16287(01-11-01)

2001

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso No 16287  

CORTE   SUPREMA   DE  JUSTICIA   

SALA   DE   CASACION  PENAL   

Magistrado Ponente:  

Dr. JORGE ANIBAL GOMEZ GALLEGO  

Aprobado Acta No. 169  

Bogotá, D.C, primero de noviembre de dos mil  uno.   

V   I   S   T   O   S   

Procede  la Sala a examinar las formalidades  básicas  de  la  demanda  de casación presentada por el defensor del procesado  YESID  HELY  HERNANDEZ  CASTILLO  en  relación con el fallo de segundo grado de  marzo  26  de  1999,  por  medio  del  cual  el  Tribunal Superior de Valledupar  confirmó  la   condena  a  cincuenta  y  un  meses  de prisión que le fue  impuesta  en  primera  instancia al acusado por su responsabilidad penal en  el delito de hurto calificado y agravado objeto de acusación.   

En  su oportunidad, el Tribunal concedió el  recurso   interpuesto   dentro  del  término  de  ejecutoria  de  la  sentencia  impugnada.   

HECHOS Y ACTUACION PROCESAL  

Según lo informa la sentencia impugnada, en  las  horas  de  la  tarde del 29 de mayo de 1997, a Luz Alcira Sopó Sánchez le  fue  hurtado el vehículo automotor de placa DVB-381 que había dejado parqueado  frente  al edificio donde funcionan en Valledupar  dependencias seccionales  de  la  Contraloría General de la Nación. La oportuna intervención de agentes  del  DAS  permitió  establecer  que  el  despojo  fue posible porque YESID HELY  HERNANDEZ  CASTILLO,  su  compañero  de  labores  a  quien  había  prestado el  automotor,  logró  tomar  duplicado de las llaves que entregó a los autores de  la conducta punible.   

Vinculado  a  la  investigación  el  antes  nombrado  junto  con los restantes partícipes en el hecho, mediante resolución  de  fecha  diciembre  9  de  1997  se  lo  acusó  formalmente  por  su presunta  responsabilidad  en  calidad de coautor del delito de hurto  calificado por  el  empleo  de  llave  sustraída  y  agravado  por  razón del valor del objeto  material  del  mismo,  acusación  que adquirió ejecutoria el 19 de febrero del  año  siguiente  al ser confirmada por la Unidad de Fiscalías Delegadas ante el  Tribunal de Valledupar.   

Realizada  la audiencia pública, el Juzgado  3°  Penal  del Circuito de la misma ciudad,  impuso al procesado HERNANDEZ  CASTILLO  la  pena  principal  de  cincuenta  y  un  (51)  meses de prisión, la  accesoria  de  interdicción  en  el ejercicio de derechos y funciones públicas  por  igual  lapso,  y la condena al pago solidario de la suma de $23.000.000 por  concepto de los perjuicios materiales ocasionados con el delito.   

Este fallo, como se indicó en el introito de  esta  providencia,  fue  confirmado  por el que ahora es objeto de la demanda de  casación interpuesta por el defensor de HERNANDEZ CASTILLO.   

LA DEMANDA  

Anuncia el demandante que contra el fallo del  ad   quem  formulará  dos  cargos,  el  primero  relacionado  con  la  condena por el delito de hurto, y el  segundo  atinente a las circunstancias de agravación y calificación que con el  mismo se hicieron concurrir.   

Con  referencia  a  la inicial propuesta, al  amparo  del  segundo  apartado  de  la  causal primera de casación, comienza el  demandante  por  señalar  que  a  la  violación  de la ley sustancial  se  llegó   por   vía  indirecta,  esto  es,  por  razón  de  un  “error  en  el análisis de la prueba”. No  obstante  esa  especie  de  exordio,  a  continuación  y sin referencia a medio  probatorio  alguno  en  particular,  anota que al proferir el fallo demandado el  ad   quem   incurrió   en  pluralidad  de “errores fundamentales”,              porque       en      algunos      casos       “ignoró    la   prueba”   en   otros  “le  dio  un  alcance  muy distinto al que realmente  tiene”   y  en  unos  más  la  “tergiversó”.   

