16168(23-07-01)

2001

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso N° 16168  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

                                     Magistrado Ponente:   

                                     Dr. JORGE ANIBAL GOMEZ GALLEGO   

                                     Aprobado Acta Nro. 103   

          Bogotá D. C., veintitrés de julio de dos mil uno.   

VISTOS  

          Se  pronuncia  la  Sala  acerca de la admisibilidad de la demanda de  casación  formulada  por  el  defensor  de  ROVIRIO de  JESÚS  ARENAS,  contra  la sentencia proferida por el  Tribunal  Nacional  el  1º  de octubre de 1998 que confirmó, con adiciones, la  dictada  por  un  juez  regional  de  la ciudad de Barranquilla y por cuyo medio  condenó  al  procesado  a  la  pena  privativa  de  la  libertad de 33 años de  prisión como responsable del delito de secuestro extorsivo.   

HECHOS  Y  ACTUACIÓN  PROCESAL   

            En  las  horas  del  medio día del 13 de junio de 1996, cuando el  menor  Oscar  Arturo  Jaramillo Giraldo se disponía a hacer su ingreso al sitio  de  su  morada  ubicada  en  la  calle  95  Nº 43-46, barrio “Ciudadela 20 de  julio”  de  Barranquilla,  fue  retenido  por  cuatro  sujetos  que armados se  movilizaban  en  sendas motocicletas, y llevándoselo consigo desaparecieron del  lugar  con  rumbo  desconocido.   Aunque no se precisó el monto de la suma  pretendida  por  el  rescate,  a  la  familia de la víctima se le hizo saber el  afán  de  lucro  que  movía  el  interés  del supuesto grupo sedicioso que se  autoproclamó  responsable  del  plagio,  la  Unión  Camilista del Ejército de  Liberación Nacional.   

          Tras  algunas  labores  de  inteligencia  realizadas  por  la unidad  investigativa  del  GAULA  acantonada  en la localidad en mención, sus miembros  montaron  un operativo dos días después de perpetrada la ilegal retención, en  cuyo  desarrollo  se  logró  liberar  sano y salvo al menor y se capturó a los  presuntos  copartícipes  del  hecho,  entre  quienes  se  contaba el dueño del  inmueble  donde  se  mantuvo  cautivo  a  la víctima, Isaac Yustrex Chaux, y el  individuo   que   dijo   llamarse  ROBIRIO  DE  JESÚS  ARENAS.   

          Un  fiscal  delegado  ante  los  jueces  regionales  de Barranquilla  asumió  la  investigación  y por resolución del 9 de diciembre de 1996 acusó  formalmente  a  Yustrex  Chaux  y  a ARENAS  como  presuntos  responsables  de la conducta punible de secuestro  extorsivo.  Por  este  mismo injusto, el 21 de mayo de 1998, un juez regional de  Barranquilla  profirió  condena  de  396  meses  de  prisión  en contra de los  procesados,  la  cual confirmó el extinto Tribunal Nacional por el suyo del 1º  de octubre siguiente.   

LA  DEMANDA   

          Al  amparo  de  la  causal  primera de casación, cuerpo segundo, un  sólo  cargo formula el impugnante extraordinario contra el fallo recurrido, por  violación  indirecta de la ley sustancial derivado del error de hecho por falso  juicio   de  existencia  en  que  supuestamente  se  incurrió,  “por  omisión  al  ignorar los falladores las pruebas que imponen el  reconocimiento   de   la   duda,   art.   445   del   C.P.P.   (…)”   

          En  lo  que  dice  ser  el  fundamento  de  la censura, el libelista  sostiene   que   los   jueces  en  las  instancias  ignoraron  pruebas  legal  y  oportunamente  recaudadas  que,  una vez evaluadas, imponen el reconocimiento de  la  duda  razonable  en  relación  con  la  responsabilidad  que  se pregona de  ARENAS,  quien  durante  el  decurso    del    proceso    siempre    manifestó    ser   informante   de   la  policía.   

          Habiendo   logrado  infiltrarse  en  una  banda  de  secuestradores,  asegura,  para  procurar  su  desmantelamiento el procesado afirmó que obtenía  información  que  luego  transmitía  al  agente  González  Figueroa  y  a  su  superior,  miembros  del  Gaula.  Tal calidad de informante, por cuyos servicios  supuestamente   el   hoy   acusado   recibiría   como  recompensa  la  suma  de  $6’000.000,   se  halla  reconocida  en el proceso “y por eso el juez regional  denegó  la  realización  de  pruebas en el juicio -los falladores omitieron su  evaluación-  vale  decir no las tuvieron en cuenta con la consiguiente desmedro  o  perjuicio  (sic)  de  los  procesados.”   

          A  Fls.  55  igualmente  existe  una  prueba  que  avala el dicho de  ARENAS   respecto   de  la  condición  de  informante  con  la  que  actuaba,  prueba  que  el sentenciador  ex  profeso  ignoró,  pues  quien  así  declara informa del dato que suministró aquél dos años atrás al  dragoneante   González,   en  relación  con  los  planes  que  existían  para  secuestrar  a  un  tal  doctor  Barón. Adelantadas las consiguientes labores de  inteligencia,  se  logró identificar a los plagiarios.  Con el policía en  mención,  el  justiciable  siguió  en  contacto y fue así como lo enteró del  secuestro  que  se  fraguaba  teniendo  como  víctima al menor, “…Rovirio   manifestó   que  si  tenían  al  niño…”.   

          En  similar  sentido  se  procedió respecto del testimonio de Ariel  Eduardo Mora Pérez.   

          Esas   omisiones   en  la  evaluación  de  la  prueba,  reitera  el  demandante,  han perjudicado ostensiblemente al procesado, puesto que de haberse  tenido  en  cuenta  dichos  elementos  de  persuasión, hubieran conducido a los  sentenciadores  a  “UNA  DUDA RAZONABLE  en  lo  tocante a la RESPONSABILIDAD DEL  PROCESADO,  pues  que  NO  LOGRA  ESTABLECER  EL  PROCESO, CERTEZA EN TORNO A LA  RESPONSABILIDAD,  pues  que en la psiquis del Fallador queda la INCERTIDUMBRE de  SI  ROVIRIO  ARENAS  ACTUABA  A  FAVOR  DE  LA  ADMINISTRACIÓN  DE  JUSTICIA  y  procurando  de  contera  ganarse  unos  Centavos  o si por lo contrario o porque  PERTENECIA A LA BANDA DE PLAGIARIOS.”   

          Resulta    inaudito,    remata    su    alegación   el   impugnante  extraordinario,  que  el  procesado  siendo uno de los secuestradores, se aliara  con  los  policías,  enemigos  por naturaleza de los delincuentes.  Lo que  aquí  enseña  la  lógica  y  las  pruebas  es  que  el  policía González le  entregaba  dinero  a ARENAS en  su  condición de informante, calidad que luego el servidor público desconoció  para  llevarse todos los honores y quedarse con la recompensa por la liberación  del  menor  plagiado, entregando a los informantes a las autoridades mediante el  “montaje”  que  en  su  contra  ideó,  pues,  para  dicho  rescate, “toda la  información    salió    de    la    boca    de   ROVIRIO   ARENAS.”   

          Como  normas infringidas reseña el casacionista los Arts. 445 y 247  del  C.  de  P.  Penal, por lo cual solicita se case la sentencia impugnada y se  dicte la que en derecho corresponda.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

          Reiterativamente  ha  señalando  la  Corte  que cuando el ataque se  dirige  al  amparo  del primer motivo de casación contenido en el artículo 220  del  estatuto  procesal penal, por violación indirecta de la ley sustancial, es  absolutamente  imperativo  no  sólo indicar las pruebas en cuya apreciación el  fallador  ha  incurrido  en  manifiestos errores de hecho o de derecho, sino que  igualmente   resulta   necesario   precisar  la  trascendencia  que  éstos  tuvieron  en  la  parte  dispositiva  del  fallo,  y  señalar asimismo cuál el  precepto  sustancial  vulnerado,  especificando  el sentido de la transgresión,  esto  es,  si la misma se produjo por exclusión evidente o aplicación indebida  de la ley.   

          Si,  como  en  el asunto bajo examen, el  cargo  versa  sobre  un  error  de  hecho  por  falso  juicio  de existencia, su  demostración  implica  que  el actor señale, en forma clara y precisa, como lo  indica  el Art. 225-3 del C. de P. Penal, el medio de prueba que fue ignorado no  obstante  obrar  en el expediente, o el que fue tenido en cuenta sin estar en el  proceso,  amén de su trascendencia, esto es, que si no hubiera tenido lugar una  tal falencia, el sentido del fallo habría sido otro.   

Y  esto último es así porque de nada sirve  acreditar  en  debida forma el falso juicio de existencia frente a alguno de los  elementos  de  prueba que se resienten de aquel defecto -ignorados o supuestos-,  si  los  restantes  que  obran en el proceso soportan las premisas conclusivas a  las  que  arribó el sentenciador, lo cual significa que el ataque a través del  error  de  hecho  impone el examen global de todo el material probatorio que fue  objeto  de  valoración  en  el  fallo  que  se  impugna,  a fin de demeritar la  restante  prueba en la que se fundamenta el fallo cuestionado; pero nada de ello  realiza el censor.   

Esta  tarea  impone  la  necesidad de que el  demandante  en  casación  acuda  primero  a  los  contenidos  valorativos de la  sentencia,  porque  de  omitirse  ello,  significaría  caer  en  el error de no  mostrar la razón suficiente de la censura.   

Es la falencia en la que precisamente incurre  el  libelista,  quien  si bien enruta su alegación por la vía de la violación  indirecta  al  amparo  de  un supuesto error de hecho porque el juzgador ignoró  elementos  de  convicción presentes en el proceso con los cuales habría podido  cimentar  la  duda  que acerca de la responsabilidad del procesado en los hechos  objeto  de  juzgamiento  dice  campear en la encuesta, omite indicar qué fue lo  que  se  dijo  en  la  sentencia  recurrida  en  relación  con  los fundamentos  fáctico-jurídicos  en  los  cuales  los  falladores  de  instancia apoyaron su  decisión de condena.   

Es  más, carece de toda lógica y se ofrece  contradictoria  la  afirmación  del  demandante en el sentido de que reconocida  como  se  tenía  en  el  proceso  la  condición  de informante del acriminado,  “POR  ESO EL JUEZ REGIONAL DENEGO LA REALIZACIÓN DE  PRUEBAS  EN  EL  JUICIO  -LOS FALLADORES OMITIERON SU EVALUACIÓN- VALE DECIR NO  LAS  TUVIERON  EN  CUENTA  con la CONSIGUIENTE DESMEDRO O PERJUICIO (sic)  DE  LOS  PR0CESADOS”.        

          Si  tales  pruebas fueron denegadas, mal podían ser estimadas si de  su  real  existencia  no  da  cuenta  el  proceso, precisamente porque no fueron  practicadas.   Aquí  lo  que  cabría  argüir,  en cargo separado y en el  orden  de  prelación que impone el principio de prioridad, sería la nulidad al  amparo  de  la  causal  3ª,  por  afectación  del  principio de investigación  integral,  si  lo  que  se  pretendía  acreditar era que las pruebas echadas de  menos,  las cuales ni siquiera se relacionan, apuntaban a la demostración de la  inocencia  del  acusado,  o  por  lo  menos  a  la  morigeración  del  grado de  responsabilidad que en últimas se le atribuyó.   

          Finalmente,   frente   al   in     dubio     pro     reo que el libelista echa de menos, como  el  tribunal no reconoció la existencia de duda porque consideró que la prueba  era  suficiente  para concluir con certeza la responsabilidad penal del acusado,  conforme  con  el  sentido  de  la violación argüida le correspondía al actor  demostrar  que al apreciar las pruebas  tenidas en cuenta para llegar a ese  supremo  grado  del conocimiento el sentenciador incurrió en errores de hecho o  de  derecho  de  tal  magnitud que sin ellos el resto del material probatorio no  afectado  por  los  vicios  era  insuficiente para llevar a la certeza necesaria  para proferir la condena impugnada.   

         Así  pues, por no reunir los presupuestos de claridad y precisión  señalados  en el Art. 225 del C. de P. Penal, la demanda cuyo aspecto formal se  examina  debe ser inadmitida, disponiendo la consiguiente deserción del recurso  interpuesto.      

    

          En  mérito  a  lo  expuesto,  la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, SALA DE  CASACION PENAL   

RESUELVE   

         Inadmitir   la  demanda  de  casación  presentada  por  el  defensor del procesado ROVIRIO  DE JESÚS ARENAS. En consecuencia,  se   declara   desierto  el  recurso   concedido  por  el  extinto  Tribunal  Nacional,  en  razón  de  este  asunto.   

          Conforme  con  lo  preceptuado  en  los Arts. 197 y 226 del C. de P.  Penal,  modificado  por  el  9° de la Ley 553 de 2000, esta decisión no admite  recurso alguno.   

          Cópiese, devuélvase a  su lugar de origen y cúmplase.   

  CARLOS E. MEJÍA ESCOBAR     

FERNANDO  E.  ARBOLEDA  RIPOLL            JORGE E.  CÓRDOBA POVEDA   

HERMAN   GALAN   CASTELLANOS            CARLOS A.  GÁLVEZ     ARGOTE                               

JORGE  ANÍBAL  GÓMEZ  GALLEGO                                               EDGAR   LOMBANA  TRUJILLO               

ALVARO  ORLANDO  PÉREZ PINZÓN                                NILSON      PINILLA  PINILLA   

TERESA RUIZ NÚÑEZ  

Secretaria    

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