16171jul

2000

Asistente Jurídico Inteligente

Selecciona un texto en la página o analiza el artículo completo.

ⓘ Puedes seleccionar un fragmento de texto o analizar el artículo completo.

    Proceso Nº 16171  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                                     Magistrado ponente:   

                                     Dr. Carlos Eduardo Mejía Escobar   

                                     Aprobado Acta No. 114   

Santafé  de  Bogotá D.C., julio seis (6) de  dos mil (2000).   

Vistos:  

Examina  la  Sala  si la demanda de casación  presentada  a  nombre  del  procesado ANGEL MANUEL BELTRAN CHAMORRO reúne en su  aspecto  formal  los requisitos a que se refiere el artículo 225 del Código de  Procedimiento Penal.   

Hechos y actuación procesal:  

El  1º  de  febrero  de 1994 varios hombres  provistos  de  armas  de  fuego  incursionaron  en la finca “La Niña Mary”,  ubicada  en Ponedera (Atlántico), y secuestraron a su propietario EDGARDO LOPEZ  CHAGIN.   

Labores  de investigación llevadas a efecto  por  el  DAS rural del Atlántico condujeron a la captura de JOHN WILLIAM GAMBOA  FRANCO  y  JOSE  MANUEL  LEYVA  CORREA.  Estos informaron a las autoridades  sobre  el sitio donde se mantenía a la víctima y ello permitió su liberación  el  11  de febrero siguiente a la fecha del plagio en el Corregimiento Corralito  de  San Juan Nepomuceno (Bolívar).  Como producto del operativo resultaron  capturados  JOSE  MANUEL  VEGA CORREA, CARLOS MANUEL SIERRA ORTEGA, LUIS ALBERTO  MERCADO  PAREDES,  HERNAN  GUILLERMO  SIERRA  MERCADO  y  ANGEL  MANUEL  BELTRAN  CHAMORRO.      LUIS   ALBERTO   VEGA   AGUILAR   fue  aprehendido  después.   

Los mencionados fueron vinculados al proceso  a  través  de  indagatoria,  se  les resolvió la situación jurídica el 22 de  febrero  de  1994  y  el  10  de  abril  de  1995,  tras un cierre parcial de la  investigación,  se  profirió  resolución acusatoria en contra de JOHN WILLIAM  GAMBOA  FRANCO,  JOSE MANUEL VEGA CORREA, JOSE MANUEL LEYVA CORREA, LUIS ALBERTO  VEGA  AGUILAR, CARLOS MANUEL SIERRA ORTEGA, LUIS ALBERTO MERCADO PAREDES, HERNAN  GUILLERMO  SIERRA  MERCADO  y  ANGEL  MANUEL BELTRAN CHAMORRO, como coautores de  secuestro  extorsivo  (art.  1º de la ley 40/93), en concurso con conservación  ilegal  de  armas  de  defensa  personal  (art.  1º del D. 2266/91).  Esta  decisión  fue  apelada y confirmada por la Unidad de Fiscalía Delegada ante el  Tribunal   Nacional   a   través   de   la   providencia   del   agosto  16  de  1995.   

Tramitado  el  juicio un Juzgado Regional de  Barranquilla  dictó  sentencia  el  19 de diciembre de 1996.  Condenó por  los  cargos  anotados a cada uno de los procesados a 31 años de prisión, multa  de  115  salarios  mínimos  legales  mensuales  e  interdicción  de derechos y  funciones  públicos  por  el  término de 10 años.  Mediante la sentencia  recurrida   en   casación  por  el  defensor  del  procesado  BELTRAN  CHAMORRO  –expedida  por el Tribunal  Nacional   el   26  de  junio  de  1997—se   confirmó   en   todas  sus  partes  el  fallo  de  la  primera  instancia.   

La demanda:  

Dos  son  los  cargos  que  el  defensor  le  formuló a la sentencia.   

          Primero.   

Lo  planteó por violación indirecta de los  artículos  254  y 294 del Código de Procedimiento Penal y lo hizo consistir en  que  el  juzgador  incurrió en error de hecho “al ignorar o dar por ignoradas  pruebas           de           ‘descargos’ que  existen  en  el  proceso,  pero  que  sin  embargo  se  empecina(n) caprichosa y  arbitrariamente  en  darle o atribuirle la debida y cabal apreciación que ellas  ostentan”.   

Los medios de prueba que aduce como omitidos  fueron  los testimonios de la esposa del sindicado BELTRAN CHAMORRO e igualmente  de  sus  familiares,  circunstancia  que  determinó  a  juicio  del  censor  el  “errático  fallo”  por  el  cual se condenó a su representado, a quien las  evidencias  procesales  no lo señalan como ejecutor “de un solo acto material  o  moral  que  contribuyera  en  el iter criminis” fraguado por los verdaderos  implicados en la empresa criminal.    

“Los  testigos  de descargos”, agrega el  impugnante,  “dan  a  entender”  que su representado se trasladó a la finca  donde  se  mantenía al secuestrado a trabajar en el corte de maleza.  Esos  declarantes   suministraron   versiones   circunstanciadas   y   objetivas,  que  exactamente  corresponden  a  lo  relatado  por  el  procesado  y que en ningún  momento fueron contradichas por otro medio de prueba.   

Si  se leen con atención dichos testimonios  –concluye      el  defensor—  se  pondrá  de  presente  cómo  el  fallador  “le  restó  valor o fuerza persuasiva” a sus  afirmaciones,  coincidentes  en señalar que su asistido fue ajeno al delito que  se  le  atribuye  y que sólo llegó al predio rural pocos días antes de aquél  en  el  que se produjo el rescate de la víctima.  Esto refleja ausencia de  dolo  en  la  conducta de BELTRAN CHAMORRO y la atribución del delito por parte  del juzgador a título de responsabilidad objetiva.   

          Segundo cargo.   

Violación indirecta de la ley sustancial es  también  el  apoyo  de  este  ataque.  En esta oportunidad la defensa, sin  embargo,  señala  que  el  Tribunal  incurrió en error de derecho al otorgarle  valor  probatorio  al  dicho  de la víctima, cuando ni siquiera cumplió con su  deber  de  ampliar  la  denuncia  ni  de  reconocer  en  fila  de personas a sus  secuestradores.   

Para  el  censor  fue  infortunado  que  los  juzgadores   hayan  basado  la  declaración  de  responsabilidad  penal  de  su  defendido  en  la  versión  “parcializada”  de  la  víctima,  sin  haberse  precisado  cuáles  actos  realizó  en el itinerario criminal para tenerlo como  coautor.   Agrega  que  si bien es cierto que en contra del mismo existe el  “indicio  de  presencia”  en el lugar de los hechos, dicha circunstancia por  sí  misma  no  permite  predicar  dicho título de participación y tampoco que  haya   habido  repartición  de  tareas,  conclusiones  que  se  basaron  en  la  afirmación  del  secuestrado según la cual BELTRAN CHAMORRO era la persona que  diariamente le suministraba los alimentos.    

No  se  demostró  de otro lado –advierte  el  casacionista—  que las conductas que se le atribuyen  al  procesado  con  soporte en el relato de la víctima correspondan a promesa o  acuerdo  anterior  por  lo que estima que el valor que se le asignó al medio de  prueba  “…es indicativo que ni siquiera está probada la coautoría y que en  el  peor  de  los casos a mi asistido judicial se le tendría como cómplice, si  nos atenemos al dicho de la víctima”.   

El  parecer  de  la defensa, en suma, es que  “el  pleno  valor”  otorgado al testigo, respecto del cual existían motivos  de  sospecha,  es  inadmisible.  Aduce, por último, en concordancia con el  artículo  367  del Código de Procedimiento Penal, que era deber ineludible del  sujeto  pasivo del delito realizar el reconocimiento de sus ofensores en fila de  personas,   diligencia   que   al   no  haber  tenido  ocurrencia  comporta  una  transgresión  al  precepto  y  “emerge  la  duda  como  piedra  angular de la  absolución del procesado”.   

Solicita, entonces, que se case la sentencia  impugnada  y  se  dicte  la  que deba reemplazarla.  En subsidio, si existe  mérito   para   ello,   que   se   declare   “la   nulidad   oficiosa  de  lo  actuado”.   

Consideraciones de la Sala:  

El  requisito  de  claridad,  precisión  y  demostración   de  los  cargos  realizados  por  el censor en contra de la  sentencia  fue  incumplido,  por  lo  que  la  Sala  avanza que la demanda será  inadmitida.   

En  el  primero  planteó  que  el  juzgador  ignoró  “las  pruebas  de  descargos”,  es  decir  los  testimonios  de los  familiares  del  procesado BELTRAN CHAMORRO, revelando a renglón seguido no una  hipótesis  de error de hecho por falso juicio de existencia, sino su desacuerdo  con  la valoración que de tales medios de prueba se hizo en la sentencia.   De  acuerdo  con el libelo el fallador “le restó valor o fuerza persuasiva”  a  tales  declarantes,  lo  cual  significa  que no fueron omitidos o dejados de  considerar  en  el fallo como lo predica el censor en la enunciación del cargo,  sino  apreciados  y  valorados  como correspondía, sin que se les haya otorgado  credibilidad como era la aspiración de la defensa.   

La formulación del ataque es, por lo tanto,  absolutamente  defectuosa.  Pretende el casacionista que la Corte tercie en  un  debate  probatorio agotado en las instancias, en ningún momento a partir de  un  posible error del juzgador, lo cual es totalmente inadmisible en el marco de  la casación.   

Es  que  en  realidad  la  inconformidad del  censor,   como   se  evidencia  igualmente  en  el  segundo  cargo,  es  con  la  apreciación  probatoria  hecha en la sentencia, la cual es sólo susceptible de  discusión  en  casación  cuando  está  asociada  a la demostración de que el  juzgador  transgredió  de manera manifiesta los principios de la sana crítica,  planteamiento éste que no fue el realizado por el demandante.   

No sobra advertir, respecto al segundo de los  ataques,  que  su  sola  enunciación  es  demostrativa  del desconocimiento del  abogado  defensor  de  los  conceptos  más  elementales  que  forman  parte del  fenómeno  de  la  casación.  El error de derecho como forma de violación  indirecta   de   la   ley  sustancial  –así   insistentemente   lo   ha   señalado   la   Sala—puede  presentarse  por apreciación de  un  medio  probatorio inválido (falso juicio de legalidad) o por no asignarle a  la  prueba  el  valor  prefijado  en  la ley en los casos de tarifa legal (falso  juicio de convicción).   

En  el  caso  examinado el censor adujo como  error  de  derecho,  impropiamente,  la circunstancia de que el juzgador le haya  otorgado  credibilidad  al  dicho  de  la  víctima  del  secuestro.  No le  atribuyó  al medio de prueba ningún defecto que lo hiciera inválido y no apto  en   consecuencia   para  fundar  sobre  el  mismo  la  sentencia,  por  lo  que  –al   no  poder  tampoco  demostrar  un  falso  juicio  de convicción ante la circunstancia manifiesta de  que  la  ley  no  le  atribuye  ningún  valor  al  dicho  de  la víctima de un  delito—nuevamente   su  inconformidad  es  con  la  apreciación  probatoria  realizada por el Tribunal,  marginal a la casación como ya quedó consignado.   

Así las cosas, se reitera que se inadmitirá  la demanda.   

Por  lo expuesto, la Sala de Casación Penal  de la Corte Suprema de Justicia,   

Resuelve:  

1.  INADMITIR  la  demanda  de  casación  presentada  a  nombre del procesado ANGEL MANUEL BELTRAN  CHAMORRO.   

2. Declarar desierto  el  recurso  y  devolver las  diligencias al Tribunal de origen.   

3.   Contra  la  presente   decisión   no   procede   recurso   alguno   (art.  197  del  C.  de  P.P.   

Cúmplase.  

EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

FERNANDO    ARBOLEDA   RIPOLL                               JORGE   E.  CORDOBA POVEDA   

CARLOS  AUGUSTO  GALVEZ  ARGOTE                                         JORGE ANIBAL GOMEZ GALLEGO   

MARIO    MANTILLA    NOUGUES                                 CARLOS E. MEJIA ESCOBAR   

ALVARO  ORLANDO  PEREZ  PINZON                               NILSON    PINILLA  PINILLA   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria    

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *