12001mar1

2000

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso N° 12001  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                                                    Magistrado Ponente   

                                                    Dr. EDGAR LOMBANA TRUJILLO   

                                                    Aprobado         Acta         No.   043          

Santa Fe de Bogotá, D.C., veintiuno (21) de  marzo de dos mil (2000).   

          Decide  la Corte la casación interpuesta por el defensor de CARLOS  ARTURO  TANGARIFE  VALENCIA  contra la sentencia de marzo 13 de 1.996, por medio  de  la  cual  el Tribunal Superior del Distrito Judicial de Manizales condenó a  dicho  procesado  a  150  meses  de  prisión  por  el delito de homicidio en la  modalidad de tentativa.    

ANTECEDENTES  

          1.-  Carlos  Arturo  Tangarife  Valencia,  de  24  años de edad, y  Mónica  Viviana  Romero  Murillo,  de  18  años, para el 13 de agosto de 1.994  llevaban  aproximadamente  año  y  medio  de  convivencia en unión libre en la  ciudad  de  Anserma.   En  la  tarde del citado día se encontraron, él le  propuso  que  se  acompañaran,  discutieron y Mónica Viviana le manifestó sus  deseos   de   terminar   su  relación,  cosa  que  disgustó  a  su  enamorado.   

Como en aquella fecha se celebraban en esta  ciudad  unas  fiestas  o  “Berbena”,  en  la  noche  Mónica Viviana, salió  acompañada  de  su  madre  y  de  unos  amigos  y  se  dedicó  a  bailar  y  a  “recochar”  justamente  en frente al establecimiento “Beberly Hills”, de  propiedad  de Tangarife Valencia, quien la hizo concurrir hasta donde él estaba  y le formalizó un reclamo.   

          La  mujer continuó en sus diversiones, y más o menos a las once y  media  de  la noche Carlos la volvió a llamar. Mónica accedió y ya dentro del  establecimiento,  la  reprochó  por  “faltona”,  y, con un revólver que le  había  dado a guardar un amigo, le hizo un disparo a la altura del ojo derecho.   

          Conducida  al hospital, Mónica Viviana logró salvar su vida, y en  el mismo lugar fue aprehendido Tangarife Valencia.   

          2.-  En  exposición  rendida ante la Policía Judicial (fl. 4), el  imputado  dijo que tenía asida por la cintura a su novia cuando accidentalmente  el arma se le disparó.   

– Abierta la investigación (fl. 14 vto.) se  escuchó   en   indagatoria  al  aprehendido  (fl.  23),  quien  sustancialmente  ratificó su versión primera.   

–  Practicadas  otras  pruebas se profirió  medida  de  aseguramiento  (fl. 38), y luego, en ampliación de su injurada (fl.  73)  Tangarife Valencia sostuvo que esa tarde Mónica Viviana no quiso salir con  él,  lo  cual  lo  tuvo “muerto de ira” todo el día, así que cuando en la  noche  vio  a  su  compañera  frente  al  negocio  “bailando y molestando”,  “como  para  hacerme dar más ira” (fl. cit. infra.), la hizo ir hasta donde  estaba  él,  discutieron  y  -nuevamente  –  “muerto de la ira” le disparó  “para asustarla” (id. vto.).   

–  Mónica Viviana declaró (fl. 51) que la  tarde  de los hechos “peleó” con el procesado “Tanga”, según lo llama,  y  por  la  noche, frente al negocio de éste, sus amigos empezaron a molestarla  (fl.  51 vto.). Su novio, entonces, le reclamó “por faltona” y le disparó.  Añade  que  ambos estaban “embriagaditos”, y cree que el proceder obedeció  a  que  los  muchachos le estaban “coqueteando” y ella le paraba bolas a uno  de ellos.   

          Dice  que  Tangarife  Valencia  es  muy  agresivo y violento, y que  cuando  la  segunda vez la llamó hacia el baño del establecimiento ya exhibía  en  una  de  sus  manos el revólver. Añade que ella no tuvo tiempo siquiera de  asustarse,  y  que  al  procesado lo quiere mucho, de modo que a pesar de que ya  habían  terminado,  él seguía buscándola, y ella no lo rechazaba, precisando  que   el   procesado  “era  horriblemente  celoso”  (fls.  62  vto.  y  63).   

          3.-  El procesado solicitó audiencia especial (art.37ª C.P.P, fl.  114)  y en la respectiva diligencia (fl. 120) los cargos se formularon frente al  delito  de  homicidio simple en estado de ira y porte ilegal de armas de defensa  personal, acusación que resultó aceptada.   

          El  Juzgado  Penal del Circuito de Anserma improbó el acuerdo, por  estimar  que ante la ausencia de gravedad e injusticia en la provocación, no se  daba  la  aminorante  (fl.  136). El defensor apeló, y el Tribunal le impartió  confirmación a la decisión (fl. 159).   

          4.-  Nuevamente el proceso ante la Fiscalía 36 Delegada de Anserma  se  cerró  investigación,   y  por  resolución de marzo 14 de 1.995 (fl.  185),  se  acusó  a  Tangarife  Valencia por los delitos de homicidio tentado y  porte  ilegal  de armas (C.P. arts. 22 y 323, ley 40/93, art. 29 y art. 1º dto.  3664 de 1.986).   

          5.-  El expediente pasó al Juzgado Penal del Circuito de Riosucio,  pues  el Juez de Anserma invocó el impedimento del artículo 103-12 del Código  de Procedimiento Penal (fl. 196).   

          Allí  se  celebró  la  audiencia  pública  (fl. 227) y se dictó  sentencia  en  agosto  31 de 1.995 (fl. 250), imponiéndole al acusado 152 meses  de  prisión.  El defensor apeló, y el Tribunal por auto de octubre 27 de dicho  año  (fl.  312)  declaró  la nulidad de un segmento de la audiencia, ya que el  acusado  careció  absolutamente  de  defensa  con  respecto  al delito de porte  ilegal de armas también materia de acusación.   

          Reanudada  y  culminada la vista, el Juzgado dictó sentencia el 15  de  enero  de  1.996 (fl. 361), mediante la cual, en armonía con la acusación,  condenó  al  procesado  a  150  meses  de  prisión por el delito de homicidio,  absolviéndolo  en  lo  que atañe al porte ilegal de armas de defensa personal,  por  considerar  que  el  simple  hecho  “de  tomar del estante el revólver y  accionarlo”   (fl.   377),  no  tipifica  el  “porte”  que  tipificaba  la  infracción.   

          El  defensor  del  acusado  apeló  el  fallo,  pero el Tribunal le  impartió  confirmación,  mediante  el  suyo  que  es objeto de la impugnación  extraordinaria (fl. 401).   

LA DEMANDA  

“Causal invocada”  

          Con  fundamento  en el artículo 220-1 del Código de Procedimiento  Penal,  aduce  el  casacionista  la  violación  directa  de la ley por falta de  aplicación  del  artículo  60 del Código Penal, “a pesar de que las pruebas  utilizadas  por  el  H. Tribunal Superior demuestran que el señor CARLOS ARTURO  TANGARIFE  VALENCIA  al lesionar a la señorita MONICA VIVIANA ROMERO MURILLO se  hallaba  en  estado de ira causado por el comportamiento grave e injusto del que  élla  le  hizo  víctima.  La  no  aplicación  de  la norma violada trajo como  consecuencia  que el procesado hubiera sido condenado a purgar pena privativa de  la  libertad  considerablemente mayor a la que justamente merecía” (fl. 488).   

          Agrega  que  el  sentenciador  aceptó “tácitamente” (fl. 489)  que  el  procesado actuó en estado de ira, pero con base en una interpretación  equivocada   de   hechos  fehacientemente  establecidos,  negó  la  gravedad  e  injusticia  de  la conducta asumida por MONICA VIVIANA, indebida interpretación  que  apoya  el  Tribunal  “no  en hechos ni en pruebas sino en teorías que no  guardan  relación  con el caso de autos y que además tampoco tienen la calidad  de  verdad  revelada  que por error les adjudica la sentencia” (fl. cit. y 490  supra).   

