16150(04-07-01)

2001

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso N° 16150  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

   Magistrado Ponente:  

                                JORGE ANIBAL GOMEZ GALLEGO   

                                Aprobado Acta No. 94   

         Bogotá,  D.C.,  cuatro de julio de dos  mil uno.   

VISTOS  

         Decide  la Corte el recurso extraordinario de casación interpuesto  por  el  apoderado de la parte civil reconocida en el presente proceso contra la  sentencia  de  fecha  marzo 16 de 1999, mediante la cual el Tribunal Superior de  Pereira  confirmó  el  fallo  absolutorio  proferido  a  favor  de JAVIER   LUCUMÍ   MONTERO  por  el  Juzgado  Penal  del Circuito de Santa Rosa de Cabal, quien  fue  sindicado del delito de homicidio culposo.            

HECHOS  

         Dan  cuenta los autos que en la mañana del 15 de abril de 1995, el  campero  conducido  por  Miguel  Angel Hincapié se averió en inmediaciones del  puente  sobre  el  río  San  Eugenio,  en  la  vía  que  de Pereira conduce al  municipio  de  Santa  Rosa  de  Cabal.   Detrás  transitaba  la tractomula  Chevrolet  de  placa YAB –  029  de  propiedad  de  la  Harinera  del  Valle  S.  A. guiada por JAVIER  LUCUMÍ  MONTERO, y al sobrepasar  el   vehículo  parqueado  sobre  la  carretera  colisionó  de  frente  con  la  motocicleta  en  la que se desplazaba el joven Jaime Andrés Henao Gómez, quien  sufrió    lesiones   de   tal   naturaleza  que  determinaron  su  deceso.   

ACTUACION  PROCESAL   

         Luego  de  disponer  la apertura de la investigación, la fiscalía  vinculó     mediante     indagatoria    a    los    conductores    JAVIER  LUCUMÍ  MONTERO  y Miguel Angel  Hincapié,  a  quienes  les resolvió su situación jurídica profiriendo medida  de  aseguramiento  de  detención preventiva solamente contra el primero, por el  delito  de  homicidio  culposo,  decisión  que  al  ser  apelada  confirmó  la  Fiscalía Delegada ante el Tribunal Superior de Pereira.   

         Clausurado   el   ciclo   instructivo,   en  proveído  que  causó  ejecutoria  el  9  de  julio  de  1996,  se  calificó el mérito probatorio con  resolución  acusatoria  contra  el mencionado LUCUMÍ  MORENO,  como  autor del hecho punible imputado en la  medida    de    aseguramiento,    y    preclusión    a   favor   del   indagado  Hincapié.   

El Juzgado Penal del Circuito de Santa Rosa  de  Cabal  adelantó  el  juicio y dictó el fallo mediante el cual absolvió al  procesado  del  cargo  deducido  en  la  acusación,  decisión que confirmó el  Tribunal  Superior de Pereira al pronunciarse sobre la apelación incoada por el  apoderado  de  la parte civil, sujeto procesal que inconforme con este proveído  lo    impugnó   con   el   recurso   extraordinario   que   decide   ahora   la  Corte.   

         

LA DEMANDA  

         El  censor  acusa  la  sentencia recurrida de haber sido dictada en  inconsonancia  con los cargos imputados en la resolución acusatoria, causal que  afirma        contemplada        en        el        numeral        “tercero”  del  artículo  220  del  Código de Procedimiento Penal.    

         La  sustentación  de  este  único  ataque  se  desarrolla  en los  siguientes términos:   

1.  Las sentencias de  instancia    absolvieron   al   sindicado   LUCUMÍ   MONTERO     por  el  delito  de  homicidio culposo, mientras que la resolución  acusatoria    lo    señaló    como    autor    material    de    este    hecho  punible.   

         2.   Reseña   luego   los   fundamentos   de  la  acusación,  las  intervenciones  de  los  sujetos  procesales  en  la  audiencia  pública  y las  motivaciones de los fallos de instancia así:   

         2.1.   En  el  enjuiciamiento  se  afirmó  que  el  sindicado  LUCUMÍ  MONTERO sobrepasó  el  vehículo  parqueado  en  inmediaciones  del  sitio  de la colisión sin las  precauciones   correspondientes,   esto   es,  con  violación  de  las  medidas  contempladas  en  el  artículo 135 del Código Nacional de Tránsito Terrestre;  de  igual  modo,  que  invadió  en  forma  imprudente  la vía del motociclista  fallecido.           

2.2.   Plantea  que  en  la  audiencia  pública  un  fiscal diferente desechó esa tesis del adelantamiento, al argüir  que  una  situación de esa naturaleza presupone dos vehículos en marcha y, sin  apoyo  en  prueba  científica  alguna,  adujo la existencia de un caso fortuito  determinado  por  el  exceso  de  velocidad  en el desplazamiento del motorista,  circunstancia  improbable, a juicio del recurrente, porque aquél se aprestaba a  ingresar  a  un  puente  tras haber superado una curva.              

