16076(03-05-01)

2001

Asistente Jurídico Inteligente

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    Proceso Nº 16076  

CORTE SUPREMA DE JUSTICIA  

SALA DE CASACION PENAL  

Magistrado Ponente:  

DR. EDGAR LOMBANA TRUJILLO  

Aprobado Acta No. 64  

          Bogotá D.C., tres (3) de mayo de dos mil uno (2001)   

          Decide  la  Sala el recurso extraordinario de casación interpuesto  por   el  defensor  de  Mario  Tuffyk  Chabur  Durán  contra   la  sentencia  proferida  por  el  Tribunal  Superior  de  Bogotá  con fecha 29 de enero de 1999, mediante la cual confirmó  parcialmente  el fallo emitido por el Juzgado Cuarenta y Tres Penal del Circuito  de esta misma ciudad.   

          La  Corporación  citada  revocó  la  condena    impuesta    a   los   procesados   Chabur  Durán y Yaneth Alicia Urrea Uyabán por el delito de  estafa,  a  quienes  absolvió  por  razón  de  ese hecho punible, en tanto que  avaló  la condena que les fue infligida en primera instancia como coautores del  delito  de falsedad en documento privado.  La pena principal les fue fijada  en definitiva en catorce (14) meses de prisión.   

HECHOS  

          El  19 de abril de 1991 las autoridades de la Embajada Americana en  esta  ciudad  detectaron  la  falsedad de los documentos presentados por Liliana  Rodríguez   Calderón   para  gestionar  la  visa  de  ingreso  a  los  Estados  Unidos.   

          Ante   tal   descubrimiento   la   mencionada   joven   elevó   la  correspondiente  denuncia.  Relató ante las autoridades competentes que en  el  mes  de  noviembre de 1988 tuvo conocimiento por intermedio de una amiga que  el  señor  Mario  Tuffyk  Chabur Durán se  dedicaba  con  efectividad  a la tramitación de visas, por ese  motivo  se  entrevistó  con  él  en  el  mes  de  marzo de 1989 y acordaron la  obtención  de  dicho  documento  por  la  suma  de  un  millón seiscientos mil  pesos.   La  señora  Rodríguez  Calderón  le  entregó  la  mitad de esa  cantidad  a título de anticipo y bajo la promesa que le sería restituida en el  evento de ser negada la visa.   

         

         En  los  primeros  días  de  abril  del  mismo  año  Chabur   Durán   la   contactó   para  solicitar  otros  cuatrocientos  mil  pesos  arguyendo  que eran necesarios para  sobornar   al  personal  de  la  representación  diplomática.  La  denunciante  accedió  al pedido y a cambio recibió unos documentos con los cuales acudió a  la  cita  señalada  por la embajada americana, sin embargo, el anhelado permiso  de ingreso a los Estados Unidos le fue negado.   

         Convencida  por Chabur Durán,  la  denunciante Rodríguez Calderón concertó una nueva cita en  el  consulado,  oportunidad  en la que se presentó como gerente de ventas de la  empresa  de razón social “Sabra Danta”, no obstante, esta gestión también  resultó  fallida  para  el  fin pretendido, pues el pasaje aéreo exhibido ante  los  funcionarios  extranjeros  no  tenía  registradas  las  fechas de salida y  regreso al territorio patrio.   

         Chabur  Durán  persuadió entonces a la  frustrada  emigrante de intentar el periplo por Méjico con un hermano de aquél  en  noviembre  de  1989,  pero como la señora Rodríguez Calderón carecía del  dinero  requerido  para costear el viaje, el sindicado la determinó a gestionar  un  préstamo  en  el Banco Internacional, y una vez obtenido, la denunciante le  entregó al susodicho la cantidad de setecientos mil pesos.   

         Ante   la  amenaza  del  cobro  judicial  de  tal  empréstito,  la  denunciante  localizó  nuevamente al sindicado Chabur  Durán  en  el  mes  de marzo de 1991, quien el 17 de  abril  siguiente  la  preparó para que adujera ante los funcionarios consulares  que  había contraído matrimonio con Fabio Urrea y se desempañaba como gerente  de  ventas  de  la  firma  Fabio  Urrea  y  Arquitectos,  le  solicitó  además  cuatrocientos mil pesos para el tiquete aéreo.   

         La  joven Rodríguez Calderón  se presentó en la embajada el  19  de  abril  de  1991  con  los  documentos que le entregó el denunciado para  soportar  la  solicitud  de  visa,  pero le fueron rechazados al establecerse su  falsedad.   

         En  esas  gestiones,  de  acuerdo  con el relato de la denunciante,  también tuvo participación Yaneth Alicia Urrea Uyaban.   

         ACTUACION PROCESAL   

         1.  Con fundamento en la denuncia y  en  las  actuaciones  preliminares  llevadas  a  cabo, el entonces Juzgado 45 de  Instrucción  Criminal  de Bogotá dispuso la apertura del sumario y vinculó en  indagatoria  al  imputado  Chabur  Durán.   

          2.   La  dirección  del proceso fue finalmente asumida por la  Fiscalía  100  Seccional,  despacho  que ordenó las injuradas de Yaneth Alicia  Urrea  Uraban  y  de  la  denunciante Rodríguez Calderón.  De igual modo,  resolvió  la  situación jurídica de los sindicados, con detención preventiva  por  los  delitos  de  falsedad  en  documento  privado y estafa, tratándose de  Chabur   Durán;   a  la  implicada  Urrea  Urabán la afectó con caución por los mismos ilícitos, y se  abstuvo   de   imponer   medida   de  aseguramiento  a  la  indagada  Rodríguez  Calderon.   

          3.   Cerrada  la  investigación  la  Fiscalía  calificó  su  mérito   con   resolución  de  acusación  en  detrimento  de  los  sindicados  Chabur   Durán  y  Urrea  Uraban  como coautores de los delitos de falsedad en documento privado y estafa,  a  la  vez  que  precluyó  el  instructivo  respecto  a la procesada Rodríguez  Calderón.    Conviene   indicar   que   tratándose  del  primero  de  los  acriminados,  la  providencia  enjuiciatoria fue notificada de manera personal a  la   defensora  designada  de  oficio,  ante  la  imposibilidad  de  obtener  la  comparencia de quien lo venía representando convencionalmente.   

          4.  Realizada  la  audiencia  pública  el  Juzgado  43  Penal  del  Circuito  de esta ciudad, con fecha 22 de julio de 1998, condenó a los acusados  Chabur    Durán    y  Urrea  Uraban a  las  penas  principales  de dieciséis  (16)  meses  de  prisión  y  multa  de  cincuenta  mil  pesos  ($ 50.000), como  coautores   de   los  delitos  imputados  en  la  resolución  acusatoria.    

         Apelado  el fallo, el Tribunal Superior  de  Bogotá  en  decisión  del  29  de  enero de 1999 modificó parcialmente el  pronunciamiento  del  a  quo. Absolvió a los procesados por el delito de estafa  al  excluir  la configuración de tal ilícito porque la víctima era consciente  de  la  actividad  de  los denunciados para la consecución de la tarea ilícita  encomendada;  y  ratificó  la  condena por la falsedad en documento privado, en   

consecuencia, fijó la pena en definitiva en  catorce (14) meses de prisión.   

LA  DEMANDA   

         Con  apoyo  en  la  causal  primera de  casación,  el  impugnante  acusa  la  sentencia  recurrida  de  violar en forma  directa  la  ley  sustancial  por  falta  de  aplicación del artículo 29 de la  Constitución  Política;  desacierto  que se tradujo, a juicio del actor, en el  desconocimiento   del   artículo   304  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  concretamente,  en  lo  referido  a los derechos de defensa y de controversia de  las  pruebas  allegadas  al  expediente  en  contra   de  sus  “representados”.               

