13645(22-08-02)

2002

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 13645  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA   DE   CASACION  PENAL   

Magistrado Ponente  

Dr.  JORGE CÓRDOBA  POVEDA   

Aprobado acta N°  95  

Bogotá,  D.  C.,   veintidós (22) de  agosto de dos mil dos (2002).   

         

V   I   S   T   O  S   

Decide  la  Corte  el  recurso de casación  interpuesto  contra la sentencia proferida por el Tribunal Superior de Neiva, el  5  de  mayo  de  1997,  en  la que al confirmar la del Juzgado Segundo Penal del  Circuito  de  Garzón (Huila), fechada el 14 de marzo del mismo año, condenó a  PEPÍN  MÉNDEZ  COLLAZOS a  la  pena  principal  de 8 años y 4 meses de prisión, a la accesoria de rigor y  al  pago  de  los perjuicios, como autor del delito de homicidio atenuado por la  ira.   

         H E C H O S   

Fueron sintetizados así por el juzgador se  segundo grado:   

         “En la vereda El Caguán del municipio  de  Garzón, las familias URRIAGO ROBLES y MÉNDEZ COLLAZOS poseían unos fundos  rurales;  estos  últimos  acostumbraban  a soltar algunos caballares en potrero  cercano  a  la  sementera  de  la  primera hasta donde se pasaban y dañaban sus  cultivos,  por  ende,  LUIS  CALIXTO  los  sacaba lejos de allí obligándolos a  buscarlos  en  otro lado. Pese a sus advertencias volvía a ocurrir el incidente  argumentándole a aquellos que debían arreglar los cercos.   

         “El  27  de  diciembre  de  1995,  los  MÉNDEZ   COLLAZOS   no  encontraron  ‘las         bestias’,  por  lo  que  FERMÍN  y  HENRY,  a eso de las 10 a.m., fueron a  averiguárselas  a  CALIXTO  URRIAGO  CARVAJAL,  quien  luego  de  un  altercado  disparó  contra  FERMÍN  quien  se  retiró  herido cayendo muerto metros más  adelante;  HENRY  corrió  a  dar  aviso a su familia regresando aproximadamente  media     hora     más    tarde    –dada    la    distancia   entre   las   dos   viviendas–  acompañado  de su progenitora, sus  hermanos  PEPÍN y LUIS ALFONSO y HERNÁN URRIAGO pariente del hoy occiso, quien  se  encontraba  con  ellos.  Luego  de  comprobar  el  fallecimiento de FERMÍN,  subieron  a  reclamarle  a  LUIS CALIXTO, quien nuevamente salió armado, PEPÍN  forcejeó  con  él y le tumbó la escopeta, para luego resultar también muerto  URRIAGO  por las múltiples heridas inferidas por éstos con machete”.        

         ACTUACIÓN  PROCESAL   

Con   fundamento  en  las  actas  de  los  levantamientos  de los cadáveres y en el testimonio del menor Alexander Urriago  Robles,   la  Fiscalía 16 Delegada ante los Jueces Penales del Circuito de  Garzón,  el  18  de  diciembre de 1995, profirió resolución de apertura de la  instrucción.   

Escuchados  en  indagatoria  Luis  Alfonso  Méndez  Collazos, Pepín Méndez Collazos  y  Henry Méndez Collazos y allegadas unas pruebas, la situación  jurídica   les   fue   resuelta  con  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva,  por  el delito de homicidio, según resoluciones fechadas el 3 y el  17 enero de 1996.   

Recibidas varias declaraciones, practicadas  unas   inspecciones   judiciales  y  ampliada  la  indagatoria  de  Pepín  Méndez,  la  investigación  se  cerró  el  26  de  marzo  de  1996  y el 25 de abril siguiente, se calificó el  mérito  del  sumario  con  resolución  de  acusación en contra de los citados  procesados,  por  el  delito  de homicidio agravado (artículo 324.7 del Decreto  100   de  1980,  modificado  por  el  artículo  30  de  la  Ley  40  de  1993),  reconociéndoseles  la  diminuente  punitiva  que consagraba el artículo 60 del  citado Decreto.   

Inconforme  con  la  anterior decisión, el  defensor  de  los  acusados  interpuso  el  recurso de apelación, el que al ser  desatado,  el  4  de  junio  de  1996, fue confirmada por la Unidad de Fiscalía  Delegada ante el Tribunal Superior de Neiva.   

El expediente pasó al Juzgado Cuarto Penal  del  Circuito  de  Garzón  que,  por  auto  del 12 de junio de dicha anualidad,  avocó  conocimiento  de  la  actuación,  dispuso  el  traslado que ordenaba el  artículo  446  del  C.  de  P. Penal y decretó la práctica de varias pruebas,  entre   ellas,   un   reconocimiento  psiquiátrico  al  procesado  Pepín  Méndez  Collazos, diligencia que  no  se  llevó  a  cabo,  por  cuanto no fue trasladado al Instituto de Medicina  Legal de Ibagué.   

Con  base en la solicitud presentada por la  defensa  y  teniendo  en  cuenta  el  resultado  de  los  medios  de convicción  practicados,  el  citado  juzgado,  mediante providencia del 20 de septiembre de  1996,  cesó  toda  actuación  a  favor  de  los  acusados Luis Alfonso y Henry  Méndez    Collazos,   “por   haberse   comprobado  plenamente   que   no   cometieron   el   delito   de   homicidio   que  se  les  imputó…”.   

Celebrada   la  diligencia  de  audiencia  pública,  el  mismo  Juzgado,  pero  con  la  nomenclatura de Segundo Penal del  Circuito,  dictó  sentencia  de primer grado, el 14 de marzo de 1997, en la que  condenó   a   Pepín  Méndez  Collazos  a  la  pena  principal  de  8  años  y 4 meses de prisión, a la  accesoria  de  rigor  y  al  pago  de  los  perjuicios, como autor del delito de  homicidio simple, atenuado por la ira.   

Apelada  la  anterior determinación por el  defensor  del  procesado,  el Tribunal Superior de Neiva, al desatar el recurso,  el 5 de mayo siguiente, la confirmó en su integridad.   

         LA  DEMANDA  DE  CASACION   

El  defensor  público  del  procesado,  al  amparo  de  la  causal  tercera de casación, presenta un único cargo contra la  sentencia  del  Tribunal, por cuanto advierte que se dictó en un juicio viciado  de  nulidad,  toda vez que no se practicó el examen psiquiátrico ordenado para  determinar  el  estado  mental del procesado y, por ende, establecer que al  momento  de  ejecutar el hecho era inimputable, por lo que se pretermitieron las  formas  propias  del  debido  proceso, como lo ha señalado la jurisprudencia de  la  Corte.   

Dice que en el presente asunto existe prueba  seria  y  verosímil que permite suponer que su defendido, al momento de cometer  la  conducta  punible,  se hallaba en estado de inimputabilidad, “por   trastorno   mental   transitorio  que  hacía  imperativa  la  práctica  de  una pericia psiquiátrica, tal como lo ordenó la señora juez de  primera  instancia,  sin  llevarse  a cabo, por carencia de medios y presupuesto  (en  la  cárcel)  necesarios  para  el  traslado  del  procesado a la unidad de  psiquiatría en Ibagué”.   

Sostiene que dentro del término de traslado  que  ordenaba  el artículo 446 del Decreto 2700 de 1991, solicitó la práctica  de  la  citada  prueba,  la que fue ordena por auto del 6 de agosto de 1996. Sin  embargo,  afirma que la sicóloga forense de Neiva informó que en esa ciudad no  había psiquiatra que realizara la experticia.   

Acota:  

“La Sección de  Neuropsiquiatría  Forense  del  Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias  Forenses    –Seccional  Tolima–   citó   al  procesado  en  dos  oportunidades:  para  el 4 de octubre de 1996, a las 2 de la  tarde, y para el 14 de noviembre de 1996, a las 9 de la mañana.   

“Consta  en el  proceso  que  la  Dirección  de  la  Cárcel  del  Municipio de Garzón no pudo  trasladar  al interno para que se le practicara el examen psiquiátrico, primero  por  falta  de  personal  de custodia y vehículo y, luego, por falta de dinero,  sugiriendo que señalara nueva fecha, para el año siguiente.   

“Probado está  que  se decretó y nunca se practicó este examen, reclamado aun por el defensor  especial  del  sindicado  en  el  memorial  con  el  que sustentó el recurso de  apelación   contra   el   fallo   condenatorio   de   primer  grado”.       

En  el acápite que llamó “LA     IRA     COMO     GENERADORA     DE     TRASTORNO     MENTAL  TRANSITORIO”,  luego de citar a unos doctrinantes,  asevera  que  la  ira  puede  producir un trastorno mental transitorio que lleve  a   la  persona  a  ser  inimputable,  por  cuanto hace que “pierda  o  se  vea  profundamente  trastornada  en su capacidad de  comprender  la  ilicitud  de  su comportamiento o de determinarse de acuerdo con  esa   comprensión”,  lo  que  corrobora  con  los  comentarios de un doctrinante referidos a la ley penal italiana.   

Agrega  que  uno  de los integrantes de la  Comisión  Redactora  del  Anteproyecto  del Código Penal de 1974, señaló que  los  trastornos  emocionales  debían  ser  tratados en forma especial, mientras  otro  sostuvo  que, según las circunstancias, pueden ser tratados como causales  de   inimputabilidad   o   como   simples   fenómenos  de  disminución  de  la  punibilidad.   

Como   normas   transgredidas  cita  los  artículos  29 de la Constitución Política, en lo que atañe al debido proceso  como  máxima garantía, 249, 305 y 333 del C. de P. Penal, así como los Pactos  Internacionales sobre la materia.   

Por lo expuesto, solicita a la Corte casar  la  sentencia  impugnada  y,  por ende, declarar la nulidad de todo lo actuado a  partir,   inclusive,   de   la   resolución  mediante  la  cual  se  cerró  la  investigación.   

ALEGATOS  DEL   NO  RECURRENTE   

El  Procurador 137 Judicial II en lo Penal  sostiene  que en el proceso no existen elementos de convicción que indiquen que  el  procesado,  al  momento  de  cometer  el  hecho,  se  hallaba  en  estado de  inimputabilidad    que    le    impidiera   comprender   la   ilicitud   de   su  conducta.   

Afirma que sin desconocer que el procesado  siempre  narró  la  existencia  de  un  miedo que le ocasionó ver a su hermano  muerto  como  consecuencia  de  un  disparo,  sin  embargo,  a su juicio, lo que  originó  fue  un  deseo  posterior de venganza, lo que lo condujo a que con sus  hermanos     fuera     a     la     residencia    del    agresor,    atacándolo  inmisericordemente.   

Por   lo   tanto,  concluye  que  en  el  diligenciamiento  no se transgredió el contenido del artículo 333 del C. de P.  Penal,  por  lo  que  solicita  a  la  Corte  no  acoger  las  pretensiones  del  libelo.   

CONCEPTO DEL PROCURADOR   

SEGUNDO DELEGADO EN LO  PENAL   

Dice  que  la  omisión en la práctica de  pruebas  genera  una  violación del principio de investigación integral y, por  lo  mismo,  a  las garantías del debido proceso y del derecho de defensa, en la  medida  en  que  se demuestre la trascendencia del elemento del juicio echado de  menos,  es  decir,  que  de  haberse  incorporado  al  expediente necesariamente  habría   reportado   una   variación  al  compromiso  de  responsabilidad  del  acusado.   

Asevera que si bien, en el presente asunto,  al   procesado   no   se   le   realizó   el   examen  psiquiátrico  ordenado,  “no  lo  es  menos  que su práctica por manera se  reportaba  indefectible,  en  el  entendido  que  de  la actuación, sin mayores  esfuerzos,  era  posible  colegir  que  Méndez  Collazos  en modo alguno se vio  afectado  por  un  trastorno mental a consecuencia del estado de ira que para el  momento   de   los   hechos   padeció,   toda  vez  que  aquellas  proyecciones  comportamentales  que  exhibió  con  anterioridad,  en forma simultánea y, con  posterioridad   a   la   comisión   del  ilícito,  fundadamente  así  nos  lo  indica”.   

Luego  de referirse a algunas afirmaciones  hechas  por el procesado en la indagatoria, anota que el cargo se reporta inane,  como  quiera que no se advierte la vulneración de las garantías del procesado,  por  lo  que  resultan  insuficientes  las  hipótesis  que  plantea  la defensa  respecto  de  las  circunstancias  que  rodearon  el  hecho,  en  especial en lo  relacionado  con  las  armas  empleadas  y al número de lesiones inferidas a la  víctima.   

Después  de  reconocer  que  la ira puede  desencadenar  un  trastorno  mental  transitorio, lo que aquí no es predicable,  sugiere a la Corte no casar la sentencia impugnada.   

        CONSIDERACIONES DE LA CORTE   

1. El demandante acusa  al  Tribunal  de  haber  dictado  sentencia en un juicio viciado de nulidad, por  violación  del  debido  proceso,  al  haberse  desconocido  el  postulado de la  investigación  integral,  ya  que  al  procesado  no  se  le realizó el examen  psiquiátrico  ordenado  para  determinar  su  salud  mental  al  momento  de la  comisión  de  la  conducta  punible  y,  consecuencialmente,  establecer que se  hallaba en situación  de inimputabilidad.   

2. El cargo no puede tener éxito, por falta  de técnica y de razón, así:   

2.2. Como reiteradamente se ha sostenido por  la      jurisprudencia      de      la     Sala1,   cuando   se   reclama   el  quebrantamiento   del  principio  de  investigación integral, no basta con  indicar  cuál  o  cuáles  fueron  los  medios de convicción no aducidos,  sino  que  se  debe  evidenciar  su  pertinencia, conducencia y utilidad y,  particularmente,  su  trascendencia,  que  no  emana  de  la prueba en sí misma  considerada,  sino   de  su  confrontación  lógica  con  los  medios  que  sustentaron  el  fallo, en forma tal que aparezca que de haberse llevado a cabo,  aquél  hubiera  sido  distinto y favorable al acusado, carga que no cumplió el  casacionista.   

2.2. Además, tampoco  le   asiste  razón,  pues  si  bien  es  cierto  que  en  la  etapa  de juicio se decretó la práctica del  multicitado  examen  psiquiátrico,  que  no  se realizó por causas ajenas a la  administración  de justicia, del expediente se infiere, como lo concluyeron los  falladores,   que  el  procesado  al  ejecutar  el  hecho,  así  se  encontrara  perturbado  por  la  emoción  de  la  ira,  tenía capacidad para comprender la  ilicitud   de   su   comportamiento   y  de  determinarse  de  acuerdo  con  esa  comprensión.   

Así, en las diversas  intervenciones  procesales,  el acusado Pepín Méndez Collazos, de manera clara  y  detallada,  narró  las circunstancias que rodearon los hechos, indicando que  su  presencia  en la casa del agresor de su hermano tuvo como fin reclamarle por  haberle   causado   la  muerte,  relatando,  igualmente,  que  Urriago  Carvajal  salió   y  lo  amenazó  con  una escopeta, razón por la cual procedió a  quitársela  y  a propinarle múltiples golpes con machete, lo que es indicativo  de  que no fue afectado, en ese instante, de trastorno mental transitorio que lo  tornara inimputable.   

Al efecto, el Tribunal  consideró:   

“Esta   forma  coherente  de  relatar  todo  lo  acaecido  demuestra  que  era consciente de sus actos, desde luego actuando bajo  la  emoción  violenta de la ira al ver muerto a su hermano, de ahí que así su  ánimo  no fuera sereno al ir a efectuarle ‘el  reclamo’  por tan  grave  hecho,  tenía  capacidad  para  comprender la ilicitud y determinarse de  acuerdo  con  esa  comprensión,  valga  decir,  que  no puede, en consecuencia,  reputarse  como  inimputable,  pues  la  ira no obnubiló su conciencia y no era  necesario  el  experticio  para  establecer  su  estado  mental  en  ese momento  –pedido  por  el defensor en la etapa probatoria  del                  juicio–, el cual  no  pudo llevarse a cabo ante la falta de recursos para el traslado del detenido  hasta    Ibagué,    por   no   contar   en   esta   capital   con   el   perito  especializado”.   

Por  las  anteriores  razones, el cargo no prospera.   

Acotación  final   

En  lo  que  hace relación al principio de  favorabilidad,  por  razón del tránsito de legislación, toda vez que el 25 de  julio  de  2001  entró  en  vigencia  la  Ley  599 de 2000, mediante la cual se  expidió  el  nuevo  Código  Penal,  su  análisis  le  corresponde  al juez de  ejecución  de  penas  y  medidas  de  seguridad, al tenor de lo dispuesto en el  numeral  7°  del artículo 79 del nuevo Código de Procedimiento Penal (Ley 600  de 2000).   

En   mérito   de  lo  expuesto,  la  CORTE  SUPREMA  DE  JUSTICIA,  SALA     DE     CASACIÓN    PENAL,    administrando  justicia  en  nombre de la República y por autoridad  de la ley,   

R   E  S  U  E  L  V  E   

NO   CASAR  la  sentencia recurrida.   

Contra  esta  decisión  no procede recurso  alguno.   

Cópiese,  comuníquese  y  devuélvase  al  Tribunal de origen. Cúmplase.   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

FERNANDO  ARBOLEDA  RIPOLL                           JORGE  E.  CÓRDOBA  POVEDA   

HERMAN   GALAN  CASTELLANOS                         CARLOS  A.  GÁLVEZ  ARGOTE                               

JORGE  ANIBAL  GÓMEZ GALLEGO                               EDGAR      LOMBANA  TRUJILLO                                    

CARLOS   E.  MEJIA  ESCOBAR                                        NILSON E. PINILLA PINILLA   

No hay firma  

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

          Secretaria     

1  Ver, entre otras, casación 16463, marzo 12 de 2001.  M. P. Dr. Jorge Anibal Gómez Gallego.     

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