16534(31-05-01)

2001

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso Nº 16534  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

Aprobado Acta No. 80  

          Bogotá,  D.C.,  treinta y uno (31)  de mayo de dos mil uno (2001)   

          Decide  la  Corte el recurso extraordinario de casación interpuesto  por    el   defensor   de   Luis   Euclides   Camacho  Prada  contra  la sentencia de fecha junio 17 de 1999,  mediante  la  cual  el  Tribunal Superior de Ibagué confirmó la condena que le  fue  impuesta al citado por el Juzgado Primero Penal del Circuito de Honda a las  penas  principales  de  tres (3) años de prisión, multa en cuantía de dos mil  pesos  ($2.000),  y  suspensión  en el ejercicio de la actividad de conducción  por  el  término de dos (2) años, como coautor del delito de homicidio culposo  en   concurso   homogéneo.                 

          HECHOS   

          En  la  madrugada  del  2  de  septiembre  de  1993, a la altura del  kilómetro   33   de  la  vía  Honda  –  Mariquita,  el  camión  doble  troque  de  placa XKD –   089   manejado   por   Luis  Euclides  Camacho  Prada  colisionó  contra  un  tanque  de  madera  que sobresalía de la tractomula de propiedad de  Pablo  Ferrer  Pineda  Toro,  que  en  ese  momento  por  averías mecánicas se  encontraba  estacionada  a  la  orilla  de  la  carretera. Como consecuencia del  impacto  el  mencionado  automotor invadió el carril por donde se desplazaba el  automóvil  de  servicio público guiado por José Zabaraín Gutiérrez Méndez,  con el que también finalmente se estrelló.   

          En   el   accidente  perecieron  el chofer del taxi y el pasajero Gustavo Luna Trujillo, en tanto que  Edelmira  Hernández  y Graciela Alvarez, ocupantes del mismo, sufrieron heridas  de alguna consideración.   

ACTUACION  PROCESAL   

          1.   Con  fundamento  en  el reporte policial del accidente, en  las   actas  de  levantamiento  de  los  cadáveres  y  las  demás  actuaciones  realizadas  por  el  Cuerpo  Técnico de Investigación, la Fiscalía dispuso la  apertura  del  sumario  al  que  vinculó mediante indagatoria a los conductores  Pineda  Toro  y Luis Euclides Camacho Prada.    La situación jurídica de éste último fue definida  con  detención  preventiva  por el doble homicidio culposo, mientras que Pineda  Toro no fue afectado con medida de aseguramiento.   

          2.   La  Fiscalía  48  Seccional de Honda calificó el mérito  probatorio  de las diligencias con resolución de acusación contra el sindicado  Camacho  Prada  como autor de  los  homicidios  culposos en concurso con las lesiones personales causadas a las  víctimas   Edelmira  Hernández  y  Graciela  Alvarez.   Pineda  Toro  fue  favorecido con preclusión de la investigación.   

          Por  vía  de  apelación  la  Fiscalía  Delegada  ante el Tribunal  Superior  de Ibagué confirmó el pliego de cargos en detrimento de Camacho  Prada  y  revocó  la preclusión  respecto  del  procesado  Pineda Toro, a quien acusó como coautor de los mismos  ilícitos  atrás  reseñados;  sin  embargo, de oficio y dentro del término de  ejecutoria  de  tal  proveído,  aduciendo la violación del derecho de defensa,  anuló  la  actuación  en  relación  con  el  susodicho  Pineda  Toro desde la  indagatoria.   

          4.   El  Juzgado  Primero Penal del  Circuito  de  Honda celebró la audiencia pública y dictó el fallo mediante el  cual  condenó  al sindicado Camacho Prada a  las  penas principales reseñadas en el acápite inicial de ésta  providencia  como  autor  del  doble homicidio culposo.  Tratándose de las  lesiones  personales,  al  advertir  su  carácter  contravencional,  rompió la  unidad  procesal  y  ordenó la expedición de copias con destino a los Juzgados  Penales     Municipales     de     esa     localidad     para     su    separado  procesamiento.   

El Tribunal Superior de Ibagué al resolver la  apelación   interpuesta   por   la   defensa   confirmó   la   condena  en  su  integridad.   En  relación con las lesiones personales decretó la nulidad  parcial  desde la resolución de acusación y revocó la orden de expedir copias  por haberse operado su prescripción.   

          LA DEMANDA   

          1.   Con apoyo en la causal tercera de  casación  del artículo 220  del Código de Procedimiento Penal, el censor  formula dos cargos contra la sentencia recurrida.   

          1.1  Primer cargo.   

          En  el  primer  reproche  aduce  la  incompetencia  de  la Fiscalía  Delegada  ante  el  Tribunal  para  decretar la nulidad parcial de la actuación  respecto  del  otro  sindicado con la consecuente ruptura de la unidad procesal,  decisión  de  la  cual  deriva  las  siguientes  violaciones  de las garantías  constitucionales de su asistido:   

          1.   El  desconocimiento  de  las normas rectoras contenidas en  los  artículos  7º  y  22  del  estatuto  procesal penal, pues se privó a los  sindicados  con  intereses  contrapuestos  de la oportunidad de controvertir las  pruebas  que  cada  uno  de  ellos  aportara  en  su defensa o para demostrar la  responsabilidad del otro.   

          Admite  el  carácter  individual  de  la responsabilidad penal, sin  embargo,   indica   que   en  casos  como  el  examinado  la  investigación  es  inescindible   so   pena  de  la  pérdida  de  certidumbre  en  las  decisiones  judiciales,  por  lo  tanto, en su opinión debió decretarse la nulidad de toda  la  actuación.    De  otra  parte,  encuentra  carente  de fundamento  jurídico  la  ruptura  de  la  unidad  procesal  por  aparecer  cimentada en la  supuesta  necesidad  de  no dilatar el trámite, máxime que bajo una alegación  de  ese talante en manera alguna se puede encubrir la falta de competencia de la  Fiscalía para disponerla.   

          2.   Arguye que la Fiscalía ad quem no tenía competencia para  revocar  la acusación que había dispuesto en detrimento del coprocesado Pineda  Toro;  menos  aún,  para  decretar la nulidad de lo actuado respecto del mismo,  pues  luego  de  haber  definido  la alzada interpuesta contra la resolución de  acusación,   todo  pronunciamiento  posterior  le  correspondía  al  juez  del  conocimiento  al  tenor  de lo normado en el artículo 444 del estatuto procesal  penal.   

          Era   necesario,   afirma,   la   designación  de  un  defensor  de  oficio,   notificarle  a  éste el pliego de cargos y remitir el expediente  al  juez  competente para la iniciación de la causa, de manera que la Fiscalía  al  omitir  estas  actuaciones incurrió en las causales de nulidad contempladas  en  los  numerales  1º  y   2º  del  artículo  304,  como  también,  en  violación del principio de la improrrogabilidad de la competencia.   

          3.   La  controvertida  decisión  de  nulidad,  de  haber sido  proferida  por  el  juez competente en la etapa del juicio, le habría permitido  la  impugnación,  pero  como fue acogida por la Fiscalía ad quem se produjo el  menoscabo  del  postulado  de  la  doble  instancia, recogido en el artículo 16  ejusdem.   

          Con  tales  fundamentos  solicita de la Corte la anulación desde la  referida  providencia  de la Fiscalía ad quem, así como la orden de acumular a  estas  diligencias  el  proceso que cursa separado en relación con Pablo Ferrer  Pineda Toro.   

          2.    Segundo  cargo.              

          También  al  amparo  de  la  causal  tercera de casación, el actor  acusa  que la sentencia impugnada fue proferida en un proceso viciado de nulidad  por  menoscabo  del  derecho  de  defensa  de conformidad con el numeral 3º del  artículo 304 del C. de P.P..    

          Hace  consistir  la  irregularidad de la  cual  deriva  esta  grave consecuencia, de una parte, en la descalificación que  hizo  el  ad quem de los argumentos esbozados en la sustentación de la alzada a  través  de  la  apreciación  subjetiva de constituir aquellos un planteamiento  sofístico  orientado  a  obtener  la  impunidad;  de  otra,  en la omisión del  Tribunal  de  pronunciarse sobre las alegaciones orientadas en la apelación del  fallo  de  primer  grado,  a  controvertir  la  nulidad  parcial del proceso que  decretó la Fiscalía de segunda instancia.   

          Afirma  entonces  que  se  negó  el  acceso a la justicia; aduce el  quebranto  del  principio  de  la  doble  instancia;  y  peticiona de la Sala la  invalidación  de  la sentencia proferida por el ad quem para que en su lugar se  “dicte  el fallo absolutorio a favor” del procesado.   

          2.  Tercer cargo.   

          Sin  precisar  la causal invocada, el defensor aduce que el fallador  incurrió   “en  violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  (artículo  329  del  C.P.)” por error de  hecho   al   “presumir   la   existencia   de  una  prueba”.   

          En  opinión  del  demandante el ad quem conjetura que con meridiana  prudencia   el   procesado  Camacho  Prada  hubiera  podido  prever el accidente; conclusión sustentada en la  suposición  que  avanzaba  con  luces  plenas  encendidas a pesar que no existe  prueba  alguna  en  dicho  sentido,  hecho  que erige además, como “un  medio probatorio suficiente para imputar ausencia de agudeza  visual  en  el  conductor,  y  presumir  su  negligencia  e  imprudencia…al no  frenar”.   

          De  no  ser cometido tal yerro, afirma, en manera alguna se habrían  ignorado  las  pruebas en sentido contrario, más aún, surgiría demostrado que  el  accidente  tuvo  su causa en el estacionamiento de la tractomula ocupando la  calzada  derecha,  sin señales de advertencia y de peligro, como fue consignado  claramente  por  el agente de tránsito en el croquis respectivo y lo atestiguó  José  (sic)  Antonio  Amézquita,  “pruebas éstas  total  y  absolutamente  ignoradas  por el fallador para dar vida a su subjetiva  convicción improbada e improbable”.   

          Con  apoyo  en  tales  consideraciones solicita de la Corte casar el  fallo recurrido y que se absuelva por el delito imputado.   

CONCEPTO    DE   LA  PROCURADURIA   

          Primer  cargo   

          En  opinión de la Procuraduría Primera  Delegada  el  demandante presenta en esta censura varios aspectos de nulidad que  debieron  ser formulados en reproches separados en forma principal y subsidiaria  de  acuerdo con su alcance de invalidez.  Al margen de lo anterior, destaca  que  la  Fiscalía  ad  quem  cuando  declaró  la  nulidad  no  había  perdido  competencia   pues  la  resolución  de  acusación  aún  estaba  pendiente  de  ejecutoria,   decisión  que  encuentra  fundamento  en  la  norma  rectora  del  artículo  13  del C. de P.P. y en las facultades conferidas en el artículo 305  ibídem,  que en modo alguno se oponen al principio de limitación consagrado en  el artículo 217 del mismo estatuto.   

          Señala que el trámite implementado para  la  notificación  de  la  providencia  controvertida  en la sede extraordinaria  fluye  ajustado a las previsiones contenidas en el artículo 440 del C. de P.P.,  subrogado  por  el  59 de la Ley 81 de 1993; y por otra parte, que la ruptura de  la  unidad  procesal,  que  no  constituye un postulado inflexible, obedeció en  este    caso    a   la   hipótesis   contemplada   en   el   artículo   90-3º  ejusdem.   

          Bajo   estos   presupuestos   descarta   la  nulidad  por  falta  de  competencia,  por  violación  del  debido  proceso  o  del  derecho de defensa,  máxime   que  el  acusado  Camacho  Prada   contó   con   todas   las  garantías  procesales,  incluida  la  posibilidad  de  trasladar prueba de la actuación que siguió separada respecto  al  otro  sindicado.   En  ese orden de ideas, concluye que la censura debe  ser desestimada.   

          Segundo  cargo   

          Admite  que  no resultan afortunadas las aseveraciones expuestas por  el  Tribunal  para  rechazar  los  planteamientos  del  defensor,  pero que esta  irregularidad  carece  de  trascendencia  para invalidar lo actuado, máxime que  las  afirmaciones  cuestionadas  en  la  demanda  no  brindaron  fundamento  único   al   fallo   condenatorio.    Resalta   también  que  al  acusado  Camacho   Prada  le  fueron  respetados  sus  derechos  y  garantías  fundamentales.   Así  mismo, que  resultaría  en exceso formalista acceder a la pretensión del recurrente porque  el  ad quem no explicó las razones por las cuales consideró que los argumentos  del   apoderado   constituían   un   “sofisma  de  distracción   en   procura   de  impunidad”;  y  en  últimas,  que  todas  las  postulaciones  de la defensa fueron rebatidas con la  razonada    sustentación    que    exige    una    legítima    decisión    en  contrario.   

          Solicita entonces la desestimación del reproche.   

          Al      tercer  cargo   

          El  Procurador Primero Delegado admite que en la sentencia objeto de  impugnación  se  supuso  que Camacho Prada    “marchaba    con   luces   plenas  encendidas”,  pues en el proceso se echa de menos la  prueba  que  demuestre  dicho aserto; sin embargo, advierte que este elemento de  juicio  no  fue  la  única  y  exclusiva  base  de la condena, de manera que su  desestimación  no  implica  el desquiciamiento del fallo por cuanto el Tribunal  valoró  los  medios  de  persuasión  que  permitían desechar el caso fortuito  planteado  por  el  defensor,  cimentado  en  la  supuesta  inexistencia  de las  señales de prevención sobre la tractomula parqueada en la vía.   

          Reseña  seguidamente  la prueba que desvirtúa esa apreciación del  demandante  sobre  la  causa  del  accidente;  y  destaca  en  todo caso, que el  Tribunal   advirtiendo   el   peligroso   obstáculo   representado  en  el  mal  estacionamiento  de  dicho  vehículo en la carretera, dedujo la responsabilidad  del  encausado  de  la actividad de conducción sin observar el deber de cuidado  por negligencia e imprudencia.   

          Así   las  cosas,  afirma,  concurren  dos  riesgos  jurídicamente  desaprobados,  creados  por  acciones  independientes  e  imputables  a diversos  autores;  y  en  este  orden  de  ideas, con prescindencia de la responsabilidad  predicable   del   conductor   de  la  tractomula,  el  resultado  objetivamente  previsible  y  evitable  producido  se  concretó  en  el riesgo generado por el  actuar   imprudente   de  Camacho  Prada  al    desatender   las   condiciones   y   circunstancias   en   que  conducía.   

          Por las razones anteriores el cargo no debe prosperar.   

          Petición oficiosa.   

          La  Delegada  advierte  que en la sentencia impugnada se desconoció  la   competencia  para  conocer  y  decidir  lo  relacionado  con  las  lesiones  culposas.            Encuentra  así  que  la  decisión  del  a  quo de romper la unidad  procesal  respecto  a  tales  contravenciones resultaba legítima de conformidad  con  el  artículo 32 de la Ley 228 de 1995, pero que al momento de definirse la  apelación  incoada contra el fallo de primera instancia la Corte Constitucional  había  declarado  la  inexequibilidad  de dicha norma a través de la sentencia  C-357  del 19 de mayo de 1999, de manera que el Tribunal en lugar de disponer la  nulidad  debió  decretar  su  prescripción  al tenor del artículo 10 ibídem.   

          Por  la  razón  indicada, solicita a la Corte que case parcialmente  la  providencia  recurrida  y en su lugar declare la prescripción de la acción  penal en relación con las comentadas contravenciones especiales.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          Con  apego  a  la  secuencia  trazada  por  el  demandante,  la Sala  abordará  los  ataques  formulados  al fallo impugnado, como quiera que ningún  reparo  suscita  desde  la  óptica  del  postulado de prioridad que gobierna la  impugnación extraordinaria.   

                     

          Primer cargo:  causal tercera.   

          1.   No  discute  la Corte, como afirma la Delegada rememorando  el  pacífico  criterio  de  esta  Corporación,  que constituye una impropiedad  dentro  de  la técnica casacional la alegación indiscriminada y bajo una misma  censura  de  diferentes  anomalías  cometidas en el curso del proceso, cuando a  cada  una se le atribuye entidad para propiciar la anulación del trámite desde  diverso  hito,  pues  en tales eventos, por virtud de la claridad y precisión a  la  que  no  resulta  ajena  la  propuesta  de  nulidad,  así  como en aras del  principio  de  autonomía de los cargos, se impone al recurrente la postulación  separada  de  tales irregularidades con señalamiento del orden en que deben ser  examinadas  por  la  Corte,  determinado  desde  luego, por su mayor cobertura o  consecuencia.   

          Sin  embargo,  contrario  a  lo  atestado  por la Procuraduría, esa  situación  no se configuró en este primer ataque donde el actor hizo consistir  el  único  vicio  in procedendo denunciado, en el decreto sin competencia y por  parte  de  la  Fiscalía  ad quem, de la acusación elevada en esa misma sede en  detrimento  del  también  sindicado  Pineda  Toro  como  coautor  de los hechos  punibles investigados.   

Bien  distinto  es, de otra parte, que de la  irregularidad  así  argüida el censor derive el menoscabo de varias garantías  fundamentales,  concretamente,  del  derecho de defensa, del debido proceso, del  principio  de  la  doble instancia, y que desde dichas aristas intente sustentar  el  reclamo  de nulidad, solicitado de acuerdo con este discurrir argumentativo,  desde la actuación que encuentra viciada.   

          2.    La   Delegada   acierta,   en   cambio,  al  plantear  la  inexistencia  del  yerro  acusado;  de  igual modo, al sostener que de admitirse  configurado  en  gracia  de discusión, en todo caso, carecería de todo influjo  respecto del encausado Camacho Prada.   

          2.1   Así,  afírmase que cuando la Fiscalía Delegada ante el  Tribunal  Superior  de  Ibagué  anuló  la  acusación dispuesta en esa sede en  detrimento  del  indagado  Pineda  Toro  el  enjuiciamiento  no había alcanzado  ejecutoria  y,  por  ende,  mal  puede  asegurarse iniciada la etapa de la causa  donde cualquier decisión está reservada al  juez competente.   

          En   efecto,  como  al  desatar  la  alzada  interpuesta  contra  el  calificatorio  revocó  la  preclusión  de  la  investigación  con la cual fue  favorecido  en  primera  instancia  el  mencionado,  para elevar en su contra el  correspondiente  pliego  de cargos con imposición de la medida de aseguramiento  pertinente,  resulta  forzoso  colegir con apego al artículo 197 del C. de P.P.  en  armonía  con  el  440  ibídem, que tal providencia en manera alguna cobró  firmeza  con la simple suscripción; por el contrario, imperaba su notificación  con  estricto  apego  al  último  precepto  citado,  que al intentarse, puso en  evidencia  que  Pineda  Toro  había carecido de asistencia técnica en el curso  del sumario.   

          2.2   Por  otra parte, la facultad de la Fiscalía ad quem para  declarar  la  nulidad  surgida  del estado del proceso, aún en fase del sumario  como  se  precisó  atrás,  encontraba  asidero  específico y adicional en las  atribuciones  conferidas en el artículo 305 del C. de P.P., que le permitía su  decreto  al  advertir  la existencia de alguna de las causales que la propician,  máxime   en  el  entendido  que  la  consulta  o  la  apelación  confieren  al  funcionario  de  segundo  grado  la  potestad  para  verificar  la legalidad del  trámite,  a  tal  extremo,  que la decisión de mérito sólo resulta viable en  cuanto  se  descarte la configuración de anomalías con entidad para generar la  nulidad del proceso.   

          3.  La falta de prosperidad del reproche se discierne también desde  la  óptica  de la trascendencia que debe tener el vicio alegado, pues no acepta  la  Sala  que  una  decisión  acogida  en  la fase del sumario respecto de otro  sindicado  pueda  derivar algún menoscabo para las garantías fundamentales del  aquí encausado.   

          En  primer  término,  porque  la  unidad  procesal en manera alguna  constituye  un postulado de fatal observancia; adversamente, el legislador en el  artículo  90  del  C.  de  P.P.,  subrogado  por  la Ley 81 de 1993, prevé con  carácter  enunciativo  los  eventos  en  los  cuales  se  produce  su legítima  ruptura,  entre  otros  y  sin  que  se exceptúe tratándose de acriminados con  acusaciones  recíprocas  dado  el  carácter  individual  de la responsabilidad  penal,  “cuando  se  decrete  nulidad parcial de la  actuación  procesal  que  obligue  a reponer el trámite con relación a uno de  los  sindicados…”;  hipótesis  configurada  en el  presente  asunto,  y  que  adversamente a lo alegado por el censor, permitió la  válida  continuidad  de  las  diligencias en forma separada respecto de los dos  indagados.   

          Más  aún,  si  desde dicho estadio las actuaciones prosiguieron en  forma   independiente,   ningún  quebranto  puede  pregonarse  del  derecho  de  controversia   frente  a  los  elementos  de  juicio  que  eventualmente  fueron  aportados  o  recaudados  en  el  proceso  seguido por aparte para esclarecer el  compromiso   de   Pineda   Toro   en  los  hechos  punibles,  pero  que  ninguna  consideración   o   análisis  tuvieron  en  el  trámite  contra  Camacho   Prada,   precisamente,  por  su  inexistencia en él.   

          Resta insistir, de un extremo, que por el  carácter  individual  y  personal  de  la  responsabilidad  penal la estrategia  defensiva   a   favor   de  Camacho  Prada,  a  quien  se  le  imputó una negligencia e imprudencia vinculada  causalmente  al  resultado antijurídico, no quedó supeditada inexorablemente a  las  alegaciones o demostraciones que en relación con Pineda Toro se cumplieran  en  las diligencias cursadas en su contra, menos aún, a punto tal que resultara  imposible  su  segregado  juzgamiento,  razón  por la cual, también desde esta  otra  arista,  la  Corte excluye el menoscabo del derecho de defensa alegado por  el casacionista.   

          Finalmente,  como  la  irregularidad que  predicó  la  Fiscalía  en  relación  con  Pineda  Toro  por  la  ausencia  de  asistencia  técnica  en  manera  alguna se comunicaba al implicado Camacho  Prada, no podía proceder conforme  echa  de  menos  el actor a dejar sin efectos integralmente las diligencias; por  el  contrario,  la  invalidación  parcial  del  trámite surgía obligada de la  anomalía  que  se detectó respecto de uno sólo de los implicados, máxime que  de  conformidad  con  el  artículo  305  del  C. de P.P. únicamente procede la  nulidad de las actuaciones que dependan del acto viciado.   

          De  igual  modo,  conviene  aclarar,  la  ruptura  de  la  unidad procesal se fundamentó, no en razones de conveniencia y  con   miras   a   evitar  la  dilación  del  proceso  respecto  a  Camacho    Prada,   como   entiende   el  demandante,  sino  que fue el resultado de la nulidad parcial dispuesta en dicho  estadio,  fundamentada  normativamente además, insiste la Corte, en el supuesto  establecido en el precitado numeral 3º del artículo 90 ejusdem.   

          Por las razones anteriores el cargo no prospera.   

          Segundo cargo:  causal tercera.   

          Al  tenor  del  artículo  180-3º  del  C.  de  P.P.  constituye un  requisito  de  forma  y  contenido  ineludible en todo fallo, la respuesta a los  alegatos  presentados  por  las  partes en la sustentación de sus pretensiones;  exigencia  que  aparece  vinculada  al derecho de defensa por cuanto se armoniza  con el carácter dialéctico que impregna el proceso penal.    

          Por  tal  razón, la Sala reitera que se  genera  la  nulidad  cuando  la  sentencia  omite  una  réplica  precisa  a las  solicitudes  de  los  sujetos procesales, particularmente, a las presentadas por  el  sindicado y su representante judicial, pues la garantía de la defensa en su  doble  ámbito:   material  y  técnica,  de manera alguna se satisface, al  menos  no  con  contenido  de  realidad  y  en cuanto interesa para los actuales  fines,  a  través  de  la  mera  posibilidad  de formular alegaciones antes del  proferimiento  del  fallo  de  primera instancia o en el escrito que sustente la  apelación  incoada  contra  él,  sino  primordialmente,  mediante el derecho a  obtener  una  respuesta  de  fondo  a las mismas (sentencias de julio 6 de 1995,  M.P.  Dr.  Torres  Fresneda;  marzo  3 de 2000, M.P. Dr. Córdoba Poveda).    

          Pero esa situación traducida en la falta  de  motivación  del  fallo,  corresponde  advertir,  es  bien  distinta  de  la  contestación  que  no  cumple con las expectativas del sujeto procesal, tildada  de  inadecuada  o que es desacertada en su fundamentación fáctica, jurídica o  probatoria,  hipótesis reflejada precisamente y en esencia en el ataque elevado  por el demandante en este asunto.    