        En  el  pretendido  “desarrollo  del  reparo”  el  apoderado  peticiona la nulidad de lo  actuado   tratándose   del   delito  de  falsedad  en  documento  privado  como  consecuencia  de  los  supuestos  vicios  estructurados  durante  el  respectivo  trámite,  que  en  el  farragoso  escrito  se hacen consistir en los siguientes  aspectos:   

        1.   Los  documentos  espúreos  no  les  fueron  puestos  de  presente    a    “los   procesados”  en  el  curso de las diligencias, ni se sometieron a una pericia  grafológica  para  establecer  si ellos los elaboraron, por lo tanto, no existe  certeza  sobre  la  autoría del punible y se produjo el menoscabo del derecho a  controvertir   esos   elementos  de  juicio.   Tal  situación  en  algunos  acápites   del   libelo  se  predica  exclusivamente  de  la  acriminada  Urrea  Uyaban.   

        En  este punto el casacionista disiente de las consideraciones que  esbozó  el  Tribunal  para descartar la trascendencia de la omisión probatoria  denunciada.   

        2.   A  partir  de  los  conceptos de un doctrinante nacional  asegura  que el desconocimiento de las garantías consagradas en el artículo 29  de  la  Carta  Política,  determina  la  nulidad del proceso susceptible de ser  demandada  por  la  casual  3º  del  artículo 220 del Código de Procedimiento  Penal,  sin  embargo, a renglón seguido insiste en acusar la violación directa  de la norma superior citada.   

        3.   En  otro  acápite de la demanda se reitera la solicitud  de  anulación  de  lo  actuado  de  conformidad con los numerales 2º y 3º del  artículo  304  ibídem,  esto  es,  por violación del derecho de defensa y del  debido  proceso,  para  atestarse luego las siguientes irregularidades agrupadas  así:   

        3.1   Nulidad  por  violación del debido proceso derivada de  las   siguientes   circunstancias,   y   que   es   reclamada   de  “todo   el   proceso   desde   el   auto   de   cierre   de   la  investigación”.   

         –  No se notificaron en forma personal  al  sindicado  o a su defensor la medida de aseguramiento, la clausura del ciclo  instructivo  ni  la  resolución  acusatoria; tampoco se agotaron las vías para  brindarle  al acriminado la oportunidad de ejercer de manera efectiva el derecho  de  defensa  citándolo  debidamente  a comparecer al proceso y a pesar de haber  señalado  los  domicilios  personal y profesional donde podía ser ubicado para  dicho fin.   

         – El recurrente aduce indistintamente,  entonces,  la  omisión  de  las  comunicaciones  telegráficas  previstas en el  artículo  190  del  estatuto procesal penal, su envío al domicilio laboral del  procesado  sin señalamiento de la oficina correspondiente o sin tener en cuenta  la  dirección que obraba en la tarjeta de preparación de su cédula, así como  la  prescindida  citación  de  éste en los términos del artículo 440 ibídem  para la notificación personal del pliego de cargos.   

        –  La  defensora  en  la  etapa  instructiva  no pudo localizar el  expediente  en virtud de los cambios sucesivos de los funcionarios encargados de  su  trámite, quien además fue relevada por una abogada designada de oficio sin  agotamiento  previo  de  las  exigencias  contenidas  en  el artículo 318 de la  codificación procesal civil.   

        –   La  profesional  del  derecho que inicialmente asumió la  representación  convencional  del sindicado no informó dirección alguna en el  expediente,  sin embargo, el demandante opina que debió citársele al domicilio  señalado en el Registro nacional de abogados.   

        –  El instructor omitió practicar las pruebas que determinaban la  culpabilidad,  concretamente,  los  testimonios  de  Ricardo  y  Claudia Durán,  quienes    fueron    citados   en   la   denuncia;   tampoco   se   “oficio  a  la Caja Social de Ahorros, se desestimó las pruebas  aportadas,  la  confesión de la señorita del banco, las solicitad (sic) por mi  en la indagatoria, etc…”.   

           

         3.2   Nulidad  por violación del  derecho   de  defensa.   Para  sustentarla,  el  demandante  alega  que  el  representante  de oficio permaneció inactivo pues no solicitó pruebas, omitió  impugnar  la  acusación o reclamar la nulidad; en fin, tomando en este punto se  concluye  que  ante  esa  pasividad el sindicado fue abandonado en la asistencia  técnica.   

