16398(13-06-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    República de Colombia  

       

Corte Suprema de Justicia  

Proceso No 16398  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO PONENTE  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

APROBADO ACTA No.62  

Bogotá,  D.  C., trece (13) de junio de dos  mil dos (2002).   

VISTOS  

          Se  pronuncia la Sala sobre la admisión de la demanda de casación  presentada  por el defensor de MARINO DE JESÚS LÓPEZ  SOTO  contra  la  sentencia  dictada  por el Tribunal  Superior  de  Manizales  el 1º de junio de 1999, que confirmó en su integridad  la  expedida  por  el  Juzgado  Penal  del Circuito de Anserma el 9 de marzo del  mismo  año,  mediante  la  cual lo condenó a la pena principal de 25 años y 6  meses  de  prisión  y  a  la accesoria de interdicción de derechos y funciones  públicas  por  el término de 5 años y 6 meses, por los delitos de homicidio y  porte ilegal de arma de defensa personal.   

HECHOS Y ACTUACIÓN  PROCESAL  

          Aquellos  y  esta  ocurrieron en vigencia del Decreto 2700 de 1991.  En efecto:   

         

          En  la  mañana  del 4 de julio de 1998, HENRY AUGUSTO SOTO GUEVARA  le  reclamó  a  su  primo  MARINO  DE  JESÚS LÓPEZ  SOTO  por  una ofensiva frase que acababa de decirle,  recibiendo  como  respuesta  una invitación a que se encontraran a la una de la  tarde  en  el  potrero.  En  ese  sitio,  cuando HENRY AUGUSTO levantó su brazo  armado  de machete contra MARINO DE JESÚS,  disparó  éste  toda la carga del revólver que llevaba para la  ocasión  haciendo  blanco  por  cuatro  ocasiones  en el cuerpo de su pariente,  quien falleció en el acto.   

         

          En  desarrollo  de  la  instrucción,  el  6  de octubre de 1998 se  calificó  su  mérito  con  resolución  de acusación por homicidio y porte de  armas,  el  9  de  marzo de 1999 el Juzgado Penal del Circuito de Anserma dictó  sentencia  condenatoria  y  el Tribunal Superior de Manizales la confirmó en su  integridad el 1º. de junio de 1999.   

LA DEMANDA  

          Con  apoyo en el numeral primero, inciso segundo, del artículo 220  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  el  defensor  del  procesado  acusó la  sentencia  por  violar  de manera indirecta la ley sustancial porque el fallador  incurrió  en “ostensibles  errores  de  hecho (falsos juicios de existencia e identidad) en la apreciación  de  diversos  medios probatorios (artículos 246, 247, 250, 264, 290, 294 del C.  de  P.P.)”,  lo  que  lo  indujo  a  aplicar  indebidamente los artículos 23, 26, 27, 29, 41, 42, 46, 52,  61,  68,  72,  103,  106, 107 y 323 del Código Penal y a no tener en cuenta los  artículos  2  y  29,  inciso 4, del mismo estatuto. En subsidio, señala que la  norma  inaplicada  fue la contenida en el artículo 30 del citado código, en lo  relativo  al  exceso  en  la  legítima defensa. Aclara que la censura se dirige  sólo a la condena por el delito de homicidio.   

          Para  sustentar  el cargo, manifiesta el demandante que el Tribunal  apreció  erróneamente  los  testimonios de WILLIAM DE JESÚS SOTO CLAVIJO y de  EDISON  ANDRÉS  MEDINA  SOTO,  de  los  que  concluyó  la  inexistencia  de la  legítima defensa pregonada por el procesado.   

          Con   relación   al  primero,  dice  que  menciona  dos  elementos  esenciales  para  demostrar la causal de justificación: que el occiso esgrimió  el  machete antes de que el procesado sacara el revólver, y que éste previno a  aquél  para  que no se acercara. La otra versión contradictoria en que incurre  el  testigo y que el Tribunal aceptó, según la cual MARINO LÓPEZ ya tenía el  revólver  en  la  mano  cuando  HENRY  SOTO  sacó  la  peinilla,  considera el  libelista  que  no  es  de  recibo  porque la primera, en sentido contrario, fue  expuesta  por  el  declarante  en  su  versión inicial ante la fiscalía cuando  tenía  más  fresca  la memoria de lo acontecido. Concluye el demandante que si  el  Ad  quem  hubiera  apreciado  este  testimonio sin desnaturalizarlo, habría  aceptado la legítima defensa.   

          Sobre  el  segundo,  afirma que el Tribunal le dio credibilidad sin  considerar  que  a  200  metros  de distancia es muy difícil establecer en qué  momento  se  saca  un  revólver.  Además,  si el testigo dice que “HENRY  sólo  tuvo tiempo de levantar  la    peinilla    nada    más,    MARINO    le    disparó    a    HENRY   casi  inmediatamente”,  desvirtúa     la    versión    inicial    según    la    cual    “MARINO  le quemó primero a HENRY, ya  el   otro   sacó   la  peinilla  pero  no  tuvo  tiempo  de  usarla”.  Reseña  algunas  expresiones  del  testigo,  para  concluir  que  se  trata  de  la  reproducción  de  testimonios  familiares,  inaceptables  por  sospechosos  conforme con la regla del artículo  217  del  Código de Procedimiento Civil. Sin embargo, la misma prueba que el Ad  quem  tuvo  en  cuenta  para  negar  la legítima defensa sirve para concederla,  porque   acredita  la  agresión  de  HENRY  que  levantó  la  peinilla  contra  MARINO.   

          Lamenta  que  no  se realizara inspección judicial al lugar de los  hechos,  lo  que hubiera disipado muchas dudas. Le reprocha al Tribunal no haber  advertido  las  grandes  deficiencias de este testimonio, que no fue responsivo,  exacto  ni  completo.  Además,  si  se relaciona con el anterior, se ve que las  cosas  no  sucedieron  como  dice  este  testigo,  porque antes de que sonara el  primer  disparo  intervino  William  Soto  y  Henry  se  dirigió  hacia  Marino  demostrando su ánimo agresivo.   

          Aunque  anota  que  fueron  estos  dos los testimonios “apreciados   y   aprobados   por  el  Tribunal”,  se  ocupa en  examinar  otras  declaraciones  de personas que no presenciaron los hechos y que  por  tratarse  de  parientes  de  víctima  y  victimario resultan sospechosas e  introducen  matices  que  revelan  al  procesado como expendedor de drogas y con  intención  de  matar  a  HENRY  desde  días  antes.  Sin  embargo, dice que el  fallador  distorsionó  y  tergiversó  el  testimonio de MIRIAM DEL CARMEN SOTO  CLAVIJO  porque  dedujo  del  comentario  de  haber  escuchado  decir  a  MARINO  “es  que yo por Dios que  lo  mato”  la intención  previa  de  matar, conclusión equivocada porque si se repara en que también le  dijo  a  ella “él me tira  y  yo  lo mato”, lo que en  realidad  quiso  decir  era  que  si  HENRY lo atacaba él le respondería a esa  agresión,  máxime  que  los  ánimos  estaban  exaltados  y esas palabras eran  expresión  de  rabia,  no  de voluntad. Por el contrario, dos hechos revelan la  intención  de  no matar: MARINO le advirtió a HENRY que no se acercara, que lo  mataría;  y,  fue  HENRY  quien  agredió a MARINO. En esta medida, el Tribunal  violó  la  ley  por  desconocimiento  de una prueba, pues acepta la advertencia  pero  no  le  da  valor,  que  es lo mismo que si no existiera; y no admite como  probado  el  segundo  hecho, incurriendo en error por inadecuada apreciación de  la  prueba  porque desconoce el informe de la Fiscalía y los testimonios que lo  acreditan, con lo que hace decir a uno y otros lo que no dicen.   

          Se  refiere  también al testimonio de LUZ AMANDA SOTO CLAVIJO, del  que   únicamente   dice   que  por  no  referirse  a  los  hechos  sino  a  las  circunstancias  antecedentes nada aporta al tema de la legítima defensa, aunque  admite  que  puede  contribuir  a  esclarecer la voluntad de los actores pero no  determina   necesariamente   el  móvil  y  tampoco  descalifica  la  causal  de  justificación  que  los  hechos  demuestran,  como que su cliente actuó por la  necesidad  de  defender  su  vida  de  una  agresión  injusta -el ataque con el  machete-  y actual -primero se esgrimió esa arma- y la defensa fue proporcional  a  la agresión porque tanto machete como revólver pueden ocasionar la muerte y  como  éste  se  accionó  a  tres  metros,  no  disponía  de  la ventaja de la  distancia.  Tampoco es cierto, como dice el Tribunal, que HENRY sólo tuviera un  arma,   porque  también  portaba  una  navaja  automática;  ni  que  existiera  desproporción,  porque  a  tres  metros  un  machete  es  tan  mortal  como  un  revólver.   

          Bajo    el    título   “falsos          juicios          de          existencia”,   el   libelista  seguidamente  le  reprocha  al  fallador  haber  ignorado  el testimonio de WILLIAM DE JESÚS SOTO  CLAVIJO  en  cuanto  la  advertencia  que  MARINO  le  hizo a HENRY de que no se  acercara  y  la  secuencia  de  las  acciones; de los testimonios de JUAN RAMÓN  MUÑOZ,  MARÍA  DOLORES  ALZATE  y  GABRIEL  ANTONIO  MAFLA  ZAPATA  porque los  desconoce  al  descalificarlos  de  plano,  tratándolos  de  perjuros  pero sin  ordenar  que  se les investigara, perdiendo la visión de la prueba que acredita  la legítima defensa.   

En  realidad, las contradicciones que el Ad  quem  destaca se hubieran podido dilucidar con la inspección que no decretó el  juez  pese  a  la petición del defensor; y tampoco es aceptable la sospecha que  construye  a partir de la procedencia de los testimonios, porque el hecho de que  fueran  buscados  por  la  actividad de la defensa no les resta credibilidad, la  que  de  todas  maneras  esperaba  que se confrontara en la inspección judicial  dentro  de  la cual debían rendirse, dejando sin respuesta muchas preguntas que  el  juzgador  resolvió en contra del procesado con violación del principio del  in dubio pro reo.   

          Igualmente,     bajo     idéntico    título    de    “falsos        juicios        de  existencia” le censura al  Tribunal  haber  tergiversado  y  distorsionado  los  testimonios  de WILLIAM DE  JESÚS,  MIRIAM  DEL  CARMEN   y  LUZ  AMANDA  SOTO  CLAVIJO, MARTHA LUCÍA  RAMÍREZ  SOTO,  MARÍA  GILMA  GUEVARA GRAJALES y EDISON ANDRÉS MEDINA SOTO, a  quienes  se  les  hace decir lo que no dicen: que MARINO enardeció el ánimo de  HENRY y lo retó a duelo.   

          Similares  errores  se  derivan,  a juicio del demandante, de haber  ignorado  la  existencia  del  acta  de  inspección  del  cadáver en cuanto al  hallazgo  en  un bolsillo del pantalón de la víctima de una navaja automática  que  desdibuja  aun  más  la  desproporción  a  que alude el Tribunal, y de la  necropsia  que señala que la muerte se produjo por las lesiones ocasionadas con  tres  proyectiles,  no con cuatro como dijo el fallador, error que a pesar de no  ser determinante muestra que no se juzgó con ánimo desprevenido.   

          Ignoró  así  mismo el informe rendido por la Fiscalía General de  la  Nación  en  el  que  se  insertan  expresiones esclarecedoras de WILLIAM DE  JESÚS  SOTO CLAVIJO que hubieran contribuido de manera decisiva a establecer la  legítima defensa.   

          Finalmente  se  refiere a la indagatoria del procesado, en la que a  su  juicio  se produce la confesión calificada que el Tribunal no acepta porque  la  considera  desvirtuada, lo que constituye otro error del fallador porque los  medios  probatorios  confirman  la  legítima  defensa  o no la niegan o guardan  silencio  al respecto, y en cualquiera de los tres casos se le debe dar el valor  que le corresponde.   

          Como  petición  principal,  solicita  que  se case parcialmente la  sentencia  y en su lugar se absuelva al procesado por el delito de homicidio por  haber  actuado en legítima defensa de su vida; en subsidio, que se le reconozca  el  exceso en la citada causal de justificación.   

         

CONSIDERACIONES DE LA SALA  

          La  Corte  inadmitirá  la  demanda  pues,  como  se  advierte  con  claridad  del  resumen  que  acaba  de  hacerse,  no  cumplió  el  libelista el  requisito  contenido  en  el  numeral  3º.  del  artículo  225  del Código de  Procedimiento  Penal  de  1991  -aplicable ahora porque regía para la época en  que   fue  proferida  la  sentencia  impugnada-,  según  el  cual  “La   demanda  de  casación  deberá  contener:  …  3.  La  enunciación  de  la  causal y la formulación del cargo  indicando  en  forma  clara  y  precisa  sus  fundamentos  y  las  normas que el  demandante estime infringidas.”   

          En  su  lugar,  como si se tratara de un alegato de instancia en el  que  se  puede  formular  libremente  cualquier  consideración  que  se  estime  necesaria  respecto  de la valoración de la prueba y cuestionar la apreciación  que  de  ella  consignen  en  la  oportunidad pertinente el fiscal o el juez, el  demandante  elaboró  un  escrito  en el que abundan sus personales concepciones  sobre  la  manera  como  debería interpretarse un determinado testimonio o como  podría  solucionarse  alguna  contradicción  que  se  evidencie en el dicho de  algún  testigo,   para  reprocharle  al  Tribunal  que lo hubiera hecho en  sentido  distinto al deseado por él, olvidando que en la casación de lo que se  trata  es de enjuiciar una sentencia que llega a esta sede precedida de la doble  presunción  de  acierto  y  legalidad,  que  sólo  se  desvirtúa  mediante la  demostración  de  yerros  protuberantes  que  tengan  directa  incidencia en el  fallo.   

Precisamente  por  esta  razón, la censura  debe  ceñirse  estrictamente  a  la  exigencia  que  ahora se echa de menos, es  decir,  a  la  manifestación  concreta  del error o errores en que incurrió el  fallador,  su demostración y la trascendencia en el sentido de la decisión, de  manera   que   bastaría   remover   el   equívoco   para   que  ésta  variara  sustancialmente.   

          No  resulta adecuado por consiguiente, se insiste, pretender oponer  a  la  valoración  que  hace  el  Ad  quem  la que el demandante considera más  ajustada  a  la perspectiva defensiva que maneja, para afirmar, vgr., que frente  a  supuestas  contradicciones  en  que incurre el testigo WILLIAM DE JESÚS SOTO  CLAVIJO  “creemos tiene la  mayor   fidelidad”  la  versión     inicial     que     a    juicio    del  accionante   favorece   su  tesis  de  la  legítima  defensa.   

          El  ejemplo  que  se  utiliza,  tomado  de las propias palabras del  casacionista,  muestra  que  a  la sede de casación no se arriba para proseguir  una   justa  probatoria  que,  se  entiende,  ha  quedado  agotada  en  las  dos  instancias.  A  la casación se debe llegar con el propósito claro de demostrar  errores  protuberantes  de  los jueces y no de intentar, una vez más, anteponer  criterios   particulares  a  las  valoraciones  probatorias  realizadas  por  la  justicia.   

          Añádase  a  los inocultables defectos en la técnica de casación  hasta  ahora  reseñados,  este  otro  que pugna con la lógica y encierra en su  propia  formulación  una  insalvable  contradicción:  si en el falso juicio de  existencia,  como  su  nombre lo indica, la prueba simplemente no existe para el  fallador  aunque  sí  en  el proceso -falta de apreciación de la prueba- o sí  existe  para  el  juez  pero  no  obra  en  el proceso -falsa apreciación de la  prueba-  mientras que en el falso juicio de identidad la prueba que existe tanto  para  el  fallador  como  en  el  expediente  es  tergiversada,  distorsionada o  desfigurada  por  el juez, no es posible que en la demostración del mismo cargo  se  pueda  sostener  que respecto del mismo medio de convicción se ha efectuado  un   falso   juicio   de  existencia  y  un  falso  juicio  de  identidad,  como  equivocadamente  lo  plantea  el  casacionista  respecto  de  los testimonios de  WILLIAM  DE  JESÚS  SOTO  CLAVIJO  y  EDISON  ANDRÉS  MEDINA SOTO que  considera  fueron  cardinales  para  proferir la sentencia de condena.   

          En  yerro  semejante  incurre  el  censor  cuando  le  reprocha  al  Tribunal  haber ignorado la existencia de los testimonios de JUAN RAMÓN MUÑOZ,  MARÍA  DOLORES  ALZATE  y  GABRIEL ANTONIO MAFLA ZAPATA para afirmar a renglón  seguido      que      fueron      “desechados  por  el  Ad-quem en razón a considerarlos resultado de  un    montaje    de    la    defensa”,  porque  entonces sí los valoró el Tribunal, sólo que no en el  sentido y con el alcance que pretendía el demandante.   

          Finalmente  -con  las  voces del actor-, que el fallador no hubiera  advertido  que  HENRY  SOTO portaba además del machete una navaja automática o  que  su  muerte  se  produjo no por los cuatro sino por tres de los disparos que  hicieron  blanco  en  su  cuerpo  o  que  la  fiscalía hizo en la audiencia una  pregunta   partiendo  de  un  supuesto  que  no  era  cierto,  son  afirmaciones  absolutamente   intrascendentes   a  las  que  sólo  se  hace  referencia  para  corroborar  que,  como  se  dijo  desde  el  inicio de esta providencia, toda la  demanda  constituye  un  escrito de instancia en el que, utilizando equivocada e  indiscriminadamente  conceptos técnicos como falso juicio de existencia o falso  juicio  de  identidad, se pretende reabrir un debate ya completamente clausurado  en  las  sedes anteriores, con la intención evidente de ofrecer una valoración  de  la  prueba  opuesta  a la que realizó el Tribunal pero sin señalar ningún  error  de  hecho  que  le  fuera  atribuible,  ni  mucho  menos que hubiese sido  determinante  para  dictar  la  sentencia  de condena que cuestiona.           

             En mérito de lo expuesto, la Sala de Casación Penal de la  Corte Suprema de Justicia,   

         

RESUELVE  

                              Inadmitir   la   demanda  de  casación  presentada  por el defensor de MARINO DE JESÚS LÓPEZ  SOTO.   

              Contra esta providencia no  procede recurso alguno.   

Comuníquese y cúmplase.  

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL            JORGE E.  CÓRDOBA    POVEDA                        

HERMAN   GALÁN   CASTELLANOS                              CARLOS    A.    GÁLVEZ  ARGOTE   

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO                                 EDGAR      LOMBANA  TRUJILLO   

CARLOS  EDUARDO  MEJÍA ESCOBAR              NILSON  PINILLA PINILLA   

         

         

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

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