          Considera  que la ofendida “se dedicó a coquetear con uno de los  jóvenes  que  le  hacían  compañía”,  lo que demuestra que al disparar, el  procesado  lo  hizo “determinado por el desequilibrio sicológico que creó en  la provocación de que lo hizo víctima la ofendida” (fl. 490).   

          Se  refiere  a la expresión “rabia”, utilizada por el fallador  cuando  comenta  lo  acontecido,  e  infiere  que  la  misma  significa  que  el  comportamiento  de su novia colocó a Carlos Tangarife en estado de ‘ira,      enojo     o     enfado  grande’. (fl. 492) por  lo que:   

“Erró  flagrantemente  el  H.  Tribunal  Superior  al  desconocer  que  la  conducta  asumida  por  MONICA VIVIANA ROMERO  MURILLO  el  día de autos, constituyó grave e injusta provocación para CARLOS  ARTURO  TANGARIFE  VALENCIA, equivocada conclusión que apoya en consideraciones  inaceptables…“ .   

         Estima  que  la  “relación  sentimental”  exigía “un mutuo  respeto”  (fl.  493),  y  añade que desde horas antes de los hechos MONICA se  dio  a  la  tarea  de  mortificar a su enamorado (fl. 494 supra), de modo que su  comportamiento “fue grave e injusto”.    

         Se  aparta  del Tribunal cuando este sostiene que la pareja había  roto  su  noviazgo  cuando  los  hechos ocurrieron, y replica que tampoco le dio  “el  alcance que tiene” al comportamiento asumido por Mónica Viviana frente  al  establecimiento  donde  se  encontraba  su  novio,  pues ella “no sólo se  dedicó  a  bailar  con sus compañeros de mesa sino que, de acuerdo con su  confesión,  distinguió  especialmente  a uno de ellos haciéndole beneficiario  de  acercamientos  amorosos con el obvio propósito de acrecentar el sentimiento  de  ira  que  ya  había  creado  en  su  prometido”  (fl.  495), hecho que, a  contrario  de  lo  que  afirma  el fallador, “constituye provocación, grave e  injusta  como  para  producir la ira o intenso dolor de que trata el art. 60 del  C.P.  en  el  encartado” (sic, fl. 496 supra), y dice más adelante (fl. 497):   

         “Nada  de  normal  tiene el hecho de que se convierta en forzoso  testigo  de  coqueteos  irritantes  a  la  persona  con quien se esta ligada por  estrechos  vínculos  sentimentales”.  Añade,  “Esta  conducta  no sólo es  anormal  sino  algo  más, es extremadamente cruel porque mediante ella no sólo  se  le  falta  al  respeto  a  quien  se  le  debe  fidelidad  por la promesa de  matrimonio  que se ha hecho, sino que deliberadamente se busca con ella crear el  agudo  ataque  de celos que es  una de las pasiones más destructivas entre  las  que  puede  padecer el ser humano”, y remata en que con relación a dicha  conducta   se   equivocó   el   Tribunal   “al  interpretar  como  normal,  o  despreocupada  y desprevenida una conducta deliberadamente orientada a causar el  estado  de  ira  que determinó al procesado a cometer el hecho por el que se le  está juzgando” (fl. 498).   

         Considera   que   la   personalidad   de   quien  es  víctima  de  provocación  determina  la gravedad de la ofensa que se le hace, y que un hecho  intranscendente   para   muchos  puede  tener  especial  gravedad  para  ciertas  personas.   

         Que  además  cobra  fuerza  si se tiene en cuenta la personalidad  “irascible” del procesado, la cual era conocida por su novia.   

         Solicita  entonces que se case el fallo y se reconozca la referida  atenuante, aplicándole el mínimo de pena al acusado.   