          En efecto, el demandante a través de una  recortada  referencia  a las consideraciones de la sentencia del Tribunal, acusa  la  omitida  respuesta  a  la  pretensión  de nulidad esbozada en el escrito de  sustentación  de  la  alzada,  no  a  la  totalidad  de  las mismas como parece  entenderlo  la  Delegada;  sin  embargo,  pierde  de vista en tal censura que la  afirmación  del  ad  quem  en  el  sentido  que  la defensa con argumentaciones  sofísticas  aspiraba  a la impunidad, invocada en el libelo para  edificar  el   reproche   comentado,   simplemente   constituyó  la  conclusión  de  las  motivaciones  por  las  cuales  quedó  descartada  en esa sede la invalidación  reclamada.   

          Ciertamente,   de   la  simple  revisión  del  fallo  impugnado  se  discierne,  en  contra  vía de lo argumentado en el recurso extraordinario, que  el  juzgador  de segundo grado en respuesta a la petición de nulidad y luego de  reseñar  la  misma,  arguyó  el  debido  proceso,  la  legalidad  procesal, la  seguridad  jurídica,  la  racionalidad  y  la fundamentación de las decisiones  judiciales  para  afirmar,  de  una  parte, la validez del procesamiento seguido  contra   Camacho  Prada;  de  la  otra, que ningún efecto tenía para éste la anomalía detectada por el  instructor  respecto  del  sindicado Pineda Toro, exclusivamente, y para la cual  el  defensor  de  aquél  reivindicó  la nulidad al recurrir la sentencia del a  quo.   

          Ahora  bien,  que  en  esa  réplica  y  con  miras  a  sustentar el  pronunciamiento   en   torno  a  la  nulidad  se  hubiese  acudido  también  al  desafortunado  argumento de estar hincada la ruptura de la unidad procesal en la  necesidad  de  no dilatar el trámite, cuando la misma era consecuencia obligada  de  la invalidación parcial decretada por la Fiscalía ad quem en lo atinente a  uno  de  los  acriminados, en manera alguna comporta la falta de motivación del  fallo  generadora  del  comentado  quebranto,  sino  un simple e instrascendente  desacierto argumentativo.   

          Resta  agregar  que  tan evidente fluye la falta de fundamento de la  anomalía  argüida  en  este  reparo, que el actor pretende de la Corte ante el  alegado  vicio,  no  la  anulación  para  que  se  proceda a la reposición del  trámite  que  depende  del acto supuestamente viciado, sino el proferimiento de  un fallo sustitutivo y de absolución a favor del encausado.   

          Así  las cosas, por la inexistencia de la irregularidad denunciada,  éste otro reproche tampoco prospera.   

          Tercer cargo:  causal primera.   

          1.   Tratándose  del  cargo único  invocado  en  la  demanda  al  amparo de la causal primera del artículo 220 del  Código  de  procedimiento penal, no con sujeción a su nomenclatura sino por el  contenido  de  la  misma,  pues  ninguna  mención  se  hizo  en  el libelo a la  disposición  que  la  contiene, la Sala echa de menos la claridad exigida en la  enunciación del reproche.    

           Ciertamente,   el   actor   acusa   la  infracción   mediata   del  artículo  329  del  Código  Penal,  pero  ninguna  precisión  consigna sobre el concepto o sentido de su violación, y si bien del  contexto  de  sus argumentaciones parece inferirse que lo fue por su aplicación  indebida,  tampoco especifica la disposición sustancial que en lugar de aquella  debió  ser  aplicada  para  la  correcta  solución del asunto; en fin, omitió  señalar  el  sendero normativo a recorrer por parte de la Corte en el evento de  encontrar prosperidad la censura.   

          2.   Pero además de lo anterior, la sustentación del reproche  se  muestra  deficiente,  bien  al  acreditarse  la  inexistencia  del  error de  apreciación   probatoria   denunciado,  o  porque  respecto  del  efectivamente  constatado,  al  menos  tratándose  del  pronunciamiento  del  ad quem, omitió  comprobar  su  relevancia, en otros términos, establecer el influjo que tuvo en  la  declaración  de  justicia  vertida en el fallo indicando cómo la decisión  habría sido en otro sentido de no haber mediado dicho desatino.   

          2.1   En  cuanto  a  lo  primero se  tiene,  entonces,  que  el  demandante  acusa  el error de hecho por  falso  juicio  de  existencia producto de la preterición de prueba, e indica que en el  fallo  recurrido no se tuvieron en cuenta el croquis del accidente levantado por  las  autoridades  de  tránsito  y  el  testimonio de Lázaro Antonio Amézquita  sobre  la  ausencia  de  señales  que  advirtieran  del  estacionamiento  de la  tractomula  sobre la vía; sin embargo, en este reproche perdió de vista que si  bien  en  la  casación  la  sentencia atacada es la de segunda instancia, ésta  conforma  unidad  jurídica  inescindible  con  la  de primer grado al punto que  deben  entenderse complementarias, y en este orden de ideas, de manera alguna le  resultaba  viable  denunciar  dicho  desacierto  sin  confrontar el contenido de  ambas decisiones.   

         

          Por  tal  razón, en el pretendido desarrollo del reparo el defensor  arguyó   el   omitido  análisis  de  esas  pruebas  en  verdad  no  enunciadas  formalmente  en  la sentencia del ad quem pero que sí fueron comprendidas en la  valoración  de los juzgadores, incluso, con la misma orientación que el censor  les  atribuyó  en  el  libelo  desvirtuándose  por  ende la realidad del yerro  invocado y su eventual trascendencia.   

