16267(23-07-01)

2001

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso N° 16267  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                            Magistrado Ponente:   

                                Dr.     JORGE     ANIBAL     GOMEZ  GALLEGO   

                            Aprobado Acta N° 103   

          Bogotá D.C., veintitrés de julio de dos mil uno.   

  VISTOS  

          Se  pronuncia  la  Sala  acerca de la admisibilidad de la demanda de  casación    formulada    por    la   defensora   del   procesado   GIOVANNY  CASTELLANOS  BALSEROS, contra la  sentencia  proferida por el Tribunal Superior de Bogotá el 21 de abril de 1999,  confirmatoria  de  la  condena  de  36  meses  de  prisión que por el delito de  falsedad   material  de  particular  en  documento  público,  en  concurso,  le  impusiera el Juez 36 Penal del Circuito de la ciudad.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

            Con el propósito de obtener la visa que le permitiera    trasladarse  a los Estados Unidos de América, GIOVANNY  CASTELLANOS  BALSEROS acudió en noviembre de 1990 a la  oficina  de  la embajada que de dicho país funciona en esta ciudad, presentando  a  dicho  efecto  documentación que resultó ser falsa y para cuya elaboración  se le acusa de haber sido el determinador.   

          El  Juez  72  de  Instrucción  Criminal  de  la  época inició las  primeras  pesquisas  y  previa citación del sindicado lo escuchó en descargos.  Una  vez  entró  a  operar  la  Fiscalía  General de la Nación, el asunto fue  asignado  al  Fiscal  172  Delegado  de  la Unidad 6ª de Patrimonio Económico,  funcionario  que  inicialmente  se  abstuvo  de proferir medida de aseguramiento  alguna  al definir la situación jurídica; empero, reasignado el caso al Fiscal  149  Seccional,  después  de  negar  la  preclusión de la investigación que a  favor  del  encartado se había solicitado -decisión que mereció el aval de la  Unidad  de  Fiscalías  Delegadas ante el Tribunal Superior de Bogotá-, dispuso  la  vinculación  al  prontuario como persona ausente de José Vicente Mogollón  Corchuelo,  gestor  a  quien  supuestamente CASTELLANOS  BALSEROS  le  había  confiado  la tramitación de los  documentos  reputados espurios; y por proveído del 5 de junio de 1996 calificó  el  mérito  del  sumario  con  resolución  de  acusación,  imputándole a los  procesados  los cargos de falsedad material de particular en documento público,  uso de documento público falso y falsedad en documento privado.   

         

Impugnada dicha determinación, la Fiscalía  Delegada  ante  el  Tribunal  la  modificó  por la suya del 11 de diciembre del  mismo  año  revocando  la  acusación  en  lo atinente al delito de falsedad en  documento  privado,  pues,  consideró  que  en  este evento la acción penal no  podía  proseguirse  por  encontrarse  prescrita; y en relación con la falsedad  material   de   particular  en  documento  público  declaró  que  respecto  de  CASTELLANOS   BALSEROS  se  trataba  de  un  concurso homogéneo y sucesivo, agravado por el uso.   

          Del  juicio  conoció el Juzgado 36 Penal del Circuito, despacho que  puso  fin  a  la  instancia  con el fallo del 5 de noviembre de 1998 mediante el  cual,   en  consonancia  con  el  pliego  de  cargos,  condenó  a  CASTELLANOS  BALSEROS a la pena de 36 meses  de  prisión,  mientras que a Mogollón Corchuelo lo sancionó con 28 meses, y a  ambos  les  suspendió  la ejecución de la sentencia. Impugnada ésta, mediante  proveído  del 21 de abril de 1999, el Tribunal Superior de Bogotá le impartió  confirmación integral.   

LA  DEMANDA   

          Dos  cargos  formula  la demandante contra la sentencia objeto de la  impugnación    extraordinaria;    el    primero    por   violación   indirecta  “por  errores  de  hecho  en  la apreciación de las  pruebas  aportadas  al  proceso”,  que  llevaron  al  juzgador  a  violar  ostensiblemente  el  principio  de  la  sana crítica y por  contera  a  aplicar en forma indebida la ley sustancial.  Y el segundo, por  haberse  incurrido  en  causal de nulidad que dice relación con la vulneración  al derecho de defensa.   

