16101(23-07-01)

2001

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso N° 16101  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACIÓN PENAL  

         Magistrado Ponente   

Dr.  JORGE  ANIBAL  GOMEZ  GALLEGO   

Aprobado  Acta  No.  103   

Bogotá  D.  C.,  julio  veintitrés de dos mil uno.   

V    I    S   T   O  S   

          Se  pronuncia  la  Sala  sobre  la  admisibilidad  de  la demanda de  revisión    presentada    por    el    apoderado   especial   de   RUPERTO  LUIS  PAMPLONA  GAÑAN contra la  sentencia  del Tribunal Superior de Medellín, confirmatoria de la emitida, a su  turno,  por el Juzgado 6° Penal del Circuito de la misma ciudad, por cuyo medio  fue   condenado,   junto   con   JUAN  ALBERTO  TORO  CARMONA,  a la pena principal de dieciséis (16) meses  de  prisión  y  multa  de  $1.500  por su responsabilidad penal en el delito de  estafa  de  que  resultó víctima Dora Estella Durán  Blandón.   

HECHOS     Y  ANTECEDENTES   

          El  8  de  julio  de  1994,  en  el  sector  urbano  de la ciudad de  Medellín  fue  retenido  por  agentes  de  la policía el vehículo de servicio  público  de  placa  en  trámite TIL-932, en razón a que había sido reportado  por  hurto  y además porque el sistema de identificación aparecía adulterado.  Enterada  la  propietaria  de  lo  acontecido  y  como  el  automotor  lo había  adquirido  un  mes antes en una compraventa de vehículos atendida por los antes  nombrados, procedió a formular la respectiva denuncia penal.   

          Concluida  la  etapa  de  juzgamiento  el  19  de  marzo  de 1997 se  profirió  el  fallo  de  primera  instancia,  por  cuyo medio se condenó a los  procesados   RUPERTO  LUIS  PAMPLONA  GAÑAN  y  JUAN  ALBERTO  TORO CARMONA a la pena principal de dieciséis  (16)  meses  de  prisión  y  la  accesoria  de  interdicción  del ejercicio de  derechos  y funciones públicas por igual lapso. A los condenados se les otorgó  el subrogado penal de la condena de ejecución condicional.   

Como  a  través  de inspección judicial se  concluyó  que  debido a las variaciones en los sistemas originales el automotor  no  podría  ser  identificado, el juzgado de conocimiento consideró que debía  perderse  a  favor  del  Estado, en tanto que por ello no podía ser entregado a  ninguna   de   las   partes.  De  todas  maneras,  los  procesados  PAMPLONA  GAÑAN  y  TORO  CARMONA fueron  condenados  a  pagar  a  la  denunciante solidariamente el equivalente a dos mil  gramos  oro  por  concepto  de  los  perjuicios  materiales  ocasionados  con el  delito.   

El   anterior   fallo   fue   confirmado  integralmente  por el Tribunal Superior de Medellín mediante decisión de junio  10  de  1997  al desatar el recurso de apelación interpuesto por el defensor de  los   condenados.  Según  constancia  allegada  con  la  presente  demanda,  la  ejecutoria material se declaró el 14 de julio del citado año.   

LA    DEMANDA   

Comienza  el  defensor del sentenciado   RUPERTO    LUIS    PAMPLONA   GAÑAN   señalando  que  de  conformidad con la preceptiva del artículo 232  del  estatuto  procesal  penal procede la acción de revisión contra sentencias  ejecutoriadas,  entre  otros,  en  el  evento  señalado  en  el numeral 3° que  procede a transcribir en su integridad.   

Señala   a   continuación   “la   prueba  no  existente  durante  los  debates”,   constituida   por   escritos   emanados  de  la  Secretaría  de  Transportes  y  Tránsito  de  Medellín,  como  respuesta a sus “peticiones  sobre  normas y exámenes técnicos en relación con el  vehículo  de  autos”,  para  pasar a afirmar que la  compradora  del  automotor  y  denunciante  en  este  caso  omitió  su  reclamo  argumentando  que  ella  había “comprado un carro y  no un problema”.   

Luego  de  afirmar  que  como  en  la  parte  resolutiva  de  los  fallos  de instancia nada se dijo en cuanto a la suerte del  automotor  afectado a la investigación, al acudir a la Secretaría para obtener  la  entrega  fueron  informados  que previamente debían pagarse los derechos de  “regrabación de motor”,  a  lo  cual  sólo se podía proceder cuando la propietaria firmara la petición  respectiva,  gestión  esta  última  no lograda porque el apoderado de la parte  civil  en  el  proceso  referido  “prohibió  a  su  mandante cualquiera (sic) intervención en este sentido”.   

          Concluye  el  demandante  solicitando  de la Corte que se decrete la  revisión   del   fallo  de  segundo  grado;  se  disponga,  como  consecuencia,  “la  devolución  de  lo  actuado, en la forma como  dispone  el  numeral 2° del artículo 240 del Código de Procedimiento Penal”  y,      se      disponga      la      “suspensión” del proceso de venta en  pública  subasta  de  los bienes de JUAN ALBERTO TORO  CARMONA,  que  cursa  en  el  Juzgado  8°  Civil  del  Circuito de Medellín.   

CONSIDERACIONES  DE  LA  CORTE   

De  antaño viene sosteniendo la Sala que la  revisión  tiene  por  finalidad reparar la injusticia material que se deriva de  una  sentencia en firme, porque la verdad procesal declarada en la misma resulta  ser  bien  diversa  de  la  verdad  histórica  del acontecer ilícito objeto de  juzgamiento,  aspecto  que con claridad y precisión debe exponer quien pretende  remover  el  carácter inmutable de una decisión materialmente ejecutoriada por  cuyo medio se le puso fin al proceso.   

