16280(07-12-01)

2001

Asistente Jurídico Inteligente

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    República    de  Colombia   

         

Corte Suprema de Justicia  

Proceso No 16280  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

MAGISTRADO  PONENTE   

ÁLVARO ORLANDO PÉREZ PINZÓN  

APROBADO ACTA No. 192  

         Bogotá,   D.C.,   siete   (07)   de   diciembre  de  dos  mil  uno  (2001).   

VISTOS  

         Resuelve  la  Sala  los  recursos  de casación interpuestos por el  apoderado  de  la  parte  civil  y  por el representante del Ministerio Público  contra   la   sentencia   absolutoria   que  a  favor  del  señor  ALBERTO   YEPES   BARREIRO   dictó  el  Tribunal Superior de Neiva el 27 de enero de 1999.   

HECHOS  

         En  la  tarde  del  31  de  octubre  de  1995,  en  la vía que del  municipio  de Gigante conduce al de Hobo, ambos en el departamento del Huila, se  accidentó    el    vehículo    conducido    por    el   abogado   ALBERTO  YEPES  BARREIRO, hecho en el que  murió  MIGUEL  ÁNGEL  BAUTISTA SALAS y sufrió lesiones JORGE COVALEDA TAMAYO,  quienes viajaban en el automotor.   

ACTUACIÓN  PROCESAL   

         La  Fiscalía  Novena Seccional de Neiva inició la instrucción el  8  de  noviembre  de  1995  (fl.  13  vto.),  escuchó  en indagatoria al señor  ALBERTO  YEPES  BARREIRO el  19  de  diciembre  siguiente  (fl. 52) y el 4 de septiembre de 1996 resolvió su  situación  jurídica  con  medida de aseguramiento de detención preventiva por  los  delitos  de  homicidio  y lesiones personales culposos (fl. 76). Cerrada la  investigación  el  29 de octubre del mismo año (fl. 91), el 11 de diciembre de  1996 se calificó su mérito con resolución acusatoria (fl. 97).   

         El  Juzgado  4º.  Penal  del  Circuito  de  Neiva dictó sentencia  condenatoria  el  18  de  agosto  de  1998  y  le  impuso al señor YEPES  BARREIRO  la pena de dos años de  prisión,  multa  de  mil  pesos,  suspensión en el ejercicio de conducción de  vehículos  automotores  por el término de un año, interdicción de derechos y  funciones  públicas  por  un  período  de  dos  años  e indemnización de los  perjuicios  causados  con  el delito de homicidio culposo, y cesó procedimiento  por el ilícito contra la integridad personal (fl. 235).   

         Apelada  la  sentencia  por  el defensor del procesado, el Tribunal  Superior  de  Neiva  revocó  las condenas el 27 de enero de 1999 (fl. 42 C.T.).   

LAS  DEMANDAS   

         I. Parte civil.   

         El  apoderado  de  la parte civil acusa la sentencia por violación  indirecta  de  la  ley  sustancial  derivada de errores en la apreciación de la  prueba, debido a falsos juicios de identidad y de existencia.   

         Sobre  los  primeros,  después de afirmar que se tergiversaron los  testimonios  de  HÉCTOR  OLARTE  y  JAVIER  HERNANDO  GARCÍA, algunos de cuyos  apartes  transcribe,  le critica al Tribunal que no les hubiera dado importancia  a  ellos y sí a lo manifestado por el procesado y por RUFINO MACÍAS, sin tener  en  cuenta los principios de la sana crítica. Concluye que respecto de aquellos  declarantes  el  fallador  incurrió en omisión parcial y error de lógica, que  lo llevó a encontrar una verdad diferente de la real.   

         Con  relación  a  los  segundos,  sostiene  que  no se apreció el  documento    que    contiene    el    croquis    del    accidente   –que  no se valoró en debida forma ni  se  tuvo  en  cuenta-, ni la inspección judicial realizada al lugar donde éste  ocurrió  ni un memorial del procesado en el que reconoce que la causa del mismo  fue el involuntario volcamiento del vehículo.   

Como el juzgador no apreció los testimonios  y  las  demás  pruebas  en  su  conjunto de acuerdo con el principio de la sana  crítica,  inclinó  su  criterio  a  favor  del procesado violando por falta de  aplicación  los  artículos  26, 329 y 340 del Código Penal entonces vigente y  el   445   del   estatuto   procesal  de  1991,  por  aplicación  indebida.  En  consecuencia,  solicita  casar  la  sentencia y, en la que debe reemplazarla, se  condene al procesado por los cargos que se le formularon.   

         II. Ministerio Público.   

         El  Procurador  137  Judicial II Penal ante el Tribunal Superior de  Neiva  formula  dos  cargos  contra  la  sentencia, ambos con apoyo en la causal  primera de casación, cuerpo segundo.   

         Primer cargo.   

         El  fallador cometió evidentes errores de hecho por falsos juicios  de  identidad,  pues  distorsionó  y  tergiversó  el contenido material de los  testimonios  de  JORGE COVALEDA, HÉCTOR OLARTE y JAVIER HERNANDO GARCÍA, y del  informe    del    accidente,    desconociendo    las    reglas    de   la   sana  crítica.   

         En  este sentido, sobre la versión de COVALEDA TAMAYO, dice que el  Tribunal  dedujo  equivocadamente que el accidente se produjo después de que el  vehículo  conducido  por  el procesado había adelantado al que le antecedía y  había  tomado  nuevamente  su carril, el cual fue invadido por el automotor con  que  colisiona,   pues  lo  que  sostiene  el  testigo  es que el choque se  produjo  en el momento mismo en que se pretendía hacer el sobrepaso. Tampoco es  cierto  que  en  su segunda deponencia el testigo hubiera sido reiterativo sobre  aquel  aspecto  porque  en  la primera no se refirió al tema, ni que de acuerdo  con  su  dicho  el  adelantamiento  se hubiera realizado en un sector permitido,  porque en este punto el declarante es contradictorio.   

         Con   relación   a   los  testimonios  de  OLARTE  y  GARCÍA,  el  Ad  quem  puso en duda que  hubiesen  sido  testigos  presenciales y les hizo decir cosas que no expresaron,  como   que   el   vehículo   con  el  que  colisionó  el  señor  YEPES  BARREIRO  hubiera  asomado en una  curva.  El  Tribunal  no  puede  descalificarlos con argumentos simples como que  debían  estar  mirando  para  el lado contrario, pues sus dichos están acordes  con  los del procesado en cuanto a la forma como aconteció el accidente y a las  circunstancias   posteriores,   razón   suficiente   para   que  se  les  diera  credibilidad.  Si  no  la merecían mintieron y se debió ordenar la compulsa de  copias   para   investigarlos   por  falso  testimonio,  como  lo  solicitó  la  defensa.   

         Respecto  de la huella de frenada que figura en el croquis, se dice  en  la  sentencia  que  bien  pudo ocasionarla no el carro del procesado sino la  camioneta,  pero  no  se tiene en cuenta que el sitio donde se produjo ya había  sido  pasado  por  ésta,  de  una  parte,  y  que  el  rastro  coincide  con la  trayectoria de aquél, por otra.   

         Concluye  que  si  el  Tribunal  hubiera  valorado  las  pruebas de  acuerdo  con  las  reglas  de  la  sana  crítica,  hubiese tenido en cuenta los  artículos  37 y 329 del Código Penal, en lugar de los artículos 294, 254, 445  y     247     del     Código    de    Procedimiento    Penal,    que    aplicó  indebidamente.   

         Segundo cargo.   

         Con  sustento  en la misma causal primera, cuerpo segundo, se ataca  la  sentencia  por  la  violación indirecta de la ley sustancial que produjo el  error  de hecho por falso juicio de existencia por omisión en la valoración de  la  indagatoria y las diferentes intervenciones del procesado, las que considera  suficiente  prueba  de  responsabilidad  y  que por servir de apoyo a la condena  impuesta   por  el  A  quo  debieron  ser  examinadas por el Tribunal, pues la explicación de la forma como  ocurrieron  los  hechos  que suministra aquél, avalada por la huella de frenada  que  muestra  la  excesiva  velocidad  a  la  que conducía, permite concluir su  actuar culposo.   

         Es  igualmente imprecisa la sentencia porque inicialmente adecua el  hecho   dentro   de  una  causal  de  inculpabilidad,  pero  luego  absuelve  en  aplicación del in dubio pro reo.   

         Considera  que  la  omisión  señalada  condujo  al  Tribunal a no  aplicar  los  artículos  37 y 329 del Código Penal y a la indebida aplicación  de  los  artículos 246, 247, 254 y 445 del estatuto procesal, y solicita que se  case  el  fallo y en su lugar declare la responsabilidad del doctor YEPES  BARREIRO como autor del delito de  homicidio culposo.   