          Ciertamente, en el fallo de primer grado  se  coligió  a  partir  de ellas y en conjunción con otros medios persuasivos,  que  el  vehículo  con el cual colisionó inicialmente el guiado por el acusado  se   encontraba   peligrosamente   parqueado  sobre  la  vía  sin  señales  de  advertencia;  conclusión  prohijada  además en el pronunciamiento del Tribunal  al  retomar  el  análisis  probatorio del a quo, pero que no constituyó óbice  para   deducirle   responsabilidad   a  Camacho  Prada  en  los  hechos  punibles, edificada no obstante dicha  circunstancia,  sobre  la  comprobación  paralela  de una conducta imprudente y  negligente    de   su   parte   vinculada   causalmente   con   los   resultados  antijurídicos.   

          En  otros  términos,  con fundamento en la prueba que el demandante  asegura  sin  apego  a  la realidad que fue omitida, los juzgadores de instancia  aseguraron  precisamente  que  el irregular estacionamiento de la tractomula fue  causa  del  doble  homicidio  culposo,  pero  también  y  excluyendo  cualquier  trascendencia  a dicho hecho, que esa situación “de  ninguna  manera  puede estimarse como generadora de un caso fortuito o de fuerza  mayor   para  el  acusado  Camacho  Prada,     para     quien     los     hechos    le    eran    totalmente  previsibles…”.     (fl.     18     cdno.   Tribunal).   

          2.2 El defensor acusa también que en la  sentencia  recurrida  se  declaró  probada  una  condición en la actividad del  acusado  sin  existir  medio probatorio alguno que la comprobara, concretamente,  que  Camacho  Prada conducía  con luces plenas encendidas al momento del trágico desenlace.   

          Al  respecto,  es sabido que el error de  hecho  por  falso  juicio de existencia en la modalidad de suposición de prueba  se  presenta  cuando el juzgador tiene por existente un medio de persuasión que  no  obra  materialmente  en  el  proceso,  o cuando declara probado un hecho sin  existir  medio  probatorio que lo demuestre, situación denunciada por el censor  y  en  verdad  constatada  en el presente caso, pues ninguno de los elementos de  juicio  incorporados al expediente le brinda sustento a esa tajante aseveración  del Tribunal.   

          Sin  embargo, el recurrente no demostró  la  trascendencia  de  tal yerro conforme se exigía para un completo desarrollo  de  la  propuesta,  esto  es,  su  influjo  frente  a la resolución de justicia  contenida  en  la  sentencia  impugnada,  al conformarse con argüir que por ese  desacierto  el  ad  quem  no  tuvo  en cuenta la prueba sobre el estacionamiento  imprudente  de  otro  automotor  sobre  la  vía sin las señales de prevención  correspondientes,   cuando  se  dejó  establecido  en  precedencia,  que  dicha  circunstancia  a  pesar  de  ser  aceptada  por los juzgadores fue desdeñada al  discernir  el  compromiso  de Camacho Prada en los sucesos objeto de la causa.   

          En  fin,  el  demandante  en  este punto  esbozó  su  particular  e  interesada  tesis sobre la forma como ocurrieron los  hechos,  para  señalar  luego  la  prueba  que  supuestamente  la sustenta, sin  ninguna  referencia  a  la  atendida  por  los  juzgadores  para  arribar  a una  conclusión  del  todo  diferente,  donde  la forma como eran llevadas las luces  constituyó  tan sólo una de las condiciones que rodearon el comportamiento del  acusado,  que  unida  a  las condiciones de la vía, a la visibilidad del lugar,  así  como a la velocidad con la que se desplazaba, les permitió colegir en los  fallos  de  las  instancias  el  incumplimiento  del deber de cuidado exigido en  “una actividad tan peligrosa como la conducción de  automotres (sic)”.   

          Más  aún,  diluyendo  cualquier influjo del desatino denunciado en  la  decisión  del  Tribunal,  la  Corte  encuentra  finalmente  en  la obligada  integración  de  las decisiones de primero y segundo grado que el a quo afirmó  que   así   el  sindicado  Camacho  Prada  se  movilizara  en tal instante llevando las luces bajas, plenas o  semiplenas,  en todo caso, “hubiera podido divisar a  una  prudente  distancia  la  tractomula  estacionada al lado derecho de la vía  viniendo  de  Mariquita  a Honda, y así, sin ninguna dificultad, hubiera podido  mermar  la  velocidad  y  hasta  detenerse  en  espera  de  que el automóvil de  servicio  público  pasara  por  ese  lugar para luego, con esta sabia prudencia  adelantar  la  tractomula,  evitando  en esta forma la colisión, o sea que nada  hubiera pasado…”.   

          Este  otro  cargo  por  incompleto  y deficiente tampoco prospera, y  como  a  conclusión  similar  arribó  la  Sala  tratándose  de  las restantes  censuras, el fallo impugnado no se casará.   

          Petición oficiosa del Ministerio Público.   

