16559(13-06-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    República   de  Colombia   

       

Corte Suprema de Justicia  

Proceso No 16559  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

Aprobado Acta No. 62  

         Bogotá,   D.  C.,   trece  (13)  de  junio  de  dos  mil  dos  (2002),   

VISTOS  

         Se  ocupa  la  Sala  del  estudio  de los requisitos formales de la  demanda   de   casación   presentada   por   la   defensora   de   WILLIAM BERNARDO CASTAÑO PARRA.   

HECHOS  

         Sucedieron  el  29  de  septiembre  de  1997,  en la calle 8ª. con  carreras  11  y  12,  en  el  sector  de  la  galería del municipio de Jamundí  (Valle),  aproximadamente  a  las  9:30  de  la  noche,  cuando WILLIAM BERNARDO  CASTAÑO,  con  la  intención  de  matar a Ovidio Orozco Montero, lo persiguió  durante  casi  dos cuadras disparándole en cinco oportunidades con un revólver  calibre  38, sin lograr alcanzarlo. Uno de los proyectiles hirió por la espalda  al  señor  Leonardo  Noscue,  que se encontraba cerca del lugar departiendo con  unos  amigos, a cuya consecuencia murió en forma instantánea. William Bernardo  Castaño  fue  detenido  por agentes de policía que se hicieron presentes en el  lugar  cuando  escucharon las primeras detonaciones y en su poder encontraron el  arma referida.   

ACTUACIÓN  PROCESAL   

         El  30  de  septiembre  de  1997,  la  Fiscalía  140  Seccional de  Jamundí  declaró  abierta la investigación y ese mismo día vinculó mediante  indagatoria  al  imputado. Al resolverle la situación jurídica, lo afectó con  detención preventiva.   

         Cerrada  la  investigación, el funcionario instructor calificó el  mérito  del  sumario el 16 de enero de 1998. Acusó al imputado por los delitos  de  tentativa  de  homicidio, homicidio culposo y porte ilegal de armas de fuego  de defensa personal.   

         El  24  de noviembre de 1998, el Juzgado Tercero Penal del Circuito  de  Cali  lo  condenó  a  las  penas  de  14  años  y  6  meses  de  prisión,  interdicción  de  derechos  y funciones públicas por el término de 10 años y  al  pago de los perjuicios materiales y morales, por los delitos deducidos en la  calificación.   

         Apelado  el  fallo  por la defensa, el Tribunal Superior de Cali lo  confirmó el 25 de mayo de 1999.   

LA  DEMANDA   

         La  libelista invocó la causal primera de casación prevista en el  artículo  220  del  Código  de  Procedimiento  Penal.  Estimó que el Tribunal  violó  indirectamente  el  artículo  445  del  mismo  estatuto  por  falta  de  aplicación,  pues  incurrió   en  error  de  derecho  por falso juicio de  convicción   al   atribuirle  a  la  prueba  indiciaria  el  valor  que  no  le  correspondía.   

         Sostuvo  que  los falladores de instancia condenaron a Castaño   Parra   por   el  delito  de  homicidio  en  grado de  tentativa basados  únicamente en el hecho de  que  éste  portando un arma de fuego persiguió al señor Ovidio Orozco Montero  haciéndole  cinco  disparos,  uno  de  los  cuales  alcanzó al señor Leonardo  Noscue,  que  departía  con  unos  amigos  en inmediaciones del sector donde se  desarrolló  la  persecución,  por  cuanto de dichas circunstancias arribaron a  una  única  conclusión:  el  procesado  tenía la intención de matar a Orozco  Montero.   

         Estimó  que de las premisas referidas, contrario a lo deducido por  los  juzgadores, era posible llegar a las siguientes conclusiones: 1) la persona  que  esgrime  un arma de fuego en tales circunstancias pretende asustar a otro u  otros;  2) desea matar a otro; 3) está bajo el influjo de sustancias tóxicas o  bebidas embriagantes que le impiden saber lo que hace.   

         Por  consiguiente,  se  está  frente  a un indicio contingente que  según  la  doctrina  y  la  jurisprudencia jamás puede constituir plena prueba  para  condenar. No existe, agregó, ningún otro elemento de convicción del que  se  pueda  inferir la intención homicida del procesado, ni siquiera la versión  de  los  agentes  de  la  policía  que lo capturaron; nunca se mencionó que el  procesado   hubiera   disparado  directamente  contra  la  humanidad  de  Orozco  Montero.    

         Concluye  señalando  que  no existe certeza probatoria, pues no se  desvirtuó  la  versión de Castaño Parra, quien desde un comienzo aseguró que  su  única  intención  era  asustar  a  Orozco  Montero, y en tales condiciones  debía  haberse  proferido sentencia absolutoria en aplicación del principio in  dubio pro reo previsto en el artículo 445 del C. de P. P.    

         

         Pidió  a  la  Corte  casar  la  sentencia  impugnada y en su lugar  reconocer  la  duda a favor del procesado. Insistió en señalar que  “la  sentencia  se fundamenta sobre la base de unos hechos indicadores, interpretados  falsamente   como   indicio   necesario,   prueba  que  no  ofrecía  motivo  de  credibilidad…”.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

         1.   La   demanda   será  inadmitida  porque  no  cumple  con  las  previsiones  que respecto de su elaboración prevé el artículo 225 del Código  de  Procedimiento  Penal de 1991, vigente para la época en que fue proferida la  sentencia  recurrida.  En  consecuencia,  se declarará desierto la impugnación  interpuesta.   

         Afirmó  la  censora  que los falladores “incurrieron en un error  manifiesto  por falso juicio de convicción al aplicar a un determinado elemento  de  juicio  un  valor  distinto  del  que  la ley le atribuye, negándole el que  expresamente     le     señala”.    Agregó  que  esta situación se presentó cuando se le atribuyó a  la prueba indiciaria el valor que no le correspondía.   

         Olvidó  que  en  el sistema penal colombiano opera el principio de  persuasión  racional, es decir que es el juez el llamado a establecer la fuerza  suasoria  de los medios de prueba. Esta modalidad de error, como lo ha sostenido  en       forma      reiterada      la      Sala1,  solo  puede tener cabida en  un  sistema  de  tarifa  legal,  en  el  que  la ley regula el mérito y aptitud  demostrativa  del  elemento  probatorio, pues se presenta cuando el juzgador, al  determinar  su  valor,  desconoce  las  normas  jurídicas  que  contienen  esta  tasación.   

         Al  interior  de  un régimen de apreciación racional, como el que  rige  en nuestro país, en virtud del cual la ley le entrega al juez la facultad  de  apreciar  la  prueba, no es jurídicamente posible la configuración de esta  clase  de  equivocaciones,  toda  vez que la apreciación se hace ya no frente a  normas  legales  que  establezcan  su mérito, sino a la luz de las reglas de la  sana crítica.    

         Resulta  por  lo tanto errado el planteamiento, en cuanto no existe  norma  legal sobre la cual haya podido recaer el error denunciado. De ahí que a  pesar  de  sus  esfuerzos  no  pudiera  la  casacionista  demostrar  la  censura  propuesta,  señalando  en forma precisa y concreta los preceptos legales objeto  de  vulneración  pues,  se  repite,  el  yerro  se presenta cuando la prueba es  valorada  de  manera  diferente a la señalada por la ley, o se considera que es  idónea   para  la  demostración  de  un  hecho  sin  serlo,  o  viceversa;  es  indispensable,  sin  embargo,  que la ley prevea previamente el valor o eficacia  de   una   determinada  prueba,  porque  si  no  lo  hace,  el  error  no  puede  estructurarse, lógicamente ante la ausencia de norma.   

         2.  En  el  desarrollo de la censura afirmó que “la sentencia se  fundamentó  sobre  la base de unos hechos indicadores, interpretados falsamente  como  indicio  necesario…”,  con lo cual el cargo inicialmente esbozado como  error  de  derecho  por  falso juicio de convicción  devino en un error de  hecho  por  falsa apreciación de elementos fácticos, con claro desconocimiento  de  las  exigencias  contenidas en la norma procesal citada, en relación con la  obligación  de  enunciar la causal y formular el cargo indicando en forma clara  y  precisa  sus  fundamentos,  y  olvidando  que,  en  principio,  no es posible  proponer,  simultáneamente,  respecto de la misma prueba, errores de hecho y de  derecho.   

         3.   Lo  anterior  es  suficiente  para  concluir  que  en  el  desarrollo  de  la  censura  se pecó por falta  de nitidez y exactitud. En  realidad,  el  escrito  elaborado  por  la  defensora  constituyen  un  discurso  marginal  y  de  libre elaboración que sencillamente como que quisiera oponer a  los  planteamientos  de la sentencia y a la valoración probatoria realizada por  los  juzgadores,  comportamiento defensivo que hace impróspera la demanda, pues  la  casación  no  es  una  tercera  instancia en la que continúe libremente el  debate  probatorio.   Este  naturalmente es posible, sólo que su referente  obligatorio  es  la  sentencia,  sus  fundamentos  y  sus declaraciones, lo cual  implica  destruir  total  o parcialmente su lógica y ello, como es obvio, exige  señalar    el    error   o   los   errores   que   condujeron   al   desacierto  judicial.   

         Como   la   libelista   no  desplegó  una  labor  ajustada  a  los  requerimientos  de  las  formas  casacionales,  su  demanda debe ser inadmitida.   

         En  mérito  de lo expuesto, la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema de Justicia,   

RESUELVE  

         Inadmitir  la  demanda  de casación presentada por la defensora de  WILLIAM    BERNARDO    CASTAÑO   PARRA.     En     consecuencia,    declarar    desierto    el    recurso  interpuesto.   

         Contra esta providencia no procede recurso alguno   

         Cópiese y cúmplase.   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

         

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL            JORGE E.  CÓRDOBA    POVEDA                        

HERMAN   GALÁN   CASTELLANOS            CARLOS A.  GÁLVEZ ARGOTE   

JORGE  ANIBAL  GOMEZ  GALLEGO               EDGAR  LOMBANA     TRUJILLO                             

CARLOS  EDUARDO MEJÍA ESCOBAR            NILSON E.  PINILLA     PINILLA                                            

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria    

1  C.S.J.  Sentencia  del  24  de  febrero  de  1994, M.P. Juan M. Torres Fresneda;  Sentencia   del   12   de   septiembre   de   1996,   M.P.   Carlos   E.  Mejía  Escobar.     

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *