16388ago

2000

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso Nº 16388  

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA DE CASACIÓN PENAL  

Magistrado Ponente:  

Dr. JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO  

Aprobado Acta N° 146  

          Bogotá, D. C., treinta y uno de agosto de dos mil.   

VISTOS  

          En  relación  con  la  sentencia  condenatoria de segunda instancia  fechada  el  26  de  mayo  de  1999, producida por el Tribunal Superior de Cali,  propuso    casación   el   defensor   del   procesado   PEDRO   ANTONIO   REINA  SANCLEMENTE.   

          La  Corte  examinará  la admisibilidad de la respectiva demanda, de  acuerdo   con   los   artículos   220   y  225  del  Código  de  Procedimiento  Penal.   

HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL  

          Según  se  ha  declarado en los fallos de instancia, en el curso de  los  días  12,  13,  14, 15, 26, 27 y 28 de abril del año de 1994, se realizó  una  visita  de  evaluación al Colegio “Luis Carlos Galán” de la ciudad de  Cali,  protagonizada  por  los  supervisores  PEDRO  ANTONIO  REINA SANCLEMENTE,  GERARDO  VELÁSQUEZ  y  MARÍA  CENELIA  TORRES  DE  RODRÍGUEZ,  adscritos a la  Secretaría  de Educación Departamental, con el fin de buscar la aprobación de  los  grados  sexto,  séptimo,  octavo y noveno del área industrial y décimo y  once  del  comercial.   Desde  el primer día de la revisión, el visitador  REINA  SANCLEMENTE  le  pidió  la  suma  de  un millón quinientos mil pesos ($  1.500.000.oo)  al  rector  JAIRO  ALBERTO  MUÑOZ GIL, con el ánimo de pasar un  concepto    favorable    y    asegurar    así    el    visto    bueno    a   la  institución.   

          Después   de   una   copiosa   investigación   previa,  se  abrió  formalmente  la  instrucción,  y fueron vinculados por medio de indagatoria los  imputados  MARÍA  CENELIA  TORRES  DE  RODRÍGUEZ,  GERARDO  VELÁSQUEZ y PEDRO  ANTONIO  REINA  SANCLEMENTE,  a  quienes  posteriormente  se  impuso  medida  de  aseguramiento  de  detención  preventiva,  como  coautores  de  los  delitos de  CONCUSIÓN  y FALSEDAD IDEOLÓGICA EN DOCUMENTO PÚBLICO (fs. 302, 394, 407, 414  y 449).   

          Según  resolución  interlocutoria  del  19  de  mayo  de  1995, la  Fiscalía  acusó  al procesado PEDRO ANTONIO REINA SANCLEMENTE por el delito de  concusión  y  precluyó  en  su  beneficio  la investigación por el injusto de  falsedad.   Igual  medida  de  preclusión,  por  ambos hechos punibles, se  dictó  a  favor  de los sindicados GERARDO VELÁSQUEZ y MARIA CENELIA TORRES DE  RODRÍGUEZ  (C.  2,  fs.  908).   Esta  decisión fue confirmada en segunda  instancia  por la Unidad de Fiscalía ante el Tribunal de Cali, según proveído  del 11 de septiembre de 1995 (C. 2, fs. 966).   

          Adelantado  el  juzgamiento,  el  Juez  Quince Penal del Circuito de  Cali  dictó  sentencia condenatoria el 25 de noviembre de 1998, por medio de la  cual  impuso al acusado REINA SANCLEMENTE la pena principal de veinticuatro (24)  meses  de  prisión  e interdicción de derechos y funciones públicas por igual  término.    Le   concedió  el  subrogado  de  la  condena  de  ejecución  condicional (fs. 1080).   

          El  Tribunal  Superior  confirmó  lo decidido en primera instancia,  pero  adicionó  el  fallo  con  la pena de pérdida del empleo, conforme con el  artículo 50 del Código Penal (fs. 1121).   

CONTENIDO DE LA DEMANDA  

          El  demandante  aduce dos anomalías en el ataque a la sentencia del  Tribunal,  una por la vía de la nulidad, y la otra por la denominada violación  indirecta de la ley sustancial.   

          1.   La nulidad del proceso y de la sentencia, según lo expone  el   censor,   se   debe   a  la  violación  del  principio  de  investigación  integral.   Explica  que  el Tribunal le dio credibilidad a un rumor según  el  cual,  por  el  año de 1990, el procesado REINA SANCLEMENTE había recibido  dinero  de  parte  de los dueños del colegio “José Eusebio Caro”, el mismo  que  hoy  es  conocido con el nombre de “Luis Carlos Galán”.  Por otra  parte,  aunque en autos se hace mención de una exigencia dineraria por valor de  un  millón  quinientos  mil  pesos,  lo  cierto  es que en el proceso no existe  prueba  o una grabación ni testigos que avalen dicho telefonema, máxime que la  visita era de asesoría y no para cancelar la licencia del colegio.   

          Agrega  que para configurar el delito de concusión es necesario que  el  sujeto  abuse  del  cargo o de la función, pero, en este caso, el procesado  hacía  parte  de  una  comisión  que  simplemente emitía un concepto, pues la  evaluación  y  la resolución pertinentes estaban en manos de la Secretaría de  Educación  Departamental.   Igualmente,  si la responsabilidad radicaba en  tres  (3)  personas,  una  sola  de ellas no podría cometer el hecho punible, a  menos que ella hiciera exigencias a nombre de las dos restantes.   

          Pide  que,  de  conformidad con el numeral 2° del artículo 304 del  Código de Procedimiento Penal, se anule el fallo demandado.   

          2.   En  segundo  lugar, el actor refiere un error in   iudicando   que  recayó  sobre  los  testimonios  del  jefe  de finanzas, el rector y la secretaria del colegio, pues  entre  ellos  se  advirtieron  contradicciones  en  cuanto  a  la  fecha  de  la  comunicación,  la exigencia dineraria, el plazo de la misma y la vacilación en  la denuncia del hecho.   

          Cita   como   normas   violadas  los  artículos  29  y  250  de  la  Constitución  Política,  333, 246, 247, 268 y 294 del Código de Procedimiento  Penal.   

          Solicita  casar  la  sentencia  denunciada  y, en lugar, absolver al  procesado.   

EXAMEN FORMAL  

          1.   En  cuanto al primer cargo, si el propósito era demostrar  una   violación  al  principio  de  investigación  integral,  previsto  en  la  Constitución  y  en  la  ley,  el  camino  correcto sería señalar las pruebas  favorables  que  se  echaban de menos y probar la trascendencia de las mismas en  el  sentido  del  fallo.   Bien  se sabe que dicho postulado consiste en la  obligación  del  funcionario  judicial de investigar tanto lo inculpatorio como  lo  exculpatorio,  de  modo que si es la defensa o el procesado los que reclaman  una  transgresión  al  mismo,  necesariamente  han  de  referirse  a pruebas no  ordenadas  o  practicadas,  pero  en  todo  caso  benéficas a la situación del  último.   

          Claro  que  el  censor afirma que lo indebido en la concusión no se  refiere  a  la  prestación sino al procedimiento, razón por la cual el acusado  no  estaba  en capacidad de abusar del cargo o de la función, dado que carecía  de   la   facultad   para   hacer   la   evaluación   y  emitir  la  respectiva  resolución.   Sin  embargo,  no indica cuál fue la prueba que se dejó de  practicar  en  esta  materia,  pues,  todo  indica,  que apuesta a otra forma de  valorar  los  medios  de  convicción  sobre  el mencionado elemento del tipo de  concusión,  sin que se haya tomado la molestia de indicar siquiera cuál fue la  reflexión del Tribunal sobre el particular.   

          2.   En  relación con la segunda censura, no basta indicar que  existen  contradicciones  entre  las distintas declaraciones, porque ha menester  señalar  cuál  fue  la valoración que el juzgador hizo de las mismas; si eran  de  tal  envergadura las oposiciones que obstaculizaban el conocimiento; si hubo  errores  de  hecho  o  de derecho en la estimación de dichas pruebas; y en fin,  era  necesario  indicar  porqué  los  medios de convicción no eran suficientes  para sostener un fallo de condena.   

          De  modo que, en cuanto la demanda no cita los pertinentes apartados  de  la  sentencia  confutada,  y  además  se  envuelve en confusiones sobre los  motivos  de  nulidad  y los de violación indirecta, ha de concluirse que carece  de     razón    suficiente    y    claridad.     En    consecuencia,    se  inadmitirá.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACIÓN PENAL,   

RESUELVE:  

          No  admitir  la  demanda de casación presentada por el defensor del  procesado  PEDRO  ANTONIO  REINA  SANCLEMENTE.  En consecuencia, se declara  desierto el recurso concedido.   

          En    relación    con    este    proveído,    no    ha   lugar   a  recursos.   

          Cópiese, cúmplase y devuélvase.   

EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

FERNANDO           ARBOLEDA  RIPOLL           JORGE    ENRIQUE    CÓRDOBA  POVEDA           

CARLOS   A.   GALVEZ   ARGOTE                  JORGE ANÍBAL GÓMEZ GALLEGO   

MARIO    MANTILLA    NOUGUES                  CARLOS E. MEJÍA ESCOBAR   

ALVARO  ORLANDO  PÉREZ  PINZÓN         NILSON PINILLA  PINILLA   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria.    

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