          No  discute  la  Sala  el  carácter contravencional de las lesiones  causadas  en  los  mismos  sucesos  juzgados  en las presentes diligencias a las  ocupantes  del  taxi  accidentado  Edelmira Hernández y Graciela Alvarez, ni el  término  de  prescripción de dos (2) años previsto para ellas en el artículo  10  de  la  Ley  228  de  1995;  tampoco  la vigencia para la fecha del fallo de  primera  instancia  del  artículo  32  ibídem,  que disponía la ruptura de la  unidad  procesal  en  caso  de  conexidad  entre  un  delito  y  alguna  de  las  contravenciones  establecidas  en  la  precitada  Ley;  menos  aún, que para la  época  del  pronunciamiento de segunda instancia esta última norma había sido  declarada   inexequible   mediante   la  sentencia  C-357  del  19  de  mayo  de  1999.   

          Sin   embargo,   no  encuentra  procedente  acceder  al  pedido  del  Ministerio  Público  de  casar  el  fallo  para declarar la prescripción de la  acción  penal  surgida  de  las  referidas contravenciones.  En efecto, el  juzgador  a  quo  al  advertir  la imposibilidad jurídica que existía para ese  entonces  de  fallarlas conjuntamente con los delitos investigados, las marginó  expresamente  de  su  pronunciamiento  y  ordenó  la  expedición de copias con  destino  al  funcionario  competente,  esto  es, a las mismas no se extendió la  sentencia de primera instancia.    

          Apelado  el fallo, el ad quem al revisar  dicho  punto  y respecto a las contravenciones decretó la nulidad parcial desde  la  resolución  acusatoria y revocó la orden de expedir copias por encontrarse  prescritas;  decisión que así hubiese sido tomada en la sentencia no pierde su  naturaleza  interlocutoria  que  la  sustrae  por  consiguiente  del ámbito del  recurso  extraordinario,  reservado  al  tenor del artículo 218 del C. de P.P.,  tratándose  de  la  casación  ordinaria  o  excepcional,  a  las sentencias de  segundo grado.   

          Reitera   la   Sala   en  este  punto,  entonces,  que  “resulta evidente que las providencias  judiciales  se  clasifican  en  sentencias  y  autos,  siendo  aquellas  las que  ordinariamente  ponen  fin  a una actuación procesal con reconocimiento expreso  de  la culpabilidad del procesado – sentencia condenatoria – o de su inocencia –  sentencia  absolutoria -, si de instancias se trata, o definen la casación o la  acción  de  revisión; y éstas, decisiones que si resuelven algún incidente o  aspecto  sustancial  del  proceso,  se denominarán “autos interlocutorios”,  para   diferenciarlos   de   los  de  sustanciación  que  se  ocupan  de  meros  trámites.   Sólo  por  excepción,  la Ley denomina “sentencia” a una  decisión  que en sede de casación invalida el proceso, en los demás casos, la  determinación  que  en  tal  sentido  tomen  los  jueces  en las instancias, es  naturalísticamente  un  “auto  interlocutorio”,  así  se haya pronunciado,  como   ocurrió   en   este   caso,   con   ocasión  de  la  revisión  de  una  sentencia.    Ha  dicho la jurisprudencia pacíficamente que no porque  se  tomen  diversas  decisiones dentro de un mismo cuerpo de providencia, cambia  la  naturaleza  jurídica  que  la Ley da a esas determinaciones; es apenas, una  práctica  que por economía procesal suele usarse en los estrados judiciales”  (sentencia  de  agosto 31 de 1995, M.P. Dr. Dídimo Páez Velandia).   

          Así  mismo,  que la naturaleza interlocutoria de una decisión, sea  que  se  adopte  en forma separada o en el cuerpo de una sentencia de instancia,  “impide  que  en su contra pueda plantearse censura  alguna  en sede de casación, pues este recurso extraordinario solamente procede  contra  sentencias,  específicamente  contra sentencias de segunda instancia”  (auto de julio 3 de 1996, M.P. Dr. Fernando Arboleda Ripoll).   

          En  el  orden  de  ideas  expuesto  resulta  claro que el Procurador  Judicial  con  su petición oficiosa esta atacando inapropiadamente en casación  una  decisión  de carácter interlocutorio y, así las cosas, mal puede la Sala  acceder   a  dicha  propuesta.               

          En  mérito  de  lo  expuesto, la Corte Suprema de Justicia, Sala de  Casación  Penal,  administrando  justicia  en  nombre  de  la  República y por  autoridad de la ley,   

RESUELVE  

                             NO  CASAR la sentencia recurrida.   

                  Cópiese,     devuélvase     al     Tribunal     de     origen    y  cúmplase,   

CARLOS  EDUARDO  MEJIA  ESCOBAR   

FERNANDO E. ARBOLEDA RIPOLL   JORGE  E. CORDOBA POVEDA   

No hay firma  

HERMAN   GALAN   CASTELLANOS               CARLOS  A.  GALVEZ ARGOTE   

          No hay firma   

JORGE    A.   GOMEZ   GALLEGO                  EDGAR LOMBANA TRUJILLO   

          No hay firma   

ALVARO    O.   PEREZ   PINZON                  NILSON E. PINILLA PINILLA   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

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