          PRIMER CARGO.   

          En  lo  concerniente  con la supuesta violación indirecta de la ley  sustancial,  y  en  aras  de  probar  los  yerros  en  que incurrió el juzgador  “en   la  aplicación  del  Principio  de  la  SANA  CRÍTICA”,  dos  clases  de  pruebas  relaciona  la  casacionista:  las  que  el  sentenciador  calificó de esenciales para tomar la  decisión,  y  las  que tienen relevancia en la demostración del error argüido  en  tanto que, hallándose presentes en el proceso, no fueron estimadas, pruebas  estas   que  precisamente  son  las  que  dan  cuenta  de  la  inocencia  de  su  asistido.           

Luego  de  referirse la actora a cada uno de  esos  elementos  de  convicción  e  insistiendo en predicar que “por  errada  interpretación  y aplicación de la prueba”  fue  por  lo  que se vinculó al proceso a su defendido, afirma  que  el  fallador  desconoció  “el sentido del medio  probatorio”  y  dio por sentada la existencia de los  presupuestos  que para condenar demanda el Art. 247 del Código de Procedimiento  Penal,  por  el  mero  hecho  de  haberse  hallado  al  acusado  en posesión de  documentos  públicos  falsos,  sin  parar  mientes  en que, como así lo alegó  desde su inicial injurada, ignoraba por completo su contenido.   

El  dicho  de  su defendido por parte alguna  aparece  desvirtuado,  sostiene  categóricamente  la  demandante,  y quien pudo  haberlo  hecho,  o  sea  el funcionario a cuyo cargo estuvo la recepción de esa  documentación,  no  fue  llamado  al  proceso, siendo este testimonio el que se  echa  de  menos,  como  también  la  experticia  que  sobre aquélla se omitió  realizar.  A  tal  conclusión dice arribar la libelista, después de contrastar  la prueba de cargo con las exculpaciones del acusado.   

No queda la menor duda, asevera finalmente la  recurrente  extraordinaria,  “que de haberse seguido  paso  a  paso  el  cotejo  de  hechos  y  pruebas  el  resultado hubiese sido LA  REVOCATORIA  DE  LA  SENTENCIA CONDENATORIA”, y en su  lugar  se  hubiera  absuelto al justiciable, como lo debe hacer la Corte casando  el  fallo  y dictando el de reemplazo “que en derecho  corresponda.”   

SEGUNDO        CARGO.   

En  el  mismo  acto  en  que  el  procesado  pretendió  hacerse a la visa y al tenerse sospecha de que la documentación que  para  tal efecto presentó era falsa, fue detenido y puesto a disposición de la  Policía  Judicial-DIJIN;  y  seguidamente, aduce la libelista, fue escuchado en  declaración  bajo  la  gravedad  del  juramento  sobre  los  hechos  materia de  investigación.   

Una  tal  actuación  viola  los  postulados  instituidos  en  los  Arts. 29 de la Constitución Política, 283, 322 y 357 del  C.  de  P.  Penal,  y  por  ende resulta menoscabado el derecho de defensa en la  medida  en que dicha diligencia sirvió de soporte no sólo para la vinculación  mediante      indagatoria      de      CASTELLANOS  BALCEROS,  sino  también  de  la  acusación  y  del  fallo.   

Por  suerte  que, viciada de nulidad como se  halla  acreditada  la  actividad  judicial  desplegada  en  la instrucción y el  juzgamiento, su invalidación debe declararse, concluye.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

          1.  El rigor técnico que ha de observarse en la confección de toda  demanda  de  casación,  cuya  idoneidad  faculta  a la Corte para el respectivo  examen  de  fondo del asunto, no se encuentra cumplido en el libelo que a nombre  del    procesado   CASTELLANOS   BALSEROS   presentó   la  impugnante  extraordinaria,  lo  cual  impone  su  inadmisión      de  plano.   

          En  efecto,  si  bien  es  legalmente viable que se presenten cargos  excluyentes,  ello  se  encuentra  supeditado a que se haga de manera separada y  subsidiaria,  a  voces del inciso final del Art. 225 del C. de P. Penal; y si de  por  medio  está uno por nulidad, su postulación ha de ir como principal, pues  en  caso  de  llegar  a  prosperar, el estudio de los demás no tendría sentido  frente a la invalidación del fallo o de todo el juicio.    

Estas   son   las  reglas  que  ignora  la  demandante,  como  más  adelante  se verá, cuando en la fundamentación de las  censuras  propuestas  por  la  vía  de  la  violación indirecta, y no empece a  anunciar  que  ataca  la  sentencia  por  un  supuesto  error  de raciocinio por  atentarse  contra  los principios de la sana crítica, termina por argumentar un  falso  juicio  de  existencia  por  omisión  probatoria, y otro de identidad en  cuanto    a    la    “errada   interpretación   y  aplicación”  que  de la prueba hizo el fallador, amén de desconocer el principio  de  prioridad  que le impone la carga de formular en primer término el reproche  que por nulidad igualmente presentó contra la sentencia recurrida.   

2.  Pues  bien,  en  punto  a  esta  última  censura,  al  margen  de  su  inadvertida  formulación como cargo principal, de  entrada  se  descubre  la  informalidad con la que se acometió su proposición,  pues  la demandante ni siquiera se toma el trabajo de fundamentar y demostrar la  irregularidad  argüida  y menos hace algo por establecer su trascendencia en el  fallo impugnado.   

En tratándose de la causal tercera, no basta  la  enunciación  genérica  de  la  nulidad  pues,  al  igual que en los demás  motivos  de  casación,  resulta  imprescindible  acreditar  el  sentido  de  la  violación  señalando  inequívocamente  en cuál causal de nulidad cabe ubicar  la  irregularidad  pretextada, cuál el estadio procesal en que se ha producido,  y  cómo  no  es  posible  enmendar  la  irritualidad  de manera diversa a la de  quebrar  la  presunción  de  acierto y legalidad que ampara el fallo de segunda  instancia.   

La censora, si bien ubica el vicio alegado en  la  causal  de  nulidad  prevista  en  el  Art.  304-3 del C. de P. Penal, sólo  advierte   de   la   supuesta   irregularidad  cometida  con  la  práctica  del  interrogatorio  al  que  bajo  la  gravedad  del  juramento sometió la Policía  Judicial  al  hoy sentenciado en la misma fecha en que para obtener la visa para  trasladarse  al extranjero se hizo presente en la Embajada de los Estados Unidos  de  América,  descubriéndose  que  la  documentación  que  para  dicho efecto  exhibió  resultó  ser apócrifa. Ese precedente, aduce, vicia la actuación en  la  medida  en  que  la  versión así obtenida sirvió tanto al instructor para  vincular  al imputado al sumario y para luego acusarlo, como al juez de la causa  para  juzgarlo  y  condenarlo, violando todos ellos el derecho de defensa por no  haber sido escuchado libre de apremio.   

No  obstante, nada dice la censora acerca de  si  además  de  la  declaración que la policía tomó al implicado no bien fue  descubierto   con   la   documentación  espuria  se  le  recibió  declaración  indagatoria  asistido  de defensor técnico,  ignorándose por consiguiente  el  momento,  la  razón  y  la  forma  como de testigo el inculpado pasó a ser  procesado.   

Tampoco  explica  la demandante qué dijo el  ahora  sentenciado  en  la versión supuestamente rendida bajo juramento ante la  policía  judicial  y qué trascendencia tuvo en la sentencia dicha atestación,  si  el tribunal fincó exclusivamente en ella la declaración de responsabilidad  o   si,   por  el  contrario,  el  fundamento  de  la  condena  está  en  otras  probanzas.   

Tampoco  ha  precisado  la  censora  si  la  irritualidad  que  juzga constitutiva de nulidad consiste en haber oído primero  la  policía  judicial  al  justiciable  en  declaración juramentada y luego el  instructor  en indagatoria, y de ser este el motivo de reproche, deja de indicar  cuál  es  la  norma  que impide vincular como sindicado a quien inicialmente se  llamó a las diligencias preliminares como testigo.   

En  fin, imposible resulta saber cuál es la  actuación  o  el trámite que afectó negativamente la garantía fundamental de  defensa  del acusado, y cuál su trascendencia en el fallo recurrido, motivo por  el  cual  la  censura  apenas sí constituye un genérico enunciado que, dado el  principio   de  limitación  que  gobierna  la  casación,  la  Corte  no  puede  complementar o precisar.   

3.  La  casacionista  igualmente  acusa  al  fallador  de  haber  violado  en  forma  indirecta  la ley sustancial, por haber  incurrido  en errores de hecho al haberse apartado ostensiblemente de las reglas  que  informan  la  sana  crítica al momento de apreciar el material probatorio.  Para  demostrar  el  cargo,  relaciona las pruebas en las cuales el sentenciador  fundó  el  juicio  de  reproche,  y de igual manera reseñó las que, según su  criterio,   aparecen   como   relevantes  para   mostrar  la  inocencia  de  su  defendido  y  “QUE  NO  FUERON  TENIDAS  EN  CUENTA  POR  EL  JUZGADOR  DE  SEGUNDA  INSTANCIA.”   

Seguidamente sostiene que lo que ocurrió fue  que  el  Tribunal  realizó  una  errada interpretación de los medios de prueba  obrantes  en  el  proceso,  que  lo llevaron a concluir equivocadamente sobre la  existencia de la certeza requerida por la ley para condenar.   

Pues bien, una tal manera de alegar desconoce  por  completo la técnica de la casación, en la medida en que en un mismo cargo  no  pueden  proponerse  censuras excluyentes, como son los errores de raciocinio  argüidos  –en los cuales,  la  verdad  sea  dicha,  no  se  hace  referencia  alguna  a  la forma en que se  desconocen  las  reglas  de  la  experiencia  o  los  principios  científicos y  lógicos  o  el  sentido  común-;  los falsos juicios de identidad por supuesto  trastocamiento  del  contenido  fáctico  de  la  prueba, censura esta en la que  además  se  omite  especificar  de  qué  manera se tergiversó, distorsionó o  recortó  el  sentido de la prueba testimonial examinada, poniéndola a decir lo  que  realmente  no  se deriva de su contexto; y los falsos juicios de existencia  por  haberse omitido la apreciación de elementos de persuasión presentes en la  foliatura.   

La  informalidad de la demanda sube de punto  cuando  el  discurso de la libelista se orienta a reprochar el haberse dejado de  practicar   pruebas   tendientes   a  corroborar  el  dicho  del  acusado,  o  a  desvirtuarlo,  reclamo  este  que  bien  planteado conduciría a una censura por  violación  al  principio de investigación integral, demandable al amparo de la  causal  tercera  de  casación,  en cargo separado y de manera principal, con la  indicación  precisa  de  la situación favorable que le hubiese podido reportar  al  acusado  la  práctica  de  las  pruebas  cuyo  diligenciamiento  se omitió  habiendo sido posible haberlo llevado a cabo.   

En resumen, la demanda deviene inepta por no  satisfacer  las  exigencias  formales previstas en el artículo 225 del C. de P.  Penal,  por  lo  que a la Sala sólo le es dado disponer su anticipado rechazo y  declarar por consiguiente la deserción del recurso.    

          En  mérito  a  lo  expuesto,  la  CORTE  SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACIÓN PENAL,   

  RESUELVE   

         Inadmitir  la  demanda  de casación presentada por la defensora del  acusado   GIOVANNY  CASTELLANOS  BALSEROS.  En  consecuencia,  se  declara  desierto  el  recurso  de  casación  concedido  por el Tribunal  Superior de Bogotá, en razón de este asunto.    

          Conforme  con  lo  preceptuado  en  los Arts. 197 y 226 del C. de P.  Penal,  reformado  por  el  9°  de la Ley 553 de 2000, esta decisión no admite  recurso alguno.   

         Cópiese,  cúmplase y  devuélvase a su lugar de origen.   

CARLOS E. MEJÍA ESCOBAR  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL                              JORGE    E.    CÓRDOBA  POVEDA   

HERMAN   GALAN   CASTELLANOS                              CARLOS    A.    GÁLVEZ  ARGOTE           

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ GALLEGO               EDGAR  LOMBANA TRUJILLO   

ALVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN              NILSON  PINILLA PINILLA   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

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