         4.   Además  de  lo anterior, el  actor  peticiona  la  nulidad  a  partir de la resolución acusatoria, en la que  echa  de  menos  los  requisitos formales exigidos en el artículo 442 del C. de  P.P.,  en  concreto,  la  narración  de los hechos con todas las circunstancias  conocidas,  en  especial  la  fecha  de  comisión del delito, omisión que a su  juicio genera tal consecuencia por menoscabo del debido proceso.   

        5.   En  los  párrafos  finales  el demandante insiste en la  inactividad  investigativa de la Fiscalía, solicita la práctica de la pruebas,  así   como  advierte  la  ausencia  de  los  requisitos  sustanciales  para  la  acusación  y  el  fallo  de condena al tenor del artículo 247 ibídem, pues no  encuentra    demostrada    la    responsabilidad   del   imputado   Chabur Durán.   

CONCEPTO    DEL  PROCURADOR   

         

        La  Procuradora  Primera  Delegada  sugiere a la Corte no casar la  sentencia  impugnada,  pues las impropiedades técnicas del libelo determinan su  absoluta  falta  de  claridad y precisión, por ende, la improsperidad del cargo  formulado.   Con  tal orientación argumentativa advierte en la demanda las  siguientes deficiencias:   

        1.   Se mezclan los conceptos propios de diversas causales de  casación.   Se  anuncia  así  la violación directa de la ley sustancial,  pero  el  censor  lo sustenta alegando el menoscabo de los derechos de defensa y  contradicción,  que  ha  debido  argüir  al  amparo  de  la causal tercera del  artículo  220  del  C. de P.P. que comprende los errores de estructura formal y  de garantía.   

        Las  fundamentación  resulta  aún  más paradójica, en opinión  del  Ministerio  Público,  pues el impugnante en el texto del libelo admite que  las nulidades  deben invocarse por la causal tercera.   

        2.   Esta detectada falta de coherencia también se atisba en  la  alegada  ausencia  de certeza sobre la responsabilidad del procesado, que al  cimentarse  en  la  omitida  práctica del cotejo grafológico de los documentos  objeto  material  de  la  falsedad  imponía  acudir a la causal primera, cuerpo  segundo  y  sin  fundir  este  planteamiento  con  los  que  corresponden  a  la  nulidad.   

         

        En  todo  caso, advierte la Delegada, el impugnante no precisó la  real  incidencia de la prueba que asegura prescindida; tampoco acertó al acusar  la  vulneración  del derecho de contradicción, que mal puede aducirse frente a  un  medio  de  persuasión  inexistente  en  el  proceso,  menos  aún cuando el  sindicado  y  su  defensor  conocieron los manidos documentos, tanto así que en  las  alegaciones  de  las  instancias  el  apoderado aludió de manera expresa a  ellos.   

        3.   El  censor no desarrolla la afirmación de requerirse el  agotamiento  del  trámite  establecido  en el artículo 318 del C. de P.P. para  relevar  el  defensor convencional por uno de oficio; punto en el que perdió de  vista,  además,  que  la  notificación  de la resolución acusatoria encuentra  explícita  regulación  en  el  artículo  440  del estatuto penal adjetivo sin  posibilidad de acudir entonces al principio de integración.   

        Destaca  por  otra  parte, que la propia defensora al no registrar  dirección alguna en el proceso generó tal situación.   

        4.   En  lo  atinente a la inconformidad derivada de la falta  de  exactitud  en  las  comunicaciones  libradas  al sindicado, la Procuraduría  advierte     que     Chabur    Durán  no  señaló  el número de su oficina, en consecuencia, que los  funcionarios   judiciales   no  tenían  el  deber  de  realizar  los  esfuerzos  reclamados  por  el impugnante para obtener la comparecencia de aquél.  De  todas  maneras, las diligencias llevadas a cabo a través del Cuerpo Técnico de  Investigación   para   tal  fin  resultaron  infructuosas  como  consta  en  el  plenario.   

        5.   Descarta cualquier posibilidad de nulidad por la omitida  notificación  personal  del  cierre  de la investigación, pues la ley autoriza  acudir  a  la supletoria por estado; de igual modo, tratándose de la denunciada  pasividad  del  defensor  de  oficio, pues la alegación del demandante queda en  frases  sin  concreción  alguna y despojadas del señalamiento de la incidencia  que  tuvo  esa  supuesta  irregularidad.  Tampoco  existe  constancia  sobre  la  imposibilidad   que   tuvo   tal   profesional   del  derecho  para  acceder  al  expediente.   

        6.   Finalmente, tratándose del reproche formulado de manera  tangencial  a la resolución de acusación, el Ministerio Público encuentra que  el  cargo no se desarrolló pues el actor se limitó a denunciar la falta de los  requisitos  establecidos  en  el  artículo  441  del  Código  de Procedimiento  Penal.   

        Por  todo  lo  anterior,  en  criterio de la Delegada, el cargo no  está llamado a prosperar.   

         

CONSIDERACIONES  DE LA  CORTE   

         Le  asiste  razón  sin  duda al Ministerio Público cuando afirma  que  el  demandante  al postular la censura, así como en la sustentación de la  misma,  se  sustrajo  a  las  exigencias  técnicas  que  rigen  la impugnación  extraordinaria  determinándose  por  esta  circunstancia,  anticipa la Sala, su  falta   de   prosperidad.                 

         Más  aún,  la  demanda  constituye  en  cuanto  a  su alcance un  alegato  propio  de  las  instancias,  por  demás  deshilvanado,  repetitivo  y  farragoso,  a tal extremo, que no puede determinarse con exactitud lo pretendido  de la Corte.   

         1.   En  efecto,  si bien en forma general todas las causales  de  casación  del  artículo  220  del  C.  de  P.P. se orientan a demostrar la  ilegalidad  del  fallo  contra el cual se aducen, debe tenerse presente que cada  una  obedece  a  los  desaciertos  de  diferente  naturaleza susceptibles de ser  cometidos  por  el  sentenciador  de  segunda  instancia,  de ahí que tengan un  ámbito   y  requisitos  de  desarrollo  propios  o,  en  otros  términos,  una  insoslayable autonomía.   

           

         Así,   la   causal  primera  implica  la  violación  de  la  ley  sustantiva,  es decir, un desatino de lógica jurídica en el que puede incurrir  el  fallador  por  dos  vías:   la  directa,  en  la que le corresponde al  recurrente  verificar  la  existencia  de  un  quebranto  de  dicho  talante con  razonamientos  de  puro  derecho,  por  tal  motivo,  resulta  ajena a cualquier  controversia  sobre  los  hechos  declarados  en  la sentencia recurrida y en lo  atinente  a  la  apreciación  que  se hizo en ella de los medios de convicción  acopiados;  pero  tratándose del cuerpo segundo de la hipótesis en comento, el  actor  debe acreditar la infracción mediata del derecho como consecuencia de un  error de apreciación probatoria.    

         En  ambos  casos,  conviene  advertir,  demostrada  la  causal la Corte procede a casar el fallo impugnado y a dictar el  de sustitución correspondiente.   

         La  causal  tercera  de  casación que es la otra de interés para  los  actuales  fines,  en  cambio, alude a yerros de actividad trascendentes que  pueden  ser  de  estructura  o  de garantía; los primeros referidos al trámite  propio  del juicio, en tanto que estos últimos se predican cuando se desconocen  los   derechos   consagrados   a   favor   de   los   sujetos  procesales,  cuyo  restablecimiento  no  es posible, por regla general, sino mediante la anulación  del trámite.   

         En  el  caso  de  autos la inexcusable confusión de la impugnante  sobre  estas elementales nociones la llevó a denunciar la violación directa de  la  ley  sustancial,  que  hizo  consistir  a  renglón  seguido  en la falta de  aplicación  del  artículo  29  de  la  Constitución  Política,  vinculada al  menoscabo  del  derecho de defensa perdiendo de vista que al acusar de este modo  la  existencia de un vicio in procedendo, concretamente, la inobservancia de esa  garantía  de  arraigo  superior  y  legitimadora  del  ejercicio de la potestad  punitiva  del  Estado,  su  afirmado  quebranto,  por lo atrás expuesto, debía  encuadrarse  entonces  dentro  de  la causal tercera del precitado artículo 220  del  C. de P.P.  Así las cosas, los términos en los que fue presentado el  cargo  traducen,  en  síntesis, un mayúsculo yerro de técnica que descalifica  de antemano la censura propuesta.   

         2.   La  comprensión  echada  de  menos  no  fue  ajena del todo a la recurrente, pues al sustentar el reparo, sin  rectificar  de  manera  expresa  el  desacierto  detectado, conceptuó sobre los  efectos  derivados de la argüida infracción del artículo 29 superior, trajo a  colación  el  criterio  de  la  doctrina sobre la forma en que debe alegarse un  yerro  de  esa  naturaleza  en  casación,  no  otra  que al amparo de la causal  tercera,  respecto  de  la cual precisó los límites que reviste a su juicio en  la  sede  extraordinaria, para después solicitar la anulación del trámite por  razones diversas y desde diferentes hitos procesales.   

         Pero  si  en  gracia  de  discusión  y  con apego a ese discurrir  argumentativo  se  aceptara subsanado el desatino cometido al enunciar el motivo  de  impugnación,  tampoco  en  este  amplio entendimiento el reclamo de nulidad  encuentra  acogida  porque  se  desenvuelve  de  todas maneras en forma confusa,  imprecisa   y   entremezclándolo   con   ataques  correspondientes  a  causales  diferentes,  inclusive,  extendiendo  el  reproche  al  supuesto  menoscabo  del  derecho  de  defensa  de  la  cosindicada  Urrea  Uyabán  cuya  representación  judicial  no  ostenta  la  demandante,  es  decir,  desbordando con evidencia la  legitimidad que le asistía en la impugnación propuesta.   

         3.   Ciertamente,  la  actora denuncia en primer término que  los  documentos  espúreos objeto material de la falsedad imputada no les fueron  puestos      de      presente      “a      los  procesados”  y  critica la ausencia de una pericia  grafológica   que   habría  permitido  establecer  si  ellos  los  elaboraron,  planteando  frente  a éste último punto, además, la mera discrepancia con las  motivaciones  esbozadas  por  el Tribunal para descartar la trascendencia de tal  omisión   probatoria;   sin   embargo,   desconociendo   el   principio  de  no  contradicción  afirmó  y  negó  luego al mismo tiempo la validez del proceso,  pues  con  asidero  en  esas  alegadas  deficiencias  dedujo la vulneración del  derecho  a  controvertir  la prueba para solicitar la nulidad pero sin concretar  el  momento a partir del cual debe procederse a su decreto, a la vez que arguyó  en  forma  paralela,  a  partir de esos mismos yerros, la ausencia de la certeza  exigida  sobre  la  materialidad  del  hecho punible y su autoría, apreciación  ésta  que  como advierte el Ministerio Público, cae en el ámbito propio de la  causal primera.   

         Esta  impropiedad  se  acrecienta  en  el  curso  de la pretendida  formalización  del  reparo,  cuando  la  recurrente  persiste  en  otros de los  acápites  del libelo en reclamar la nulidad por violación del debido proceso o  del  derecho  de  defensa,  así como en aducir de manera escueta la ausencia de  los  requisitos  sustanciales  reivindicados normativamente para la acusación y  el  fallo  de  condena,  coligiendo  en  últimas que no encuentra demostrada en  autos    la    responsabilidad    atribuida    a    su   asistido   Chabur Durán.   

         Abundando  en  consideraciones,  no  sobra añadir también que la  demandante  incumplió el deber de demostrar la incidencia real de los medios de  convicción  que  asegura  prescindidos  en  su  práctica,  o  de  la cercenada  posibilidad  de  controversia  de  la prueba frente a la decisión acogida en la  sentencia   recurrida,   dejando   sumido   el   ataque   entonces  en  el  mero  enunciado.   

         4.   En los restantes reproches formulados a la legalidad del  fallo  impugnado  por  haber  sido  proferido en un juicio viciado de nulidad la  defensora  desconoce que la Sala tiene asentado de antaño, que aún tratándose  de  la  censura  erigida  al  amparo  de  la  causal tercera, su desarrollo debe  satisfacer    las   exigencias   técnicas   que   gobiernan   la   impugnación  extraordinaria;  por  tal razón, le correspondía concretar la clase de nulidad  reclamada,  precisar  sus  fundamentos,  señalar las disposiciones infringidas,  pero  primordialmente,  acreditar  el  influjo  del error in procedendo alegado,  parámetros abiertamente inobservados por la libelista.   

