, si hubiere lugar a ella, le  compete  al  Juez  de Ejecución de Penas y Medidas de Seguridad, de conformidad  con  las  previsiones  del  artículo  79,  numeral  1º,  del actual Código de  Procedimiento Penal.   

         Contra  esta  decisión  no  procede  ningún  recurso  y  alcanza  ejecutoria  en  la  fecha  en  que  es  suscrita, al tenor del artículo 187 del  Código de Procedimiento Penal.   

         En  mérito  de  lo expuesto la Corte Suprema de Justicia, Sala de  Casación  Penal,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República y por  autoridad                                  de                                 la  Ley,                RESUELVE   

         NO   CASAR  la  sentencia  impugnada.   

         Cópiese, comuníquese y devuélvase el  expediente al Tribunal de origen.  Cúmplase,   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

En permiso  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                            JORGE    E.    CÓRDOBA  POVEDA   

HERMAN   GALÁN  CASTELLANOS                            CARLOS    A.    GÁLVEZ  ARGOTE   

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ GALLEGO                         ÉDGAR   LOMBANA   TRUJILLO             

MARIA   PULIDO  DE  BARÓN                                          YESID RAMÍREZ BASTIDAS   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria     

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