16301ago

2000

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso Nº 16301  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

          SALA DE CASACION PENAL   

Magistrado ponente:  

Nilson E. Pinilla Pinilla  

Aprobada Acta N°141  

Bogotá,  D. C., agosto veintitrés (23) de  dos mil (2000).   

ASUNTO  

De conformidad con la atribución que otorga  el  numeral  5°  del  artículo  68  del Código de Procedimiento Penal, con la  sustitución  establecida  en  el  inciso  3° del artículo 35 de la ley 504 de  1999,  define la Corte la colisión negativa de competencias suscitada entre los  Juzgados  1°  Penal  del Circuito Especializado y 8° Penal del Circuito, ambos  de  Bucaramanga,  para  conocer  del  proceso adelantado contra MARTHA CECILIA y  ANAYIBE  PEÑARANDA  QUINTERO  por infracción al artículo 6° del decreto 1856  de  1989,  disposición  adoptada  como  legislación  permanente por el decreto  extraordinario 2266 de 1991, artículo 7°.   

         ANTECEDENTES   

1°    Los  hechos  se  remontan  a noviembre de 1994, cuando las  hermanas  ANAYIBE  y MARTHA CECILIA PEÑARANDA QUINTERO prestaron su nombre para  hacerles   aparecer   bienes   de   ROBERTO   MENDEZ  HURTADO,  investigado  por  enriquecimiento ilícito derivado de narcotráfico.   

Adelantada la instrucción, el 30 de octubre  de  1998  una  Fiscalía Regional de Cúcuta profirió resolución de acusación  contra  ellas,  por infracción al citado artículo 6° del decreto 1856 de 1989  (“testaferrato”),  providencia  que  no  fue  recurrida  (fs.  3  a  35  cd.  7).   

2°   La   etapa  del  juicio  la  venía  adelantando  un  Juez  Regional  de  Cúcuta, apareciendo luego el proceso en el  Juzgado  1°  Penal del Circuito Especializado de Bucaramanga, que mediante auto  del  5  de  agosto  de  1999  ordenó  enviarlo  al  Juzgado Penal del Circuito,  reparto,  de  la misma ciudad, proponiéndole colisión de competencias negativa  en  caso  de  no  aceptar  su  planteamiento,  que  radica  en considerar que el  artículo  5° de la ley 504 de 1999 excluyó el delito de “testaferrato” de  la  competencia de los Jueces Penales de Circuito Especializados (f. 23 cd. 10).   

3°  El  Juzgado  8° Penal del Circuito de  Bucaramanga,  en  proveído de fecha 24 de los mismos mes y año, sostuvo que no  comparte  el razonamiento del Juez 1° Penal del Circuito Especializado, pues al  parecer  incurrió  en  interpretación indebida del artículo 5° de la ley 504  de  1999, que modificó el 71 del Código de Procedimiento Penal; al utilizar el  legislador  el  término  “concierto”,  pudiera dar a entender que incorpora  los  hechos  punibles señalados a continuación, criterio que no estima válido  si  se tiene en cuenta la resolución de fecha 23 de agosto de 1999, dictada por  la  Fiscalía  Primera  de  la  Unidad  Delegada  ante  los Juzgados Penales del  Circuito,  que  transcribe  en  lo pertinente, para advertir que es al delito de  testaferrato  a  que  alude  el  precepto  de  la ley 504, de competencia de los  Jueces   Penales  del  Circuito  Especializados,  y  no  al  “concierto”  en  cuestión.   

Agrega  que  frente a la claridad que surge  del  tenor  literal  del numeral 7° del artículo 5° de la ley 504 de 1999, no  hay  necesidad de desentrañar su espíritu, si para ello se tiene en cuenta que  el  delito  de  testaferrato,  desde  que  fue  considerado  conducta  típica y  autónoma  en  la  ley,  ha  sido  de  conocimiento  exclusivo  de  la  justicia  especializada  y  es  por  esta razón que la norma de competencia se refiere de  manera  expresa  a la disposición que convirtió en hecho punible tal conducta,  artículo  6° del decreto legislativo 1856 de 1989, precepto que fuera adoptado  como   legislación   permanente   por   el    artículo  7°  del  decreto  extraordinario 2266 de 1991.   

Advirtió  que  si  bien  se  da  el factor  territorial  de  competencia  en  ese  despacho,  no  se puede predicar lo mismo  respecto  de  la  naturaleza  del  hecho  punible, motivo por el cual aceptó el  conflicto  propuesto  y  ordenó  que  el  proceso viniera a la Sala Penal de la  Corte  Suprema  de  Justicia,  para  que  dirima  la  colisión  (fs.  35 a 38).   

4°  En  esta sede, el defensor suplente de  las  procesadas  comenta  que  el delito de testaferrato no es de competencia de  los  Jueces Penales del Circuito Especializados, si se tiene en cuenta que en la  creación  de  estos  funcionarios,  la  ley  504  de 1999, en su artículo 5°,  numeral  7°,  determinó  que  conocen del “Concierto para cometer delitos de  terrorismo,  narcotráfico,  secuestro  extorsivo,  extorsión  o para conformar  escuadrones  de  la  muerte,  grupo  de  justicia  privada o bandas de sicarios,  lavados  (sic)  de  activos  u omisión de control (L. 365/95), testaferrato (D.  2266/91,  artículo  6°);  extorsión  en  cuantía superior a ciento cincuenta  (150)  salarios  mínimos  mensuales” (sic), de manera que si el legislador no  reseñó  ese  hecho punible como de competencia de tales jueces, al intérprete  no  le es dable distinguir, en tanto la disposición que transcribe se refiere a  la  “competencia  para  el  concierto  y  en  referencia  a  ese  testaferrato  consagrado  en  el  Decreto  2266  de  1991”,  pese  a  lo  cual añade que el  “concierto  para cometer testaferrato”, es conducta que no está descrita en  nuestro  ordenamiento  penal, y por tanto, “no se puede aplicar en el presente  caso” (fs. 3 a 5 cd. Corte).   

           

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

Razón tiene el Juez 8° Penal del Circuito  de  Bucaramanga  al  sostener  que el delito de “testaferrato”, compete a la  justicia especializada.   

El   tipo  penal  comúnmente  denominado  “testaferrato”  remonta su establecimiento al artículo 6° del decreto 1856  de   1989,  adoptado  como  legislación  permanente  por  el  7°  del  Decreto  Extraordinario 2266 de 1991, que así describe la conducta:   

           “Quien  preste  su  nombre  para  adquirir  bienes  con dineros  provenientes  del  delito  de narcotráfico y conexos, incurrirá en prisión de  cinco  a  diez  años  y  multa  de dos mil (2.000) a cinco mil (5.000) salarios  mínimos   mensuales,   sin   perjuicio   del   decomiso   de   los  respectivos  bienes.”   

Incurre  en  esta infracción quien bajo su  nombre  ayuda  a  ocultar  el  real dominio sobre bienes adquiridos con recursos  provenientes  de  actividades  penalmente  previstas  en el Estatuto Nacional de  Estupefacientes  y conexas, conociendo el origen de tales caudales, para de esta  forma soterrar al verdadero titular de aquéllos.   

Se  trata, como expuso esta corporación en  auto  de  9  de noviembre de 1990 (rad. 5597, M.P. Edgar Saavedra Rojas), de una  infracción  de  conducta  permanente,  porque el delito se perfecciona “en el  momento  en  que  por medio de contrato, escritura o cualquier otro medio legal,  un  bien  pasa  a  figurar  como  propiedad de quien realmente no lo es, pues se  trata  simplemente  de  una  persona que presta su nombre para que figuren en su  cabeza  bienes  que  en  realidad  pertenecen a terceras personas. Y este delito  continúa  perfeccionándose  mientras  subsista  su  condición  de testaferro,  puesto  que  el  bien  jurídico  protegido por la norma continúa vulnerándose  mientras dure la ilícita simulación”.   

En  providencia de fecha 12 de noviembre de  1998,  rad.  14.852, con ponencia de quien aquí cumple igual función, la Corte  precisó:   

           “En  principio  se observa que el bien jurídico tutelado es la  administración   de   justicia,  en  la  medida  que  se  trata  de  una  forma  autónoma   de  encubrimiento, toda vez que el propósito perseguido por el  narcotraficante  al  utilizar  testaferros  para  que a nombre de éstos figuren  bienes  de  su propiedad, disimulando la magnitud y el origen de su patrimonio y  de  esa  manera  engañar a las autoridades sobre sus ilícitas actividades y el  lucro  de  ellas  obtenido.  Además,  la infracción que se viene comentando se  fundamenta  en  la  necesidad  de  proteger  otros bienes jurídicos, como   la    seguridad  pública,  en  tanto  la acumulación de fortunas por  actividades   vinculadas  al  narcotráfico  resquebraja  los  cimientos  de  la  sociedad,  colocando  inmensas  cantidades de dinero en manos que han propiciado  el  terrorismo,  el sicariato y otros comportamientos lesivos del orden público  y de la indemnidad ciudadana.   

           La  autónoma  criminalización  de esta grave manifestación del  ‘testaferrato’  pretende  así  mismo  combatir los  desajustes   en   la   economía   nacional,   generados  por  la  introducción  descontrolada  y  masiva de moneda extranjera, con la consecuente distorsión en  los  niveles  de adquisición de divisas, el régimen cambiario y las políticas  anti-inflacionarias,  con  negativos efectos en el mercado de bienes y servicios  y  el  deterioro de las iniciativas empresariales lícitas pero menos rentables.  También  coadyuva  a la afectación contra la salud pública, pues referido con  el  tipo  penal  de  narcotráfico, sirve a los propósitos de éste; y al grave  deterioro  de  la  moral  social  (artículos 34 Const. y 2° num.  3° Ley  333/96),  entre  otras razones por la opulencia de capitales adquiridos en forma  fácil,  producto  de actividades ilícitas que desalientan el trabajo honrado y  la  libre empresa como función social sana base del desarrollo, al igual que la  propiedad y demás derechos adquiridos con justo título.   

            El  tipo  penal que se comenta debe entonces valorarse como  una  disposición  autónoma  de  naturaleza  pluriofensiva,  que  se integra al  sistema  de  represión  del  narcotráfico y que, como se ha observado, protege  distintos  bienes  jurídicos  perfectamente diferenciados en la forma indicada:  la  administración  de  justicia,  la  salud,  la  seguridad pública, la moral  social, el orden económico, etc.”.   

De conformidad con lo previsto en el numeral  14  del  artículo  9° del decreto 2790 de 1990 (Estatuto para la Defensa de la  Justicia)  y  en  el  decreto  99  de  1991,  la  competencia  para  conocer del  “testaferrato”  le fue asignada a los Jueces de Orden Público, “cuando su  cuantía  sea  igual  o  superior  a  un  mil  (1.000) salarios mínimos legales  mensuales  en  moneda  colombiana,  estimada  al  momento  de  la  comisión del  delito”,  conocimiento  que mantuvo el artículo 4° del  decreto 2271 de  1991,  que  adoptó  como  legislación  permanente el artículo 9° del decreto  legislativo 99 de 1991.   

Con  la  entrada  en  vigencia  del  Código  de  Procedimiento Penal (decreto 2700 de 1991), al igual  que  en  la modificación introducida por el artículo 9° de la ley 81 de 1993,  la   competencia   para  conocer,  en  primera  instancia,  del  tipo  penal  de  “testaferrato”  pasó  a  los jueces regionales, en la medida que el numeral  4°  del  artículo  71  del  estatuto  procesal penal determinó que conocerán  “de  los  delitos  a  los  que  se  refiere  el  decreto  2266 de 1991, con la  excepción  del  simple  porte  de  armas  de  fuego  de defensa personal, de la  interceptación  de  correspondencia  oficial  y  delitos contra el sufragio”.  Como  quedó  visto,  el  artículo  7°  del  decreto 2266 de 1991 adoptó como  legislación    permanente    el    artículo    6°   del   decreto   1856   de  1989.   

Siguiendo la cronología  sobre  la  competencia para conocer del delito en cuestión, se llega al numeral  7°  del  artículo  5° de la ley 504 de 1999, precepto que frente al artículo  71  del  Código  de  Procedimiento  Penal  establece  que los jueces penales de  circuito  especializado conocen, en primera instancia de los siguientes delitos:  “Concierto  para  cometer  delitos  de  terrorismo,  narcotráfico,  secuestro  extorsivo,  extorsión  o  para  conformar  escuadrones  de  la muerte, grupo de  justicia  privada  o bandas de sicarios, lavado de activos u omisión de control  (artículo  13° de la Ley 365 de 1997); testaferrato (artículo 6° del Decreto  2266  de  1991);  extorsión  en  cuantía  superior  a  ciento  cincuenta (150)  salarios mínimos mensuales.”   

El numeral que se acaba  de  transcribir  textualmente,  yerra al citar “artículo 6° del Decreto 2266  de  1991”,  pues  fue  el  7°  del  mencionado  decreto  el  que adoptó como  legislación  permanente  el  artículo  6° del decreto 1856 de 1989, que es el  precepto  que describe la conducta de quien presta su nombre para ocultar bienes  producto  del  narcotráfico.  Es  a  esta disposición autónoma, de naturaleza  pluriofensiva,  a  que se refiere el numeral 7° del artículo 5° de la ley 504  de  1999,  para  asignar  su  conocimiento  a  los  jueces  penales del circuito  especializados.   

Frente a la claridad de  esta  disposición,  que  si  bien en comienzo hace referencia al concierto para  cometer  algunos  delitos  (“terrorismo,  narcotráfico,  secuestro extorsivo,  extorsión  o para conformar escuadrones de la muerte, grupo de justicia privada  o  bandas  de  sicarios, lavado de activos u omisión de control”), no incluye  lo  que  en  este  asunto  ha  sido  referido  como  “concierto  para  cometer  testaferrato”.   

Además, el punto y coma  (  ;  )  usado  en  el  mencionado numeral 7° inmediatamente antes del término  “testaferrato”,  está  marcando  claramente  su  disyunción  de  lo  antes  enumerado  bajo la connotación de concierto, lo cual y como es lógico también  ocurre  con  la  subsiguiente  referencia  a  la extorsión por encima de cierta  cuantía.   

De  manera  que el llamado para conocer del  proceso  seguido  contra  las  hermanas  MARTHA  CECILIA  y  ANAYIBE  PEÑARANDA  QUINTERO,  acusadas  de  infringir  el  artículo  6° del decreto 1856 de 1989,  adoptado  como  legislación  permanente  por  el  7° del decreto 2266 de 1991,  “testaferrato”,  es  el  Juzgado  1°  Penal  del  Circuito Especializado de  Bucaramanga,   al   cual   se   ordena   remitir   la   actuación  para  lo  de  su  cargo,  dándose  aviso  de  lo aquí decidido al  Juzgado  8°  Penal del Circuito de la misma ciudad, mediante el envío de copia  de esta providencia.   

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de Justicia, Sala de Casación Penal,   

         

RESUELVE:  

1°          DIRIMIR   el   conflicto   negativo  de  competencias  planteado,  en  el  sentido de asignar el conocimiento del proceso  seguido  contra  MARTHA  CECILIA  y  ANAYIBE  PEÑARANDA QUINTERO al Juzgado 1°  Penal  del  Circuito  Especializado  de  Bucaramanga,  a  donde  se remitirá la  actuación  para lo de su cargo.   

2°  Comuníquese  esta  determinación  al  Juzgado  8°  Penal  del  Circuito  de aquella ciudad, enviándole copia de esta  providencia.   

Cópiese y cúmplase.  

EDGAR    LOMBANA  TRUJILLO   

FERNANDO       E.       ARBOLEDA  RIPOLL                          JORGE E. CORDOBA POVEDA   

No hay firma  

CARLOS       AUGUSTO       GALVEZ  ARGOTE                JORGE ANIBAL GOMEZ GALLEGO    

MARIO           MANTILLA  NOUGUES                             CARLOS                               EDUARDO                               MEJIA  ESCOBAR                          

ALVARO       ORLANDO       PEREZ  PINZON                          NILSON E. PINILLA PINILLA   

        TERESA RUIZ NUÑEZ   

        Secretaria     

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