         En  primer  término,  bajo  el mismo cargo la impugnante acusa el  menoscabo   del   derecho   de  defensa  y  del  debido  proceso  para  plantear  pretensiones  que resultan a todas luces excluyentes, pues solicitó de la Corte  de  manera  indistinta  la  nulidad  “de  todo  el  proceso”,  al  igual  que  la  invalidación  del  trámite  a  partir  del  cierre  del  ciclo  instructivo  o  de  la resolución  acusatoria.   

         5.    La  impropiedad  comentada  no  es  además  la  única  advertida.  Así,  tratándose  de  la  fundamentación  de los plurales ataques  elevados  desde la perspectiva del alegado menoscabo del debido proceso la Corte  advierte lo siguiente:   

         5.1  Los reclamos atinentes a la omitida notificación personal al  sindicado  de la medida de aseguramiento, de la clausura del ciclo instructivo y  de  la resolución acusatoria, así como los alusivos a la falta de una efectiva  citación  del procesado para obtener su comparecencia para ejercer el derecho a  la  defensa  material,  se  quedan  en  el  mero enunciado pues la demandante no  indicó  las  disposiciones  infringidas  y,  lo que es más importante, tampoco  demostró  el  influjo  que  tuvieron  esos supuestos errores de actividad en la  sentencia recurrida.   

         A  esta  deficiencia  se  suma  que  ninguna disposición adjetiva  determinaba  a  los  instructores  de  entonces a realizar las notificaciones de  esas   providencias   a   Chabur  Durán  en  forma  personal;  adversamente,  encontrándose el sindicado  evadido  de la justicia, al tenor del artículo 188 del Código de Procedimiento  Penal resultaba viable su realización por estado.   

         Desde  luego,  en  lo  que respecta al  pliego  de  cargos,  se exigía la previa satisfacción del trámite establecido  en  el  artículo  440 ibídem, subrogado por 59 de la Ley 81 de 1993, al que se  ajustó  la  Fiscalía tanto al citarlo en forma telegráfica al acriminado a la  dirección  que  registró  en  la  indagatoria,  como  al  proceder  luego a la  notificación  personal  de tal resolución al defensor designado de oficio ante  la  imposibilidad  de  obtener  la comparecencia de la profesional que lo venía  representando  convencionalmente   (fls.  82,  261,  271  cdno. 1), sin que  antes  de tal relevo estuviera obligado el instructor de antemano a realizar los  esfuerzos adicionales aludidos en la demanda.   

         5.2   Ahora  bien,  mal  puede  censurar  la actora que no se  hubieran  cumplido  los  trámites señalados en el artículo 318 del Código de  Procedimiento   Civil  para  el  emplazamiento  de  quien  debe  ser  notificado  personalmente  en  los  trámites  de  esa  específica  naturaleza  y  para  la  designación  del  defensor de oficio con quien prosiguió el trámite, pues las  prescripciones  contenidas  en  el  estatuto  ritual  penal  en  materia  de  la  notificación  del  pliego de cargos excluyen la posibilidad de aplicar esa otra  norma,  máxime  que  de  acuerdo  con  el  principio de integración ello sólo  resulta   viable   en  aquellas  materias  que  no  se  encuentran  expresamente  reguladas.   

         Resta  agregar  en  este  punto que de  tiempo  atrás  la  Sala  ha  precisado  que  las  comunicaciones  telegráficas  dispuestas  en  el  artículo  190  ibídem, subrogado por el 25 de la Ley 81 de  1993,   sólo   son   exigibles   tratándose  de  las  notificaciones  que  por  disposición  de  la  ley  deben  surtirse de manera personal, situación que no  podía  predicarse del referido sindicado al tenor del artículo 188 ibídem por  encontrarse  prófugo  de  la  justicia;  finalmente  y,  en  todo  caso, que la  Fiscalía  trató de obtener la comparencia de Chabur  Durán   en  el  curso  del  sumario  en  la  forma  establecida  en  el  primer  precepto  atrás  citado,  esto  es,  a  través de  comunicaciones  dirigidas  con estricta sujeción a la dirección registrada por  el  citado  en  la  injurada,  por lo tanto, mal puede reprocharse ahora que las  mismas no se extendieran también a otro de sus domicilios   

         5.3   Dentro  de  este  reproche  por  menoscabo  del  debido  proceso  la  demandante  acusa  la  violación  del  principio de investigación  integral,  concretamente,  que  no  se  practicaron los testimonios de Ricardo y  Claudia  Durán  quienes  fueron citados en la denuncia, ni se ofició a la Caja  Social  -no  indica  en  que  sentido-,  medios de convicción que le resultaban  favorables  pues habrían permitido discernir la culpabilidad; sin embargo, nada  precisó  sobre  la  incidencia  real  que  tuvo esa omisión sobre la decisión  final,  más  aún,  a renglón seguido simplemente discrepó en forma lacónica  con el análisis probatorio de los juzgadores.   

         6.   El  reclamo  de nulidad cimentado en la vulneración del  derecho de defensa fluye no menos deficiente.    

         Efectivamente,  en  este  acápite  la  demanda  se  restringe  a  una censura genérica y abstracta a la inactividad de  quien  fue  designado de oficio para la notificación personal de la resolución  acusatoria,  profesional  del  derecho  con  el que prosiguió el trámite hasta  antes  de  realizada la audiencia pública, en la que tampoco se demostró cómo  esa  pasividad  pudo  incidir  adversamente  sobre  dicha  garantía  de arraigo  constitucional   y   legal.               

         Así,  le  reprocha  no haber recurrido el pliego de cargos,   ni  peticionado  la nulidad o la práctica de pruebas, pero omitió indicar qué  alegación  habría  resultado  viable  a  través  de la impugnación echada de  menos  para  mejorar su situación jurídica; tampoco señaló siquiera el vicio  de   procedimiento   o   la   garantía   vulnerada  cuyo  restablecimiento  era  indispensable  a  través  de  la  invalidación  del proceso, o las pruebas que  dejaron  de  recaudarse por la inercia del togado y su influjo para modificar el  sentido  del  fallo  impugnado,  sin que reste advertir aquí, que la anulación  del  proceso  fue  pretendida en todo caso en la fase del juicio por el defensor  que    finalmente    designó    el   sindicado   relevando   al   nombrado   de  oficio.   

         7.    El  motivo  final  de  nulidad  lo  hace  consistir  la  demandante  en  la  ausencia  en  el pliego de cargos de los requisitos formales  previstos   para   dicha   providencia  en  el  artículo  442  del  Código  de  Procedimiento  Penal,  que  concreta  en la prescindida narración de los hechos  con  todas  las  circunstancias conocidas; reproche simplemente denunciado y sin  precisar  la  repercusión  que  tuvo  para afectar la legalidad del proceso, en  deficiencia  argumentativa que no puede ser subsanada por la Corte en virtud del  principio de limitación.   

         Por    las    razones    esbozadas,    entonces,   el   cargo   no  prospera.   

         En  mérito  de  lo  anteriormente  expuesto,  la Corte Suprema de  Justicia,  en  Sala  de  Casación Penal, administrando Justicia en nombre de la  República y por autoridad de la ley,   

        RESUELVE   

                         NO  CASAR      la      sentencia      objeto      de  impugnación.   

                   Cópiese,  devuélvase al Tribunal de origen y cúmplase.   

CARLOS EDUARDO MEJIA ESCOBAR  

FERNANDO   ARBOLEDA   RIPOLL           JORGE E.  CÓRDOBA POVEDA   

HERMAN  GALAN  CASTELLANOS            CARLOS A.  GALVEZ ARGOTE   

JORGE   A.   GOMEZ   GALLEGO                      EDGAR  LOMBANA  TRUJILLO                                    

ALVARO   O.  PÉREZ  PINZÓN                            NILSON     PINILLA  PINILLA   

TERESA RUIZ NUÑEZ  

Secretaria  

    

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