ESTUDIO   DEL   NO  RECURRENTE   

    

1. Sobre la demanda de la parte civil:     

Manifiesta  que el cargo por error de hecho  por  falso  juicio  de  identidad  lo desarrolla el demandante como un yerro por  omisión,  pues  en  lugar  de demostrar que los testimonios de OLARTE y GARCÍA  fueron  apreciados  parcialmente  o se les hizo decir más de lo que en realidad  informaron,  reprocha que el Tribunal no hubiera apreciado el relato del momento  preciso en que ocurrieron los hechos.   

         Si  la  crítica porque el fallador no tuvo en cuenta la constancia  de  la  citación que se le hizo al testigo RUFINO MACÍAS y de su excusa por su  ausencia  se  pretende  presentar  como  un  falso  juicio de identidad, como al  parecer  se  advierte,  se equivoca igualmente el censor en su reclamo porque no  señala   la   importancia   probatoria   de   esos   folios,  ni  cómo  fueron  tergiversados,  ni  que  incidencia tuvieron en la valoración de ese testimonio  ni la trascendencia del error en el sentido de la decisión.   

         Considera  que  el  reproche  porque  el  fallador  no  aplicó los  principios  de  la  sana  crítica  no  sólo  es  un cargo adicional que debió  presentar  por  separado,  sino  que  no  demuestra  cómo  pudo  incidir  en la  sentencia.   

         Al  referirse  al  error  por  falso  juicio  de  existencia que el  casacionista  le  atribuye  al  Tribunal,  dice  que lo desarrolla como un falso  juicio  de  identidad porque lamenta que el croquis no hubiera sido apreciado en  debida  forma, además de que presenta su propia interpretación sobre la huella  de  frenada,  lo que constituye un alegato por tergiversación de la prueba pero  no por su omisión.   

         Sobre  las referencias a la diligencia de inspección judicial y al  escrito  presentado por el procesado en el que alude al involuntario volcamiento  de  su  vehículo,  manifiesta  que  el  censor no indica si se trata de pruebas  omitidas o distorsionadas ni demuestra el error.   

         Concluye  que  como  la  Corte  no  puede  subsanar los defectos de  técnica    en    que    incurre   el   demandante,   los   cargos   no   pueden  prosperar.   

         2. Sobre la demanda del Ministerio Público:   

         Respecto  del  primer  cargo,  afirma  que  se  presentó de manera  inadecuada  porque  es  distinto  el falso juicio de identidad que el desacato a  las  reglas  de  la  sana  crítica.  De todas formas, la valoración probatoria  hecha  por  el Ad quem no es  desacertada  ni  irreal  ni  carece de fundamento porque así lo diga el censor,  quien  debe  explicar  en  qué  consiste  la debida apreciación de la prueba y  luego  demostrar  que  el fallador no procedió así. Y cuando se alega falta de  fundamento  jurídico  en  su  valoración,  se deben señalar las normas que le  sirven  de  sustento,  caso  en  el  cual  el  error  no sería de hecho sino de  derecho.   

         Sobre  el segundo cargo, sostiene que las intervenciones procesales  del  sindicado  son  fundamentalmente  medios  de  defensa  y  no de prueba y la  crítica  probatoria que hace el fallador apunta a confirmar o desvirtuar lo que  aquél  dice  en  esas oportunidades, pues la valoración se hace en función de  demostrar  el hecho y la responsabilidad del sindicado, de manera que a pesar de  que  en la sentencia no se haga referencia expresa a esas versiones, no se puede  afirmar que fueron omitidas.   

         Finalmente,  si  la pretensión del Procurador recurrente es que se  case  la  sentencia  para  que  en  la  de reemplazo se condene al procesado, no  tenía  que  protestar por la imprecisión que le atribuye al fallo en cuanto al  reconocimiento  de  la  duda  o  de  una  causal  de  inculpabilidad, porque las  consecuencias prácticas y jurídicas son las mismas.   

Solicita, como corolario de lo anterior, que  se desestimen los cargos.   

         

CONCEPTO DEL MINISTERIO  PÚBLICO   

         1. Demanda del apoderado de la parte civil:   

         Con  la  advertencia inicial de que las pretensiones de este sujeto  procesal   son  legítimas  porque  de  la  condena  del  procesado  depende  la  indemnización  de  perjuicios  que  reclama,  el Delegado aborda el estudio del  cargo  referido al error de hecho por falso juicio de identidad, para anotar que  el  propósito  del  demandante  es el de presentar su propia apreciación de la  prueba  destacando  las  declaraciones  rendidas  por  HÉCTOR  OLARTE  y JAVIER  HERNANDO  GARCÍA  y  criticando  la  ausencia  del  testigo MACÍAS ALVIRA, sin  demostrar  en  qué  consiste  la  distorsión que le reprocha al fallador y, en  últimas,  desviando  la  vía escogida para entrar en terrenos del falso juicio  de convicción.   

         Con  relación  al falso juicio de existencia respecto del croquis,  manifiesta  que  la carencia de fundamento del ataque -pues en el fallo se alude  varias  veces  a  esta  prueba-  y la indicación de otros medios de convicción  ciertamente  omitidos  pero  irrelevantes  para  la decisión, demuestran que el  censor,  abandonando  la  técnica del recurso, veladamente intenta presentar su  particular   visión   probatoria   orientada  a  favorecer  los  intereses  que  defiende.   

         Agrega  que el demandante excede su interés cuando solicita que se  condene  al  procesado  también  por las lesiones personales causadas al señor  COVALEDA   TAMAYO,   respecto   de   lo  cual  el  Ad  quem  cesó  procedimiento,  pues  no  actúa  en  su  representación.   

         Estima la Delegada que el cargo no debe prosperar.   

         2. Demanda del Agente del Ministerio Público:   

         a. Primer cargo.   

         Desatiende  el  libelista la técnica del recurso, pues en lugar de  sustentar  el  cargo  señalando  la  distorsión  producida por el Tribunal, se  dedica  a ofrecer su propia apreciación sobre los medios de prueba. Además, se  equivoca  cuando  le  reprocha  al Ad quem  haber  construido  una  causal  de  inculpabilidad a partir de la  declaración  de  JORGE COVALEDA, cuando en realidad la sentencia absolutoria se  funda  en la falta de certeza sobre la causa del accidente, conclusión a la que  contribuye   además   la   imposibilidad   de   determinar  a  cuál  vehículo  corresponden  las  huellas de frenada. Si se hubiera demostrado que el choque se  produjo  por  la  súbita  aparición  de  la  camioneta,  la absolución debía  basarse  en  la  ausencia  de  culpabilidad.  Y si, por el contrario, se hubiese  acreditado  la  falta  de  prudencia,  pericia  u observancia de reglamentos, la  sentencia  sería  de  condena  por  comisión  de  un  delito  con  culpa.  Las  declaraciones   de   OLARTE   y   GARCÍA,   que   permitirían   sustentar   la  responsabilidad  penal,  son  criticadas  por  el fallador al punto de dudar que  hubiesen sido testigos presenciales de los hechos.   

         Los  reproches  que  le  hace  el  censor al testimonio de COVALEDA  resultan  intrascendentes,  pues  el  fallo no se apoyó en esa prueba porque la  causa  real  del  accidente no se pudo acreditar, de manera que no es cierto que  el  Tribunal  le  dé credibilidad a este testigo o que construya la absolución  restándole mérito a las declaraciones de OLARTE y GARCÍA.   

         Destaca  el  delegado  los  errores  de  técnica en que incurre el  casacionista,  quien  antepone  su valoración para que se case la sentencia con  fundamento   en  estos  testimonios,  sin  tener  en  cuenta  que  la  detallada  apreciación  que  de ellos hizo el Tribunal impidió darles crédito, aunque no  hasta el punto de ordenar la investigación por falso testimonio.   

         Respecto  del croquis, reitera la Delegada que no hay prueba de que  la  huella  de  frenada  pertenezca al carro que manejaba el doctor YEPES BARREIRO.   

         El cargo, concluye, no debe prosperar.   

         b. Segundo cargo.   

         Comparte  la  afirmación del no recurrente en el sentido de que no  es  posible  omitir  las  intervenciones  del imputado porque, aunque no se haga  expresa  referencia  a  ellas,  todo  el  proceso  y  por  supuesto  también la  valoración   probatoria,   giran   en   torno   a   la   demostración   de  su  responsabilidad.  Anota  que  como se puso en duda la explicación del procesado  sobre   la  existencia  de  un  caso  fortuito,  el  sustento  de  la  sentencia  absolutoria  no  es su versión sino la falta de certeza. Solicita desestimar el  cargo.   

         

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

         I. Demanda del apoderado de la parte civil.   

         Bastante  se  ha  dicho,  y  ahora  se reitera, que existe error de  hecho   por  falso  juicio  de  identidad  cuando  el fallador tergiversa el contenido material de la prueba  haciéndole  expresar  algo que no decía, en cuyo caso la censura debe señalar  de  manera  específica  cuál  fue  el  medio de convicción que distorsionó o  desfiguró  el  juez  porque  le  quitó  o  agregó  una  parte  al  hecho o lo  sectorizó  o  parceló, en tanto que cuando ignora, desconoce u omite reconocer  la  presencia  de una prueba válidamente producida o cuando supone o imagina un  hecho  porque  cree equivocadamente que la prueba obra en el proceso se trata de  un    falso    juicio   de   existencia  y  quien  lo  invoca  debe  indicar cuál fue la prueba que no se  apreció o que se supuso.   

         Un  tercer  tipo  de  error  de  hecho,  conocido como error   de   raciocinio,   alude  a  la  contemplación  que  hace el juez de los hechos en sí mismos considerados, pero  que  como  consecuencia de ello plasma en la sentencia inferencias erróneas por  inexacta  observación  de  los elementos de la sana crítica, evento en el cual  al  casacionista  le  corresponde  señalar  con precisión cuáles reglas de la  lógica,  de  la  ciencia  o  de  la  experiencia  fueron  desconocidas  por  el  fallador.   

Además,  en todos los casos, el demandante  debe  desarrollar  la  censura  acreditando  la  trascendencia  del  error  y la  relación  de  causalidad  entre éste y la parte resolutiva de la sentencia, de  manera  que aparezca evidente cómo, de no haberse cometido aquél, la decisión  hubiera sido sustancialmente diferente de la que se adoptó.   

         Pues  bien: no se ajusta a estas premisas aducir un falso juicio de  identidad  porque el Ad quem  “resta  importancia”  a  unos  testimonios  que para el demandante son “de  excepción”  y  en  cambio  acoge otro distinto y la versión del procesado; o  reprochar   seguidamente,   sin   ningún   desarrollo   y  como  complemento  o  prolongación  de  la censura, que no se tuvieron en cuenta los principios de la  sana  crítica  –lo  que  constituiría  un  error  de  raciocinio-  sin expresar siquiera las razones del  ataque;  o  afirmar  que  no  se  aludió  a  unos  medios de convicción que en  realidad  fueron  considerados  y  valorados por el Tribunal, como ocurre con el  croquis  al que se refiere la sentencia en su página 30; o señalar pruebas que  sí  fueron  omitidas  pero guardar silencio sobre la incidencia que, de haberse  apreciado, tendrían en el sentido de la decisión.   

         Ciertamente,  todo  el esfuerzo del demandante se orienta a valorar  la  prueba desde su personal óptica, reclamando que se les otorgue credibilidad  a  unos  testimonios  de  cuya  veracidad  o  fidelidad  dudó  el  Ad  quem,  cuestión  que, como en otras  ocasiones     lo     ha     dicho     la     Sala1   

,  no  puede  ser  de suyo controvertida en  casación  dada  la  abolición  en  nuestro  ordenamiento del sistema de tarifa  legal para la evaluación probatoria.   

         En consecuencia, no prospera el cargo.   

         II. Demanda del Procurador 137 Judicial II Penal.   

         Primer cargo.   

         Planteada  la  censura  desde la perspectiva del error de hecho por  falso  juicio de identidad, el libelista debe orientar de inmediato su escrito a  la  demostración  de la tergiversación o distorsión de la prueba, para lo que  le  bastaría  simplemente confrontar lo que ésta dice con lo que le hizo decir  el  fallador,  y  luego  mostrar  la  trascendencia del error, su magnitud, y la  incidencia que tuvo en el sentido de la decisión.   

         En  lugar de proceder así, el demandante mezcla varias especies de  error   de   hecho   porque   simultáneamente   le   reprocha  al  Tribunal  la  tergiversación  de unas declaraciones –falso  juicio  de identidad- y “el desconocimiento abierto de las  reglas  de  la  sana  crítica”  en  su valoración -error de raciocinio- y no  intenta  siquiera  demostrar  ninguno  de  los  dos,  porque prefiere ensayar su  propia  interpretación.  En  tal  cometido, pretende darle a las palabras de un  testigo  el alcance que estima adecuado a la finalidad que persigue, ocupándose  de  nimiedades  como  señalar que no se puede reiterar lo que sólo se dice una  vez,  y destaca una aparente contradicción del declarante, pero en ningún caso  indica  con  precisión  y  claridad cómo se tergiversó ese testimonio, ni los  otros  dos, provenientes de HÉCTOR OLARTE y JAVIER HERNANDO GARCÍA, dichos que  de  acuerdo con las propias afirmaciones del recurrente en verdad no aparece que  hubiesen   sido   distorsionados   sino   que   simplemente   no   se   les  dio  crédito.   

         Así  también  sucede  con  la apreciación que consigna el censor  respecto  de  las huellas de frenada, enfrentando la suposición que le reprocha  al  Ad  quem con la que él  mismo  elabora  pero  que  reputa  más  lógica  siempre  que  se admita que la  camioneta   no   invadió   el   carril   por   el   que   transitaba   el  otro  vehículo.   

         En consecuencia, el cargo será desestimado.   

         Segundo cargo.   

         No   prosperará  esta  censura  fundada  en  el  falso  juicio  de  existencia   respecto  de  la  indagatoria  del  procesado,  que  a  juicio  del  demandante   ignoró   el   fallador,   pues  el  cargo  carece  de  fundamento.   

         Al    efecto,    baste   indicar   que   cuando   el   Ad  quem le atribuye al declarante JORGE  COVALEDA  TAMAYO  la  calidad  de  testigo  de  descargos “pues coincide en lo  esencial   de   su  versión  con  la  del  procesado  toda  vez  que  narra  lo  siguiente…”  (fl.  65  C.T.), forzosamente ha considerado el contenido de la  indagatoria  para  efectuar  la  comparación y llegar a la conclusión anotada.  Así  también  cuando  se  afirma  que, “conforme a la versión de COVALEDA y  procesado”,  éste  sobrepasó  un vehículo antes del puente El Pescador (fl.  67  ib.),  o que el abogado YEPES BARREIRO  no  menciona  a  los  señores OLARTE y GARCÍA como personas que  estuvieran  presentes  en  el  lugar  de  los hechos (fl. 69), o que el indagado  citó  como  testigo  en  su  exposición  al médico RUFINO MACÍAS ALVIRA (fl.  70).   

         Como  se  desprende  de  todo  lo  anterior es indiscutible que los  juzgadores  no  solamente observaron, tuvieron en cuenta la injurada sino que, a  más  de  ello, la examinaron con suficiencia, la necesaria para extraer de ella  las consecuencias que plasmaron en su decisión.   

         Así  las  cosas,  se repite, los falladores no ignoraron tal pieza  probatoria  y por consiguiente mal podía el casacionista predicar e insistir en  un   falso   juicio   de  existencia  en  relación  con  la  misma.           

         Por  lo  anterior, no se casará la providencia impugnada, conforme  con  la  normatividad  vigente  para  los  días  de  la sentencia impugnada, el  Código Penal de 1980 y el Decreto 2700 de 1991.   

         En  mérito  de lo expuesto, la Sala de Casación Penal de la Corte  Suprema  de  Justicia,  administrando  justicia en nombre de la República y por  autoridad de la ley,   

RESUELVE  

NO     CASAR     la    sentencia  recurrida.   

         Contra esta decisión no procede recurso alguno.   

Cópiese, cúmplase y devuélvase al Tribunal  de origen.   

CARLOS   E.   MEJÍA  ESCOBAR   

No hay firma  

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL                              JORGE    E.    CÓRDOBA  POVEDA   

HERMAN   GALÁN   CASTELLANOS                              CARLOS    A.    GÁLVEZ  ARGOTE   

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO                                ÉDGAR      LOMBANA  TRUJILLO   

ÁLVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN              NILSON  PINILLA     PINILLA                              

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

1  Cfr.,  por ejemplo, autos de 13 y 14 de marzo y 16 de  mayo  de  2000,  radicados  15.878,  15.753  y  16.397,  M.P. Dr. Édgar Lombana  Trujilo,  y  del  11  de  septiembre  de  2000,  radicado 15.400, M.P. Dr. Jorge  Aníbal  Gómez  Gallego;  y  sentencias del 16 y 29 de marzo de 2000, radicados  10.963  y  10.858,  MM.PP.  Drs.  Jorge  Aníbal Gómez Gallego y Carlos Eduardo  Mejía Escobar, respectivamente.     

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