CONCEPTO DE LA PROCURADURIA  

         El  señor  Procurador  Tercero Delegado en lo Penal considera que  el  sentenciador “acepta que el procesado sufrió un estado de ira causado por  el  comportamiento  de  su  amante,  perturbación anímica que, sin embargo, no  alcanza  la  entidad  de  circunstancia de atenuación punitiva, en tanto que la  actitud  de  la  víctima  no  fue  injusta,  ni  fue  grave,  requisitos éstos  establecidos  en  la  ley para imponer la consecuencia benévola en la tasación  de la pena” (fls. 22 y 23).   

         Se  refiere a los cambios que en todo orden se han dado en torno a  la  dignidad  de  la mujer, habla de las “infidelidades” y de los celos, los  cuales  “no  constituyen  por  sí  mismo  un  sentimiento  que  autorice  una  reacción  violatoria  de  los  derechos fundamentales del individuo. Menos aún  cuando  tal  sentimiento es deliberadamente producido por uno de los miembros de  la  pareja,  buscando  dar  una  lección a quien ha sido, a su turno, infiel al  mutuo respeto que exige una relación amorosa” (fl. 24).   

         Dice  que, en tales condiciones, la ira derivada de una aparente o  real  infidelidad  no  es  de  modo forzoso la atenuante de la sanción y que la  gravedad  de  la  provocación  debe  mirarse  siempre “a partir de los hechos  realmente  cumplidos  por  el  provocador, comoquiera que no todas las conductas  revisten  esa calidad trascendental que lleva a una perturbación anímica en la  cual  se  disminuyen  de  manera  sensible  los controles sociales y morales que  frenan una reacción violenta”.   

         En  su  concepto,  la  situación  que dio origen a los hechos fue  correctamente  examinada  por  el Tribunal, en especial cuando consideró que el  comportamiento  de  la  víctima  no  fue  grave  ni  injusto, criterio que debe  prevalecer sobre el demandante, quien piensa lo contrario.   

         Pide entonces no casar el fallo.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

         1.-  El  censor  afirma  que, por la vía directa, el sentenciador  dejó   de   aplicar   la   aminorante   punitiva  de  la  ira  prevista  en  el  artículo   60  del  Código  Penal,  y  sustenta  al respecto que el fallo  impugnado  “acepta  tácitamente”  que el  procesado TANGARIFE VALENCIA  actuó  en  dicho  estado emocional. No obstante lo cual no le hizo la rebaja de  pena   correspondiente,  mas  a  renglón  seguido  aduce  que  dicha  falta  de  aplicación   obedeció   a   “una   equivocada   interpretación   de  hechos  fehacientemente  establecidos”  y,  así, “negó la gravedad e injusticia de  la  conducta asumida por  dicha dama, para concluir que está probada   la  injusta  y  grave  provocación  que  conforma  la  aminorante en cuestión,  apartándose   también  el  Tribunal  cuando  éste  sostiene  que  los  hechos  ocurrieron cuando ellos habían terminado su noviazgo.   

         Débese  replicar  aquí  al  censor  que,  como  lo  tienen dicho  jurisprudencia  y  doctrina,  cuando de violación directa se trata (cuerpo 1º.  Art.  220-1  C.P.P.),  impera para el demandante en casación aceptar los hechos  tal  como  fueron  asumidos  y  evaluados  por  el fallador, ya que             si  el  censor  se  adentra  en  disentir  de  la  manera  como  el  fallador de segunda  instancia  apreció  las pruebas, se desvía a otro motivo de casación, como es  la  violación  indirecta,  prevista  en  el  cuerpo  2º  de  la  citada norma.   

         Se  traen  a  colación estas premisas ya que el aquí demandante,  no  obstante  – repítese- invocar la violación directa de la ley, comienza por  enrostrarle   al   Tribunal   “una   interpretación   equivocada   de  hechos  fehacientemente   establecidos”  (fl.  489),  y  disiente  de  la  afirmación  contenida  en  la sentencia de que el procesado agredió a la víctima cuando el  noviazgo entre los dos había terminado.   

         Insiste  la  Sala  en que para una correcta formulación del cargo  el  casacionista  hubiera tenido que demostrar que no obstante el Tribunal haber  reconocido  que  el  procesado  intentó  matar a su ex novia por comportamiento  grave  e  injusto  de  ésta,  olvidó aplicar el texto legal que una situación  semejante amerita (art. 60 C.P.).   

         2.-  Sin  perjuicio  de lo acabado de anotar sobre la antitécnica  mezcla  que  hace el demandante de dos motivos de casación (violaciones directa  e  indirecta),  es necesario ratificar que si bien en la sentencia se afirma que  el  procesado  actuó  con  ira,  se  precisó que ésta no fue suscitada por un  comportamiento  ajeno,  grave  e  injusto de la víctima, requisitos adicionales  para  que  dicha “ira” haga jurídicamente operante la degradación punitiva  (art.60. cit.).   

         En  efecto,  El  sentenciador  de  primera instancia reconoció el  carácter  irascible,  los  celos  del procesado y la “ira” que le produjo a  éste  el  comportamiento  de  su  ex  amante,  pero  concluyó  que todos estos  aspectos  “no  comportan  potencialidad  detractora de la pena, dado que no se  llenan  los  requisitos  que  la  ley  positiva  demanda  para  que  puedan  ser  atenuantes”,  sustancialmente  porque  el comportamiento de la dama – víctima  “jamás podría tildarse de injusto y grave” (fl. 369).   

         Por  su parte, el Tribunal avaló dicho criterio y precisó que el  comportamiento  de  Mónica  Viviana  “fue normal desde todo punto de vista”  (fl.  414),  y  que “la rabia” que el mismo originó en el acusado, no tiene  incidencia alguna de cara al artículo 60 del Código Penal.   

         Y agregó el Tribunal:   

        “Es   la  falta  –  por  parte  del  provocado  –  de  un  hecho  desencadenante  por  sí  de  la  ofensa, lo que “justifica, explica” la ira  (aunque  no  el delito), y hace racional que la persona haya llegado a tal grado  de   perturbación   afectiva.   No  basta  la  sola  existencia  del  estado  síquico  afectivo  (“me  dió  rabia”,  afirma  el  acusado);  es  necesario  que  tal  estado  lo  haya  desencadenado  un  acto de  provocación  grave  e injusto, es decir que provenga  de  un  acto  relevante  sicológica  y  jurídicamente;  pues  si  el estado de  perturbación  proviene  de  la  sola  personalidad irascible del individuo nada  puede  menguar  su  culpa.  La atenuante opera cuando el estado síquico aparece  como  producto  natural  de  la  ofensa  recibida…”  (fl.  416, subrayas del  original).   

Cita un tratadista colombiano al respecto y  precisa a folio 435:   

“En  tal  virtud  ,  la  claridad de los  conceptos  anteriores,  indican,  palmariamente,  que  en el evento a examen, no  tiene  aceptación  la  modalidad atenuante planteada por el señor Defensor del  procesado, a la luz de las pruebas allegadas al informativo”.   

         Esas   glosas   a   la  demanda  y  la  constatación  de  lo  que  realmente     dijo     el    fallador,  conducen  a que la misma no salga avante y a que, por tanto, el  fallo no deba casarse.   

         En  mérito  de  lo expuesto la Corte Suprema de Justicia, Sala de  Casación  Penal,  de acuerdo con el Ministerio Público, administrando justicia  en nombre de la República y por autoridad de la Ley.   

RESUELVE  

         NO   CASAR  la  sentencia  impugnada.  Devuélvase al Tribunal de origen. Comuníquese y cúmplase.   

EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                                        JORGE E. CÓRDOBA POVEDA   

CARLOS  AUGUSTO  GALVEZ  ARGOTE                           JORGE    ANIBAL    GOMEZ  GALLEGO   

MARIO    MANTILLA   NOUGUES                                        CARLOS E. MEJÍA ESCOBAR   

ALVARO  ORLANDO  PÉREZ PINZÓN                            NILSON    E.    PINILLA  PINILLA   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria    

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *