16449dic

2000

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso Nº 16449  

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente  

Dr. Carlos E. Mejía Escobar  

Aprobado Acta No. 208  

                                                

Bogotá   D.C.,  doce  (12)   de   diciembre  de  dos  mil  (2000).   

V   I   S   T   O   S    

Decide  la  Sala  el  recurso  de reposición  interpuesto  por  el  querellante en contra del auto inhibitorio dictado a favor  de la Senadora de la República INGRID BETANCOURT PULECIO.   

ANTECEDENTES     y     EL   RECURSO   

1.-            El  doctor  Ramón Zúñiga Valverde, ex  Magistrado  de  la Sala de Casación Laboral de la Corte Suprema de Justicia, se  querelló  en  contra  de la Senadora de la República INGRID BETANCOURT PULECIO  por  estimar  que  aquella  lo había injuriado y calumniado.  Ello habría  ocurrido  dentro  de  una  sesión  del  Congreso  de la República en la que la  Senadora  afirmó  “que  el  Dr. Ramón Zúñiga Valverde, ex Magistrado de la  Corte  Suprema de Justicia había suscrito como tal, sentencias favorables a los  intereses  de  personas  involucradas  en la problemática de corrupción que se  debate  en el Congreso y que ahora, como abogado defiende esos mismos intereses,  solicitando que su conducta debe ser investigada”.   

2.-            La  Corte Suprema de Justicia determinó  que  esas declaraciones estaban amparadas por la inviolabilidad que garantiza el  artículo  185 de la Constitución Política al haber sido emitidas dentro de la  función  de  control  político  que ejercen los Senadores y Representantes que  conforman   el   Congreso   de   la  República,  en  consecuencia  dictó  auto  inhibitorio.   

3.-            El  doctor  Zúñiga  Valverde interpone  recurso  de  reposición  en  contra  de tal providencia, fundamentado en que es  preciso  distinguir  entre  “opiniones” y “acusaciones o sindicaciones”,  así éstas hayan sido hechas en el Senado o en otros foros.   

Estima  que del contenido de las afirmaciones  de  la Senadora debe concluirse que lo que manifestó en contra de él no fue un  concepto  u  opinión,  sino  una  verdadera sindicación, pues lo señaló como  responsable  del  delito de prevaricato al acusarlo de haber suscrito sentencias  ilegales a favor de los corruptos.   

Considera  que el auto inhibitorio incurre en  el  error de estimar esa manifestación de la querellada como una opinión, pues  tal  tipo  de  aseveraciones  no  son  las  que  protege  el artículo 185 de la  Constitución  Nacional  o  el  6° ordinal 3° de la Ley 5ª de 1992.  Esa  decisión  deja  de lado la normatividad penal que define las conductas punibles  de  calumnia  e  injuria  que  es  donde deben enmarcarse las afirmaciones de la  Senadora   BETANCUR  PULECIO  al  atribuirle al querellante la comisión de  hechos punibles.   

Finaliza   reclamando   como  necesaria  la  práctica  de las pruebas que él solicitó con la presentación de la querella,  para   demostrar   que  la  conducta  que  le  endilga  la   querellada  es  inexistente,  que por tanto las afirmaciones de ella son mentirosas, calumniosas  e  injustamente  difamatorias.  Obrar  de  otra manera es reconocer la impunidad  parlamentaria,  pues  se  deja a las víctimas de tales delitos sin herramientas  para defender su honra, honor y buen nombre.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

1.-            El  auto inhibitorio que dictó la Corte  en  favor  de  la  Senadora  de  la  República  INGRID  BETANCOURT  PULECIO  se  fundamentó  en  la  demostración  de  que  las  expresiones calificadas por el  querellante  como  calumniosas e injuriosas, fueron hechas dentro de los debates  que  se  llevaron a cabo en el Senado de la República en las sesiones del 28 de  septiembre  y  el  5  de octubre de 1999, relacionado con los hechos irregulares  ocurridos alrededor de Foncolpuertos.   

A  partir  de  tal  hecho  y  considerando la  naturaleza    de    la    función    dentro   de   la   que   se  desarrolló  la  misma  –  control  político – y   a    la    forma   de   comisión   del   hecho  –  manifestación  de  opinión  -,  se  reconoció  la existencia de una causal de  impunidad  que  impidió  proseguir  con  la actuación e impuso la necesidad de  remitirla  al  Congreso  de la República, por el expreso mandato constitucional  contenido en el artículo 185 de la Carta.   

2.-            A tal decisión se opone el            querellante,  advirtiendo  que  es  necesario  que  la  Corte  diferencie  entre  opiniones  y  acusaciones  o  sindicaciones,  para  que  concluya  que si lo que se manifestó  dentro  de  un  debate parlamentario fue una de estas últimas, debe adelantarse  la   acción   penal   que   corresponda  por  los  punibles  de  injuria  o  de  calumnia.   

3.-            La  Constitución Política no establece  las  diferencias  que  el  recurrente  pretende que la Corte haga, para entrar a  calificar  si  lo  afirmado por un Congresista dentro del ejercicio de tal cargo  es  una  opinión  o  una  sindicación.    La  Carta  es  diáfana en  señalar  que  “los  Congresistas  serán  inviolables por las opiniones y los  votos  que  emitan  en  el  ejercicio  del  cargo,  sin  perjuicio de las normas  disciplinarias contenidas en el reglamento respectivo”.   

La claridad de la norma y la teleología de la  misma,  puesta  de  presente  por  la  Corte  en  el auto inhibitorio objeto del  recurso,  hacen  evidente  la  inconstitucionalidad de la diferenciación que el  recurrente  reclama.   De aceptarse tal tesis, por la vía de los análisis  semánticos   terminaría   desconociéndose   el   precepto   constitucional  y  promoviéndose   precisamente  lo  que  ella  precave,  que  es  “evitar  que los congresistas pierdan autonomía por temor a que sus  opiniones    puedan   utilizarse   para   denuncias   penales   en   su   contra  (inviolabilidad)”   pues  “la  inviolabilidad  en  cambio,  parece  necesaria  para  evitar  que  los debates políticos se impidan  mediante   acciones   penales   por   difamación   o   calumnia.”1   

.  

4.-            No  hay duda que dentro del ejercicio de  las  funciones  propias  de los Congresistas de la República y específicamente  en  aquéllas  que tienen que ver con el control político y los debates propios  de  esa  actividad  o  de  la  meramente  legislativa, éstos pueden incurrir en  conductas  que  de  alguna  manera afectan derechos de terceros. Sin embargo esa  eventualidad  no  puede  remediarse  afectando  la libertad de expresión de los  Representantes  y  Senadores,  para  –  bajo  amenaza  de  una  acción  penal –  imponerles deberes de los que la Carta los releva.   

La cesión de las acciones penales por injuria  y  calumnia  es el costo que los ciudadanos pagan por el mantenimiento del orden  democrático  de  la  República que tiene una de sus máximas expresiones en la  representatividad  que  a  través del sufragio se otorga a quienes son elegidos  Congresistas.   El  control  político  de los demás órganos del Estado a  través  del  ejercicio  parlamentario  no  puede  hacerse  en  ausencia  de una  protección  absoluta  de  la  libertad  de  expresión  de los Representantes y  Senadores  de  la  República,  para que puedan desempeñarse en los debates sin  más  talanqueras  que  su  propia  conciencia.   Ese  es,  por lo menos el  pensamiento del Constituyente colombiano.   

5.-             Pero   los   excesos   verbales  o  la  manifiesta      utilización      de     expresiones     que  conscientemente  afecten  el  honor,  la  honra  o  la intimidad de terceros, no  necesariamente  conducen  a una absoluta irresponsabilidad, dado que el concepto  técnico  jurídico  de  impunidad  se  reconoce  acá en el sentido estricto de  ausencia  de  acción  penal y por tanto de posibilidad de pena, impuesta por un  organismo judicial dentro de un proceso.   

La  propia  Carta  en  el  artículo  185  ha  señalado  que  la  inviolabilidad de los Congresistas por sus opiniones y votos  es  “sin  perjuicio  de  las normas disciplinarias contenidas en el reglamente  respectivo”.   Se  dispone así sustraer de la órbita de protección del  derecho   penal   ciertas   situaciones   particulares,  para,  por  razones  de  protección  de  los intereses de la democracia que son los de la generalidad de  los   asociados,   dejarlas  en  el  ámbito  del  autocontrol  de  las  propias  Cámaras.   

Así, son entonces los propios Congresistas a  través  de  sus  órganos  de  control  internos  los  que  pueden  valorar las  opiniones  vertidas  en  el  ejercicio  del  cargo,  para  determinar  si  ellas  constituyen  o  no  excesos  conscientes  que han afectado derechos concretos de  algún  particular  y  que  por  ello  deben  ser  disciplinados  con arreglo al  reglamento.   

En mérito de lo expuesto, La Corte Suprema de  Justicia, Sala de Casación Penal,   

R E S U E L V E  

NO REPONER el auto inhibitorio dictado a favor  de  la  Senadora  de  la  República  INGRID  BETANCOURT  PULECIO.   Por la  Secretaría  de  la  Sala  remítase  a  la  mayor brevedad posible, el presente  asunto, al Senado de la República, para los fines de ley.   

NOTIFIQUESE    Y    CUMPLASE           

EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

FERNANDO           ARBOLEDA  RIPOLL                         JORGE                                 E.                                 CORDOBA  POVEDA                      

CARLOS         A.        GALVEZ  ARGOTE                             JORGE A. GOMEZ GALLEGO   

                         

MARIO            MANTILLA  NOUGUES                               CARLOS E. MEJIA ESCOBAR   

                             

ALVARO         O.         PEREZ  PINZON                                 NILSON PINILLA  PINILL A   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria    

1.-  Informe  – Ponencia. Estatuto del Congresista. Alfonso Palacio Rudas y Otros, en  Gaceta  Constitucional.  Número  51.  16  de  abril  de  1991.  páginas  26  y  27.Negrillas fuera del texto     

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