Del  testimonio  único  en  que  dice  se  sustentó   la   atribución   de   responsabilidad,  arguye   a  guisa  de  cuestionamiento   global   que   “no   reúne   las  expectativas  ni las exigencias legales para edificar con base en ella un juicio  categórico   de   responsabilidad”   y  de  manera  particular  le  atribuye  la   falencia  atrás referida al reiterar que el  Tribunal  le  dio  “un  alcance  muy distinto al que  realmente  tiene”, amén de que  lo valoró con  desconocimiento de las reglas de la sana crítica.   

Luego  de  reiterar que el testimonio atrás  referido  por su insularidad no resulta suficiente soporte del juicio de certeza  sobre  el  hecho  punible  y  la  responsabilidad  del  procesado, el demandante  señala  que  al  otorgarle pleno valor en esta materia el Tribunal incurrió en  un  error  de  hecho cuya naturaleza y modalidad no precisa, dando por terminada  con   este   solo   enunciado   la   referencia   a   lo   que  denomina  primer  cargo.   

          En   relación   con  la  segunda  censura,   simplemente   anota   que  como  en  autos  no se encuentra probado que su patrocinado se  hubiera  valido  del  duplicado  de  la  llave  del  automotor para perpetrar el  delito,  cuando  el  Tribunal  así  lo  afirma incurre en error de hecho porque  “está  inventando  la  prueba,  le  está  dando un  alcance    que    no   tiene   y   ello   constituye   tergiversación   de   la  prueba”.   

Del  código  penal  que  a la sazón estaba  vigente,  el  demandante  considera  vulnerados  por  el  fallo del Tribunal los  artículos  349, por equivocación en la adecuación de la conducta; 350, por la  actualización   de   la  causal  de  calificación  atrás  referida;  23,  por  atribuirle  coautoría;  así como el 5, 35 y 36, por haber concluido sin prueba  que el actuar de su patrocinado fue doloso.   

          Por  todo  ello,  solicita  la  casación del fallo de segundo grado  para reemplazarlo por uno de naturaleza absolutoria.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

          De   la   revisión   preliminar   del   libelo  surge  evidente  el  incumplimiento  de  las exigencias formales contempladas en el artículo 225 del  Código  de  Procedimiento  Penal vigente para la época de su confección (hoy,  art.  212 de la ley 600 de 2000), fundamentalmente las  contenidas  en  los  numerales  3°  y  4°,  razón  suficiente  para  que  la  Sala  proceda a  rechazarlo y a declarar desierto el recurso.   

En este orden de ideas, como el casacionista  incumplió  el  deber  de  señalar  con  claridad y precisión el motivo de los  ataques  que  anuncia formular a la sentencia de segunda instancia, así como de  sustentarlos  de  manera lógica y coherente para hacer viable su examen de  fondo,  la  Sala,  sin desnaturalizar el medio extraordinario de impugnación ni  desconocer  el principio de limitación que lo rige, no puede entrar a constatar  si  en  verdad  se  produjo  alguna infracción de la ley sustancial en el fallo  atacado.   

          En  efecto,  si el actor arguyendo la violación indirecta de la ley  sustancial  pretendía  evidenciar errores en la apreciación de la prueba, como  podría  concluirse  de  la  referencia normativa contenida en el libelo (inciso  2°,  numeral  1° del artículo 220 del  anterior C. de P. P.; hoy, el 207  ibídem),   era  de  su  exclusivo  resorte,  como  lo  tiene dicho la Sala  reiterada  y  pacíficamente,  identificar  claramente  los yerros, acreditar su  ostensible       presencia      en      el      fallo      impugnado,  y  demostrar  en  forma  inconcusa  su  incidencia  trascendente  en  la  parte  dispositiva del mismo. Lo anterior, sin  dejar   de  indicar  la  norma  sustancial  transgredida  y  el  sentido  de  su  violación,  es decir, si a ello se llegó por falta de aplicación del precepto  al  caso concreto, o porque se interpretó erróneamente, o por haberse aplicado  indebidamente porque no regulaba el caso.   

Tratándose  entonces  de  errores  en  la  apreciación  de  las  pruebas,  en  punto  de la trascendencia del vicio y como  parte  de  la  fundamentación del cargo llamado a quebrar la sentencia atacada,  una  vez  demostrado  el  yerro  se  impone para el demandante la obligación de  analizar  de  nuevo  el  material  probatorio,  con  prescindencia de los medios  afectados  por  el error, para ver de constatar si aún así las conclusiones de  la  sentencia  se  mantienen  o,  por  el  contrario,  quedan sin fundamento. Lo  anterior,  porque  tratándose  de  un  instrumento  de  impugnación técnico y  rogado  como es la casación, en la postulación de las censuras no pueden tener  cabida  consideraciones  personales  sobre  la  forma  como  debió definirse el  juicio,  dado  que en tales eventos prima siempre el criterio del juzgador sobre  el  de  las  partes,  ungidos  como  llegan  a esta sede sus fallos con la doble  presunción de acierto y legalidad.   

Como  atrás  se  indicó,  los  anteriores  parámetros  de  admisibilidad fueron ostensiblemente desatendidos en la demanda  que  por  corresponder  al  modelo de un escrito de libre factura más parece un  alegato  de  instancia,  de  imposible  recibo  en  casación.  En  efecto,  con  relación  al  anunciado  primer  cargo  y en cuanto tiene que ver con la única  prueba  en  concreto a la que se refirió el demandante, esto es la declaración  del   “insular   testigo   de  cargo”,  se  enuncian  como  yerros del sentenciador el haberle dado a sus  asertos  “un  alcance  muy distinto al que realmente  tiene”,  y que los  apreció con desconocimiento  de   las   reglas   de  la  sana  crítica  o  de  valoración  racional  de  la  prueba.   

Sin  embargo, nada dice el censor en punto a  la  demostración  precisa  de  lo  que  en  concreto  dijo  el  “único  testigo  de  cargo”, cuál es el  contenido  material  de dicho medio de convicción, cómo lo asumió el juzgador  y  de  qué  manera  pudo  haberlo  cercenado,  tergiversado  o adicionado en su  expresión  fáctica.   Y  en cuanto a su ponderación en el fallo atacado,  tampoco  indica la demanda cuáles  leyes de la ciencia, o postulados de la  lógica,  o  reglas  de  la experiencia pudo desconocer el Tribunal al asignarle  mérito  persuasivo. En síntesis, ningún error alcanza siquiera a concretar el  demandante     en     la     apreciación     que     hizo    el    ad-quem     de     este     medio    de  convicción.   

Y en cuanto a la segunda censura, dizque por  un   falso   juicio  de  existencia,  ninguna  vocación  de  prosperidad  puede  atribuírsele,  pues el actor omite la obligada referencia a la prueba objeto de  suposición,  con  lo  que deja sin fundamento la afirmación de que el Tribunal  se   “está   inventando  la  prueba”.   

Así, ante los insalvables defectos de orden  técnico  y  de  fundamentación  que  la Corte no puede enmendar por virtud del  principio  de  limitación  que  gobierna  la casación, como ya se anunció, se  inadmitirá la demanda y se declarará desierto el recurso.   

Por  lo  expuesto,  LA CORTE SUPREMA DE  JUSTICIA, SALA DE CASACION PENAL,   

R E S U E L V E  

Inadmitir la demanda de casación presentada  por  el  defensor  del procesado YESID HELY HERNANDEZ CASTILLO, en consecuencia,  se declara desierto el recurso interpuesto.   

Contra   este   auto  no  procede  recurso  alguno.   

Cópiese, cúmplase y devuélvase al Tribunal  de origen.   

CARLOS EDUARDO MEJIA ESCOBAR  

FERNANDO          ARBOLEDA  RIPOLL                  JORGE E. CÓRDOBA POVEDA   

HERMAN   GALÁN   CASTELLANOS                                              CARLOS  A. GÁLVEZ  ARGOTE   

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO                                              EDGAR  LOMBANA TRUJILLO   

ALVARO       ORLANDO       PÉREZ  PINZÓN                        NILSON PINILLA  PINILLA   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria    

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