16203jul

2000

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso Nº 16203  

          CORTE SUPREMA DE JUSTICIA   

          SALA DE CASACION PENAL   

Magistrado Ponente  

Dr.   JORGE  E.  CÓRDOBA POVEDA   

Aprobado acta N° 117  

(07-11-2000)   

Santafé de Bogotá, D.C., diecisiete (17) de  julio de dos mil (2000).   

          V I S T O S   

Resuelve la Corte la admisibilidad formal de  la   demanda  de  casación  presentada  a  nombre  del  procesado  LUIS EDUARDO ÁLVAREZ ÁLVAREZ.   

         HECHOS Y ACTUACIÓN PROCESAL   

1.-    En  la  Avenida  Suárez,  del  municipio  de  Bello  (Antioquia),  lugar  donde  se  expedían cocaína de alta  pureza  y  bazuco,  varios  grupos se disputaban el mercado, lo que dió lugar a  que   se   presentaran   homicidios  entre  los  expendedores.  Entre  estos  se  encontraban  Alexander Espinal Giraldo, Luis Eduardo Álvarez Álvarez y Arnulfo  de Jesús Vargas Navarro.   

El  19  de  abril de 1997, Álvarez Álvarez  extrajo  un  arma  de  fuego  y  repetidamente disparó contra Alexander Espinal  quien   herido   fue   conducido   a   la  Clínica  del  Seguro  Social,  donde  falleció.   

2.- El Juzgado Segundo Penal del Circuito de  Medellín,  mediante  sentencia  del  11  de  diciembre de 1998, condenó a Luis  Eduardo  Álvarez Álvarez a la pena principal de 25 años y 6 meses de prisión  y  a  las  accesorias  de  rigor, como autor de los  delitos de homicidio y  porte ilegal de armas de fuego de defensa personal.   

3.-  Apelado  el fallo por el procesado y su  defensor,  el Tribunal Superior de la misma ciudad, mediante sentencia del 13 de  abril  de 1999, lo confirmó, proveído contra el cual el primero de los citados  interpuso el recurso extraordinario de casación.   

         LA DEMANDA DE CASACIÓN   

Al  amparo de la causal tercera, el defensor  del  procesado,  presenta  tres  cargos  por nulidad, cuyos argumentos se pueden  sintetizar así:   

1°  En  un  primer  capítulo  que  titula  “VIOLACIÓN  AL  DEBIDO  PROCESO”,  acusa  al  fallador  de  haber proferido  sentencia     en    un    juicio    viciado    de    nulidad,    “mediante    valoración    errónea    y    escasez    de   pruebas  plenas”.   

Inicia  su escrito resaltando algunos de los  postulados  que  contempla  el  artículo 29 de la Constitución Política, para  seguidamente  sostener  que  cuando  en  la actuación no se observan las formas  propias de cada proceso se genera nulidad.   

Por  tal motivo, sostiene, que se transgrede  el  principio  del  debido  proceso  cuando  no  se  cumple  con  el  fin  de la  investigación  integral,  esto  es,  “cuando  en  el  proceso  se han omitido  pruebas  conducentes  al  esclarecimiento  de  la  verdad  real y objetiva, como  fueron  las  declaraciones  personales  y ante la vista pública de los señores  WEIMAR  HUMBERTO  PINEDA  y  FRANCISCO ANTONIO FRANCO  MONTOYA  que  obligatoriamente  exigían de la previa  presencia  e  investigación de los agentes del C.T.I. de esta localidad como lo  alegaré en el Capítulo II de la presente demanda”.   

Afirma  que  los sentenciadores tomaron como  prueba  de  cargo el testimonio de Edison Norley Orozco Gutiérrez. Sin embargo,  estima  que el declarante incurre en serias contradicciones que los funcionarios  judiciales  omitieron  al  momento  de  su  análisis  y  que  demostraban “su  malversación  testimonial”.  Además,  agrega,  existe  en  él  un  afán de  perjudicar  al  procesado,  en  razón  a  un  problema que tuvieron al intentar  entrar  licor  de  “contrabando”  al  lugar donde Álvarez Álvarez laboraba  como celador.   

A  continuación  se  pregunta.  ¿Cómo  es  posible  darle  crédito  a  este testigo, cuando lo rindió 5 meses después y,  además,  se encontraba en estado de beodez, bajo los efectos de alucinógenos y  no   hubiesen   notado    “la   animada  versión  y  contenido  de  este  testimonio?”.   

Asevera,  igualmente,  que  los  falladores  tomaron  como  prueba  que  corroboraba  el  citado testimonio, la diligencia de  reconocimiento  en  que  éste  intervino,  la  cual  se  llevó  a  cabo en las  instalaciones  del  centro de reclusión y sin la presencia “de los judiciales  y  sólo  con  agentes  del C.T.I.”, desconociendo los requisitos establecidos  por la ley “que demanda tan importante prueba”.   

Manifiesta  que  la  irresponsabilidad  del  procesado  se  hubiese  demostrado  con  la  diligencia de inspección judicial,  “prueba  reina para este proceso”, la que fue solicitada, pero negada con el  argumento  de  que el multicitado declarante había reconocido al sindicado, por  lo  que,  a  su  juicio,  se  violaron  el  debido proceso  y el derecho de  defensa.   

Así,    entonces,   sostiene   que   la  investigación   se   quedó   a   mitad  de  camino  al  no  cumplirse  con  la  investigación  integral,  “se  basó  dicha  decisión  en testimonios que no  cumplieron   siquiera   la   facultad   propia   y  privativa  del  ARTÍCULO  24  del  DECRETO  2790/90  que  también     se     comprenderá     en     el    segundo    título    de    mi  exposición”.   

Siguiendo  con el citado testimonio, critica  que  el  Tribunal hubiese fundamentado sus consideraciones en él, “basados en  la  narración  de  unos  acaecimientos  que  no  se  verificaron,  por ejemplo,  aseveran  que mi pupilo llegó al lugar de los hechos acompañado de otro sujeto  y  que  hizo  un  llamado  al  hoy occiso y sin más sacó su arma y le disparó  repetidamente,  esto  no se demostró en el plenario, el sólo dicho del testigo  bastó  para que los funcionarios de turno profirieran acusaciones condenatorias  en contra de mi defendido”.   

Agrega  que  los errores por él denunciados  son   lo   que   han   llevado   a   que   la   Corte   se  hubiese  llenado  de  expedientes.   

Aduce  que  tampoco se verificaron las citas  del   testigo,   como   fueron   las  declaraciones  de  Gustavo  “Retaque”,  “Cachili” y Silvia Patricia Herrera Pelaéz.   

Posteriormente,  asegura  que el Tribunal se  limitó  a  admitir  y a aceptar lo allegado por el fiscal y el juez en la etapa  del  juicio,  valorando  las  pruebas  tal  como  las  calificaron  las “otras  instancias,  no  pudo escrudiñar; no verificó en sana crítica; no diligenció  lo  exigido  por  el  agente  del  Ministerio  Público  sobre  la  presencia  e  investigación  de  los  agentes  implicados del C.T.I en maniobras irregulares.  Obsérvese   la   providencia   de   ‘CONFIRMACIÓN’,  un  escueto  escrito  y  sin  ninguna  doctrina   jurisprudente   que   acredita   su   conformidad   con   la  primera  decisión”.   

Agrega:  

“De  igual  manera  el  primer testimonio  recibió  su  apoyo  veraz,  claro  y  sincero,  con  los  testigos FRANCISCO   ANTONIO   FRANCO   MONTOYA,  EDGAR  CORTÉS  y  WEIMAR HUMBERTO PINEDA, a  nombre  de  quienes  aparecen  testimonios  que  ni  siquiera la  Fiscalía  instructiva  recepcionó,  bien han manifestado estos declarantes que  fueron  llevados  a  las  oficinas  del  C.T.I.  y solo se limitaron a firmar la  documentación  que  los  agentes aportaron, pero no basta para mí como abogado  defensor   decirlo   en   boca,   voy   a   mostrarlo   con   hechos   reales  y  objetivos”.   

Respecto  al testimonio de Francisco Antonio  Franco  Montoya,  dice  que  desde  su inicio se advierte su “preparación”,  pues,  no  obstante  haber  transcurrido  nueve meses desde la ocurrencia de los  hechos,   expuso   detalladamente  con  quiénes  se  encontraba  y  a  qué  se  dedicaban.   

En cuanto a Weimar Humberto Pineda Castaño,  afirma  que  el  interrogatorio  que  le  fuera  formulado fue alejado del tema.  Igualmente,  su  respuestas  fueron incriminadoras, por lo que “se nota, pues,  desde  el  inicio,  la  preparación del mismo funcionario en aras carcelarias y  con morbo condenatorio”.   

También, dice, demuestra con sus respuestas  inseguridad  para  declarar  y  un  desconocimiento  de  los  hechos  objeto del  proceso,  “pero  sí  nos  muestra  su  desconcierto  el  porqué perjudican a  LUIS  EDUARDO ÁLVAREZ, con  quien  a  pesar  de  haber  tenido  disgustos, su intención no era la de lanzar  falsos testimonios contra él”.   

Sobre  la  declaración  que  rindió  Edgar  Cortés  Saldarriaga,  anota  que  fue de oídas, de acuerdo a las informaciones  que  le  suministró  Edison  Norley,  lo  que, a su juicio, lo hace enemigo del  proceso.  Sin  embargo, agrega que se le hace curioso el conocimiento que tenía  de  los  miembros  del  C.T.I.,  a quienes defiende y dijo no ser manipulado por  ellos.   

Reconoce  que  en  el  proceso  existe  una  declaración  que  señala al procesado como responsable de los hechos, a saber,  la  que  rindió  Norley  Orozco, pero la misma fue utilizada por Martín Uribe,  Juan  Donaldo  Prieto y Gustavo Gómez, quienes “recitan” lo expuesto por el  primero de los citados.   

Posteriormente,  pasa  a  referirse  a  los  testimonios  de  Francisco  Javier  Patiño,  Leonardo  Álvarez  Múnera, Jaime  Muñoz  Lobo,  Hernán  Muñoz  Lobo  y José Nicolas Arboleda, quienes de una u  otra manera corroboran el dicho del procesado.   

2°   En   otro   capítulo   que  titula  “NULIDAD   POR  QUEBRANTAMIENTO  DEL  DERECHO  DE  DEFENSA  CON  VIOLACIÓN  AL  DEBIDO PROCESO, hace un  recuento  sobre  esta  garantía, para concluir que sufrió desmedro “al hacer  posible   el   juez   un   fallo  condenatorio  con  escasez  probatoria  de  la  responsabilidad  de  mi  defendido  y  más  gravosa  con  la  confirmación del  Tribunal Superior en los mismos términos”.   

En el acápite que denominó “INVESTIGACIÓN   INTEGRAL”,  asevera  que  no  entiende la razón para que se hubiese omitido “la reconstrucción de  los  hechos  o  llamada  inspección  judicial,  pero   sí  en  cambio  el  honorable  Tribunal  aduce  el  inconcordante  de hora citado, por mi defendido,  cuando  dejó  de cuatro a cuatro y media salió de la Heladería, comparándolo  con  la  hora  señalada  de  los  hechos y de allí deduce la acusación”, no  obstante  existir  en el diligenciamiento testimonios que con claridad y certeza  dicen  dónde se encontraba el procesado el día y la hora en que sucedieron los  hechos   investigados   y,   por   lo  tanto,  que  no  es  responsable  de  los  mismos.   

Así, entonces, afirma que la investigación  se quedó a medias, transgrediéndose el mandato legal.   

3°   En   otro   capítulo   que  llamó  “SENTENCIA   DICTADA  EN  UN  JUICIO  VICIADO  DE  NULIDAD”,   manifiesta  que  lo  dedicará  a  la  manipulación   que   ejercieron   los   miembros   del   C.T.I  en  contra  del  procesado.   

Asegura  que  a  los  declarantes  Weimar  Humberto  Pineda  y  Francisco  Antonio  Franco  Montoya  en  la  diligencia  de  audiencia  pública  pretendieron  “acallarlos  con  la  lectura codificada de  condena  de  falsos  testimonios, dijeron su verdad pese a la amenazas recibidas  en sus personas  y familia”.   

A  renglón seguido hace un recuento de los  citados  relatos  respecto a cómo ocurrieron los hechos y a las amenazas de que  fueron víctimas.   

A continuación agrega:  

“Todos estos  cargos  fueron  reducidos  a la nada mediante la absurda decisión del fallador,  con  simple  comentario  de  que  el  testimoniante  por miedo, amenazas y otros  arreglos  dentro  del  penal,  había  decidido  cambiar su primigenia y, por lo  tanto,  sólo  se  otorgaba  valor  probatorio  a su inicial declaración y para  complementar  amenaza  con  investigar  su  conducta   por un posible falso  testimonio,  cuando  las mentiras fueron las que dieron pie a la condena que hoy  apelo.”   

Reitera que a los citados miembros del C.T.I  nunca  se  les interrogó por estos aspectos y no se presentaron a la diligencia  de  audiencia pública, “lo que nos muestra su pecado y no podían resistir la  verdad   al   descubierto,  se  omitieron  las  pruebas  grafológicas  que  indicarían  la  verdad  real  y  objetiva que se viene buscando desde el inicio  procesal”.   

Asevera  que  el  declarante  Edison Norley  Orozco  Gutiérrez  en su exposición no hizo más que defender  “ a capa  y  espada  a  los  agentes”  y  Weimar Humberto Pineda Castaño sostuvo que su  dicho  fue  conforme  al  acuerdo  a  que  había  llegado  con los miembros del  C.T.I.   

Dice  que ha demostrado que su defendido se  encontraba   en   un  lugar  distinto  a  donde  ocurrieron  los  hechos  y,  en  consecuencia,   su   inocencia,   en   razón   a  que  “existieron  problemas  graves   y  leves  con EDISON NORLEY OROZCO  GUTIÉRREZ  para  desatar  su  ira  y  venganza  con  declaraciones  falsas contra mi defendido, quedó demostrado que el procesado no  es  expendedor  de  estupefacientes,  que  más  bien  era  colaborador  con  la  justicia…”.   

Agrega:  

“He  llegado al final de mi exposición,  sustentado    en   la   existencia   de   dos   criterios   testimoniales,   las  primigenias   y  las  llamadas  retractaciones, que no son su calificativo,  sino  las  ampliaciones  y  descubrimientos  de  la  verdad  histórica  real  y  objetiva…”   

Así, entonces, solicita a la Corte casar la  sentencia  recurrida, declarando la nulidad de lo actuado, de conformidad con lo  estipulado  por  los  numerales  2°  y  3°  del  artículo  304 del Código de  Procedimiento Penal.   

En  otro numeral pide que se profiera fallo  absolutorio  en  favor  del procesado y, en consecuencia, se ordene su libertad.  Así  mismo,  que se declare que hubo un complot organizado por los miembros del  C.T.I.   

CONSIDERACIONES DE LA CORTE  

La  demanda  de casación presentada por el  defensor  del sentenciado, no reúne los requisitos de claridad y precisión que  estatuye  el  numeral  3°  del artículo 225 del Código de Procedimiento Penal  para su admisión.   

En efecto, lo único que aparece claro en el  escrito  que  a  manera  de  demanda  presenta  el  censor, es que desconoce los  principios  filosóficos,  jurídicos  y  técnicos  que  rigen  este  medio  de  impugnación.   

Es  necesario  que  la  Sala reitere que la  casación  no  es  una  tercera  instancia, como parece entenderlo el libelista,  donde   en   forma   libre   y   caprichosa   se  puedan  hacer  toda  clase  de  cuestionamientos  a  una  sentencia  que  por  ser  la  culminación  de todo un  proceso,  está  amparada  por la doble presunción de acierto y legalidad, sino  que  se está en presencia de un medio extraordinario y rogado para restaurar la  legalidad  del  fallo  donde  sólo es posible acusar los errores de juicio o de  procedimiento  cometidos  por  las instancias, al tenor de los motivos expresa y  taxativamente  señalados por la ley, demostrarlos y evidenciar su trascendencia  frente  al  fallo.  Por  eso  su  construcción  debe  ceñirse a las exigencias  mínimas  de  forma que establece el artículo 225, citado, sin cuya observancia  es imposible un estudio de fondo, por lo que el rechazo se impone.   

Entre  los  desatinos  en  que  incurre  el  impugnante se pueden señalar los siguientes:   

No  logra  saberse si formula tres cargos o  uno solo en tres capítulos separados.   

Aunque  sustenta  el  reproche en la causal  tercera,  desde  el  enunciado  la  confunde  con  la  primera,  cuando acusa al  Tribunal  de   haber  dictado  sentencia  en  un  juicio viciado de nulidad  “mediante valoración errónea y escasez de pruebas plenas”.   

Esta confusión, que desconoce el principio  de  autonomía  de  las  causales y de los cargos, se hace más ostensible en el  desarrollo  del  reproche, pues al interior del mismo cargo alega violación del  principio  de  investigación   integral,  cuando  se  queja por no haberse  verificado  una diligencia de inspección con reconstrucción en el lugar de los  hechos  y  no haberse recibido  las declaraciones de Gustavo “Retaque”,  “Cachili”  y  Silvia  Patricia Herrera, error de derecho por falso juicio de  legalidad,  cuando  cuestiona  que  una  diligencia de reconocimiento se hubiera  realizado  sin  las formalidades legales, y error de derecho por falso juicio de  convicción,  cuando  acusa  al  Tribunal  de  haberle  dado  credibilidad  a la  declaración  de Edison Norley Orozco Gutiérrez y la de quienes la corroboran y  habérsele  negado  a  quienes,  a  su  juicio,  favorecían  al  procesado, sin  percatarse,  además,  que cuando se trata de medios de convicción no sometidos  en  cuanto  a  su  valoración  al  método  de  la tarifa legal sino de la sana  crítica,   tal  discrepancia  no  configura  desatino  de  ninguna  naturaleza,  prevaleciendo  el  criterio del juzgador, por venir la sentencia amparada por la  doble presunción de acierto y legalidad.   

La  confusión  sobre  la  configuración,  sentido  y  efectos  de las causales de casación lo lleva a plantear peticiones  contradictorias,  al  solicitar  la  nulidad  de la actuación y la absolución,  pretensión ésta que parte de la base de la validez del proceso.   

Frente a los anotados yerros de la demanda y  dado  que a la Corte no le es permitido, en virtud del principio de limitación,  entrar  a  suplir  sus  inconsistencias, se impone su rechazo, de acuerdo con lo  dispuesto por el artículo 226 del Código de Procedimiento Penal.   

En  mérito  de  lo  expuesto, LA  CORTE  SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE CASACION PENAL,   

        R E S U E L V E   

RECHAZAR     IN    LIMINE  la demanda de casación presentada por el defensor del procesado  LUIS   EDUARDO   ÁLVAREZ   ÁLVAREZ.  En  consecuencia, se declara desierto el recurso extraordinario de  casación interpuesto.   

Contra  esta  decisión  no procede ningún  recurso (art. 197 del C. de P.P.).   

Devuélvase     al     Tribunal    de  origen.   

Comuníquese y cúmplase.  

EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

No hay firma  

FERNANDO  ARBOLEDA  RIPOLL                                          JORGE E. CÓRDOBA POVEDA   

CARLOS AUGUSTO GÁLVEZ ARGOTE                            JORGE    ANIBAL   GÓMEZ  GALLEGO   

MARIO   MANTILLA   NOUGUÉS                                        CARLOS E. MEJIA ESCOBAR   

ALVARO  ORLANDO PÉREZ PINZÓN                            NILSON    E.    PINILLA  PINILLA   

TERESA RUÍZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

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