         2.3.     Sin  embargo,  esta última reconstrucción de los sucesos fue respaldada en la vista  pública  por  el  defensor  del sindicado y la apoderada del tercero civilmente  responsable,  para  pedir  la  absolución de LUCUMÍ MONTERO;  asimismo,  fue  acogida  en  los  fallos  de  primera  y  segunda  instancia  en  los  cuales  se  coligió  que  el implicado observó el deber de  cuidado,  mientras  que  el occiso aumentó el riesgo de su proceder al conducir  la  motocicleta  con  exceso de velocidad, no establecido mediante pericia, pero  referido  en  el  expediente a través de prueba testimonial.   

3.  A partir de la  anterior  reseña  el  censor  colige  que  los  fallos  difieren totalmente del  análisis  consignado  en  la  resolución acusatoria, en consecuencia, la Corte  debe   casar  la  providencia  recurrida,  pues  al  efectuarse  la  valoración  probatoria  con  sujeción  a  las reglas establecidas en la ley, se concluye la  culpa     en     la     actividad     peligrosa     que    desplegaba    LUCUMÍ  MONTERO.   

Los apartes posteriores  del  libelo  los  dedica el demandante a presentar su particular apreciación de  los    hechos.    Con    tal    orientación    argumentativa   aduce   que   el  procesado  LUCUMÍ MONTERO invadió el  carril  por  el  cual avanzaba el motorista Jaime Andrés Henao Gómez, maniobra  efectuada  con imprudencia así se califique como adelantamiento o sobrepaso del  vehículo  estacionado en la vía, aspecto semántico en el que se centraron los  falladores  para  contrariar  la acusación elevada por la Fiscalía. Alude a la  definición  y  a  los  requisitos  del  caso  fortuito;  echa  de  menos  en la  situación   examinada  la  exigencia  de  la  imprevisibilidad  del  resultado,  vinculada  a  los  conceptos  de  excepcionalidad, anormalidad e inevitabilidad;  asegura  que  no se tuvo en cuenta el tamaño, peso, dimensión y complejidad en  el  manejo  de  los  vehículos  involucrados  en  el accidente, menos aún, las  condiciones  de lugar, a partir de las cuales podía establecerse la posibilidad  de   realizar   o  no  una  determinada  maniobra;  y  reprocha  finalmente,  el  desconocimiento   de  las  normas  de  tránsito  que  regulaban  la  situación  examinada.   

         Con tales fundamentos  solicita  de  la  Corte  que  case el fallo recurrido y, en su lugar, condene al  sindicado  LUCUMÍ  MONTERO  así   como   al  tercero  civilmente responsable.   

ALEGATO   DEL   NO  RECURRENTE   

         El      defensor      de      LUCUMÍ  MONTERO  aduce que el cargo  de   inconsonancia   se  hace  consistir  en  el  proferimiento  de  los  fallos  absolutorios  de  instancia apartándose de la resolución acusatoria , y siendo  así,  no  puede  prosperar  la  demanda  porque  tal  alegato  comportaría  la  pretensión de una sentencia condenatoria ante toda acusación.   

         Aduce,  además,  que la prueba recaudada demuestra la destreza del  sindicado  en  la conducción de vehículos, y estima suficientemente demostrado  en    autos   el   caso   fortuito   que   exime   de   responsabilidad   a   su  asistido.   

CONCEPTO   DE   LA  PROCURADURÍA   

Afirma  la  Delegada  que el actor acusa un  error  de  actividad  pero  traslada su disertación al campo de la controversia  probatoria,  oponiendo  su  criterio  al  vertido en la sentencia impugnada, sin  intentar  tampoco  la demostración de un error trascendente en los análisis de  los juzgadores.   

         El  demandante  invocó  en  forma  desatinada  el  numeral 3º del  artículo  220  del  Código  de  Procedimiento Penal, perdiendo de vista que la  inconsonancia  sólo  puede predicarse de la sentencia de carácter condenatorio  y  constituye  un  error de actividad que transgrede el debido proceso, respecto  del cual está prevista la causal segunda del citado precepto.   

Es así como la demostración de un dislate  de  tal  naturaleza  exige  la  confrontación  objetiva  de  la  resolución de  acusación  y  la sentencia, para acreditar por esta vía que se desbordaron los  términos  de  aquélla  al  emitirse  la  condena; comparación que el actor ni  siquiera  intenta  pues su inconformidad radica en la absolución que favoreció  al sindicado.   

         El  Procurador  Primero Delegado añade que la acusación en manera  alguna  es  una  decisión  definitiva,  pues  de  ser  así la etapa del juicio  perdería  su  razón  de  ser. Por el contrario, el fallador luego de practicar  las  pruebas  y  de  oir  las  intervenciones  de  los  sujetos procesales en la  audiencia  pública,  en  la  sentencia  bien  puede  acoger  en  su totalidad o  parcialmente  la  acusación,  o absolver al procesado, bien porque concluye que  es  inocente,  o  por  la  demostración  de  una  causal de justificación o de  inculpabilidad,  o  bien  en  aplicación del in dubio  pro reo.   

Ante las falencias técnicas advertidas, la  Delegada considera que el cargo debe ser desestimado.   

CONSIDERACIONES  DE LA  CORTE   

        Sea  lo primero advertir que de haberse  planteado  correctamente  el  cargo  por inconsonancia de la sentencia recurrida  con  los  cargos  imputados en la resolución acusatoria, el motivo de casación  sería  el  previsto  en  el  numeral  2°  del  artículo  220  del  Código de  Procedimiento   Penal   y   no   en   el   3°,  como  equivocadamente  cree  el  demandante.   

Pero  no  obstante  este dislate puramente  formal,  por  cuanto aparece restringido a la errada cita de la disposición que  apoya  la inconformidad del demandante con el fallo impugnado, la Sala en manera  alguna   atisba   la   impropiedad  técnica  argüida  en  el  concepto  de  la  Procuraduría,   porque  de  la  enunciación  del  reproche  y  del  desarrollo  argumentativo  orientado a sustentarlo, fluye nítido que la causal invocada con  la  pretensión  de  quebrar la legalidad de la providencia atacada no fue la de  nulidad,  sino  la  que  recoge  precisamente  el vicio de estructura conceptual  denunciado,  esto  es,  la  del  numeral  2º  del  precitado  artículo 220 del  estatuto procesal penal.   

        Empero,   tal   discernimiento  no  comporta  la  prosperidad  del  reproche,  pues  éste  se  halla planteado con desconocimiento de la naturaleza  del  recurso extraordinario, de la técnica que lo rige, así como del ámbito y  alcance del error aducido, como pasa a examinarse.   

        De  acuerdo  con el sistema procesal imperante el proceso penal se  divide  en dos etapas perfectamente deslindadas: de un lado la de investigación  y  acusación,  adelantada por la Fiscalía; y del otro, la de juzgamiento, bajo  la  dirección  del  juez competente; esquema este que ni aún en los estados de  excepción  puede ser alterado o desconocido conforme lo impone el artículo 252  de la Carta Política.   

        Por  esta  razón,  la acusación válida y regularmente formulada  constituye  fundamento  indispensable  para adelantar la fase subsiguiente; más  aún,  su ejecutoria material, tratándose del trámite ordinario, el acuerdo en  la  audiencia  especial, o la  aceptación de los cargos sin condiciones en  la  sentencia  anticipada,  determinan el inicio de la etapa de juzgamiento y el  traslado  en  la  titularidad  de  la  acción  penal  de  la  Fiscalía al Juez  competente,    por    cuanto    aquélla    pasa   a   convertirse   en   sujeto  procesal.   

Pero la importancia del enjuiciamiento, el  formal  o el oral con fines de sentencia anticipada, no radica exclusivamente en  determinar  esos  ámbitos  funcionales  sino  que  también  cumple en forma no  menos   primordial un rol de garantía, concerniente al debido proceso y al  derecho  de  defensa.   Lo  primero,  porque  circunscribe  el objeto de la  relación  jurídico-procesal,  con  tal  rigor, que normativamente se impone la  congruencia  entre la acusación y el fallo; lo segundo, porque al concretar los  cargos  que  el Estado-Jurisdicción eleva al sindicado, permite el ejercicio de  la  defensa  material  y  técnica  con  plena  certidumbre pues la sentencia no  podrá  extenderse  a  imputaciones  diferentes  de  las  deducidas en el pliego  acusatorio.   

Por  estos  motivos  la formulación de la  acusación  exige,  de un extremo, la precisión de la conducta que será objeto  del  juicio, dicho en otros términos, la concreción de los hechos -imputación  fáctica-,  pero  además,  la  calificación  jurídica que los mismos concitan  -imputación  jurídica-,  traducida  en el señalamiento del tipo en el cual se  subsume  la  conducta,  con  deducción  de todas aquellas circunstancias que la  especifican.                        

Este  postulado,  entonces, implica que el  fallo  no  puede  recaer  sobre hechos diferentes a los que fueron materia de la  acusación,  ni  desconocer la calificación jurídica predicada de ellos.   Podrá   el   juzgador  a  lo  sumo,  dado  el  carácter  provisional  de  esta  última,   concretar  definitivamente  la  adecuación  típica  del  hecho  punible, acomodando en la  sentencia  -si  es  del  caso-  la  conducta  a  uno cualquiera de los tipos que  integran   el   capítulo   respectivo,  pero  sin  trascender  los  límites  o  parámetros  impuestos  por  el  núcleo central de la acusación, como lo tiene  bien  definido  la jurisprudencia. (Cfr. sentencia de  marzo  4 de 1997, rad. 9637). Dicho en otros términos, el pronunciamiento   del  juez  debe  versar sobre los cargos elevados en la acusación, absolviendo        o  condenando  al encausado.   

Trasladados   estos  conceptos  al  caso  examinado,  se  tiene que el censor en el único reparo presentado en la demanda  arguye  que las sentencias de instancia no tienen consonancia con la resolución  acusatoria,  pero  distorsionando  por  completo  el significado de lo que es la  congruencia  según  se  acaba  de  ver,  hace  consistir  el  supuesto vicio de  estructura,  no  en  el  desbordamiento  del  pliego de cargos en la imputación  fáctica  o  jurídica,  como correspondería  a la causal alegada, sino en  el  proferimiento  de  un  fallo  absolutorio por el delito de homicidio culposo  cuando  se  había  atribuido  al  procesado  LUCUMÍ  MONTERO   la  autoría  material  de  ese  hecho  punible;  razonamiento  con el cual, en contravía del  yerro  enunciado,  paladinamente  admite  que  las  sentencias  de instancia sí  fueron  dictadas  en  estricta  armonía con el enjuiciamiento, esto es, por los  mismos hechos y con idéntica calificación jurídica.   

        Obviamente   que   el  análisis  probatorio  efectuado  en  tales  providencias,  con  miras  a  discernir  el compromiso del sindicado en el hecho  punible,  no  coincide  con  el efectuado en la resolución de acusación que el  recurrente  echa  de  menos en la sustentación del ataque, pues de lo contrario  la  decisión  de  los juzgadores habría sido condenatoria y no de absolución.   

Sin embargo, con tal reparo pierde de vista  una  vez más el impugnante que el desacuerdo entre la acusación y el fallo que  transgrede  la congruencia lógica del proceso penal para configurar el error de  estructura  conceptual  demandable en casación, radica en la falta de identidad  en  los  cargos y no en la forma de apreciar las pruebas,  pues de exigirse  igual  armonía  en  la  valoración  del  acervo  probatorio  se llegaría a la  inaceptable  definición  del  proceso  de  manera adversa al sindicado desde la  resolución  acusatoria, toda vez que de acuerdo con el criterio esbozado por el  recurrente,  ante  la  acusación el juzgador no tendría posibilidad diversa de  la condena.   

Las  restantes  argumentaciones  del actor  afianzan  los  desatinos advertidos en la formalización de la censura.  En  efecto,  lejos  de  confrontar  la acusación y el fallo para demostrar por esta  vía  una falta de identidad de los hechos o de la calificación jurídica en la  resolución  acusatoria  y  en  la  sentencia,  como  correspondía  a la causal  invocada,  el  casacionista  a  través  de  un  debate propio de las instancias  presenta  una  valoración  personal  e  interesada de los medios de persuasión  recaudados,  así  como  del  caso  fortuito  reconocido  cuando se absolvió al  sindicado  LUCUMÍ MONTERO, razonamientos que opone luego a los análisis de los  juzgadores   para   reclamar  de  la  Corte,  en  últimas,  que  tercie  en  la  controversia  a  favor  de  su  posición, como si la casación constituyera una  tercera  instancia  y no un juicio de legalidad de la sentencia del ad-quem, que permite el destronamiento  de  la  doble  presunción de acierto y legalidad con que aquélla viene ungida,  mediante    la    demostración    de   vicios   in  iudicando    o    in  procedendo verdaderamente trascendentes.   

        El cargo no prospera.   

En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema  de  Justicia,  Sala  de  Casación Penal, administrando justicia en nombre de la  República y por autoridad de la ley,   

RESUELVE   

        No  casar el  fallo impugnado.   

Cópiese,  comuníquese  y devuélvase al  Tribunal de origen.    

Cúmplase.  

CARLOS EDUARDO MEJÍA ESCOBAR  

No hay firma  

FERNANDO         ARBOLEDA  RIPOLL                     JORGE E. CÓRDOBA POVEDA   

HERMAN           GALÁN  CASTELLANOS                    CARLOS A. GÁLVEZ ARGOTE   

JORGE       ANIBAL       GÓMEZ  GALLEGO                  ÉDGAR LOMBANA TRUJILLO   

No hay firma  

ALVARO      ORLANDO.      PÉREZ  PINZON                 NILSON PINILLA PINILLA   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria  

    

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