Precisamente  por cuanto mediante la acción  de  revisión  se  tiende  a desconocer la intangibilidad de la cosa juzgada, su  ejercicio  está  sometido  al  cumplimiento  estricto  de  los  presupuestos de  admisibilidad  establecidos en el estatuto procesal penal, Título IV, Capítulo  IX,  que  de  no ser acreditados en su integridad originan el inexorable rechazo  de  la  demanda.  Por  tanto, este mecanismo de rectificación solamente procede  a   solicitud  de  los  sujetos   a  quienes la ley les ha otorgado el  derecho  de  postulación,  por las específicas y taxativas causales señaladas  en  la ley y previa la presentación de la demanda que cumpla con las exigencias  técnico   formales   a   que   se   refiere   el   artículo   234  del  citado  estatuto.   

En el asunto que ahora ocupa la atención de  la  Sala,  el libelista trajo a colación como sustento normativo de la demanda,  el  numeral  3°  del  artículo  232  del  C. de P.P., cuyo tenor literal es el  siguiente:   

“Art.  232.-  Procedencia.- La acción de  revisión  procede  contra  las  sentencias  ejecutoriadas,  en  los  siguientes  casos:   

……………………………………………………………………   

3.-   Cuando  después  de  la  sentencia  condenatoria  aparezcan  hechos  nuevos o surjan pruebas, no conocidas al tiempo  de   los   debates,   que   establezcan   la   inocencia  del  condenado,  o  su  inimputabilidad”.   

A  partir  de  la  anterior  preceptiva, una  primera  conclusión  se  obtiene  y  es  que  los  fundamentos y pruebas que se  presenten  con  sustento en esta causal, deben apuntar a evidenciar la inocencia  del  condenado  o  su  inimputabilidad,  o  por  lo  menos  hacer presumir tales  aspectos,  independientemente que admitida y tramitada la demanda se ordene o no  la revisión.   

Pues bien, con un frontal desconocimiento de  los  fines  del  mecanismo seleccionado, el demandante si bien hace referencia a  algunos    elementos    de   prueba   de   los   que   existieron   “durante  los  debates”, es lo cierto  que  ningún  vínculo  o  referencia  les atribuye con los supuestos de hecho a  demostrar,  vale  decir,  la  inocencia  del  condenado  o  su  inimputabilidad,  limitándose  a  poner de presente que con esos medios de convicción se podría  concluir  que  el  automotor  objeto  material  del  delito  de estafa si podía  identificarse y, por ende, podría ser reclamado.   

          Ahora,  si se repara en las decisiones que el demandante aspira sean  adoptadas  como  culminación  de  la  acción de revisión, con mayor razón se  concluye  que  la  demanda  no  está  orientada  en modo alguno a evidenciar la  injusticia  material  del  fallo  porque  se  hubiera condenado a su patrocinado  siendo  inocente  o como imputable sin serlo, pues lo que en esencia se pretende  es  que se suspenda el proceso de venta en pública subasta de los bienes de uno  de  los  condenados,  que no es precisamente el  mandatario del profesional  que acude a este medio impugnatorio.   

         

          Así,  como  la  situación  que en definitiva plantea el libelista,  referida  a  la  suerte  del  vehículo  objeto  material  del delito de estafa,  resulta  completamente ajena a la acción de revisión,  obligado se impone  concluir  en  la  inidoneidad de la demanda en razón a que como lo ha reiterado  la  Sala,  estando orientada la acción exclusivamente a privar de valor la  parte  dispositiva completa del fallo injusto ejecutoriado, excluidos quedan del  debate    puntos   anejos   o   subordinados   al   mismo,  como  el  aquí  propuesto.   

Inaceptable  resulta  que  so pretexto de la  excepcionalidad  de  la  acción  se  pretendan dilucidar esta clase de temas, a  partir  del  mero  enunciado  de  una de las causales que se dejó completamente  ayuno  de  la  pertinente  fundamentación,  pues  lo  que se presentó como tal  terminó  refiriéndose  a  un tema asaz particular y extraño al instrumento de  rectificación de que aquí se ha dado cuenta.   

Por  tanto,  como  el  escrito  que ahora se  examina   no    cumple    siquiera   mínimamente   con  las  exigencias    formales   que  para  su  admisión   contiene  el   artículo   234   del C.  de  P. P., se impone su rechazo de  conformidad    con    lo    indicado    en   el   artículo   235   ejusdem.   

          A  ello  se  procederá una vez reconocido el apoderado a cuyo cargo  estuvo la elaboración de la demanda.   

          En  mérito  de  lo  expuesto, la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, Sala de  Casación Penal,   

R E S U E L V E  

          1.-  Reconocer  al doctor Rodrigo Arboleda  Alvarez  como defensor del condenado RUPERTO  LUIS  PAMPLONA  GAÑAN,  en  los  términos y para los efectos precisados en el poder conferido.   

2.-  Rechazar  in  limine  la demanda de revisión que en representación  del  mencionado  reo  instauró  su  defensor, por las razones consignadas en la  anterior motivación.   

Cópiese, notifíquese y cúmplase.  

CARLOS  EDUARDO  MEJIA  ESCOBAR   

FERNANDO           ARBOLEDA  RIPOLL              JORGE   E.  CORDOBA POVEDA   

HERMAN            GALAN  CASTELLANOS             CARLOS   A.  GÁLVEZ ARGOTE   

JORGE        ANIBAL        GOMEZ  GALLEGO                 EDGAR         LOMBANA  TRUJILLO              

ALVARO        ORLANDO       PEREZ  PINZON                 NILSON         PINILLA  PINILLA                     

Teresa Ruiz Núñez  

Secretaria    

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